Nacional: Política/Educación Parte II

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Sabatina, 17 de julio del 2004

Friaje. Caloraje

 

Hugo Neira

“El paro es un derecho democrático”, el uno.  “Esta es una advertencia para el gobierno”, el otro.  Y patatín y patatán.  Uno ha vivido lo suficiente como para saber que en cualquier país, en materia de manifestaciones políticas, la contabilidad gubernamental no coincide jamás con la de sus opositores.  Y universal la metáfora de la botella a mitad llena y a mitad vacía según cada cual.  Pero no le quitemos el cuerpo al asunto: sobre el 14 de julio, la unanimidad de los diarios ha visto la botella medio vacía (Perú.21, Correo). “Jalón de orejas al gobierno”, dice suavemente El Comercio.  Se podría esperar enmiendas (de Palacio), lo grave es lo probable, como lo advierte ya algún consejero, es decir, dejar de escuchar la voz de la calle.  Añado, de avenidas enteras, de marchas de los conos.  Cierto, el paro no fue un parón, una salida brusca de régimen, pero paralizó varias provincias.  Pero creo que ni fu ni fa.  La oposición se ha debilitado a sí misma sin que eso robustezca a Palacio.  Es una paradoja.  Pero la razón peruana sigue rutas enredadas: una cosa no quita la otra.

Los chinos tendrán el ying y el yang, los griegos desde 2.600 años la tesis y la antítesis.  Nosotros, modestamente, esto y a la vez lo otro; como dice Bryce, el Perú es así pero también es asá.  Y como propongo: friaje y caloraje, yuxtapuestos.  ¿Qué fue, en efecto, ese 14 de julio? ¿Paro, huelga, ensayo de huelga general?  De todo.  Manifestación de manifestaciones, un aquí estamos y no solo en encuestas, y con esa multitud o multitudes (había tanta gente diversa que hasta se peleaban entre sí, y no solo con la policía) se ha paseado dramáticamente una “estructura semántica”.  En efecto, ¿por qué se usa paro y no huelga?  A mí me parecía que la huelga tenía la nobleza de la secular lucha de clases.  Se puede decir huelguista, pero, según el DRAE, no parista.  Acaso huelga, “abandono voluntario del trabajo”, es más corto en el tiempo y en el espacio, puede ocurrir en una mina o un banco.  En paro está implícita la idea de toma de calles, de paralización.  Ahora bien, si es por paralizar, lo que se llama parar de verdad, hace un rato que ni la CGTP ni el gobierno ni nadie para a los peruanos.  No lo hicieron tiempo atrás los 91 cortes de carreteras cuando los agrarios, cuando el ministro Rospigliosi.  Ni cuando el gobierno decreta “emergencia”, y la protesta continúa como si nada.  ¿Y qué es entonces lo que está pasando? Lo evidente: el país laboral, descuajeringado y todo, ha crecido más allá del Estado y de todo tipo de organizaciones.  Pasa, pues, que los peruanos son un pueblo de gente muy ocupada.  Con una religión: la chamba es sagrada.  Si a eso se asocia el temor, resulta claro. ¿Qué ha parado?  Transportes y escuelas, sintiendo una amenaza, cierta o aparente, la gente no envió a sus niños a la escuela.

Ocurre, pues, que se había desencadenado el friaje.  No el del Cusco y Puno, el otro, el de los medios.  Hombre, desde hace un mes, una campaña bien elaborada vino diciendo que el paro iba a ser violento.  Los de la CGTP pensaron que podían responder con el recalentaje clasista, error.  Lo de pacífica se lo creyeron solo los organizadores y no los muchos que se quedaron en casa; y aunque cumplieron, encima los felicitan.  No, si cuanto más tiempo pasa, este gobierno va aprendiendo las viejas artimañas del poder.  En la vereda de enfrentar, falló el caloraje ideológico, tiempo pésimo para cuestiones de principio.  Y ya sé que caloraje no es palabra admitida, pero tampoco friaje y lo usan.

El anclaje de unos y otros sigue fallando.  El de la izquierda gremial que reaparece con un programa sin reciclaje.  En el aguaje, los gremios se colgaron de un propósito mayor: renuncia de Toledo. Ya pueden esperarse sentados.  Lo que no quita que el peritaje al gobierno continúe.  Así somos, iremos dando tumbos hasta el 2006.  Ahora bien, lo del mestizaje clasista étnico provinciano no ha cesado.  Me refiero a esa forma de hacer política fuera de los partidos, de alto voltaje, pateando y expulsando alcaldes corruptos, de Ilave para adelante.  Y esos no están en la CGTP, ni en el APRA ni en PP, ni en el Sutep ni en los Humalas aunque se hagan presentes.  Eso sigue creciendo, y a ese no se le puede felicitar por su “madurez cívica” como lo ha hecho el presidente Toledo con los del paro.  Linchan alcaldes, queman locales del Estado.  ¿Conspirativos, todos? ¿Otro país que nace? Nadie me lo explica, ni al lector.  Voy a tener que ir por provincias, un poco de sociología de carretera, polvo en los zapatos y libretas de notas.  Ir a ver ese oleaje.  Para ver si es salvaje o salvataje.

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Sabatina, 20 de marzo del 2004

Estado, ¿ha dicho usted Estado?

 

Hugo Neira


Mi gato me acompaña mientras escribo. De gatos, por pensadores y creadores adorados desde hace siglos, qué no se ha dicho. "Si se incendia mi casa, -decía el gran Giacometti-, y tuviese que optar entre un Velásquez y mi gato, yo salvo al gato". Pero nadie dijo que sean creíbles. Desde El gato con botas, encantadores embusteros. Esta mañana por la mañana le cayó una gota de agua y de café y mi gato me dijo: "No es que esté contra el agua, sino contra el goteo. Mira, no tengo nada contra un buen baño de ducha o de tina, pero avisa". ¿Tú, lector, le crees? Yo no.

Empresarios, exportadores, mineros, las 16 Cámaras de Comercio del país siguen en contra del ITF. Pero no están en contra a la bruta, no. Escuché en la televisión a uno de sus líderes empresariales. Argumentaba y me hizo recordar a El gato con botas del célebre Perrault. Pura y refinada casuística. "No estamos en contra de los impuestos, al contrario. Queremos una verdadera reforma del Estado", etc. La verdad, me hizo sonreír. Pero bueno, ese Estado con tributación en serio y para todos e incluyendo informales (hay ricos en Los Olivos) significaría muchos ITF. O sea, mi gato, me molesta una gota pero aplaudiría miles. ¿Usted lo encuentra coherente? Yo no.

Llamemos a las cosas por su nombre. Uno, no tenemos Estado. (Tenemos gobiernos, no es lo mismo). Dos, no queremos tener Estado. Otra cosa es de boca para afuera. Pero alguien puede decirme, y bueno ¿qué falta hace? Así y todo caminamos. ¿No crece ahora mismo la economía con un fisco que no tiene para pagar a policías y docentes? ¿No hace falta? Acaba de salir un trabajo del profesor Samy Cohen, un europeo, al que naturalmente no conocemos pero sí lo conocen los americanos, así estamos. Dice Cohen dos cosas extremadamente sencillas. La globalización es un hecho incontenible, y dos, que a los países les irá bien o peor según se hallen en una clasificación de Estados, que recupera del politólogo británico Robert Cooper: Estados premodernos como Liberia, Somalia, Afganistán; sin salida. Modernos, como India, China y, figúrense, el Brasil; fuertes y con futuro. Y postmodernos como los viejos Estados occidentales. En este último caso, dice Cohen, pierden soberanía, ejemplo, desaparece la peseta española, el marco alemán, pero, a cambio de "soberanía mayor", o sea el euro. Es muy simple, tienen entidad jurídica y moral para enfrentar el proceso globalizante. Y no les va mal. Nos interesa, pues, la clasificación Cooper/Cohen. Cuando la leí pensé ¿y el Perú? Con dolor tuve que admitir que más bien estamos en Estado premoderno. El asunto es grave. ¿Por qué no fue construido de la Independencia a nuestros días? La hipótesis es que no queremos ese orden jurídico igualitario. Estamos acostumbrados al caos con chacota y a un refinado y mañoso sistema de exclusiones en el que se esmeran tanto los de arriba y los de abajo, según Ordóñez/Souza (Capital Ausente). El caso de los sobrinos de Toledo dice que los que llegan repiten el modelo de las argollas de clase. "¿Sabe usted con quién está hablando?".

Necesitamos a gritos un Estado moderno. Cuando este existe, viene de una lógica de la sociedad que catapulta al poder una clase política responsable. Si ella no existe quiere decir mucho, que la sociedad fabrica desorden y quiere quedarse en él; y que admite abierta o tácitamente las aparentes ventajas de la corrupción (de ahí el fujimorismo nostálgico). O predomina gente que confunde lo público y lo privado (Raúl Diez Canseco). Entre unos y otros, vanos resultan otros esfuerzos (TLC incluido). Ha sido el Estado moderno fruto de la razón práctica en unas cuantas naciones, y hoy, el bien más codiciado a nivel planetario. Ay, de nosotros, en el siglo XXI, de no acabar de edificarlo. Veremos crecer la pobreza, tras interminables pugnas entre argollas por una torta cada vez menor. ¿Este país no puede descubrir entre 27 millones de personas unos cuantos centenares de ciudadanos correctos, sobrios, cuidadosos del bien público? Como en el Chicago de los treinta, necesitamos incorruptibles. En tenerlos o no, nos jugamos la baja a la categoría de naciones depravadas.

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Sabatina, 06 de marzo del 2004

El enfermo imaginario

 

Hugo Neira

Si de algo estamos unánimemente convencidos los peruanos en el tema de la economía es de que "no chorrea". Es decir, de que no hay relación entre "lo macro" y lo "micro". O sea, entre las cuentas de la nación, la economía de exportación, los metales, y nuestros propios bolsillos. Eso es incólume dogma en gobierno y oposición, empresarios y trabajadores formales e informales de este país. Del que quema llantas al tranquilo burócrata, todos saben o creen saber que no chorrea. Perfecto. Una sola cosita: ¿y si no fuese así? ¿Y si el chorreo, no espectacular pero sí real, ya hubiera comenzado? ¿Y si lo tuviéramos delante de las narices pero la religión imperante del escepticismo no nos lo permite apreciar?

Manía de este cronista es la lectura de diarios, no sólo de este, los otros, y en ellos, de cuadros y porcentajes. De la vida de peruanos a través de gráficos y encuestas. Así, el otro día hallé algo singular. Un sorprendente gráfico publicado en Gestión. Trata de los ingresos familiares por Niveles Socio Económicos del año 2003-2002. No se suele publicar cuadros en una página de opinión, pero es lo que he solicitado a título excepcional.

