«Camote al estado silvestre versus camote domesticado» (S. D.)

Escrito por: Hugo Neira - Mai• 15•18

A veces en la vida se conoce un sabio de verdad. Comencé con Porras pero era mi maestro. Hablo de los sabios con los que he tenido camaradería universitaria. Puedo citar al español Ramón Tamames, y ahora quiero presentar al francés Serge Dunis.

Profesor en la Universidad del Pacífico, colega mío, nos hicimos grandes amigos y vino al Perú para conocerlo. El profesor Dunis es un especialista del mundo oceánico. Le faltaba el mundo andino. En un par de viajes a Cusco y a Bolivia, se sorprendió al encontrar el camote, que es muy común en la Polinesia. Ocurre entonces una coincidencia lingüística que es decisiva para entender el ancestro y la descendencia de esa planta. En Polinesia, se le dice umara, y en Perú, en aymara, kumara. Desde entonces, para Serge el camote fue un punto de partida para sostener que hubo contacto marítimo entre los polinesios y América. Uno de sus trabajos fue publicado en castellano en el número 100 de la revista Socialismo y Participación (enero, 2006), con el título «Mitos de alta mar: ensayo para reinterpretar el campo de procreación de Rapanui». Sus numerosas investigaciones posteriores sobre los orígenes consolidaron sus descubrimientos anteriores: la mitología amerindia y la mitología austronesia convergían. Y no cesó su navegación hasta encontrar la homogeneidad de la mitología del círculo pacífico, un trabajo gigantesco que culminó con la edición por el CNRS francés de L’île aux femmes, 8000 ans d’un seul et même mythe d’origine en Asie-Pacifique-Amérique, 778 páginas que nos cuentan su odisea, precedido por su versión en inglés, publicada en Tahití en el 2009: Pacific Mythology, thy name is woman. From Asia to the Americas in the quest for the Island of Women: how the Neolithic canoes left behind an epic wake.

El profesor Dunis nos pide hoy dar a conocer su opinión sobre una investigación recién publicada en Oxford por un equipo de biólogos que pretende resolver el enigma de los orígenes del camote. Esta investigación fue dada a conocer en Perú por Rocío Valverde, en un artículo publicado en el portal digital El Montonero donde también escribo («El origen del camote», 16 de abril de 2018). Hemos traducido con Claire el artículo de Dunis. Estamos ante una polémica científica. De lo más interesante. (HN)

 

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Camote al estado silvestre versus camote domesticado 

Por: Serge Dunis

 

En el transcurso de esta primavera de 2018, 14 investigadores de Oxford anuncian que lograron descifrar las enigmas que planteaba el camote (Ipomoea batatas): Reconciling Conflicting Phylogenies in the Origin of Sweet Potato and Dispersal to Polynesia, Current Biology, Volume 28, Issue 8, p. 1246-1256. Hagamos un resumen del sorprendente anuncio en la primera parte y comentemos, en la segunda, dicho hallazgo.

I. Camote al estado silvestre

a) El tiempo

La valiosa planta tiene un solo y mismo origen: Ipomoea trifida, una especie del contorno caribeño. El camote es también la única especie hexaploide (con seis cromosomas por célula) del grupo Batatas, lo cual sugiere un origen autopoliploide (cromosomas adicionales de la misma especie) y elimina cualquier híbrido allopoliploide (que resulte de la hibridación) con otra especie, incluso la Ipomoea triloba. Sus dos reservas distintas de genes cloroplásticos (lugares de la fotosíntesis) son el resultado de un aporte procedente de la Ipomoea trifida luego de la divergencia de ambas especies. El aporte cloroplástico es la captación de genoma de una planta por otra, siendo el genoma el conjunto de material genético (cromosomas y genes) de una especie, que está codificado en su ADN.

Fuera lo que fuere la naturaleza de dicha captación, la Ipomoea batatas proviene de la Ipomoea trifida por resultar de una evolución autopoliploide. Luego se expandió más allá del área natural de la Ipomoea trifida. Ambas especies desarrollaron entonces una reciprocidad monofilética (la especie madre y su descendencia) y se hibridaron, obteniéndose así camotes distintos desde el punto de vista cloroplástico. En el mismo tiempo y desde el punto de vista siempre cloroplástico, otras Ipomoea batatas se mantenían idénticas a sí mismas. La Ipomoea batatas evolucionó en autopoliploide a partir de la Ipomoea trifida, pues la captación cloroplástica probó que había habido hibridación entre ambas especies. El camote entonces conlleva un elemento autopoliploide y un elemento considerado técnicamente auto allopoliploide.

