Mary Shelley: Frankenstein, mito y tecnología

Escrito por: Hugo Neira - Août• 31•18

Mientras recorría París y sus librerías, de pronto me di cuenta que no solo en Francia se celebraba el centenario de Frankenstein o el Prometeo moderno. En efecto, escrito en 1818 y editado por primera vez en Londres, su autor, una mujer, Mary Shelley, nacida en 1797, lo escribe a los 21 años. Por otra parte, en librerías, sorprende el interés de los lectores por temáticas científicas: ciencias cognitivas, genética, estudios del cerebro, la conciencia y las emociones. Azar o convergencia, los 200 años de la «creatura» monstruosa coinciden con los nuevos saberes que pueden desencadenar cambios asombrosos. No solo alargar la longevidad sino llegar a impedir el envejecimiento.

¿Frankenstein? En abril del 2015 un equipo de genetistas chinos se puso a «mejorar» el genoma de 83 embriones humanos. La meta fue llegar a erradicar embriones con enfermedades hereditarias. Pero ¿a qué distancia estamos de aumentar las potencias de un nuevo ser humano dado el progreso de las tecnociencias?

Mary Shelley propuso algo que siempre parecía un tema de ciencia ficción. Y lo ha sido por decenios desde el cine. De 1910 al 2015, hubo unas 93 películas. El nombre de Frankenstein, como se sabe, es el del médico que crea la vida desde los restos de muertos que roba en los cementerios. La obra de Mary Shelley aspira a ser algo más que un cuento fantástico, aunque figure en La Bibliothèque Idéale de Pivot, al lado de Dr Jekyll y Mister HyH Hyde de Stevenson. Para el filósofo A. Jori, «Frankenstein es una metáfora de la ambigüedad estructural de la tecnología». ¿Por qué un Prometeo moderno? El titán que ayuda a la humanidad no es perdonado por los dioses. Nos entrega el fuego. Y la fruta del saber, la serpiente del Paraíso. Ambas rebeliones contra lo divino. De ahí la demonización de Prometeo.

Las tendencias sociales de lectura siguen siendo economía, sexo y política, pero esas materias noto que son desplazadas por las que tratan del arte de aprender a vivir, la salud, el placer, el bonheur o felicidad y el respeto al cuerpo. Incluso hay una corriente intelectual, el transhumanismo, que interesa al filósofo Luc Ferry. «La tecnomedicina puede modificar nuestras vidas». Su postura es de entusiasmo y a la vez de horror.

Mary Shelley. Hija de William Godwin, editor, y de Mary Wollstonecraft, escritora y política —padres excepcionales— pero pierde pronto a la madre. No siguió una escolaridad regular, en cambio aprende griego, latín, francés e italiano. Muy temprano en su vida aparece Percy Bysshe Shelley, poeta, hombre casado y con el cual se fuga en 1814. Y Percy, divorciado, se casa con ella en 1816. Gran amigo de Lord Byron, ambos son invitados para pasar una temporada en Ginebra, y alquilan una casa cercana al lago Lemán. Es Byron quien les propone escribir algo fantasmagórico. Ella recuerda «la noche húmeda y tenebrosa en que comencé ese relato». Pero el padre lo imprime sin decir quién lo ha escrito, y dándole el prólogo a Percy Shelley. Prudencias victorianas. Pero el marido —que era poeta, bohemio, muere en el mar, a los 29 años— no era un canalla. Él mismo reconoce que Mary es la autora.

Hemos visto en París la película inglesa que lleva secamente el título de «Mary Shelley» de Haifaa Al-Mansour, también mujer. Ya llegará a Lima, vale la pena verla. Siempre me pregunté en qué se inspiró. Ese film nos dice que Mary, la escritora, pasó por momentos de total soledad. Ella y Frankenstein. Seres dotados de poderes y a la vez desdichados.

Publicado en El Comercio, 30 de agosto de 2018

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/mary-shelley-frankenstein-mito-tecnologia-hugo-neira-noticia-552074

 

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