“Seamos realistas, pidamos lo imposible”

Escrito por: Hugo Neira - Mai• 03•18

Mayo del 68 y en París comienza con una discusión en la Sorbona. Comienza por un error. Jean Roche, entonces rector, visto que los estudiantes se reunían en la plaza interior de la Sorbona, les dice que desalojen puesto que un grupo de extrema derecha iba a llegar. Los estudiantes se niegan a partir y entonces el rector llama a los CRS, las fuerzas policiales de choque. La intervención se produce con eso que los franceses llaman una intervention musclée, o sea, a viva fuerza. Los estudiantes expulsados se desparraman por el cercano parque de Luxemburgo y con adoquines levantan barricadas. Las fuerzas policiales contraatacan con gases lacrimógenos. Al llegar la noche, unas 574 personas han sido arrestadas. Fue una batalla campal. No hay ningún muerto, ni la policía ni los manifestantes han usado armas de fuego, pero hay unos 481 heridos en París: 279 estudiantes, 202 policías.

Los días siguientes, del lunes 6 al 10 de mayo, las cosas empeoran. Lo que sigue es a la vez la huelga general y el debate abierto en el teatro Odeón. Sorprende desde el inicio la amplitud que toma. Comienza por la admiración de los jóvenes de Mayo del 68 por el ‘Che’ Guevara, por la China de Mao, y acaba en Gilles Lipovetsky, el autor de La era del vacío. La desconfianza de la política, que es el mundo que hoy tenemos.

Sus afiches, un clásico de la rebelión. “Está prohibido prohibir”. “La imaginación al poder”. Grafiti y movilización estudiantil. Esa revolución resulta original, e incomprensible para los cánones tradicionales de protestas o revueltas. La encarnan los estudiantes, en ese momento los hijos de la burguesía (hoy la universidad es mucho más popular). Y por otro lado, Francia era ya un país del capitalismo avanzado. Dicho de otra manera, no es algo que venga de una crisis económica. Ni de una clase oprimida. Los afiches revelan el espíritu de Mayo del 68. Plantean –en contra de Charles de Gaulle– también una vasta revuelta espontánea, antiautoritaria.

Mayo del 68 se acaba en junio. La respuesta de De Gaulle fue eficiente. Disolución del Parlamento, elecciones legislativas y una enorme manifestación en los Campos Elíseos. Seré más claro. Mayo del 68 acaba cuando los puestos de gasolina vuelven a funcionar. Los obreros, propietarios de sus autos como todo el mundo, querían salir de vacaciones. No fueron los terribles CRS, la policía de choque, que acaba con el movimiento, sino la llegada del verano. Los sindicatos, en su mayoría comunistas, se negaron a tomar el poder. Fin de un mito que provenía de Marx.

Seamos sinceros. Los grandes acontecimientos de la historia –como 1917 en Rusia, la emergencia de Mussolini en Italia y el nazismo en Alemania– son fenómenos imprevistos. A lo ocurrido en Mayo del 68 no lo entendemos. Se ha querido explicar las sociedades desde el ángulo de la economía. Pero hoy sabemos que eso es importante pero no es suficiente. Fue algo más complejo. ¿Ha terminado el mayo parisino? Pero sí lo vemos todo el tiempo en las generaciones actuales. ¿De qué época viene el culto al individuo? ¿La libertad suprema de autoeducarse? Esa dimensión de la palabra libre, de la vida de uno que cada uno se inventa, viene de esa ruta. El mayo parisino ha sido un deseo de cambiar no solo el poder político sino la vida. La lección es que aun las sociedades avanzadas pueden tener una revolución. Y con protestas de orden cultural y social. Alguien muy inteligente dijo ante Mayo del 68: “No sé si es la última revolución del siglo XIX o la primera del siglo XXI”.

Publicado en El Comercio, 3 de mayo de 2018

https://elcomercio.pe/opinion/colaboradores/seamos-realistas-pidamos-imposible-mayo-68-hugo-neira-noticia-517250

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