Internacional

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Sabatina, 31 de agosto del 2002


Chile, la razón y la fuerza


Hugo Neira


El misterio de por qué Chile va en camino hacia el primer mundo puede que radique en lo que de tan sabido se olvida. En una célebre novela de Poe, una historia policial, la clave del enigma es una carta dejada expresamente sobre una chimenea, o sea, en un lugar visible y en consecuencia, de tan a la vista, oculto. De repente van para arriba no por la cantidad de monsergas economicistas que se invocan sino por virtudes públicas. Por manejarse con una singular combinación de cordura y energía, rigor y leyes.

No hay nación en nuestros días sin problemas, pero lo que las distingue es el grado de habilidad o energía en la gestión de conflictos, por lo general, inesperados. Hace poco pasé unos días en Santiago, justo el momento en que las circunstancias me convertían en el espectador de una megahuelga, y de cómo, en menos de veinticuatro horas, Chile resolvía el problema. ¿Qué pasó? De la noche a la mañana, el gremio de microbuseros entró en paro, y con un nivel extraordinario de planificación de su protesta los autobuses o buses de los huelguistas, a través de avenidas y calles, paralizaron por completo la capital. Y así fue como Santiago colapsó. Es siempre impresionante una gran ciudad con multitudes que se echan a pie para llegar a sus centros de trabajo o volver al hogar. Por mi parte, lo tomé con filosofía y me dije: "Bueno, vamos a ver ahora qué es lo que hacen".

Una empresa española había ganado una licitación; de ahí la huelga: el gremio de "micreros" —es así como los llaman— se sintió amenazado. Como en otros casos, se temía que la intervención de una empresa extranjera se acompañase de racionalización, es decir, de despidos y cierre de líneas. Santiago necesita racionalizar sus micros, se ahoga en la contaminación atmosférica. El conflicto significaba también que acostumbrados a llevar su talento empresarial y capitales fuera de sus fronteras, por una vez, los chilenos tomaban la sopa que a otros suelen servir. La globalización siempre es cruel. Pero no pude imaginar la celeridad de la respuesta a la crisis. Al caer la tarde del primer día de huelga, era visible que los manifestantes habían cometido desmanes. Esa misma tarde entraron a tallar los carabineros y hubo 600 detenciones. Al día siguiente, la unanimidad de la prensa condenaba la huelga misma. Un diario, La Cuarta, titulaba "Micreros atropellan 5 millones de chilenos". Luego, salió el presidente Lagos a decir que caería el peso de la ley. En ese momento, andaban en prisión no sólo dirigentes sindicales, sino los poderosos y muy burgueses empresarios propietarios de líneas de bus. Pero si el lector se imagina que todo esto tiene un aire pinochetista se equivoca. Resulta que son los abogados del Ministerio del Interior los que presentan una queja a los jueces.

Y son estos los que ordenan capturas y detenciones provisorias. O sea, la huelga acabó porque actuaron las grúas de la policía que levantaron los buses, la opinión pública se puso en contra, y actuaron el gobierno y el rigor de los jueces. Varias fuerzas, diarios, policía, opinión pública. Chile es un país de orden. Manda la ley. Ese es el secreto de su éxito. Gobierno fuerte y tribunales, la razón y la fuerza como dice su lema nacional. Así, desde los tiempos de Portales, en los inicios del XIX. La dictadura de Pinochet fue un paréntesis. Temible nación, a veces abierta como la palma de la mano, y otras, eficaz y unida como un puño.

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Jueves 22 de agosto del 2002


¿Chile a la vista? El lejano vecino

 

Hugo Neira


Pocos países están más cerca geográficamente que Chile y Perú y pocos se ignoran tan olímpicamente. Y digo esto con el fundamento de causa que me da ir y venir por Santiago desde hace la friolera de doce años en mis ideas y venidas de Tahití al Perú. La alta y soleada capital de los chilenos es mi escala, por cierto grata, tanto cuando voy como cuando vengo, y en ocasiones bajo a Chile para encontrarme con amigos, dictar una que otra conferencia, y como soy curioso y buen viajero, y sé perderme en las grandes alamedas y la hospitalidad, y no me encorbata cargo alguno, resulta que miro, observo, aprecio y reflexiono.

Este artículo parece tener una incidencia con el viaje del presidente Toledo a Chile, pero es más fruto del azar y de mi libre albedrío y el deseo de decir las cosas que a veces no ven los diplomáticos de carrera ni los de trote que son los que más abundan. Digo que se ignoran. No que el presidente Lagos no conozca al presidente Toledo, ni que la clase política se desconozca, nada de eso. Las elites se frecuentan, un poco menos los pueblos, y casi nada eso que podemos llamar las culturas. Y ese es el asunto. En Chile solo se sabe del Perú sus escándalos y lo de los 60 mil emigrados, sobre los cuales hacen chistes sus cómicos populares en la plaza de armas de Santiago, chistes feroces, también se sabe que tenemos muy buena culinaria, acaso porque hay unos 10 restaurantes peruanos capitalinos de primera. El resto no existe, mejor dicho, no hallas un diario peruano ni revista en los quioscos, ni un libro peruano en librerías y, con las justas, si algo se ha leído es a Mario Vargas Llosa, y no todo, Conversaciones en la Catedral, como me lo dijeron jóvenes en el curso de una charla mía. Como en los días en que estuve hubo una huelga gigantesca de transporte, me pasé un buen rato en un cuarto de hotel haciendo zapping. Del Perú solo asomó una publicidad de cerveza cusqueña, lo cual me reconfortó porque mi madre era de porahicito. El resto, nada, niet, cero. Desde Santiago, la cultura peruana no existe. Y eso de que tras el nombre de Perú sólo haya gobiernos, un poco que me mata. Perú también son sus pintores, cineastas, escritores, pensadores y cocineros.

Pero, esta pasión del desencuentro también la practicamos, y una encuesta sobre lo que se conoce por casa de Chile, fuera de Allende, Pinochet o uno que otro poema de Neruda, dejaría al descubierto nuestra propia ignorancia, seamos sinceros. ¿Y quién tiene la culpa de esto? Hombre, quién va a ser, nosotros mismos. Este desconocimiento mutuo se arregla —en parte, no hay que exagerar— no con planes culturales a veinte años o comisiones multiministeriales, sino con remedios enérgicos. Se mete en un avión a seis chilenos de primera calificación y a seis peruanos de lo mismo, y en Lima y en Santiago, se tiene un ciclo de conferencias. No sobre política, por Dios, sino disertantes que vayan a aulas a decirles a los chilenos qué es la literatura peruana, la cultura andina, el despertar del género, las ciencias históricas y sociales, el arte, entre otras temáticas. Hablistas, conferenciantes, que los pueblos se entienden por la oralidad, al menos los nuestros. Y buenos expositores, no los pedantes que confunden una conferencia con la ingestión de una adormidera. Eso es lo que hubiera propuesto, estoy seguro, Luis A. Sánchez hace unos años. Me permitiré decir que conozco media docena de chilenos que podrían darnos pruebas de una cultura intensa y viviente, de un pensar que va de la globalización a Nietzsche. No me cabe duda alguna que lo recíproco es posible. Estoy diciendo que es bueno que los chilenos conozcan a los peruanos en lo que tienen como creativos. Un tema para una agenda presidencial, si las agendas sirven para recuperar algo de lo posible y no la propia logomanía de las burocracias que gobiernan sin atisbar la realidad, sin contacto con la vida de cada día, sin aula ni calle. Un ciclo doble de cine chileno y peruano nos haría tanto bien, como una conversación en la vieja cordialidad de unos tintos.

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Sabatina, 24 de agosto del 2002


Autonomías, admirables y difíciles

 

Hugo Neira


Elecciones regionales, nos estamos embarcando en algo grande: otra arquitectura del Estado. Habrá que explorar cómo les ha ido en otros países, y no por imitar, acaso por evitar. Si el Estado es un requisito universal del orden legal, las modalidades de aplicación son de circunstancia. Me parece indicado observar lo ocurrido en España, su Estado Autonómico, no porque sea "la madre patria" sino porque les ha salido la cosa bien. Y conviene saber por qué.

España se ha vuelto un país de banderitas, se lucen en cada Ayuntamiento, que es el nombre que les dan a los municipios. En cada uno, al lado de la bandera española, otra de la comunidad respectiva. Banderas de todos los colores, todas diferentes. Las 17 Comunidades Autónomas, además, llevan nombres distintos. Junta en Canarias, en Castilla, Principado en Asturias, Xunta (con x) en Galicia, por el gallego; Foral en Navarra, Generalitat en Catalunya. Cada una de las 17 tiene territorio, capital, parlamento y estatuto. Hay pues 17 presidentes. España es una "nación de naciones", artículo dos de su Constitución. Y a eso llegaron por consultas sucesivas. Más claro, al salir del franquismo, los españoles tenían dos asignaturas pendientes. Cómo volverse un país europeo normal, es decir, con partidos, elecciones, etc. Eso se hizo, lo sabemos. La segunda asignatura era propia del caso español. Nunca hubo España, sino las Españas. ¿Qué hacer con el catalanismo y el tema vasco que los llevó en 1936 a la guerra civil? La solución audaz, salida de la cabeza de don Adolfo Suárez, no por azar hoy Duque de Suárez, y del sereno talento de don Juan Carlos I, fue generalizar la autonomía, no a dos o tres regiones sino a todo el territorio. Se hicieron federales sin decirlo, para esquivar el sangriento ayer. Pero esta vez se dieron reglas. Y reglas muy claras, y es lo que me inquieta. Estas consisten en saber qué es lo que NO hacen las Comunidades. Y que se guarda el Estado. Y a esto llaman las competencias. Las Comunidades NO emiten moneda, NO tienen embajadores (¿o Usted ha visto un Embajador de Valencia?), NO tienen una defensa o Fuerza Armada por separado, etc. Las Comunidades tampoco pueden legislar lo que les dé la gana. Si mañana los andaluces se vuelven locos y deciden que hay que flagelar a las adúlteras, a la manera de un Emirato árabe, pues no, no lo permite la Constitución española, que es de todos. En fin, dos defectos, nada es perfecto. a) Es un sistema carísimo. Cada Comunidad tiene representantes, sueldos y dietas. Evitar la yuxtaposición de actividades del todo es imposible. b) Entre Comunidades hay diferencias, unas regiones son ricas, otras pobres. Para aliviar hay fondos de compensación, del Estado español y de la Unión Europea. Dos formas de riqueza que no tendremos. Además de ser costoso, se requiere de un Estado de derecho y de una clase política dialogante y que no ande como en casa, tirándose los trastes por la cabeza. O sea, como difícil ¿no?

