Covid-19. Cuando la palabra llama a la palabra

Escrito Por: Hugo Neira 151 veces - Jul• 27•20

A veces pasa que algo te devuelve la esperanza. En mi caso no es el poder ni el dinero  sino la vivencia del saber. Ese rasgo de lo humano, lo necesitamos, tanto como cuidarse, que es la manera de cuidar también a los demás. Pero también queremos saber qué es esa peste. Y para la puesta en orden de nuestros pensamientos y para el pasaje necesario de lo monstruoso a lo lúcido, se hallan los libros. Que el amable lector no se equivoque,  no necesariamente en papel sino virtual.  

En efecto, buscaba en Internet algún comentario racional sobre la actual pandemia y por casualidad doy con un conjunto, se titula El coronavirus y su impacto en la sociedad actual y futura. Lo hace circular el Colegio de Sociólogos del Perú. Dicho libro virtual viene diagramado con la lógica de los libros en papel, no como en otros casos, y en su portada luce el autor, Arturo Manrique Guzmán. En página interior se menciona a César Abelardo Manrique Gúzman «que peleó esta batalla por todos nosotros». Por lo visto, alguien se echó a la espalda el enorme trabajo de esa selección de textos. Una colección excepcional y variada sobre la peste que nos ataca y el mundo que nos espera. Ni mejor ni peor, distinto.

Al amable lector me dirijo. Desde las primeras páginas me llaman la atención las temáticas y las ideas. «La guerra virtual» dice al inicio Arturo Manrique Guzmán. «La lucha contra el enemigo interno, que opone a la vida la economía.» Luego, Benjamín Marticorena, doctor en  física, su artículo  «Epidemias y sociedad».  Se ocupa de las pestes en Etiopía, Atenas y Europa, las del Perú (p. 83) y el trabajo de los microbiólogos peruanos. Y termina: «las pestes permiten una renovación en los espíritus». Ojalá. Le sigue Pedro Pablo Ccopa a quien se conoce por sus estudios sobre migrantes, en Lima y amor y sexo en la ciudad. Y Eduardo Arroyo, Julio Chávez Achong,  Rodrigo Montoya –tres textos– y Oscar García Meza. Alberto Vergara y César Hildebrandt. De este último, una de sus frases merece ser conocida (no se dice ‘amerita’, por el amor de Dios y del castellano). Dice Hildebrandt: «Es el fin de una civilización pensada por piratas y operada por asesinos y saqueadores. Y no ha sido necesario un Cromwell o un Napoleón para que nos enteremos. Ha bastado un zombi microscópico para que las caretas se cayeran y el carnaval desnudase sus miserias. Un virus ha relevado cuán enfermos estábamos de podredumbre, de desigualdad, de planetaria inviabilidad».

Bravo César, de verdad. Sin embargo, perdona, una observación. Si acudes a déspotas, ¿por qué no citas a Stalin y a Hitler? Ese Cromwell logra establecer un Commonwealth republicano en Inglaterra. Y después de que fuera Lord Protector hasta su muerte, Inglaterra busca un rey, pero ni absolutista ni proteccionista. Desde 1658 Inglaterra gracias a Cromwell goza de un sistema de monarquía parlamentaria. Modelo de los reinos actuales en Europa. En cuanto a Bonaparte, no me lo maltrates. Las guerras bonapartistas duraron unos 14 años. Sirvieron para que el retorno de los reyes borbones se retardara. Y así la idea republicana entró en la mentalidad francesa. Y ahí los tienes. Espero que no te piques.

Volviendo a mi lectura, las doscientas páginas del inicio recogen las obras de peruanos. A saber, Nelson Manrique «las dos enfermedades». Waldo Mendoza, economista y presidente de un consejo fiscal. Luego Rochabrún, preocupado siempre por la teoría, «hacia otras reglas de juego», Eguren sobre «el agro y el coronavirus», y Efraín Gonzales de Olarte, Sinesio López, «los límites estructurales de los martillazos». Y Jaime de Althaus, y François Vallaeys, filósofo francés que vive en nuestro país. Y Marco Cueto, de la Cayetano Heredia.