Se señala el crecimiento por una descomposición por sectores —que yo llamaría estamentos— los conocidos sectores A, B, C, D y E. La encuesta, realizada por Apoyo y con estimaciones del BCR, muestra lo siguiente. El sector alto, o sea el A, habría subido en 15,9%. El sector B en casi nada, 2,2%. Igual o peor de deprimido el sector C, en 1,7%. Pero el sector D considerado popular, en 12,8%. Y el más bajo de todos, el sector E, en 15,9%. En vista de lo cual se puede deducir dos consideraciones. La primera, melancólica. En efecto crece arriba, en el sector A, y también sabemos, intuitivamente, que en los sectores B y C, es decir, lo que se llamaría de "clases medias", casi nada. Pero la otra consideración es de bemoles. Crece abajo, en los sectores D y E. Tanto como arriba. O sea, en pocas palabras, los que tienen empresa, sea grande o microempresa, crecen. Está claro que otra cosa es cuando no tienes un negocito sino salario.

Ahora bien, si correlacionamos estos datos —que vienen del BCR y de Apoyo— con las encuestas de opinión, la sorpresa puede ser mayúscula. Resulta entonces que los de clase A aprueban al gobierno tanto como reciben! (Reciben al 15 y aprueban al 19). Los de B y C lo desaprueban, y con razón, a ellos, a los asalariados "no les chorrea". Pero, ¿Cómo explicar la desaprobación en los sectores D y E? Es sabido que desaprueban la gestión de Toledo con 2 y 5. Pero tienen ingresos. No hay lógica.

Tres hipótesis. La primera, los sectores D y E populares aumentan sus entradas pero también gastan. ¡Ha subido la gasolina! Con todo, bizarra actitud la de los sectores emergentes de la cholificación que le niegan al gobierno del "cholo" Toledo, haga lo que haga, simpatía. La segunda, ¿esos sectores D y E opinan como los de un poco más arriba, como los clasemedieros deprimidos, y con razón, de B y C, con los que se identifican? Volvemos al viejo problema de los días de Marx. Un estamento no es una clase, le falta la conciencia de sí. Hoy los coherentes, ingresos y opinión favorable, son los de arriba. El tercer punto: Los 1,202 proyectos de "A Trabajar urbano" que se anuncian, de Ate-Vitarte a Los Olivos, serán insuficientes para revertir la opinión. Ni Palacio cuenta con correa de transmisión o partido eficaz que explique al "populórum" lo que hace. Ni este Estado a fuerza de liberal dispone de aparato de propaganda. Encima, "abajo" se echan de menos los gestos, los regalitos.

Fujimori arreglaba estas cosas con un panetón por aquí, una calaminita por allá. Así, puede que siga chorreando por los siglos de los siglos, pero "el de abajo", parado en la fría mañana limeña ante un kiosco de diarios, y enconado con lo que lee, se dirá "no chorrea". Y no hay Dios que lo convenza de lo contrario.

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Jupiterina, 12 de febrero del 2004

Voto en contra

 

Hugo Neira

En este momento deben sonar teléfonos y estremecerse celulares en oficinas y casas privadas, acaso en una que otra residencia de playa. Primero se escuchará la voz de una gentil secretaria. Luego, o al propio Carlos Ferrero o una convocatoria a Palacio, o ambas cosas. Es normal, la crisis política ha hallado la salida, sensata y razonable, de un gabinete conversado. Veremos quiénes. Y para qué.

No sé si muchos estarán de acuerdo con lo que voy a decir. Pero igual lo digo. No ignoro lo que dicen las encuestas, pero orienta mi opinión mi propia reflexión. Aun con el riesgo de ser minoritaria e incluso aislada. La verdad no depende de los sufragios. La verdad no es de derechas ni de izquierdas. La verdad no se vota. Se halla en los hechos, y en las grandes crisis, en la boca de heréticos y solitarios. El sentido común, como se sabe, es el menos común de los sentidos. Si los pueblos no se equivocaran no habría guerras, muchas de ellas populares. Ni tiranos elegidos en las urnas. Pensar puede ser ir a contracorriente.

No, no había dos opciones. Una, la de hallar una salida política, negociada o no. La otra, la de buscar los resquicios legales y constitucionales para la vacancia presidencial. Eso pudo ser, y puede que vuelva. La postura "Toledo fuera ya" entra en empatía con gran parte del descontento y, en consecuencia, da prestigio a quien la asume. No sólo para congresistas, sino entre intelectuales y hombres públicos de toda laya. Pedir elecciones anticipadas está de moda, como que viste de valiente y radical a quien la proclame. No lo pienso así. Aquí lo difícil y extremista es lo contrario.

¿Por qué me opongo al vasto partido de la vacancia por la vacancia misma? Y juro por mis dioses que igual lo haría si otro fuera el inquilino democrático de Palacio. Pienso que por muchos que sean los errores del presidente Toledo y los escándalos de sus allegados (siempre y cuando no lo involucren) no es salida lo de la vacancia sino disparate, liquidación. El dispositivo Barba-Rey, de hallarse, y no dudo que se hallaría (entre abogados estamos) es el fin de una República real. Pregunto, ¿quién podría luego gobernar? ¿Quién se animaría, pesando sobre el poder esa espada de Damocles? ¿Y qué Ejecutivo sería ese que no podría ejecutar? Puesto que gobernar a menudo implica decisiones no necesariamente populares. ¿Quién se animaría a ceñir la bicolor? Hay tribus amazónicas, no las mejores, que imponen un rol de jefe a la fuerza. Geniales como somos, tendríamos que recurrir a algo por el estilo, a la invención del Servicio Presidencial Obligatorio.

En la presente épica de la vida peruana mezclada con tanta picardía, los sentidos se nos agudizan. A eso voy, las épocas difíciles, los tránsitos avivan los sesos, nos hacen más lúcidos. Es el caso de Alberto Péndola y sus declaraciones: :"Hoy en el Perú puede pasar cualquier cosa" (La República, domingo 8 de febrero, p. 6). "Mafia exacerba a los peruanos y gobierno mete la pata". Más claro, el agua. Unos y otros. "La sociedad peruana vive una esquizofrenia terrible, porque no se ha curado de las heridas de diez años de fujimontesinismo y eso es peligroso porque llama a la violencia y el caos". Péndola, psicoanalista y de las canteras de San Marcos, le pone patología a lo que otros creen que es mera política. "Esquizo-paranoides", o sea, ese es el término clínico de "no creer en nadie y en nada". "Rayados, noiquedos, por diez años de crisis". Los peruanos estamos asustados y temerosos, agrega. ¿La gente necesita una autoridad?, pregunta con temblor el periodista. No sólo el peruano, responde Péndola. Su reflexión viene a tiempo. De un lado, para abrir el debate de lo que somos, sobre el tema de la anomia que inicié hace veinte años. Del otro, porque ha pronunciado la palabra autoridad, cuando estábamos a dos pasos de desbarrancarnos. Eso sería la enmienda Barba-Rey. La salida del presidencialismo para entrar en el caciquismo. Pobre Perú, en manos del oportunismo parlamentario, tan cerca de Chile y las multinacionales, tan lejos de la razón.

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Jupiterina, 05 de febrero del 2004

 

Fiesta Brava

 

Hugo Neira


Segunda de Feria, mucha emoción en los tendidos, inesperada y bienvenida. En febrero y no en octubre, después de que la gran rejoneadora Merino anunció su alejamiento por un tiempo de las arenas. En cambio están haciendo ahora un faenón por todo lo alto una serie de diestros. Como todo el mundo sabe y celebra, "Rauliño el de aeropuertos", "Almeycita el facilitador" y "Pupy el Corregidor". Los toros son de bandera, aunque tienen el defecto de parecer ya capeados. Vienen de una prestigiosa ganadería, de los establos Vladimiro. O sea, la fiesta brava está bien brava, para solaz y sano esparcimiento de las graderías.

El primero que intentó suertes en esta Feria fue Rauliño. Hombre de buen toreo, pases muy templados, muletazos por derechas, una que otra bernandina, pero no llegó al estoque. El toro "Aduanero" lo empitonó ante el asombro del respetable. No hubo vuelta al ruedo y menos piedad, más bien abucheos. La verdad es que debió haberlo toreado de entrada sin tantos saltitos y picotazos que terminaron por irritar a la afición. Acho, como se sabe, es una plaza muy exigente. El toro, de nombre "Aduanero de aeropuerto", ni se rajó ni se aquerenció, y la faena se le fue al torero a pique. Rauliño iba para mayores, lástima.

"Almeycita el facilitador" suele practicar otro estilo de toreo, el que se llama sevillano, pasitos menudos, silenciosos, esquivos, no le entra de frente sino como quien come su wantán, pero necesita para lucirse toros flojos. Le tocó "General Desesperado", que atacó con nobleza, no permitiendo que lo picaran. El tendido tenía puesta todas sus esperanzas en ese duelo y no fue defraudado. Acho no es para toreros novicios. Almeycita es muy ambicioso pero le falta sentido de la profesión. La cogida fue de cuidado, todavía no se sabe mucho sobre su estado de salud. De todos modos, la afición puede dormir tranquila, un comité de médicos llamados "subcomisión de investigación" lo tiene a sus cuidados. Se espera con anhelo el resultado del último parte.

Pupy, llamado "el Corregidor" por sus largas estancias en Madrid y por su postura en las arenas cada vez que vuelve, es hombre de lidia, y se las trae. En el pasado, alcanzó a cortar orejas y rabo gracias al "video Kouri". Pero el reverso de la medalla es este toro, complicadísimo, que le dejó sin rematar el torero anterior. El toro "Audio" es de bandera. Al revés de los anteriores se alza en las puyas, no acude a los pases, se desentiende de las citaciones, con el consabido enojo y chifla en los tendidos. En el tercio de banderillas Pupy suele lucirse, pero las habituales a las que está habituado ("el Apra tiene la culpa") esta vez no convencen. Será porque, de sol a sombra, de ricos a pobres, la cosa está que arde. Hay gente que está incluso pidiendo no un cambio de tercio sino que vuelvan todos a los galpones y la lidia arranque de verdad, con otra ganadería y otros aceros. Que los de hoy no cortan.

En fin, hubo tendidos con una ostentosa presencia de pañuelos blancos y chiflidos a una ganadería procedente de los muy mentados prados montesinistas (toros toreados y resabidos) y en general descontento ante los actuales espadas por indecisos. Un fuerte y duro toro que no estaba convocado, "Acuerdo nacional", fue introducido al último momento, el bicho mereció algunos vistosos pases de capa, sin mayor consecuencia. Sorprendente Feria, que nadie esperaba en el mes de febrero. Se va a prolongar, el verano será largo y hay sol y curiosidad en el respetable para ver cómo acaba todo. La plaza, entre silbidos y protestas, ha pedido a las autoridades cambios radicales, desde una limpia de corrales a un reemplazo de primeras espadas, y un toreo más depurado y nítido, sin tanta fanfarria. La opinión, sin embargo, anda entre cabizbaja, enojada y meditabunda. Unos piensan que no queda sino sacar las mulillas negras del arrastre final. Otros, el intentar todavía un paseíllo con nuevos maestros y muleteros. Vivir para ver.

