Nacional: Política/Educación

Escrito por: H. N. - 2 714 veces



Nacional: Política/Educación

 

Parte I

Libros. Libres, libérrimos, por ahora¿Los Humala son la voz?La esvástica andinaEl error FujimoriCarta del 93. Gran debate y gran silencioDe las mudanzas, líbranos señorContribución a las liturgias del 28Los Estados desunidos del PerúChile como chivo expiatorio¿A la presidencia? Ni amarrado¿Voto voluntario? Voto en contraPolítica. Mitin y rajeArte rupestre¿Tres poderes y un solo Dios verdadero?¿Protesta social y voto conservador?¿Ha dicho usted populista?¡Uf!  Se evitó lo peorVacancia y Realpolitik 

 

Parte II

Friaje. Caloraje – Estado, ¿ha dicho usted Estado? – El enfermo imaginario – Voto en contra – Fiesta Brava – La sensatez radical – Los patos vuelan en V – Mucha miel, mucho tomate – Poder, Toledo, y el gato de cinco patas – Democracia sentimental – Reloj no marques las horas – Cometas y terroristas – ¿Emergencia de Estado o Estado de emergencia? – Vaya semana – "Somos barcas, barcas de ideal" – Cumbre y pesadumbre – ¿Transición? Para quién se la trabaja – Vía Crucis – Correspondencia

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Sabatina, 31 de diciembre del 2005

Libros. Libres, libérrimos, por ahora


Hugo Neira

 

"Hijos pues no de la Reforma sino de la Contrarreforma. No del libre examen sino de la intolerancia".

 

Un periodista, Francisco Estrada Centeno de Perú.21, me pregunta hace unos días por tres libros de mi predilección entre los publicados recientemente en Perú. Le envié un correo y en efecto mi selección fue publicada junto a la de otros 21, bajo el encabezado de  “Lo mejor para leer del 2005” (lunes 26, p. 28). Los que elegí fueron Ensayos de sociología política de Agustín Haya de la Torre, Perú invisible de Alberto Graña, Democracia sin partidos de Martín Tanaka a la par que Morir en Ilave de José Luis Ayala. No son los únicos que merecen ser destacados, sin duda alguna, pero conviene que exponga mis razones. Escribir en un diario, después de todo, es cordialidad, sinceridad. 

Ensayos de sociología política, de Agustín Haya de la Torre, lleva título de engañosa modestia, lo dije el día de la presentación en la Casona. No es documento de trabajo, de prosa mazacotuda, fragosa, estilo informe de ONG que tanto abunda. Es obra muy bien escrita.  Prosa ajustada, párrafos claros y estilo rápido, sin dejar de ser argumentativo, como debe ser. Sugiero que se le lea no sólo por lo que dice, que de eso siempre se puede discutir,  sino por la forma en que lo dice. Eso han sido nuestros grandes ensayistas, de Manuel González Prada a  Flores Galindo, tradición del bien decir que habita en Agustín. ¿Y el bien decir qué es? No sólo es oficio, es claridad. Ahora bien, para ser claro no se necesita solamente una cabeza despejada sino un ánimo limpio. El de Agustín. Qué curioso, los verdaderos liberales no son los que se tildan de tales.

Las reseñas invitan  a ir a lo esencial, eso haré. Dos temáticas se abordan a la vez. La historia en general de las instituciones políticas, es decir, el proceso histórico de Europa. Y la evolución (y  retrocesos) de lo peruano. ¿Quieren que les diga? Raros son los que se atreven, se precisa no sólo sociología sino  humanidades. Agustín las junta. Por una parte, se detiene en los partidos peruanos, las herencias autocráticas, “los violadores inviolables de la ley”, el discurso fascista de ayer y hoy. Sobre el izquierdismo sindical “alejado del sentimiento popular”, sobre Sendero Luminoso y el nefasto legado, y páginas sobre lo étnico como política que concierne a los Humala (p. 93 y ss). Hay momentos espléndidos sobre el fenómeno de los “independientes”, sobre el primero de ellos, Ricardo Belmont “bastaba un rostro conocido que hablara en términos generales y prometiera hacer cosas sin mayores precisiones”. En suma, resumen de la marginalidad política que desde hace treinta años jaquea a las fuerzas republicanas constituidas, mal llamadas “tradicionales”. O sea, el ahora. Lo amorfo invadiendo lo poco institucionalizado. Por la otra, se remonta a la “la centralidad del sufragio universal” (pp. 13-19), el tiempo que les costó a las democracias llegar a eso que aquí se desdeña, el censo de votantes lo más ancho posible. Nada menos que dos siglos. Es antecedente europeo el fundamento mismo de la democracia como “un resultado no intencionado de esas guerras de religión que alumbraron la modernidad” (p. 42).  ¿Y qué es la modernidad? No sólo revolución industrial sino tolerancia. Derechos. Todo eso (lo digo también en mis clases) ocurrió allá y no aquí, arropados como estábamos por el Imperio de los Habsburgos, tan “tutelar” como nuestros tiranos. Hijos pues no de la Reforma sino de la Contrarreforma. No del libre examen sino de la intolerancia. Los criollos del siglo XIX, no entendieron para qué una república. Ni los potentados criollos de hoy tampoco. Por eso tenemos liberales no democráticos, como los que apoyaron a Fujimori. Y hoy andan tras Humala. El vals de los reptiles. 

El segundo libro es uno de un autor a quien no conozco, y es, para decirlo así, liberal. ¿Qué se ha creído el lector, que solamente celebro a mis conocidos? De Alberto Graña, Perú invisible, obra de técnico, sobre las tensiones y tendencias en el desarrollo rural alto andino. Nada de palabreos, cifras, cuadros, trabajo de campo, algo serio y sólido. En fin, recomiendo el de Martín Tanaka, Democracia sin partidos, Perú 2000-2005, IEP. Va al encuentro de lo que suele pensarse, de eso que llama, creo con acierto, “el sentido común”. Tanaka le lleva la contraria a lo que suele opinarse en materia de democracia participativa. Lo hace de manera enérgica y sin perder su sangre fría de académico. Le voy a dedicar más adelante, crónica entera. Hay otro gran libro, de autor provinciano. Es novela historiada, no aprecio la confusión de género, pero en fin, Morir en Ilave, de José Luis Ayala, miren lo que digo, es magnífica crónica de lo que pasó, el crimen colectivo, lo del alcalde Cirilo Robles Callomamani. De lectura urgente por obvias razones. Junto a los trabajos de Carlos Meléndez y de Iván Degregori sobre Ilave. ¿Por qué no tomar en cuenta los que llegan? Un solo libro de fuera,  La razón populista de Ernesto Laclau, del FCE (ya en Lima). Ya se sabe, los franceses piensan. Es decir, lo del populismo no es lo que aquí suele entenderse.

La verdad, hubo otros grandes libros, pero del 2004, el breve y mordedor de Nicolás Lynch, que se enfrenta al Sutep, El pensamiento arcaico en la educación peruana. El de Héctor Béjar, Justicia social, política social (CEDEP). Cómo vencer la pobreza si se usa mejor lo que hay. Por último, en la  selección de Sinesio López, noto que toma en cuenta reediciones, de José Matos Mar, Desborde popular, y Hacia la tercera mitad, mi libro. Advierto que lleva un nuevo prólogo,  que es un panfleto. Digo todo lo que no me gusta del abandono de la cultura de masas, lo que vamos a lamentar cuando en las urnas los peruanos iletrados formados en escuelas regentadas por maestros autoritarios, la muchedumbre de los que “nunca leen” pero votan, elijan a quien más se les parezca. Ahí va a pesar, a tirios y troyanos, haber abandonado por más de treinta años la escuela pública.

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Sabatina, 17 de diciembre del 2005

¿Los Humala son la voz?

 

Hugo Neira

"Me convencí. Los Humala son la voz. Al menos Antauro al que vimos en la televisión ante Rosa María Palacios, que dicho sea de paso, la vimos flaquear cuando sostuvo que ‘la autarquía había fracasado’. Antauro, que tiene reflejos rapidísimos, le repreguntó ¿en dónde, ah? La periodista no supo qué decir y bajó los ojos. La próxima vez, hija, le dices que en la China de Mao ese modelo fue abandonado por los propios chinos por imposible, a ver si te entiende” (08/12/2003).

“Con los Humala todos al Tawantinsuyo. Pero conociendo a mis paisanos, y sabiendo que en materia de futurismo se ponen bacanes y esperan un papel por lo menos de incas, o tirando por lo bajo, de caciques, nobles o toparpas, quiero recordarles cómo vivían los indios del común, no vaya a ser que ese sea el masivo destino. Tawantinsuyo: cada uno en su pueblito y cultivando su topo de tierra con mujer e hijos. Nada de viajes. Por si no se lo han explicado en la escuela, sepan que los maravillosos caminos del Inca eran para dignatarios y ejércitos. Nadie viajaba por iniciativa personal, los “indios forasteros” aparecen en la colonia. Tawantinsuyo: nada de casarse con quien sea. Apoyados por ilustres antropólogos de nuestras mejores universidades (que verán al fin realizado el sueño de la utopía andina) los Humala restablecerán las reglas de parentesco. A casarse con la hija primera de la hermana de la madre de uno, y esto, a rajatabla, y no importa si te salió bizca, coja, jorobada o puta. Y el tercer hijo, ya saben, lo dice Antauro, se dona al Estado. Tienen, los Humala, el aire de no hacer las cosas a medias.

Tawantinsuyo bonito. Nada de vacas, las trajeron los colonos españoles. Ni ovejitas, ni cerdos ni gallinas. Todo eso vino con la maldita colonización europea. Nada de burros, son asiáticos, y menos caballos, horrendo compañero del conquistador. Nada de perros, salvo esos medio calatos que de paso se comen. Ni trigo por europeo, ni azúcar y menos negros, vinieron ambos de África. Nada de cerveza, se hace con cebada que introdujeron los españoles, y es bebida alemana. Si los andinos se aburren,el domingo nada de fútbol, es inglés, y menos aun rezos, Jesús era judío, como Waisman que como dijo Antauro “no es peruano”. Y nada de pisco. ¿De qué se hace? de uva, y la vid la trajeron en la colonia. No lo hubo en el Tawantinsuyo. Ni toros, menos fiesta brava. Nada de campanas, invento de misioneros. Ni carnavales y menos procesiones, con lo cual salta medio calendario indígena. Producción, autarquía, mano dura. Obediencia carajo ¡Ah perdón, la expresión es castellana, viene de cara de ajo. El soldado cobarde. Nada de libros, no los hubo con los Incas y la imprenta salió de la cabeza de un alemán llamado Gutenberg. Nada de catolicismo, la sede de esa religión está en Roma y los Papas suelen ser italianos o polacos. Nada de ruedas: a los Incas de la nueva dinastía los Humala los van a cargar a lomos partidarios de la etnicidad y nostálgicos de Túpac Amaru. Nada de acero, eso vino con Pizarro. Nada de cañones ni fusiles, son inventos ingleses o norteamericanos, como el winchester. La honda Humala los reemplazará. Con ellas rescataremos Arica y Tarapacá. ¿Para qué el Huáscar? Con unos millares de balsas incaicas, asunto arreglado. ¡Viva lo nuestro! Nada de astronomía, Galileo era italiano y Newton súbdito inglés. Cuando los jóvenes bajo el gobierno humalista reclamen ciencia, los enviamos a estudiar con chamanes. Al diablo las computadoras. Un cuy y unos huesitos de muerto, y ya. Sabremos el porvenir. No vale la pena acudir a la ciencia extranjera, los Incas no la necesitaron. Incendiaremos la absurda Biblioteca extranjerizante y seudocientífica que quiere Sinesio López. Todo esto, desde el 2006, según las profecías de Antauro. Y con elecciones. Que serán las últimas. El tema de la ciudadanía desaparecerá, quimera de un suizo del XVIII llamado Rousseau. ¿Por qué tenemos que creerle? No era ni reservista ni etnocacerista. Lo de la etnia resulta más sencillo, ahí naces y te friegas. ¿Qué es eso de individuos libres? Invento de griegos, esos viciosos.”

