El efecto ‘caña corta’ de Julio Hevia

Escrito Por: Hugo Neira 4.858 veces - Mar• 24•17

Los dueños de la prosa barroca son Eloy Jaúregui y Julio Hevia. Vienen del corazón del barroco limeño virreinal. Son una maravilla republicana de ese barroco. Justos términos entrelazados con populares, con gran sentido del humor y pese a las desgracias que nos ocurren. Erudición de lo mejor (eso de lo rizomático, ¡puro Deleuze!) y vulgata plebeya vuelta principesca. Los admiro porque yo soy, desgraciadamente, un cartesiano, aunque a ratos, no. A veces, también, en honor de Góngora, se me lengua la traba. (HN)

 

«Querido amigo:

Acabo de revisar el último gran aporte del maestro a nuestra, tan alicaída, (in) cultura.

Con los textos de H. Neira, uno se ve tentado a confirmar aquello que Hume, desde su experimentalismo empirista, propuso mejor que nadie: el pensar está hecho de conexiones, bifurcaciones y salidas bifrontes. No hablamos de la arborización, de ese orgulloso y fálico tronco conteniendo a sus ramales o haciéndose servir por ellos; hablamos, claro está, de lo rizomático deleuziano, de las raíces subterráneas y de las aéreas, de lo que tienen de bueno la yerba mala, el musgo y las plantas trepadoras, avanzando, envolviendo, invadiendo.

Así pues metáforas van, metonimias vienen y en el camino, como decía la adivinanza, se detienen. Y a propósito del clima, de su problemática y sus militancias, de los agujeros de arriba y los desbordes de abajo, Zizek, el pensador lituano, decía que ante tal (des)orden de cosas caben varias posturas: la del obseso (ese que no deja de pensar en ellas), la del paranoico (el que jura que el mundo se va a acabar hoy o que, por equivocación, no se acabó ayer) y la del que, a falta de mejor término para nuestro medio, podríamos calificar como la del fresh (insospechado retorno anglosajón del «fresco» de antaño o equivalente eufemista del «conchudo» contemporáneo). Un fresh que por cierto confía, en el mejor de los casos, en las labores y esfuerzos de los otros, más obsesivos que él o menos individualistas en su mirada del entorno. Solía decirles a mis alumnos en los últimos tiempos que sufrían del efecto caña corta, vale decir, que carecían de resto físico para sostener un análisis o aventurarse a una reflexión sustentable. «Sustentable» y su primo hermano «sostenible», seguimos con las asociaciones, ¿qué de ellos hay o cabría hubiese en los proyectos concretos o en las ilusiones de la nación? Grado cero de la estructura, pura y dura como ella sola en nuestro terruño o retorno de lo reprimido (Freud y Eliade de la manito) que, como los huaicos, viene comprimido y sin previo aviso.

Sabemos que el tiempo nos estorba, de allí que todos sus imponderables deban ser negados entre nosotros, lo cual nos reenvía, con Eco, a un fraseo que no por haberse alterado deja de contener su núcleo de verdad: «el hábito hace el monje». Macera llegó a decir que en este país no puede haber revoluciones porque la gente está fabricando chistes; quizá el mejor chiste sea (por paródico o patético que resulte) que en Lima, mientras el terrorismo arreciaba y primaba el toque de queda, nos preocupaba encontrar algún dispositivo —léase «el tono de toque a toque»— para proteger nuestro divertimento y capear el temporal. El presente del Perú suele parecerse al empate con Venezuela: arrancamos perdiendo, demoramos la reacción y finalmente quedamos parches con el marcador y de paso, con la realidad. ¿Será que nuestro futuro se tiene que asemejar al próximo compromiso con Uruguay y conformarnos con que Goliat no nos endilgue una Goliat-da?

Saludos

Julio Hevia»

 

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