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Sabatina, 10 de agosto del 2002


Ilustres tonterías


Hugo Neira


Estando de paso por Madrid pude escuchar, sin quererlo, las declaraciones de un par de jefes de Estado latinoamericanos, que en el calor de las jaculatorias cortesanas dijeron cualquier cosa, revelando lo poco que entienden de dónde viene esa sociedad española de libertades fluyentes y lo menos que se entienden a sí mismos. No me extraña del presidente Fox, sólido demócrata conservador sin duda, en el fondo un granjero, los mexicanos lo encaramaron a la presidencia para librarse de los sutiles doctores del
PRI, que como Carlos Salinas de Gortari estudiaron en Harvard, conocen la historia propia y ajena pero que igual pegan mordidas considerables, la del ex presidente es de 1’500 millones de dólares mal habidos que disfruta en su castillo de Escocia. Pero de Cardoso, sociólogo que tuvo cátedra en la Sorbona, me asombra, y me llena de tristeza.

No, España no fue subdesarrollada ni antes ni después de Franco. Fue una nación retardada, a remolque de Europa, que es otro cantar. Fue pobretona, taciturna, hipocondriaca, España de charanga y pandereta que ha cantado Machado, "cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, España inferior que ora y bosteza, vieja y tahúr, zaragatera y triste". El poeta entendió lo que los campanudos visitantes ignoran: inferior, con atraso, pero otra historia. España no hizo, en el XIX, su revolución industrial sino a medias, altos hornos por Vizcaya, algunas industrias por Barcelona. Así la encontró su guerra civil, semi-industrial. Franco la completó con una dictadura compulsiva. No, la Transición democrática no acabó con el subdesarrollo. Pudo hacerse porque esa etapa se la saltaron, y el Rey Juan Carlos I y sus finos estrategas ya encontraron una sociedad de consumo masivo, de clases medias y populares bien instaladas en la modernidad. El subdesarrollo es otra cosa, algo actual que padecemos, pero que ignoraron las naciones europeas en su hora de despegue. Es no sólo miseria e ignorancia sino explosión demográfica, lo que ocurre en África, Asia y aquí, en América Latina, millones de seres humanos dejados de lado por un progreso que no necesita de brazos. Fuerza de trabajo que nadie compra ¡! Los europeos y también los norteamericanos, cuando incubaban su despegue, no tenían encima FMI ni globalizaciones, andaban solos, con su pobreza interna y sus guerras, acaso por eso hallaron soluciones. Eran más libres, y como dice Gabo, les dejaron pasar su Edad Media en paz. Los pueblos de Castilla que describe Azorín, y Ortega, y Lorca, y Zender, y Gironella, eran marchitos y pobres, pero nada que ver con el tumulto de Calcutta, Lima o México City. Otra situación.

Cómo se sonríen españoles y norteamericanos escuchando a tan ilustres visitantes decir tonterías. Deben pensar, bajo el capote, estos ni nos conocen, ni saben de dónde venimos, y menos entienden su propio entrampamiento. Y entonces me invade un sentimiento que Julio Ramón Ribeyro me enseñó en París a denominar, alipia, la vergüenza que se siente por otro, o sea, vergüenza ajena.

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Sabatina,  08 de junio del 2002


Peruanos.es

 

Hugo Neira
 

Como anduve por Madrid quiero contar lo que hallé, cómo salen adelante muchos peruanos que se fueron. Breve explicación: estuve para presentar mi último libro, soy de esos autores que van tras de su obra como un padre tras del hijo, para que no se pierda. Madrid por su holgura económica y por el interés que presta a nuestro castellano, es nuestra gran caja de resonancia. Así que los peruanos que allá radican no tardaron en aparecer, y luego de mi conferencia me invitaron a un restaurante peruano, por cierto muy bueno, "El Inti de oro" en la muy madrileña calle de Ventura de la Vega. Ahí comenzaron mis sorpresas.

Cuando felicitaba, y no sólo por cortesía, al español León Carrillo por la calidad gastronómica de su local, me respondió que era lo menos que podía hacer, dada la muy fuerte competencia. ¿Qué competencia?, pregunté ingenuamente. Había dejado Madrid, de los días míos, en seis restaurantes peruanos. "Pero si estamos en más de treinta!" me respondieron. Y acto seguido me contaron que había no una sino cuatro procesiones del Señor de los Milagros. Recorren lo que los españoles llaman el extrarradio, Leganés, Getafe, ciudades satélites de Madrid. Lo de cuatro es por rivalidades, vaya por Dios.

Los peruanos han decidido conquistar a España mediante sus propios esfuerzos. Hay incontables microempresas que te venden billetes aéreos, mensajería, facilitan los giros y te alquilan cabinas o locutorios. El nombre de estas empresas no deja dudas sobre su origen y actividad, "el Chasqui", "Viajes Punto Latino". Otras muchas se encargan de reconvertirte los videos, de buscarte un piso, lo cual es un dolor de cabeza, y no faltan las que te ponen, con un simple pedido por teléfono, los dulces de camote, el manjarblanco y hasta el alfeñique de Lambayeque, en casa. ¿Cómo lo hacen? Talento organizacional "made in Perú". Como la vida es dura, aparte de servicios de mensajería, peluquería, trabajo doméstico y en el campo, los peruanos organizan a los peruanos. Hay asesorías para los recién llegados. Ahí se enteran de sus derechos, cómo obtener permiso de trabajo y residencia temporal. En fin, esta emigración tiene prensa propia. Sí, tal como lo lees. El título de esa sabatina Peruanos.es es de uno de esos diarios; además, prensa gratuita. Los colombianos sacan su Lazo latino. Y para todos, Visión hispanoamericana que dirige Julio Oviedo y donde escribe Juan Monzón. Todo el tiempo que estuve, y fui de un lado para el otro, vi nubes de mendigos, gente venida del este europeo, mujerucas rumanas un poco agitanadas cargadas de críos. No vi a ningún peruano mendigando. A veces los vi pasar, caminando rápido, taciturnos, ocupados. Y sentí un gran orgullo. A donde van chambean. Habrá excepciones, delincuencia, como en todo, pero la mayoría es laboriosa, organizada, activa. Bueno es decirlo.

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Sabatina, 17 de mayo del 2002


Descivilización y neofascismo

 

Hugo Neira


Cuando se supo los primeros resultados en Francia, a mis amigos les puse este mail. "Ya es una crisis de régimen, una clase política largada por los ciudadanos. Si gana Le Pen, una crisis de Estado. Si aplica su absurdo programa, una crisis de civilización". Creo, pues, que la hora no es para convencionales análisis de sociología electoral, en qué región ganó el FN o se mantuvo la derecha clásica y qué es lo que puede recuperar, en legislativas, la guillotinada dirigencia del partido socialista. Algo grave permanerá. Una lava social desconfiada del progreso, de la sociedad abierta. Paradojalmente, gente que vive bien y sin lecturas. Algo que no concierne sólo a la sociedad francesa.

León Trotski profetizó estas cosas: "Cuando el pueblo no puede una revolución, ¿se lanza a una contrarrevolución"? ¿Es eso el neo-fascismo francés? ¿La lucha de clases en Francia, al revés? El país que generó la Comuna de 1871, como lo recordaba mi vecino de página Gonzalo García, como tiene una tradición revolucionaria, también la tiene reaccionaria. No sólo Rousseau y Víctor Hugo, sino Joseph de Maistre, el affaire Dreyfus, la Acción francesa de Maurras (que Mariátegui comentó y criticó) y los intelectuales de la colaboración, Pierre Drieu de La Rochelle, Robert Brasillach. Siempre me han intrigado esos dos escritores. Entraron al nazismo porque lo consideraron más revolucionario que el comunismo. La Rochelle se pegó un tiro. Evocar su confusión viene al caso. Los que siguen a Le Pen lo hacen porque quieren resistir a los cambios rápidos y angustiantes que trae consigo la modernidad, pero hay entre ellos como una revuelta plebeya.

Entre tanto, Le Pen transgrede fronteras mentales: "yo soy socialmente de izquierda, económicamente de derechas y francés". Palabra por palabra, salvo lo de francés, el discurso de Hitler el 36, cerrando un mitin. El fascismo siempre ha sido un confuso populismo. ¿Pero eso, en Francia? ¿País de educación masiva, de escuela pública donde se explica mil y una vez cómo llegó Hitler al poder? El lepenismo es una suma de agregados sociales, el obrero en paro, el comerciante hostilizado, el burgués patriota. Sumando descontentos se logran votos. Otra cosa es gobernar. Le Pen reúne intereses diferentes, los que quieren trabajo y los que quieren salir de Europa que crea empleos. Pero a lo que voy, a la descivilización.

Hay una fractura no sólo social sino cultural. En Francia, como en otros lugares, se está leyendo cada vez menos. Por lo menos un diario por día, en 1973 lo hacia un 56%. Hoy, un 36%. Y además, menos cine, en cambio, 43 horas por semana ante la tele. Se aíslan voluntariamente, siendo franceses, de lo que nos atrae de Francia: librerías, debates, cultura abierta. La cultura del convivial café, más bien en las grandes ciudades. Ya lo había vaticinado el filósofo italiano Vattimo. Las mass media no provoca una sociedad postmoderna más transparente sino más desconcertada.

La victoria de la insignificancia señaló Castoriadis. A este fenómeno de prescindir de lo escrito se le llama de modo eufemista, "iletrismo". Gran parte de la gente del FN, es de quienes creen sólo en las imágenes. ¿Una revuelta de los cancres, los peores de la clase? Y como no leen —no quieren— desarrollan una idea del mundo confiada en el zapping, pero sólo la lectura permite ideas, no impresiones. Ver no es comprender.