El clado (el grupo del ancestro y su descendencia) común a Ipomoea batatas e Ipomoea trifida se separó del clado hermano hace por lo menos un millón y medio de años. El camote Ipomoea batatas se separó de Ipomoea trifida hace por lo menos 800 mil años. La hibridación entre la Ipomoea trifida e Ipomoea batatas que desencadenó la captación cloroplástica, ocurrió en el transcurso de los 56 mil años que siguieron la separación de ambas especies. Separación y captación se pueden datar entre –800.000 y –380.000 años. Luego, un cuello de botella del clado común a la Ipomoea batatas y a la Ipomoea trifida se produjo hace de eso más de 640.000 años. Otro cuello de botella del clado común a la Ipomoea trifida y al nuevo camote ocurrió y terminó hace más de 370.000 años. Aquellas transformaciones implicaban poblaciones pequeñas (la quinta parte de lo que se encontraba), lo cual explica la rápida proliferación del cloroplasto captado.

b) El espacio

Salvo una que otra excepción, todas las especies de este clado son americanas. Ausente en el continente americano, Ipomoea littoralis se encuentra desde la Polinesia hasta Madagascar. La planta se separó de su especie hermana, Ipomoea lactifera, hace más de 1,1 millón de años. Esto sugiere que la Ipomoea littoralis se esparció naturalmente por el Pacífico, mediante el viento, las aves, las corrientes. Morfológicamente hablando, sus granos están muy cercanos a los del camote. Su capacidad para flotar no ha sido comprobada, pero los granos de otras Ipomoea que poblan contornos similares pueden flotar y sobrevivir recorriendo distancias muy grandes. ¿Cómo dar cuenta entonces de la distribución de la Ipomoea littoralis y de otras numerosas especies litorales (Ipomoea pes-caprae, Ipomoea violacea, Ipomoea sagittata) sino a través de las corrientes marítimas? Otra distribución errática es la de la Ipomoea tuboides endémica en Hawái. Pertenece a un clado en el cual dominan unas especies mexicanas. La datación filogénica calibrada de ese grupo sitúa la divergencia de la Ipomoea tuboides a más de 1,1 millón de años atrás. Su presencia en Hawái, a más de 5 mil kilómetros de las costas mexicanas, se explica por la dispersión natural.

Esos dos ejemplos muestran que unas especies muy cercanas a la Ipomoea batatas, con una gran similitud en los granos, los frutos y la capacidad para migrar, pueden recorrer distancias muy grandes. ¿Cómo explicar de otra forma la presencia precolombina del camote en la Polinesia? Los especímenes polinesios que fueron recogidos durante los primeros viajes europeos resultan entonces de suma importancia. El más emblemático es la muestra que Banks y Solander trajeron de las Islas de la Sociedad en 1769, durante la expedición de la Endeavour al mando de Cook, sin duda el más antiguo que se encuentre a nuestra disposición. Procedimos exitosamente a su secuenciación, consiguiendo su genoma. Este camote es del linaje que no tuvo transmisión de la Ipomoea trifida y se separó de su pariente más cercano hace por lo menos 111.500 años. El camote entonces llegó a la Polinesia unos millares de años antes que los humanos.

II. Camote domesticado

¡Qué genealogía más digna de las cosmogonías tahitianas, marquesanas, hawaianas, pascuenses, maoríes, las mismas que remontan al Cielo-padre y a la Tierra-madre! Vamos a ver, los catorce investigadores, ¿nos ensalzan el estudio del camote silvestre, o el del camote domesticado? Dos de sus lapsus son reveladores. Utilizan el término inglés ‘trip’ (excursión, viaje de recreo, tour) para designar aquellos grandes viajes que fueran las tres expediciones de Cook que permitieron dibujar el mapa del tercio líquido del globo —el Pacífico— y echar las bases de la antropología de terreno. Ahora bien, para tales proezas marítimas, no hay sino un término único: ‘voyage’. Lo cual revela de entrada la voluntad de los catorce de escamotear la cultura general. Para empezar, la arqueología y la mitología. Para volver a la lengua —no a la lengua inglesa que conjuga el sajón popular (trip) con el normando aristocrático (voyage) sino a la lengua aymara— ‘kumara’ resulta ser la única concesión, la última miga que dejan a los especialistas en estudios sobre Oceanía… Esta palabra, en efecto, designa al camote tanto en las riberas del lago Titicaca como en muchas islas y archipiélagos de la Polinesia. Tal condescendencia se lee también en su veredicto: «La dispersión natural en el largo plazo entonces puede ser considerada como la más plausible de las explicaciones para la presencia del camote en la Polinesia precolombina».* Polinesia precolombina (¡!)

a) Matisoo-Smith

Matisoo-Smith estima, en una comunicación personal de fecha 26 de abril de 2018, que los investigadores de Oxford sí contestan a la pregunta sobre el origen del camote, pero se equivocan en cuanto a su presencia en la Polinesia. El espécimen de Banks y Solander tiene solamente 250 años pero debe ser tratado con todas las precauciones exigidas para el ADN antiguo. Porque el ADN se desagrega en cuanto muere un organismo. Los protocolos de extracción y secuenciación del ADN antiguo son conocidos: trabajo en aislamiento, controles negativos, replicación de los resultados, etc. Sin embargo, el equipo de Oxford no se refiere a ello. No es sorprendente entonces que observara mutaciones en el ADN, y dedujera que hubo una divergencia que data de 100.000 años. Se ocupó de un ADN dañado o contaminado.

