Nacional: Política/Educación

Escrito por: H. N. - 2 686 veces

 

Nacional: Política/Educación

 

Parte I

Viajar es leer –  ¿1929?  Desconozco mayormenteLa restauración del terciopelo  – De la postnación y los bosquesParo. Masas y Mesas  –  La Cumbre resultó altaSorpresas tiene la vidaLecturas del abismo De Palma a PalmaRousseau cajamarquinoSe necesitan cronistasLa Opinión Púdica El INC y el arte de atarantarEl “dossier” MorinPontificia¿Pandillas de New York?La violencia simbólica –   A propósito de la franqueza. El Banco Mundial

Parte II

ONGs. Una cuestión previa  – Una asignatura pendiente. El Estado – Cuaderno de bitácora – Si Humala gana – El debate: El Otro como indispensable – ¿Humala de izquierda? La opinión de Hugo Blanco – Cuando los centuriones matan a los muertos – En la clara noche, la nueva Biblioteca – Abril, elecciones y semiótica – Con los dientes apretados – La tierra de Humala

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02/12/2008 – Diario La República

Por: Hugo Neira

Viajar es leer

 

Estuve unos días fuera, en Santiago. La culpa al Centro Regional para el Fomento del libro en América Latina (CERLALC) que se le ocurrió invitarme. Los papeles que me llegaron no me dieron una idea de la vastedad de la convocatoria. Fue foro inmenso, no hubo solamente  bibliotecarios y directores sino editores, y empresarios de industrias del conocimiento. Y una nube de expertos, no sólo latinoamericanos (brasileños, colombianos, mexicanos) sino especialistas de Australia, Estados Unidos, Europa. Los problemas y a la vez, las posibilidades del libro y la lectura, son universales. Y muchos los oficios concernidos.

Lo que se avecina en la edición a partir de imprentas, kioscos, librerías y derechos de autor en la era de la digitalización, da para debatir un buen rato. Por mi parte, vista la diversidad de mesas, me incluí en varias. La verdad es que mucho aprendí en esa intensa semana, sobre todo escuchando, y lo contaré de a pocos. Cabe sin embargo ir diciendo que “las fuerzas motoras del universo digital”, como formulaba uno de los expertos, no hacen sino comenzar. Por ahora, un par de cosas. El libro no va a desaparecer, lo habrá en papel y en otros soportes. La segunda constatación es que las Bibliotecas están ya en plena mutación. Mala noticia para algunos de mis detractores: no hay biblioteca en el mundo ni privada ni pública, que no se torne, por angas o por mangas, en centro múltiple de cultura. “Bibliodiversidad” la llaman. O sea, al lado de Gutenberg, la seducción de lo audio-visual. Pude apreciar, además, otro par de cosas. La excelente Biblioteca Pública de Santiago. No hablo de la Nacional, en Alameda, bella y sabia, no. La de Santiago es eso que intentamos hacer en San Borja. Un centro de actividades, además de anchas, amables salas de lectura. Lo otro que pude apreciar es el talento de un compatriota, me refiero a Francisco Sagasti. Estuvo como consultor, y lo vi manejar uno de esos talleres gigantes con acierto y discreción admirables. Lo siento Francisco, tenía que contarlo.

La lectura es un hábito pero te lo complican en esos aviones que te distraen con zonceras: filmes en pantallas chicas, venta de objetos innecesarios.  En lo que me concierne, no acepto nada y me preparo a la dicha. De Santiago a Lima, hay algo como 4 horas, tomando en cuenta la espera en aeropuertos. Soy de aquellos que se zampan dos libros por viaje, uno a la ida y otra a la vuelta. Cuando tenía que emprender el viaje a París desde la Polinesia Francesa, veintiún horas, una paliza, me llevaba algún árido volumen de Hegel, o de Popper, para mi, placer divino. Por lo demás, en países donde existe transportes masivos (no los hay en el Perú) la gente lee viajando. No conducen: descansan y se instruyen. De lo que precisamos no es un ministerio de cultura sino mejores transportes. ¡Viva el tren !  En fin, también lo que volví a convencerme en ese foro, es de algo evidente: se toma el gusto por la lectura en la tierna infancia, o nunca. Pero en nuestro país, la pérfida escuela de “constructivistas”  y el pedagogo Vexler, han preferido ponerlos a jugar. Era atinado, pero bueno es culantro pero no tanto.

Volviendo a lo del avión, hoy mis viajes son más cortos, y la lectura en consecuencia. Para la ida me llevé un relato de Dan Brown. No leo casi novelas, lo confieso, pero hay excepciones. Dan Brown es el autor del best-seller El código DaVinci. Esta vez, en La fortaleza digital, el centro de la intriga no es ni el Vaticano, ni María Magdalena, ni una oculta secta que vela por el gran secreto. La “fortaleza” es una supercomputadora que controla todos los mails del planeta en manos de una súper CIA, obviamente clandestina.  Brown es el narrador por excelencia de códigos y claves secretas. Hijo de matemáticos, profesor el mismo, hacedor de inteligentes enredos. Y volví a leerlo de un tirón. Para la vuelta me entretuve con un libro cortito y admirable. Daniel Cohen, profesor en Harvard, apenas 130 páginas sobre “La sociedad postindustrial”. Lectura que vino a tiempo luego del foro de Santiago. “Los dominados serán los que no saben”. Vaya, por el momento leer es un placer, sensual, genial. En un avión es el viaje dentro del viaje, si como pasajero tienes el coraje de prescindir de la masa de trivialidades que te ofrecen. Los humanos lo que necesitamos es tiempo y no solo objetos para disfrutar las pocas cosas buenas de la vida. Conversar, escuchar música, amar.  Pero la cuestión no es que las compañías quieran distraer al pasajero, aunque la idea lo dice todo, distraer. Me pregunto de qué. Justamente, el filosofo Jan Assmann sostiene que la escritura no solamente nace contra el olvido sino como la forma que permite prescindir de cualquier otra forma. Así, un ser humano que lee, aun si fuese en un asiento de avión, es alguien que escapa a la ritualización comercial. Ya no mira pantallas, ni compra nada. Un día de estos van a descubrir el efecto individuador de la escritura, el alma anarquista de todo libro, y lo prohibirán como los habanos, por subversivo. 

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04/11/2008 – Diario La República

Por: Hugo Neira

¿1929?  Desconozco mayormente

 

La palabra, Krach, y su versión castellana: crac, está en los sustos y bolsillos del mundo entero. La sombra de 1929. Pero ninguna crisis se explica por la anterior. De la presente hay mucho que decir, comenzando porque en New York hay muchos banqueros arruinados pero ninguno pobre. En todo el mundo se abre un tiempo de incertidumbre, y de debate. ¿Y por casa? ¿1929, pan comido? Ingenuo de mi, el otro día me hallé de narices con lo mal que andamos. Poco tiempo libre me deja la BNP, a lo sumo para un par de clases y alguna conferencia. El caso es que fui a dar una, en recinto universitario (que no diré) y aunque no venía en la temática igual me preguntaron: “- Pero doctor, qué piensa de lo que pasa, o sea: ministro Valdivieso, recortes, la vaina inmediata”. Por instinto pedagógico me dije, in pectore, nada mejor que una analogía. Y entonces abrí la boca para decir, “como Ustedes saben, los años 30, el horrendo krach, nos tocó, etc.” Y en la mitad de la frase, me di cuenta (y este es el asunto central de la presente crónica) que 1929, Perú, desconozco mayormente.

Saber que siguió al viernes negro del 29 no es cuestión de edad. Los que venimos de la antigua secundaria, la de mañanas y tardes (y sábados por la mañana me añadió el otro día una amiga inteligente) estudiábamos ese pasado inmediato, algunos dos veces, de nuevo en universidades, en las de esa época, gracias a Dios, ideologizadas hasta las orejas, pero bueno, eso nos llevaba en células políticas a chancar como locos y a preguntarnos una y otra vez cómo el Perú se había retrasado tanto. A lo que voy, en ese encuentro con gente de hoy, en la que había doctores y doctorantes, se me ocurrió preguntar: “ A ver ¿quién gobernó en medio de la crisis de los años treinta?” Silencio, alguno por ahí dijo Sánchez Cerro. Ok, ¿y quién después? Silencio, desconozco mayormente. Hace un rato que lo ando diciendo. No hay en la actualidad curso de Historia del Perú. Lo sustituyeron por un sancochado llamado “ciencias sociales”. No lo hay. ¿Desde cuándo? Parece que desde Fujimori, ni de lenguaje ni de educación cívica. Bravo. Así que echen pluma cuántas promociones sin historia, y desmemoriados de por vida. Esa lobotomía, valgan verdades, no se la debemos solamente al chinito sino también a pomposos pedagogos que desde entonces mantienen una inicua currícula. No sé si me dejo entender. Si no hay la mínima referencia a 1929 y sus secuelas, no se entiende el origen de una serie de dictaduras militares, Benavides, Manuel Prado. Y en 1948, Odría. Tampoco se entiende sin crisis y marasmo social, ni a apristas, comunistas, y demócratas de diverso pelaje, por entonces perseguidos. Una historia “light”, sin drama, calla a los jóvenes casi todo. Apreciarían sus libertades actuales de saber de qué noche provenimos.

Sobre la crisis de los 30 y lo que sobrevino, hay textos magníficos. Dampier Paredes que me asiste en trabajos de investigación, en pocas horas halló los de Emilio Romero, los de Víctor Andrés Belaunde, los de Luis A. Sánchez. Esos textos capitales no figuran ni por asomo en los desangelados libros que se distribuye a nuestros escolares. No anda por ello mejor la educación superior. Reina en ella un texto ligero, sin embargo bien considerado, el de Carlos Contreras y Marcos Cueto, “ Historia del Perú contemporáneo”, que va en su tercera edición (U. Católica, IEP, U. del Pacífico). Hay unas líneas en las páginas 264 y en otras, en la 266, devaluación del sol, creación del Banco Agrícola en 1931, y sanseacabó. Yo creía que después del monumental Jorge Basadre, ya no se hacía solamente historia política, “acontecimiental”, pero no, ahí está lo de Contreras. Ausencia de las grandes bifurcaciones, por ejemplo el “accidente” de 1929. El Perú no levantó su economía hasta los años cincuenta, bajo el impulso de las exportaciones de la guerra de Corea. Saberlo facilitaría la apreciación del presente. ¿Se dan cuenta que le hablan a unos ciudadanos en gran parte deshistoriarizados? ¿Para cuándo otros textos de enseñanza de la historia, hechos por profesionales? ¿Para cuándo otra televisión? ¿Cuándo educaremos al soberano? Después no se quejen de moqueguazos y tacnazos y para el 2011, algún aventurero “antisistema”, que no se engañen, igual se viene.

PD. Atención a la noche electoral americana del martes 4, se verá si Obama ha convencido pese al reticente fondo provinciano y calladamente racista. ¿Cómo le irá en Nevada, Misurí, Florida? Otro asunto: en Lima hay un filme que merece verse: “Dioses”. Josué Méndez ha atravesado la línea roja: la crítica al estilo de vida de cierta zona ociosa de la clase alta limeña. Lo que no ha osado la narrativa. Se les ve y escucha. Precisión del diálogo. Y del elenco. Edgar Saba de padre autoritario/complaciente. Notable. 

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21/10/2008 – Diario La República

Por: Hugo Neira

La restauración del terciopelo  

 

PetroTech, PeruPetro, noruegos de Discovers, misteriosos chuponeos, destape en “Cuarto Poder”, prisión a empujones del abogado Quimper, fuga de Rómulo León; y fin de un gabinete que no lo estaba haciendo nada mal. Luego y casi sin respirar, Yehude Simon Primer Ministro y otra conmoción: Magaly Medina conducida a la prisión de Santa Mónica. Mucho, incluso para un país habituado a los psicosociales. Así que vamos por partes y cucharadas.

