Conversando con Hugo Neira

Escrito Por: Hugo Neira 1.722 veces - Mar• 13•15

Por: Alan Salinas / Punto de Encuentro

La semana se aprobó en el Congreso la no reelección de presidentes regionales, ¿qué opinión le merece?

– La peor. Acaba de decirlo Enrique Bernales: en provincias falta gente experimentada en la administración y en la política. De modo que si alguno resulta eficaz ¿le vamos a negar que beneficie a la comunidad con un segundo gobierno? Es un contrasentido. Es un disparate. No se razona. Se actúa y se decide con ceguera completa sobre la realidad peruana. En otros países, donde abunda la gente competente (en política), sería bueno que se renovase tras cada elección. En Perú, es al revés, por innumerables causas que no viene al caso enumerar, no sobra el personal competente en cargos como esos. Por lo demás, hay una profunda indiferencia al principio sagrado de la voluntad general de una república. Dejen al pueblo que decida. Y si decide mal, ya aprenderá. Lo que tienen que hacer es otra cosa. Montar un aparato técnico del Estado central y enviarlo a trabajar, como apoyo, a todas las provincias peruanas. Así de simple. Por otra parte, si la intención es detener la corrupción, Bernales acaba de decirlo. Es suficiente un periodo, entran, roban y ya no necesitan otro. Mira, las soluciones están a la mano. Instale usted auditorías permanentes en provincias. Constante, día a día. Y luego haga juicios públicos en la plaza principal de cada capital de provincias. Con asistencia libre del pueblo. No digo la hoguera, pero por el estilo. Técnicos más auditores, y dejen que aquel que logra ser decente y constructor se quede. Al Perú le falta todo, todo: carreteras, aeropuertos, ferrocarriles, colegios, hospitales, comisarías, todo.

Cuando estuve en Londres, me pasé un buen rato visitando la Cámara de los Comunes para ver cómo funcionaba. Y ellos tienen, los representantes, los mejores expertos de Gran Bretaña; los pone el Estado no los elige entre sus familiares como en el Perú. Y por eso, cuando una ley es promulgada, es una ley realista, aplicable, meditada. Pero nosotros tenemos comportamientos clánicos. Primero los parientes. Y al diablo el “interés general”.

La reforma política en el país actualmente es un saludo a la bandera. Hay mucho efectismo y cortoplacismo, que una verdadera voluntad de reformar nuestras instituciones. ¿Qué desafíos tenemos sobre el tema?

– Todos. Casi no hay Estado. Y esto les digo a los liberales. ¿Me pueden decir, ahora que la economía liberal es prácticamente universal, dónde ha habido desarrollo sin Estado?

Hace unas semanas Daniel Urresti se inscribió en el partido nacionalista. Hubo muchas interpretaciones, entre ellas, de que es el candidato fijo del nacionalismo para las elecciones del 2016. Al respecto, ¿cuál es su análisis sobre este punto y sobre el escenario político con miras a las próximas elecciones nacionales?

– El fantasma de un outsider no ha desaparecido. Sinesio López dijo hace unos años que no había ciudadanos sino de segunda o tercera categoría. Eduardo Dargent que había súbditos. Yo digo que los ciudadanos son pocos, clases medias, altas, profesionales, pero la mayoría del país está dentro de una economía de refugio que progresa porque da trabajo pero es de bajísimo resultado productivo. ¡Y esa gran mayoría no paga impuestos! No son solidarios. Entre los informales ya hay ricos.  Solo pagan impuestos un 30% de los que trabajan. Los ciudadanos son una minoría. La mayoría es de no ciudadanos, no educados (sin secundaria, ni estudios superiores). Y ellos sueñan con tener su Curaca. Los peruanos no buscan un Inca sino un curaca. Y como sabemos, los que además de sociólogos somos historiadores, los curacas peruanos, en ese largo contubernio con el poder virreinal, explotaron a los indios, les cobraban los impuestos, los hacían trabajar para ellos. Lo dicen las Visitas de Obispos y funcionarios españoles. El país quiere, cada cierto tiempo, con Leguía, Sánchez Cerro, Odría y con Humala, su retorno a la caverna medieval. Como ese proyecto —latente— despótico e indiovirreinal es inconfesable, lo arropan con retórica — socialismo del siglo veintiuno, salto dialéctico, mariateguismo— salvo decir lo que es. Un fascismo andino. Yo no soy más inteligente que otros. Solo que conozco más, y busco la verdad. Para decirlo, incluso si es a contracorriente. Me da igual. Chávez y Mussolini se parecen. No hay que ser rubio para ser nazi. Antauro, ahora en prisión, trataba a todos los que no fuesen cobrizos de humanoides. Cada uno tiene derecho a dejar suelto el Hitler que lleva dentro.