Ahora bien, pensaba como lector que solo había textos de pensadores peruanos, pero me equivocaba. Desde las doscientas páginas hacia adelante hay opiniones planetarias. Aparecen textos de Michel Wieviorka, que ha sido presidente de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales en París, y Yuval Noah Harari, de la universidad hebraica de Jerusalén y autor del Homo Deus (que me parece el pico más alto del optimismo, aunque traducido a 30 lenguas) y Enrique Dussel, argentino vuelto mexicano, «cuando la naturaleza jaquea a la orgullosa modernidad». La verdad, me dije, esto es muy interesante. Y claro está, no ha faltado Byung-Chul Han, coreano vuelto alemán, especialista de la literatura alemana y católico y filósofo, con un par de temas que merecen (no ‘ameritan’) conocerse. Hay tres textos suyos, recojamos solo un par: «La emergencia viral y el mundo del mañana». Y «vamos hacia un feudalismo digital y el modelo chino podría imponerse».

Lo que estoy diciendo es que ese abanico, hecho en Lima con voces peruanas, es también cosmopolita. De Slavoj Zizek —eslovaco marxista influido por el psicoanálisis— seis textos. Entonces entendí que el libro no es ideológico sino  plural, cosa que es casi un milagro en estos años de maniqueísmo. La prueba, texto de JürgenabermasHaHh HaH Habermas: «Nunca ha habido tanto conocimiento sobre nuestra ignorancia». En fin, de la página 300 hacia delante están Badiou, Latour, Manuel Castell, Fernando Savater, Ignacio Ramonet, hasta Edgar Morin, «lo que el coronavirus nos está diciendo». Morin, el librepensador que es y que nos visitó cuando yo era Director de la Biblioteca Nacional y en la embajada francesa, Nelson Vallejo-Gómez. La lista de esos artículos es variadísima. Está por ejemplo Giorgi Agamben, filósofo, italiano, amigo de Pasolini y especialista de Walter Benjamin, y a la vez, Joseph Stiglitz, norteamericano, premio Nobel y crítico feroz de la globalización. Además, detesta a Trump. «Ninguna administración presidencial norteamericana ha hecho más para minar la cooperación global y el papel del gobierno que la de Donald Trump». Leerlo es un placer.   

No conozco quién es George Monbiot, pero está su versión. Para él, el coronavirus es un jalón de orejas de la naturaleza a una civilización complaciente: «Hemos estado viviendo en una burbuja, una burbuja de falso confort. Ahora nos encontramos desnudos». Esto, en The Guardian. En fin, me olvidaba, los textos han sido obtenidos porque están en la nube, o sea, Internet. Sin vanidad alguna, les diré que en la página 143 hay un artículo mío publicado en este mismo portal digital, El Montonero. La verdad, no lo sabía. Lo que es «nube», es de todos.

En suma, confieso que hacía tiempo que una lectura no me entusiasmaba de esta manera. Alguna vez me ha ocurrido. En París, hace años, en el Instituto de América Latina, rue Saint-Guillaume, de su biblioteca me llevé prestado una novela por una semana. Pero la leí de un tirón. Su autor un colombiano nacido en Aracataca, era un desconocido, un tal Gabriel García Márquez y la obra Cien años de soledad. La magia del relato. Hacía tiempo que no me ocurría algo parecido. Se ha dicho que «un libro auténtico está escrito en virtud de una necesidad» (Jean Guitton). Chau, me voy a terminar de leerlo. No se olviden, es un PDF. 700 páginas. Yo lo que he hecho es imprimirlo y anillarlo. Tomos I, II, III, IV. Prefiero eso a la pantalla. Tomo notas en el papel y de ahí esta modesta reseña.

Publicado en El Montonero., 27 de julio de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/covid-19-cuando-la-palabra-llama-a-la-palabra

You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. Both comments and pings are currently closed.