Y en medio de ese zafarrancho, la mano fina. El nombramiento de Yehude Simon es la restauración del terciopelo. Elevarlo a Premier es audacia presidencial que nada hacía presagiar. Cuando lo supe, me sonreí. Cómo, ¿no quedaron algunos en que García era de derechas? Tal etiqueta fue pregonada con ínfulas dignas de un pontificado por más de un analista. Incluso, ante el apasionamiento presidencial por el desarrollo mediante inversión externa, alguien lo tildó de “converso”. En el jardín de las delicias democráticas en que vivimos se suele decir cualquier cosa. En política no hemos salido de la religión. Nos movemos entre absolutismos. Así, durante meses, García no podía ser sino Toledo II o Fujimori III. Era una sorprendente coincidencia en la estrategia de la injuria. Por supuesto, no ha faltado quien desde los mandos policiales ha tirado la puerta. Ahora bien, ruego al lector que se desplace conmigo a las entretelas del alma peruana. Y del comentario de la cultura de la confianza (ministerial), pasemos a la cultura de la sospecha (Magaly TeVe).

Hasta hace unos años, esa televisión y cierto teatro, no pasarían de “pintorescos”,  de costumbrismo. Pero Magaly es un estado de ánimo. Es Chollywood y mal haríamos en subestimarla. La conductora es un icono, uno que derriba a otros iconos. Los griegos inventaron la tragedia para decirse que ni los príncipes como Edipo escapan al destino. Los peruanos asistimos con Magaly (confieso que yo también) a la demolición de la fama, sea su portador artista o futbolista. Su reiterado ¡ampay! es nuestra versión cachacienta del juicio final, sin arcángeles santurrones. Se explica, pues, que mucha gente se congregara inmediatamente en los exteriores del penal de Chorillos. Rocío Silva Santisteban, en crónica que se anticipa a mi propio lectura, señala un imaginario autoritario en el público de Magaly TeVe. Por mi parte veo en ese regusto por ver sufrir a los famosos, la larva de un vasto sentimiento anti-elitario, algo que cuando se prolonga acaba en fascismo de masas, en venganza pública. Y si hay la menor señal de eso, y la hay, como en la bajada de Alcaldes y autoridades pueblerinas, entonces resulta de poca monta si la conductora difamó o no al futbolista Guerrero, aunque me quede en la cabeza ese ticket de consumo marcando las ocho de la noche y no la medianoche. Pero a lo que voy, la praxis feroz del ¡ampay! tiene otro significado. Hay que asumir, cuando se trata de deportistas, que como en otras sociedades de masas, los dioses del estadio son sujetos de un culto paradójico, admirados y envidiados. Y los nuestros, además de acumular derrotas, encima suelen portarse mal. Así, ante jugadores conchudos, Magaly TeVe es el big brother de Orwell que aquí es mujer. Pero Dios castiga sin palo, hubiera dicho mi abuela. La conductora pasa de perseguidora a perseguida. Sin mostrar, al igual que sus ampayados, conciencia de los límites. Pero ayudaba, prestaba la muy retorcida respetabilidad de ser infamado. A esos extremos barrocos hemos llegado.

Si Yehude es esperanza racional —y no sé si nacional— también es cierto que a las 48 horas, las primeras planas lo abandonaron por Magaly. ¿Público televisivo contrariado o un país con ánimo de bronca? Creo que lo último. La conductora administra esas rabias y acierta sibilinamente cuando insinúa un complot político en su detención. “Soy la cortina de humo”. Qué hábil. De inmediato una voz anónima: “son los apristas”. Hay un imaginario popular predispuesto a creer a priori en la culpa ajena, con tal de poder detestar. Por lo demás, René Girard, un pensador muy original, ha estudiado ese mecanismo de violencia que habita en toda sociedad: la necesidad de chivos expiatorios. Del linchaje fundador. ¿Desde Ilave donde se mata a alcaldes antipáticos pero inocentes, a esa constante denuncia en la pantalla? Y no solo en Magaly TeVe. El deseo es mimético, dice Girard. Quiere lo que quiere el otro ¿En estas circunstancias tan marcadas por un imaginario convencido que el poder es delectación y goce ¿puede Yehude Simón tener éxito? ¿Con recesión económica por fuera y profunda desconfianza por dentro? Hay dos grandes misterios. El primero, la materia negra en el universo existe masivamente pero nadie sabe donde. El segundo adónde se fue a alojar la confianza de los peruanos. No esperemos, pues, un súbito milagro. En cuanto a la hoguera criolla-inquisitorial de Magaly TeVe, repito que la echaré de menos. Es la utopía que nos queda: el destape de la truhanería del boato. Claro que es subversiva: derrumba fachadas sociales y personales. Suerte a los dos.

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26/08/2008 – Diario La República

Por: Hugo Neira

De la postnación y los bosques

 

Don Manuel Prado, ese filósofo, solía decir que había tres tipos de problemas en el Perú, y un tipo de ellos, se caracterizaba por resolverse solos. Sería el caso de las comunidades nativas, del “amazonazo”, al derogarse sendos decretos. O sea, las aguas vuelven a su nivel, y es verdad que en la ciudad de Bagua se ha festejado, y lo mismo, 42 grupos étnicos y 12 familias lingüísticas, la contabilidad la ha hecho Caretas  tras irónica portada. Cierto, por el momento el pueblo amazónico – o los pueblos – pasan como el de Israel el Mar Rojo, entre dos murallas detenidas de aguas: de un lado, la propia marea de la protesta, del otro, el país oficial que se lo va a pensar, el Ejecutivo puede observar o promulgar. Pero lo que no me creo es lo de resuelto.

Y no me lo creo porque no está en juego (únicamente)  si la bancada aprista o el decisionismo presidencial pierden una batalla,  o si el desarrollo de la selva lo hacen nativos o el capital foráneo, y si había que ir o no a consultar a arahuacas, cahuapatas, huitotos, jíbaros, panos, pebayaguas, quechuas, tacamas, tucanos, tupi-guarani, zaparos. Ni que acaso tenga razón la argumentación de Valle Riestra, que no había venta y por lo tanto que no había nada que consultar. Todo eso tiene importancia, pero no del todo. Voy al grano. Este agosto del 2008 el país descubre la entrabada problemática, la de una administración ambientalista que no tiene más remedio que discurrir entre el Estado-nación y unos pueblos que pueden ser grupos extensos y que flotan y transmigran en las fronteras de otros Estados-nación. Sin embargo, la clase política y acaso la misma opinión pública los ve, temerariamente, localizados. No es así. Y ellos son claros, se lo ha dicho a este mismo diario Eugenio Anjis, dirigente comunal de Santa María de Nieva, “que ante la desidia del gobierno, su pueblo planea migrar a otro país, Ecuador o Colombia.” En otras palabras, se nos vino encima en agosto el siglo veintiuno, o sea la hidropolítica, los bionegocios, la bioindustria. Y la anguria que por esos territorios tienen las multinacionales del Primer Mundo, por “los bosques megadiversos”, como dice mi amigo Roger Rumrrill (La Amazonía peruana, junio 2008). Caímos de lleno en lo que llama el hindú Arjun Appadurai, “las consecuencias culturales de la globalización”, tema muy bien seguido por la intelligentzia de la India, por mexicanos y brasileños, y por aquí bien, gracias. Sin embargo, en la vida práctica, alguna escena hubo de esa nueva dramaticidad en parte local y en parte transnacional, unas comunidades cajamarquinas por aquí, alguna minera sitiada por allá, una que otra aspiración a una república aymara por acullá. Lo de Bagua, sin embargo, es fuego líquido que ahora baña una nueva geografía del imaginario social. Y a la vez problemática de la transnación. Es decir, un poco cuando a los “gobiernos” los atropellan crisis importadas y por abajo implosiones culturales, marcha de nativos salidos no sólo de la pobreza y escasez sino del bosque. Del bosque de leyes que asfixia la Amazonía (Rumrrill, dixit ).

Así, vayamos al nudo mismo del problema. ¿Son comunidades nativas o son territorios autónomos? Da la impresión de lo último, como si pudiesen vender recursos naturales. Pero si es eso, no es lo que dice la actual Constitución, observa más de uno. Se diría que el fondo de la cuestión es presentarlos como propietarios, y en este caso, no hay que ser Sherlock Holmes para preguntarse a quién favorecería la fragmentada Soberanía. Al Imperio naturalmente. Este es el tema. Y no voy a tener la temeridad de zanjar, ni en un libro, ni nadie. Acaso la imaginación institucional, la historia, el tiempo, lo harán. Entretanto, rajaduras, clivajes, batallas fundamentalistas. Eso ha acabado en Bosnia y en la ex Yugoslavia en baños de sangre. No siempre: se salvan democracias con Estados fuertes. En Europa, por ejemplo, aunque no desaparezcan del todo la violencia que portan las “culturas diferentes”. En Bagua terminaron cantando el himno nacional. Se evitó lo peor, la sangre, pero no las raíces del conflicto.

¿Cuál conflicto? Para Sartori, de paso por Buenos Aires, para una democracia a escala que incluya a individuos de procedencias diversas, la concepción del pluralismo es lo más saludable, pero implica tolerancia. En cambio no es el caso del comunitarismo. Por tal entiende  a un grupo que se edifica en torno a una identidad religiosa o étnica cerrada que niega al otro. Aparte que su rasgo central es su esencialismo: no se toma en cuenta que los grupos son históricos y se modifican. En todo caso, Sartori, visto lo que pasa en otros lugares, considera incompatible ciudadanía republicana y pertenencia comunitarista. Tenga o no razón, hay un asunto no resuelto. ¿Democracias solamente en sociedades de individuos educados, posétnicos, tolerantes, capaces de cálculos racionales sobre sus intereses al votar? ¿Y cuándo llegaremos a eso, si llegamos? Por mi parte hago una sola pregunta: si el Estado-nación desaparece, ¿quién garantizará el reparto mínimo de los derechos democráticos, comunitarios o individuales? En fin, las turbulencias culturalistas debilitarán a los capitalismos incipientes, que es lo que somos. Y sale fortalecido no el viejo imperialismo con bandera, Washington, sino el gran capital apátrida. Ellos no compran patrias, las rompen. Ni el fomento del localismo ni el Estado falsamente homogéneo son solución. Hay que echarse a pensar. Bagua es la capital de un nuevo debate.

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15/07/2008 –Diario La República

Por: Hugo Neira

Paro. Masas y Mesas 

 

Bueno, la verdad es que este artículo podría titularse “Masas, mesas y musas”, como apreciará el lector líneas adelante, pero para facilitar el encabezado, abrevio. Es tríada, o sea, un manera de analizar un tema bastante intricado: el reciente paro. Que fue una cosa y también la otra. Reúno aquí lectura de diarios, lo por mi visto como cualquier hijo de vecino y en las calles, y algo del intercambio de ideas en RPP, muy interesante, sincero, bajo la batuta de Raúl Vargas con Pedraglio, Sinesio López, Juan de la Puente y servidor. Pero claro, no me atribuyo otras opiniones. Aunque en filigrana, anden por aquí.