¿Puede dicho resultado ser replicado en un laboratorio debidamente equipado para el estudio del ADN antiguo? Las muestras de Banks y Solander no faltan en el herbario del British Museum, incluidas las de Nueva Zelanda. ¿Presentan el mismo modelo de divergencia genética? ¿Dónde están el polen, los fitolitos (los microfósiles de las células vegetales que se conservan en las concreciones minerales), los restos de almidón, que fueron encontrados en unos sitios preeuropeos? Se espera entonces unos datos más confiables y de fuentes múltiples. Matisoo-Smith también se sorprende de que los trabajos de sus colegas que integraron el equipo de Caroline Roullier fueran ignorados. Probablemente porque lograron resultados diametralmente opuestos, que validan el vector humano polinesio en la obtención de los camotes amerindios.

b) Kirch

Como Matisoo-Smith, Kirch había saludado los trabajos de Roullier que fueron publicados al principio del 2013 por PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences, USA). Citado en el trabajo de Kerry Sheridan, «Which came first: the people or the sweet potatoes?» (13 de abril de 2018), Kirch rebate la investigación de Oxford pues, según él, fracasó en poner en cuestión los modelos de contactos entre la Polinesia y América. El hecho que el camote polinesio recogido en 1769 haya divergido hace más de 100.000 años no impide para nada que haya sido inicialmente traído de América por los polinesios. Los investigadores de Oxford tampoco pudieron establecer que el camote se hubiera expandido naturalmente. Para ello, tendrían que haber dispuesto de pruebas directas en contexto paleobotánico prehumano, como por ejemplo el polen. ¿Por qué estos investigadores no toman en cuenta los tubérculos fosilizados datados con carbono en los sitios arqueológicos? Las piraguas dobles eran perfectamente capaces de llegar a América.

Kirch confirma su punto de vista en una comunicación personal del 8 de mayo de 2018: «He leído ese artículo apenas salió y lo considero científicamente hablando muy malo (un verdadero caso ejemplar, para disecarlo en un seminario). No tengo nada en contra de la primera parte que se dedica al origen de la especie, pero la segunda abunda en hipótesis no justificadas y conclusiones indefendibles… Es más, los autores de ese artículo no toman en cuenta para nada el proceso de domesticación, al callar las pruebas arqueológicas (selección de tubérculos más grandes comestibles) de millares de años atrás que se tiene en los Andes… Por añadidura, no hay ninguna prueba de la presencia paleobotánica de la planta en contexto prehumano en el Pacífico (como lo comprobamos en el pantano de Temae, en la isla de Moorea, donde efectuamos perforaciones para estudiar el polen extraído). En cambio, sí tenemos camotes domesticados que aparecen entre los años 1200 y 1400 en numerosos sitios arqueológicos en Hawái, Nueva Zelanda, Mangaia (islas Cook) y Rapanui… Por lo demás, no dudo que te va a interesar el nuevo y reciente análisis crítico que hiciera un biólogo molecular, Michael Matschiner, de la Universidad de Basilea, el cual evidencia algunas graves faltas en la investigación».

c) Mi punto de vista

Al desconcierto de la genetista Matisoo-Smith y del arqueólogo Kirch se suma modestamente el mío. ¿Cómo ignorar los trabajos etnobotánicos de Douglas Yen? En su libro The Sweet Potato and Oceania (1974, Bishop Museum Press), el especialista del camote recuerda que Cristobal Colón descubre su cultivo en las Antillas Mayores desde el primer viaje transatlántico (op. cit., p. 5). Yen describe su reproducción mediante esquejes de 22,5 a 45 centímetros de largo en medio tropical, y especifica que tan solo un nudo vegetal hace de reproductor potencial (ibidem, p. 60). El pequeño segmento de lianas trepadoras se coloca horizontalmente en el hoyo y su parte vertical sobresale unos 7,5 a 15 centímetros del suelo nomás. En zonas temperadas como es el caso de Nueva Zelanda, el camote se siembra con tubérculos, como la papa (ibidem, p. 62). Fue en honor a Douglas Yen que tuvo lugar en Auckland, en el 2002, un taller internacional y único de la ASAO (Association for Social Anthropology in Oceania), cuyas actas fueron publicadas conjuntamente en el 2005 por Ethnology Monographs 19 (Pittsburgh, USA) y Oceania Monograph 56 (Sidney, Australia), con el título «The Sweet Potato in Oceania: a reappraisal».

