Babel limeña, entre auctoritas y potestas

Escrito por: Hugo Neira - Oct• 08•18

En la mañana de este domingo, me preparo como cualquier vecino para ir a votar. Pero realmente, ¿vale la pena hacerlo, cuando la decisión de un juez permite enmendar a un Jefe de Estado? En estos días, he estado en Arequipa en un congreso internacional en homenaje a Antonio Cornejo Polar. Entre tanto, en Lima, se hundía la poca gobernabilidad vigente. Gracias a las doctas tinieblas, se acaba de instituir algo que quita autonomía al Estado al punto que puede sernos fatal para los años inmediatos.

Hoy me pregunto ¿quién es la autoridad suprema en la Babel limeña? ¿El que es elegido cada cinco años, o la oculta minoría de señoritos que complotan? Creo que vivimos un momento muy crítico para élites democráticas y ciudadanos de a pie. Le pido al amable lector que tenga paciencia. Solo después de algunas premisas, daré mi opinión.

En primer lugar, pasado dos siglos, todavía no se entiende qué es Soberanía. Cuando José de San Martín y Simón Bolívar, el concepto era mejor conocido. Queríamos ser soberanos. Al parecer hoy día, ya no. La conceptualización que traían los libertadores —y de los patriotas del Mercurio Peruano— no provenía de la España de los Austria sino de la modernidad de Bodin, y luego de Hobbes, pensadores desde los siglos XVI y XVII. Soberanía quiere decir que en un reino, un principado o una república, la magistratura pública era ejercida por una persona dotada de un derecho indiscutible. La soberanía se luce ante situaciones extremas. Rey o autoridad republicana, quien fuese, no tenía que consultar a nadie ajeno a su Estado y a su pueblo. Eso es Soberanía. En la época, lo externo podía ser el emperador o el papa. Me dirá el amable lector, que hoy pesan los tribunales internacionales. Sí pero en La Haya se lavaron las manos ante el reclamo de mar de la Bolivia de Evo Morales. Pesan pero no mandan. Existen los Estados.

Soberanía, sinónimo de poder no discutible. Un derecho escaso pero necesario. Un sencillo ejemplo, cuando yo era profesor en Francia y era parte de un jurado de tesis, el acta que firmamos decía lo siguiente: «este jurado, soberanamente, ha aprobado (o desaprobado) tal tesis, etc». Quería decir que no dependíamos ni del rector, ni del ministro de Educación ni del mismo presidente de la República. Soberano es ser autónomo.

Vamos al grano. Con lo que ocurre, ningún presidente del Perú será en adelante soberano, puesto que en Lima se mueven hilos oscuros para contradecirlo. En suma, se acaba la república. ¡Adiós Bicentenario!

Reflexionemos. La acción política no es solo legitimada por las constituciones y las leyes en cada país sino por algo que se llama la potestas. En nuestros días, es una prerrogativa. ¿Y qué quiere decir? Aprobación, aquiescencia, atributo propio al mandatario. Como el amable lector habrá comprendido, llegamos a la madre del cordero. Hay una forma de licencia que se llama indulto, no hay que confundirla con amnistía. Es una «gracia». No solo lo tiene la reina de Inglaterra y el papa ante la Iglesia como institución. Lo tiene todo país civilizado, Alemania, Canadá, España, los Estados Unidos, Francia, Irlanda, Honduras. PPK no ha hecho con ello algo incorrecto. Los incorrectos son aquellos que no han entendido que además de la justicia, existe la potestad.1

Un diario, El Comercio, dice esta frase sensata: «Lo que está en cuestión es la vigencia republicana de una gracia presidencial heredada del orden monárquico» (04.10.18). Cierto, pero cabe hacerse una pregunta. ¿Por qué el indulto existe en todos los Estados del planeta? Por algo será. Destruir la potestas es destruir la fuerza del Poder Ejecutivo ante lo inesperado, por ejemplo, una guerra, una crisis interna. Pero hay quienes tienen una idea de la historia como algo sin sorpresas. Eso es un arcangelismo. Una estupidez.

La auctoritas –presidencial– tiene legalmente que justificarse. La potestas, no. Encarna lo que es propio a las sociedades cristianas, el tema de la ética. El perdón está en esa categoría fundamental. Nos guste o no. En suma, el indulto, no se discute. Es moral. Allá quien lo tome o no.

¿Crisis del indulto? Me temo que es al revés. Crisis del poder legítimo. ¿La nueva forma del semigolpe de Estado, para un semigobierno y un semidesarrollo? El tema no es solo Fujimori (el maltrato a un anciano, etc) sino que se bloquea para siempre al Poder Ejecutivo. ¿Reformas de fondo en el futuro? Imposible. Imagínemos que a un mandatario futuro, en el 2021, se le ocurra mejorar la educación a partir de impuestos mayores a empresas poderosas. Veo entonces los leguleyos de siempre apoyándose en la Corte de San José, y luego, el rol nefasto del Poder Judicial con algún Víctor Prado a la cabeza, descrito en Twitter por Víctor Andrés Ponce « colocando a un juez provisional para que anule el acto de potestad del Presidente ». Eso es lo que ha ocurrido. Una maquinaria infernal. Chau República.

Traslademos, pues, la capital a San José de Costa Rica. Cerremos el caserón de Palacio de Gobierno. No hagamos inútiles elecciones. ¡Gastemos en la reconstrucción del norte costeño! Un consejo, salir de esa Corte y ser más bien parte del Tribunal Internacional de La Haya. Son más serios. Respetan los Estados. Los jueces de La Haya no entran en candideces, por no decir otra cosa. Despertemos, no hay gobierno mundial. Pero en Lima actúan como si lo hubiera. ¡Qué fuerte es la herencia colonial! Busquemos ya no un Inca —tiempos de Flores Galindo— sino un virrey. Y algún Imperio que nos proteja. China, Rusia, lo que sea. Pero dudo que alguien se anime. Inciviles hasta la médula.

1 « La potestas, ¿quién la tuvo? Virrey, Audiencia, los Obispos ». Neira, Hugo, El mundo mesoamericano y el mundo andino. Lima: Universidad Ricardo Palma, 2016, pp. 269-271.

Publicado en El Montonero., 8 de octubre de 2018

http://elmontonero.pe/columnas/babel-limena-entre-auctoritas-y-potestas

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