Lo primero, el tema del paro y las masas. Hubo uno, de manifestantes que se dirigieron adónde los esperaban los dirigentes de la CGTP, en la plaza Dos de Mayo. Y de hecho pararon construcción civil, colegios, puertos. Pero, me parece, fue “masa” de otro tipo la que le dio trabajo a los bomberos en Puerto Maldonado. Y la que volcaba autos en Juliaca. ¿Clase trabajadora y a la vez turba, pueblada, caterva, aluvión? Seamos honestos, de eso último también hubo, y mucho. Por eso, César Campos escribe: “sedes institucionales quemadas, periodistas agredidos o muertes generadas como la de Lucy de la Cruz Otiniano, joven gestante de 19 años de edad, porque un grupo de vándalos impidió el paso de una ambulancia”. Por lo demás, ya no hay fábricas como antes en la avenida Colonial. Hay informales. ¿Éstos, paran? En fin,  lo del miércoles pasado tuvo otros efectos, más bien mediáticos, que parece son los que cuentan. Pero acaso con “efectos perversos” (ya me salió el sociólogo). Por ejemplo, mucha gente en provincias se quedó en casita porque ni la escuela ni la compra en el mercado ofrecían garantías.  Entonces, ¿el miércoles pasado fue paro o inmovilidad? Acaso el doctor Abimael Guzmán en los años ochenta ¿movilizaba? Claro que no, interrumpía. ¿Se acuerdan cuando una gran ciudad se paralizaba con un par de derrumbadas torres eléctricas? Y el pueblo rumiaba su rabia y su impotencia. Hasta que cayó Guzmán. No estoy diciendo que la CGTP sea senderista, Dios me libre (e insisto, dado que andamos pésimo en comprensión de texto y no vayan a leerme al revés) digo que eso de obligar a parar no creo le traiga popularidad ni a la CGTP ni a su Coordinadora.  Hubo pues, masas pero variadas, polimorfas, y entre lo clasista y lo chavista reptante es difícil establecer linderos visibles. Esa dificultad la expone muy claramente Mirko Lauer en crónica inteligente que cité en la conversación en RPP: “La movilización ha estado sobre esa delgada línea en que no se puede afirmar si el paro ha tenido éxito o no” . “Nadie ganó del todo, ni la CGTP ni el gobierno”. Estoy de acuerdo, pero también de lo contrario: nadie perdió. Los que se quedaron sin trabajar forzados por la falta de transporte, no van a amar a Huamán y su línea clasista pero no por eso van a aprobar la política del gobierno. Lo de la hermeneútica del sujeto social, como diría Foucault, está como un poco floja en estos días. Fuera de bromas, nadie atina a decir que es eso que se agita, esos espontáneos que actúan desde abajo para entrar al mercado político a empujones. Parecen revolucionarios, pero tras ese descontento puede que haya más bien intransigencia tradicional. El gran elector que hubiese dicho mi hermano Álvaro, ni es oficialista ni opositor, sino todo lo contrario, a la mexicana. Hay un inmenso e indeterminado país económico y social que no sabe qué diablos hará cuando vuelva a votar.

Tampoco han hablado las mesas, las del yantar, que quiere decir alimentos, pan (no se piquen por el uso, que está en Vallejo). Si, hay necesidades, pero hombre, la cosa no cuela entre el 9 ó 10 por ciento de crecimiento y la consiguiente masa crítica de dinero popular, sí, sí, en circulación, y ese descontento. ¿Antigubernamental o antisistema? ¿Qué pensar? “La política es la organización de las separaciones” dice Pierre Manent, en su “Curso de filosofía política” (magnífico texto que adopto para mis clases) y eso falta. No creo mucho tampoco en la otra acepción de mesas, las de diálogo. En materia de gobernabilidad no todo es diálogo, ora se vota, ora alguien decide. A propósito, ¿a quién se le ocurrió la feliz idea de no tener Prefectos ? Pero si hasta los países más tranquilos del orbe cuentan con ellos. Faltó Prefecto en Moquegua, en Madre de Dios (la bien llamada) donde a los policías, después de dos días de espera, los corrieron a flechazos. Va  a ser necesario la colaboración de las musas, es decir, de imaginación institucional, para vincular lo de abajo con lo de arriba. En fin, al final del coloquio radial, Raúl Vargas preguntó a los participantes y a este servidor, si eran pesimistas u optimistas. Cuando me tocó el turno recordé el primer trabajo de Macera sobre Bravo de Lagunas y su “Voto consultivo”. Un posibilista colonial. O sea, dije que “depende”. Depende de cómo se haga política hasta el 2011, puesto que lo que vivimos en el Perú es inédito. Nunca hemos tenido crecimiento  tan acelerado y a la vez tan enconada protesta. 

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20/05/2008 – Diario La República

Por: Hugo Neira

La Cumbre resultó alta

 

"Los indios mayas cuidan el oxígeno de los ricos". Qué quieren Ustedes, es la frase, de los visitantes, que más me impactó. El presidente de Guatemala se hizo aplaudir de entrada, por eso que el cierre de la Cumbre cae en un día maya de esos felices (no sé en cuál tienen meses de 20 días con semanas de 11 al 13). En su país, confiesa, "se tenía el tabú de que la población indígena es la que depreda". Es al revés, "es la que lo cuida". Me hallo arrellanado entre centenares del aula donde se clausura la Cumbre y, cuando las ponencias, me puse a trabajar usando un extraordinario avance tecnológico: un cuaderno de notas y un lapicero. De ahí, estas cuantas frases recogidas al vuelo. Como lo sugiero en mis cursos a mis alumnos: las esenciales, capitales.

¿Lo mejor de Cristina Fernández de Kirchner? Ante el tema de la pobreza, aquello de "los núcleos duros". En mis notas esta frase, terrible, "hay generaciones de jóvenes que no han visto nunca trabajar a sus padres". Habló de "la cerrazón de las elites". De cómo en Dinamarca se distribuye el 63% de la renta. Lo toma como ejemplo: cohesión social tras "igualdad de oportunidades". En su disertación reaparece la luchadora social: "para abordar la pobreza hay que ir hasta las causas para actuar sobre ellas". "En la América Latina el primer problema es la desigualdad". Pero agregó otro calificativo, "iniquidad". De inicuo, del latín: injusto, cruel, malo. No se escucha en los ponderados foros de organismos internacionales. En mis notas siguen el presidente Calderón de México y la presidenta Bachelet. El mexicano elegantemente le cedió la palabra. Bachelet, muy política, se centró al inicio en el cómo de su mesa. "Debate profundo, de alto nivel", dijo. "Pudimos observar diferencias pero también coincidencias". La noción de construcción la usa mucho. Se construyen acuerdos, se construyen democracias, se construyen sociedades. Diálogo sí, pero para conseguir "herramientas eficaces". "Avanzar con propuestas concretas". "Avanzar hacia sociedades más equitativas". "Para acabar con la pobreza, la desigualdad y la exclusión". ¿ De quiénes? "Cuando estamos hablando de exclusión estamos hablando de muchas cosas, pero, entre otras, de mujeres, de indígenas, de migrantes, de los discapacitados, de los marginados". "Si se ha estado creciendo –se refiere a toda la región– eso es fundamental, pero la bonanza puede ser transitoria. No cometamos los mismos errores de los años 90, donde crecimos pero no avanzamos en equidad". Invertir en equidad, o sea, "en la infancia, en salud, en la vejez de nuestros mayores". Lo mejor de Michelle Bachelet: "educación, educación, educación". Clamó por "una revolución educativa". El presidente mexicano tampoco habló con papelito. Compartió el diagnóstico de su mesa, pero con un punto de autocrítica. "Qué funciona y qué no funciona". E hizo atinadas comparaciones. "España y México en los años setenta andaban con el mismo per cápita. Y hoy el de España es tres veces mayor". ¿Por qué? Lo que en general funciona son políticas que promueven cohesión gracias a "la igualdad de oportunidades". Pero Calderón no aprueba los subsidios generalizados, "no tienen el mismo impacto". Prefiere "focalizar". Elevar el ingreso de las familias en pobreza pero "condicionadas a que la persona vaya al chequeo médico, a que lleve a sus hijos y a sus hijas a la escuela". En fin, esta frase "Al menos en América Latina la pobreza tiene rostro de mujer".

Sobre las formas. Fue un acierto reunir pobreza y medio ambiente. Tanto europeos como latinoamericanos fueron sumarios. Es lección: nada de paneles abusones. Los latinoamericanos no leyeron ni usaron powerpoint. Disertaron. Abstenerse el que no sepa. En el público algo no me gustó: algunos funcionarios conversan cuando exponen los invitados. Delante mío hubo tres. Muy fatuos, distraídos, no pararon de hacerse chistecitos como colegiales. Tuve que mudarme de sitio. Tampoco me satisface que en los diarios las reseñas brillaran por su ausencia. En fin, esta cita internacional no ha sido un mero ritual diplomático. Más allá de los compromisos y actas, creo que hemos presenciado los nuevos hábitos mentales de la república mundial. La globalización no es complot exterior. Al revés, es el lugar donde se plantean cuestiones cruciales y modernidad y sensatez de muchas de nuestras tradiciones van de la mano. El de Guatemala, acaso porque lo había llevado a Machu Picchu el presidente García, recordó a sus ancestros mayas: "los árboles y los recursos naturales no nos lo dio Dios sino para administrarlo para nuestros nietos". Esa sencilla idea es un cambio de paradigma. No la relación industrial-explotante del hombre señor de la natura, sino su jardinero. En general, qué calidad la de los mandatarios. Y qué bueno que otros se quedaran por esta vez callados.

 

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19/2/2008 – Diario La República

Por: Hugo Neira

Sorpresas tiene la vida

 

Me sorprende el dinamismo cultural del norte costeño. Hace unos meses, invitaron al gran Edgar Morin. La Embajada de Francia amplió la visita a Lima y así pudieron sumarse San Marcos y Ricardo Palma para sendos "honoris causa". Por lo demás, Morin visitó al maestro Cisneros, y fue de visita a Pachacámac rodeado de una nube de curanderos, y luego al "Señorío de Sulco" de Isabel Álvarez. Pero lo cierto es que llegó al Perú por iniciativa de la Universidad Pedro Ruiz Gallo de Chiclayo. Por mi parte lo acompañé al norte, junto con Nelson Vallejo-Gómez, de la Embajada de Francia, y desde el Jorge Chávez, un equipito de TV siguió como su sombra los desplazamientos del visitante, y luego, tras 11 horas de filmación, el talento de Nora de Izcue lo redujo a 50 minutos, admirables. Es un documental. Un sabio francés en el Perú. Lo digo por si algún canal se interesa. Y no le costó un centavo al fisco.

Pero lo de la Ruiz Gallo fue doble sorpresa. Hace rato que me desvela una temática: la filosofía de la ciencia. Para decirlo rápidamente, Lakatos, Kuhn, Popper. Desde las disciplinas en las que he encanecido, de historia a ciencias políticas y sociología, me resulta necesaria. Pues bien, en Chiclayo, con ocasión de seguir a Morin, hallé interlocutores. Un núcleo de profesores y una revista. Sorpresas tiene la vida. En la semana pasada, otra vez el norte. Invitado para una lección magistral por la Universidad Los Ángeles de Chimbote. Pasaré rápidamente sobre el tema de la cordialidad norteña y cómo se ha montado de la nada esa institución. Quiero contar algo. Ya en la mesa directiva pregunté a mi vecino, profesor de comunicaciones, por qué a mí me daban dos micrófonos, y uno de ellos, inalámbrico. Un poco asombrado, me explicó que la ceremonia era instantáneamente retransmitida a diversos lugares, entre ellos Piura. Y esto con un enlace con Internet, comprado a pocos soles. Y no en New York sino en Chimbote. En efecto, al final del acto entraron llamadas en directo de Piura. Así que ya saben, Lima no es toda la tecnología. Acaso deba decir la provincia, pues pude constatar algo parecido, hace poco, en Arequipa.

No me extenderé sobre lo dicho en la lección magistral, la publicarán. Sin embargo sumariamente algo. Sin palabrear ni entrar en metafísicas disertaciones. Para una sociología de la lectura hay que partir que esta se hace en lugares o no se hace. Estos son tres y no 40. O se hace en el aula (la escuela) o en la familia, o en el espacio público. Obviamente, hay países y sociedades donde se da en esos tres ámbitos, pero aterricemos. Sobre el primero, hay prueba fehaciente de que no se hace en el Perú. No en las escuelas. Lo dicen quienes investigan. Hay un texto titulado Recursos desarticulados, el uso de los textos en la escuela pública (IEP, 2005). Sus autoras Mariana Eguren, Carolina de Belaunde, Natalia González. Los libros que entrega el Ministerio de Educación prácticamente no son usados. "Las actividades destinadas a la comprensión de textos no inquieren nunca por el sentido global del texto" (p. 45). Ahora ya saben por qué el retraso en comprensión.