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Sabatina, 14 de febrero del 2004

La sensatez radical

 

Hugo Neira

Salimos de una crisis, pero no se ha resuelto el problema central, la forma misma de gobernar. Si pasamos o no a una separación entre gobierno, eso que llaman los anglosajones "administration" y lo que se entiende por Estado. Es decir, entre quien se ocupa de lo inmediato, y el otro del rumbo y el puerto. Esto parece que el presidente Toledo no puede hacerlo o no quiere hacerlo, o no le sale de los forros, y creo que tiene que ver con la idiosincrasia nacional. Porque bien peruanas son esas ganas de no perderse una inauguración, una salida en público. Vengo clamando por lo contrario, pero por lo visto como Juan en el desierto. La gente quiere un presidencialismo menos vistoso, menos en campaña. Perdón, Toledo trabaja, y cómo. No voy a eso. Voy a que los grandes de este mundo, por esas artes que vienen de los manuales de Príncipes y que se remontan a Maquiavelo, no dicen que lo hacen, otros se encargan.

En Canal N apareció Julio Cotler. En radical sensato. Si hubiera mañana elecciones anticipadas, ¿qué cambiaría? Si hay nuevo gabinete, le gustaría saber quién se va a quemar por Toledo. Ironizó sobre ese mito de la "unidad nacional", mañana todos abrazándose, "la gran familia". No. Pero no explicó por qué no, la tele no deja tiempo. Me permitiré extenderme. Lo privado no es lo público. El orden de la familia es lo natural, lo irrenunciable, un hermano es un hermano. La política no, para eso se ha inventado ese campo de Agramante que es la democracia, es decir, el espacio de los conflictos. Eso, dados a la conciliación, nos cuesta.

En estos días cundió una suerte de desilusión democrática. Pero nos ahogamos en un vaso de agua. Hubo crisis, pero no es para tanto. El sol no iba a dejar de brillar al otro día de la crisis del gabinete Ferrero. La política, en efecto, no se salva con menos política, como piensan muchos, ni menos con su anulación, pero un gobierno de técnicos es eso. Es otro mito bien peruano, de origen colonial. Pensar que es mejor que nos administren y nosotros en balcón. Un experto, es hora de decirlo, no es sino un ejecutante. Es obvio que son necesarios, pero no son suficientes. Para hacer política no basta la competencia profesional. Si ese fuese el caso, entonces en las democracias no habría sino concursos y candidatos ante un jurado como en una tesis, y no urnas. El político no es el científico. Busca lo que llamaban los griegos el "agon", la lucha, no el "logos", la sapiencia. Expresa un campo, un interés. Sí, un egoísmo de clase y de grupo. El gran político es el que concierta opuestos intereses. Pero los peruanos aspiran "a la gran familia", la llaman consenso. No aceptan el conflicto reglado, ese deporte peligroso (Ortega y Gasset) Quieren paz, y eso es lo que nos conduce a la guerra, a caudillos, mesías violentistas y dictaduras. Es lo que vino a decir Cotler, y estoy de acuerdo. Y que conste, no siempre lo estamos. Pero cuando alguien dice algo claro y honesto, aunque duela, hay que celebrarlo.

Corrieron tras la crisis, opiniones, y entre ellas, una no menos inteligente, la de Jorge Santisteban. Más bien en sensato radical. De acuerdo con un gabinete conversado, dijo, a condición de que se reforme la manera de hacer política. ¿Qué quiso decir? Puja por un Presidente de Consejo y no un mero primer ministro. En cristiano, que el gabinete lo convoque Carlos Ferrero, no el Presidente (que podrá aprobarlo o no). No es lo mismo. Santisteban se inclina por una separación a la manera de la monarquía española. Su propuesta no es rebajar a Toledo sino recolocarlo como una suerte de rey ciudadano, pero sin atreverse a decirlo (el concepto es mío). Pero si se vende la idea al presidente Toledo como una rebaja (además del salario) resulta ofensiva. Si como novedad, es reforma del Estado. Y por lo alto. ¿Podrá dejar de mostrarse? El poder es ocuparse de los asuntos de Estado, eso necesita mesa y trabajo, y menos reflectores. La política no es una fiesta. Sino ingrata tarea, contrariamente a lo que el menudo pueblo cree, y lo que algunas elites practican, que la ven, desde hace siglos, como agasajo y cuchipanda. Hay demasiados ministros obesos en un país de famélicos.

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Jupiterina, 13 de noviembre del 2003


Los patos vuelan en V


Hugo Neira

Suele ocurrir que trajino libros y lecturas bien alejadas de lo que incurrimos en llamar el acontecer nacional. Lo hago por curiosidad, por placer, temas de ciencia, en este caso, de neurociencia, de Oscar Vilarroya (La disolución de la mente, Tusquets editores). Y es así como se producen interacciones inesperadas, por ejemplo el vuelo de los patos cuando emigran en los cielos del mundo en forma de V, y la actual ley de partidos políticos. Y no a nuestro favor, como se verá.

Muchos fenómenos de la naturaleza, dice Vilarroya, han sido descritos como sistemas complejos, por ejemplo las sociedades de individuos, los fenómenos meteorológicos. Y la conducta de una bandada de patos. ¿Quién no los ha visto alejarse por los aires? La pregunta, pues, cae por su propio peso ¿por qué vuelan en V? El lector puede intentar varias respuestas. De seguro, todas complejas. A algunos les parecerá que los patos se han puesto de acuerdo. Pero, si ello fuese cierto, sería preciso deducir un lenguaje social en las aves, y eso no está demostrado. Otros preferirán sospechar, en nombre de la genética, en la existencia de un gen determinante. La respuesta es atrozmente sencilla. Las formaciones de aves migratorias son la consecuencia de conductas simples.

Ningún pato quiere chocar con su vecino, y ninguno quiere dejar de ver a dónde se encaminan. Inténtelo, busque otra solución que no sea en V, no la hallará. De donde se deduce que lo simple produce lo complejo. Un orden por interacción. Admirable solución. Lo pensaba repasando la confusa ley de partidos políticos. Y no me referiré al financiamiento estatal, cortina de humo para evadir otros problemas como señala Juan Sheput (en Correo). "Ni en muchas cosas por definir incluyendo el tema complicado del dilema entre el rol de la ONPE y la función del JNE", que dice mi hermano Álvaro Rojas Samanez (en El Comercio). Voy a otro punto. ¿Se ha legislado para hacer difícil el ingreso al club de los partidos nacionales?

Seamos claros, la cifra de firmas que se exige como inscripción es tres veces más alta que la que existe por ejemplo en España, país que tiene el doble de población. O sea, se cierra el ingreso. Ahora bien, acaso nuestros admirables legisladores han descuidado lo que sostiene Albert O. Hirschman en torno a la pareja dialéctica exit /voice. Sobre la oposición entre irse/o cooperar. Protestar o incluirse. Dicho de otra manera, cuando no se permiten nuevos competidores, los que se quedan adentro terminan por semejarse, aunque no les guste. Y los de fuera pueden abstenerse ("todos corruptos") o hablando francamente, sorprender. Ya pasó en 1931, 1990 y 2000. Por lo visto, no aprendemos.

Me decía Marcial Rubio, amigo y eminente jurista, "exceso de normatividad". O sea, bastaba una ley para esclarecer los financiamientos de campañas. Y cuatro normas más. Pero nos cuesta ser sencillos. En cambio las migratorias, pato o gallareta, se auto-organizan. Garzas, cormoranes, flamencos. República de las aves, más sensata que la nuestra. Surcan los cielos en V, sabiendo dónde cada uno está y dónde el grupo. Consenso espontáneo que tiene de todo menos de salvaje.

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Jupiterina, 21 de agosto del 2003

Mucha miel, mucho tomate

 

Hugo Neira


Tomates arequipeños antipresidenciales. Por mucho que queramos a Arequipa, nos parecen fuera de lugar. También las sonrisas entre un comisionado y la cúpula terrorista. Ni tanto que se queme el santo. Hemos visto al Príncipe Felipe, heredero del trono de España, al lado de Fidel Castro en no sé que ceremonia oficial. No cambiaron sino los saludos de rigor y dos o tres palabras. Bravo, eso es política. Ecuanimidad, corrección, cada quien en su sitio. La política no es el amor y tampoco la guerra. Es una actividad inevitable, a ratos penosa, que pone en contacto personas que acaso en su fuero interno y en la vida privada, no se frecuentarían. Pero que la fuerza de las cosas los llevan a verse.

La fuerza de las cosas llevó al comisionado Javier Ciurlizza a entrevistarse con la cúpula senderista en prisión, eso lo van entendiendo hasta los más recalcitrantes. El problema no está en el fondo sino en la forma. En su programa, César Hildebrandt le dijo a Ciurlizza. “Usted es hombre honesto, pero no ha representado dignamente al Estado". Ciurlizza, naturalmente, se defendió, pero dejó la impresión que no entiende lo que le reprochan. Sin embargo César se lo dijo, "congraciarse". Ciurlizza al conversar, se nota, incluso en temas graves, sonríe.  Lima la cándida. Se lo explicaba a un amigo médico, "no te entiendo Hugo". Pero bueno, contesté, si tienes que decirle a uno de tus pacientes que tiene que ponerse cobalto en el Neoplásticas ¿qué tono asumirías? Ya te entiendo, me respondió. Profesional.

Necesitamos profesionales de la política, y eso no pasa sólo por los diplomas y la competencia sino por los modales. Que deben ser ni fríos ni calientes. Las abuelas lo llamaban compostura. Tampoco se trataba que en esas circunstancias fuera un energúmeno a tratar con Abimael Guzmán con desplantes o carajos. Naturalmente que no. ¿Es tan difícil hallar negociadores serios, gente en su sitio? Había que sentarse, tomar nota de lo que pedía entonces la pareja Iparraguirre-Guzmán, y punto. Y transmitir. Y nada de sonrisitas. Hay de por medio más de 25 mil muertos. 

El que aterricen tomates y huevos sobre un presidente democrático no añade gloria a la tradición de hidalguía de Arequipa, sino todo lo contrario. Nací en Abancay pero tuve una infancia arequipeña, mis primeras luces son los de un patio ilustrado por el Misti. Una familia del lugar, las tías Damiani, me adoptaron cuando mis padres se separaron. Ciertos valores que comandan mi vida, vienen de ahí, el pundonor, la claridad. Que pena me han dado esos tomates fuera de lugar, pena por Toledo que no se lo merece, pena por Arequipa,  pena por los gobiernos regionales.

Mucho vinagre por un lado. Mucha azúcar por el otro. Entre la mazamorra limeña y el rocoto relleno, el país pide a gritos  algún otro potaje. Entre la cortesanía y la nevada.  A  un Presidente no hay que quererlo ni amarlo. Y se le recibe, aun con caras largas. Más si es democrático. El resto es sensiblería, más propia de una canción de los Dávalos que de la construcción del más frío de los monstruos fríos, es decir, el Estado (Nietzsche). En política hay que tratarse,  y asunto acabado. El te quiero no te quiero, no es de hombres bien bragados. No es cuestión tampoco de ir pidiendo perdón, que es concepto religioso o sentimental, bueno para otros menesteres. Lo que el país necesita en cocina y en política, acaso es, simplemente, sesos a la criolla.