La Ipomoea batatas ha permitido que se dominara la altitud en Hawái y la latitud en la Nueva Zelanda temperada. Los cultivos en las pendientes secas de los grandes volcanes de Hawái favorecieron la emergencia del Estado. Las veinte variantes del mito del camote trastrocaron el panteón de los Maoríes, al instaurar la paridad sexual por el intermedio de Pani, la patrona de la planta. El camote resultó ser vital en la isla de Pascua luego de la deforestación. El canto de Procreación de los pascuenses y sus variantes neozelandesas ensalzan al albatros que les permitió redescubrir las antiguas rutas marítimas que conducían a América. Frente a las costas de la isla de Pascua es donde se encuentran los vientos del oeste que describiera Finney, con la gran curva de latitudes que fue redescubierta por Juan Fernández entre Acapulco y Callao. Yen validó públicamente el acoplamiento de ambas rutas marítimas que yo hiciera, así como mi análisis estructural de las variantes del mito del camote. Desde la primera de sus cuatro estancias en Tahití, Cook supo del mismo navegador Tupaia cómo los polinesios esperaban el cese anual de los vientos alisios para lanzarse al Este con los vientos del oeste, un fenómeno que es fuertemente potenciado cuando se da El Niño.

Los mitos no traen el camote de entrada. No forma parte del decorado inicial. Hay que ir a conquistarlo entre las estrellas o adquirirlo en territorios de ultramar lo cual, por definición, implica una navegación en alta mar. Cada cual sabe que los isleños del Pacífico navegaban sin instrumentos. Se guiaban con las estrellas, los oleajes, las aves, las nubes, las corrientes. Nuestros biólogos dirían que se expandieron por dispersión natural … Descalificar así el camote sugiriendo, a la manera de Thor Heyerdhal, que los polinesios eran incapaces de llegar a América antes que Colón, del otro lado del continente, qué poco elegante… Por lo demás, Colón consideró y hasta su muerte, que había abordado en Asia. Para los descubridores europeos que le siguieron los pasos, América es una barrera, un obstáculo que cierra el acceso a las especias, de ahí su nombre, West Indies. Habrá que esperar a Magallanes para encontrar un estrecho que llevará su nombre y descubrir la inmensidad del Pacífico.

He aquí una dramática ironía: el origen americano del camote ni siquiera es necesario para establecer las evidencias del contacto entre polinesios y amerindios (¡!) El mito de la Isla de las Mujeres demuestra sobremanera la homogeneidad del Pacífico, desde Taiwán hasta las Marquesas. ¿Cómo superar la mortalidad perinatal que golpeaba a las parturientas y a los niños por nacer? ¿Cómo sobrevivir en pareja para poder echar las bases de la sociedad? Este mito también infunde la homogeneidad mitológica americana que develera Lévi-Strauss en sus primeros  cuatro volúmenes: Lo crudo y lo cocido, De la miel a las cenizas, El origen de las maneras en la mesa, El hombre desnudo. Desde la región del Orinoco, la tierra natal del camote, donde las Amazonas lo vuelven mito del origen insular del tabaco. El empalme athapaskano tiene lugar entre los Navajos. El mito de la Isla de las Mujeres cierra luego el vasto círculo pacífico por la costa noroeste y Alaska, al encontrar el trayecto de las migraciones humanas por el norte siberiano-amerindio, replicando las migraciones por el sur austronesio. Estamos ante una auténtica circunnavegación cultural. (Serge Dunis, mayo de 2018)

* «Long-distance dispersal can thus be considered the most plausible explanation of how the sweet potato came to be distributed in pre-Columbian Polynesia.»

Obras de referencia:

Dunis, Serge:

– Le Grand Océan, le temps et l’espace du Pacifique, Ginebra: Goerg, Coll. Ethnos, 2003, «Le mariage des deux archipels, l’archipel andin et l’archipel polinésien», pp. 115-167.

– Pacific Mythology, thy name is woman. From Asia to the Americas in the quest for the Island of Women: how the Neolithic canoes left behind an epic wake. Prefacio de Ben Finney. Papeete: Haere Po, 2009.

– L’île aux Femmes, 8000 ans d’un seul et même mythe d’origine en Asie-Pacifique-Amérique, Paris: Éditions du CNRS, Coll. Maurice Godelier, Bibliothèque de l’Anthropologie, 2016. Prefacio de Maurice Godelier.

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