En cuanto a enseñarles a escribir, y en consecuencia a pensar, "no se pide redacción de textos". La pregunta es terrible, y cae por su peso. Entonces, ¿qué les hacen hacer ? Textos de un párrafo trabajados entre todos. La sala de lectura no es la continuación, en el Perú, de la clase. Lectura/clase van juntos en todos los otros sistemas de enseñanza. Nadie agota un tema en una hora de clase. La lectura no es complementaria, no. Es la otra pedagogía que hace que el alumno trabaje. De los otros ámbitos diré esto: ¿Dónde en el ancho mundo se lee? En salas públicas. ¿Las tenemos? Otra alternativa es el momento del traslado del hogar al centro de trabajo. Entonces, estamos fritos. Eso se podrá en ciudades que tienen transporte público en metro como México, Buenos Aires, Caracas. O Bogotá, buenos buses. ¿Pero apachurrados en los micros, sin luz, dando tumbos? La lectura no es cuestión de que haya libros o no, ni que los regalen, sino a qué hora del día este pueblo nuestro, que se saca la mugre para sobrevivir, tiene tiempo libre. Pero entonces pollada, chifa, casino.

Sin disculpar a este gobierno ni a los anteriores, el caso es que la no-lectura cuestiona el conjunto de la vida peruana. Es asunto también de lo que hacen los adultos con su tiempo libre y no solamente escolares o estudiantes. Aquí, pasados los 30, ni vas al cine ni entras en una librería. Dicho sea de paso, ¿qué pedagogía es esa que inocula la alergia al libro? Dejemos, una vez por todas, de esperar del Estado lo que no hacemos por cuenta propia. De vez en cuando comprar libros, instruirse. Decimos que el siglo XXI es de la autoformación pero ya hay varias generaciones perdidas. En otros países leen por todas partes, en los cafés, en parques públicos, viajando. Algo tiene de humilde, de religioso, bajar la cabeza ante un texto. Quiere decir no sé y quiero saber. En provincias se lee más. Otros usos del ocio. Y algo del fervor que antes tuvo el peruano por ser culto.

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22/01/2008 – Diario La República

Por: Hugo Neira

Lecturas del abismo

 

Con el libro de Santiago Roncagliolo me ha pasado un par de cosas. De entrada, me gustó, para decirlo rápidamente. Y luego, algo ocurrió. Esta es la crónica de un arrepentimiento por razones que no son únicamente del ejercicio crítico, que puede imponerse enmiendas. Sendero Luminoso sigue siendo ese enorme cuerpo fantasmal, cuerpo sucedáneo de una política que se reemplaza por la guerra. Asunto no cerrado. Y por eso mismo interesa cómo un hombre inteligente y escritor cabal resulta tan distanciado, no de Sendero (¿quién le pediría simpatía?) sino de esa tierra baldía y tan específicamente nacional de donde provino La Cuarta Espada.

Después de tan enigmático preludio (que desde Cicerón es exordio y se supone despierta el interés del lector) conviene que por amor al orden argumentativo diga en qué me pareció bueno el libro y luego qué pasó. Cabe siempre recordar –estamos en el Perú– que no hablo encaramado en ningún púlpito académico o doctrinario, ni mis crónicas comprometen a este diario ni al comercio de la esquina ni a mi misma gata, que me acompaña y mejora el estilo. A la obra de Roncagliolo la había entendido como historia comentada y no como novela. Tampoco es ensayo, aunque así lo presenten. Hallé un autor informado de la bibliografía de los senderólogos, y a ellos da gracias con nombre propio. Dije que muestra sus habilidades en la entrevista a la señora Iparraguirre (p. 229). Y dije apreciar sus descripciones de las mujeres de SL, retratos a punta seca, como grabados. En fin, observé que el autor no se esconde, "mi primer recuerdo del Perú fue el de los perros de Deng Xiao Ping". Esa traza personal vuelve a aparecer en otros pasajes. Acaso me pareció y sigue pareciendo lo mejor: sus emociones. La cosa es clara, libro sobre SL y también de su vida.

Pero ahora me toca decir que me lleva a otros alcances. Estamos por publicar, 43 años después, Cuzco, tierra y muerte, el reportaje al Sur, crónicas que en Expreso (1964) informaron, durante meses, de las llamadas invasiones y que los campesinos preferían llamar recuperaciones. Aquello fue gigantesco: varios departamentos del Sur, 1’800 sindicatos rurales, centenas de miles de campesinos comuneros, y represión, muerte, lanzamiento de las guerrillas de 1965, y finalmente, el partido militar: golpe de Estado de 1968 de Velasco Alvarado. Ya sé, la cosa es más complicada, y me explico ampliamente en la entrada a la edición que viene. Pero bueno, el vínculo entre esa guerra por tierras en el Sur y los acontecimientos que siguieron es evidente.

El caso es que he vuelto a leer a Gorriti. Me acordé en estos días, preparando esa edición, de algo que menciona: Sendero habría impuesto mis crónicas como lectura a sus cuadros. Así, me eché a buscar su agotado texto donde está esa información, la hallé en la página 56, y en efecto, Cuzco tierra y muerte fue lectura obligatoria para los mandos de SL, marzo de 1980, antes de pasar a la acción. Pero como lo volví a hojear, a revisar, admiré su trabajo y decidí la presente enmienda. Quiero ser claro: a lo investigado por Gorriti no le añade nada lo intentado por Roncagliolo. Mi renovado asombro me llevó a otros textos de la extensa senderología. Por ejemplo, a ese admirable ensayo de Carlos Iván Degregori, "Qué difícil es ser Dios". Aquí surgen dos evidencias. De un lado, la frivolidad de las editoras españolas. ¿No era más útil reunir esas páginas antológicas acaso con crónica inédita del mismo Roncagliolo? ¿No lo han hecho los españoles sobre su guerra civil? Páginas de Hugh Thomas, de Orwell. Historia, testimonios, reportajes.

El tema es la disposición de Roncagliolo. Escribe de SL como un joven egresado de Harvard sobre la guerra de los anabaptistas alemanes del siglo XVI. Crónicas de un mundo lejano, ininteligible. En su libro no hay solamente distancia crítica, hay otra cosa. Es como si entre él y Sendero hubiesen pasado siglos y de repente es así. ¿Los de la "Cuarta Espada" son sus anabaptistas? ¿Gente de los años ochenta tan lejanos como la de los contrarios al bautismo y a la Curia Romana? La idea es tentadora, pero si así lo percibe, entonces algo enorme se anuncia. Otra temporalidad. Hasta ahora, de Garcilaso a Mario Vargas Llosa, los "del afuera", en el desarraigo cosmopolita, eran capaces de leer las estructuras de la mentalidad del país, acaso mejor que los residentes. Siempre hubo lúcidos nómades (Olavide, Vallejo, Scorza), escritores del distanciamiento pero no de la extrañeza. Ejemplo, el colegio tiránico que se describe en "La ciudad y los perros". ¿Pero desde Roncagliolo ya no? El terrorismo, estetización del crimen político ¿ya sólo como reinterpretación irónica del "adentro" leído "afuera" apenas como barbarie pueblerina? Y nosotros, los del voluntario adentro.

¿Buscando la oculta lógica para que eso no vuelva a ocurrir? ¿Dos conciencias, peruana y postperuana, escindidas para siempre? El tema es enorme. Mucho me queda en el tintero. Volveré.

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13/012/2007 – Diario La República

Por: Hugo Neira

De Palma a Palma

 

Volvieron los libros peregrinos. Se restituye a la Biblioteca del Perú lo que salió, en nefasto atropello, hace 126 años, de la misma. Es una devolución muy concreta. ¿Se cierra con esto el tema de la memoria saqueada? No, lo que ha vuelto no es todo, “ni los archivos ni los aparatos científicos” a los que hizo alusión Manuel de Odriozola en famosa nota. Pero para el retorno de esos otros objetos competen otras instituciones, otras gestiones, a las que nada cierra el camino. Los libros son otro cantar. Se ha firmado un acta de recibo, “sobre 238 cajas cerradas”, y punto. Que vinieron en DHL, de la aduana a San Borja, como lo he dicho, medio en broma medio en serio, no pararon en librerías comerciales. No, trajeron incunables y todos con el sello de la antigua Biblioteca. Pero su eventual retorno ha sido acompañado de punta a punta, por la “mass media”, y no siempre con la sola intención de informar. Meses atrás gocé del hostigamiento de un sector de  la televisión del Perú en plenas conversaciones sobre la materia. Era la feria del libro en Santiago, asistía en tanto que escritor, presentaba uno de mis libros, comentado por el filósofo Martin Hopenhayn. Había viajado con pasajes y gastos pagados por la Cámara del Libro, pero, en el entendido de que algo emprenderíamos. Digo en plural, pues fue conmigo Irma López de Castilla, entonces directora técnica. Aproveché, en efecto, de la coyuntura, para dos cosas. La primera, entrevistarme con Ximena Cruzat de Amunátegui, a cargo de la Biblioteca Nacional de Chile. El sistema de los vecinos del sur tiene un escalón intermedio, lo que vendría a ser una Ministra de Cultura,  Nivia Palma (quien con la señora Cruzat, acaba de traer los libros a Lima). La discreción era de rigor: el asunto de los libros, y en general lo que concierne a tratos con Chile, levanta polvareda, lo sabemos. La señora Cruzat nos recibía por una hora, pero claro un “free lance”, quiero creerlo así, nos tocó la puerta, a media hora de la entrevista, diciendo que “esperaba afuera a la directora de la Biblioteca de Chile y a mi persona para una declaración” (sic). Pasé un mal momento. La larga mano de la “telechicha” me alcanzaba en el corazón de Santiago y en plena gestión por obtener los preciados libros. Menos mal que la directora Cruzat, luego de haberme mirado hasta el fondo de los ojos, y acaso viéndome indignado, aceptó que no teníamos nada que ver con el asedio. Pero tuvo que guardarnos de las 9 de la mañana soleada de ese día en Chile, hasta la 1 de la tarde en que salimos por la puerta trasera. Y luego, en el hotel, tuvimos que mudarnos. El asedio siguió en Lima, en San Borja. En segundo lugar, en la feria había pedido “un gesto del gobierno chileno”. Me contestó Nivia Palma, “devolveremos hasta el último libro”.

¿Por qué el precavido silencio? A eso se le llama principio de prudencia, pero estoy invocando comportamientos que casi han desaparecido en nuestra vida pública. Y todo para que a las autoridades chilenas no las molestaran, y no se frustrara la pesquisa. Se sobreentiende, hay susceptibilidad hipernacionalista de un lado y del otro. Intransigencias. En fin, no hice sino continuar lo que anteriormente habían emprendido Sinesio López, Nicolás Lynch, tantos otros. Tengamos la victoria modesta. El caso es que la voluntad política ha intervenido. La presidenta Bachelet. “Devolver todos los libros de la antigua Biblioteca de Lima que se hallen en dependencias del Estado”. Chile no es un Estado totalitario y no manda en particulares. Si los hay, libros en coleccionistas privados, ojalá, para pasar el sombrero. Ser bibliotecario en Perú, sigue siendo mendigar.