Addenda, hoy. Hay quienes dicen “Platón era maricón”. Eso, y no en broma, lo sostiene un profesor retirado, cargado de años, medio ciego, que le dicen el “Heidegger” de los Humala. Enseñó en privado los clásicos a los hermanos pero “no a los griegos”, porque el Heidegger peruano en cuestión se reclama “homofóbico”. Vayan enterándose, lo que se avecina con Ollanta presidente gracias a los errores de todos, y con la esmerada educación recibida, es el horror, pero no se preocupen, llegarán al Perú por lo menos especialistas de política, y sin duda de patología individual y social, para estudiarnos a todos. Claro, a falta de turistas. Y en reemplazo de jóvenes peruanos (y capitales) que se irán. Hasta que el pueblo que igual que los encarama, los destituya. ¿Quieren saber qué pasará? Lean esto: “Deterioro en Ecuador. Las protestas callejeras en contra de Lucio Gutiérrez, se hicieron cada vez más violentas hasta llegar al punto de la oposición frontal y directa al propio mandatario, y a toda la clase política completamente desacreditada”. Reemplace Gutiérrez por las metidas de pata de los hermanitos Humala  (y el padre) cuando tengan el poder que otra vez se entregará a improvisados. Así es el Perú, se lleva a la presidencia a quien luego con la misma pasión se odia. Para mí la cosa está cantada. 

Los párrafos precedentes –salvo la Addenda–  son un extracto de mi artículo del 8 de diciembre del 2003. Al humalismo por su temible extravagancia, le dedico atención desde hace rato. Véase por ejemplo mi colofón a la reedición de “Desborde Popular” de Matos Mar, concluía diciéndole al sabio amigo que volvía de México, que lo recibía un país político de frívolo civilismo “y las botas de los Humala” (p. 182),  junio del 2004. Insisto, hay gente que cree todavía que lo que viene es broma. Los califiqué entonces de nazis, antes que otros; suave  diagnóstico, son tan primarios que ni cuenta se dan que lo son.

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Sabatina, 03 de diciembre del 2005

La esvástica andina

 

Hugo Neira

El fascismo es el fenómeno más importante del siglo veinte sostiene el profesor Paxton, gran especialista americano en la materia, quien se queja que aun hoy no se entienda. Por mi parte recuerdo haber trabajado, años atrás, un rato con la  obra de Paxton en la mano, lo suyo es exhaustivo e incuestionable manejo de fuentes históricas con el que muestra al fascismo como una elite voluntarista, mesiánica e irracional. Paxton no niega que encandilara a las masas, pero insiste en que no pudo acceder al poder sin la complicidad de otras elites. En esas estamos, las elites que aquí lo arropan y lo tratan como niño en cuna. Esto es un poco como Rosemary baby, la atribulada madre que espera un niño que resulta ser de Satán. Madre al fin –¿se acuerdan de la película, última escena?– igual mueve la cuna. O llenarán la urna, no solo los votos de la sorpresa, sino los de un curioso nihilismo peruano, que no osa decir su nombre. Los fascismos son siempre ese entusiasmo que acaba en tragedia. A los alemanes todavía les dura la resaca.

El fascismo, aquí y fuera, no ha salido de la realidad ni del imaginario social. Hay un lado mitológico, estético, va bien para el cine, en Fellini nunca faltan elegantes y siniestros oficiales SS que se pasean, y cualquier manual de arte, y en especial de arquitectura, nos dirá que hubo un estilo de edificar fascistoide, siempre muy impresionante, monumental. Cuando estuve en Roma un amigo me decía no se te ocurra hablar mal de Mussolini, el color salmón-renacentista con el que están pintados los edificios de la Roma eterna fue obra del Duce. La trayectoria de Benito Mussolini fue de lo más sinuosa. Fue una combinación el fascismo italiano. Violentismo y la idea  del “Stato totalitario”, cosa que andaba en el aire del tiempo y masas, milicias y camisas negras, y parte de la “intelligentzia”, D’Annunzio y gente muy diversa, como observó a su hora, José Carlos Mariátegui. Dentro de poco, en el Instituto del mismo nombre, recordaremos los ochenta años de la primera edición de La escena contemporánea. Me toca hablar del fascismo, años veinte, visto por Mariátegui. Por las razones que estoy exponiendo en esta serie de artículos, el tema sigue siendo vigente. A toda muchedumbre, cuanto más desesperada peor, cuanto más incrédula, se le abre siempre la tentación autoritaria, en la posibilidad ingenua de seguir a un líder “como nosotros”. Ahí comienza el error. Se sigue al lobo disfrazado de oveja. Fue Hitler quien le dio al movimiento una combinación social más poderosa que la del Duce. Atrajo una masa de obreros y gente corriente, de desclasados e intelectuales. Fue un partido de “bohemios”, dice Arendt, es decir de aventureros. Fue un liderato enardecido para rentistas arruinados, obreros con ganas de seguir a un líder antiburgués, y antisemitas, nostálgicos del pasado, de todo. Y más que una doctrina coherente, una mitología anudada a una retórica y a un partido militar. Arrasaron. ¿A qué viene todo esto? A que si los occidentales no entienden hasta ahora sus fascismos, en gran parte es porque  se rehúsan a aceptar el componente “volk” o popular de estos. Nadie se sorprenda, pues, que nosotros no entendamos tampoco los de por aquí.

La irracionalidad, la guerra móvil, el doctorado por la violencia se hallaba en Sendero. Hoy hay algo distinto, mucho más sutil y engañoso. No rehúsa las urnas, las busca. El profesor Guzmán, en el fondo de su celda, debe darse de golpes de cabeza. Humala es más hábil, como ex soldado sabe que sus camaradas de armas no son fáciles de vencer, pero su esvástica en los Andes, que no se presenta tal cual, es más astuta que La Quinta Espada. Es mejor un doble trabajo, encuevarse y a la vez avanzar en el equívoco.  En el “Tercer Reich” de Burleigh, los rasgos son tribalismo, o sea, encerrarse. Nos puede pasar, ya pasa en ciertos medios intelectuales, so pretexto de defender la identidad nacional. Decirse, entretanto, de izquierda no cambia nada. Los nazis eran también “camaradas“. Se ha iniciado el siglo veintiuno, pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿por qué, aun en sociedades cultas, una masa de gente aparentemente normal renuncia a sus facultades críticas en favor de una política de odio y de sobrevaloración sentimental de la nación, la raza, el líder, o cualquier otro mito violentista? La pregunta la hizo para las ciencias políticas Raymond Aron, ¿es la etnia una categoría que merece reemplazar a la de clase? Y preguntamos, ¿en los Andes? Se intenta emprender, otra vez un mal viaje, parecido al senderismo, acaso peor. Con Ollanta, ¿sacaremos permiso de circulación racial? ¿Para cuándo el Ministerio de pureza étnica? Aparte de otras cuestiones, ¿cerrará partidos y perseguirá a opositores? Se han fijado, jamás menciona la palabra libertad. No quiso debatir con ese joven despejado que es Salinas. ¿Para qué? Cuando se encarna a la historia, no se desciende a vanas polémicas. Como Montesinos, otro que maneja los silencios, así resuenan mejor. Como amenaza. El miedo en el Perú es agente doble, asusta a muchos, pero a otros eso mismo les atrae. 

En fin, no puedo dejar de pensar que parte de la intención de votos por los Humala, por paradójico que parezca, tiene mucho de frivolidad, es como una buena riña al final de una fiesta lugareña, mucho trago, y algunos muertitos. ¿Construir nación, un Estado de derecho? Por favor, se vive una sola vez. Y hay que divertirse. La bravuconada de ese voto corresponde a la temeridad de esa candidatura, la de alguien que no ha sido ni alcalde ni presidente de región ni ministro pero ya, de entrada, aspira a la presidencia. Parte, pues, de la burla a lo que no se ha entendido ni funcionado nunca entre nosotros los peruanos –mea culpa– es decir, el Estado y la ley. Le han buscado un nombrecito suave a esa aventura, la de antisistema. Tiene más bien de cohete de fiesta pueblerina, de carajo y trago al final de la noche. Tiene de parodia desde el uniforme a los gestos, pero ya sabemos, no será la primera vez que lo que finge ser y no es, se sienta en Palacio.

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Martes 08 de noviembre del 2005

El error Fujimori

 

Hugo Neira

Biógrafos y ex colaboradores describen a Fujimori como matemático y frío estratega. (Alberto Bustamante, Del Diablo su país). Por eso mismo, ¡qué interesante el error del pasado domingo! El error de venir por Chile. Se fue al diablo la hipótesis de un acercamiento físico, geográfico, hipótesis manejada por Santiago Pedraglio en "Rueda de prensa", más o menos, "quiere acercarse, no venir", presionar. No fue así. Lo han sacado de un hotel Marriot de cinco estrellas para confinarlo en una dependencia policial. Vaya golpe, hombre. Es el primero, aunque administrativo, a su impunidad. Le está pasando algo desagradable en Santiago que no le ocurrió en Tokio. Los pueblos admiran a los vencedores, y no a los perdedores, y eso de ir por comisarías es un arma psicológica de doble filo, estoy seguro que el primer taxista del día me lo va a confirmar. Hasta ahora tenía fama de infalibilidad, ha sido un patinazo. Venezuela, por ejemplo, donde a Hugo Chávez le encanta ayudar a los antisistema, desde Evo Morales a Ollanta Humala o darle asilo al prófugo Montesinos, hubiese sido mejor, pero se vino por el peor, el país más legalista. Nos pese o no, hay que reconocer que eso es el vecino que tenemos al sur, para bien y mal de nuestras culpas.

Interesante porque, a las claras, en el ajedrez político del breve huésped del Marriot Hotel, no entra lo de un país con instituciones. Don Alberto no ha cambiado, le es ininteligible un país con instituciones. Ininteligible: imposible de entender o descifrar (María Moliner). Ni para sus estados mayores, Delgado Aparicio y compañía, Santiago capital no es salsa, "women del Callao". ¿Por Chile, en plena puja electoral, y con demócratas en el poder? ¿Sin tomar en cuenta el malhumor de Lagos? Fuera del mal cálculo de aterrizar por ahí, cuando hay un delicado tema de frontera marítima. ¿No evaluaron, ellos que todo lo calculan, la reacción airada, y con razón, de la señora Bachelet? "Yo me pregunto, qué viene a hacer ese señor en Chile". Pues, con todos los respetos, señora, fregarlos a ustedes y fregarnos a nosotros.

Porque el asunto Fujimori no ha concluido. El mundo sería una maravilla, un paraíso, y Lima su capital, si Fujimori llegase para ir a tribunales y sus juicios de cuerpo presente y las elecciones del 2006 pasasen al lado. ¿Usted se cree eso? Yo no, demasiado bonito. No, y por las siguientes hipótesis o corazonadas, como se quiera llamarlas. En primer lugar, las instituciones chilenas son una cosa y las peruanas, por desgracia, otras. En segundo lugar, y como secuela de lo anterior, no me sorprendería que logren inscribirlo como candidato (sí, claro, me horrorizaría moralmente). Y tercero, contra lo que muchos piensan, creo que Fujimori candidato, no ganará. Las dos primeras hipótesis pueden dolernos, irritarnos, pero son realistas. Estamos en Perú, y por un lado, los JNE siempre son una caja de Pandora y por el otro, doctores de la ley tramposa no faltarán, hábiles sofistas, leguleyos. Y eso sí creo que los estados mayores del fujimorismo lo deben tener bien craneado, la meta del viaje-complot del ex presidente prófugo. Entonces hay que ponerse en la peor hipótesis. Me huele que será candidato. Lo de la inscripción se juega de aquí a enero. Claro que es dramático como dijo Lauer. Pero lo contrario del drama es la comedia. Creo que la fiestecita de la pequeña política llega a su fin.

El asunto tiene tres entradas. La primera, electoral, aritméticas de sufragios. Si nos atenemos a una primera intención de votos, iría tal vez por delante. Pero no se gana en Perú las elecciones por mayoría simple. En segunda vuelta, Fujimori será derrotado. Es irónico, va a provocar un frente "anti", casi del mismo estilo de aquel que le permitió ganar ante Vargas Llosa, acaso mayor. Juntará el antifujimorismo, vasto frente, hasta hoy insospechado de demócratas de diversa laya; no sé si con ello se puede después gobernar, pero hacer barrera, sí.

