¿Crisis de la gobernabilidad en el Perú?

Escrito por: Hugo Neira - Août• 18•18

En primer lugar comienzo por agradecerles su invitación a escribir para su plataforma informativa Brújula. He dictado cursos en su universidad, a mi retorno de Europa. Y les envío esta nota, un tanto corta. En sociología, mi escuela es la de Max Weber, desde el Verstehen de los alemanes. Es decir, la «comprensión del otro». Por eso escribo y pienso sin odios ni emociones. Hace mucho tiempo que opté por ser un universitario y no un político. Ambas vocaciones son respetables. Siempre y cuando no se confundan. En otras palabras, no pretendo ser un ideólogo. Lo cual en nuestro país es raro.

Comprender al otro, en Perú, es lo que menos se hace. Perdonable en el caso de ciudadanos corrientes, no en docentes e investigadores. ¿Conocen un pensador alemán que se llama Eric Voegelin (1901-1985)? Lo menciono porque fue el autor de Die politischen Religionen. A las ideologías las llama las «religiones políticas» de nuestro tiempo. Les doy mis fuentes porque no soy de esos que toman una idea ajena y se visten con ella. Decirles a ustedes que ideología es una mala palabra en la sociología europea, tal vez los sorprenda. Al decir religión, para la sociología que es una ciencia laica y nacida tras la modernidad con la revolución industrial en el XIX, quiere decir todo aquello de que querían distanciarse los primeros que pensaron en términos sociales: la fe ciega, el dogma, la subjetividad y su consecuencia, la intolerancia. Todo eso es en lo que se convirtió el marxismo después de Marx. Seguro que saben lo que dijo Karl Marx en vida, cuando lo visitó, en su exilio de Londres, un dirigente obrero. – «Si eso que usted me dice es marxismo, entonces yo no soy marxista».

Hoy estamos en la era de la ideología como manipulación de la realidad. En un tiempo de posverdades. Que me parece peligroso y decadente.

De modo que comencemos. Su intitulado ya es un error. ¿A qué crisis se refieren? Si es la vacancia de PPK —que me dio lástima por su persona— cuál crisis cuando se ha usado el principio legal, y que es un procedimiento universal, de sustituir un mandatario por un vicepresidente. Eso es un sistema racional-legal. ¿Por qué tanto escándalo? ¿No se usa en los Estados Unidos, por ejemplo? ¿No es el impeachment que se aplicó a Richard Nixon?

Soy sociólogo. Vayamos a las placas tectónicas de la sociedad peruana. Por casualidad, miren lo que dice Enrique Bernales, este lunes 14 de mayo en El Comercio, sobre el tema de Estado y el bicameralismo. «El sistema unicameral en el Perú adolece de un problema estructural insoluble, la deficiente representación». Yo lo aplaudo. Bravo Quique.  ¿Se dan cuenta de lo que está diciendo? Es un juicio valorativo terrible. ¡Toca a todas las bancadas! Dice lo que callamos. El nivel de los que antes se llamaban diputados, se ha desplomado. Somos menos cultos que en 1960 o 1940. La democracia, Sartori lo dice, es el mejor de los sistemas, a condición de que el ciudadano sea culto. Yo estudié en un colegio nacional, se entraba por concurso en el Melitón Carvajal, y las grandes unidades escolares, pese a que eran una creación bajo un régimen militar (el de Odría), eran inmensamente superiores a los mejores colegios privados. Desde esa formidable secundaria, entré a San Marcos, me fue estupendamente bien, llamé la atención de los investigadores franceses al punto que me propusieron que fuera a trabajar a París con ellos. Cuando he vuelto, he visto muchas cosas que han mejorado, pero la educación es un desastre. Alguien con coraje, Lynch, como ministro, escribió un libro de primera, Los últimos de la clase. Y claro está, dejar la pésima secundaria de este momento, por áreas y no por asignaturas, sin enseñar conocimientos básicos sino lecciones moralizantes sobre los valores y otros inventos de los constructivistas, requiere de tiempo y de dinero. Para que no tengamos la actual «deficiente representación» que bien ha dicho Bernales, no tenemos que cambiar de sistema político sino cambiar de pueblo. Desde abajo y de las nuevas clases medias, viene gente sin cultura. Que no abren nunca un libro. Ni dudan. Hoy, cualquier tipo puede ser presidente.

¿Qué les estoy diciendo? Que la crisis no es estructuralmente las instituciones ni los partidos. No está arriba. La sociedad peruana ha cambiado para bien, por un lado. Pero, por otra parte hay una feroz regresión. Lo digo en uno de mis artículos.

«En la segunda mitad del siglo XX, la sociedad peruana no solo pasó de ser rural a urbana, sino de ser andina a ser costera. En 1940, el 65% de la población vivía en la sierra, el 28% en la costa (…) Desde el 2007, la costa alberga al 55% de la población total; la sierra, al 32%; y la selva al 13%» (C. E. Aramburú, 2009). En resumidas cuentas, el Perú actual es más bien costeño. (Y por si acaso, yo nací en Abancay.) Eso es lo real, más allá de mitos étnicos y «buscando un inca», o esperando que el Inkarri…, etc. Mayoritariamente, costeños y urbanos.» (El Montonero, 14.05.18)

La regresión está en que nos llevamos por las emociones. ¿Conocen la obra de Isaiah Berlin? Entre «los seis enemigos de la libertad humana» está la educación que no enseña al hombre a razonar. Si no lo hace, nos deshumanizamos. «La razón es la misma en todos los hombres, es lo que une. Las emociones es lo que separa» (Berlin). Seamos francos. En la educación secundaria han desaparecido los cursos de lógica y las humanidades. Y la actual vida política peruana se funda en emociones. El anti-Keiko, el antiaprismo, el antiizquierdismo, acumulación de sentimientos, de prejuicios, de supersticiones desenfrenadas. Reina un nefasto consenso emocional. La esencia del hombre es saber pensar. ¡Y por su cuenta! La objetividad, el realismo, es el resultado de una larga adaptación humana que se llama educación. Pero en Perú, en primaria y en secundaria, mandan los profesores ideológico-emocionales. Se entiende que no podamos deshacernos de la subjetividad. Siempre y cuando no nos impida la necesidad de comprender. Culturalmente, nos hemos puesto en la cola, estamos detrás de Ecuador o Bolivia. No pueden ustedes imaginarse qué es el mundo universitario en México. Gozan de una vida intelectual y política que no tenemos. Y menos aún, cómo es Europa. Les enseña métodos de trabajo. Cómo se comenta un texto. Cómo se piensa escribiendo. ¿Lo tienen ustedes?

La democracia nace en Atenas. En una cultura que inventa la polis y la política, al saber pensar. No es nuestro caso. La emocionalidad sin contraparte, es parte hoy de nuestras costumbres, y está provocando mayor caos y anomia. Vamos hacia una sociedad criminal. Arriba y abajo. No es la hambruna lo que produce los asaltos. Hablo de lo real. Que no apruebo pero entiendo.

Publicado en la revista Brújula Noticias, Año N°5, de la AEG-PUCP, edición impresa n°8 de julio del 2018, pp. 40-43.

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