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Sabatina, 04 de mayo del 2002


Entrampados

 

Hugo Neira


Nunca pensé que alguna vez iba a votar por un candidato conservador. Digo esto no sólo a título personal sino como la situación de millones de electores franceses. No puedo, pues, abordar el tema sin decir lo que muchos saben, y no es ningún secreto que, como tantos otros, tenga la doble nacionalidad y un pasaporte francés o europeo. El lector se merece esta claridad, no soy sólo un observador. Por lo demás, de esa carta legal me siento orgulloso. No sé si se sabe, para adquirirla se pasa por una exhaustiva investigación judicial. Quiero decir que en treinta años de ausencia del Perú, he sido donde viviera un ciudadano sin tacha. Lo digo sin énfasis, no los dejé mal.

Volviendo al tema, el segundo turno de las presidenciales francesas tiene un cariz dramático. La irrupción de la opción del FN ha hecho saltar el juego de alternancia. Para nadie es un secreto que las grandes democracias industriales se organizan sobre duelos previsibles y, unas más y otras menos, sobre sistemas por lo general binarios, demócratas y republicanos en USA, izquierdas y derechas en España, Alemania, incluso Italia. La vida política francesa había transcurrido de una manera análoga. François Mitterrand ante Valéry Giscard d'Estaing en 1974. Mitterrand y Chirac en 1981 y en 1988. Chirac y Jospin en 1995. Casi treinta años. Justo hasta el pasado 21 de abril, día de ruptura de una clásica dinámica electoral.

Las cifras del primer turno no tienen antecedentes, revelan una fatiga sin fondo. Unos 12 millones de franceses no han querido votar, cerca de 6 millones lo han hecho por la extrema derecha, otros 3 se han ido tras los candidatos trotskistas (esa será otra sabatina) y más de un millón ha preferido al candidato de la caza y la tradición. O sea, 21 millones de votantes sobre 40 le han dado una patada a la urna. Es una doble revuelta, contra la clase política y contra la cohabitación que desacreditó tanto al premier ministro Jospin como al presidente Chirac, vistos como cómplices de políticas blandas. Lo que el descontento no previó fue que el lobo fascista entrase en el redil, levantándose de paso a capas sociales proletarias. Del lepenismo como un fascismo de abajo me ocupo en artículo que La República tiene la gentileza de publicar mañana domingo.

No veo sino tres posibilidades. Que Le Pen retroceda a su score habitual. Va a ser difícil, el diablo ha salido de su caja, aunque la marea de multitudes en las calles del 1 de mayo deja alguna esperanza. La segunda opción es la que vaya arriba del 30 al 40 o más por ciento. Habrá problema para las siguientes legislativas. La tercera es que una mayoría silenciosa que ignoramos lo lleve al Eliseo, al codiciado poder. No quiero ni pensar en esa posibilidad, pero no la descarto del todo. El segundo turno presidencial puede ser encarado de dos maneras.

Optar entre dos fuertes personalidades, dos hombres, y es lo que Le Pen quiere que sea. La otra es que se transforme en un referéndum anti-fascista. Esa lógica me parece la única posible para salvar la democracia. Pero no es simple. Millones de personas nos hallamos entrampados entre lo que Max Weber llamó la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. He discutido con amigos. Muchos se obstinan en votar en blanco, prefieren sus convicciones. Mis alumnos dicen que irán a votar tapándose la nariz contra el fascismo y por Chirac. Lo de las precauciones es por las cacerolas que el presidente arrastra.

Todo razonamiento político es laborioso, implica aceptar que al lado de la moral privada, desde el Renacimiento, hay otra, la moral de Estado, es decir, la perpetuación misma de la comunidad de votantes para lo cual a veces es preciso sobrepasar la subjetividad individual (Hegel y Maquiavelo). Tengo colegas que votando en blanco se quedan satisfechos de sí mismos. Yo voy a sentirme muy incómodo por votar por primera vez por un hombre de derechas, aun moderado, pero más incómodo me sentiría de saber que no ayudé a cerrarle el camino al horror fascista, aunque fuese con el peso de una papeleta. Votaré Chirac sin que me duelan prendas. El resto está en manos ciudadanas: la república francesa o una aventura suicida.

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Sabatina, 23 de marzo del 2002


¿Cuba sí o Cuba yes?

 

Hugo Neira


Cuando la URSS dejó de existir, en 1991, me acuerdo de haber leído que Jorge Mas Canosa, el indiscutido líder de los exiliados en Miami, todavía en vida, afirmara "en semanas, estamos en La Habana". Los cubanos pasaban, en efecto, por una era de terrible escasez. Alguien, con ironía, dijo que en el postcomunismo redescubrían la necesidad, es decir, la condición común al resto de latinoamericanos. En 1993, el The New York Times tituló "Cuba, situación límite". Pero pasan los años, Fidel sigue ahí, sigue el cerco americano, y con Bush, los americanos se exasperan. No escribo estas líneas para defender o atacar la revolución cubana, tal deseo me parece, en todo caso, vanidoso. Quiero decir en cambio que en Cuba pasan cosas desde hace diez años, y con intensas controversias —que a ratos incluye a cubano-norteamericanos— ha comenzado una transición que no es como las otras. Esta crónica quiere no ser maniquea. El tema central es el siguiente: ¿Puede Cuba salir del autoritarismo sin perderse en una globalización que empobrece? ¿Acceder a los derechos humanos y guardar unos estupendos servicios sociales "a la cubana", que los partidarios de la religión del dinero querrán barrer?

Cuba tuvo una situación privilegiada durante la guerra fría, el mundo comunista le compró azúcar y en cambio les dieron todo. Fue, sin duda, una vitrina de la URSS, cada progreso social se volvió argumento ideológico. Recuerdo mis discusiones con la izquierda peruana de entonces (y con la cubana en mis viajes) impermeables al carácter excepcional de esa ayuda. En efecto, ningún otro gobierno de la época, aun el más osado, pudo invertir en desarrollo humano como La Habana, ninguno contaba con una masiva riqueza venida del exterior. Hoy los rusos (no los soviéticos) la calculan en algo equivalente al plan Marshall. ¿Y esto para sólo una población de 11 millones, o sea, 15 veces menos que el Brasil? Así, durante 30 años gozaron de educación de calidad y salud, trabajo asegurado, diversiones, casa gratis y luz y agua. El Estado pudo exigirles lealtad porque les daba de todo. Esa abundancia no venía de la economía centralizada sino de fuera, pero a ese argumento, los admiradores del modelo cubano hacen e hicieron oídos sordos. No deja de ser cierta, pues, la objeción anticastrista de Carlos Alberto Montaner, el período dorado se acompañó de guerras externas, Cuba se dotó del noveno ejército del mundo, cayó en el culto al caudillo. Pero lo que Montaner nunca reconocerá es que si bien recibieron a manos llenas de los soviéticos, a manos llenas dieron al pueblo unos servicios estupendos. Y que se usó sagazmente el maná socialista. Imaginemos la misma ayuda en manos de gente como Fujimori o Montesinos. Por lo demás, otros países tuvieron su maná económico, aunque no tan abundante, el petróleo en Venezuela, la rica Argentina, y lo malbarataron. ¿Cuesta mucho admitir que en Cuba, el maná dio prodigiosos frutos? Claro que cuesta, equivale a admitir que la elite de barbudos de la Sierra Maestra no lo hizo tan mal, y que bajo una tutela sin duda despótica e ilustrada, la educación y la salud resultan superiores a las de todo otro pueblo de la América Latina; que si eres parturienta o niño, es mejor La Habana que nuestras miserables grandes capitales. Hasta en la menor aldea, hay médico y sistema de salud. Pero llegó la hora fatídica, se fueron los "bolos", los soviéticos, llegaron los noventa," los años duros", los cubanos no se entregaron, pero se ajustaron la cintura. Lo que siguió son reformas tormentosas, restricciones, mercados paralelos, turismo, dólar, jineteras (un recurseo postmoderno) y desesperanza; enfermedades rarísimas como "la neuritis óptica" (por falta de proteínas). Hoy siguen muy restringidos, lo sé porque estuve hace poco —por la libre, por curiosidad—, La Habana es una ciudad de ciclistas, te enseñan sus tarjetas de racionamiento, se quejan de los precios en el mercado negro, pero racionados y todo, sin tantas proteínas como en el pasado, tienen mejores niveles nutritivos que los nuestros. El plan de hambrearlos para que se rebelaran, fracasó. La alimentación reducida a lo básico, y la higiene, un jabón por semana, no son el único problema sino la electricidad: ya no llega el carguero soviético con petróleo. De ahí los cortes de electricidad, los buses que circulan poco, de ahí el valor de la ayuda en barriles de Hugo Chávez. El golpe en Caracas fue una operación en pinza, no seamos ingenuos.

Para la vieja dirigencia las reformas —iniciativa privada, capitales extranjeros— son un riesgo, pero no tienen más remedio. La apertura no es sólo comercial, afiebradamente se discute, en la sociedad cubana reaparecen zonas de desigualdad: según quien tenga dólares, quien trabaje en "la segunda economía", la privada. Me hacen pensar en una ebullición que también presencié, la de los españoles en los últimos días de Franco. La Rand Corporation hizo en Cuba unas encuestas, hallaron un "fuerte compromiso con el sistema". ¿Cómo en tiempos de colas para irse y de balseros? Seamos claros, a Fidel le prolonga la vida política el acoso americano y la intransigencia de los de Miami. El cubano de a pie sabe que los seguidores de Mas Canosa, cuando vuelvan, les quitarán la educación y la salud gratuitas, y hasta reclamarán alquileres de 40 años. Así, la cuestión es esta: ¿cómo ir a una transición guardando un modelo de servicios sociales que molesta al FMI en cualquier parte de la tierra? Las economías capitalistas con Estado redistribuidor existen en Europa, y poco desearán los americanos verlas establecerse en el patio trasero. ¿Cuba, quién la defiende la quiere más? Hay una defensa nostálgica, no es mi caso. Seamos honestos, ¿cómo podemos negarles lo que tenemos, o sea, derecho a viajar, a poseer, a remover autoridades por el voto? ¿Cómo podemos ocultarles que cada transición ha dado un saldo negativo en materia de desarrollo humano? ¿Cómo podemos garantizar que no serán también despojados? Te lo dicen en Cuba, "si los blancos de la clase alta echan pa'atrás el reloj". Debemos, pues, ayudarles a evitar la forma de globalización que nos empobreció y nos colocó en este laberinto de una democracia sin recursos. El exordio, si lo hubiera, debe ser doble. A las autoridades, por un respeto a quienes se les oponen. Pero también a la comunidad internacional. La salida no es una Cuba votando por quienes luego vendan el país y los roben, ni otra república bananera, ni la restauración de una Habana que diga yes, poblada otra vez por multinacionales, gángsters, casinos y burdeles.