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Sabatina, 24 de julio del 2003

Poder, Toledo, y el gato de cinco patas


Hugo Neira


Una encuesta de “Apoyo” ha dado como resultado, para algunos inusitado, que el hombre más poderoso del país resulta ser el presidente Alejandro Toledo. Me alegro y me río suavemente, porque no ha faltado quien diga ¿pero cómo? ¿El presidente con poder político, pese a que tiene tan baja aprobación? Y entonces, corrigen la encuesta, añadiendo "es el menos respetado". En realidad confunden poder político, dominación, potencia, prestigio y autoridad. No es lo mismo pues, papay.

Para comenzar, los consultados en dicho sondeo provienen de "un universo de 1500 personas, periodistas, intelectuales, políticos y empresarios, de los niveles socioeconómicos A y B" (La República, martes 22 de julio, página 9). O sea, son gente, no cualquier gente, formadores de opinión. ¿Y contra ellos salen unos críticos rasgándose las vestiduras? Cabe señalar la naturaleza de esa encuesta, que es de reconocimiento palmario —quién tiene poder— y no si es aceptado o rechazado, que es otra cosa. No hay, pues, contradicción. Si nos preguntan cuál es la nación más poderosa, estoy seguro que responderemos los Estados Unidos, eso no quiere decir que aprobemos a Bush ni su política de ocupación militar en Irak.

Hay un tema de fondo: ¿qué es el poder? En efecto, ¿qué es poder en el Perú? La más mínima teoría del poder (del italiano Mosca al alemán Schmitt) que pueda citar aquí sin confundir cátedra y "jupiterina" es que hablamos de una forma de dominación llamada poder político, sea en tribu, clan, reino o república. Y, en consecuencia, del Estado desde la definición de Max Weber: "como el monopolio legítimo de la violencia". Con ajuste a este hecho de orden universal, ¿andan errados los interrogados en la encuesta si consideran que el más poderoso es aquel que tenga el mando de la policía, fuerzas armadas, servicios de inteligencia, ministerios y en general la potestad y el control? Por lo que yo sepa, esta verdad de Perogrullo sigue vigente en nuestro país pese a huelgas masivas, protestas regionales, deambular de bandas senderistas y trifulcas de toda laya. Que yo sepa, existe un Estado peruano que, mal que bien, cobra impuestos, guarda sus presos y cuando sales del país, te controla el pasaporte. Cuando el Perú haya dejado de existir legalmente, y el alboroto interno sea de tal grado que nos administren los cascos azules de la ONU, hasta ese momento (que esperamos no llegue nunca) el ciudadano más poderoso es el Presidente, nos guste o no. Sea incluso "el cholo", a quien sueñan algunos en bajarse.

Vuelvo al tema de las confusiones. La definición del poder político es "quien lo tiene" y no si te cae simpático o no lo tragas. Dice quien lo guarda, luce y goza, y acaso lo malbarata. Dice eso, no más, no hay que devanarse los sesos, poder no es aceptación ni menos amor popular. Hace cerca de cinco siglos que Maquiavelo recomendó que era mejor ser temido que amado (El Príncipe, Cap. XVII). Poder es coerción. Sujetar, cohibir. No es potencia económica. Si así fuera, entonces figuraría el "boss" de la Telefónica o de la mina Yanacocha. O del alicaído Petroperú. Poder tampoco es cuando Mario Vargas Llosa sugiere el nombre de Beatriz Merino. Eso es autoridad, otra forma de la acción. La autoridad es cuando se obtiene algo sin el recurso de la fuerza. Autoridad es cuando intervienen personas que persuaden a los litigantes como monseñor Bambarén en la última gran huelga magisterial. El médico que te convence de no fumar tiene autoridad. El guardia de tránsito que te detiene, ejerce poder.

Es cierto que todo régimen moderno es un sistema mixto de legitimidad y autoridad y que lo ideal es que al presidente Toledo no sólo lo reconozcan como en ese sondeo, sino que también le crean. Pero, en fin, lo de la desconfianza es otro tema. No obstante, diré, para el caso, que mal ayuda a la serenidad democrática el hecho que algunos se asombren de que una encuesta entregue un resultado racional. En lo que me concierne, me alegro por Alejandro Toledo en tanto que amigo. Por el presidente Toledo, como ciudadano. Y por la gobernabilidad. El sondeo de “Apoyo” da una respuesta sensata que no pudo ser otra. Quiere decir que parte del país comienza a comprender que si los presidentes de esta República, incluyendo los que no nos gustan, no duran, pues no habrá estado de derecho ni progreso alguno. Pero esto no destila del punto de vista de los analistas para los cuales los gatos tienen siempre cinco patas. La extraña regla criolla de enmarañar la visión de las cosas para aparecer como más inteligentes. Es lo contrario.

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Sabatina, 10 de julio del 2003

Democracia sentimental

 

Hugo Neira


Acaso más de un comentarista se distrae en ver qué pasa tras la guerra intestina en el Banco Central, si se queda o no Richard Webb, otros y con razón, ante las bandas violentistas del postsenderismo que resulta ser un preejército de precocaleros armados. No sé, pero de golpe tengo la impresión de andar dentro de una caprichosa máquina del tiempo. Lo primero recuerda la importancia del nombramiento de tal o cual Obispo de otrora de cuyo resultado dependía la salud pública. En efecto, si se fuera Richard Webb del BCR nos pronostican la plaga de la hemorragia monetaria, el triunfo de los "heterodoxos", entre otras desdichas colectivas. Lo segundo, las bandas errantes del Ene y Apurímac, recuerda cuando en ciertas poblaciones pobres de una Europa todavía crédula y miserable se reclutaba gente para una exterminación de los malvados como narra en "Los fanáticos del apocalipsis" Norman Cohn, un clásico de la literatura de las revueltas, más que de las revoluciones. Mi sospecha de que los tiempos que vivimos son como la repetición de otros se acrecentó con sonados "mea culpa".

¿Por qué un Presidente, Alejandro Toledo, hace un "mea culpa"? No digo que no lo necesite, ni menos se me escapan otras consideraciones pedestres: corrección de un estilo de gobierno acaso demasiado pegado al lado tecnocrático, urgencia de humildad, por qué no, razonable cálculo, el tema de las encuestas, la credibilidad. ¿Sí, pero eso es todo? Un “mea culpa” no es sólo un acto racional sino emocional. Puede preparar un cambio en el rumbo del Estado mismo, pero puede iniciarse sin ese cuasirreligioso arrepentimiento. Un "mea culpa", a este estado de cosas, es metapolítico. Establece un lugar en donde el poder se roza con las emociones, la sensibilidad de la gente. Es decir, ocurre que la política un tanto deja de serlo y pretende ser otra cosa. ¿Qué es esa otra cosa? Para colmo, la plaga del "mea culpa" no se limitó a Palacio. El político de mayor importancia en el país, después del propio mandatario, dicho sin "apriori" alguno, el líder del mayor partido de la oposición, y ex presidente él mismo, pocos días antes de la autoflagelación de Toledo, presenta un libro y en el acto solemne al que dio lugar, Alan García reitera dos cosas. Por una parte, una crítica a su pasado presidencial, de viva voz (pero claro, como nadie hace resúmenes en nuestro periodismo, ahí quedó) y por otra parte, en las nuevas escrituras de ese aprismo post-Haya, la propuesta de una vinculación entre modernidad y política que implicará la transformación de su propio partido, el aprismo. ¿El "aggiornamiento" del partido más estructurado del país carece de significado? La derecha, en cambio, no hace “mea culpa”. Como se sabe, manejaron admirablemente este país. Por eso es lo que es.

Para tiempos no menos oscuros y convulsos que los nuestros, la cristiandad de la Edad Media aprendió a razonar no sólo tras los textos sagrados, en gran parte inaccesibles, la mayoría de la población no sabía leer y en todo caso, la Iglesia guardó el monopolio de las interpretaciones hasta la difusión de la imprenta y el libre examen. En esos días, tan enigmáticos como los nuestros, la grey de creyentes se formaba criterio desde signos, palabras y señales, a saber, la remoción de un Obispo, el énfasis o el silencio de un gobernante y, claro, algún milagro. Mientras tanto los letrados, o sea, expertos en interpretaciones (no menos que nuestros comentaristas) dejaban correr lo que llamaban "el sentido literal", a despechos de otros, más ocultos, más sinuosos, vale decir, la alegoría, lo anagónico, el "sentido escondido". Para el pueblo, por ejemplo, la cristiandad comienza con el bautismo, para los clérigos del sentido anagónico u oculto, con el paso del mar Rojo por Moisés, es decir, la obediencia de los elementos. La Iglesia manejó siempre esos sentidos diversos, acaso por eso tenga dos mil años. Puede que nuestra nación se construya en democracia si comprende más allá de lo literal, porque algunos de sus políticos recurren a un discurso que no es sólo razón sino pasión, cuita personal tal vez más que en otros lugares. Por algo será. No es visible nuestra cultura colectiva en su ladera estilística y afectiva. Requiere de intuición interpretativa. Hay en efecto algo en común entre peruanos y que no tiene tanto que ver con la estructura social, toca igual a gente de la pobreza y de la mediana comodidad. No se explica tampoco por la psicología individual. En dos palabras, la gente lee más en los gestos que en los papeles. Hay una lectura sentimental del mundo. Una suerte de democracia sentimental, de dolores profundos e inesperadas ternuras, y la caja de Pandora que a veces es encuesta, o urna electoral.

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Jupiterina,  03 de julio del 2003


Reloj no marques las horas

 
Hugo Neira


En un relato breve, un escritor mexicano cuenta cómo llegó el fin del mundo en México DF, ciudad caótica, 21 millones de seres, pero nadie se dio cuenta, de modo que ángeles cariacontecidos se volvieron por donde habían venido. El caos puede ser autoorganizador. Algo por el estilo, un tantito menor, nos estaba pasando no más lejos que la semana pasada. Toledo estaba terminado, la democracia por los suelos, vacancia, elecciones y de aquí a poco, la capital sitiada, Sendero, Humala. El fin del mundo. No me digan que exagero, revisen los diarios de esos días, recuerden las pláticas tensas, angustiadas en las pantallas, todo porque el Presidente contaba sus "canchitas" o "sus pescaditos" con desesperante parsimonia. Al final parió Paula, para quedarnos de una pieza. Una mujer, un gabinete balanceado, y encima, un inocultable y generalizado alivio, aunque no faltan los que ya le cuentan los días a Beatriz Merino antes que diga esta boca es mía. Hace una semana el sistema estaba como en un filme de Almodóvar, "al borde de una crisis de nervios". La verdad es que no sabía por mi parte si echarme a reír o llorar. En la pasada jupiterina apelé a la ficción. Aceptar el premierato resultaba tan riesgoso como ser jefe tribal de los Yanumamis. Al jefe errado lo flechean.