Esa pesquisa ha llegado a su fin. “Todos los encontrados en bibliotecas Públicas”. Acaso la opinión peruana deba saber que allá en Chile tienen unas 100 bibliotecas públicas, tan grandes como Wong, otras menores, como un chalet. Y nosotros, misérrimos en cultura, apenas dos. San Borja y la de Abancay. Los peregrinos libros que amó y selló Ricardo Palma están ahora en la bóveda de la Nacional. Ya está aquí la inmensa biblioteca de nuestro momento de occidentalización. En latín, griego, italiano, francés y castellano. Libros que ahora nos envidian la del Vaticano, la de Oxford, la de Viena. Útiles a la temática que abordó Serge Cruzinski en admirable lección: las sociedades indígenas a la hora de la mundialización. Algo comenzó el XVI, aquí y a la vez en México, Tokio, Belem, Manila, Cusco. En el vientre de una monarquía católica de corte universal, cuando Felipe II. Para eso servirán los libros devueltos, para enfrentarnos a la complejidad histórica de esos siglos decisivos. Sobre eso volveré. Nacimos planetarios, bueno es no olvidarlo, ahora en que hay gente interesada en que sólo nos miremos el ombligo.

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18/09/2007 – Diario La República

Por: Hugo Neira

Rousseau cajamarquino

 

Rousseau busca un arquetipo, un pacto fundador. Y propone una fórmula que atraviesa los siglos:  "Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda fuerza común a la persona y bienes del asociado, y por lo cual, cada uno, uniéndose a todos, no obedezca más que a sí mismo y quede tan libre como antes". (El Contrato social). ¿A qué apunta? A fundar un sistema sobre el individuo y a la vez el "nos" colectivo. La fórmula propone perder la libertad natural y ganar la ciudadanía. Aquí comienzan los problemas. "El contrato es para que los individuos obedezcan" (A. Philonenko). Además, esa "voluntad general" tiene un defecto, es unanimista, no pluralista, y puede abrirle paso desde abajo al despotismo. Como noción no es clara. En efecto, ¿cuál es el verdadero interés colectivo? ¿El de la aldea? ¿El de la región? ¿La nación entera?

 

Curioso hombre el que fue Rousseau, ginebrino de origen humilde, de mil oficios e historias íntimas, muchas fueron las grandes damas que lo apapacharon, acaso como persona poco recomendable; había entregado varios de sus hijos al orfelinato, pero en fin, célebre por una suerte de novela La Nouvelle Héloïse reeditada unas 165 veces. "El Contrato", en cambio, lo llevó al exilio, a Ginebra; de ese episodio persecutorio no pudo salvarlo ni el gran Diderot, un Ilustrado que lo protegía. No se pone en discusión el principio de soberanía divina sustituyéndolo por la del pueblo sin salir de eso chamuscado. Por lo demás, es un error asociarlo a la revolución francesa. El filósofo se muere antes, en 1778.

Después de 1789, Rousseau alcanza la póstuma gloria, 32 ediciones. Pero esa gloria es ambigua. Inspira la revolución, pero los constituyentes de la primera república francesa lo modifican, lo traicionan. (Lo mismo pasará con Marx). Se encontraron con la tarea de gobernar vastas naciones y no aldeas suizas. Lo adaptarán a la "razón de Estado". Y a una idea mayor, tan poderosa como la misma de soberanía del pueblo, a la idea de nación. Así, las instituciones de la representatividad, los parlamentos, le son ajenas. Es más, lo contrarían. El filósofo se fue al otro mundo pensando que la democracia no sería conveniente sino en los pequeños Estados. "En el cual pueda fácilmente reunirse al pueblo" (Capítulo IV). ¿Si se hubiese despertado en el siglo XIX o en el XX, habría aprobado naciones de millones de ciudadanos gobernados por "elites de elegidos" (Sartori)? Las críticas a Rousseau vinieron de inmediato. En Francia entierran la democracia directa por inviable. Luego, en 1818, un "moderno", visto los abusos jacobinos, hunde el cuchillo: ni la voluntad general es ilimitada (B. Constant). Además, el siglo XX mostrará –Hitler en 1933– y en otras muchas ocasiones, que los pueblos pueden perfectamente equivocarse. Ponerse ellos mismos la soga en el cuello. Hay varios Rousseau. Padre del liberalismo por su confianza en el individuo. Y de la democracia directa.

Mis reflexiones son una aproximación a la iniciativa de consultas públicas en Ayabaca y a aquella idea fundadora de Rousseau. Lo que me importa no es tanto si el proyecto Majaz tiene razón o no, sino el conflicto de legitimidades entre "autoridad nacional que debe hacer cumplir la ley", como dice un diario limeño, y de otra parte, "la campaña antiminera ambientalista", con sus fundadas razones. Creo percibir, más allá del debate economicista, una doble versión de la célebre "voluntad general". La de los lugareños, ONG incluidas, y la del país entero. El problema es peliagudo. Rousseau exige que predomine "el interés general sobre los intereses particulares". Pero, ¿cómo distinguirlos? Se puede decir que las preocupaciones ambientalistas de las localidades cajamarquinas son "particulares" y que olvidan el interés global de la economía nacional, pero con ello no le quitan razón a quienes opinen lo contrario, las mineras resultan tan "particulares" como quienes las enfrentan. Escribo antes del resultado de la consulta, o sea es obvio. Majaz en vez de ser el final debió ser el principio.

Mi impresión es que hay un país de abajo politizado que no espera la siguiente elección presidencial para hacerse escuchar. Ahora bien, si no convoca el Estado, convocan sus rivales. En Majaz la "voluntad general" puede darle la vuelta a los propios intereses populares, y los pobres seguir tan pobres. Las decisiones gubernamentales no se toman en dispersas asambleas, aunque tengan razón. Pero, ¿cómo escucharlas a tiempo? Se necesita un "aparato político" específico. Sacristías laicas. Ante mineras y comunidades se precisaría de "agentes de negociación" de Estado. En un artículo sostuve "En esto pensaron regímenes anteriores. Cooperación Popular con Belaunde. Cuando eso no existe, el vacío de articulación entre demandas y autoridades lo llena alguien. Un tiempo, Sendero Luminoso. Hoy las ONG. Pero quien lo llene, maneja desde abajo el país" (Socialismo y Participación, 2006). Aunque eso cueste, peor es ahuyentar a las mineras.


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27/08/2007 – Diario La República

Por: Hugo Neira

Se necesitan cronistas

 

Después del terremoto (dos seísmos en uno), después del susto que fue grande, y luego de las necesarias pero infructuosas llamadas por teléfono, y en los días sucesivos, imposibilitado como muchos de moverme al sur por razones de trabajo, me eché a leer cuanto diario pude. Buscaba algo superior a la escueta información, por abundante que esta ha sido. Y que no fuera solo opinión, de los que desde su escritorio limeño dan consejos a los que están en la brecha, cara a la adversidad. Algo que viniera del terreno mismo. Lo que suele llamarse reporte, informe. O sea, crónicas.

"Tras el terremoto que sacudió el sur del Perú y que ha dejado medio millar de muertos, 1500 heridos y decenas de miles de damnificados, la primera ayuda internacional llega por fin a Pisco, la zona más afectada por el seísmo. El gobierno ha reforzado la presencia militar y policial para evitar los saqueos. Y en medio del horror, la esperanza. Un bebe de 10 meses ha sido rescatado con vida de la iglesia de San Clemente. Mientras, no cesan las réplicas. La última fue de 5.5 grados". Y luego de este introito, el cronista se echa a contar lo que le ha contado el vecino de Pisco, Rómulo Palomino, a la agencia andina, pero por lo visto nadie prestó demasiada Atención: "Pensé que estaba muerto, lo levanté con cuidado y noté que su corazón latía". Este detalle, que revela un clima de vida, ha sido publicado en El País, y lleva cuatro estrellas de aprobación, probablemente puestas por la colonia peruana en Madrid. Otro cronista lleva la noticia al diario La Jornada de México. "Un grupo de delincuentes asaltó la madrugada del sábado pasado el hospital de la comunidad costera de Chincha y se apoderó del equipo quirúrgico e hirió de bala a una persona, en medio del caos total". El cronista cuenta que hizo la ronda en la madrugada con los propios vecinos, detalle que no sale en ninguna otra publicación.

Estoy diciendo, en materia de comunicación, las ventajas de la crónica, género impar para estos casos. Mire Usted, lector, un cronista no lo cuenta todo, eso es imposible (y eso es lo que intentan nuestros diarios, con el resultado final que salimos mareados). Lo que hace es elegir una circunstancia, algo significativo. Miren cómo nos cuenta el "Apocalipsis en la iglesia de San Clemente" don Luis Alberto Miño Rueda, enviado especial de El Tiempo de Bogotá. "Era el día de la asunción de la Virgen. Sor Elvira llegó a la misa de las 6 de la tarde, con sor Antonieta Perla, sor Elizabeth y sor Blanca. Se sentaron en las bancas de adelante, para oír mejor al padre Emilio Torres. La iglesia, de amarillo pollito, está enclavada en pleno centro de Pisco, un pueblo de clima templado en el sur peruano, de 100 mil habitantes, la mayoría pescadores. Todo iba normal, hasta que el templo comenzó a mecerse como una cuna…". La crónica es extensa, con el hilo de las tres monjas el cronista nos va describiendo la salida intempestiva, los muertos de todo lado, la remoción de los escombros por los propios pobladores.

Me pregunto por qué no tenemos más crónicas en nuestros diarios. Las hay de peruanos, y no buenos sino excelentes cronistas, "Últimas noticias del miedo" de David Hidalgo (El Comercio). Y las de Luis Arriola y Luis Velásquez, enviados especiales de este diario. Y me pregunto y me contesto. Una razón es que la crónica implica espacio, y se prefiere las notitas dispersas, las que al final resultan contradictorias. Otra es que el enviado cuesta pasajes y viáticos. La última es que el lector vuelve al periodismo lo que hoy es. Que se prefiera la información directa que, por exceso, termina por ser parcial, sesgada, desconcertante. Todo resulta a la vez cierto y su contrario. Es verdad que "unos 650 efectivos de la policía nacional patrullan Ica", pero no deja de ser cierto que "en la madrugada sonaron disparos en Chincha". Quién duda que "se han habilitado albergues temporales" pero no deja de ser cierta "la señora angustiada que reclama por el hijo desaparecido". El cronista, en cambio, dice esto y lo otro, que la cosa es así y es también asá. Recoge la voz de unos y de otros. Me sospecho que al lado del camión que trae agua con soldados y turba, debe haber otro sitio donde los empadronados hacen cola para recibir ayuda. Que en una calle ruge la multitud y en la otra cruza la fe en una procesión por el Señor de Luren. En la información cruda que nos sirven hasta el empacho, falta el uso de esos recursos retóricos, "por un lado, por el otro". Falta la simultaneidad de lo bueno y de lo malo, faltan espectadores que practiquen ese género de la verdad en su complejidad, en su porosidad, en su variedad. Diarios de Lima, envíen reporteros-escritores. Gasten un poco. Gente de terreno, se les necesita, tanto como ingenieros, médicos, albañiles. Son la argamasa de la conciencia popular. Cronistas como los primeros del siglo XVI. Caritativos, observadores, sagaces.

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24/07/2007 – Diario La República

Por: Hugo Neira

La Opinión Púdica

 

Estas han sido semanas tensas, graves. Me apresuro a decir que en los acontecimientos recientes han estado en juego, a mi modesto entender, no el enfrentamiento de un Ministerio de Educación y el actual Sutep, ni únicamente una rivalidad política entre el presidente García y Patria Roja. Algo que cuesta definir se apoderó de los espacios públicos, y en ese proceso, no es el gobierno sino el Estado –a fin de cuentas democrático, pese a la fragilidad de sus instituciones– quien ha sido desafiado hasta sus mismos cimientos. Por eso no creo que el fin de huelgas y paros sea el fin de la conflictividad. Se han medido adversarios, ante el pasmo y la reserva de muchos.