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Sabatina, 06 de abril del 2002


Argentina: "los escraches"

 

Hugo Neira


El drama de los argentinos no es sólo el del fracaso de la paridad absoluta con el dólar, ni los asaltos por comida a supermercados en una nación que alguna vez alimentó al mundo, ni se agota en la marcha de cacerolas, ni en la sensación general de desamparo ante el "terrorismo bancario". Es más hondo, más serio. Como todo gran drama, su enunciado es sencillo. En los últimos años, los argentinos vieron aumentar el desempleo y crecer alarmantemente la población de excluidos, pero, de diciembre a la fecha, una inmensa capa de nuevos pobres se ha venido a sumar a las anteriores. Son los ex miembros de una clase media como fileteada por la crisis, el sálvese quien pueda de los que se quedaron sin renta o sin trabajo. "Una nueva legión de náufragos", dice Página 12 sin asomo de ironía mientras el diario cuenta cómo acuden hoy y desbordan los servicios públicos de los hospitales en la imposibilidad de pagar cuotas en clínicas privadas. Unos 800 mil nuevos pobres de solemnidad en el país que tuvo la mejor renta del continente.

Un siglo de acumulado progreso argentino se ha ido al agua. Durante decenios, los charlatanes del desarrollo nos calentaron las orejas con la tesis de que un país que avanzaba lo hacía porque tenía clases medias. Ahí está la Argentina, descubrimos que ellas son vulnerables, y que pecan de cautas, de ahí surgió el confiado país que votó por caudillos peronistas y radicales, que delegó poder en camarillas sindicales y políticas, en gente como Menem, hermanito de conducta de Fujimori. Seamos claros, no toda la culpa la tiene el FMI. Las clases medias no son naturales, son una estructura social construida, necesita de Estado, de leyes y de políticos hábiles y honestos, los que por lo visto faltaron en el hermano vecino, y también por casa. Pero, en fin, yo no escribo esta crónica para que nos deprimamos aún más ni menos para remover el cuchillo en la herida, ni para exhibir la cruel paradoja de una nación rica pero sin sistema financiero, sin crédito, de desocupación masiva, que ni siquiera puede refugiarse en la economía informal por la simple razón de que no hay circulante (Almeyda, en Jornada). Extraigamos, pues, del ovillo confuso de acontecimientos los elementos de mayor significación. Así, señalo rápidamente tres maneras cómo los argentinos responden a una crisis sin precedentes; dos de esas maneras dan que pensar.

La primera es fácil de imaginar, la gente se va, en efecto, ya se iba a chorros, ahora es una hemorragia, y se van los creadores de un país que brillaba por su teatro, artes plásticas, música y cinema. La cultura se muere, dice Mempo Giardinelli. "En un año han cerrado 300 librerías" (Courrier International, marzo, 27). Quién lo creyera, el Buenos Aires donde podías ir a leer a librerías a medianoche, víctima de una globalización empobrecedora y descivilizadora. La segunda consiste en ponerse de acuerdo en ir a injuriar públicamente a los políticos. Han inventado una palabra, los "escraches", una voz del lunfardo, o sea, "en cuanto ven a un político conocido, en el bar, restaurante, en el sauna o en el aeropuerto, lo siguen y lo escupen" (El País). Como Usted lo oye, no le pegan un tiro ni lo linchan, lo cubren de arriba a abajo de escupitajos. Los ciudadanos argentinos persiguen por las calles a Raúl Alfonsín, ex presidente, para escracharlo. Domingo Cavallo, economista neoliberal, anda escondido, y Menem no deja su refugio en Anillaco. La calle considera que aparte de la recesión, la clase política es el problema. En fin, la tercera es deliberar por barrios; cansados de la protesta de cacerolas y piqueteros, quieren entender, pensar, y se reúnen entre vecinos, al margen de los desacreditados partidos. No estamos ante una insurrección, tampoco quieren un retorno de los militares, como lo prueba la gigantesca marcha de repudio a los veinte años de la guerra de las Malvinas. Diría que emerge una conciencia abierta y desesperada. Y si bien es cierto que la autoorganización ciudadana proviene de las cuentas congeladas en los bancos, no quita que ahora desconfían de un orden capitalista que los ha traicionado y de sus banqueros y políticos. Un pueblo entero se instala en la incertidumbre, en la cólera, el desengaño y la resistencia cultural, o es eso o la visa de inmigración; se saben huérfanos de liderato, pero la libertad ciudadana pasa por esa vía dolorosa. Los pueblos fuertes no necesitan de caudillos

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Sabatina, 23 de marzo del 2002


Ojotas y babuchas

 

Hugo Neira


Basadre dijo que las ojotas porfiadas eran el hecho mayor del siglo
XX peruano, quien lo dudara, pero el Maestro se nos quedó corto porque a las ojotas, en nuestros días, les nacieron alas. Hace poco me contaron una historia extraordinaria. Corrían los años ochenta y en esto que en una embajada de Inglaterra en un país andino cuyo nombre mejor callo, se desaparecieron unos 60 pasaportes. Los ingleses, ni cortos ni perezosos, alertaron a Londres y se pusieron a esperar a los infragantis. Todavía los esperan, no aparecieron nunca, en cambio en un país del Commonwealth en el Pacífico sur, se había instalado una próspera colonia de emigrados sudamericanos. Cuando las autoridades locales quisieron echarlos, se armó la de Dios es Cristo, habían pasado ocho años, los advenedizos habían echado sólidas raíces, buenos trabajadores, honestos, excelentes electricistas y mecánicos, casados con rubias locales las que protestaron furiosamente rodeadas de una nube de niños de tez cetrina y mechones rubios. Los "anglos" cedieron, los andinos se quedaron. Las ojotas aventuradas y venturosas.

No somos el único pueblo del mundo que entró en vorágine de salvación, éxodo, expatriación y emigración forzada. En este mismo instante,  mientras el sedentario lector lee esta sabatina, hay nada menos que 170 millones de personas en el mundo  liando bultos y petacas, lo que se pueda, para dejar el país e irse a otro, no  al lado sino al confín del mapa. Esto es nuevo en la historia de la humanidad, a tal escala. Y esos 170 millones equivalen a un Brasil entero, sin contar clandestinos. ¡Dios Santo! En cambio no hay estadística de los ahogados al pasar los mares, o muertos de asfixia en camiones, o de las sirvientas filipinas azotadas por ricachos musulmanes. Migra todo el mundo hacia todo lugar de la tierra, a la buena de Dios y de variados dioses, y del Asia, hacia San Francisco o Buenos Aires, trajinan coreanos, filipinos y chinos, y no sólo es país de migración los Estados Unidos, aunque reciban más extranjeros que nunca, o Europa. Las babuchas moras, los borceguïs  hindúes y paquistanes, van de uno a otro punto. Países pobres son invadidos por gente más pobre.

De toda esta migración humana acaso la mejor historia es la de los "latinos" que se fueron a USA. En todo caso, es la más cercana. Se ha ido un millón y medio de peruanos. El éxodo es temperatura de la salud de un país. Con la crisis argentina, llegaron 60 mil argentinos a Miami (Clarín, Buenos Aires). Como hay la "Little Habana", de cubanos, hay un "Petit Buenos Aires". Lo del Ecuador es todavía peor, si cabe; con la dolarización, un millón doscientos mil ecuatorianos hicieron maletas, un l0 % de la población activa, y el lugar a donde prefieren irse es España. No hablemos de los braceros mexicanos, pese a que los gringos han levantado una línea de alambradas de 3 metros, los clandestinos pasan. "Para el coyote no hay aduana". Entre tanto hay un nuevo orgullo "latino".  ¿O debe decirse "hispanos"? Ya son más numerosos en América que los negros. A mitad del siglo XXI, el castellano ¿tanto como el inglés? Entre tanto, lo latino tiene sus héroes en el "show business": Ricky Martín, la cantante Shakira; y hay una prensa propia —Oye, El Andar, Hispanic  y una  televisión, y en política, no son electorado atado al partido demócrata como los negros y en consecuencia  los congresistas tienen que gastar para convencerlos.

Por lo demás, imponen sus gustos, "somos el 11 % de la población pero compramos el 16 % de lápiz de labios" dice la editora de Latina. Y envían dinero a sus países de origen. Dicho lo cual, el tema es grave. En otros tiempos, la expatriación fue casi aristocrática: el rebelde político, el sabio perseguido. Hoy es cosa corriente. Por una parte, es una página de esperanza para la humanidad, una prodigiosa empresa de mestizaje a escala transcontinental y hasta una suerte para el país que acoge, pero por la otra, no nos engañemos, cada emigrante lleva consigo un reproche, es el artesano que se nos fue, para que, por el mismo trabajo, le paguen en dólares australianos y además no lo choleen. Es el empresario harto de coimas y desordenes, el profesor universitario que no quiso seguir la curva en declive del trabajo intelectual. El siglo XX democratizó el dolor de partir.

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Sabatina, 16 de marzo del 2002


USA, esto y lo otro

 

Hugo Neira


Se me ocurrió preguntar a una amiga hace unos años y en Los Ángeles, al borde del inacabable paseo marítimo llamado Venecia, qué era, a su juicio, un norteamericano. Me señaló un grupo de jóvenes que bailaban con los patines puestos, con rollers. "Eso es América", me dijo. Mascullé que había también enfermos no asistidos, parados y pobres de solemnidad, "nada menos que 40 millones, un número superior a toda otra nación industrial, un 17% en
USA, un 5% en Alemania". Se sorprende y me pregunta cómo lo sé. Le enseño un libro, escrito por un norteamericano. Me lo devuelve con esta observación, "eso también es América".