Las movilizaciones estudiantiles en Chile han demostrado hace unos años atrás los límites del modelo económico y político en ese país, tanto así que el tema educativo fue uno de los puntos centrales de la campaña electoral. Y no solo ello, vimos también que La Concertación integró al Partido Comunista a su alianza política para afrontar las elecciones donde ganó Bachelet. ¿Por qué en el Perú esta situación presentada en Chile no tiene el mismo efecto —en términos de agregar intereses y actores políticos descontentos— dentro de plataformas políticas existentes o, si se quiere, en nuevas organizaciones políticas?

– Es otra sociedad, compadre. Otra. Tienen mejor educación que la peruana, de lejos. Y encima van a mejorarla. En Perú, ni cuenta se dan que han retrocedido. Cuando yo era escolar, hace de eso muchos años, en una escuela fiscal —porque mi padre no me podía pagar una privada, y me mantenían mis abuelas paternas— recibía una estupenda educación, con cursos, con asignaturas, con notas, con reprobaciones, con maestras que no detestaban la cultura occidental porque no había aparecido todavía los confusos maestros del Sutep, que se creen chinos; los chinos se echarían a reír. No, lo de la educación peruana, que yo llamo no educación, es espantoso. Hay una palabra para la ignorancia que no sabe que es ignorancia. La usan los hindúes por el Veda. Y eso es lo que pasa.

¿Cree que seguimos en un escenario post colapso del sistema de partidos en el país?

– ¿Cuál colapso? El Apra existe. Keiko llena plazas en Puno. Cuidado con contagiarse del facilismo criollo de los señoritos. De los que van al mitin de izquierda con mayordomo.

Hay muchos analistas, entre ellos Steve Levitsky, que sostienen que los partidos políticos tradicionales desde hace décadas son los perdedores en la política peruana. Sobre el tema, ¿cuál es análisis?

– Steve Levitsky es el de los “autoritarismos competitivos”. Bueno, un concepto hay que ponerlo a prueba. Pregunto: el partido nazi compitiendo en Alemania de los años treinta contra socialdemócratas y socialistas, ¿es un ejemplo de autoritarismo competitivo a lo Levitsky? Esa etiqueta, me parece, es aceptada por todos los que quieren dar algún tipo de legitimidad a movimientos como el chavismo y otros que le parecen. Me parece entonces el profesor Levitsky menos profesor y más ideólogo. Por mi parte, nunca uso esa noción. Es verdad que esos movimientos son ambiguos, difíciles de clasificar, pero prefiero en la temática de la democracia y sus problemas, la calificación de Lydie Fournier, de “regímenes híbridos”. Es más realista, más clara. Y en materia de clasificaciones de partidos, después de Aron, los trabajos de Juan J. Linz. No me parece muy serio Levitsky. Es tan ideológico que por algo lo han adoptado los sociólogos marxistas de la Católica. Más claro no puedo ser. Hacen ideología, no ciencia. En mi libro La Democracia, entre el logos y el fuego (2011), que es un manual universitario, la confusa literatura de profesores americanos que juegan a progresistas no tiene sitio. Prefiero los europeos. Al menos, allá, los proautoritarios son más directos.

Pasando a temas internacionales, ¿cree que hay crisis de la democracia liberal en países como Ecuador, Bolivia, Argentina y Venezuela?

– ¿Cuál democracia liberal? Hay crisis.

¿Los populismos son nocivos para la institucionalidad democrática liberal en esos países?

– No hombre. Para comenzar no entiendo cómo aplicas algo todavía tan confuso, y que la gente no ha terminado de digerir —democracia liberal— cuando esta se funda en clases medias cultas y abundantes, sociedades de individuos (no lo somos todavía; somos de grupos, de clanes), tolerancia por el otro, respeto a las libertades.

¿Qué desafíos afrontan al respecto?

– Modernizarnos. Estamos fuera de la revolución de la ciencia y la tecnología. No estamos  por completo en la globalización del planeta, justo ahora en que el capitalismo está cambiando su modo de producción. Va a necesitar más gente del conocimiento que mano de obra. Lejos estamos de lo que es India, China, Brasil, nuevas potencias. Fuera de haber integrado el pensamiento crítico y la libertad de pensar. Entre las 300 mejores universidades del mundo, solo hay seis de la América Latina. Dos brasileñas, dos chilenas, una argentina y una mexicana…El Nuevo Mundo era antes. Hoy el Nuevo Mundo es donde hay libertades, sociedades abiertas, discusión, ciencia, investigaciones. Y en eso están entrando otras civilizaciones, no la América Latina.

Publicado en  Punto de Encuentro, 12 de marzo de 2015

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