El ejemplo brasileño

Escrito Por: Hugo Neira 59 veces - Nov• 14•22

La lucha contra el hambre, la pobreza y la falta de educación para los pobres

Para entender lo que pasa en el Brasil de hoy, la semana anterior nos ocupamos del Brasil convertido en un ‘nuevo grande’, no solo en el continente sino entre los otros del planeta. Conozco Brasil pero preferí apoyarme en el libro de Alain Rouquié Le Brésil au XXI siècle, que me entregó, a mí y a Claire, en París, en la Casa de América Latina de la cual es Director. Estuvo, del 2000 al 2003, Embajador de Francia en ese país, pudo medir de cerca las mutaciones profundas del Brasil de esos días. Gran democracia mestiza, una civilización industrial en los trópicos, esos trópicos mismos que vuelve al Brasil una de las tres grandes potencias emergentes del planeta, explica Rouquié especialista de la América latina contemporánea.

Ahora bien, Luiz Inácio Lula da Silva, conocido como Lula (en su lengua materna quiere decir audio, sonido), fue primero un obrero metalúrgico, sindicalista y una vez en la vida política, un hombre de acción progresista. Tal como estamos, los peruanos y los latinoamericanos inmediatamente nos preguntaríamos si es de izquierdas o de derechas. El actual presidente electo en la República Federativa del Brasil tendrá un tercer mandato en tanto que  Presidente de todos. Su carrera no fue al servicio de una ideología como pasa en otros países latinoamericanos. Primero fue miembro fundador y presidente honorario del Partido de los Trabajadores. Lula, obrero metalúrgico, tiene un origen humilde. Fue uno de los principales organizadores de las mayores huelgas durante la dictadura militar del 64, que aceleró —dice Wikipedia—, la caída de ese régimen. Fue un político muy conocido, vinculado a los obreros brasileños, que tuvo que presentarse repetidas veces a la Presidencia (1989, 1994, 1998) y solo en el 2002, logró la victoria.

Lula, a diferencia de muchos políticos en la América Latina, es conocido como el presidente que transforma el Brasil. Reformas radicales que cambiaron la economía y la sociedad durante sus ochos años de gobierno. De los datos que tenemos en la mano, no se puede dudar. En esos años, triplica el PBI per cápita, según el Banco Mundial. Con ese presidente y su partido, el Partido de los Trabajadores, la República brasileña se convierte en una potencia mundial y en la sexta economía más grande del mundo.

Se entiende, los 8 años de gobierno de Lula en Brasil, no se olvidan. German Padinger, de CNN, dijo en setiembre pasado que “a los 76 años, Lula ha dedicado la mayor parte de su vida a buscar la presidencia”. Cuando tenía 45 años, “compitió por primera vez con el Partido de los Trabajadores”, el PT. En 1989, “perdió en segunda vuelta con Fernando Collor de Mello. Volvió a intentarlo en 1994 y 1998, y perdió en ambas cosas ocasiones, y en primera vuelta, con Fernando Henrique Cardoso”.

Como todo país con una clase política y un aparato de Estado —lo que en Francia, llaman la “nobleza del Estado” por su continuidad, Brasil tiene una capa social administradora. Hay que decir que la economía mundial y las circunstancias particulares de los mejores hombres de Estado (o estadistas) intervienen mucho en su gestión. Cuando dejó la presidencia en el 2010 a su protegida, Dilma Rousseff, Lula tenía casi un 90% de aprobación. 

Lula da Silva fue imputado en el 2016 por corrupción y blanqueo de capitales. Tras una serie de apelaciones fue enviado a prisión, pero en 19 meses, fue liberado. En el pasado debate con Bolsonaro, le dijo: “me arrestaron para que usted pudiera ser elegido presidente”.