La segunda entrada es decisiva. Si bien es verdad que un hombre pedido por las autoridades no debe quedar impune, no deja de ser cierto también que sería saludable que el país enfrente el "fantasma" de su fujimorismo latente. Pues bien, que se cuente en cifras de votantes cuántos son. Que se pase de lo fantasmal a lo real. No digo esto por cuenta de partido o frente alguno, de mi cacumen: sería muy saludable que eso ocurra. A las claras, a las bravas. Por o contra la democracia. Por otra parte, siento venir la estocada de fondo de los autoritarios que son su clientela: si hubiese elecciones sin el "Chino" van a decir estas no valen. En otros términos, negarán la legitimidad que surja de las ánforas, gane quien gane. Fujimori candidato, malo; no candidato, también malo. Eso es lo que nos trae. Un rompecabezas.

La tercera razón es enorme, apenas la insinúo en este artículo. El país ha pasado todos estos años por una reconfiguración cultural, social, económica, a lo cual Lima es sorda y ciega. Mutación gigantesca, solo pensable cuando se viaja por el interior (que es lo que he hecho todos estos meses) y se observa una revuelta múltiple cuyos síntomas comienzan apenas a dejarse ver. Me refiero al inmenso No de la regionalización, al repunte no de una sino de varias izquierdas, e incluso, a ese persistente fujimorismo de los de abajo que por ahora pudre otros campos electorales. En la maniobra del retorno de Fujimori no puede dejarse de pensar en una digitación mayor, la del Imperio. Paradójico, ¿el candidato Fujimori reaparece en el momento en que repuntan opciones que por lo visto, no gustan al Imperio? ¿Por qué no lo detuvieron en Atlanta? ¿No quieren que el Perú se sume a la puesta en cuestión del modelo, como ya ocurre en Brasil, Venezuela, Argentina y Uruguay? Las pedradas a Bush en Buenos Aires, qué cerca del aterrizaje en Santiago, raro pues. Pobres entre nuestros paisanos, la gente popular que todavía cree en él, lo creen suyo y es el agente más astuto de la dominación externa. No lo saben, no lo quieren saber, es su peor enemigo.

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Sabatina, 29 de octubre del 2005

Carta del 93. Gran debate y gran silencio

 

Hugo Neira

"Una asignatura pendiente”, fue la idea fuerte que se repitió, aunque con matices, en el amplio salón Alameda, El Pardo Hotel, Miraflores, el lunes pasado. El acto lo abre Diego García-Sayán, y de entrada, con la solemnidad del caso, pide al público guardar un minuto de silencio en memoria de Ricardo Monteagudo. Luego se suceden en el uso de la palabra cuatro constitucionalistas y dos ex presidentes de la República.  Ese acto no fue, pues, la simple presentación de un libro. (1)

La Reforma de la que estamos hablando es la de la constitución de 1993. Cuya débil legitimidad es de conocimiento público. Esa es la reforma que se encuentra pendiente en el Perú” (García-Sayán). Y luego explica cómo hace unos meses la Comisión Andina y la Fundación Konrad Adenauer juntan esfuerzos y reúnen políticos y académicos. En cuanto a reformar la Carta del 93, se había dejado pasar “oportunidades importantes”. Recuerda que para el 2003 “se había ya revisado 180 artículos en el Congreso”,  pero sin culminar. Por eso se puso en marcha el recojo de trabajos esa noche presentados. "¿Cómo es posible que el gobierno que sea elegido el próximo año, tenga que ejercer sus funciones en el marco político de una constitución autoritaria como la de 1993?”. Bajo esa  acerba, dolorosa pregunta de García-Sayán, le sucede en la tribuna Enrique Bernales. Quique, como le llamamos sus amigos, no tiene ningún problema en hilvanar ideas en público, pero esta vez prefiere “ser prisionero de un texto”. Lee, y lo suyo resulta intervención articulada y feroz. La Comisión, y él mismo, se habían hecho cinco preguntas en torno “a las tareas pendientes de la Transición”,  a saber: “Investigar y sancionar la corrupción. Fortalecer la confianza popular en las instituciones democráticas. Recuperar el peso de los partidos políticos y la sociedad civil. La Reforma del Estado. La Reforma de la Constitución”. “El balance que nos hacemos es que se llega al final de este gobierno con asignaturas pendientes”. No basta el crecimiento económico, prosigue. “Hubo incumplimiento de dos compromisos tácitos” en esta Transición. La Reforma del Estado, que se abandonó temprano. Y la de la Constitución, como otras reformas que nunca se emprendieron, abunda Bernales, la de la administración pública o la educación. “Es una falacia considerar que el tema constitucional es una pérdida de tiempo. No se puede pretender construir un país democrático que sea regido por una constitución no solamente antidemocrática en sus orígenes, sino cuya concepción misma del Estado que prescribe no es sino el instrumento de una ideología que quita derechos en materia económica y social”. Pero eso no fue todo. "La constitución de 1993 desarma al Estado, lo vuelve ineficaz y limitado”. Además, señala, es “Carta mal escrita”

El tono está  dado. Javier de Belaunde trata al fujimorismo como una dictadura de acuerdo a la ley. Su discurso  es matizado, centrándose sobre el caso del poder judicial, “Aquí esta el doctor Sivina, y señala al  ex Presidente de la Corte Suprema, que lanza el Acuerdo Nacional por la justicia. Pero pese a sus prudencias, de Belaunde hace la pregunta clave: “¿Quién hace la Reforma Judicial?”. O sea, ¿solamente los jueces? Concluye sugiriendo una mesa de trabajo entre sociedad y jueces. Le sigue Rafael Roncagliolo. “Hay fuertes consensos”. ¿Pero, qué nos pasa a los peruanos? Lo de “los fuertes consensos” se refiere a que partidos políticos mayores y sus líderes se ponen de acuerdo, aunque Usted no lo crea, en algunos puntos decisivos. “Necesidad de la Reforma (se entiende, constitucional). Bicameralismo. Poder judicial. Y acabar con el Absolutismo presidencial. Lo de qué nos pasa a los peruanos, es que han pasado 5 años, y al cabo de ellos ¿no se ha resuelto un tema de tal trascendencia para la democracia? Roncagliolo martillea, una Carta fraguada por la dictadura. Lo de cambiar el absolutismo presidencial, idea del ex-Presidente Valentín Paniagua, lo dice a su manera el ex presidente Alan García, “despresidencializar”, y Lourdes Flores, en su propuesta de fortalecer al presidente del Consejo de Ministros y separar Jefe de Estado de Jefe de Gobierno. El público presta atención, dos de los mencionados se hallan presentes.

El evento previsto a las 6:45, según la tarjeta de invitación, arrancó a las 7:05, al ritmo de cada 15 a 25 minutos un orador. El salón es ancho pero por los ventanales se meten los bocinazos de la calle. Es Borea quien continúa, acaso el más tajante. “Querer reformar ese texto (el de 1993) para hacer una democracia es absolutamente imposible. Y luego explica, “una democracia es un sistema de gobierno más complicado que una dictadura”. Necesita de articulaciones, de espacio público. “Y discutir todo eso no es teórico, no es sólo de académicos”. Borea reclama un momento constituyente para julio del 2007. “O la Reforma de la Carta del 79, la de Haya de la Torre, que el conjunto de peruanos libres votamos, o una nueva Constitución”. Y luego consultar al pueblo. El que le sigue es Alan García. De entrada recoge el guante. “Debe concluirse un pacto de reforma inmediata. Para los primeros meses, gane quien gane”. Sin embargo, nota un cierto pesimismo, no debería haberlo, cita cifras del INEI sobre pobreza, atribuye la mejora en provincias a la Regionalización, de la que tanto se dice y maldice. “A la vista de la estructura organizativa de los gobiernos regionales, creo que está en marcha una profunda reforma del Estado”. Pero no deja de decir que están muy bien esos estudios exquisitos, pero “la paciencia popular se está acabando”. Concluye la noche con Valentín Paniagua, hubo grandes ocasiones republicanas, momentos de inspiración constitucionales. Pero cuando su Transición acaso no hubo esa voluntad, ese clima, ese espíritu. Hoy sí. Hoy se puede en “un esfuerzo de veras patriótico”.

La noche se termina, memorable. Fue un debate sincero, dramático y hubo prensa y televisión pero en vano. Al día siguiente, uno que otro diario “levantó” la magnífica velada por donde acostumbran. Una crónica de Caretas gasta cuatro páginas para nada, todo lo que se cuenta es cuántos segundos García y Paniagua se aprietan la mano; periodismo frivolón, de los constitucionalistas disertantes, y las ideas, ni asomo. ¿Política igual a mundanidad? Yo ya lo sabía, entre el público, tomando notas y una Olympus en la mano. Y la pérfida idea de tramar esta reseña. No contendrá todo, sí lo esencial, y palabras textuales en cursiva. Del perdido arte de saber reseñar que centenas de escuelas de comunicación esquivan. Luego no se quejen, estos limeños descuidos alimentan el apolitismo que mantiene en vida al fujimorismo. Y el voto creciente de la desencantada ignorancia, el de los Humala.  

(1) Comisión Andina de Juristas, Reforma del Estado. Reforma de la Constitución. Enrique Bernales, Alberto Borea, Javier de Belaunde, Lourdes Flores, Alan García, Valentín Paniagua, Rafael Roncagliolo.  Lima, CAJ, 2005.

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Sabatina, 24 de setiembre del 2005

De las mudanzas, líbranos señor

 

Hugo Neira

"Cada día hablamos una lengua más pobre. La culpa la tienen quienes se suben a cargos donde no tenemos más remedio que escucharlos".

 

La semana pasada esta crónica estuvo dedicada a las elecciones en Alemania. ¿Por qué razón? ¿A santo de qué nos importa quiénes van al Bundestag o Cámara de diputados, y a quién sus 598 miembros elegirán Canciller o Cancillera? Me interesó no solamente el destino de Alemania y Europa sino que sospeché los resultados. Y la lección política que se deduce. Aun en viejas democracias –si se las quiere mantener– se hacen necesarias las alianzas. Imaginen por dónde voy.

Todo oficio o quehacer, y este del periodismo en especial que consiste en comentar la realidad pero también en atinar a anticiparse, y cuando eso ocurre, hay como el derecho a alguna forma no de la vanidad pero sí del orgullo. “Nada quedará del dolor o el placer de tus días, estudiante, aprendiz, hijo mío, sino tu obra bien hecha” (Eugenio d’Ors). Examiné, pues, los sondeos sobre el electorado alemán, y con algo de experiencia y otro poco de intuición, anticipé lo probable: ni Gerhard Schröder ni Angela Merkel convencerían a sus electores. Y eso fue lo que ocurrió, el electorado alemán negó a ambos una mayoría. Están en un “impasse” y no les queda más remedio que ir a alguna forma de asociación, vale decir, de Coalición, etc. O sea, si no se comienza con “frentes”, se acaba en ellos. 

Pero me estoy mudando, ese el otro tema de esta crónica. Cambiar de domicilio es arruinarse por un momento el trajín cotidiano. “Dos mudanzas son comparables a un incendio”. Benjamin  Franklin. Lo que le irritaba, hombre de experimentos naturalistas tanto como patriota americano, inventor del pararrayos, creador de la primera Enciclopedia por suscripción, su vida fue mudanzas, incluso se fue a Francia, donde sorprendió a los contemporáneos de las Luces por las suyas, su sentido práctico y sus zapatos toscos de granjero, y si de algo se quejó fue de arrastrar por este mundo su variada biblioteca. La cosa no ha cambiado mucho. Mudarse sigue siendo un horror. Si leer es para algunos entre los que me cuento el paraíso, el purgatorio es sacar libros de una casa para meterlos en otra.

Internet no ha aliviado ese drama, tener una  biblioteca es ser prisionero de la misma. Fardo inevitable del quehacer intelectual. Lo digo porque muchos creen que “los libros ya no”. ¿Será entonces que no me gusta Internet? ¡Qué se creen! Es una maravilla, y sin problema mayor para quienes adquirimos el hábito y entrenamiento de leer textos de modo rápido y crítico, para “las viejas glorias” –que es como me ha tratado más de uno, saltándome a la yugular por ir al almuerzo de las Brisas del Titicaca– el pasaje del texto impreso al texto virtual resulta natural. Lo diré con sencillez, aprendimos una técnica cuasi rarísima –que ya ni se enseña en nuestras universidades– consistente en enfrentar un texto a otro y a otro, a no creer en ninguno, o sea, a cotejar (un alumno me dijo hace poco: ¿a qué?). Nosotros, los que venimos de la galaxia Gutenberg, podemos navegar en el planeta de Microsoft sin ser prisioneros del primer texto leído en pantalla. Cuando algo nos parece  interesante “lo bajamos” como dicen los chicos de hoy. Y lo usamos, pero críticamente.  Sí, Internet. Para extraer carpetas o las que llamo “dossiers”, biblioteca virtual  que completa la convencional.