Durante semanas, el conflicto (en particular ante la Ley del Magisterio) transcurrió en la soledad de los contendientes, aunque hubo una que otra voz aislada, Martha Hildebrandt, María Rostworowski, esta última sobre los maestros en huelga "están actuando contra sí mismos, se están clavando ellos mismos el cuchillo. ¿Qué más quieren? Les van a dar una carrera en la cual puedan conseguir la mar de provecho a medida que avancen" (El Comercio, 22 de julio). El resto del país, con honrosas excepciones, como que se puso de perfil. ¿Sorprendió la variedad de los conflictos? Es una explicación. Otra es que no tengamos categorías para pensar lo inesperado, aunque esté ante los ojos. Extraña circunstancia: los combatientes –ministros, paros, policías– en la palestra de los conflictos, y el país como en tribunas, distante. Por eso hablo aquí de Opinión Púdica. ¿Qué es lo púdico? La vergüenza de confesar algo: la perentoria necesidad de Estado, entidad para conciliar pero también antipática y necesaria para decir No. Sin embargo rinde más, dado el fondo de cultura consensual estilo todos a la procesión, lo políticamente correcto, que es "light", blando. No hay sino que leer bien las encuestas. Más interviene un ministro, menos lo estiman. El debate sobre un Estado en serio, al que nada nos prepara (el último que hubo fue Pachacútec), como que coge de sorpresa a más de uno. En fin, digo que hay emergencias societales y respuestas estatales, unas y otras, ahí también están. Ciegos parecemos estar ante las mutaciones de nuestra propia historia.

Selecciono cada semana la prensa limeña. Y leyendo a variada gente, me sorprende los comunes procedimientos. La forma de razonar. Ante lo inesperado, la respuesta suele ser recurrir al pasado. Voy a poner dos ejemplos. Uno es el caso de Hugo Chávez, lo remiten a los clásicos tiranos tropicales. ¿Un Somoza, un Trujillo, más el maná del petróleo? Pero Chávez no es la Fiesta del Chivo, la desborda. Encarna una legitimidad, guste o no, que le otorga el voto popular. Eso lo separa de las dictaduras tropicales, incluyendo Castro, aunque cada día se vuelve más una combinación de fuerzas armadas y de masas. Obliga a otra lectura. Venezuela conoció regímenes despóticos, Cipriano Castro, Gómez, pero no tuvieron comités chavistas por todo el país. Chávez, siendo un hecho venezolanamente nuevo, resulta entonces algo viejo. Ya ocurrió en la Europa del siglo pasado, el poder sin límites lo otorgaron masas plebeyas a grandes seductores de multitudes, en Italia a Mussolini, en Alemania a Hitler. A revoluciones, a la larga, profundamente reaccionarias. Caracas no es todavía un totalitarismo. Pero es un estrechamiento de las libertades públicas y a la vez audaces políticas asistenciales ignoradas en el pasado. Eso es Chávez, un poder arbitrario. Un dolor de cabeza, una mala sorpresa.

El segundo ejemplo de manía historicista es lo que se dice del fujimorismo social. De sus votantes y seguidores. Los fujimoristas: odriístas del presente. ¿En qué cabeza cabe? En Odría militaron los barones del algodón y el azúcar, hoy desaparecidos. ¿Dónde está ese tipo de ricos en la hueste fujimorista? Esta desinterpretación me sorprende, puesto que hay trabajos sobre la materia, por los noventa, de Cotler, Grampone, Tanaka. Fujimorismo: políticas de Estado que se aprovecharon del desamparo de las capas indigentes para labrarse una base social. Hay que agregar que atrajeron a capas de profesionales. Y de nuevo lo distinto, la incomodidad ante algo popular, inclasificable.

En fin, ¿es que en mis recortes de diarios hallo novedades partiendo de lo novedoso? Sí, y por dos veces. La primera, en un artículo de Mirko Lauer que ensaya varias definiciones ante la naturaleza de la protesta social. Y en unas declaraciones de Cotler, donde crecimiento económico y protesta resultan paradójicamente interdependientes: "a más economía, más reclamos". No todos, pues, explican lo nuevo por lo viejo. De sendas opiniones me ocuparé en otra ocasión, valen la pena. Ambas en este diario. Por ahora voy diciendo: no veo cómo el Estado abandone sus políticas sociales ni la economía de mercado, de un lado, y del otro, ni esa oposición radical la codicia del juego por el poder, ni el ritual del descontento, ni la religión civil del hondazo y piedra en la carretera de la que no salen tan perdedores como algunos creen. Vienen tiempos difíciles. ¡Feliz 28!

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10/07/2007 – Diario La República

Por: Hugo Neira

El INC y el arte de atarantar

 

¿Quién decidirá que solamente vayan cinco mil personas por día a visitar Machu Picchu? Las autoridades, o sea, el Estado. Si queremos que la ciudad-santuario se salve. ¿Quién reemplazará a los maestros huelguistas? ¿Quién negocia con la minera Casapalca y osa criticarla? ¿Quién puede reducir los aranceles del trigo para evitar alza del pan? Pero, ¿sabemos que existe? Tengo mis dudas. Y si la opinión respondiera (ojo, el condicional) a cada una de esas preguntas, es probable que ocurriría que le pondrían nombres propios a cada caso, tal o cual ministro, y entonces, revelaríamos lo que temo. Confundimos gobierno con Estado. Y no se entiende el papel de este último (y sus límites) en la preservación de nuestras propias libertades.

Hace años, me paseaba por Roma, y a pocos pasos de la ciudad del Vaticano (que es un Estado minúsculo) me hallé de porrazo con una librería libre, tan libre que habían colgado un afiche bien insolente. Una virgen María, la madre de Jesús, a partir de una foto de una muchachita muy bella y encinta con un inmenso vientre a punto de dar a luz. Cosa de radicales protestantes, autores del afiche. Bajo el monumental vientre, un titulito: "dentro de unos minutos, Navidad!" Fuerte, ¿no? Y si lo traigo a colación no es para fastidiar a nadie, sino para reflexionar. Ni al más desalmado artista satírico anticulto-mariano se le ocurre, en la libertaria y civilizada Italia, que ese afiche se exhibiera en San Pedro. La respuesta de los canónicos, aparte su desagrado, sería sencilla: ¿por qué aquí? Pero si los italianos fueran peruanos, ahí es donde lo quisieran. Para fregar pues. Para atarantar.

Mi opinión sobre el lío entre el INC y la casa Museo, a pedido del diario Perú 21 (publicada el sábado 9), consiste en desdoblar la cuestión en dos preguntas. La primera, ¿qué hace el Museo Mariátegui enganchado a una entidad del Estado? Y que conste, soy miembro de esa sociedad de amigos, pero pienso que esa zona gris (no es la única, la hay por docenas) es fuente de roces e interpretaciones y soberanías, algo bizantino. La otra cuestión es todavía más simple: ¿tiene una dependencia estatal la libertad de decir no? No que en el país, en su espacio.

Pero, maravilloso Perú, en el curso de la diatriba contra el INC, se ha vuelto la tortilla de cabeza. Ni en los EEUU, aquí se quiere la dictadura de la sociedad civil cuyos gustos y colores tan diversos serían criterios del Estado. Una sola preguntita, aparte del toletole de tendencias: "¿en nombre de qué legitimidad?". Porque los delegados de tal entidad se autonombran. Entre tanto mandan y atarantan. Atarantar, tuve dudas de usarla. Me parecía peruanismo, prejuicio el mío, pero no lo es. Bien castizo, quiere decir confundir, impedir pensar. Así como no me dejo atarantar, repregunto: ¿se ha prohibido que Piero Quijano exhiba "sobre el territorio nacional?". ¿Se han decomisado sus obras? ¿El hombre está preso o escondido? Cualquiera diría que tropas de policías robocop recorren las galerías de arte y se las llevan. Censura, lo que se llama censura, es otra cosa, siempre es fea y no desaparece; aunque se haga rara. En Europa, hace poco un político objetó ante tribunales la impresión de un libro que hablaba de su vida sexual. Y ganó, y recogieron hasta el mínimo machote. Eso es censura, y en sociedades avanzadas. Por lo demás, la señora Bákula, tirana de artistas y cómplice de los crímenes de sinchis, es la misma funcionaria que exhibe 182 fotos acusatorias de esos mismos crímenes en el mismo Museo de la Nación, de 9 a 17 horas, todos los días. No sé si el lector las ha visto, son feroces, acusatorias. Y bueno, si eso es prueba de voluntad de censura, que baje Pedro y lo vea. Pero también cierto es que lo del INC no fue simple, marchas y contramarchas, y se bajaron, de paso, otros dos cuadritos, uno con caricatura del presidente García. No pe’, así no es.

No lo explicaron nunca los maestros del Sutep en huelga: el Estado moderno es una cosa y otra la sociedad civil. Es esta quien tiene derecho a ser contradictoria, a albergar lo distinto, lo conflictivo. ¿Debe el Estado contagiarse de sus contradicciones? No, las sociedades son heterogéneas. ¿Quién puede cerrar la discoteca Café del Mar por reincidir en discriminación? La PNP. ¿A quién están atendiendo, a los dueños o a los vecinos? A estos últimos. Sociedad civil, contraparte del Estado. Decirlo como que divierte al cronista y aburre al profesor: me remito a Hobbes, 1650. Sin Estado, "la guerra de todos contra todos". Pero vaya usted a explicarlo en el Perú, donde muchos no quieren ni reglamento ni ley. ¿2007? No, hombre, estamos en 1649, un año antes del Leviatán, el mal menor de la ley que en este país no le gusta a nadie. Ni en la desalojada Santa Anita ni en las mineras. Y así nos va. Mientras Chile, el vecino, tiene Estado con leyes desde hace dos siglos. No pregunten por qué a ellos les salen bien las cosas.

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26/06/2007 – Diario La República

Por: Hugo Neira

El “dossier” Morin

 

¿Qué es la complejidad? "El pensamiento complejo es aquel que integra la incertidumbre". El método Morin (que su autor expone en sendos volúmenes) permite atender al mismo tiempo el orden y el desorden. Pero el asunto no es sencillo, va a contrapelo de siglos de una ciencia que procede a observar lo que se repite. Y aislarlo en un "campo". El principio de complejidad, el de Morin, pide más bien articular. Entonces, las disciplinas, las especialidades, chirrían, no habituadas a tales esfuerzos. Pero es el precio, dice Morin, para escapar a "la estupidez cognitiva". (Revista de la Unesco, febrero de l996). Lo que propone, pues, es enorme. "Otra forma de pensar".

"Dossier" quiere decir expediente, historia clínica. No es una cosa buena. Para el caso, permite evocar la carrera asombrosa de este profesor antiacadémico. En efecto, Morin es investigador emérito del CNRS de Francia, pero, fuerza es decirlo, su itinerario, como el de todo innovador, no ha sido cómodo. Como no lo fue ni el de Galileo, el de Darwin, ni el de Marx o Freud. Cuando alguien viene a proponer no sólo una nueva teoría sino otra manera de pensar, las corporaciones académicas se resisten. Hay que ser muy ingenuo para pensar que la novedad, teórica y práctica, es siempre bien recibida. Hay una sociología de la ciencia, y ella la muestra, como toda institución humana, como un "campo" de actividad lleno de tensiones e intereses creados. En fin, no tuve a Edgar Morin de profesor en la Escuela de Altos Estudios en París —probablemente andaba en alguno de sus stages en los Estados Unidos– pero adquirí sus libros y me deslumbró. Desde los años noventa lo seguí leyendo y anotando en mi isla de Tahití, cuando decidí revisar hasta los cimientos los fundamentos de las disciplinas académicas que por mi parte había recibido. Un mundo había acabado con la caída del Muro de Berlín, pero no me hundí en el escepticismo, y emprendí la exploración de ese Nuevo Mundo que se asomaba. Gracias profesor Morin, vuestras ideas y métodos impregnan Hacia la tercera mitad, en sus 750 páginas, están por distintos lugares y temas, "complejidad, autorganización". Las suyas y las de otro gigante, Castoriadis.

