El outsider. O cómo sobrevivir al estrés

Escrito Por: Hugo Neira 1.190 veces - Mar• 07•16

Debe andar en librerías limeñas el último libro de Carlos Meléndez, Anti-Candidatos, 2016. Ha tenido Carlos la gentileza de enviarme un PDF. Se lo agradezco. Ahora bien, veo que uno de los ensayos, el de Ana Vergara, se ocupa de los outsiders. Lo que pasa es que yo también¡! Es un capítulo de un libro mío pronto en tintas. Para que no haya malentendido alguno, lo voy diciendo, y me parece conveniente —dadas las circunstancias electorales— publicar un fragmento de ese ensayo con el sistema de los franceses, “les bonnes feuilles”, o sea hojas anticipadas. Es frecuente antes de su distribución. Noto desde ahora una diferencia. Ana Vergara se dedica a un par de outsiders. Desde un razonamiento distinto, desde configuraciones colectivas propias a sociólogos, yo intento un retrato de grupo. Lo que sigue es un fragmento.

 

Si el outsider es el invitado inesperado, si resulta que es “ese” a quien no se le conocía aspiraciones presidenciales, entonces casi todos los candidatos que obtuvieron la presidencia entre el 2001 y el 2011, han sido outsiders. La excepción es Alan García en el 2006. La serie se ha continuado con Ollanta Humala. En la era del outsider que vivimos, no disminuyeron sino que se multiplicaron los movimientos políticos. Y de los noventa a la fecha, los aspirantes siguen saliendo de la nada. Si este no es un fenómeno, que baje Pedro y lo vea.

El outsider que se repite regularmente, es una curiosa y llamativa regularidad de lo irregular. El apriori del cual partimos es que debe haber un sentido a esa aparición sucesiva. En efecto, los candidatos outsiders parecen de izquierda o de derecha, de geometría variable, pero nunca provienen de esos campos sino de una postura inesperada y rupturista que les abre el camino a la popularidad. Luego, con la misma asombrosa rutina, olvidando las promesas de los meses de campaña, se pierden cabalgando el Leviatán inconcluso del Estado. Terminan por lo general o en prisión u olvidados. Los outsiders no tienen hasta ahora sucesión en el Perú. Ni logran prolongarse en el poder como Evo Morales, o Correa o Hugo Chávez. No diríamos que son flor de un día, sino una vegetación inclasificable que en muchos casos no tiene sino un lustro como vida.

Hay reglas, pero no son ni visibles ni confesables. Diríamos, pues, que hay como unos mandamientos del outsider, o consejos del diablo. En nombre del arte de las prácticas dudosas pero necesarias, le diría lo que sigue a un outsider:

Primero, debes representar lo novedoso, tu sola presencia muestra el desvalor del que ya gobernó. Esto es, el muy peruano dicho, “ya fue”. Segundo, no debes estar contaminado por el país formal. Y menos con Palacio¡! Tercero, no es necesaria la violencia física sino simbólica. Cuarto, no importa que no seas político, tienes que decir que lo aprenderás en la práctica de cada día. Eso le encanta a la gente, los peruanos somos campeones en improvisar. Quinto, evita los duelos orales, nada de rivalidad mimética, aunque la democracia pluralista que te rodea te lo pida a gritos. Sexto, no envidies los partidos ajenos, monta los tuyos, y si puedes, si llegas, disuélvelos a tiempo. Sétimo, alimenta la idea de que el presidencialismo tiene mucho de patrimonialismo. Da la impresión de que lo público es capaz de poseer todo lo que es privado, pero no lo intentes. Piensa en los auditores. Haz solo la finta, y te guardarán respeto. Octavo, los outsiders —y no olvides que eres uno de ellos— emergen en sociedades que están convencidas que están saturadas de política. Eso no es cierto para el caso del Perú, pero no les contradigas. Y no los apachurres con política, habla lo justo, discute mucho pero en grupos distintos y cerrados. Noveno, rodéate de abogados, del principio al fin. Y si ganas, no busques sucesor. Entre tanto, sonríe, sonríe mucho. Décimo, no prometas gran cosa, si eres outsider, igual te botarán, o no.

Publicado en El Montonero., 07 de marzo de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/el-outsider-o-como-sobrevivir-al-estres

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