De paso señalamos la fuente, esa es otra. Trabajo en tres universidades, las tres privadas, de las mejores, y en las tres nos pasan sus autoridades una circular, “cuidado con los plagios”. Los “chicos” bajan algo de Internet y se lo ponen. Firman nomás. Así está la cosa de la Educación llamada Superior. No todos, claro. Pobres, nadie les ha enseñado a “cotejar”. He insistido en ese punto, la ausencia de métodos elementales y que en otras culturas forma parte del aprendizaje desde la secundaria. Pero como quien oye llover.

Mudanza es una de las palabras más nobles de la lengua castellana, no significa solamente trasladar enseres de una casa a otra sino dejar algo, restituir o remover. “La mudanza del tiempo”, o por ejemplo mudar de conducta. Pero claro, estos giros se nos pierden. Cada día hablamos una lengua más pobre. La culpa la tienen quienes se suben a cargos donde no tenemos más remedio que escucharlos. Waisman, ¡qué mal habla el vice-presidente! La otra noche lo escuchaba en la televisión ante las enfermeras: “Estoy haciendo estas palabras”. Dios Santo, haciendo palabras (sic) por estoy diciendo. Y volviendo a mudanzas de costumbre, tampoco es que nos apasionen. Insisto, por más llanta quemada y toma de carreteras, creo que el fondo popular es conservador. Añadido de malacrianzas como si tal en la vida pública. De guerra de todos contra todos. 

Pienso que es hora de cambiar, o no salimos de la prehistoria. A lo que iba, hay un nivel en que los sistemas políticos abiertos, a despecho de que Alemania sea industrial y el Perú ni en sueños, se parecen. La política puede juntar a gente dispar. Y eso es legítimo y no es componenda. Pero no es lo nuestro, parte de la izquierda se ha buscado en Humala una suerte de Sánchez Cerro del siglo XXI, como el legendario “mocho”, el actual podría ponerse la camisa negra del fascismo, hoy lleva lo de lo “etno”, aunque por el momento sus asesores le aconsejan que haga creer que el etnicista es el hermano preso. Estuvo de lo más “light” donde Rosa María Palacios, ella que suele interrumpir a los invitados y hacerlos hablar a trompicones, se quedó alucinada con Ollanta, elegantísimo en su “tweed” azul marino. Debe haber creído la comunicadora que es de la marina. No, Rosa María, ese señor es nuestra improvisada versión andina del hitlerismo. El confrontacionismo también es cuando cierto político, y no de izquierda, sacude los obscenos pulgares. Unos y otros. Ya seguiré comentando. Pero, una tregua: mientras dure mi mudanza de biblioteca y papeles, puede que no escriba.

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Sabatina, 23 de julio del 2005

Contribución a las liturgias del 28

 

Hugo Neira

"Por eso estuvo bien lo del mitin con Bambarén, manos blancas en una marcha sin
banderas partidarias".

 

 

Las “sabatinas” las escribo de un tirón, cuestión de sinceridad y de escribir como se habla, pero a veces no, a veces el tema se vuelve cuesta arriba, y era el caso sobre una dedicada al sentido de este 28 de julio, y ya iba por abandonarlo cuando en eso llega Anita, la señora amiga que me hace un apoyo documentario, trayéndome la integridad de mis artículos. Cuatro años en este diario.

De ahí extraigo el fragmento siguiente: ”Acabo de ver una encuesta sobre el estado de ánimo. Hay una ostensible desmoralización nacional. Los sentimientos más extendidos son cólera, repudio, decepción, indignación, vergüenza, malestar, asombro. Ahora bien, esto repercute en el alto índice de escépticos y desilusionados. La misma encuesta indaga sobre el mayor defecto de los peruanos. Y se hallan mentirosos, no cumplen con sus promesas, convenidos…”  La nota es de mayo del 2001, cuando residía en la isla de Tahití, luego dicen que la distancia no ayuda a comprender, acaso es lo contrario, de lejos se ve el bosque en su conjunto. Es decir, antes que Toledo se pusiese la banda presidencial, este cronista anduvo diciendo que había “un inmenso partido de indecisos, el de ninguno”. Lo del  candidato “outsider” lo canté muy temprano, perdón por decirlo. O sea, esta Transición nació bajo un signo de interrogación, el de la pérdida de confianza en la clase política. Los cuatro años no han hecho sino acrecentar las clamorosas sospechas. Hubo desde los inicios dos sentimientos contrarios. Prosperar y reestablecer la dignidad, como decían las pancartas. O sea, la cosa de los derechos humanos muy mezclada con reclamos concretos. Pero resulta sensato reconocer que en lo popular resultó predominante una suerte de pragmática amoralidad, tiempo es de decirlo. No es que ello esté bien o mal, ni menos que me guste, pero lo real es lo que es.

Es palmaria verdad que la revelación de los vicios del régimen fujimorista no disminuyó la simpatía por el que fugó a Tokio, al contrario. Como si una zona nada desdeñable de ciudadanos y probables votantes, razonara diciéndose que la corrupción es inevitable y una política se juzga al fin y al cabo por su eficacia. Este maquiavelismo rampante que vampiriza a capas enteras de empresarios linajudos como a Conos y sectores emergentes es una buena sorpresa, y no de las mejores.  Además, el pragmatismo de “billete a toda costa” se inserta en la prédica anticapitalista de varios decenios, de un marxismo oscurantista a lo Martha  Harnecker donde nunca se dijo algo que dijo Karl Marx : lo burgués, aparte de ser filisteo, tiene sus propios valores, una ética en negocios, ligada al puritanismo de sus fundadores. Pero de ese capitalismo ni se escucha en Perú, ni arriba ni abajo, le son inmunes tanto Pepe del Salto como Pepe Lumpen. ¿El capitalismo achorado pondrá sus candidatos para el 2006?

Pero también es cierto que parte de la sociedad ha entendido que con corrupción, aunque hubiese cien Camiseas, vamos de espaldas al desarrollo, por no decir otra cosa. Por eso estuvo bien lo del mitin con Bambarén, manos blancas en una marcha sin banderas partidarias, como titula este diario. Sí pero los muñecos en los que danzaron por igual Fujimori y Paniagua es una infamia, y bien tiene razón Víctor Andrés García Belaunde de indignarse. ¿El plantón no era partidario pero se permite que desfile Ollanta Humala? En los mítines de la sociedad civil quienes proponen romperla con guerras racistas. ¿Quién discrimina quién es cívico o no? 

La última de mis clases, fin de ciclo, fue dedicada a Tocqueville. En 1835, el viajero Alexis de Tocqueville comprueba que la democracia en América no solo era un conjunto de instituciones sino un estado de ánimo, una forma de vida. Pasión por la igualdad y un fondo de ética protestante. Qué hubiera dicho si atravesaba el Río Grande y nos visitaba. En un libro mío me solazo en pensar en sus asombros. Y si se quiere, los resucito cada día. En El Comercio del pasado 17 de julio, dan un barómetro de corrupción nacional, y resulta que la Región Junín es la más corrompida, “el promedio es 48  soles por coima”. Así, tan normal, como el mapa de lluvias. La corrupción, un mal natural. Entre tanto el placer de delinquir habita en el Estado y en diversos estratos de la sociedad, casi diría de manera tranquila, gozosa, normal, prácticas mafiosas, llamadas acertadamente “argollas”. ¿Y en qué se funda esa proclividad al amiguismo, al chanchullo, al arreglito por lo bajo? El “todo vale” nos mata tanto como los abusos de los poderosos.¡Feliz 28!

PD. Estaré ausente por unas semanas. Tiempo de viajar al interior del país, y reflexionar. Acaso se necesite desde julio del 2006, un Estado de excepción democrático, dado el estado de urgencia del país. Una combinación de ordenanzas y plebiscitos para remover el Poder Judicial y otros campos del poder. Ya me explicaré, paciencia.

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Sabatina, 25 de junio del 2005

Los Estados desunidos del Perú

 

Hugo Neira

De modo que Carlos Cuaresma decidió darle al Cusco su dignidad de Reino. Cuánto me alegro. Tarde o temprano brilla la luz de la verdad. Este saludable retorno al siglo XVI y XVII, cuando los Habsburgos, me parece tonificante. Al fin nos reconocemos como lo que somos. Una serie de Reinos que la gracia de Dios y la desgracia de la historia en común, ha puesto en el mismo espacio tiempo histórico colindante. Juntos pero no revueltos. Reino del Cusco. Reino de Arequipa. Reino de Cajamarca. Precioso. Y a gobernar con ordenanzas.

Algunos despistados creen un par de cosas ostensiblemente equivocadas. Unos, que el señor Cuaresma es apenas un Presidente de Región. No han entendido ni palotes. Otros, los más serios, creen que el tema es las normas vigentes para reglamentar la sagrada hoja de coca en tres valles del departamento. Qué cortedad de criterios. Claro que no, hay una crisis política de fondo, institucional, si no ¿ por qué amenazó de ocuparse de la medida tomada por el Rey Cuaresma el propio Tribunal Constitucional ? Reflexione el lector, el tema se sale de si los de “Cedro” tienen razón, o de lo que la Convención de Naciones Unidas sobre sustancias psicotrópicas ha considerado en la materia. Por menos que esto, los Estados republicanos del norte fueron a la guerra en los Estados Unidos de 1860, cuando los   confederados   le  dijeron  a  Lincoln que sus leyes sobre la abolición de la esclavitud se las podía meter donde él sabía. Unos y otros, nordistas y sudistas, no tuvieron más remedio que ir a la guerra. Pero si los plantadores negreros perdieron, aquí los cocaleros sudistas van a continuar. En los Estados Desunidos del Perú no es que el Estado sea débil, ese es un eufemismo limeño, sino que propiamente no lo hay. Aquí, por si acaso algún despistado especialista en ciencias políticas del extranjero no lo ha entendido, la conciliación nacional no se hace aboliendo sino admitiendo, cediendo. Del arte de transar, un capítulo que se le olvidó a Maquiavelo.

Gracias a Cuaresma queda claro lo que en realidad somos, una familia de Reinos. Después de todo, siempre fue así. Rey de España no había cuando la Conquista sino Emperador, antes de que llegase Cortés a México, un tal Carlos I, luego Carlos V, en el origen duque austriaco, que llevó su propia corte de flamencos y borgoñones (el Emperador y su Corte no hablaban español) y como recibe treinta Coronas, fruto de herencias sucesivas, su nombre se asocia a la más larga retahíla de ducados y reinos de la historia europea : rey de Castilla, de León, Aragón, las dos Sicilias, Jerusalén, Portugal, Navarra, Galicia, Córcega, islas Canarias, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Flandes, y así hasta llegar a “ Indias orientales y occidentales”, o sea, nosotros. Reino del Perú. Reino de México. Qué tiempos. Chile no era sino una modestísima Capitanía.

A los Austria no les importó mucho estas Indias lejanas fuera de sus minerales, e institucionalmente trasladaron lo que ya había en Cataluña y Nápoles, es decir, dobles del Monarca o sea Virreyes, y en consecuencia lo mismo en  México y en Lima. Y el Corregidor, copia de lo que había en Castilla, y el municipio, y el Alcalde mayor. Puede que Cuaresma, mal llamado Presidente de región, en realidad Rey, las considere. De la tradición su ventaja: funcionaron varios siglos. Pero es cierto que hemos cambiado de Emperador. Tan extranjero como el alemán Carlos V, un texano, en Washington. Al que vamos a llorar lo del TLC.

Ya no hay sino varios Perú. Cuaresma ha dado el primer paso. Era tiempo. No habrá Estado propiamente hablando, es decir un orden central prevaleciente sobre otros (quién se atreve) pero puede haber a falta de uno, varios Estados. Cada reino con su propio Congreso. Sus leyes, presupuesto y normas. De una vez. Que para mañana es tarde. Nos espera el radiante siglo XXI. Así como hay multicines, multirreinos. Y Carta Constitucional común para evitar gobernarse con ordenanzas. Pluralidad, heterogeneidad, federalismo. En España actual el resultado de las Españas es muy bonito, todos con doble banderita, una para el reino local, otra para “el nacional” que representa Juan Carlos I. ¿Y la economía aquí, dirá un aguafiestas? No se preocupen, camina sola. ¿O no es cierto que desde Fujimori, desde los años noventa, economía y política van cada una por su lado? Con poner a un Kuczinsky o un Javier Silva Ruete a que cuide, basta y sobra. Y con la ufana Lima, ¿qué hacemos? Un Principado, estilo Mónaco, así puede Eliane devolverle las atenciones al príncipe Albert. Y Cuaresma, rey cusqueño, con sus sacerdotes incaicos. Un poco de coca, y todos al Inti Raymi continuo. No se preocupen, llegarán turistas como cancha.