Lo que a mí me llama la atención es lo que hizo Lula durante años que estuvo en el poder.  Pienso en estas tres medidas de gobierno. En primer lugar, puso en marcha el programa Fome Zero (Hambre Cero en castellano), lo que permitía llegar a las familias indigentes y facilitarles el acceso a los alimentos básicos a través de la asistencia social. Con Lula, la desnutrición infantil se redujo en un 46%. En mayo de 2010, la ONU concedió a Lula da Silva el título de campeón mundial de la lucha contra el hambre. Para ese gasto, 760  millones de dólares que iban a gastarse en una docena de aviones de combate, fueron priorizados en lo social apenas asumió. Con Lula, la pobreza medida por el umbral de ingreso diario internacional que es de 2.15 US dólares, pasó del 11,7% al 6,1% en el 2009. Y en cuanto a la línea de pobreza para economías de ingresos medios bajos, que es de 3,65 US dólares diarios, cayó del 25% al 15%. La Bolsa Familia de Lula beneficiaba a 55 millones de personas al final de su mandato. También la mortandad infantil retrocedió en el gobierno de Lula. La tasa bajó de 35,87 por mil en el 2002 al 21,17 por mil  a principios de 2011.

En segundo lugar, su política educativa consiguió alcanzar altos niveles de escolarización en todos los ámbitos, desde primarias hasta universitarios. Con el FUNDEB (Fondo de Mantenimiento y Desarrollo de la Educación Básica y de Valorización de los Profesionales de la Educación), Brasil pasó de dar atención a 47 millones de estudiantes brasileños en vez de 30 millones, un 56,6%  más. En el área de la educación superior, el PRO-UNI (Programa Universidad Para Todos), el mayor programa de becas de la educación latinoamericana,  ofreció en el 2007  265 mil becas en 1985 instituciones en todo el país. Además, se crearon once nuevas universidades públicas y federales, es decir en educación pública y gratuita, y se redujo la población no escolarizada de entre cuatro a diecisiete años.

En tercer lugar, su política económica exitosa de la cual destaco el empleo. Cuando asumió, el desempleo afecta mucho al país. En el 2001, 7,8 millones en edad de trabajar estaban desempleados por el efecto de las políticas neoliberales anteriores. “Más y mejores empleos, su programa de gobierno en el 2002, estableció los ejes estructurales de una política de empleo comprometida con la creación de 10 millones de puestos de trabajo entre 2003 y 2006. En primer lugar estos puestos serían creados a partir de la recuperación sostenida del crecimiento económico” (Marcio Pochmann, 2003). El segundo eje era la reducción de la jornada laboral de 44 horas de un 10% y el tercero, cambiar el patrón del gasto público, con políticas públicas orientadas al empleo, según el mismo investigador. Resultado, en el primer semestre del 2010, cuando el empleo sufría de la crisis en el resto del mundo, el Brasil de Lula logró más de 1’400’000 nuevos empleos formales. “Durante el periodo 2004-2009, la expansión del empleo formal para el sector privado fue de 25,3%; para el empleo en el sector público alcanzó el 19,3%; en el caso de los empleadores, su número creció en 15%. Las peores ocupaciones presentaron un ritmo mucho menor de crecimiento: el trabajo doméstico se incrementó en 11,8%; el empleo asalariado informal disminuyó 0,8%; el trabajo autónomo aumentó apenas 2,3%, y el trabajo no remunerado se redujo en 21,7%”. (José Dari Krein & Anselmo Luis Dos Santos, 2012).

¿Qué va hacer el “tercer” Lula? Dijo que en el acto de la toma la posesión del poder, va anunciar el Plan Nacional del Trabajo. Siempre un enfoque laboral prioritario. Por otra parte, Lula mantuvo siempre buenas relaciones con el Mercosur y también con los países del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Y con Fidel Castro, Hugo Chávez, Rafael Correa en Ecuador y los Kirchner en Argentina. Es un político. Es un estadista. Sabe.

Los presidentes de Brasil del siglo XXI, ninguno de nuestros estadistas les visita, fueran predecesores o bien sucesorios. Está claro, y lo he dicho muchas veces, el Perú no está en este siglo.

Publicado en El Montonero., 11 y 14 de noviembre 2022

https://elmontonero.pe/columnas/el-ejemplo-brasileno

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