Es inútil buscar rasgos comunes, lo que se encuentra es un quebradero de cabeza. Los americanos descienden, es sabido, de emigrantes de origen europeo, 7 sobre 10, y la cultura de fondo, en lengua y valores, es la inglesa, pero ni eso es seguro. A fines del siglo XX llegaron masivamente mexicanos, cubanos, y los "latinos" hoy constituyen la primera minoría del país, el castellano es la segunda lengua. Esta hispanización de USA cambia a los emigrantes, aprenden valores fundados en la competencia individual, y saltan por los aires los apegos tradicionales. Como la cocina tex-mex, hay una cultura anglo-latino-mestiza, de frontera. Buscando certidumbres, hay que decir que a esta nación la han hecho los inmigrantes. En las escuelas de San Francisco hay alumnos venidos de México, Laos y la India. En una localidad cercana a Cambridge, hay 63 nacionalidades y se escuchan 46 lenguas. De las primeras colonias puritanas a holandeses, alemanes, polacos, judíos, para mil pueblos, América sigue siendo el sueño de libertad, pero cuando se deja atrás los obs-táculos y se tiene la "green" acaso lo que se descubra es una América afiebrada. Hace rato que "el melting pot" no mezcla más. Blancos y negros han formado sociedades paralelas. Un tajo separa ricos y pobres, se enfrentan los "browns" contra los "blacks"; mientras se tribalizan chicanos, judíos, asiáticos, todos. Algunos de los grandes mitos de la nación americana se han venido abajo.

¿Cómo ignorar el vigor de este inmenso país-continente, la telaraña de sus autorrutas, aeropuertos y centros comerciales? ¿Cómo cerrar los ojos a la deriva de sus ciudades, a la violencia y a la droga? (21 mil dosis diarias de droga dura, se calcula). La tecnología americana puede espiar el planeta, o enviar sondas a Júpiter, pero gestos tan corrientes como ir de compras o estacionar un vehículo pueden convertirse en una visita al hospital o a la morgue. Se mata con más facilidad en sus ciudades que en las calles de México DF, que en la más enloquecida urbe de la India. Y sin embargo, hay un millón de individuos en prisiones. Un americano corre quince veces más riesgo de morir en una riña callejera que en cualquier otro lugar. Todo es contraste. Esta nación, por sí sola, en sus revistas científicas recoge un tercio de los trabajos de valor en el mundo pero sus escolares son mediocres, si se les compara con otros de países avanzados. Los adolescentes americanos pasan 5 horas al día ante la tele. Hay la Net y los que no leen nunca, permisividad para los gays y retorno a la plegaria en las escuelas, hedonismo de masa y estadios repletos por la secta de los "promise Keepers", los del retorno al padre, en un país donde las mujeres tienen fama de llevar los pantalones. Y quién es más americano ¿una lesbiana negra de Atlanta o un abogado blanco de Missouri?

¿Qué es USA? ¿Un Estado con pueblos distintos? ¿O un gigantesco mecanismo de clases/étnicas? La revolución conservadora, desde Reagan, ha aumentado los ingresos de los ricos en un 2184%. Muchos ricos, dice André Kaspi, contrariando una tenaz leyenda, son herederos, los happy few. Pertenecer a la clase media es estar endeudado hasta el cuello para pagar una educación de calidad que es carísima, barrera casi infranqueable, así como la salud, y ni Clinton consiguió imponer el Medicare, un sistema de seguro de enfermedad que en Europa existe desde hace decenios. Tal desorden lleva a Tow Wolfe en "La hoguera de vanidades", a tratar a USA "como un tercer mundo lleno de ricos". Me quedo sin saber qué es América, si los golden boys, los sobredotados en finanzas, o los fracasados homeless que aun con empleo duermen en autos. Me instalo en la perplejidad que es una actitud para estos tiempos, según Richard Rorty, no por azar, filósofo americano.

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Sabatina, 09 de marzo del 2002


Colombia, la otra historia

 

Hugo Neira


Mientras viajaba recibí la invitación de un viejo amigo y profesor universitario a su seminario, quería que asistiera a la exposición de algunos de sus doctorantes, sin otra obligación, acaso, que un comentario. Y cuando estaba a punto de negarme dado mi agenda, añadió: "trabajan sobre Colombia". La ruptura de negociaciones entre el presidente Pastrana y la guerrilla del
FARC, la cercanía de la zona del Caguán al río Putumayo, el anuncio del viaje del presidente Bush, son otras tantas razones para asistir a una discusión sobre la situación colombiana. A veces, paradojalmente, se accede, lejos, a una versión imparcial y objetiva de nuestro continente. Aunque se verá, no siempre.

La primera doctorante fue una señora colombiana, casada con francés y con muchos años fuera de su país, pero su exposición me decepcionó, prueba fehaciente de que la permanencia en el extranjero no nos libra de las trampas de la falsa conciencia, al contrario, se acrecientan con la ausencia. Su temática giró sobre las FARC. Su eliminación, sostuvo, no volvería gente honesta a los actuales gobernantes, ni que las enormes riquezas del país dejaran de ser acaparadas por un grupo de personas. No le falta razón pero el problema no es ese. No quedan dudas sobre los vínculos del FARC con extorsiones, secuestros y el narcotráfico, su descrédito es enorme dentro y fuera de Colombia. La siguiente exposición se centró sobre el fenómeno espectacular de la corrupción. Un joven investigador que va mucho a Bogotá y cuyo nombre mejor es callar, disertó sobre el dramático protagonismo de la cultura mafiosa. Colombia es la mafia, afirmó, un modelo de acumulación primitiva de capital. Colombia es el país de la riqueza inmediata, incentivo común a las grandes familias y políticos, a jueces y "sicarios", evaporando toda legitimidad. Los mafiosos son admirados en las clases populares, los llaman "los mágicos" puesto que de la noche a la mañana permiten enriquecerse. Pero lo que luego dijo, me estremeció. En Colombia "la cultura mafiosa se aclimató a una tradición "latina" de clanes, mutua complicidad, clientelas y paternalismos despóticos", o sea, casi mi descripción del "tejido despótico". El mal peruano no es exclusivo. Colombia es un país que nos da temor —la frontera— y que hace soñar a algunos: los buenos presidentes civiles y la eterna democracia de los de arriba, la que perdimos en el camino de la historia del siglo XX. Pienso exactamente lo contrario. Algo nos separa del caso colombiano. Precisamente aquello que llaman nuestros "fracasos". Nuestra realidad revuelta por Leguía, Haya, Velasco y Belaunde. Felizmente.

Imaginemos, por un instante, que ciertos episodios y personajes de nuestra historia hubieran sido resueltos "a la colombiana", prolongando, incluso con el crimen, el monopolio político de las formaciones conservadoras de siempre. Imaginemos para Haya de la Torre otro destino, no el de un longevo líder popular sino el de un joven tribuno al que siegan la vida, por ejemplo, en 1946, como a Jorge Eliécer Gaitán, de un pistoletazo. Borremos también el episodio Leguía, supongamos que conservadores y liberales, o sea, piérolistas y civilistas peruanos guardaran el poder sin interrupción a lo largo del siglo XX, entonces, los grupos medios emergentes por los sesenta, de democristianos a acciopopulistas, se habrían hallado sin espacio de representación. El resultado final hubiera sido un Perú colombiano, gozosamente conservador y sin cambio alguno en la cima. Sin Leguía, Haya, Belaunde, Velasco, la oligarquía seguiría señora de tierras y de vidas; lo que hubiera encantado a la gente que encarna la China Tudela. Tuvimos rupturas, menos mal. En cambio, al inmovilismo colombiano hay que agregarle el capitalismo de la droga y su triple guerra, militares, paramilitares y guerrilleros. El enigma de Colombia ¿cómo remover una oligarquía que encima es democrática? Nada de esto da razón a las FARC, que se toma por el enemigo del viejo orden cuando es su aliado objetivo. Claro que existe quienes quieren salir de la alternativa orden inmoral y desorden "narco" no menos inmoral, pero como a Galán (18 de agosto de 1989), los matan a tiros. De esa raza es la senadora que acaba de caer, Catalina Daniels, poco importa que fuese conservadora. En Colombia todo anda ligado, y uno se pregunta quién deshace ese nudo.

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Sabatina: 05 de enero del 2002.


Argentina, cerca y lejos

 

Hugo Neira


Los sucesos argentinos, saqueos y violencia social, nos conmueven y se nos meten en los entresijos. Resulta que no somos la única sociedad latinoamericana presa del desorden.  ¿Pero, la vasta anomia argentina, es la misma que la de casa? Hay una lectura peruana que tiende a explicar lo distante por lo propio. Natural, toda cultura es egocéntrica, y la nuestra no menos que otras. Pero, con la Argentina, la cosa es un poquito más complicada. Como dice Horacio Verbitsky en la excelente y muy opinada "Página 12", el último cuarto de siglo "está marcado por la caída de la riqueza y una extraña combinación de injusticia social e irracionalidad".  En efecto, asaltos a mercados los hubo en 1989, pero esta vez los que asaltan son "nuevos pobres". ¿Qué es eso? Aquí en Perú, los pobres son de siempre, con lo cual el término marca una diferencia de cuidado.

Con la Argentina no hay que preguntarse por qué son pobres sino por qué no son ricos, tan felices y estables como los habitantes de Nueva Zelandia, otro país también de orígen migratorio y exportador de carne. Jean Touchard en Ciencias Políticas de Paris, recuerdo que comenzaba con la siguiente interrogación: ¿Por qué la Argentina,  la nación más desarrollada y moderna de la América Latina es la más inestable? ¿Cómo un país rico en talentos diversos, puede hundirse en convulsiones tan graves? Argentina enigma. Si el lector acepta mi invitación al asombro, entonces, conviene recordar que la Argentina moderna se funda con traslados masivos de europeos entre 1870 y l930, con pampa, cereales y carne, con escuela pública, y que en algún momento llegan a ostentar una modernidad sin analfabetos, urbana, de vastas clases medias. ¿El mal argentino radica en que nunca dejaron el modelo agroexportador? ¿Sobre el cual encaramaron un nivel de vida alto, sobre todo después que Perón hizo entrar a la clase obrera a una legislación social protectora y avanzada? El caso es que ya en los años setenta, Argentina es el país de las juntas militares, de desaparecidos, recesión, hiperinflación, inestabilidad política y financiera. ¿Qué explica ese empantanamiento? Ante la tragedia argentina se han avanzado algunas hipótesis. La paradoja que el sector moderno de la economía lo constituyan las empresas agrarias (A.Rouquié) Las clases medias consumistas bloqueando toda orientación productivista. La estrechez del mercado interno y el  proteccionismo de los países industriales estrangulando sus exportaciones (P. Salama) La política de privatizaciones produciendo sólo especulación financiera (A. Margheritis). Y la herencia de Menem, corrupción, nepotismo, cinismo (Silvia Sigal) En fin, la paridad del dólar y la platita fuera como expresión de acumuladas frustraciones. Los  saqueos son un accidente, lo que hay es un profundo conservadurismo político y social. El resultado es la guerra de todos contra todos, el empobrecimiento. En los últimos disturbios, saquearon también lo que llaman "nuevos pobres". Argentina es casi moderna: con un sistema social a lo belga, esos pobres desesperados, no existirían.