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Sabatina, 14 de mayo del 2005

Chile como chivo expiatorio

 

Hugo Neira

"No me canso de decir a los propios peruanos, que la mayoría de nuestros males ya no se los podemos achacar a la oligarquía (que no existe después de Velasco) pero sí a nosotros mismos"

Me pregunta La Tercera sobre el sentimiento antichileno en las élites peruanas, y cuál su origen. La pregunta es muy directa, y la voy a responder con la misma sinceridad. La respuesta va a ser en dos tiempos, porque en efecto, tiene viejas raíces.

A nadie le gusta perder guerras, y la del Pacífico dejó cicatrices, pero a la vez abrió un campo de reflexión, aunque doloroso. Fue entonces, 1888, que un escritor, un gran intelectual llamado Manuel González Prada, instó a los peruanos a mirar cara a cara la derrota. No la halló solamente en los campos de batalla sino en la “casta dirigente”. La halló en la desigualdad social, el verdadero Perú dijo, ante el asombro de todos, era la masa de indios oprimidos de los Andes. Parias los indios, parias los obreros. Un país con tales divisiones, de ricos criollos y muchedumbres paupérrimas, no podía tener un ejército, una defensa eficaz, un sentimiento nacional. Prada fue el panfleto, el retrato a vitriolo de nuestros políticos. El padre espiritual de Haya de la Torre y de José Carlos Mariátegui. El fundador de la autoconciencia del Perú contemporáneo. Así, más tarde, Mariátegui no escribe un libro contra Chile sino de análisis de la “realidad peruana”. Desde entonces, el debate sobre la oligarquía. Esa generación de peruanos era patriota pero no revanchista. Igual las  siguientes.  Lo cierto es que a lo largo  del siglo XX, el Perú y sus elites se enrumban a estudiar y resolver los males peruanos. Lo primero con algún éxito, somos un país de una brillante “intelligentzia”, de admirables escritores, y uno de los países más estudiados, lo cual es paradojal, vistos los resultados. En cambio, no hemos logrado resolver ni los viejos ni los nuevos problemas. Llegaron nuevos retos con la globalización desde los noventa. Por mi parte no me canso de decir a los propios peruanos, que la mayoría de nuestros males ya no se los podemos achacar  a la oligarquía (que no existe después de Velasco) pero sí a nosotros mismos. El discurso que llama a ponernos frente al espejo y mirarnos en lo que somos, una sociedad en plena mutación y por el momento muy desordenada, no es fácil de aceptar. Requiere de autoconciencia. De un deseo enorme de verdad que a veces falta. Estábamos en eso, en esclarecer nuestros problemas internos, y en eso viene Lan Chile, como si no faltaran problemas, a ponernos en las narices un video realmente idiota. Es cierto que los peruanos se mean en cualquier esquina, pero ¿por qué no nos dejan a nosotros mismos decirlo, y autocorregirnos? Eso es tema para nuestros legisladores y psiquiatras, ¿qué hace LAN removiendo el cuchillo en la herida?

Nadie aquí se venda los ojos. La prensa peruana, y los medios, son los primeros que dicen clara, fuerte y sin tapujos lo que pasa: escándalos, corrupción. El terrible rostro de lo que llamamos no cholo sino “achorado”, es decir lo descompuesto. Una parte del país quiere curarse, otra quiere el engaño. Pese a que nos robó y fugó del país cobardemente, y renunció por fax, Fujimori cuenta en las encuestas. A esa parte que quiere el engaño, se le echa una carnada, el antichilenismo. ¿Clima antichileno en las elites? No, por mi parte no he escuchado una palabra hostil a Chile, ni en Toledo, ni en Alan García, Valentín Paniagua o Lourdes Flores, para citar los presidenciales del 2006. Al contrario, cuando mencionan la modernidad de Chile, ponen en cuestión su popularidad. Pero es verdad que cabe que Chile haga mucho más. No hay un buen manejo de la frontera marítima, o de apertura comercial. Y es hora de dejar de decir esa tontería de que el pisco es chileno, y que la chirimoya es “chilimoya”. Aun así, la inmensa mayoría de peruanos quiere paz y buena vecindad. Esta tarde fui de compras a Ripley, el público era numeroso, y no de feroces turbas antichilenas. Los peruanos tendremos muchos defectos, pero ingenuos no somos. Pero ustedes no deben dejar de pensar un solo instante que tienen un vecino complejo en la frontera norte, escindida y a la vez dinámica como la inmensa India. Donde algunos podemos intentar algo de claridad, pero también puede prender una causa fácil, la búsqueda de chivos expiatorios. Muchos somos los que queremos que los peruanos miren –como cuando Prada– los verdaderos causantes de nuestros males que están dentro y no fuera, pero si algún atolondrado “manager” de Lan pone videos, o a algún genial estratega en Santiago se le ocurre venderle armas a Ecuador en plena contienda, pues vamos fritos. Los unos y los otros. 

Nota. Una mañana, recibo la llamada de Luis Alberto Pino Gumicio, de La Tercera de Santiago de Chile, a quien agradezco haber publicado esta nota tal como ahora la conoce el lector de La República. Por mi parte no añado nada, salvo tres cosas. Uno, la cita entre presidentes Lagos y Toledo no ha servido gran cosa. No es el gobierno de Lagos sino el Estado chileno el que deba pedir disculpas. Dos, siendo importante esta querella, hay temas más urgentes. Tres, el “affaire” de la venta de armas en Ecuador en plena contienda, iniciativa de Santiago, revela en cuánto ellos tampoco han resuelto el tema de la prevalencia del poder civil sobre el militar, requisito de toda democracia. Cuando hubo esa venta, inadmisible, gobernaba aquí Fujimori y allá, aunque les duela admitirlo, Augusto Pinochet; ya no presidente, pero siempre Pinochet.

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Sabatina, 30 de abril del 2005

¿A la presidencia? Ni amarrado

 

Hugo Neira

"¿A la presidencia por obligación? ¿Por qué habríamos? ¿No dice usted que la
sociedad ya se maneja por su cuenta y nadie obedece nada ni a nadie"


Vuelve a verme uno de mis estudiantes de la Papúa Nueva Guinea de los tiempos en que yo dictaba unos cursos de antropología política para jóvenes descendientes de antropófagos. Teihotaatamaraetefau, de nombre Vaitea, uno de los mejores. No sé cómo ha logrado entrar al campus de esta universidad limeña donde trabajo, suelen ser muy estrictos en los controles de entrada.Me preparo a lo que me va a decir, a sus ideas estrafalarias que me dejan un reguero de sentimientos encontrados, sorpresa, angustia, desconcierto y dolor de cabeza.

 

—¿Cómo le va Vaitea? me escuchó decir. Trato de aparecer cordial y muy atareado. Teihotaatamaraetefau, largo, alto y longilíneo como su patronímico, como siempre tiene alguna dificultad para acomodarse.

—Va mejorando, profe. Esta oficina es más grande que la de la última vez, dice mientras comienza a mirarse la punta de las uñas en ese gesto de sobrado que tiene.

—Vaya al grano Vaitea, dentro de veinte minutos tengo que dictar clase. Yo no me gano la vida paseándose como Usted. Ni me hace caso y se acomoda.

—Mire profe ¿no se caliente, ya? No me voy a quedar mucho rato, estoy trabajando en un informe para una  ONG sobre la ausencia de sapos en Cajamarca por culpa de la Minera, así que rapidito sobre la situación. O sea presidencial. Escuché la otra noche al doctor Paniagua. En una lección inaugural en la Universidad Ricardo Palma. ¿No me vio usted? Yo estaba muy atrás, pero lo escuché entero. Muy interesante el doctor Paniagua. Articulado, coherente, con visión. O sea, hallé que al menos un político peruano es un hombre de Estado.

—¿Y? ¿A dónde quiere ir, Vaitea? Desembuche.

—Bueno, el caso es que también escuché, tiempo atrás, al doctor García. En una ceremonia también académica, cuando presentó a un político chino que venía de China, en la Universidad San Martín de Porres, y habló. ¿Sabe una cosa, profe? Se nota que ha sido Presidente. Y como yo escuché en las clases de usted decir que los sudamericanos no saben distinguir entre gobierno y Estado, vengo a decirle que al menos hay dos que sí tienen criterio de Estado.

—Bueno, Vaitea, no me haga perder tiempo. O sea que no hay problema para el 2006, uno de los dos gana y ya tenemos a un hombre de Estado en el gobierno y el otro en una oposición sensata y civilizada. ¿Es eso, Vaitea?

—No pues, profe. No es eso lo que le vengo a decir, no estamos seguros de que ni uno ni otro sea presidente.

—¿Cómo dice Teihotaatamaraetefau?

—No, pues. Ni uno ni el otro se anima. El doctor García sabe que si se junta el antiaprismo de derecha y el antiaprismo de izquierda, pierde. Y al doctor Paniagua sus aliados naturales, la gente de la Unidad Nacional, le cierran la posibilidad de alianzas en las filas de la izquierda. Y por eso don Valentín se lo piensa. Puede ganar pero gobernar le va a ser  muy difícil. ¿Sin partido de masas? ¿Con tanta “protesta”?

—Vaitea, al grano, al grano.

—El grano es que nadie quiere ser presidente, profe. Tampoco el alcalde Castañeda, ni loco. Así que vengo a decirle que la solución está en hacerlo obligatorio.

—¿Qué me dice ?

—Si pues, profe. Los peruanos, con el voto libre, ya lo ha dicho Ántero Flores-Aráoz, menos de un 7 por ciento de electores. Este es el país más libre del mundo, el 70 por ciento no paga impuestos, nunca hubo servicio militar obligatorio, un millón de niños abandonados, no quieren parlamento ni partidos, nadie  quiere cargar con el muerto, o sea, la responsabilidad del poder, y entonces hay que elegir Presidente mediante un  SSNPO.

—¿O sea? digo con un hilo de voz.

—Servicio Salvación Nacional Presidente Obligatorio.

—¿A la presidencia por obligación? ¿Por qué habríamos? ¿No dice usted que la sociedad ya se maneja por su cuenta y nadie obedece nada ni a nadie?

—Para tener a alguien a quien echarle la culpa, pues, dice Vaitea, clavándome la última puñalada. Esta es una cultura cristiana, necesita una víctima, alguien a quien crucificar. Para subirlo al gólgota del poder.

—¿ Y si no quiere, el desaventurado?

—Si se resiste, pena de muerte. Habrá que reformar la Constitución. Así el ambicioso que acepta, ya sabe a qué se mete. Mire profe..

Lo empujo a empellones hasta la puerta. ¿Será verdad que si en Perú nadie quiere obedecer, entonces nadie puede mandar? Después de lo que ha pasado en Ecuador, !un Presidente a la fuerza!  Maldito Vaitea, de repente tiene razón.

Posdata. Amarrado: sujetar a alguien con cuerdas y cadenas para que haga algo. María Moliner, Diccionario del uso.

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Sabatina, 19 de marzo del 2005

¿Voto voluntario? Voto en contra

 

Hugo Neira

"Hay que ir a votar, y votar bien. Y aceptar al menos eso, el privilegio del error
compartido, si volvemos, otra vez, a equivocarnos"


¿A quién le gusta la obligación? A nadie. Pero por imposición, cada día, acudimos a muchas cosas, al trabajo por ejemplo. Somos libres, pero, qué duda cabe, al vivir en sociedad, en nuestras pobladas ciudades o en la más modesta de nuestras aldeas, no lo somos del todo. No podemos salir desnudos por las calles, ni podemos aparcar –o cuadrar como decimos– el auto en medio de una plaza de armas. No podemos hacer lo que nos viene en gana. Ahora lo que no surge del íntimo querer es coerción y norma. Pagar impuestos, pararse ante la luz roja (para no matar a alguien) y, aunque discrepe de muchos, ir a votar aun no quiera hacerlo. Escribo estas líneas cuando el voto voluntario vuelve a la agenda del Congreso.  Reforma constitucional a la que me opongo. Con las armas de la razón. Dos son las tesis para adoptarlo.