Pero hay también, por desgracia, un "dossier" Morin en Perú. Muchas de las universidades que hoy lo celebran, lo han ignorado. Morin, como Castoriadis, no aparecen en los currículos, salvo una que otra excepción, Lynch en San Marcos por ejemplo. Como sabemos por Freud, los olvidos, las ausencias, los lapsus están cargados de significados. La ausencia de algo es una revelación, y en este caso de algo tremendo. Adormecida la enseñanza superior por el doble canto de sirenas de los que creen resolver todo con el materialismo dialéctico por la izquierda (si ese conformismo mental merece ese nombre) y, por el lado de muchas universidades privadas, las que todo lo reducen a un entrenamiento gerencial en costo/beneficio. Así, dos ortodoxias ciegas al estallido de los conocimientos a fines del siglo XX, dejaron a generaciones de peruanos al margen de un mundo de ideas que se renovaba. La visita de Morin, sus conferencias, la acogida a su persona, la difusión de su obra, cierra un paréntesis de cuarenta años.

Más allá de las liturgias académicas, que por cierto se merece, es hora que aparezca en aulas y cursos. Ignorarlo es también desconocer la inmensa problemática de nuestros días. Ella gira en torno a la cuestión del Caos: lo complejo nace de lo simple y regresa a lo complejo. La temática del caos, en efecto, ordena los estudios sobre el sistema solar, la química, la meteorología, las fluctuaciones bursátiles, la evolución de la demografía, y la explicación de los fenómenos sociales en apariencia bruscos, inesperados, los cuales poseen su lógica interna. Todo eso viene con el "dossier" Morin. De golpe, su paso por el Perú, nos pone ante las ciencias de la vida y de la sociedad, cuánto ignoramos de ellas a pesar de que nos incumben. ¿O creen que esas investigaciones sobre lo "caótico", en el país de la informalidad, el achoramiento, las fuerzas centrífugas de lo regional, y las masas amorfas y a la vez coléricas contra todo tipo de orden, nos son indiferentes? Imprevisible Perú, campo de fuerzas con erupciones caóticas. El "gran oscilador" que los astrónomos buscan en las estrellas, acaso está en algún lugar perdido de los Andes, ahí donde algún antropólogo foráneo instruye a algún grupo nativo en que nada ha cambiado desde Pachacútec. Bienvenido profesor al Reino del Desorden, destructor y creador a la vez.

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15/05/2007 – Diario La República

Por: Hugo Neira

Pontificia

 

La religión, finalmente, dice el personaje de una novela que apenas comienzo a leer, "es lo que haces con tu soledad". En un tiempo como el nuestro de consumo de masas, de hedonismo generalizado, suena como a herejía. ¿Retorno al desierto, a un mundo de anacoretas? A lo que voy, la presente nota no se me hubiese ocurrido de no haberme hundido este fin de semana en ese líquido amniótico de ideas, ese jardín del Edén que es una librería. Ahí donde se realiza la impertinente práctica del silencio. Prefiero "El Virrey" a otras, no hay experimentos sonoros. Una librería requiere de un clima envolvente y de aislantes acústicos, pero en Lima ocurre lo contrario, muchas llevan prótesis auditivas. Hay entonces que hablar a gritos, como en cualquier cantina.

En fin, puesto a confesión, escribo en los fines de semana, ordeno mis notas de clases o clasifico los recortes de los diarios limeños. Sí, confieso que no sólo los leo, los recorto, agrupados por carpetas, por temas, personajes, y acaso por obsesiones. Esa clasificación, en la que me suele echar mano mi mujer, espontánea, aleatoria, resulta reveladora: hay asuntos que se ponen candentes y de repente se apagan. ¿Recuerdan a Popy Olivera? Me llenó varias carpetas, y luego nada. Hay temas que de pronto desaparecen, la pena de muerte por ejemplo. Ahora bien, el debate sobre la Universidad Católica tomó febrero, marzo, abril por entero. No lo voy a reproducir, es vasto. Desde "el intentan avasallar" de Marcial Rubio, a "los objetivos del Cardenal" según Antonio Zapata en este mismo diario, a diversas crónicas y testimonios, del tipo "mi paso por la Católica", o "el detrás de la sotana" de Hugo Guerra. Ahora bien, me iba quedando con el "una luz para creyentes y no creyentes" de Fernando Tuesta Soldevilla, cuando en la visita casi ritual al "Virrey" me doy de narices con un texto sorprendente.

Andaba, como decía, en esa tarea de hojear libros cuando me topo con un texto de teólogo que reflexiona sobre "la fraternidad de los cristianos" (*). El texto indaga sobre el significado del término de "hermanos" y para ello arranca desde los griegos. Y luego, con rara sencillez, prosigue revisando el Antiguo Testamento, la Ilustración y el marxismo. Ya en nuestros días, el autor establece "de qué manera la fe cristiana crea sus límites". Hasta ahí, ninguna sorpresa. Toda creencia, incluso las grandes religiones universales, marca la distancia con "el otro". Pero, lo que sigue en el texto que comento es simplemente notable. "La comunidad fraternal cristiana es con los que están fuera de ella". Y esa es su novedad histórica, desde la epístola a los Corintios, desde Efeso. Pero el autor va más lejos que la perspectiva paulina. "La identidad cristiana está al servicio de una apertura universal" p 91. Ahora bien, quien firma tan osadas teorías (contacto con las iglesias reformadas, y con los no-cristianos) es alguien que nace en Baviera, Alemania, en 1927, profesor de teología fundamental en las universidades de Bonn y de Münster, y desde el 19 de abril de 2005, papa. Adoptando el nombre de Benedicto XVI.

No soy lo que se dice un producto de la Católica. No estudié en ella sino en San Marcos. Tampoco profesor titular en la misma, aunque dicté cursos al retornar al Perú. Seré más claro, soy un laico. Pero más allá de estas circunstancias, entro en rondón, es decir, con atrevimiento, en una polémica que me ha parecido demasiado jurídica. Vengo a decir con sencillez de lector ante ese texto del profesor Joseph Ratzinger, notable por su amplitud de criterio, que lo de "pontificia" le va bien, más de lo que piensan sus detractores, a la actual Universidad Católica. Paradojalmente por esas calidades como las del padre jesuita Felipe Mac Gregor, a quien René Porras califica de "rojo" (cf Expreso, 1º de abril). De rondón, sí, en el respeto de todas las posiciones, pero en el rechazo a los absolutismos religiosos o políticos. En el pasado, hubo tribus marxistas que no se contentaban con ser prochinos sino albaneses. Hoy, al borde de la fe católica, sus sectas, sus exaltados, para los cuales la actual "no es santa". Dios mío. ¡Qué coloniales, los unos y los otros! Los ultramarxistas y los ultrarreligiosos. Tataranietos de la Contrarreforma. ¡Qué necesidad de Absoluto y la reiterada voluntad de excluir!

 

(*) Joseph Ratzinger, La fraternidad de los cristianos", ediciones Sígueme, Salamanca, 2005, 116 p.,  50 soles.

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27/02/2007 – Diario La República

Por: Hugo Neira

¿Pandillas de New York?

 

La semana –además del paso del filósofo Vattimo por Lima– trae la noticia tranquilizante que "el Boys ganó por 2-0 en el fortín del Miguel Grau", y todo "gracias al nuevo planteamiento táctico de Chalaca Gonzales que le ha cambiado la cara a su equipo". Entre tanto circula una nota de prensa de RPP. Las pandillas en Lima, "muy organizadas" dice la alarmada nota. "Tienen sus propios códigos de conducta. Marchan premunidas de cuchillos, palas y de revólveres en busca del agresor ". La cronista (una periodista) insiste que el tema es grave, unas 390 pandillas entre Lima y Callao; si, pues, hay que precisar: se toma en cuenta la contribución de las barras bravas y los chicos de la esquina del primer centro portuario nacional.

No sé, qué quieren que les diga. Como la mañana está un tanto friolenta (¿qué raro que está el verano, no?) eso de lanzarse al tema de si los jóvenes para arriba y los jóvenes para abajo –más bien para abajo–, que si familias desquiciadas, que si lo gregario, la autodestrucción, la territorialidad y el vínculo, pues no me anima mucho. Qué quieren, cuando se peinan canas, y se ha recorrido el ancho mundo a la horizontal y a la vertical (aclarando que lo de horizontal no es el ring de cuatro perillas sino los viajes) y lo de vertical por lo de las lecturas. Y dado el fluir de la propia y ajena curiosidad, lo de la juventud y su violencia como que lo relativizas.

En Gangs of New York de Scorsese, sus personajes: Bill el Carnicero, "Pantalón a cuadros, chaqueta sangre, sombrero de copa y ojo falso". La lucha entre dos pandillas (irlandeses y nativos) en el Nueva York de finales del siglo XIX y principios del XX; la imponente batalla campal en el corazón de la naciente urbe de hierro. Y ahora que lo dicen, ¿qué edad tenían los guerreros que sitian por diez años Troya? Y ahora que recuerdo, los personajes de West Side Story (1960) andaban por los quince años, lo que explica el marketing y el papel dado a Natalie Wood, a Rita Moreno, a George Chakiris, ese muchacho griego y danzante que hace en el filme de puertorriqueño. Sí, claro, versión contemporánea de Romeo y Julieta, más la música de nuestro tiempo, y New York de fondo y no una ciudad italiana del Renacimiento. Pero, por favor, ¿qué edad tenía Lorenzo el Magnífico cuando no paraba de hacerle cabronadas a sus coetáneos, y César Borgia? ¿Y qué edad los vikingos que se echaron a descubrir América? ¿Y cuál era la media de edad en las hordas del Conquistador? A Pizarro le llamaban sus hombres "el viejo", pasaba de los cincuenta lo que por entonces era como raro. Don Pedro de Alvarado, veinte añitos, el feroz, el magnífico Alvarado, cuyos cabellos rubios flameaban en la batalla como los de Brad Pitt en el filme cuando encarna a Aquiles, y la misma vocación de violencia y sangre. "Toatlite", el sol, le llamaron sus rivales, los aztecas, que tampoco eran muy pacifistas. Jóvenes aztecas (lo digo porque las pandillas andan un poco cortas de inspiración, según los entendidos buscan nombres que llamen la atención de los medios).

Que hay "pandillas", las hay, y no solamente en Lima. Gozan de ese privilegio Trujillo, Huancayo, Ayacucho, y la ciudad de Los Ángeles y las de América central y las de África del Sur, y las de España, el planeta se incendia en ciudades con jóvenes iracundos. Por algo será. Y estoy olvidando a los británicos, los hooligans, adeptos de los estadios para mejor combatir fuera de los mismos. La lectura de The Roots of Football Hooliganism del trío Eric Dunning, Patrick Murphy y John Williams, es inevitable. Por aquí tampoco es flojo el asunto. Aldo Panfichi, Sandro Ventura, entre muchos, han estudiado la contrajuventud, las movidas más que los movimientos. No es un asunto solamente de barriadas y pobreza: para Luiba Kogan, la cosa anda también por los estereotipos de lo masculino y lo femenino en el sector alto de Lima. No, si la historia, bien mirada, es una barbaridad. Y anda llena de bandas juveniles, pandillas armadas y zonas convulsionadas. Desde el ancestro originario, el austrolopiteco, hasta que comenzara a crecerle el cerebro (de 800 cm3 a 1400 cm3, algo así como dos millones de años) y con ello las ganas de meterse con los otros (interactuarse, se dice) hubo de todo. Fabricación de útiles, invención de dioses, guerra sexual y violencia concreta. Esa es nuestra especie en su camino a las estrellas o acaso, a su autodestrucción. Lo uno y lo otro.