"Hoy la gente no visualiza un referente político" dice Luis Bruschtein. Y los jóvenes hacen cola para irse. Los que se quedan buscarán una salida, aunque las patillas de Menem asoman para el 2003. Según "Página 12", hay que hallar un nuevo paradigma de desarrollo, "más relacionado con el trabajo y la producción". No les falta razón, hay mentalidad de rentistas en el sindicalismo burocrático peronista y también en las clases altas. En suma, un desorden de país "casi" rico pero con "despelote" propio. Otra anomia, no hay que confundirse, hay quienes quisieran por aquí una marcha de cacerolas vacías, aunque Mirko Lauer haya dicho que el sueño revoltoso de que "el cholo no dura" comienza a disiparse al entrar el 2002.

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Sabatina: 24 de noviembre del 2001.


Afganistán, no tan sencillo

 

Hugo Neira


Afganistán está en todas las preocupaciones. Hace bien San Marcos al convocar una serie de clases magistrales y de mesas de exposición sobre la materia. Supongo, sin embargo, que "la guerra de Afganistán" será abordada en el escenario múltiple en el que se inscribe.  No es Vietnam.

Para comenzar, el frente de guerra, si así podemos hablar,  no es solamente esa geografía escabrosa y pérdida de montañas afganas, incluye por lo menos tres escenarios simultáneos: el territorio palestino, Pakistán, y los propios Estados Unidos. Hace poco veía en la televisión un informe sobre el reclutamiento de musulmanes para los atentados. ¿Donde ocurría eso? En USA, donde viven 4 millones de fieles de Mahoma. En toda Europa occidental hay unos 31 millones. No quiere decir que todos estén ganados a Ben Laden. Pero, en fin, hay un mundo tras ese terrorismo. El inmenso Islam, 1,200 millones de personas, se extiende del África al Medio Oriente, penetra en lo que fuera la URSS, en el actual territorio chino y en la India, donde hay una vieja conflictividad religiosa. En el  continente latinoamericano, con la excepción del Brasil, con l0 millones, no conocemos un islamismo masivo. Por lo demás, nos han callado información. Ahora resulta que las  "brigadas islámicas", grupos de radicales armados por los Emiratos petroleros para que vayan a jugar a la guerra en otra parte, jugaron un papel decisivo en el fin de Yugoslavia, al lado del ejército bosniano. Sin embargo, nos habían dicho que los regímenes comunistas del Este se acabaron cuando la CIA, Juan Pablo II en Polonia, y los propios defectos internos conducen a la "perestroika", incluyendo una ayudita de la Virgen de Fátima, y ahora resulta que fue Alá. Vaya.

Ante Occidente, la rivalidad del Islam se plantea en términos religiosos donde solemos utilizar categorías ideológicas. El jihadismo, o guerra santa, expresaría una suerte de movimiento de repliegue, fruto paradojal de una crisis interna, del agotamiento de la legitimidad política de regímenes o nacionalistas o autoritarios. La transformación brutal de las sociedades del espacio árabe- musulmán, según los entendidos, explica el crecimiento del islamismo político desde los años 80.  A medida que esas sociedades tradicionales se transforman con una modernización de tipo occidental, y socialista (el caso de Nasser)  se destruye la tradición. Los movimientos islámicos propagan en los jóvenes urbanos pobres una actitud de resistencia, lo que explica Khomení, el Irán puritano, la "policia de las costumbres". O sea, no más música, ni otras lecturas que un texto único, el Coran. Y no hablemos del trato a las  mujeres. Igual, el Islam se queja desde hace tres siglos que Occidente no cesa de agredirle (Daryush Shayegan, La mirada mutilada, Albin Michel, 1980).  El tema es viejo, de una sensibilidad herida: el progreso occidental, incluyendo los bienes que compran -fábricas llave en mano, aviones, etc.-  es un complot contra el mundo musulmán. Hasta las antenas parabólicas que de Argel al Cairo, prefieren lo que sea a la aburrida televisión controlada por las autoridades religiosas. No hay un sólo país de confesión musulmana democrático. Eso también es Afganistán. El islamismo radical invoca viejas resistencias, algunas se remontan al hundimiento del imperio otomano. ¿No hay modernidad posible para los 1200 millones de islámicos? Un intelectual, profesor a la vez en Teherán y en París, Dariush Sheyegan, ha publicado un libro sorprendente. Filósofo y convencido creyente, sostiene que "La luz viene de Occidente" (L' Aube, 2001) No todo es, pues, Ben Laden. Hay una inteligencia libre en el mundo musulmán, en un mundo  difícil, ahí no se hizo la distinción entre lo que hay que dar al César y lo que hay que dar a Dios. Ahora bien, sin separar religión y política, sin poner a todo tipo de curas en su sitio, no hay ciencia, democracia ni mejora posible. Víctor Hugo decía, hace un siglo, que "el era un fanático de los derechos humanos". Correcto. Cabe pues, distinguir tras los hábitos humildes de Ben Laden, su intolerancia, que bien podría entenderse con los que por aquí andan, Opus, Sendero, y otros diversos talibanes. ¿Se han fijado? Toda esa gente habla con el dedito levantado.  Que apunta al cielo.  

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Sabatina, 13 de octubre del 2001


Choledad Afgana

 

Por Hugo Neira


El laberinto de la choledad
es el intitulado de uno de los libros de Guillermo Nugent, un acierto. El concepto tiene de cholo y de soledad, y por eso me pareció adecuado a la situación en Afganistán, como autóctono y aislado, fuerte y dramático a la vez. Por ahí. Escribí dos cuartillas y me fui a dar mis clases. Los jueves suelo quedarme el día en el campus, así que almorzando con mi amigo el profesor Alwardi, le enseño mi texto. Alwardi es árabe y francés, ha vivido en el Marruecos español, aunque cuando lo habla me parece escuchar a un sefardi del XVI.
Alwardi almuerza, lee el texto y se rasca la cabeza.
– ¿Qué pasa? pregunto. ¿Hay algo que no va?
– No sé, no sé, no conozco bien tu continente, me responde. Esto de los cholos ¿los mestizos, no? ¿Mestizos biológicos o culturales?
– Sí pues, más o menos.
– Pero ¡no los hay en Afganistán! No hay mestizaje de ningún tipo. Mira, eso del sincretismo religioso que he leído sobre tu país, misas católicas con elementos locales indios ¿no es cierto? Pues ¡nada que ver! El Islam no se ha mezclado con ningún culto anterior¡! No me parece esto de "identidad afgana" ¿Qué quieres decir con identidad? Mira Hugo, seré más claro, lo que hay es afganos, tribus separadas, distintas. La estructura feudal y tribal de la población impidió siempre la formación de un Estado estructurado.
– Lo que quiero decir —repregunto y ya medio mosquedo por la crítica— es que algo deben tener en común.
– Hay los Hazara prosigue, como si no me escuchara. Son mongoles, despreciados por el resto de la población. Hay los de origen turco, los Ouzbek, los Turmené, los Kasahk, que igual se detestan entre sí.  Están por el norte del país los Tadjik. Y están los Patchoun, la etnia dominante, con muchos nómades. Cada uno controlando un territorio.  Además hay el tema del cultivo de las plantas para el opio.
– Pero bueno —protesto— cuando los veo en
CNN, veo una cierta uniformidad, todos con barbas, todos muy flacos y con mulas y caravanas. Tomando, eso si, té.
– Lo que ves, Hugo, es la uniformidad de la miseria, una población pobre, iletrada, descuidada en materia de salud, un 90 por ciento no sabe leer ni escribir, pero te equivocas si crees que todo eso los unifica.
– Alwardi, ¿de dónde salieron los talibanes?
– De la política de protectorado que ahora ejerce el vecino, es decir, Pakistán. Afganistán ha sido siempre un enclave, comprendes, un país de tránsito, de caravanas, de éxodos, por ahí pasaron los arios para invadir la India hace milenios. Ahora bien, no puedes ignorar que Inglaterra ejerció un protectorado en el
XIX, y mantuvo el país más aislado que cualquier país africano¡!  Luego la tutela la han ejercido lamentablemente los rusos como se sabe. Y ahora Pakistán. En tus análisis descuidas a ese país. Y diciendo esto se saca un texto, en árabe, que me traduce. "La victoria de nuestros aliados los talibanes nos ha dado una sensación ilusoria de poder estratégico, pero nosotros no podemos seguir siendo la sombra protectora de Kabul". Es un texto del Friday Times de Islamabad.
– ¿De dónde lo has sacado? pregunto
– De Internet, en árabe naturalmente. Los árabes somos minoritarios en Afganistán pero sigue siendo la lengua de la cultura.
– Mira, Alwardi, lo que también me preocupa es la falta de mea culpa de los intelectuales del mundo islámico ante el exceso religioso.
– ¡Te equivocas Hugo! Con tiempo te haría leer el último best seller de un profesor de Teherán, o sea, en el corazón mismo de la puritana República islámica de los mollahs ¿y sabes lo que dice? Que "La luz viene de Occidente", título de su libro, una manera de decir que viene de la razón. Del juicio personal. Y pese a eso, no lo han enviado al exilio.
– Dios mío, le digo. Qué mal informados estamos. Es mejor que no mande este artículo a La República.
-Sí, no lo mandes, me dice Alwardi con aire filosófico. Tus lectores van a terminar de confundirse.

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Sabatina, 01 de setiembre del 2001


Sudakas

 

Hugo Neira


España, península del viejo continente en donde en algunos lugares se habla castellano, nos ha dado a los latinoamericanos un par de sorpresas. Cuando se perdió la II República, después de la atroz guerra civil, de España desangrada llegaron los transterrados. La segunda sorpresa llegó a fines de los setenta. España había logrado completar su revolución industrial bajo un régimen autoritario y además, salir de la misma dictadura que la modernizó a trancas y barrancas, y entrar a un régimen a la manera europea, a una democracia sin romper los platos, por primera vez en dos siglos. Era y es como para abrir la boca. De golpe, lo del español de la boina, los toros y el frente del Ebro, se hizo ceniza, pasado simple.