Se argumenta, en primer lugar, la no obligación del voto en Estados Unidos. Ciertamente, los ciudadanos norteamericanos no están obligados a ir a urnas, pero lo que no se está diciendo, lo que se escamotea, es señalar que en realidad votan muchas veces entre una presidencial  y la siguiente, votan para elegir jueces, comisarios, sheriffs, para gobernadores, alcaldes; votan, votan, votan, van a las urnas unas 17 veces. Ninguna democracia exige mayor participación. Se entiende entonces el voto voluntario. Y he dejado fuera del debate el que en el Norte cuenten con instituciones que no tenemos, una tradición y costumbres democráticas desde el siglo XIX, como lo explica Tocqueville. Un poco, pues, de sinceridad. Aquí estamos en el comienzo de la construcción de Estado y ciudadanía y no para lujosas abstenciones. ¿A este país, al borde de la desobediencia, lo empujan además a no votar?

¿Qué es votar?  No es solo darse mandatarios que luego nos traicionen, algo hay de cierto, y es eso que alimenta la desconfianza general. Pero señalo, el voto es un contrato, un acuerdo. Algo entre un Estado y quienes habitan un territorio y una sociedad, o sea, los ciudadanos. Ahora bien, un ciudadano no es un individuo, que puede aspirar a la felicidad de no tener obligaciones, sino el mismo individuo con derechos y deberes. En fin, no me alcanza el espacio para explicar, ahora, a Rousseau. Así las cosas, me preguntaba si el sentido común había emigrado del debate. Felizmente no. Hojeando diarios, hallé una carta de lector, muy cuerda. La firma Rolando Calderón, a quien no conozco personalmente. “¿Qué representatividad puede tener –pregunta– un gobernante elegido por una real minoría de ciudadanos?”. En el colofón a su carta añaden los editores: “En la encuesta de Apoyo, el 62 por ciento de los limeños está a favor del voto voluntario, pero tiene usted razón, el tema merece pensarse antes de una reforma definitiva”. Vaya, es lo que aquí hacemos.

El segundo argumento a favor del voto voluntario es una brillante falacia. ¿Cómo va a ser bueno algo que nos imponen? Lo usan algunos políticos; eso es coerción, dicen escandalizados. Pero mi querido Víctor Andrés, la práctica del Estado es eso mismo, “el uso de la violencia legítima” (Max Weber). Violencia real y simbólica, se entiende. Claro que puede obligarse a muchas cosas, a ir a la guerra por ejemplo, que es peor que votar, y en nombre del bien común. Sí, pues, ¿donde está la novedad? ¿No sustenta aquí y en todo lugar, juzgados, fronteras, y cobranzas coactivas? El Estado emergió como esa fuerza que impuso la ley en sociedades del tumulto, eso es Hobbes, el Leviatán, un mal necesario. Así nació el Estado liberal, ante el  desorden.  Pero claro, en este país en que hubo que esperar a Fujimori para aceptar la obligación del impuesto y donde nos pasamos la era republicana sin el servicio militar obligatorio, solo reclutaban a los pobres inditos, el argumento que estimula la dejadez cae a pelo. En fin, otros muy calculadores esperan sacar provecho de la tendencia al no-voto que llaman “facultativo” a sabiendas que, si se aprueba, los que acudan a urnas serán pocos. Es un pobre cálculo. Espero que no lo suscriban partidos y tendencias populares. Sería casi confesar desconfianza en el sentido común de esas mismas masas populares. No hay que creerlas irracionales. No lo son las 1,800 mesas de diálogo en este país. Hay que dejar de soñar que se pueden manejar los retrasos. En fin, pienso lo peor. El derecho al no voto, en las circunstancias peruanas, otorga legitimidad por entero al desapego, a la anomia. Sería una ley para separar y no integrar sociedad e instituciones. Un tiro a la sien de la República. Un truco de politiqueros. Una trampa. Cuidado, peruanos: los invitan a vivir como extraños en su propio país. Ya llegarán tiempos felices en que merezcamos, como decía Borges, no tener gobiernos. No en el Perú actual. Las condiciones históricas, anímicas, morales, que impusieron como sentido común el voto obligatorio en 1931 no han desaparecido. Hay que ir a votar, y votar bien. Y aceptar al menos eso, el privilegio del error compartido, si volvemos, otra vez, a equivocarnos.

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Sabatina, 05 de marzo del 2005

Política. Mitin y raje

 

Hugo Neira

"Los textos clásicos dicen que política es “aceptar la pluralidad” (H. Arendt). Pero eso
será para el planeta entero, no para Lima"


Este espacio a veces lo ocupan crónicas gozosas, tratan de ideas y de libros, vienen de mi propio interés por la aventura del saber contemporáneo, que confieso sin duda desproporcionado, Otras veces son hijas del deber ciudadano, atienden urgencias y ruido de la cosa pública, y sino penosas, son urgidas. Al ser crónicas políticas, suelen ser, entonces, recuento de lo incierto, caviloso registro de nuestra disponibilidad para la catástrofe.

No estuve de cuerpo presente en la noche del mitin de la fraternidad en Alfonso Ugarte, preferí a la tribuna de la prensa la pequeña pantalla, menos mal que transmitía el Canal 13, quise ver el mitin desde esa perspectiva, el de los medios. Me preguntaba mientras desfilaban las cohortes nocturnas del entusiasmo aprista, los gestos de Alan García de abrazar simbólicamente a cada agrupación que pasaba, lo que sentiría la gente que veía todo eso, en casa. Jorge Basadre cuenta que desde que aparecieron “los batallones disciplinados del aprismo” (en los años treinta, no tan lejanos. ¿Qué es el tiempo en el Perú?) parte del país lo adaptó y parte lo rechazó. Esa dicotomía no ha desaparecido del todo. Alan García promete  estudiar si es o no candidato (y de esto, en otra sabatina) a la vez que prolonga gestos y maneras del fundador, la vocación pedagógica por ejemplo, ponerse a explicar qué pasa en China e India, y el atento silencio en la inmensa aula callejera de Alfonso Ugarte fue imponente. ¿Será eso que le envidian y critican? ¿Sacar la política de las reuniones de expertos, hablar sin powerpoint y sin papelito? El aprismo fue siempre una escuela, lo he dicho en algunos de mis libros (Hacia la tercera mitad, p. 413). Lo reducen sus detractores a demagogia, no es eso. Barrantes hacía algo parecido, y Fernando Belaunde, y Héctor Cornejo Chávez. ¿Y qué culpa tenemos que los políticos de ahora no puedan construir un discurso público, llano y sin tropiezos verbales?

Casi nos habíamos olvidado de que cambios de gabinete y escándalos no son toda la política peruana posible. Como la palpitación del corazón no son sus infartos, al contrario. En otras palabras, vuelve la multitud. Quien lo entendió también fue Valentín Paniagua que salió de giras, aunque puede que estas estuvieran ya organizadas, me queda la duda, coincidencia o respuesta. No abordaré, por ahora, si será posible el “frente social”. Ni si son posibles las otras alianzas, las que se tejen, Javier Diez Canseco, Yehude Simon, entre otras. Sean cuales fueran, por mi parte pienso que el 2006 se presenta problemático para todos. Será difícil llenar urnas. Y aun más gobernar, dada la legitimización de la acción directa de estos años. Lo cuerdo son tejidos fuertes, y lideratos flexibles, pero más de un político se está poniendo de espaldas a un país violento, repitiendo y no corrigiendo en sus gestos la intolerancia de los grupos armados. Casi no hay diferencias.   

Hoy por eso comento ciertos comentarios, y actitudes. En los días que siguieron, los ecos de ese arranque de campaña –eso fue lo del 22 de febrero pasado– tuvo resonancia más bien ecuánime, en la televisión Rosa María Palacios, y en la prensa escrita. En esto último, destacaré dos notas. La de Gustavo Gorriti, domingo 20 ‘El factor Alan García’. Y la de Mirko Lauer el mismo domingo, ‘AGP, forcejeando en el zapato chino’. Ambos en este diario. Si el lector se las ha saltado, ahí tiene la página web. Valen la pena. Pero al día siguiente del mitin de Alan García hubo un almuerzo o cena. O sea, se fueron a comer juntos una representación muy graneada de la clase política. Y se dedicaron a rajar. Estaba presente la periodista Carmen Mendoza Arana que publicó lo suyo, y hasta con foto (Perú.21, domingo 20, p. 3). Libre cada quien de irse de boca, ¿pero delante de forasteros? En esa mesa, Rodrigo Rato, español, nada menos que director general del FMI.

¿Este país tiene comentaristas de política pero no actores? En todo caso, ¿actores que renuncien a construirse contra otros? Como esa actitud es de lo más corriente, el 2006 promete ser de lo más caníbal, y no será por culpa nuestra, medios y prensa. Los textos clásicos dicen que política es “aceptar la pluralidad” (H. Arendt). Pero eso será para el planeta entero, no para Lima. El “otro” no existe. Rato solo escuchó una prolongada diatriba. Ahora ya sabe el español porque estamos como estamos, bastante mal, y con la posibilidad tan peruana de empeorar. El acuerdo nacional no ha entrado en las costumbres. Y después decimos ¡Chile! ¡Lula! Me sonrío. Al gobierno del chileno Lagos le precede una larga convivencia entre gente dispar. Y en cuanto a Brasil, se olvidan de que antes que el actual, gobernó un centrista moderado. Mi querido Hildebrandt, el problema no es de dónde sacamos un Lula sino de dónde un Cardoso. No será de esa cena de políticos criollos que rodeaban a Rato. Esta no es, todavía, una sociedad de posguerra.

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Sabatina, 19 de febrero del 2005

Arte rupestre

 

Hugo Neira

"Si dar subsidios es populismo, todas las economías son populistas. Lo cual, sólo
decirlo es un disparate"


Fin de vacaciones, que en mi caso fueron de viajes por dentro y por fuera. Lo que se llama parar, realmente parar y tumbarse bajo el sol por un largo rato y no hacer nada, francamente no sé hacerlo, y acaso como muchos, vacaciones llamo a cambiar de actividad. Y uno retorna, desde luego, cargado de ideas y trofeos, un poco como los antiguos cazadores, de ahí venimos todos, grandes corredores,  nuestros verdaderos ancestros, del “Homo habilis” que aparece en África hace 2 millones 600 mil años, del “Homo sapiens” hace 30 mil años. O sea nada, ayer. Y con los hábitos de caza, el hombre capaz de simbolización. Con el córtex frontal ampliado, el que ve lejos: lenguaje y herramientas mentales. Anticipación.

La presencia de la imagen antes que la cosa misma. Y de esto quiere tratar en esta primera crónica del retorno. Del arte rupestre que practicamos de inscribir en los muros de piedra de la opinión algunas representaciones. Contrariando a veces lo que se comenta al fondo de la caverna tribal, en la noche oscura de la desinformación. Entre los temas, uno de inmediato. El de los subsidios no a los pobres sino a los muy pobres, a los de la extrema miseria. Dejaré de lado para no hacer plañidera esta crónica, lo que el mismo Darwin llamaba “el sentimiento moral’’  que separa al hombre de animales inferiores. Acudo al orden de la razón. Y nada mejor que hacer una pregunta, una sola, la siguiente. ¿En qué economía del mundo no se atiende con subsidios a la extrema pobreza? La respuesta es que en ninguna. O sea, todas subsidian. Por angas o por mangas, el Estado paternalista europeo y el  Estado liberal, Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda, todos los emplean, recursos gubernamentales de subsidios al paro en Francia, Suecia o España, o por vías federales, a la americana, a través de iglesias protestantes, por todo lado. Ahora bien, si dar subsidios es populismo, todas las economías son populistas. Lo cual, sólo decirlo es un disparate. Pero a eso lleva el absolutismo de la opinión.

¿Y por qué, incluso las economías liberales? Además de las razones morales y religiosas, por pragmatismo. Todo el mundo, lo que se llama todo el mundo, ha aprendido la terrible lección de 1929.  Seamos claros, temor a que el bolsón de excluidos, de no compradores, se vuelva de la noche a la mañana, masivo. El capitalismo avanzado ha disminuido y contraído el número de sus miserables, pero siempre existen pozos de desdicha, situaciones de la que es difícil escapar, cuando se combinan desempleo, mala salud y abandono. Preguntaba  hace poco en New York qué era un verdadero marginal. Una mujer, fue la respuesta, “de color, sin educación, madre soltera, enferma y sin trabajo”. ¿Y a esa, aquí le dirían nones? Más o menos, el que está abajo que se friegue. Se necesita no solo carecer de alma sino de cerebro.