El sábado fue el desenlace y el domingo por la mañana, nombre y perfil de los nuevos ministros estaba en todos los diarios. Por lo general los gabinetes o son monocolores, y eso ya no se quiere, salvo que se postule que todo para Perú Posible, o son de varios partidos, y la cosa no está para ello, o son, como este, de acuerdos, combinaciones y pactos. Sí, sí, pactos. ¿Cuándo haremos la paz con esa palabra que nos suena a chicharrón de sebo y es la traducción, en criollo, de la idea de Hobbes? "No hay sino dos maneras de guardar el poder soberano, la primera es la fuerza natural, la segunda es la confianza de unos y de otros" (Leviatán, XVII). ¿Pacto entre quiénes? Entre parte de la clase política y una categoría de personas que no vienen de los partidos, vienen de otra cosa. Varios de los nuevos ministros vienen de la experiencia interna, o sea, del Estado mismo. Está claro que Carlos Malpica viene de las canteras de educación, de La Cantuta a posgrados en Puerto Rico y Chile. Lo mismo Alvaro Vidal, del mundo profesional de la medicina. Y Francisco Gonzales de la experiencia en agricultura. Como políticos, Jesús Alvarado y Anel Townsend. ¿Es eso bueno? A mí me lo parece. Por una parte, ha sido clamor nacional, sentido común, generalizada demanda "gobiernen con gente que sabe" no necesariamente con un partido en particular. Pues ahí los tienen. La otra razón es más genérica, no por ello menos válida. El Perú necesita ser un país normal. Y la esencia del Estado moderno, ha dicho Max Weber, es la administración. Es decir, la "racionalización". Los que eso aportan en las democracias modernas los americanos llaman "establecimiento", los franceses, "personal político". Otros, los expertos. En cuanto a la Premier, Beatriz Merino, Fredemo por un lado, estudios en la London y en Harvard por el otro, tiene de técnica y política, puede ayudar a establecer esa "república tributaria" a la que aludía Mirko Lauer, y encima es mujer. Un acierto.

A este cronista, la política le interesa por la forma como reacciona la sociedad. ¿Cuántos han reaccionado sanamente al acierto de Toledo? El diario El Comercio: "medida perspicaz". Una comentarista, luego de que Beatriz Merino está donde está, en cambio, "¿para qué sirve un presidente?" ¿Pero mujer, entre otras cosas, para elegir buenos gabinetes. Privilegio regalicio, dicen los eruditos. Otras opiniones saludables: Lourdes Flores, Castañeda y Yehude Simon, "que la dejen trabajar". Apra, Izquierda y parte de Perú Posible, en contra. En la madrugada, ante un puesto de venta de diarios, un hombrecito que los miraba todos sin comprar ninguno, "pero si no ha comenzado, y ya la critican". Vox pópuli, vox Dei. Después se quejan de que el Congreso, los medios y la clase política se desacreditan al desacreditar. En fin, no marearse, sólo es un nuevo gabinete. Por supuesto, queda mucho pan que rebanar, el tema de la seguridad pública, Sendero paseándose, las demandas de aumento de los policías, el paquete tributario, la comparecencia en el Congreso. En el mediano plazo, acaso quedarse un tiempo como lo sugiere el cada vez más sensato Jorge Santisteban. Por supuesto, al país no lo arregla ni un gabinete de un par de años, ni todo el gobierno de Toledo, sino varias sucesivas administraciones, y todas cuerdas. Todos los pueblos tienen una barbarie en sus espaldas. Nosotros varias y las que vendrán si seguimos mezquinando. Hace siete días se acababa el mundo y llegó el gabinete Beatriz Merino. Ni tanto que se queme el santo. Ni fue para ahogarse de angustia antes, ni es para repicar campanas ahora. Por la obra los juzgaremos, dice el Evangelio. Eso sí, un poco de paciencia.

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Jupiterina, 19 de junio del 2003


Cometas y terroristas

 

Hugo Neira


Es de sentido común intentar saber de dónde vienen los muertos, 20 mil o 60 mil, y dónde están los desaparecidos, y qué revelaron los 17 mil testigos. Hay otras opciones. No querer saber nada es una. O sea, enterrar en la fosa de la desmemoria esa guerra civil. Lo de siempre, enmascaramiento, mirar a otra parte. Eso no pasó nunca aquí. ¡Qué impaciencia por olvidar! Otras sociedades discuten hasta hoy sus propias guerras intestinas, contra la Corona en Inglaterra a la que volvieron liberal, guerras de religión en Francia, de Secesión americana. En América central. Todas internas, todas brutales. Esos agobios, sin embargo, los fatigan menos que los nuestros.

Hay varios sentidos comunes en asunto tan espinoso. Uno de ellos consiste en decir, investigación de acuerdo. Pero ¿reconciliación? Punto de vista de los parientes y víctimas de la violencia terrorista. Lo digo porque me ha conmovido la opinión de Víctor Andrés García-Belaunde cuando le escuché decir en cámaras que luego del padecimiento de su padre, Domingo García Rada, nueve años en un lecho después de un atentado terrorista por el delito de ser presidente del jurado nacional de elecciones, palabras más palabras menos, y que él, su hijo, no estaba preparado para la "reconciliación". Al menos, a él sí le entendí. Son razones del corazón, más fuertes que todo pragmatismo. Sin duda, el tema del pasado violento no es sencillo. Ha corrido mucha sangre, la memoria de esa guerra interna es cercana, sus muertos y víctimas. En la Transición española, la guerra civil fue asunto de dos o tres generaciones, casi de los abuelos. Aquí no, el pasado es presente. Los actores, de ambas orillas, están vivos. De pronto es muy pronto para una Reconciliación con mayúsculas. Acaso en dos tiempos, tiempo al tiempo. Entre tanto, pocos órganos de prensa han publicado los textos confesionales de los condenados por terrorismo. Salvo Caretas (13 junio). Ese cadáver insepulto nos seguirá acosando. ¿Qué hacer? Escuchar, reflexionar, nadie dice abrir las puertas de las prisiones ahora. Qué lástima que no todos tengan la franqueza del hijo de García Rada. ¡Qué de esquinados argumentos! Qué si Sendero era partido o no. Un partido no es siempre un club de personas honorables. Y eso lo determina no el capricho de sus adversarios sino la ley. Del "Adiós a las armas" retendré de preferencia las palabras de Oscar Ramírez Durand. Este hombre ha dicho que la guerra de "ser un medio se vuelve un fin". Lo dice en el momento en que rebrota el neosenderismo y una columna escapa hacia el santuario selvático de Vizcatán. "He reflexionado, la democracia con todo sus defectos es preferible a las dictaduras totalitarias". En boca de Durand no es poca cosa. Cuando escribo estas líneas, no ignoro que un porcentaje muy alto de peruanos desaprueban la exhibición de esos videos. Criterio que respeto, pero a veces un comentarista, una conciencia solitaria, bien puede sustraerse a la tentación de pensar como todo el mundo. Las mayorías pueden llevar al poder, como en 1933, a un Hitler. Pueden sostener que el sol gira en torno de la Tierra porque es lo que indican los traidores sentidos.

Entre los enemigos de la verdad y de la comisión hay algunos cerrados y alambicados a la vez. Me recuerdan, es curioso, por su barroco mental, una polémica del siglo XVII sobre el origen de los cometas. No era tema trivial. O bien, los cometas se explicaban en su torcida órbita que parecía inspirada en algún designio de la divinidad para castigar a la perversa humanidad, o bien, había causas, claras y conocidas según las novedades de Newton y de Kepler, al que los libreros traducían y vendían como Keplero. El paso del cometa de 1680 aterró a nuestros virreinales ancestros. Los cometas no podían sino anunciar calamidades, poco importaba qué eran y de dónde venían. Como estas supersticiones astrológicas me parece la argumentación de don Rafael Rey. No es necesaria investigación alguna. "Lo que pasó en el Perú es más claro que pedrada en ojo". O sea, los cometas son malos y poco importa de dónde vienen. Al diablo el análisis de los orígenes, ¿de dónde los cometas?, ¿de dónde los terroristas? Ahora bien, del asunto en apariencia baladí como el cálculo de la órbita de los cometas surge la astronomía y la ciencia experimental contemporáneas. De la luz sobre la clase de gente que mató y delinquió en la guerra civil que desencadenaron Sendero Luminoso y el MRTA, surge, ciertamente con dolor, el conocimiento que una sociedad, la nuestra, debe tener de sí misma. Autoconciencia. Me dirán ¿para qué sirve eso? Sirve para que no se repita. No, no ha sido sólo la pobreza, hay países más pobres que el nuestro pero menos fratricidas.

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Jupiterina, 05 de junio del 2003


¿Emergencia de Estado o Estado de emergencia?


Hugo Neira


La inmensa multitud que atravesó desde La Colmena hasta la avenida Abancay el centro limeño, la protesta de la CGTP que este mismo diario califica en sus titulares de "contundente", es uno de los hechos más positivos, dentro de la gravedad de la situación, que nos ha ocurrido últimamente. Pero por importante que lo sea, y de hecho lo es, los dirigentes cumplieron y ni se les escapó la situación de las manos ni hubo un muerto, lo cierto es que no desembocó en algún feliz desenlace. Este diario titula "Sin solución", y la presente crónica se escribe cuando ocurren otras manifestaciones esta vez de estudiantes, esperemos que igualmente pacíficas. Esperemos.

Afirmo, pues, que ese transcurrir pacífico de las calles de la protesta posee un innegable valor, pero es una acústica que se queda incompleta, ni cae el gobierno ni sus ministros, ni tampoco se hallan soluciones. Este signo de incompletud no escapa a nadie, lo señalan todos los diarios, "el SUTEP encabeza una marcha ejemplar pero sigue sin aceptar los 100 soles de aumento". Tampoco se fija un calendario de aumentos progresivos como se lo han propuesto desde religiosos a comentaristas de televisión (Jaime de Althaus en Canal N) y Dios Santo, el sentido común. No se oye, padre.

La noche de la marcha es una victoria de la calle. Es un retorno a la escena de la multitud, de los trabajadores, de un interlocutor social que había arrinconado la globalización que destruye industrias y empleos nacionales, un retorno a los movimientos sociales. Ahora bien, si dejamos de pensar maniqueamente, si salimos de la lógica que excluye a uno para elogiar al otro, notaremos que hay una relación entre el Estado de emergencia (preocupado) y la emergencia (preocupante) de las masas. Más allá de que uno y otro se nutran, lo cierto es que ambos resultan necesarios, para empujar al orden el uno, para provocar el diálogo y el cumplimiento de promesas el otro.