Además, con la recuperación democrática, de golpe también, los españoles se volvieron gente de talante democrático, con gestos de consenso, tolerancia y ecuanimidad, pero los europeos, mal acostumbrados a ver en España una suerte de Turquía del Oeste, y en el español, el hombre de pasión y sol, un poco el toreador de Mérimée o el bandido de cuatro caminos de los viajeros románticos, tardaron lo que tardaron en entender que en Madrid había Cortes con todos los colores del espectro partidario y que España se había vuelto un reino escandinavo lleno de banderitas de todos los colores de gobiernos autónomos. Pero como las noticias buenas suelen ser acompañadas de las otras, resulta que una mañana, España lió mantas y se fue a Europa, así como la Lola de sus canciones populares se fue a los puertos. Ciertamente, es su hogar natural, pero la cosa le deja a uno como un mal sabor, porque después de esa fecha fatídica de la integración, se nos ha hecho difícil, muy difícil conseguir una visa para visitar España, y con todo nuestro amor por la madre patria, y este español de América que cecea como el andaluz, nuestros pasaportes se quedan como las hojas deshojadas del poeta. Desde que la señora Lola se fue del brazo del señor Maastricht. De modo que nos quedamos queriéndola, pese a todo, pero un poco como en el bolero, contigo a la distancia, amada mía, adiós.

Para colmo, nos está pasando lo mismo que a esas familias en las que alguien se vuelve afortunado y se pone a mirar por encima del hombro al resto de la atribulada parentela. Es cierto que reciben a nuestras glorias literarias, y los fondos de ayuda cultural a la paupérrima América Latina son generosos. Pero, ¡cómo nos trata la prensa! La prensa española sigue nuestros asuntos casi con la misma impaciente irritación con que la prensa europea siguió al franquismo y los días inciertos de la transición. Es decir, con muy mala leche. Hoy en Madrid olvidan que nosotros no tenemos esas derechas civilizadas que les han nacido después de andar a bastonazos un par de siglos, ni menos todavía, esas anchas clases medias ibéricas que hacen posible transiciones sin castañazos. El pueblo español, que escucha a hurtadillas corridos mexicanos y valses peruanos, harto de la resaca inmigratoria de nuestros desesperados, de una cierta canalla que se mezcló, por desgracia, por los años ochenta, al exilio de verdad, ha inventado una palabra salida de los conchos populares, que es acierto y duele: sudakas. Un sonido que recuerda el desvalido sur y algo de mafia asiática con karate, algo muy feo. Es verdad que Galicia se ha vuelto la placa "tornante" del tráfico de drogas (que mal se escribe en los semanarios madrileños) y algo de nuestra hampa se instala en los verdes parajes del consumismo hispano, asaltando coches a la salida de las carreteras con precisión e impunidad de guerrilla colombiana. A la opinión se le paran los pelos, y nos clavan lo de sudakas. Sudakas todos, vaya por Dios. Pero igual le deseamos suerte. Dos veces hemos perdido a España en menos de un siglo. La segunda vez porque ha decidido ser posmoderna, cambiar la boina por el McDonald’s, la bota de vino por las wisquerías, el ascetismo por el consumismo. Y tratarnos de sudakas. Como diría mi abuela, que era de Soria, con su pan se lo coman.

 

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Sabatina, 14 de julio del 2001


Meditación caraqueña

 

Hugo Neira


Durante decenios, el contraejemplo de la parálisis de los países de la América del sur fue Venezuela. Recuerdo haber incitado a más de un alumno hacia una monografía sobre ese país que reunía, extrañamente, expansión económica y estabilidad de las instituciones. Bien mirado es como si hubiesen tres Venezuelas. A comienzos de siglo, uno de los estados más pobres y menos poblados. Por los años treinta, bajo el puño de hierro de Juan Vicente Gómez, se transformó en una República petrolera. Luego, una segunda Venezuela, esta vez democrática, aparece como ejemplo de aplicación de la renta petrolera a las mejoras sociales. Pero eso se acabó por los noventa. La tercera es la de hoy, la desconcertante Venezuela de Hugo Chávez, que de un plumazo ha anulado las instituciones anteriores.

La Venezuela más prolongada es la del reformismo con rentas petroleras, entre 1958 y 1992, pero algo de malsano tuvo al engendrar este confuso fin de siglo. ¿Cómo imaginar que acabasen por volver al poder personal? Por un momento, repito, fue casi ejemplar. Admirable estabilidad democrática, ausencia de golpes de Estado (hasta antes de 1992) y el Estado venezolano, en un tira y afloja de decenios con las compañías extranjeras, logra el gozo de su renta petrolera. En 1975, Carlos A. Pérez nacionaliza e indemniza 22 compañías. En realidad, cada conflicto mundial, como el de Corea o los choques petroleros, aumentaba la riqueza del Estado. Venezuela ‘Saudita’. No todo fue despilfarro, el maná negro permitió "sembrar el petróleo": hacer crecer el sector agroalimentario, los transportes, las industrias. Venezuela se daba lujos, como el de una costosa reforma agraria, comprándole las tierras a los ricos propietarios ociosos. Y también, una política de inmigración, en 1980 los inmigrantes llegaban a los tres millones. Había aparecido una importante clase media, mejorado la educación, y bajo la égida del Pacto de Punto Fijo, desde 1958, los dos principales partidos se turnaban en el poder. ¿Qué pasó? ¿De dónde sale esa Venezuela del descontento masivo, las inmensas rebeliones de los pobladores de los "ranchitos", del "caracazo", la represión, los fallidos golpes de Estado, la destitución vergonzante de Carlos Andrés Pérez en mayo de 1993, el agotamiento de los partidos y el derrumbe de las instituciones republicanas?

El modelo de gasto fiscal no funciona porque ahoga la dádiva estatal el tenaz crecimiento demográfico. Eso explica, acaso, la Venezuela precaria de hoy, el retorno al caudillismo, al culto del Nuevo Líder Latinoamericano que cocina y propaga una ideología combinada de antiglobalización, antiUSA, de alternativa de bolivarismo pero con un ojo puesto en el precio del barril, no seamos ingenuos. Porque sin Estado "Macro" en dólares fáciles no hay "créditos blandos" del sistema chavista, las "escuelas bolivarianas" donde se mantienen a los muchachos ocupados, mientras en realidad crece masivamente la informalidad, no hay inversiones y se arranca una generalizada fuga de divisas. De Hugo Chávez no podemos olvidar que escondió a Montesinos.

Más allá de su truculencia, el personaje expresa algo que lo sobrepasa. Con el psicodrama de su presencia, Venezuela nos está dando una señal, la de la decepción democrática. Para las masas, y para sus electores, es el campeón de la lucha contra la corrupción y contra la "democracia pactada" cuando adecos y socialdemócratas se repartían la torta del poder. Así, ese Estado no se libró de la sanción de las urnas pese al maná de sus petrodólares, que nosotros no tenemos. La Venezuela de Chávez encarna la crisis de gobernabilidad. Una crisis que se produce no porque los partidos venezolanos no se entendieran sino, al revés, porque se entendieron demasiado. Chávez es el fracaso estruendoso de la clase política. El tipo que no bailó el ritmo lento y pegado donde se dicen cosas íntimas. Que la nuestra, ahora que iniciamos otra etapa, sepa no juntarse demasiado, tampoco querellarse en exceso. Cordiales distancias. El pueblo observa. Un outsider, un improvisado vengador, como en 1990, se fabrica, electoralmente, de la noche a la mañana.

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Sabatina, 16 de junio del 2001


En el nombre del Padre

 

Hugo Neira

Por estos días, visita Europa y Rusia un heredero texano. Se trata de un americano bastante especial —según la prensa estadounidense—, no va nunca al cine, no ve televisión ni le gusta música alguna. Quienes le conocen afirman que duerme largas siestas, juega al video golf y se nutre con sandwiches de mantequilla de maní. Tampoco le gustan los viajes, no ha salido de Norteamérica sino dos veces, una para echarse en una playa mexicana a descansar y la otra, un corto viaje a Arabia Saudita, debido a la presión del poderoso padre. En ambos casos hizo lo que muchos americanos ricos, no salió del hotel americano. Pero este hombre, sin embargo, viaja actualmente con un cargo especial: presidente de los Estados Unidos. Aunque sólo lo hayan elegido un 24 por ciento de votantes, y su rival, un tal Al Gore, tuvo 540 mil votos más que los suyos.

La agraviada biografía de George W. Bush Junior es materia frecuentada. Bush es el tema de los cómicos de la televisión y de los humoristas de diarios y revistas, y una de las páginas web más populares es www.buscho-chim.com. Donde lo comparan con un chimpancé. Analistas, novelistas y ensayistas de los actuales Estados Unidos ven con sorna, o con los pelos de punta, el porvenir de su poderoso país en manos de un hombre que tiene muy pocas calificaciones personales, por no decir ninguna. Sin embargo los americanos lo han llevado a la Casa Blanca. La carrera de Bush Junior se ha hecho en el nombre del padre. Gracias al dinero y los contactos de la familia y del poderoso y nada idiota George Bush padre, el chico, George W. fue a estudiar a Yale y a Harvard, de su paso sólo se recuerda que en el club de niños ricos al que se afilió, le encantaba marcar con hierro caliente a los novatos. Durante la guerra de Vietnam, el potente padre logró que entrara en una tropa de reserva de las Fuerzas Aéreas y todo lo que tenía que hacer el encantador vástago era presentarse en los cuarteles una vez por semana, lo cual no hizo nunca. La familia también le facilitó amigos millonarios para que iniciara sus negocios, los cuales fracasaron. Georgito siguió entregado al trago y a las drogas hasta bien pasados los cuarenta años. Cuando papá salió elegido presidente de los Estados Unidos, al fin salió adelante. Un grupo de astutos hombres de negocios compraron un equipo de béisbol de mala calidad, pero tuvieron el talento de ponerlo —su padre acababa de llegar a la Casa Blanca— como director general y, claro, la gente fue a ver ese equipo y George W. Bush Junior pudo hacer su primer millón. Ya "había encontrado en su camino a Jesucristo" que es la perifrase que los americanos usan cuando alguien ha seguido una intensa cura de desintoxicación. Gobernador de Texas en 1994, se dice, un puesto prácticamente simbólico. Aún así se dio maña para batir otro récord: el del peor gobernador.

