En la época en que vivimos

Escrito Por: Hugo Neira 384 veces - Dic• 26•18

En la época en que vivimos, me he acostumbrado a la futilidad de cualquier iniciativa para salir del abismo de la no cultura, que hoy nos habita. Y sin embargo, tuve una respuesta cuando me preguntaron qué pienso de la tesis del fiscal Domingo Pérez. Anteriormente, Marcel Velázquez, profesor en San Marcos, quien aparte de su calidad de escritor se ocupa de los plagios en el mundo universitario, señaló que había «negligencias académicas graves». Y dijo que no habiendo puesto comillas, lo suyo «era un uso no honrado del derecho de cita en la una tesis». Por mi parte, me sumé a ese parecer. El texto completo de mi análisis se halla en El Montonero del lunes 24 y en este blog. Le ruego al lector que lo vea por completo. http://www.bloghugoneira.com/non-classe/peor-que-un-plagio-un-ersatz

El problema de un juicio imparcial de esa tesis enfrenta un dilema. El fiscal Domingo Pérez, por una parte, ha citado el origen de sus páginas, ha puesto el título del texto del juez Linares Rebaza. Pero ¿eso le permite tomar no solo párrafos, sino páginas enteras? Y lo que es grave y perturbador para el lector, ¿sin usar las comillas? He visto, pues, páginas absolutamente idénticas a las del juez Linares Rebaza en las del fiscal Domingo Pérez. Ahora bien, el debate se ha politizado. Los que apoyan al fiscal dicen que ha cumplido al poner el nombre del juez. Los que lo desaprueban, la ausencia de comillas como algo grave. Ciertamente, hay ambigüedad. Lo escrito y pensado por Dyran Linares en el 2009 pasa como un texto de Domingo Pérez. El tema corre traslado a la Universidad Católica de Santa María, de Arequipa.

Pero no me hago ninguna ilusión. Ya ha ocurrido que una universidad española, ante los plagios de Acuña, se demoró en responder y finalmente no lo censuró. También en España la educación se ha vuelto un negocio. Lo que más me asombra es la ambivalencia de los entrevistados. Se nota la crisis de la cultura peruana. No se insiste en que las comillas son la manera de decir «esto que he citado, no es mío» pero es interesante. Para eso sirven, para separar quién cita y quién escribió lo citado.

Ahora  bien, he intervenido, pero no desde un punto de vista jurídico. No estudié derecho. Lo que me interesa —y lo he dicho— es el lado social de ese caso. Todos sabemos que son innumerables los estudiantes que «se bajan de Internet» textos que hacen pasar como suyos. Ahora bien, ¿puede ser posible que un fiscal, en los días que corren, ignore la obligación de acompañar la cita con comillas? Creo que sí es posible. Le doy entonces, al fiscal Domingo Pérez, algo que los jueces y fiscales no suelen dar a los peruanos: el beneficio de la duda. Puede que sea verdad que no estaba enterado de esa regla gramatical. Y todo esto me lleva a un tema mayor. La terrible crisis de la educación peruana.

Para mí, todos estos defectos, están vinculados a la deseducación que reina en colegios y universidades. Vamos como el cangrejo, para atrás, desde que desaparecieron los cursos en la secundaria común, de lógica, historia, literatura, gramática, acompañando cursos de ciencias, como la química, la física, las matemáticas. Cursos que existen en todas las otras naciones de la América Latina y del mundo, el Perú, los dejó de lado. Gigantesco error. Hoy, la educación peruana en la secundaria común, no existe. Sostengo que es un Ersatz. Una simulación. Como aquello que reemplaza el azúcar para los diabéticos, un sustituto. Vamos hacia abajo. Sin embargo, pese a que todo el mundo sabe que nuestra educación no vale nada, las cosas siguen igual.

Ese triste deterioro masivo del quehacer intelectual me inquieta. Se ha creado —artificialmente— dos países. El de los hijos del pueblo y los afortunados que fueron a los colegios privados. La crisis política, la falta de confianza en los elegidos, no es sino una parte de una vasta decadencia, a la vez cultural, social y moral. El Perú volverá a ser grande cuando todo individuo, sea hombre sea mujer, estudie lo que estudie, sepa escribir correctamente unas cuantas páginas. Saber escribir no es un asunto de literatos. En el mundo globalizado, es una actividad tan natural como saber manejar un auto. Enseñar a leer y redactar es algo que nadie hace en el Perú actual. Esto se está pareciendo a un suicidio colectivo. No necesitamos tanto políticos inteligentes. Lo que necesitamos, y urgentemente, es ciudadanos reflexivos. Que no voten por cualquiera. La cultura es el poder espiritual moderno. Nos falta educación. En latín quiere decir que se convierte una cosa que no es buena en otra que es mejor. La instrucción pública ha hecho a los países avanzados.

En cambio, vivimos una época negra. Todos somos anti tal o cual postura. Por mi parte pienso que el anti no nos da una identidad. Es solo la negación del vecino, el otro. ¿O es que quiere decir yo soy mejor que el otro? El anti es pura negación. Como antis no vamos a ningún lado. Los antis son innumerables. Anticomunistas, antisocialistas, antiapristas, antifujimoristas, y por qué no, antidemócratas, antimoralistas, anti-masones, anti-venezolanos, anti-lectura, anti-científicos. El mundo no puede ser negación.

Para mí, conocimiento es progreso. O entramos a la cuarta revolución industrial, o desaparecemos. El mejor producto que pueda producir el Perú debe ser el propio peruano. La fuente de un posible desarrollo sostenido no está en las minas ni en las exportaciones, está en la capacidad de los sesos de los peruanos mismos. La historia de la humanidad nunca ha aprobado los pueblos sin ciencias ni virtud. El hombre que piensa también siente y ama. Trata de otra manera a sus próximos. Con la política debemos dejarla como solución. Es en la pedagogía donde se halla la salvación. En un lenguaje y pensamiento que sobrepase los tópicos tradicionales, el discurso artificial y difuso del Perú oficial. Hace tiempo que viven separados de la nación.

 

 

 

 

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