El arte del silencio. La socialdemocracia en el limbo limeño

Escrito Por: Hugo Neira 46 veces - May• 08•19

Cuando comencé a escribir en este diario virtual, le prometí a Uri ocuparme en algún momento de lo que en ciencias políticas se llama austromarxismo. Acaso de esta corriente no hay sino algunos que la conocen, pero en general, conocida o silenciada, no nos hemos interesado por su contenido. O dicho de otra manera, aquí hubo prosoviéticos, promaoístas, estalinistas y trotskistas, incluso algunos en los setenta se asomaron al socialismo yugoslavo, el de Tito, por su lado autogestionario. Pero poco o nada de la corriente de Max Adler, y también lo de Otto Bauer, nos atrajo nunca. Sin embargo aquello fue una «combinación de democracia parlamentaria con democracia directa» (Encyclopédie Philosophique Universelle, «Philosophie occidentale», PUF, París, 1992, p. 1547). La cuestión es por qué los europeos no la olvidan, y en nuestro mundo político criollazo, no produjo ni razón ni pasión.

En efecto, no he escrito hasta ahora nada acerca de esa teorización universal del austromarxismo.  Sin embargo, tuve un instante en que alguien me pidió que hablase, en una universidad peruana, algo sobre la socialdemocracia alemana. Callaré el nombre del colega que me invitaba —un joven profesor—, no quiero incomodarlo en su carrera en una de esas universidades que se suponen de izquierda pero, en realidad, muy ortodoxas y pegadas al marxismo del manifiesto comunista. Lo callaré porque el solo hecho de invitarme, y con ese tema años atrás, le costó una suspensión de cursos. Menos mal que tenía otros, pero el de la historia de las ideas del socialismo y el comunismo, se había perdido.

Siempre recomiendo a mis alumnos decir cuál es el tema que se aborda. En este caso, recordar el determinismo del viejo marxismo que no pudo contar con las posibilidades que se abrieron en varias sociedades tras la revolución industrial y sus diversas fases, entre ellas, el reformismo revolucionario del austromarxismo. Esa corriente no quiso seguir a los bolcheviques y en cambio, el sindicalismo obrero y el extraordinario apogeo de la industria, hace nacer otro tipo de proletariado, compuesto por asociaciones obreras que coincidían con el pensamiento socialdemócrata. A lo que voy, los herederos de Engels y Marx no fueron solo los bolcheviques. También Karl Kaustsky, el «traidor»  como lo llama Lenin. Traidor porque no era necesario para la Alemania anterior a la primera guerra mundial, un putsch militar como el de 1917.  La revolución rusa abre una brecha con los socialdemócratas, algo así como «los hondos y profundos desencuentros», de Iván Degregori, para tomar distancia de Sendero Luminoso.

En política, y en especial en el análisis político, cuenta tanto el discurso como el silencio. Qué extraño que de esos marxistas demócratas del siglo XX europeo no se quiera escuchar ni el suspiro. Sin embargo, a lo largo del siglo pasado, diversos partidos socialdemócratas guardaron una cierta inclinación «socialista». (Opinión de la Encyclopædia Universalis, 2004.) Y a lo largo de Europa, los países escandinavos practicaron la socialdemocracia. En particular en Suecia. Las conquistas sociales y políticas ampliaron los derechos en material social, convirtiéndose en «sociedades de democracia social». Otros actores son de todos conocidos. En la social, a partir del revisionismo de Bernstein, el SPD (Sozialdemokratische Partei Deutschland), hubo movimientos parecidos en Dinamarca, Finlandia, y en Suiza. Hoy estas corrientes enfrentan una crisis por el crecimiento de los movimientos populistas, que a veces parecen de izquierda, y a ratos, de derecha. No hay por el momento un modelo de socialdemócratas capaces de adoptar las tendencias que disocian lazos sociales tras las modificaciones de la tecnología y las relaciones individuales de empleados y trabajadores, sin lazo alguno entre unos y otros.

Pero esa corriente, el austromarxismo, no se hunde con la URSS. Por la sencilla razón que no creyeron en la «utopía comunista», sino que fueron los rivales ideológicos de los bolcheviques. Y a la vez, se enfrentaron a las tendencias conservadores. ¿Por qué en ciertas universidades no se quiere hablar de esa rama (demócrata) del marxismo? La coincidencia de libertades, democracia y luchas sociales no violentas, contradecía la idea de que era necesario prescindir de las instituciones y la justicia, es decir, el mito de la revolución y dictadura.

Se fue el siglo XX para los peruanos. Y no hubo ni revolución ni tampoco algo socialdemócrata. Lo único que se le parece es, como el lector lo presiente, el partido aprista. Acaso por eso ni se menciona. Sin embargo, Haya de la Torre dijo todo lo que tenía que decir en Mensaje de la Europa nórdica. Pero en nuestro país, la serenidad y el arte de la discusión política, hace rato que ha emigrado al cementerio de ideas.

En fin, se han olvidado también de los eurocomunistas de los decenios sesenta al ochenta, encarnados por los partidos comunistas de Francia y de Italia. Ya no predicaban la dictadura del proletariado. Mitterrand no sigue a Rosa Luxemburg, sacrificada en 1920. La meta de esos partidos socialdemócratas que en la América Latina desconciertan —porque todo lo vemos desde un dualismo perverso—, es el largo plazo, es decir, conservar su lugar en las colectividades de trabajadores, pero no por eso quedarse en el poder por decenios. No hubo un dirigente único como en la Cuba de Fidel desde esas izquierdas que ignoramos. La radicalidad no consiste en quedarse en el poder. La realidad no es inmutable. Las expresiones políticas se modifican. Y ay del político o el partido que no lo entienda.  

Publicado en Café Viena, 7 de mayo de 2019

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