Ciberpolítica, el nuevo mundo que se viene

Escrito Por: Hugo Neira 102 veces - Oct• 24•22

María del Pilar Tello me hace el honor de que prologue este su nuevo libro. Es una alegría y a la vez un problema. Ella sabe mucho más que el que escribe esta nota previa, sobre ciberpolítica e internet. Ha estado tras de ese enorme tema un buen rato. Me consta, de eso hablamos cuando nos encontrábamos. El tema es enorme, tan extenso como cuando en algunos países europeos —y más tarde en América del Norte y en Japón— se dieron cuenta de que la circulación de barcos de vapor y ferrocarriles a fuerza de carbón, y la aparición de fábricas —desde el XIX— estaban cambiando por completo la vida humana. Y la llamaron revolución industrial.

Pues bien, este libro, que viene de la segunda, tercera y acaso cuarta revolución industrial —por cierto, en ninguna de ellas hemos entrado— se ocupa no de algo que es historia sino de la realidad que nos rodea. Desde la conversación que podemos tener con internet, con alguien que vive en las antípodas, tras una pantalla de laptop. O comprar un libro en Amazon, acaso en papel impreso o bajarlo. Sin hablar de las técnicas medicinales de estos días. Ya no con rayos X sino con resonancias. Pero a lo que voy, puede que lo que esté ocurriendo no sea un ciclo más de las revoluciones tecnológicas. Acaso otro tiempo. El impacto de la informática, la genética (los genes podrán ser tratados e impedir enfermedades hereditarias), de eso a ciudades sobre los océanos, el control del clima, un cambio tan grande para el género humano como el que ocurrió cuando las primeras tribus de humanos pasaron de la caza a la agricultura. Y de clanes transhumantes a sedentarios en urbes y civilizaciones. Hoy estamos en el umbral de otra era. Y nada de esto es ciencia ficción. Los instrumentos de esa mutación social se hallan delante de nuestras narices.

Querida María del Pilar, no es fácil presentar tu libro. Tengo que comenzar contándote qué hago cuando abordo ese tema en mis clases, no con tu competencia, sino a mi manera. Les digo a los que siguen mis seminarios, que llegamos tarde a la primera revolución industrial. Eso lo primero, para situarnos. Ese término, «situarse», era uno de los preferidos por Jean-Paul Sartre. Mi generación, ese término lo usamos a fondo. Ahora bien, en la clase me detengo y hago la siguiente pregunta. Revolución industrial. ¿A partir de cuándo la llamaron de esa manera? Puesto que las primeras zonas industriales aparecen en Gran Bretaña a finales del siglo XVIII y la locomotora de Stephenson es de principios del siglo XIX, ¿cuándo se crea el concepto de revolución industrial? Y aunque parezca mentira, era un tiempo en que la tracción animal era reemplazada por máquinas a carbón y a vapor, pero lo que ocurría, no tenía un nombre propio. La llamaron «maquinismo». Otros prefirieron hablar de «civilización industrial». Sobre todo en Francia. Ahora bien, en 1765, James Watt construye el primer prototipo de máquina a vapor. Los ferrocarriles circulan desde 1835 en Inglaterra, y luego en toda Europa, a excepción de España que llegó tarde a todos los grandes eventos políticos y técnicos que poblaron el siglo XIX. Y sin embargo, el concepto de «revolución industrial» amanece en Friedrich Engels, el gran amigo de Marx, en un modesto trabajo sobre la «situación de la clase obrera en Inglaterra» en 1845. Pues bien, entre la aparición de la sociedad de máquinas y obreros y el concepto, pasaron unos 80 años. Debemos asombrarnos.

Se trataba de un evento espectacular, de coches sin caballos, con tejidos hechos por telares mecánicos, de agricultura con sus desmontadoras, de viajes por los océanos con naves a vapor y no en vela, era algo que todo el mundo veía y aprovechaba. Sin embargo, como puede apreciarse, nada es más difícil para los seres humanos que el darse cuenta en qué era viven. Con la excepción de los hombres del Renacimiento, todas las épocas han sido bautizadas tardíamente.