Cuando lo eligieron presidente, mediante la más discutida elección de la historia de USA (algunos hablan de su primer golpe de Estado) toda América y el mundo seguía el conteo del estado de Florida, donde las anticuadas máquinas de votación de las comunidades pobres retrasaban el cómputo, menos él. Bush permanecía en su rancho donde no tiene televisión. Este hombre, sin embargo, en su gira por Europa, pretende encarnar la tecnología e intenta convencer a sus aliados atlánticos de relanzar la producción de armas. No es otra cosa el proyecto de escudo espacial anti-misiles. En el nombre del padre, Bush es el representante, sostiene el crítico americano Eliot Weinberger, del complejo militar-fundamentalista (Letra Internacional, n°70). Ya dos importantes congresistas lo han abandonado y no tiene mayoría en el Congreso. Muchos observadores están preocupados: la recesión ronda la primera economía del mundo. Pero USA está gobernado por un hijo de papá elegido por un conteo arcaico de los votos ciudadanos. Así que ya podemos rezar para que el Junior no hunda el mundo con más desorden económico y con imprevisibles contiendas. Y todo ello, en el nombre del padre.

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Sabatina, 24 de marzo del 2001


Pasamontañas

 

Hugo Neira


El pasamontañas, dice muy serio el diccionario, es la prenda que abriga la cabeza y la cubre toda, salvo los ojos. Bueno, entre shullo serrano y antifaz, la cosa esa que también te pones, un gorro, si eres terrorista de
ETA o separatista corso, o miembro del IRA irlandés, o tienes que dar una conferencia de prensa sin que te reconozcan. Los franceses la llaman la cagoule. Si no la llevas, es entonces que no.

Pienso en su uso mientras recorro las páginas xeb de los diarios latinoamericanos. Hay dos acontecimientos, me parece, de lejos, dominantes. La marcha del EZLN sobre México, que ya acabó. Y de otro lado, lo que pasa y sigue pasando desde que existe el gobierno de Valentín Paniagua. Una marcha de campesinos mayas desesperados y, por aquí, un retorno dificilísimo al voto popular, después de las mañas de una mafia que ni los mexicanos, según Monsiváis.

Lo de Paniagua suena menos, pero en Washington lo felicitan: "Estamos entusiasmados, apertura política e imparcialidad" (La República, 15 de marzo). Por una vez, coincidiré con lo que dice, en el norte, el Imperio. Salvo que añadiré otras razones. Paniagua y su gobierno de probos va a quedar por cosas como el pase a retiro de 37 generales EP, 20 jefes de la Marina y 170 oficiales de la PNP. Esa es noticia que todos ustedes conocen, tómenle peso. Más claro, cuando yo era un incandescente joven rojo de San Marcos, hace una punta de años, si un ángel futurista me hubiera preguntado si creía eso posible, le hubiera dicho que con fusiles y bajando de la Sierra y con un millón de campesinos. Esto ocurre hoy, normalito. Y sin pasamontañas.

 
Lo del subcomandante Marcos son sus 3’000 kilómetros y 14 días desde Chiapas, y propaganda mediática en la aldea global entera aunque se han vuelto sin conseguir gran cosa. A Plinio Apuleyo, venezolano que leo en El Nacional, le contaba Enrique Krauze, que es un gran ensayista —La Presidencia imperial es una verdadera delicia—, la historia de los presidentes mexicanos hasta con lo que cuentan las amantes y el cocinero que la cosa es un pugilato de carismas entre Marcos, el del pasamontañas, y Vicente Fox, presidente, que quiere demostrar que maneja el tema de Chiapas mejor que los dinosaurios del
PRI. Lo de la "guerrilla sin tiros" de Chiapas y los mayas es cosa complicada. Consulten "Marcos, la genial impostura", de la española Maite Rico y el francés de la Grange. No hay misterio, Marcos es Rafael Sebastián Guillén, docente, filósofo, familia con fábrica de muebles, burgués y guerrillero tardío, diez años en la selva Lacandona, cuando entra en acción ya no hay Unión Soviética ni utopía armada ni nada. Con todo, arranca, pero aquí ocurre otra traición de la historia. Gobierna México un astuto, el presidente Salinas (actualmente refugiado en Irlanda, con más pesos que Montesinos) que envía soldados con orden de no combatir. Marcos para no podrirse se lanza a escribir. Un éxito. Fax, Internet y no bombas.

A lo que iba, el subcomandante tiene los reflectores del mundo y Paniagua no. Carlos Alberto Montaner dice que los europeos van en tropel a verlo, el profesor Touraine, madame Mitterrand. "Tienen una causa, ya tienen un héroe". De vuelta a París, olvidan decir que la marcha del EZLN ha sido pacífica, tal como los agricultores de Bové, el campesino antimundialista. Y se les escapa lo de la máscara, nuestra teatralidad contra el neoliberalismo, ¿por qué no? En fin, que lo de México es menos violento que lo del Perú. La guerrilla de Marcos costó seis muertitos, nada al lado de los 24 mil, nuestros, de la guerra sucia. Pero Paniagua no está en las portadas de diarios ni en CNN. ¿Qué le falta? Le falta lo que tiene Marcos. El pasamontaña. Por lo cual sugiero que al menos para la prensa internacional, en un rincón de palacio, el gabinete Paniagua se ponga, nada más que unos minutos, pero trascendentes, el pasamontañas. Verán, el día siguiente estamos en la prensa globalizada. Y vienen expertos y capitales. Porque aunque endereces un país, si no te pones la cagoule, la prensa internacional, ni mierda.

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Sabatina, 11 de noviembre del 2000


Voto latino y USA

 

Hugo Neira


Guerra de nervios, conteos manuales  en el país  que inventó Internet. Los ojos del mundo puestos sobre las urnas de Palm Beach y uno que se olvida que los Estados Unidos  no  son una nación como las otras sino cincuenta Estados y nadie se sorprenderán que la máquina electoral acabe por trabarse. Pero no es eso lo que quiero comentar. Estas elecciones americanas son un doble castigo. Por el caso Mónica y por el niño cubano Elián. Se confirme la ventaja de unos miles de votos a favor de Bush o no, la nación americana ha castigado a los demócratas.

Después de ocho años de gobierno Clinton, de un ciclo prolongadísimo de prosperidad, jamás los Estados Unidos han sido más prósperos y los americanos más ricos. A nosotros, el peso, todavía, de un tipo de marxismo simplón y otro poco nuestras  estrecheces, nos llevan a pensar que la economía preside las adhesiones políticas. No siempre, y no en sociedades satisfechas. ¿Prosperidad de los años Clinton?  Los americanos la atribuyen a sí mismos, y no a su gobierno. La explicación es, pues, otra, psicológica, moral. La nación americana busca un anti-Clinton. La imagen predilecta entre americanos de su Presidente era la de un hombre competente  (56 %) y luego, con vida privada moral (20 %). Hoy es al revés. Es el resultado de los escándalos. El efecto Mónica Lewinsky llega tarde pero llega. Castiga a Al Gore y no a Clinton. Y no a su esposa, vencedora en Nueva York. Si buscan un Presidente no muy brillante pero capaz de encarnar los valores morales de la mayoría WASP (anglosajón protestante) lo han encontrado. Se llama Bush Jr. En cuanto al otro castigo, preciso, decisivo, quien sabe letal, es el de la comunidad cubana. Gracias a unos poquísimos miles de votos, el Miami cubano les cobra la cuenta a los demócratas por el asunto del niño Elián, que como se recordará, las autoridades entregaron, casi a la fuerza, a su padre cubano. Eso que la ley es la ley, no rige en "Little Habana", donde juegan otras reglas, las del corazón, y la familia extensa.

Mucho se escucha decir sobre la comunidad, según los gustos, hispánica o latina. En su mayoría son gente de origen mexicano (12 millones), portorriqueños (3 millones) y cubanos (2 millones), y un millón llegados de otros puntos, entre ellos, peruanos. Socialmente se sitúan entre los negros que se van quedando atrás (en renta, en títulos universitarios) y el éxito, fulgurante, de otros recién llegados, los asiáticos. El empuje latino es, sin embargo, doble; es la lengua, la literatura chicana es inmensa y los americanos que hablan español son 80 millones. Su segunda fuerza son sus famosos, como Ricky Martín a quien la revista People acaba de elegir como el hombre más guapo del mundo.  Pero la verdadera fuerza es demográfica. Con sus 30 millones son ya el 11 por ciento de la población USA. Serán cien millones en el 2100. El problema es otro. ¿Por quién votan? ¿Y cuál será el tipo de inserción política en el vientre de la más grande potencia mundial? Al parecer, en California votan demócrata. En Miami por los republicanos, y acaso, a esta hora, han hecho Presidente de los Estados Unidos al hiperconservador Bush Jr. Y para tomar las categorías que usa Joel Garrau (y que recuerda en su libro mi amigo Moncada) una cosa es MexoAmerica y otra The Island, o sea Miami. La clase media surgida, recuerda Alice Rouhad en su tesis sobre la migración latina en USA, forma algo que escapa a toda clasificación. Así, entre el valor del individuo, propio a los blancos protestantes y el de la comunidad, prefieren lo comunitario. Y entre leyes permisivas y leyes duras, las últimas. En lo general, están por gobiernos fuertes y por el progreso en privado, en  familia. Son conservadores privatistas. ¿No se está con eso, y en Norteamérica, dibujando las grandes corrientes políticas latinoamericanas, una suerte de conservadurismo popular? ¿No es eso lo que ha triunfado tras Vicente Fox en México? En suma, la inmigración latinoamericana no introduce en América blanca descontentos o rebeldes, sino gente que va a reesforzar las viejas estructuras de la primera potencia del mundo. La América Latina, con sus pobres, también exporta sus desilusionados.  Así,  esos votantes de un Bush, partidario de estrategias terriblemente peligrosas a nivel mundial. Pero igual, la “Little Habana”, la ulcerada comunidad cubana en el exilio, ha tenido su revancha. Aunque el mundo sea mañana un poco más caótico y desigualitario. Y no es que la prosperidad relativa (todavía sus ingresos son  un tercio de la middle class americana) los vuelva conservadores, sino que ya son más conservadores, mucho más, que la gran nación que los acoge.

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