Delante nuestro, en los acontecimientos de estas semanas, se están enfrentado dos lógicas, y ambas, lo menos que podemos decir, legítimas. El pueblo tiene derecho a expresarse, y lo enorme es que cuando legalmente eso resulta suspendido como en el presente Estado de emergencia, igual los ejerce, lo cual le permite a Pedro Pablo Kuczynski, de vuelta al ruedo limeño, llamarlo, y con razón, "Un estado de emergencia light". La cosa merece análisis. Razón de Estado y Razón de la calle. Ambas cosas. Lo vuelvo a decir, la medida de precaución del Estado de emergencia no es solamente constitucional y legal, sino lo que se imponía cuando se cortaron 61 puntos de comunicación del país. La razón de Estado, la odiosa y fatal medida de autoridad nunca es simpática y menos popular. Ni lo es cuando en algún país se llama a la conscripción militar obligatoria en caso de guerra o a una devaluación forzada, pero qué remedio. Lo curioso, lo tremendo, es que impuesta esa medida en el borde del caos, no es que no haya servido para nada, pero igual se ha echado a andar la otra lógica, no la del Estado (y miren bien que no digo Gobierno) sino la del reclamo popular, las manifestaciones, la protesta. El pueblo, pues. Que ambos se enfrenten sin derramamiento de sangre, que fusiles y cocteles molotov se autocontrolen es extraordinario. El martes 2 de junio ha sido un gran día de civismo.

El problema es que sólo es lucidez política de un instante. Y la cosa sigue. Nos puede quedar la duda de si ha sido una marcha contra el Estado de emergencia o contra la emergencia de algún tipo de Estado. Un estado de Derecho por ejemplo, que no sólo obligue a los gobernantes a cumplir sus promesas sino a los gobernados a acatar las leyes, pero de esto último nadie quiere ni oír hablar. ¿De la protesta en orden pasamos a las órdenes de la protesta? ¿Exigencias de cambios en el gabinete, no a la hora de la clase política sino a la sístole del marcapaso callejero que se le ha colgado al corazón del Estado democrático? ¿De la marcha como contribución a la paz no se pasa a la paz de las contribuciones que llevará su tiempo, mientras Silva Ruete revise el presupuesto, o lo haga el Congreso? Un dato inquietante viene en el diario "El Comercio" a propósito de la intransigencia del Sutep que evita la solución, ella se debería a que "su dirigencia recibe consignas partidarias". Que emerjan las masas no me inquieta, hasta por reflejos de antiguo alumno sanmarquino veo en ese pueblo de obreros lo que queda del proletariado de mi juventud, un actor histórico capaz de grandes papeles. No, la cosa no va por ahí, sino porque su par contrario, es decir, la emergencia del Estado demora. Somos un país presidencialista y, como me decía Touraine hace tiempo en la vieja Sorbona, "Ustedes los latinoamericanos no saben distinguir Estado y Gobierno", y lo peor es que tenía razón.

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Sabatina, 14 de junio del 2003

Vaya semana

 

Hugo Neira


Esta semana, de las que han transcurrido desde que he vuelto a mi país, me parece la más grave e intensa de todas. La huelga de 380 mil maestros reveló la fuerza social de intelectuales empobrecidos y a medias formados gracias a considerables desidias. Son la clave de cualquier desarrollo, en la práctica la última rueda del coche. Ese Leviatán de abajo se despertó. No tienen en todo razón, los habita el mito de la Cornucopia, la creencia de que el Estado es de ilimitadas riquezas. Así, no sólo la huelga de maestros daba visos de no tener cuándo solucionarse sino que a una dirigencia que proviene de Patria Roja y que combina demandas gremiales-corporativistas con gestos clasistas como en los buenos años setenta, se le enfrentan, pese al radicalismo, diversas bases provinciales. Mientras Nílver López discutía al poder legal (desconocía el Estado de Emergencia), otros lo discutían a él. Los rebeldes de los rebeldes, ante periodistas, ante los 40 puntos aprobados del reclamo, contestan "es un engaño". O sea, no se cree en nada ni en nadie. Hasta los conchos del país cala la desconfianza. He ahí a donde lleva el desmontaje del prestigio del Presidente Toledo, el afilado serrucho de sus adversarios unido a sus inexplicables errores (¿por qué no propuso al Congreso irse de viaje pero pagándose sus gastos?). Todo eso tiene efectos devastadores, el país es presidencialista. Baja el Presidente, y baja un principio impalpable de unidad. El historiador francés Braudel sostiene que nada llevaba a la existencia de Francia, ni la geografía, nada, salvo el voluntarismo de Reyes y Repúblicas. Perú es también una vieja nación (aunque no logre ser un Estado). Tenemos nación no porque nos coagulen los Andes, que no son sólo peruanos, sino, de siempre, un poder central. Desmerézcase en exceso Palacio, o si este se desacredita a sí mismo, y este país se rompe en mil laboriosas incredulidades. Por lo demás, la crisis de confianza o la confianza en crisis, arrancó ayer. ¿No creen que el país ingenuo que fuimos comenzó su dolorosa conversión al descreimiento desde que se supo lo de Fujimori? ¿Al aparecer los vergonzosos videos? Y los más encumbrados personajes en la oficina de Montesinos, muy formalitos ante los veneros del diablo? Hay un duelo por el esquema que fracasa tras Fujimori, pero cierto es también que el agravio del no-desarrollo viene de atrás. Que se lo pregunten a los millares de miles de peruanos que se fueron por las grandes puertas del desengaño llamado aeropuerto Jorge Chávez.

En fin, en la misma semana, y para que la cosa pareciera más grave, reaparece Sendero. Terroristas rodean el campamento minero de Techint, en la localidad de Toccate, y se llevan a 75 rehenes. Fue el copón divino. El no va más en la apuesta del imposible Perú. Pero Dios debe de ser peruano. En cuestión de horas, tropas combinadas del ejército y la policía rodearon el lugar, y como en los filmes del Oeste llega la caballería, huyen los malos, ganan los buenos y los del carromato, los secuestrados, son liberados intactos. Claro, muchos no se lo han tragado, se enciende la sospecha de un arreglo por lo bajo, ya se verá, pero el país, con todo, respira. Además, ese Sendero pidiendo un millón de dólares, ya no es el de antes. Antes liquidaban, y de paso hasta el ganado, por eso perdieron. ¿Coca-senderismo, infiltración colombiana? Se discute. Por lo demás, pueda que Dios sea peruano pero se manejó bien la crisis. En su sitio Loret de Mola. Y pensar que hay quienes querían dimitirlo por lo de Puno. Entretanto, la huelga magisterial se detuvo. Sea porque la salida del peruano limbo de maldades de un neosenderismo delincuencial le hizo paradójico daño, o porque en cuestión de días lo que fue apoyo masivo de los padres de familia a la huelga de maestros comenzó a tornarse en vinagrera. Y el propio desprestigio, el bochorno de ver a los educadores trenzados en pugilato. Las hazañas del Sutep y del anti-Sutep fueron seguidas minuciosamente por la prensa y la televisión, porque, aunque usted no lo crea, el Perú es, por el instante, un país democrático. Ahora bien, la televisión daba a conocer al profesor Huaynalaya, líder de la facción anti-Sutep, en esa carrera bien peruana por cierto, por ver quién es más radical, o sea, quién es más macho, pero ante el Ojo del Big Brother democrático de las cámaras, ante Rosa María Palacios se despintó, no pudo probar de dónde sacaba que se iba a privatizar la educación. Disfrazado de ultra, Huaynalaya resultó ser un pedigüeño clásico, ansiaba reconocimiento, "Comisión de alto nivel", o sea, negocien conmigo y no con López. Como en un viejo filme de Cantinflas, "si yo fuera diputado". En fin, cuando todo parecía volver a lo normal, aparecieron en las pantallas voces y rostros graves. Líderes de Sendero y MRTA hoy en prisión, explicándose por qué tomaron las armas, haciendo públicas sus reflexiones. ¿Creen ustedes que el contorno político agradece la oportunidad de ese discurso de arrepentidos? Tenemos algunos de los políticos más supinos de nuestra historia. Las reacciones y tonterías que se han dicho dan materia para la jupiterina del próximo jueves.

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Sabatina, 07 de junio del 2003

"Somos barcas, barcas de ideal"

 

Hugo Neira

Querido Raúl: En uno de los diarios limeños, no me preguntes en cuál, hay tantos, he visto un artículo tuyo y luego ecos de lo que sostienes. A propósito de la huelga de maestros has tocado el tema de fondo, el naufragado sistema educativo, sus razones. Por ahí te resumen, deterioro debido a la masificación de la enseñanza, asignación estatal que no crece en treinta años, caída en picada de las remuneraciones reales de docentes y, finalmente, deserción de los mejores. El cuadro es tétrico pero me temo veraz. Ahora bien, evocarlo en este preámbulo no es masoquismo sino propedéutica, recurso retórico, punto de partida para hacerse algunas preguntas, las siguientes: ¿Por qué al ideal de una educación universal se la dejó sin sustento presupuestario? ¿No es acaso verdad que en algún momento fue no sólo buena sino que rozó la excelencia?

Hace un tiempo abordé un taxi, era todavía un profesor que vivía en el extranjero y venía a ratos y esa tarde iba precisamente a un foro de saber e inteligencia, uno de sus gigantes festivales de cultura que organizaba Moisés Lemlij. El taxista me pareció hombre maduro y de aspecto como de ex director de ministerio obligado a ganarse el pan de esa manera. Mientras me llevaba, pasamos frente al local de mi colegio secundario. Acaso para amueblar el tiempo del trayecto, le digo al chofer, "mi colegio, el Melitón Carvajal". El chofer entre que me mira de costado y con aire dudoso me espeta "¿Es usted de verdad carvajalino?". Con la facha que andaba, muy encorbatado, más tiraba a bacanazo burgués y lo de estudios en colegio estatal sonaba a demagogia. Entonces, se me ocurrió ponerme a canturrear el himno del Melitón, aprendido en sus aulas. "Somos barcas, barcas de ideal". El chofer, que resultó ser también carvajalino, se emociona y continúa la cosa, "de ideal, de ideal, navegando". Y luego, a coro, "Hacia un día, un día, de fúlgida luz. Y en el mástil del pecho llevamos…". Así llegamos al hall del hotel Los Delfines donde alguien del muy distinguido comité de recepción no dejó de preguntarme qué es lo que estaba pasando.