María del Pilar se ocupa de la cibernética, internet, poder, democracia. Ese intitulado plural permite abrazar el enorme contenido de «lo que transforma el mundo y las relaciones de las naciones». Uso esa frase, deliberadamente, porque son las de David Landes en 1998, hablando de la «revolución industrial». Eso vendría a ser la actual era digital. Lo hago a propósito de la situación actual. Estamos entre un Alfa y un Omega. El tema que se aborda en este libro es tan vasto que no hay más remedio que reunirlos en una sola temática. Es lo que hace Pilar Tello con internet y política. Es cierto que en otras ocasiones es mejor separar los temas. Pero en este caso  no es así. Más claramente, si este libro estuviera consagrado a explicar el universo, sería posible hacerlo, pero a partir de qué es el big bang y la formación de estrellas en los millones de galaxias. E incluso, admitiendo, por el momento, el límite del saber humano: los agujeros negros que no acabamos de entender, o la materia oscura «que es invisible, cuya masa podría ser muy superior a la de la materia visible» (Diccionario del amante de la ciencia, Claude Allègre). Pues bien, la nueva era digital tiene sus enigmas. No es pues inútil la comparación con la clásica revolución técnica, política y social del siglo XIX y el XX. Hoy estamos ante una transformación tan completa y total como cuando la gente comenzó a viajar en ferrocarriles y entre un enorme y múltiples cambios, dos nuevas clases sociales: la burguesía y el proletariado. Y otro modo de producción que llamamos capitalismo.

Pero, ¿qué modificaciones se producirán en la vida laboral? ¿Qué pasará bajo los efectos del big data, el Facebook y Google, el poder político de los algoritmos? ¿Qué ocurre cuando vivimos, quieras o no, bajo el imperio de las tecnologías? Cada una de esas entidades, es lo que analiza la autora. Son cinco capítulos y un epílogo. Se ocupa de la ciberpolítica, cap. V. Que no es tema abstracto sino concreto. Es decir, «la posverdad y las noticias falsas, lo que amenaza a las democracias». Ya sabemos que las elecciones que ganó Donald Trump las gana con mentiras (llamadas posverdades). «La mentira más difundida —dice la autora— fue que el papa Francisco había dado su apoyo al candidato republicano». La campaña por el Brexit es otro caso. Y el separatismo catalán. Y el escándalo de Facebook. Hay un capítulo de lo más interesante de la página 181 hacia adelante. Entre paréntesis, lo del Facebook me lo sospeché. Nunca me inscribí en ese club de vanidosos. Solo creo en tener como amigos a aquellos con los que puedo tomar un café y conversar. No sé por qué siempre me resistí a las modas.  

Para que se entienda este libro, su enorme importancia, quisiera decir algo sobre su autora. María del Pilar Tello ama el Perú, profundamente. Pero eso no le ha impedido tener también una vida cosmopolita. Conoce a fondo Francia, su cultura, sus costumbres intelectuales. Y es por eso que sus libros, que son numerosos, provienen del uso de la razón. De aquella de lo más exigente. Esa que viene de la vieja Europa. Solo se busca la verdad. No esa ensalada de medias verdades, calculadas pasiones, eso que se llama ideología. Muchos marxistas, por estas tierras  «tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos » (el mexicano Porfirio Díaz), creen en la ideología de Marx. Por desgracia, son marxistas que no han leído a Marx. Ignoran que para su primera obra, La ideología alemana —escrita en Bruselas, ya era un exiliado—, vino a verlo su gran amigo Engels, y entre ambos, ese par de jóvenes brillantes escriben un panfleto contra Feuerbach, filósofo de izquierda alemán, y contra las elucubraciones de Bauer, Stirner —jóvenes hegelianos— todo esto, en setiembre de 1846. Marx tenía 28 añitos. Engels, 30. Ya estaban a la izquierda de la izquierda. ‘Ideología’ para ellos era una explicación a partir de una creencia y de valores que son siempre subjetivos y que predominan sobre lo real, acomodados a los intereses personales o de clase del autor o de los autores. En otras palabras, no era ciencia. Y a eso aspiraba el joven Marx. Por eso estudió la economía de Adam Smith. Decirle ideólogo era insultarlo. Todo esto para decir que lo dominó a Marx y más tarde a Weber, el Verstehen de los alemanes. Primero comprender. Luego, juzgar. Las Geisteswissenschaften. Las ciencias del conocimiento.

