De la visita del Papa en Santiago y ahora, en Lima. ¿Qué dirá y dónde?

Escrito Por: Hugo Neira 1.589 veces - Ene• 18•18

A propósito del excepcional mensaje de ética que Francisco porta a nuestros pueblos.

La información que les doy proviene del hecho que estando en Santiago, he escuchado varias veces al Papa. Y estoy impresionado por su mensaje. Que es de una sencillez tremenda. Pero, puesto que es tan importante y variada la presencia papal, puede que lo más importante se pierda para el público, porque, por un lado, los medios levantan ciertos temas, por ejemplo en Chile, el de los abusos con “niños por parte de ministros de la Iglesia”. El Papa, sobre este punto, lo ha abordado varias veces en Santiago, en las primeras palabras de sus diversos discursos. “No puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable, etc”. Ha tenido reuniones con las víctimas. Ahora bien, les cuento que Francisco Papa ha tenido en Santiago no uno sino varios eventos, con sendos mensajes. El discurso en La Moneda (Palacio de Gobierno de Chile). Hablando de la capacidad de escuchar, del perdón, etc. Luego, en el Parque O’Higgins —un lugar abierto que fue repleto desde la madrugada, por lo menos con 400 mil fieles y visitantes— con frases tan trascendentes como esta: “No fueron ideas o conceptos los que movieron a Jesús … son los rostros, son las personas; es la vida que clama a la Vida que el Padre nos quiere transmitir”. Un tercer discurso, en el Centro Penitenciario Femenino. De nuevo sobre el sentido del perdón, la reinserción, “una condena sin futuro no es una condena humana, es una tortura”. Un cuarto, con religiosos en la Catedral. Y un quinto, un encuentro con obispos, que me parecieron, estos dos últimos, realmente excepcionales. Quiero decir por qué. Nunca en mi vida he escuchado no solo un Papa sino un obispo, o un sacerdote, decir con tanta claridad lo que sigue: “no estamos aquí porque seamos mejores que otros. No somos superhéroes que, desde la altura, bajan a encontrarse con los ‘mortales’. Más bien somos enviados con la conciencia de ser hombres y mujeres perdonados”. Y esta frase tremenda, “todos debemos pedir perdón”.

¿Por qué les escribo? Porque me temo que en el Perú, como estamos tan politizados, se pierda gran parte del mensaje de este Papa tan excepcional por su sencillez y la sinceridad de sus mensajes. Por lo que veo la agenda del Papa será distinta de la de Chile. Eso es normal. Sería diferente si fuera a Colombia o a Brasil. No es eso. Me pregunto en qué lugar, en qué evento, acaso en la gran multitud que seguro estará en la misa de Surco, en el aeropuerto de la FAP, vendrá ese mensaje de orden a la vez filosófico, religioso, sobre comportamientos, maneras de vivir el cristianismo, en los tiempos nuestros. Más adelante, escribiré todo esto en El Montonero. Sobre los diversos ejes de sus discursos. El Mercurio de Santiago le ha puesto portada a cinco columnas, el miércoles 17, a ese asunto de maneras de ser cristiano y no solo parecerlo. “El Papa nos llama a sembrar la paz, ‘a golpe de proximidad, de vecindad’ […]”. “A golpe de salir de casa y mirar a nuestro alrededor, y mirar rostros”. Claro, les estaba hablando a sus “cuadros” —sacerdotes, monjas, a grupos organizados de católicos en la Catedral—, pero bueno, les decía que no se alejaran de la gente corriente, del pueblo. Y esta frase enorme que revela en el Papa, el gran político —por la paz— que también es este hombre, no por nada argentino, sudamericano, que sabe cómo somos y cómo pecamos de vanidad. La de ser distinto porque se tiene algo de riqueza. Hablo de “la conciencia de ser pueblo”. Y por poco no me caigo desvanecido. ¡Pero si nos estamos olvidando de ser pueblo!

Tengo un enorme trabajo por delante, pero hay cosas que no pueden dejarse de hacer. Les escribo para que estén atentos. En alguno de sus eventos, en algún momento dirá esas frases sorprendentes, que me han llevado a estar atento a lo que ha ido sembrando para el bien en su visita, el bien de todos. Y por eso, les escribo con prisa. No hay aquí trampa, menos interés personal. Solo compartir con ustedes un acontecimiento que es excepcional. Pocos Papas han sido tan claros como Francisco. Tan humildes. Tan directos.

 

 

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