Por lo demás, comparto prevenciones. Es evidente que no sabemos situar la frontera social entre la ancha pobreza y  la extrema. Y digo que no le falta razón a quienes se oponen en confiar en un gobierno de salida el manejo exclusivo de esos recursos. Pero de ahí a responder como muchos lo hacen en las encuestas, que nada de darle cien soles a los que boquean de hambre, hay un paso que nadie debería franquear. Se entiende la reacción de Monseñor Bambarén. Para respuestas más matizadas se precisan otro tipo de encuestas. El estar usted a favor o en contra no incita a la sensatez. Retorno al paleolítico inferior, cuando el hombre no razonaba demasiado.

La otra cuestión que dejo para crónica venidera es la manera cómo en estos mismos momentos se encara en las sociedades europeas un tema tan decisivo como el referéndum por la nueva Constitución. Y la manera cómo estamos encarando aquí el tema del Tratado de Libre Comercio. Allá se informa sobre el porvenir con debate amplio e intenso que va de foros públicos a universidades. Aquí, lo del TC ya convenció a muchos sin mayores explicaciones. O puso a otros hepáticamente en contra. Así nos va. Lo propio del hombre dicen los paleohistoriadores es la anticipación. Del hombre puede, del peruano, la cosa es relativa, rapidito nomás. Pero si hay controversia en el Congreso, ahí estaré, de oyente, para intentar entender. ¿Por qué?, dígame lector, ¿Usted está al tanto? ¿Cómo vamos a cazar al Mamut americano o al chino, si el trazo rupestre, la simbolización de lo que espera fuera, en nuestra patriótica caverna está mal hecha?  

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Sabatina, 13 de noviembre del 2004

¿Tres poderes y un solo Dios verdadero?

 

Hugo Neira

"La fuente de Soberanía reside en el pueblo. En la Voluntad General.
Y esta se expresa en el voto"


Cuando niño, con la crianza de unas abuelas arequipeñas y devotas a la antigua, me aprendí lo de la Santa Trinidad, la paradoja de un Dios Padre, un Dios Hijo y un Dios Espíritu Santo, "tres figuras distintas y un solo Dios verdadero". Hoy que uno peina canas, asisto a la querella entre poderes republicanos. Para los viejos cristianos, la cosa está resuelta desde los primeros Concilios, desde el de Nicea. La unicidad de Dios es un acto de fe. Entre republicanos creía yo, iluso, que también la cosa estaba resuelta. Tres poderes pero no tres Estados. Esto me creía, hasta la crisis de estas últimas semanas.

¿A qué estoy aludiendo? Al conflicto de competencias entre el Poder Judicial y el Ejecutivo que estalló hace varias semanas, cuando "Hugo Sivina insta a que se respete la autonomía presupuestaria judicial" (titular del diario El Comercio) Lo que sigue, lo conocemos, pero por un prurito de claridad, prefiero resumirlo. Carlos Ferrero tercia para exigir mayor eficiencia, lo cual es tomado como un agravio. Llueven comentarios, el doctor Hugo Sivina insiste en que el respeto a la autonomía presupuestaria se le concede en la Constitución. "Gobierno da marcha atrás y se le ampliará presupuesto" (La República, 28 de octubre). Y entre los comentarios, escucho cosas como "el poder judicial se le ha cuadrado al ejecutivo", dichas por eminente jurisconsulta. Me callé un tiempo, para ver lo que pasaba. Pero el debate se fue por las ramas.

No soy jurisconsulto, pero sí profesor de Ciencias Políticas y como dicen los europeos, " y Morales". Nuestra doctrina republicana no es nuestra, es de Montesquieu, es de Rousseau. Y es, como universal, extremadamente sencilla. A saber, la fuente de Soberanía reside en el pueblo. En la Voluntad General. Y esta se expresa en el voto. Todo el resto, Cámara única o bicameralismo, presidencialismo o parlamentario, son modalidades, aplicaciones. Lo esencial es la noción y la práctica de la Soberanía. Y esta se ejerce por un único Mandatario. Lo siento mucho. Y me da igual que hoy sea Alejandro Toledo o mañana Perico de los Palotes. (Y otra cosa es si hay carencia de liderato, como señalan Rospigliosi y García-Sayán. Pero no discuten el abuso sino la falta de uso). Quiero ser por mi parte claro. Nosotros, ciudadanos peruanos, no votamos por tres Presidentes. Por ejemplo, el Presidente del Congreso es legítimo, pero hasta que no adoptemos otro sistema, sale de una emanación indirecta de la voluntad general. En cuanto al presidente del Poder Judicial, sea o no el doctor Sivina, y mañana otro, no lo elegimos en urnas. Hay tres poderes pero no hay tres Jefes de Estado. Y lo del presupuesto, aquí y hasta el fondo del mapa universal de las democracias, es cosa del poder central.

No hay tres Estados, a ver si lo entendemos. Si lo de la consubstancialización cristiana del Padre, el Hijo y el Espíritu no es acto de razón sino de fe — y según el padre Sahagún en sus misiones mexicanas, los indios se tragaban todo lo de la teología misionera pero el tema de la trilogía se les hacía cuesta arriba— lo de un sólo Estado y tres funciones separadas no es sino acto de razón. No se le ocurrió ni a nuestros ideólogos, ni a los Libertadores que se traían la lección aprendida, sino al sensato Barón de Montesquieu (libro II, L’Esprit des lois). Cómo el poder siempre es un mal, es atinado dividirlo en Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Pero Montesquieu no dijo que esa separación ejercida por autoridades diferentes, fueran tres Estados. Poderes, emanaciones, no entidades separadas, cada cual con sus rentas. Qué lo iba a decir, si su modelo era la Inglaterra de su tiempo, donde la función decisiva era confiada a un solo Monarca.

Pedir, exigir mejores rentas para el PJ es una cosa. Y se entiende que las necesite. Otra cosa declararse un Estado por su cuenta. Muy bien, razonemos, como hacían nuestros claros ingenios en el colonial Colegio de San Carlos, por vía del absurdo. ¿Por qué no se dota, el PJ, de una policía propia? ¿Y por qué no de una fuerza armada propia? Puestos a delirar, ¿por qué el PJ no cobra impuestos directamente y al diablo quien se halle en el debilitado Palacio? En fin, vayamos más lejos, osemos. En el 2006 no elijamos Mandatario alguno. Sólo jueces. Seamos originales. Adiós al Estado. ¿Cómo no se les ha ocurrido tan sencilla idea a las otras 200 naciones del planeta? Son unos quedados, y nosotros, habilísimos, moscas, bacanes.

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Sabatina, 25 de setiembre del 2004

¿Protesta social y voto conservador?

 

Hugo Neira

En nuestra galaxia existen un tipo de estrellas particulares, las llaman estrellas de neutrones, en otras lenguas "pulsar". Se trata, según la astronomía, de objetos celestes que intrigan por ser dobles o binarias. Ahora bien, la referencia estelar no es sino sugerencia metafórica: la pedestre realidad también puede ser enigma y contradicción. Es nuestro caso. Voy a referirme, entre otros muchos signos de estos días, a un par de ellos, significativos. Por un lado, a la Protesta social. Por otro, a la intención de votos. Calificaría a esto último, sin agravio de nadie, y de inmediato me explico, de clara y neta tendencia conservadora.

Llamo a algo conservador de una manera lo más aséptica posible y sin intención despectiva. En el fondo ¿quién no lo es? Conservar la vida, la libertad, es instinto primordial. Estoy diciendo otra cosa. No que esas personalidades y partidos y simpatizantes sean reaccionarios o retrógrados. Si lo pensara lo diría. En el sinónimo de conservar está proteger, preservar, guardar. Se proponen, pues, guardar el modelo económico, preservar la democracia y proteger la ley y los derechos individuales. No se puede sino aplaudir. Pregunto otra cosa : ¿podrán gobernar?

Llamo aquí "Protesta", a falta de un concepto para esta nueva sociología del conflicto cotidiano, al conjunto de intensas y desperdigadas movilizaciones sociales. Hablo de alcaldías repudiadas y sitiadas. Paros agrarios. Carreteras tomadas. A los Ilaves y Tingo Marías y "arequipazos". Los conocemos por separado, y por eso acaso se piensa que no son tan importantes. Pero cifras cantan. El Ministerio del Interior considera alrededor de 8000 protestas al año. Una media de 23 por día. Sin embargo, las encuestas y acaso mañana el voto son de una placidez sorprendente. Viene de puntero Valentín Paniagua, luego Lourdes Flores Nano. Que se me permita agregar el voto por Fujimori. El conjunto forma un panorama –seamos sinceros– más que tranquilizador, impávido. Como si en este país socialmente no pasara nada. País de la posguerra civil, desmemoriado, y ahora ¿los conservadores al poder? ( La cuestión Alan García, la de un eventual " outsider" y una izquierda emergente, son temas que trataré en otra ocasión) Así, sin más demora, iré al bulto. El timing de lo preelectoral, por exquisito, no se condice con la psicología de masas actuantes y sonantes. Sin embargo, coexisten "Ilaves" e intención cauta de votantes.

La Protesta: millares de peruanos marchan a cada momento y en diversos lugares contra alguien o contra algo. Acabamos de tenerla en el centro de Lima, de pensionistas. Por cierto, no soy prolijo, ¿cómo serlo? No me detengo en las causas, por profundas son de todos conocidas. Tampoco insinúo alguna orquestada intencionalidad. Tumultuosa, heterogénea, la Protesta es diversa. La táctica popular de cuestionar el poder chico o grande es tan descentralizada como la iniciativa informal para montar negocios propios. No siempre la agitación es contra una autoridad (alcalde, mina extranjera, Congreso). Muchas veces es guerra abierta entre sectores por igual populares: Cañete y Chincha que se disputan por una frontera porque por ahí, Camisea. El magma de la Protesta tiene el poder de lo inesperado. En suma, lo que sorprende es la disparidad entre el país peruano del voto, como en el pasado siempre inclinado a lo prudente, a la ceguera ante lo real, y al frente, una nación popular alzada, a la que el ceremonial del poder constituido la tiene sin cuidado.

Sin duda alguna, ninguna sociedad es homogénea, las habitan estados de ánimos mezclados y confusos. Pero con todo, que se me conceda el derecho al asombro. ¿El mismo país que explosiona segrega un voto conformista? Hay por lo visto un masivo electorado que quiere mejorar de vida, quién no, pero ahorrándose cambios. Suave nomás, votar por gente ponderada ¿sin partidos fuertes, sin agentes políticos para tornar la protestación en negociación? Todo esto señala nuestra innata disponibilidad colectiva para producir catástrofes. En los días de Belaunde no existía un país al límite de la ingobernabilidad. Pero hoy, al día siguiente del acto de sufragio, la calle y las aldeas deslegitimarán a quien gane, a punta de llantas quemadas, piedras enviadas con hondas, paros gigantescos, en demolición inacabable de un presidencialismo surgido de las urnas, el que, sin la magia del carisma, no podrá ejercerse. Está cantado. Nos vemos el 2007.

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Sabatina, 28 de agosto del 2004

¿Ha dicho usted populista?

 

Hugo Neira


¿Se han fijado que Andrés Oppenheimer desde Miami llama a Hugo Chávez "populista de izquierda"? ¿Habría, entonces, un populismo de derecha ? Cabe preguntarse cuándo es uno u otro. Uso y abuso de un término lleno de ambigüedades. El concepto de populismo, para desgracia suya, se ha vuelto popular, dice la muy doctoral Encyclopædia Universalis. En efecto, la usaron antes que nadie los rusos en el XIX –rusos y no soviéticos– para designar a gente de su intelligentsia, es decir, escritores y artistas que se iban a alfabetizar a los aldeanos a fin de despertarlos del yugo zarista. Los "narodnichestvo". El epíteto lo colgaron los bolcheviques con desprecio a esos soñadores que perdían tiempo en educar a las masas en vez de encuadrarlas férreamente. Ellos, eso hicieron. El resultado: 1917, es decir, una revolución en un país de masas incultas.