La educación pública fue excelente y somos muchísimos los que la recordamos con gratitud. Que nadie se desmaye si sostengo que estudiar en una gran unidad escolar de esos días era como hacerlo en una gran escuela privada de Suiza, por lo menos. Llevamos uniforme, la disciplina reinante era fuerte pero acaso la soportábamos porque apreciábamos que los docentes viniesen de Normales o de Facultades de Educación, por concurso, con títulos y no del enchufe, el favor o la presión política. La vida escolar consistía no sólo en escuchar sino en ir a prácticas, es decir, química se aprendía en un aula que era un laboratorio, geografía en otra llena de globos terráqueos. En líneas generales, ciencia, humanidades, idiomas, deportes, y el arte de bien expresarse, leíamos, en los exámenes había que redactar, no había "múltiple choice". En el Melitón, por lo demás, aproveché a fondo las asignaturas extracurriculares, hasta el esgrima. Bien mirado, era una educación de primer mundo, aunque el concepto no existía. Lo malo, desde los prejuicios reinantes, era precisamente su carácter social abierto, del Guadalupe a las grandes unidades escolares, secundaria de calidad para muchachos zambos, cholos, niséis, mestizos y blancos con ganas de estudiar. Hijos todos del pueblo. Todos pasados por pruebas para recibir becas del Estado. ¿Qué pasó después? Ese es el tema, no únicamente educacional sino, gravemente, ético y social. Las explicaciones con ser ciertas de la baja tendencial de los salarios y de los recursos de Estado de Belaúnde para adelante, no me terminan de convencer. Hay algo que no estamos diciendo, Raúl. En su ascenso social, las clases medias desertaron esa escuela pública mucho antes de que comenzara su deterioro. La baja de la calidad fue, en cierta manera, una profecía autorrealizada. Solemos buscar la causa de nuestros males en los gobernantes y rara vez o nunca en las decisiones de la sociedad, vale decir, en nosotros mismos. Es hora de decirlo. Mucha gente de clase media prefirió enviar a sus hijos a colegios privados considerados "más decentes". Está claro que muchos privados no eran necesariamente mejores. Tropismo social desigualitario. Una mentalidad que entre otras causas nos ha llevado al maestro impago, al alumno de ahora que no tiene más remedio que contentarse con escuelas desvencijadas. La idea de una escuela igual en calidad para todos, a la manera de la enseñanza pública europea, produce en mucha gente simplemente el horror total. Y si no pregúntale a la China Tudela. En suma, tenemos la educación desigual que hemos querido tener.

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Sabatina, 24 de mayo del 2003


Cumbre y pesadumbre

 

Hugo Neira
 

Tenemos Cumbre y tenemos pozo, el pozo de nuestras desdichas. Ambas cosas, y en la escena de esa ciudad el Cusco que amamos todos, en la que todo está urbanamente cerca de todo, porque al esquema originario de la cabeza de puma de los Incas en un espacio cerrado y sagrado se agregó una arquitectura renacentista de plazuelas y espacios colindantes, algo bello y único pero que hace que el bombazo de gas lacrimógeno que se suelta por el portal de Panes o en las inmediaciones de la plaza del Regocijo trascienda a los patios del hotel Monasterio, de modo que la cita de presidentes en la Cumbre habrá rimado puntos de agenda y ruido social de fondo. Así están las cosas y de repente es bueno, así no se pierden los del Grupo de Río en la retórica de siempre. Hay una democracia que tiene hambre en las calles y no sólo del Cuzco, aunque la vieja ciudad retumbe hoy, caja de resonancia de desdichas colectivas que son antiguas y que se tornan impacientes. En el momento en que se escribe esta crónica hay enfrentamientos pero no hay un muerto, ni Dios quiera que lo haya, aparte de una pobre maestra que ha sucumbido de sus propias fatigas.

¿Se puede tener Cumbre en esas condiciones? Se puede, y la prueba es que la ha habido. Los colegas de Toledo no se han arrugado y han venido. Por delante el presidente mexicano Fox, ese ranchero, hombre del lado norteño de México que por singulares razones entre étnicas y nutricionales, da hombrones fortachones, el país de Pancho Villa, y como ellos Fox es altote y calmo, aplomado demócrata al que en su verba presidencial no le faltan dislates, como le saca en cara la revista Nexos, y lo recordaba en estas páginas Mirko Lauer, sin que ello lo baje en las encuestas. Los mexicanos no andan detrás de lo que diga su Presidente para saltarle a la yugular como sí ocurre aquí. Si la cita nos ha salido convulsa y sin tranquilidad, Fox es un amigo y un Jefe de Estado experimentado que entenderá que la gobernabilidad anda difícil, incluso cuando se tiene cifras macroeconómicas de las mejores como las peruanas. Y que los pueblos, hambreados por la globalización, puede que no perciban sino sus inconvenientes, porque los sistemas sin goteo a la mesa del pobre se demoran o no están hechos para eso.

Nos pasa que unos y otros tienen su parte de razón, y eso es lo peor que nos pueda pasar, abruma el corazón y extravía el buen entender. La tienen los maestros, y seré el último en agraviarlos puesto que vengo de la escuela pública, siempre lo digo, pero en fin, con la cabeza despejada no es difícil entender que también lleva razón el ministro Silva Ruete. Lo de "no hay plata, no hay caja”. Entonces, ambos dicen la verdad, la de cada cual, del Estado y la Protesta. En cuanto a esta, es de ahorita, en democracia, facilito, porque cuando Fujimori ni se menearon, vaya usted a saber por qué, algunos dicen que los sacrificados dirigentes con dietas temían se les escapase la canonjía de la Derrama. Y puestos a criticar ¿no se pudo prever este huaico? Es notorio que se ha estado gobernando mirando al Congreso y a los partidos políticos, sin observar los otros públicos, no partidarios sino sociales, y ese estrato entre culto y bajo, los maestros (y lo dije, con palabras de otros, la "choledad ilustrada") zona capaz de agitaciones esporádicas pero con coletazos de miedo. Esto por el Señor Gobierno. En cuanto a los señores del Sutep, está claro que tienen una idea muy particular del "timing". ¿La huelga, había que hacerla justo ahora ¿cuando la Cumbre? Cabe imaginar que los partidarios de la "acumulación de fuerzas" que están tras el Sutep no serían muy versados en la propuesta de John Locke o de la filosofía de Spinoza acerca del "bien común" (niños sin desayunos, agravio al turismo, a las inversiones, etc.). Eché de menos en estos días al antiguo titular Nicolás Lynch y no creo ser el único, escuchando el discurso arcangélico de ese buen hombre que es el ministro Ayzanoa. Hubiera habido de todos modos paro magisterial, lo del retardo salarial clama a los cielos, pero Nicolás no hubiera tenido, a diferencia de Ayzanoa, una respuesta únicamente profesional sino política. A Patria Roja hay que hablarle como lo que son, una ideología. Por lo demás, he leído con atención la carta de Nílver López que publicó este mismo diario. No está mal, salvo que el presidente del comité de lucha ha pasado al lado de una gran ocasión. Pudo dar el salto de la pequeña política a la grande. Del movimiento de maestros del Perú hubiera hablado el planeta entero si levantan la protesta por un par de días. Lástima, por lo visto la palabra pacto, clave en las democracias modernas, sigue provocando vinagreras. Así no habrá Lula peruano que valga. Por lo demás, me parece un poco feo eso de ir a llorarles a los otros presidentes para que animen a Toledo a que afloje la bolsa (inexistente). Eso ya no es infantilismo sino llanamente infantil. Y medio costumbrista, lo de siempre, buscarse padrinos.

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Sabatina, 17 de mayo del 2003


¿Transición? Para quién se la trabaja


Hugo Neira

En la semana tuve la impresión de que desfilaba delante nuestro un cadáver político. El cadáver de la Transición Democrática. ¿Cómo se puede, sin embargo, estar muerto y gozar de buena salud? Ese es uno de nuestros misterios barrocos, una cosa puede ser esto y también su contrario. Y que no molesten los filósofos antiguos con su principio de no contradicción, escucho decir, eso será en otros lugares. Que la Transición anda media difunta me vino a la cabeza escuchando a Mario Vargas Llosa frente a Althaus, en Canal N. El novelista no lo dijo así, es interpretación, pero más o menos eso, con esa carga de verdad monda y lironda que acostumbra y que destiempla a más de uno por su desconcertante sinceridad. "Anda mal la clase política", deja caer en la entrevista Althaus, creyendo acaso que Vargas Llosa le iba a seguir, ocurrió otra cosa, ahondó la crítica, "y el país, el país". Y se me vino a la cabeza las cifras en las encuestas de opinión en las que crece Fujimori, y en efecto, unos días después los señores empresarios salieron diciendo que ya estaba bien de persecuciones, que casi no había ex ministro de Fujimori que no anduviera sin proceso judicial, y que cada quien tenía derecho a pensar lo que le pareciera, dislate al que Rosa María Palacios respondió con rostro de auténtico horror, "pero, señor, si no se juzgan opiniones sino delitos", no hubo respuesta. Nuestra televisión es así, rapidita y acelerada como el manejo combi, pero se le entiende todo.

El subconsciente tiene sus mañas, como diría Matilde, más o menos. El caso es que al día siguiente me hallaba muy tranquilo explicando ante un grupo de estudiantes avanzados la Transición post-franquista, y en general que era una Transición, es decir, la salida de un régimen cerrado a uno abierto, salida pacífica, Franco se murió en su cama, y salida pactada, negociada. Como el curso debe seguir con otros casos de Transiciones (hay la tira, sólo en la América Latina como trece, más las de Europa del Este postcomunista) intenté un esquema general. Tres características las distinguen, me escucho decir. La primera, los que gobiernan se dan cuenta de que no pueden seguir (Gorvachov y la Perestroika es el caso ejemplar). La segunda es la práctica del consenso en la clase política, y hay que ver cómo los políticos españoles se manejan, al enfrentarse sin romper. La tercera es la voluntad del pueblo, su nivel de conciencia, o sea, las ganas de dejar algo atrás, pero de verdad. La tarde se filtraba con la luz de un verano tardío de estos días limeños y acaso eso ocultó mi desasosiego, pues mientras enunciaba esas tres reglas me daba cuenta de que mucho cojea la nuestra. Lo del consensus aquí no se entiende, creen que es melcocha o nada. Consensual es reconocer que el otro merece mis respetos pero igual debato. Si hubiera consenso, nadie se sorprendería de que Alan García visite al presidente Toledo, ni habría cuestión de si Lourdes se queda o no en el Acuerdo. En fin, la tercera regla, la voluntad popular para una Transición, y quien la expresa. La salida del comunismo en el Este europeo fue popular, incluyendo a los comunistas. Y en el caso de España, a la muerte del caudillo, una inmensa mayoría de españoles reconocen los méritos de la era franquista, o sea, paz social y progreso material, pero votan por un sistema de libertades. Al franquismo lo entierran sus herederos, el propio monarca, Juan Carlos I, e industriales y clases medias y populares nacidas del sistema. Un franquismo sin Franco, aunque reciclado, corre en la vena más legitimista de la España actual.

Y en esto que, en el panorama de estos días, nos ocurre dos sonados sucesos. Por una parte, la huelga del Sutep, en la que se puede intuir razonablemente ciertos apegos, tipo izquierda más que radical de los años ochenta. Por la otra, la llegada de Keiko Sofía, o sea, el fujimorismo que da la cara y se pone a derecho. Vaya, me dije. ¿Qué pasa si ahora estos dos invitados de piedra de la Transición piden su lugar en la escena política? Los partidos políticos han estado jugando a electorados fijos, como si todo estuviera pesado y medido. ¿Qué pasa si aparece un senderismo sin fusiles y un fujimorismo sin videos? En una democracia, los partidos del descontento si son pacíficos son legítimos, con más razón en un proceso de Transición. Claro, por ahora de los arrepentidos senderistas no ha salido crítica alguna a su pasado de crímenes ni en la otra vertiente del delito, en el fujimorismo, nadie se ha dado golpes de pecho por los robos. Pero puede que eso venga. Entonces los actuales partidos democráticos, sentados hasta ahora en el balcón de las expectativas, casi burgueses al lado de los de la emergencia fujisenderista, y en espera de heredar a Toledo y a Perú Posible, tendrán contendores en el seno mismo del pueblo, como se decía en otras épocas. En política, nadie sabe para quien trabaja. En suma, la ola de huelgas de estos días es asunto de todo el sistema, de toda la clase política. Fuera del recinto sagrado de los que se batieron están los otros. Acampando.

