Este continente y sus democracias imprecisas

Escrito Por: Hugo Neira 179 veces - Ene• 07•19

A veces, para entender, hay que hacer lo que los visitantes de una exposición de pintura hacen, dar unos pasos tomando distancia del cuadro, para ver mejor. ¿Cómo va el mundo? ¿Cómo la América Latina? En lo que concierne a los líos internos, los nuestros, esa guerra entre poderes institucionales, francamente, es lo peor que nos ha pasado. Y todo lo que envuelve el tema de Odebrecht. Me parece que otras sociedades tienen, como nosotros, lo que podemos arriesgarnos a llamar un desarrollo descendente. Estoy en Santiago, fuera del país por un rato. Cuestión de ver y percibir qué patologías sociales detienen a otras sociedades y naciones.

Veo las cumbres de los Andes, visibles como para nosotros el cerro San Cristobal, o el Misti para Arequipa, así de cerca. Santiago con sus 7 millones de habitantes, se halla a 567 metros de altura y a algunas horas de la costa. De eso que Jorge Basadre dijo, «una larga espada en el flanco del Pacífico sur». Pero hoy, esta ciudad que tiene el metro más extenso de la América del sur, ha dejado de ser solo una cuenca poblada y se ha subido a las montañas andinas, al punto que en una zona nueva, un puma amaneció subido a un árbol en un jardín. La noticia sobrepasó el debate sobre el sistema universitario o la propuesta del presidente Piñera sobre la reforma laboral. El puma amaneció en El Arrayán, en la comuna de Lo Barnechea. Y la directora del zoo ha sido muy clara: «No es el puma el que está en nuestro hábitat. Nosotros estamos en el hábitat del puma». El asunto corre traslado al problema ecológico.

Años atrás, lo más notorio entre 1990 y el 2006, eran diversas izquierdas radicales como alternativa en la América Latina. Fue la era de Chávez, Correa, Evo Morales, y sin duda alguna, de Lula. Y en esa euforia, que también nos implicó —el voto por Humala, por Susana Villarán—, sin embargo, hubo un escéptico. Olivier Dabène, profesor en Francia. Su hipótesis fue la siguiente: ¿las elecciones en contra de la democracia? Algo se venía abajo. En el libro de Dabène está el capítulo de Carmen Rosa Balbi, su anticipada visión: en las siguientes elecciones locales, las dos tendencias políticas fueron derrotadas. Había comenzado una crisis de representación que dura hasta nuestros días. Pero no nos dimos cuenta.

Confieso que no le di mucha importancia al pronóstico del profesor Dabène. Había anunciado «unos resultados disfuncionales», «con riesgo de la estabilidad y la calidad de la democracia». Vino entonces, un periodo de análisis de esa «calidad». Los estudios de Tanaka y el Latinobarómetro. Diez años después, vivimos lo que había sido previsto, «una espiral de decepción». Sin embargo, en el Perú, es sabido planetariamente que entre el 2003 al 2016, «el 33,3% de los habitantes del país salió de la pobreza» (Google). ¿Y eso fue correspondido por la ciudadanía?

Sin contar con el escándalo Lava Jato, Toledo, García y Humala vieron disminuir notablemente su popularidad durante el mandato presidencial. Hoy lo que tenemos son «sociedades divididas o fragmentadas» señala Willibald Sonnleitner, del Colegio de México, y observa «elecciones muy disputadas con resultados inconvenientes». En cuanto al Brasil (ignorábamos a Odebrecht, brazo imperial que compraba clases políticas), me entusiasmaba que estuviera entre los BRICS, es decir, al lado de India y China. Pero eso resulta ser una ilusión.

Brasil, ayer: como población, 205 millones. Y como PBI, US$ 2,416 billones. Cómodamente, cinco veces la Argentina. País moderno, la mayoría de su producción está en el sector de industrias y terciario. No nos debe sorprender, pues, que se crearan puestos de trabajo con empleos estables, unos 9,4 millones. Brasil, entre las naciones con elevado Desarrollo Humano.

¿Qué pasó? ¿Política voluntarista de Inácio Lula da Silva? Elegido dos veces presidente, en enero del 2003, con una alta votación, el 63%. Luego, se impuso con un 48,61% contra un candidato socialdemócrata. La presencia de Lula en la escena mundial era enorme, pero la luna de miel con la economía mundial llega a su fin desde el segundo semestre del 2009. Hoy sorprende la crítica a ese periodo. Francisco de Olivera, sociólogo y entre los fundadores del Partido de los Trabajadores, autor de El neoatraso brasileño, publicado por CLACSO, pone patas arriba la política no solo de Lula sino desde el tiempo de Getulio Vargas. Lo subtitula, «los procesos de modernización conservadora». Su hipótesis es aplastante: «campesinos pobres, trabajo informal y salarios precarios, han subsidiado el crecimiento de la industria y los servicios». ¡Las nuevas clases medias! Creo que otro de sus argumentos nos conviene conocer: «el neoatraso es que en la era de la mundialización capitalista, todo depende de los conocimientos científicos y técnicos, es decir, secuestrados en patentes». O sea, sin educación e ingreso a la tecnología y la ciencia, no hay salida. ¿Pero cómo hacerlo con sociedades de informalidad masiva?

¿Qué se ve en varias naciones? Una crisis de la oferta política. La decepción produce un desinterés creciente. El neoliberalismo ha logrado crecimientos macrosociales pero a la vez, brechas gigantescas. Tampoco es una época para gobernar «con el sistema del partido dominante». Ni solo con el neoliberalismo, que despolitiza. En fin, en todas partes, el poder es discutido. El presidente chileno Piñera acaba de iniciar su mandato, y ya está perdiendo apoyo en las encuestas. Es como si los ciudadanos, recuperando su autonomía, enviaran al sillón presidencial a un personaje en el cual no confían del todo. En cuanto al puma, lo salvaron. Lo durmieron y le pusieron colchones para que no se golpeara al caer del árbol. Qué bien, pero ¿quién nos salva de la tentación de «democracias hegemónicas», que buscan no tener opositores?

Publicado en El Montonero., 7 de enero de 2019

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