Que en el 2003 el número de pandillas en Lima, según los informes policiales, ha disminuido, y "solamente 5,200 integrantes en Lima", no sé si es un dato positivo. Estamos por debajo de la media mundial. ¡Muchachos, un esfuerzo! Hay una ONG que fundó hace años un delicado programa de recuperación social de adolescentes. Lo llamó "Mi Jato". No, no es joda. Y si, entretanto, se encuentra con alguna banda, mientras lo acogoten, no insulte ni maldiga. Algunos de mis colegas –para eso están los lingüistas– sostienen que el gesto de saltarte encima a la luz del día no es sino "un acto de palabra". Precioso oye.

 

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30/01/ 2007 – Diario La República

Por: Hugo Neira

La violencia simbólica

 

Pero, vamos a ver, ¿quién nos ha mandado meternos en el lío ese de "El ojo que llora"? Y meternos todos, tras los que quieren perpetrar una Alameda de la Memoria a medias o los que quieren sacarla de Jesús María. Los que dicen "es un tributo a las víctimas" y los del bando adverso, "la inmortalización de los genocidas". No invento nada, no hay sino que ver la prensa de estas semanas. Ahora bien, a mí me parece que lo que llora en "El Ojo que llora " es la ausencia del más elemental sentido común. Porque, vamos a ver, Reconciliación, sea ¿pero por qué ahora? ¿Y por qué con nombres propios?

En la TV, en el programa de Ernesto Hermoza, me atreví a decir algo que más de uno halló "sensato". Dije que la Comisión de la Verdad sin duda, pero lo de la Reconciliación es otro cantar. Conté que en Ayacucho no hallé otro signo público de esa guerra interna que los desangró que una modesta plaquita en su plaza principal. Cuando pregunté por qué tan poco, me dijeron con sinceridad "Mire Ud, a mi hermano, mi cuñado lo delató a la infantería de marina. Y a otro miembro de la familia, SL lo mató por delación de otro pariente. ¿Qué quieren, que tomemos venganza y nos sigamos matando?". O sea, en Ayacucho tiempo al tiempo, cicatrizan, sin la ostentosa manera de la elite limeña que nos ha metido en el lío de "El ojo que llora". Por mi parte nada tengo contra esa obra, pero sí desconfío de la prepotencia de los que creen saber.

No somos el único pueblo, por lo demás, ni la única nación que ha tenido su guerra civil. Pero, en otros casos, se han restañado heridas con un poco más de tacto. ¿Quién no conoce Lo que el viento se llevó, ni recuerda a Scarlett O’ Hara (Vivien Leigh) viviendo en una de esas grandes mansiones del sur, antes de comenzar la Guerra de Secesión? Pero la novela de Margaret Mitchel fue escrita entre 1926 y 1936, o sea, 76 años después de la gran masacre entre norteamericanos del norte y del sur. ¿Saben que hay un monumento a la reconciliación entre alemanes y franceses en Douamont, con huesos de unos y otros, el gran osario de Verdún? Pero levantado mucho tiempo después. Y por la voluntad general de ambos pueblos y no por el capricho de unos cuantos. Pero estamos en Lima, capital de una cultura "light", la vaciedad lograda y el pasarla liviano. Han querido enterrar el pasado y lo han resucitado. De eso quiero hablar: de la violencia simbólica.  Violencia y sacralidad andan muy juntas. René Girard sostiene que para poner fin al "círculo vicioso de la venganza", las sociedades suelen orientar la violencia insatisfecha de los hombres sobre una víctima única, un chivo expiatorio dice, "cuya muerte se impone a la comunidad". Siempre hay un sacrificio fundador, afirma. Pero para que sea eficaz el acto sacrificial, añade, "es preciso que la víctima no sea jamás explícita".

Pero, aquí ¡le habríamos puesto nombre al monumento del Soldado Desconocido! Es el caso inverso del ritual lo que nos está pasando. No hay un chivo expiatorio común, cada uno tiene el suyo. Esos, los victimados por los terroristas, soldados y campesinos. Estos, los terroristas victimados por los soldados. La de nunca acabar. Se ha reavivado la ilusión de la más triste de las victorias, la de excluir al otro. Y dicho sea de paso, qué útil muerte la de los demás, sobre todo si los caídos, en su inmensa mayoría, soldados o terrucos, son de abajo, del pueblo. Ese gamonalismo de tener tus "cholos" muertos, es nuevo. Hasta preferiría el otro, el que solo les robaba la vida. El inmenso profesor Girard baña la antropología, la religión, el análisis literario, pero aquí lo desconocen (salvo unos cuantos), acaso porque no es marxista. Igual cabe preguntarse ¿por qué ha fallado en Lima el ritual sacrificatorio? El hecho está a la vista. Al monumento le han puesto nombres. Un símbolo pierde su capacidad de catarsis si lo personalizan. Las piedritas con nombre propio han desencadenado el proceso mimético no de la culpa sino de la gloria. Como si fueran tarjetas de invitación a alguna de esas fiestas a clubes privados. Se diría, también, una suerte de canonización. Y así, unos insisten que se hallen los de su bando en la victoria simbólica, ora en el nombre de los policías asesinados, ora en el de los 41 ejecutados extrajudicialmente en Castro Castro. Y como salvando almas del purgatorio, cada quien puja y empuja a la combi celestial del "Ojo que llora" a los de su propio duelo.

¡Qué coloniales seguimos siendo! Hemos transformado lo que pudo ser un duelo catártico, y una reflexión sin procesiones ni alamedas, en un carnaval con muertos y cenizas ajenas. Incapacidad de cierta elite de vivir aun si fuese un rato, con algo de pena y remordimiento. Mientras el pueblo, como siempre, lame sus heridas y se sana solo.

 

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05/12/2006 – Diario La República >

Por: Hugo Neira

A propósito de la franqueza. El Banco Mundial

 

En el debate contemporáneo sobre nuestra modernización se olvida decir que es empresa metahistórica, que por lo general ha llevado siglos, y que, hablando a las claras, no consiste en una sino en doble construcción. Para explicarme usaré de un artificio, de una metáfora. Si fuera edificio, la soñada morada republicana sería templo de doble vestíbulo. Si casona, de doble portería. De un lado, la democracia pluralista, la que mal que bien comenzamos a lucir, aunque patio lleno de ruido y de tumulto, pero en fin, peor sería no tenerlo. Pero eso no es todo. Del otro lado, y no menos difícil, es aceptar a los productores del discurso crítico.

Quienes nos preceden en la construcción de la modernidad, –otras naciones, otros espacios, otras sociedades– para que la vida pública no se hiciera rutina, europeos, americanos del norte, apostaron al valor de la postura crítica. Cuando en Europa los Reyes Absolutos dejaron de recelar de un Voltaire, comenzó la modernidad. Por su parte, los americanos del norte no tuvieron gran problema cuando independientes, venían del libre examen, de la Reforma. No fue así por estas tierras. Durante dos siglos, la actividad intelectual fue perseguida o prebendada. Intelectual o activista político –todavía viene a ser lo mismo– o lo corrieron o lo metieron en una cárcel, o al contrario, devolvimos con igual pasión la moneda de la intolerancia con la propia. En nombre del progresismo, la revolución, el leninismo. A una ortodoxia de la sumisión se propuso la ortodoxia de la insumisión. Tan estéril unos como otros. En estos juegos nos distrajimos un par de siglos. Nos costará admitir que en la India, ni la complejidad de la sociedad (mucho mayor que la nuestra) ni su masiva pobreza, les ha impedido ser democráticos. India es el contraejemplo del furor ortodoxo latinoamericano.

Pero yo escribo esta crónica porque me he topado con un discurso crítico que no es producto interno. Viene encabezando un libro de 847 páginas (1), que por su procedencia, abrí con altas dosis de escepticismo. Cuantas veces he atravesado ese territorio árido de la prosa de consultorías que no es precisamente el jardín de las delicias y siempre me he preguntado si el estilo se deba a las naturales prudencias, al cuidado de no dirimir entre dominantes y dominados. Pienso entonces en un Gulliver que no mediara en la lucha entre Liliput y su rival, el emperador de Blefuscu. Como sabemos, Gulliver no sólo ironiza sobre las costumbres de los pequeños liliputienses sino que los ayuda, se pone la flota de Blefuscu en las espaldas y acaba la guerra entre ambos reinos.

Por eso, la divina sorpresa. El volumen que comento tiene prefacio que no es de desperdicio. Lo firma Marcelo M. Giugale, y luego de explicarse sobre el porqué del libro, uno del Banco Mundial, el autor junta la precisión a un idioma llano. Voy a intentar hacer la síntesis de esa síntesis, pero si me pierdo, escribo a "calamus currente", recomiendo que le echen un vistazo, son unas 44 páginas. El experto, y esa es la gracia, une la franqueza a las cifras, y arranca por el desbarato de nuestras ilusiones. El Perú, aun con crecimiento rápido y generador de empleo "carece de los mecanismos necesarios para mantenerlo a largo plazo". El problema de la pobreza y desigualdad en el Perú, es el tema, pero uno, grave, que remite a otro "Una gran parte de la sociedad peruana, quizá uno de cada dos peruanos, carece del capital humano necesario y de los sistemas iniciales para poder ganarse la vida". ¿Qué es a lo que alude? A lo que a muchos les parece un mal secundario, para tratarse, piensan algunos, para "después" (sic) del crecimiento. Esto es, la actual no-cultura".  Si bien el Perú ha tenido un éxito considerable en lo que se refiere a niños a la escuela, una vez en ella los niños aprenden poco". Vaya por Dios. Sigue el experto con algunas verdades que ya conocemos, la escasa calidad del profesorado, el poco tiempo dedicado a las tareas escolares, el entorno desfavorable para los estudiantes", el equilibrio de bajo nivel en el que está atrapado el Perú". Lo dice el autor, no este cronista.

Hay que leerlo, lo recomiendo vivamente. En economía, "el Perú gasta por año más en privilegios fiscales que en todos sus programas de vacunación, nutrición y empleo combinado" (p. 6). El Perú sigue siendo una economía cerrada. Las exportaciones están por debajo de la mitad del promedio latinoamericano. En fin, el agua, la salud, los ancianos, la fragmentación del sistema político, la ausencia de una "visión nacional compartida". Pero lo que personalmente aprecio, insisto, es lo que el mismo autor llama "levantando el velo que cubre el desempeño educativo" (p. 26 y ss). Se nos viene encima una situación demográfica crítica. El Perú pronto enfrentará la mayor aportación humana de jóvenes a la adultez. Y entre los 8 y los 20 años, ya existen millares que ni estudian ni trabajan. Y añade "están tristes, notablemente sobrerrepresentados en las estadísticas criminales". La tristeza, en política, no es buena consejera.

¿Quién es Marcelo M. Giugale, artesano de esa brillante introducción? Menos mal que el libro expone la biografía de los autores. Es ciudadano argentino-italiano, con doctorado en economía en Londres, y larga hoja de servicios. No hay duda, la mirada de fuera, por una vez sincera. Quiere esto decir que hay otros actores en el debate sobre la modernización del país. Todos ganaríamos en tomarlos en serio. Claro, el informe no habla solamente de lo que menciono, acaso me dejo deslizar a mi campo, al de los déficit culturales, pero ¿cómo podría ser indiferente? Si por una vez, el déficit de una humanidad educada no viene en el furgón de cola de la reflexión social sino que adquiere una centralidad dramática. Y por mi parte, no sé de dónde vamos a sacar esa comunidad política de ciudadanos capaces de una comprensión esclarecida de sus propios problemas sin "esos inmensos cambios culturales" que reclama (p. 3). Y sin duda alguna también este cronista, desde un discurso crítico del que no me apeo. Y que primero es cultural, luego socioeconómico y político. Este país sin lectores, caerá tarde o temprano en algún autoritarismo.

(1) Marcelo M. Giugale, Vicente, Fretes-Ciblis, John, L. Newman, Perú, la oportunidad de un país diferente, Banco Mundial, 2006.

 

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