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Sabatina, 19 de abril del 2003

Vía Crucis


Hugo Neira


Hace apenas una semana atrás, los peruanos nos aprestábamos a celebrar en paz los tradicionales ritos de esta Semana Santa sin imaginar que era otro el Vía Crucis por atravesar. Tras las declaraciones de Pedro Arbulú, ex presidente de Panamericana, se desata un escándalo de proporciones, se ha herido la función presidencial, la figura de Toledo, Palacio, su entorno, el proceso de Transición, la vía democrática, el estado de derecho, en crisis que me temo no ha concluido. Desde hace una semana no hay sino un tema que estremezca a la opinión pública, una vergüenza ajena que ocupa nuestras conversaciones y el imaginario social. Escándalo es asombro, mal ejemplo, indignación.

Toledo estaba en Brasilia cuando en Lima Arbulú va a atacarlo frontalmente, y sea cual fuese la salida de la presente crisis de credibilidad, el hecho es que ya ha diluido en el viento lo hecho por el Presidente en su gira y poco o nada cuenta que Silva Ruete insista: el crecimiento económico no es una mentira. Puede no gustarnos, pero el país, que se ha vuelto suspicaz, recuerda otras crisis, otras vacilaciones, la demora en el caso Zaraí, se prende de la televisión, la radio y la prensa. Y no es para menos. Mientras la pulmonía atípica recorría el mundo y se nos acercaba, otro síntoma de dificultad respiratoria nos invadía cuando en el seno del Congreso fiscalizador, Pedro Arbulú, funcionario defenestrado de Canal 5, acusaba a Toledo de presionar y querer comprar con dinero propio, "lo tengo afuera", Pantel televisión. Como estamos en democracia, la comparecencia la vimos todos. En vano se señalará días después que quien acusa al Presidente es hombre del fugado Schütz (Liberación), Socio actual de quien recibiera 12 millones de dólares de Montesinos (La República). No falta quien observa que Arbulú leyó su texto, temblón e inseguro, ¿un guión que otros le prepararon? Y si bien la respuesta oficial fue inusitadamente rápida, y al día siguiente el Ejecutivo denuncia "el carácter psicosocial" de la acusación por la proximidad de la extradición de Schütz, y no deja de ser verdad que el listado de llamadas muestran una innegable asimetría, un Arbulú desesperado que buscaba Palacio y no al revés, no obstante ¿cómo no dejar de observar que igual hubo reuniones y finalmente poco importa si dos o siete veces? En tal materia, aunque Toledo sea mi amigo, no puedo menos que coincidir con la admonición de este diario, el día 11 de abril, en líneas que, si bien no he escrito, libremente suscribo: "No hay justificación para que al representante de un mafioso le abran las puertas de Palacio. No una sino varias veces. Grave error. Palacio no tiene por qué escuchar los problemas judiciales de los canales".

¿Qué decir de lo ocurrido? Paniagua llama a una "explicación solvente". Alan García dice a Toledo "que dé la cara", mientras el tema ocupa sin fatiga a los diarios. El domingo 13 de abril, Perú.21 dedica una entrevista a Gustavo Gorriti en dos páginas generosas. El colega no se sorprende de las acusaciones de Pedro Arbulú aunque con olfato político no deja de señalar que lo que le parece "batalla central" de estos días no es Toledo sino la reactivación de la mafia. "La sincronización del inicio de los juicios a Montesinos y los ataques contra Ugaz y, en general, contra el sistema anticorrupción". Una noche Cecilia Valenzuela lleva a su mesa a Gorriti y a César Hildebrandt, y la temperatura subió espectacularmente. Don César, en una de sus mejores noches televisivas, soltó la tesis de un posible causal para la vacancia presidencial, la idea no dejó de rondar desde ese instante. "Todo Nixon tiene su Ford, todo Toledo tiene su Diez Canseco". Gorriti, más cauteloso, la emprendió con "el entorno", Pereira, Almeyda, etc., tratados de "ayayeros y chupamedias". Pronto rodarían cabezas del famoso "contorno", no todas las que esperaba David Waisman ni el propio Solari. En fin, en víspera de las fiestas religiosas, Toledo se dirige a la nación. Niega indignado las acusaciones de Arbulú. Reconoce haberlo recibido aunque "de buena fe". Su intervención es después de la comparecencia de Emilio Rodríguez Larraín, quien había desmentido a Arbulú. El Presidente da por cerrado el asunto. Hay razones para creer que no será así. Mauricio Mulder ha anunciado que llamarán a otros, al propio Toledo. Solari promete la intervención de la Fiscalía. Lourdes le dice lo que quiere a Alejandro y ay de quien se atreva a llamar a Alan García a un juzgado, el aprismo entra en huelga parlamentaria. La clase política está en guerra. Cómo debe frotarse las manos el Doc en su celda. Por lo demás, ¿convenció Toledo? A los "medios" no, primera plana de Perú.21: "No hubo autocrítica".

Por mi parte, tengo cuatro preocupaciones. La primera, si se estudió cancelar las licencias en los días del gabinete Dañino. ¿Por qué no se hizo? La segunda, ¿qué hace Palacio recibiendo mafiosos? No es cierto, dicho con todo respeto, lo que sostiene el premier Solari. Sostiene que la Transición española (que yo he vivido y que explico como docente) "tendió puentes". Sólo en parte. Cierta gente del franquismo no era, como dicen en Madrid, "de recibo". La tercera, es que creo que hay un error de base, viene del corazón, de ese hombre animoso y querendón que es Alejandro Toledo, quien tiene prisa en que reconozcan sus logros. La cosa es al revés, si se llega al amor de los humildes, con obra, con modestia, y con paciencia, sin tanta reingeniería de imagen y marketing, los "medios" no tienen más remedio que seguir. En fin me temo lo peor, Viaña ha hablado que por ahí hay un audio. Es tan fácil fabricar uno.

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Sabatina, 04 de enero del 2003

Correspondencia

 

Hugo Neira


Por estos días no estoy en Papeete sino en un seminario de un abnegado grupo de profesores, en una isla sin acceso a Internet, en los confines del castellano en el Pacífico sur. Los directivos de este diario han considerado oportuno publicar aquí una carta de lector, con una respuesta mía. Aquí tienen ambos textos. Aprovecho para desearles a todos un buen año 2003. Por la información de este diario, y una crónica de Gonzalo García Núñez, parece que la reactivación ha comenzado a asomarse, al menos, en las compras navideñas. ¡Qué bueno! No saben cómo me alegro.

«Señor Hugo Neira:

Es muy grato saludarlo con motivo de las fiestas que se avecinan. Le escribe un joven militante de Acción Popular. No puedo evitar expresarle que sus interesantemente fundamentadas "Sabatinas" me han producido esta vez una decepción. Es lamentable que haya decidido que su único referente político peruano sea el APRA al extremo de clasificar a los políticos peruanos como apristas, antiapristas y no apristas (y que los deifique como su personal "Santísima Trinidad"). No me corresponde discutir sus analogías religiosas ni sus credos políticos pero quedo obligado a algunas acotaciones.

Me despierta curiosidad por ejemplo que llame antiapristas a los "sanchezcerristas de los treinta" pues, con seguridad Ud. lo sabe mejor que yo, en los años treinta la Unión Revolucionaria de Sánchez Cerro y el partido aprista de Haya recién se habían fundado, ambos, y además la Unión Revolucionaria (UR) obtuvo más votos que todas las demás agrupaciones juntas (Incluyendo al APRA). En todo caso si al referirse a aquel tiempo quiere mencionar solo un "anti", es mucho más apropiado referirse a los apristas como "anti-urristas". Y tan es así que solo con el asesinato de Sánchez Cerro, al APRA le tocó la oportunidad de tener por primera vez la mayor importancia (su caudillo Haya vivió mucho más). Separa también del APRA al MDP ("Movimiento Democrático Peruano") al que denomina "no-aprista", pero omite mencionar el pacto preelectoral que ambos sostuvieron. ¿Cómo los llamaría? ¿Los "pro-apristas"? ¿Acaso los "filo-apristas"? ¿Y cómo queda su "trinidad"? El tres es divino pero el cuatro es mundano (así, su analogía no resiste ni su propia lógica).

Respecto a Acción Popular menciona sus triunfos electorales de 1963 y 1980 pero al parecer olvida que desde mediados del siglo XX —desde que en el mundo terminó la segunda guerra— hasta hoy en el Perú, el único partido que ha ganado dos veces las elecciones presidenciales ha sido Acción Popular, en elecciones inobjetablemente limpias. También tuvimos los mejores resultados en las elecciones municipales de 1963, 1966, 1980 y 1989. Todo un récord político partidario peruano. Además en la actualidad nuestro correligionario Dr. Valentín Paniagua tiene la mayor opción para las próximas elecciones presidenciales. Eso Ud. lo sabe pero lo omite. Me honrará con su respuesta. ¡Felices Fiestas!
Acciopopulistamente ¡Adelante!

Frederik Ugarte Mego (DNI: 06788910)

P.D.: Afirma que cuando llegue la reactivación ad portas "A.P. estará lejos y el APRA cerca". Es relativo y depende de qué. En Acción Popular estamos trabajando y confío en que nuestro correligionario Raúl Diez Canseco adoptará una decisión correcta. ¿Pero podrá Ud. tener otra visión menos "apristocéntrica"? »
 

Respuesta: Me acusa de "centroaprista". Creo que a quien tiene que acusar es a los resultados de las regionales. Intento ser veraz, y la veracidad es el respeto a lo real. Que el aprismo está ahí, y desde 1931, es lo que se suele llamar una evidencia. Usted la niega, se entiende, pero nos guste o no, es lo que comprueba todo analista universitario de América Latina a USA. Mi sabatina era sobre el bipartidismo. Me preocupa su frustración, porque la democracia son contrapesos. No me culpe a mí, debería mirar por casa. El verdadero patriotismo es criticar la patria de los abuelos para construir la de hijos y nietos. Su carta me inquieta, ¿si mañana afirmo que los musulmanes en el mundo son tan numerosos como los cristianos, deducirá Usted que incito a la conversión al Islam? Me inquieta que no se sepa distinguir juicio de hecho y juicio de valor. Aprovecho para decirle que mi combate no es por este o aquel partido, menos por el poder, sino por la verdad, y contradecir en cada ocasión la tendencia a la mentira, al autoengaño. Tarea que a veces no se entiende. En fin, Usted tiene derecho a no ser aprista, yo tampoco lo soy, pero no a mentirse a sí mismo: construya pues AP. No haré sino aplaudir, guardándome para mí el magisterio de la libre crítica. Y a seguir razonando sin prejuicios ni anteojeras.

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