Lo digo aquí porque María del Pilar no porta consigo una ideología. Si eso fuera así, yo no estaría escribiendo estas líneas. Ella investiga, opina, libremente. No trabaja para esos grupos cerrados y sectarios que dominan nuestras empobrecidas universidades. Si alguna inclinación política tiene, es la de una socialdemócrata. Es decir, la más razonable y abierta de las posturas intelectuales. Y es una de las pocas que hablan de los «compromisos socialdemócratas que permitió el modelo social más avanzado del mundo e hizo de Europa un buen lugar para vivir».  Ni invento ni miento (p. 103). ¿Y qué tiene que ver eso con la informática ? Tiene que ver. «Pero Silicon Valley explota las incongruencias, ambigüedades y debilidades del ideal socialdemócrata». No es pues, una partidaria del neoliberalismo. Del todo mercado. Ni tampoco del todo Estado  (Fidel, Maduro, etc).  ¿Qué es? Un testigo libre de estos tiempos. De ese tipo de gente al que me sumo. Somos los precursores de algo. Y eso es un chiste inglés. Un señor, se encuentra en una sala de galería de arte. Y cruza una conversación con otro visitante e intrigado le pregunta: ¿qué es usted? Y el desconocido le responde: – Soy un precursor. Y entonces, le repregunta:  – ¿Precursor de qué? Y la respuesta es: – Si lo supiera, no sería precursor.

Fuera de bromas. Hay pocos libros tan meticulosos como el presente. Cuando María del Pilar aborda la revolución digital —uno de los tantos conceptos de los cuales es rico este trabajo— la define, apelando a otros investigadores, como se hace en perfecta regla académica. En ese caso, a Francisco Sierra Caballero y a Ramón Zaya, sendos autores de libros en la materia. Estoy diciendo que el presente libro está concebido en las más exigentes de las reglas del mundo del pensamiento escrito, es decir, se interroga, se cita, con las debidas comillas, y se comenta. Así se discute, se afirma y se duda. Ojalá muchos otros autores tuvieran el mismo rigor intelectual de la autora. No se contenta con citar a las mayores autoridades sino que hace algo más. Si cita a Castells, a una celebridad, sobre el tema de cómo «los modelos de desarrollo económico van a entrar a un impulso de reestructuración», en un párrafo de nueve líneas, y luego, ella misma añade que es esa «lógica diferente» (p. 29).

Libros así, quiere decir tres cosas. La primera, que hay una enorme materia que la autora ha recogido. Esa es una regla elemental en trabajos de esta naturaleza, agotar la bibliografía en la materia. Si no se estudia lo que se ha dicho sobre el tema central, entonces se corre el riesgo de descubrir el Mediterráneo. Y en consecuencia, hacer el ridículo. La segunda regla es que no se trabaja para tener una sola visión de la cosa, sino varias. Entonces, se entra al terreno del debate, de los puntos de vista diferentes. La tercera regla es añadir, o al menos intentar decir algo nuevo. Entonces lo novedoso puede venir de la personalidad del investigador. Y es el caso de este libro. Cuando la autora se ocupa de los escándalos provocados por Facebook y Google, no lo hace solo como una observadora de lo que fue la campaña electoral de Trump. El compromiso personal con su país la habita. La preocupación muy justificada de que algo parecido nos ocurra en el 2021.

Este es un libro crítico. Y criticar —tengo que decirlo— no es solo señalar algo defectuoso o falso. En nuestro país se tiende a encerrar los problemas en espacios muy reducidos. Criticar, en nuestra lengua y en general en las lenguas indoeuropeas, la idea es más ancha. Es poder decir algo en favor o en contra de algo. A la manera de un crítico de teatro que puede hallar excelente la entonación de los actores, y sin embargo puede que encuentre que el decorado teatral es más bien mediocre. Ese arte equilibrado de juzgar, casi ha desaparecido en nuestros usos ordinarios y también en el discurso intelectual. Eso no ocurre en estas páginas. Por una sencilla razón. Por la honestidad intelectual de la autora y porque los temas sociales pueden ser ambiguos.

En efecto, el internet es como una moneda, tiene una doble cara, como tantas otras cosas que el genio humano ha inventado. Los primeros libros, después de la invención de la imprenta, se hicieron para leer la Biblia, los manuales de moral, de buenas costumbres, pero también para entretenerse con la novela, o bien, para ver imágenes eróticas y hubo libros de ciencia como pornográficos. Un filósofo español de nuestros días decía que un automóvil puede servir para sacar a pasear a los niños y a la abuela, pero también para asaltar un banco.

