«Oye, hermanito»

Escrito por: Hugo Neira - Juil• 19•18

Años atrás, Enrique Urbano nos propuso reflexionar sobre tradición y modernidad en los Andes. Luego, Francisco Durand, profesor en Estados Unidos, nos planteó para el Perú una economía fragmentada: formal, informal y delincuencial (2004). Pero la opinión de los peruanos en general se distrae en lo inmediato. Y además, la clase política no escucha lo que le dicen los estudiosos. Admito, por mi parte, que lo delincuencial me hacía pensar en el tráfico de cocaína. Y la corrupción como un asunto de ex presidentes, gobernadores regionales, alcaldes, funcionarios y empresarios en fuga.

Una vez más, nos quedamos cortos. A estos alambicados sistemas para delinquir los llamé alguna vez, “la anomia”. Matos Mar, tan optimista, los llama “desborde”. Pero no se me ocurrió que uno de los poderes del Estado exhalara la podredumbre desde el nivel más alto de la nación y de la patria. No sabíamos hasta qué punto resulta lo delincuencial, ya no abajo, el lumpen, sino arriba. Muy arriba. Siempre pensé que era un asunto de uno que otro juez. Jamás que fuera un delito corporativo. Sí, pues, nos pasamos de cándidos.

Lo que ocurre nos obliga a pensar el Perú de otra manera. Admiro y respeto a Jorge Basadre. Su visión del Perú fue holística, vale decir, holos, el conjunto. “El incario fue el terreno, la Conquista la siembra y las épocas posteriores la cosecha”. Lo suyo fue un “porvenirismo”. Sin duda, la historia es una unidad secular e incluso milenaria. Pero ante lo que ocurre, conviene que nos veamos tal como somos. Si Durand nos propone una trilogía económica, por mi parte, desde la sociología, veo tres sociedades bajo el mismo cielo. La idea de que las sociedades son múltiples proviene de Alain Touraine, que fue mi maestro.

Hay una sociedad peruana moderna. No lo digo yo, sino las estadísticas del INEI. Por vez primera en tres mil años, la costa está más poblada, 58%. La sierra, 28,1%. Además, en el censo del 2007, lo urbano ya era 75,9% y las zonas rurales un 24,1%. La costa son llanos y oasis que se comunican. Un segundo factor, el crecimiento del ingreso per cápita. A precios constantes del 2007, en 1980 era de 9.674 soles. En el 2014, de 14.977 soles. Otro factor positivo es la disminución del analfabetismo. De 18,1% en 1981 a 5,9% en el 2016. La debilidad de la sociedad moderna es que es pequeña. El mundo de empleos estables.

Otra sociedad habita en la economía informal. Las pymes son el 96,5% de las empresas. Ese es un mundo muy inestable. Son en realidad los no pobres. No culpemos, pues, a la atomización de un mundo de los pequeños negocios. Ora al acceso de millones de peruanos a la propiedad. Ora al descubrimiento del goce del consumo masivo. En fin, un país entero habría sucumbido al fetichismo del billete y el dinero fácil. A la convicción de que el dinero lo puede todo. Ideológicamente, el reinado de la maña criolla. Un país de yuxtapuestos estratos socioeconómicos. Con creencias e imaginarios, distintos. Y la aparición del ‘achorado’.

Nuestra sociedad moderna es minoritaria. La informal, enorme. El lumpen dio un salto prodigioso. Según el Barómetro de las Américas, el crimen y la inseguridad ciudadana preocupaban en el 2006 a un 10% de ciudadanos. En el 2014, alcanzaba el 46,7%. ¿Y hoy? ¿Qué pasa cuando un país duda de sus élites? ¿Cuándo el Poder Judicial no es confiable? ¿El dinero del poder y el poder del dinero? El lumpen subió hasta lo más alto. El “oye, hermanito” nos revela la prosperidad del vicio. La patria sufre un accidente cerebrovascular.

Publicado en El Comercio, 19 de julio de 2018

https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/oye-hermanito-hugo-neira-noticia-537516

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