Simposios de Moisés Lemlij. Mirar el mundo tal como es

Escrito por: Hugo Neira - Avr• 16•18

Hace veinte años, en abril de 1998, en el hotel Los Delfines, se produjo un evento que podríamos llamar magno, gigantesco. Se le llamó entonces, En el Umbral del Milenio. Quien lo organizó fue Moisés Lemlij, psiquiatra-psicoanalista. El núcleo fundamental de ese evento estuvo compuesto por psicoanalistas, y además, investigadores y científicos de otras disciplinas de las Ciencias del Hombre. Pues bien, hace unos días, del viernes 6 de abril al domingo 8, se ha vuelto a repetir una conferencia internacional, una vez más, organizada por Lemlij y un equipo al que no cabe sino felicitarlos. La idea central fue esta vez, La escena contemporánea. El lema, no solo era un reconocimiento a la lucidez de José Carlos Mariátegui sino un acierto. Realmente, ¿qué es lo que pasa en el mundo?

Varios temas fueron abordados, entre ellos, las mujeres en la escena pública, la crisis de la democracia, la sociedad moderna y su influencia en asuntos de género. La normalización de la corrupción. La crisis de liderazgo, el impacto de la tecnología. Como el amable lector podrá deducir, cualquier esfuerzo de una síntesis es casi imposible. Debemos esperar que las intervenciones sean editadas. Me limitaré, y de modo sumario, a redactar aquello que me tocó como intervención oral.

Fui invitado a un conversatorio sobre la escena contemporánea. En la cual participaron Miguel Giusti, Leopoldo Nosek, Francisco Sagasti y Estela Welldon. Visto el auditorio y la necesidad de ser sintético, mi plan de exposición se sirvió de un antiguo truco de oratoria, que viene de los latinos: primero la miel, luego la hiel. En efecto, comencé con las ventajas de nuestra vivencia en este siglo. En primer lugar, el hecho que vivimos unos 35 años más que la media de los seres humanos del siglo XIX. En segundo lugar, diversos observadores sostienen que en el 2030, por primera vez en la historia de la humanidad, habrán mas clases medias que ricos o pobres. Esas clases nuevas y activas ya han aparecido en China, en India, emergen en el África actual. Sin embargo, me apresuré a decir que eso no significaba que los conflictos sociales vayan a disminuir, puede ser que se agudicen. Vivimos en una cultura de la competencia. En lo positivo señalé que el siglo XX es el de la alfabetización general. Y otro aspecto, también positivo, el reconocimiento de los movimientos femeninos y de la mujer.

Luego pasé a lo que de negativo tiene nuestro contexto mundial. Los Estados Unidos siguen siendo una potencia, pero no como superpotencia que fue su rol después de la caída del Muro de Berlín. Esa hegemonía se ha acabado. Este es un mundo con diversas hegemonías. USA, China, Rusia de Putin. La Unión Europea. Y cuando no hay una superpotencia dominante, las relaciones internacionales son sinuosas, inestables. Segundo punto, el Islam se sostiene como un desafío a la modernidad. En política es incompatible la idea de la comunidad islámica y el respeto al individuo. Musulmán quiere decir «siervo». Se supone de Alá, pero son víctimas de diversos totalitarismos bastante mundanos.

En política, retornan los hombres providenciales. China tiene un nuevo amo de por vida, Xi Jinping. Ahí está la Rusia de Putin. La Alemania de la señora Merkel. La Francia de Macron. La Turquía de Erdogan. Y la Siria de Bashar al Assad que las grandes potencias no quieren que siga, pero que resiste desde hace años a una guerra terrible. Lula es uno de esos casos. Se irá a la cárcel pero es el líder político que logró extraer de la pobreza a 20 millones de brasileños y situarlos con empleos en el sector privado, como una enorme clase media. Es una lástima que se haya manchado con regalos cortesanos. Lo que estoy diciendo es que en política, no está pesando una doctrina sino la capacidad de algunos para asumir la autoridad del Estado. Se viene una era de condotieros, de aventureros, de gente con carácter que llegue a la emoción popular.

Estamos en un tiempo de transición de un capitalismo a otro. A formas de trabajo que incorporan novedades tecnológicas y que modifican de arriba a abajo, el mundo laboral. ¿Cuántos oficios van a desaparecer debido a los robots y las aplicaciones? Un especialista, Sennett, señala que en Europa y en los Estados Unidos, el contrato por tiempo indeterminado cede el lugar a contratos de corto plazo. Lo que permitirá la pérdida del empleo. El puesto de trabajo se vuelve una lucha por la supervivencia.

El último punto. Por encima de los Estados, incluso de los más poderosos, flota una internacional de empresas financieras que dominan el mundo. Ya no se pueden llamar neoliberales. Son otra cosa. Una aristocracia del dinero desligada de nación y patria alguna. Un «economismo» sobrevuela sociedades y naciones. E imponen un modo de vida que solo conviene a los anglosajones.

Recordé el simposio del año 1998. El filósofo Vattimo, italiano, después del derrumbe de la URSS, pensó que entrábamos a una forma de sociedad transparente. En estos años, lo que ha ocurrido es todo lo contrario. Los medios pudren los diarios con las fake news. Internet es un agente doble, trae información pero permite la manipulación de masas de ciudadanos como ha ocurrido con Facebook. Estamos en una sociedad internacional y caótica. El libro de Cohen se titula La prosperidad del vicio. Hay especies enteras en extinción. Las abejas, por ejemplo. La educación ha caído en todo el mundo. Los jóvenes prefieren estar conectados a tener conocimientos. El libro ha pasado a segundo plano. Tenemos con la mundialización eso que los sociólogos llamamos «efectos perversos».

Publicado en El Montonero., 16 de abril de 2018

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