Este libro tiene el entusiasmo por la nueva tecnología, y a la vez, la virtud de la prudencia, ante su impacto en la sociedad, la lucha por el poder y el conflicto social que es innato a toda sociedad humana. Y con más fuerza cuando las sociedades —como las actuales— entran inexorablemente a un proceso de mutación. Este libro es la iniciación para saber qué son esas nuevas formas de producir información. Y a la vez, un ensayo crítico. María del Pilar es periodista y profesora universitaria. Yo diría que cuando la periodista se entusiasma, acude la profesora que contribuye con el peso de la duda. En efecto, cada cosa que ha hecho el ser humano es ambivalente. Cuando se inventa el hierro, sirve para la agricultura y los arados, pero también para fabricar mejores espadas. Un invento sirve para la vida pero también para la guerra. Por eso, ciberpolítica e internet. Por eso, poder y democracia van de la mano.

Vivimos una era muy singular. Hace muy poco, el gran Sartori, acaso el mayor politicólogo del siglo XX, precisamente por su actitud a no renunciar ante la complejidad de las cosas, explicó cómo la televisión, hace cincuenta años, se había convertido en un medio de comunicación sencillo y al parecer sano. Pero unos decenios después, cambia de opinión. La televisión la ve como uno de los nuevos riesgos para la democracia. «En el mundo del homo videns no hay más autoridad que la de la pantalla: el individuo sólo cree en lo que ve (o en lo que cree ver). Lo visual reemplaza a lo escrito. La pantalla no permite nada que no sea breve. Y emocional.» Sartori, que se hizo famoso, visitaba diversos países. En todos ellos, aun en los más avanzados y civilizados, en el inicio del milenio, la calidad del discurso político estaba en plena regresión. Al homo sapiens lo reemplaza el homo ludens. Por nuestras calles, como en las ciudades del planeta, caminan individuos que conversan interminablemente con amigos invisibles. Cierto, no están solos. Se conectan, pero algo presiento que se pierde, el gusto por leer. Y si esto es así, el descuido en el uso de la lengua —sea cual fuese—, no leer ni poder escribir una página correcta significa que estamos ante una gigantesca regresión. En la ciencia cognitiva —que es un racimo de saberes científicos y humanistas— se ha estudiado el cerebro mejor que nunca. Y esta es la verdad, hay zonas del cerebro que solo se encienden (la metáfora del foco de luz es correcta) cuando se lee o cuando se escribe. No cuando se habla o solo se mira. No se es completamente un ser humano si no se lee. Pero han surgido las masas de homo videns, y esas, las maneja cualquiera. Hitler se ha hundido pero no su comunicador, Göbbels. Por lo visto, es su era. 

En fin, creo que este libro tendrá una efecto genealógico. Será el precursor de otros tantos estudios que acompañarán la ruda problemática de este siglo. Lo que viene es y será difícil de entender. Ante la posibilidad de sociedades más ricas y humanizadas, sociedades de lo multicultural, multisocial, multiétnica y multirreligiosa, no podemos reducir esa tareas a una ciencia en particular. Es preciso la interdisciplinariedad. E investigadores como la autora. El lector debe entrar a este libro en punta de pie, y con lápiz en la mano. Porque aquí están las llaves que abren las puertas de las diversas mutaciones que emergen en el contorno nuestro. No es el futuro. Son sus anticipaciones. Por mi parte, no me arriesgo a pensarlo ni paradisiaco ni apocalíptico. Más bien complejo. Es por eso que admiro a fondo el trabajo de la periodista y profesora María del Pilar Tello. Dos grandes métiers como dicen los franceses. Tiene, aunque no parezca, mucho de la pasión y la razón del artesano. Para ser profesor o ebanista, hay que amar el oficio, y solo así se llega a los alumnos y al público. ¿Cuándo le dan un rectorado? ¿Cuándo un diario? ¿Cuándo un programa en los medios?

El tiempo pasa, la brillante generación que fue la mía, se extingue. Fuenzalida, Carlos Franco… No veo sucesores. Veo un abismo cultural por delante. Y el lector debe saber que eso es lo peor, la conciencia individual y colectiva, dañada. De ahí acaso mi tono un tanto indignado, del que pido disculpas. No hay detrás de mis palabras sino afecto y reconocimiento por la autora, y acaso la silente esperanza que las cosas cambien. Y cuando pido rebeldías no miro a los cielos, sino a mis contemporáneos. Dejen tranquilo a Jehová que no tiene la culpa de nuestras torpezas. Defiendan este libro, háganlo circular. Esta obra, entre tantas pequeñeces y mentiras.

(Prólogo al libro de María del Pilar Tello, Ciberpolítica: Internet, poder y democracia, Fondo Editorial de la Universidad Villarreal, Lima, 2018)

Publicado en El Montonero., 24 de octubre de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/ciberpolitica-el-nuevo-mundo-que-se-viene

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