Después el uso se hace indiscriminado. En los Estados Unidos y en años de crisis, fue tratada de "populista" la inusitada propuesta del New Deal. En los cincuenta, los macartistas, luego Ross Perot. Hoy en Europa los designados son Le Pen y el austriaco Jorg Haider (en realidad son de extrema-derecha, y lo dicen). Pero antes se lo colgaron al general De Gaulle, al general Franco, por igual a la gente del Ku Klux Klan y al presidente Nyerere de Tanzania. En suma, cada vez que hay sorpresa para políticos y para politólogos, reaparece. Populistas son por igual el italiano Berlusconi, aunque en este caso tiende a decirse "telepopulismo", el francés Bernard Tapie, Carlos Menem y Alberto Fujimori.

El término tuvo su momento de auge en las cátedras sobre la América Latina de los años sesenta y setenta, al designar algo concreto: el populismo latinoamericano. Fue una manera de abordar comparativamente regímenes "nacional-populistas", el de Juan Domingo Perón en la Argentina y Getulio Vargas en Brasil. El aprismo aparece como una tendencia al no llegar al poder Haya de la Torre. ¿Qué los caracteriza? Tres rasgos, movilización de clases populares "en estado de disponibilidad" (Gino Germani). Luego, el rol de los líderes carismáticos, Perón o Víctor Raúl, no por azar, grandes oradores. Por último, una particular concepción de la política al servicio de la defensa de la nación (casi en los términos de De Gaulle). Como no predicaron lo de clase contra clase, los detestaron los comunistas. Como querían una nación, los repudia el orden oligárquico al que venían a quebrar, y que, en casos, quebraron.

El experimento populista supo generar prolongadas lealtades. Se equivocaron, hay que decirlo, en lo económico. Se excedieron en confiar al Estado la responsabilidad de la modernización industrial. Sin duda ambiguos, con fracasos rotundos (pero no el caso del Brasil, México ni en la España de Franco) merecen una reflexión imparcial, ya es tiempo. Un buen trabajo: Ghita Ionescu, Ernest Gellner, Populism: Its Meanings and National Characteristics, 1969. Hoy se usa para colgárselo a tirios y troyanos. ¿Margaret Thatcher, Nasser y el venezolano Chávez por la común capacidad de seducción? Absurdo.

Si todo lo que aparece y nos disgusta, desde la izquierda o la derecha, es populismo, entonces no quiere decir ya nada. Cuenta saber quién usa el concepto para descalificar. Lo vemos al uso, y por casa, en dos familias de absolutistas. Los partidarios de un liberalismo económico sin Estado y los marxistas de la revolución con solamente ellos a la cabeza. Así, en cuanto Valentín Paniagua o Lourdes Flores toquen el tema del "gasto social", saldrá a lucirse el sambenito de populista. Ya se lo cuelgan, obviamente, a Alan García, aunque jure que no echará a andar la maquinita, no puede (Constitución de 1993). Y se lo cuelgan a Toledo, El Comercio (martes 24) por reparto de recursos a Alcaldes, acusado de "asistencialismo gubernamental". ¿Estarán ciegos? Los populismos latinoamericanos aparecen por falta y no por abuso de políticas socialdemócratas de largo plazo. Cuando se tiene un Felipe González, un Mitterrand, un Tony Blair, no se necesita de un caudillo corrector, caso de Venezuela. Pero aquí en Lima, pese a que el país arde de demandas, gritan "populista, populista", en cuanto se habla de gasto fuerte en los propios peruanos, es decir, en escuela, comida y becas. Pero en provincias quieren obritas, para inaugurar y quedar bien. Y ser reelegidos.

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Jueves 29 de julio de 2004

¡Uf!  Se evitó lo peor

 

Hugo Neira


Dos tiempos, más que  dos temas, pueden subrayarse, me parece, en el discurso presidencial. Un primer tiempo político, fuerte. Primero se anunció el restablecimiento de un diálogo de poder a poder, vale decir, entre Toledo y Ántero Flores-Aráoz, en nombre este último de un Congreso pasado a las manos de la oposición. Pero lo fuerte vino de inmediato con la exhibición de copias de sendas cartas que autorizan "una revisión de mi patrimonio personal y conyugal" (Toledo, dixit).

Ya sé, ya sé, no soy un lerdo ni lo es medio país para suponer que eso del "secreto bancario", presidencial o no, se investiga así nomás. Que la madeja de depósitos personales, ese u otros, son laberinto interminable y mundial. Cierto, lo de "cuentas bancarias" no es asunto para mañana o pasado mañana. Pero, pregunto, ¿qué final de julio y mes de agosto hubiéramos tenido si el Presidente como ocurrió en otras ocasiones, en el caso Zaraí por ejemplo, retrasa su decisión?   No dar su brazo a torcer, en el presidente Toledo, es uno de sus fuertes y también, de sus debilidades. Bueno, la verdad, de no haberse producido ese anuncio, lo que seguía no era el ruido político, ya lo hay (y con todo, va a continuar)  sino el estruendo ilimitado de las más negras sospechas. Fue una saludable decisión. Un balón de oxígeno. Pero no va a disipar los rumores. En un programa de televisión al cual fui invitado, otros observadores y comentaristas del discurso presidencial se preguntaban, en términos futbolísticos, si el "partido" lo había ganado o no Toledo. Propuse la figura deportiva del período de prolongación. El suspenso, en efecto, continúa.

Por lo demás, el mensaje ¿cuántos ciudadanos de a pie le han prestado la necesaria atención? Las encuestas arrojan gruesas cifras de desinterés y hastío.  La desconexión entre política y Palacio y pueblo, nada de inmediato va a enmendar. Volviendo al discurso, después de ese primer momento dramático y político de la luz verde a las investigaciones personales de su secreto bancario (la Constitución no lo obliga; no la ley sino la moral) vino lo de siempre, la retahíla de obras gubernamentales, desde carreteras hechas y por hacer a alzas salariales. ¿Por que insiste tanto Toledo en esos detalles de corte economicista? Porque no tiene verdaderamente partido político, o sea, correas de transmisión hacia abajo, lo he dicho en otra ocasión. Tampoco tiene aparato de propaganda. Y entonces, con ocasión del discurso del 28 de julio ¡ahora o nunca! Es su obligación presidencial dar cuenta al parlamento, pero también es cierto que se dirige a un ciudadano remiso a creerle en materia de cifras y "chorreos".  La verdad, ante la lista de obras, que no era sino resumen de lo que se pidió a cada ministro, me comenzaba a aburrir cuando volvió a mis oídos otro pasaje político: casi al final, lo de la Reforma de la Constitución, lo de convocar una Constituyente. Ya veremos.

En fin, en estos idus de marzo o julio —como entre romanos, días decisivos— la elección de Ántero Flores-Aráoz marca el sonoro retorno de Palacio a la política. A la de verdad. Cuando se ignora al otro, no hay política. Cuando no se acepta el desacuerdo, no hay política. Cuando se sataniza al adversario, no la hay. Cuando se tiembla ante un paro y se le desacredita por violento (un mes antes). Que cada ministro se quede en su rincón, "trabajando" es gestión, pero no es política.  Los vendedores de odio deben ver con muy malos ojos que el Presidente del Ejecutivo se reúna con un Presidente del Legislativo en cuya mesa están los apristas y otras fuerzas opositoras. Sin embargo, cuidado con el triunfalismo. Minutos más tarde, era otro Toledo en la rememoración callejera del incendio del Banco Central. Se preferiría al que habló en el parlamento. Más ecuánime, menos triunfalista.  Cuidado con los idus de marzo, no  han pasado.

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Sabatina, 31 de julio del 2004
 

Vacancia y Realpolitik

 

Hugo Neira

Existe una palabra en alemán conocida en ciencias políticas y que conviene evocar en esta crónica sobre los trascendentales cambios de rumbo de esta semana. La palabra Realpolitik. No es muy difícil de entender: quiere  decir realismo. La invoco porque es lo que hemos dejado de hacer desde hace meses. Nos  ha ocupado, como ilusión o como preocupación, el fantasma de la vacancia presidencial. Ahora bien, creo que esa posibilidad acaba de cesar.

Hay otra distribución del poder, desde que Ántero Flores-Aráoz es presidente del Legislativo. Y acaso otra política para el presidente Toledo, paradójicamente robustecido por un tipo de gestión colegiada y el sinceramiento de cuentas privadas que los hechos le imponen.

Los lectores y la gente que me conoce saben que no tengo juicios y apreciaciones fundados en cálculos personales y menos hepáticos. Lo digo porque siempre repetí en privado como en público, dos cosas claras. Lo primero, no conviene la salida abrupta de Alejandro Toledo de la presidencia. No le conviene al Perú presentarse como otro país bamba. Lo segundo: en el conglomerado de fuerzas democráticas de oposición, poco o nada está preparado para enfrentar el desengaño popular. Y hablé, y a tiempo, del outsider, en otros términos que Hernando de Soto, como riesgo, no como opción racional. Reclamaba, eso sí, otra política. Creo que esa hora ha llegado. Releyendo "sabatinas" anteriores, me tropiezo con una en particular, donde anticipo temas actuales. Se  titula "¿2004 o 2006? ¡Dios santo!" y fue publicada el sábado, 3 de enero de 2004.  Reproduzco tres fragmentos.

En primer lugar, sobre impaciencia electoral. "Muchas cosas deja el 2003 sin empezar. Para muchos el año que entra, más que un bebé, tiene aire de mayorcito, un anticipado 2006. Comento un poderoso rumor, sin compartirlo. En 'Rueda de Prensa', el domingo pasado planeaba un fantasma, la vacancia presidencial para este 2004. Ni los comentaristas la quieren, menos este cronista, ni nadie, pero es lo que puede ocurrir." En segundo lugar, la impopularidad gubernamental. "En la sumaria historia de la presidencia toledista, fuerza es reconocer la paradoja de una impopularidad sin duda inmerecida, pero acaecida por actitudes del contorno familiar". Señalaba luego "… la obstinación a echar la culpa de la mala imagen al complot de la mafia montesinista, eximiéndose de la propia fabricación de inestabilidad".  En tercer lugar, el tema de los logros que por mi lado reconocía. "No dejaremos por ello de mencionar la macroeconomía, que va bien, aunque, como dicen los especialistas, "tarda en chorrear".

Ahora bien, estos tres temas tienen hoy alguna respuesta. Toledo ha aprovechado el discurso del 28 para enumerar los logros de su gobierno. Hombre, de 300 mil turistas a 934 mil. De exportar por valor de 7 mil millones a 10 mil millones. De 8 mil millones de reservas internacionales a 11 mil, un record histórico. Y lo dijeron diverso comentaristas: si resulta que el PBI viene creciendo desde hace 35 meses, si es cierto que eso no ocurría "desde los remotos tiempos del gobierno de Manuel Prado" entonces, habrá que mirar con otros ojos la presente administración toledista. Le duela a quien le duela.  Pero, ni es cierto que sólo hubo crecimiento con Fujimori. Cifras cantan, aunque es verdad que hay que mirar de más cerca aquellas avanzadas sobre reducción de pobreza, lo del " chorreo" o goteo.  Acaso está creciendo, como lo conversábamos con Matos Mar, por el lado de una capa de nuevos ricos discretos, en los Olivos. Pero eso no es todo. Si en los meses venideros se reúnen, regularmente como anuncian Toledo y Ántero Flores-Aráoz, y otras instancias superiores, entonces, cambia por completo la configuración de la situación política.

Lo Real-político es admitir lo que no nos gusta. Acaso Toledo siga cayendo a mucha gente mal, su dejo, su estilo, hecho de dudas y súbitas decisiones, pero la exigencia realista de la economía y la institucionalidad pasa sobre esos aspectos. Lo Real-político es hoy tres cosas. Primero, la salida de Toledo por ladrón o por ineficaz no es atendible. Puede que la calle siga sin creerle. Que le vamos a hacer. Como argumentación, la vacancia, de empresarios a gente con la cabeza despejada, ha perdido veneno. Dos: queda sin resolverse el tema de la insatisfacción social y la incredulidad, en general, ante todo discurso que vaya más allá de lo hepático. Tres: vuelve para todos la obligación de la política como gestión de conflictos con "el otro". Para la Oposición. Para Palacio. Mala época para los mercaderes de odios. Toledo ha aprendido a hacer política mucho más rápido que su contorno familiar y sus enconados aliados.

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