Entrevista: Odebrecht es un cataclismo económico, político y moral

Escrito Por: Hugo Neira 1.350 veces - Ene• 08•17

Mientras la tecnocracia impone unos peajes desmedidos para muchos hogares.

 

Así opina el sociólogo, escritor, historiador, periodista, Hugo Neira, quien es –como él mismo se define– un hijo de la Ilustración. Él afirma que cuando surjan nombres de los implicados, veremos qué fuerzas políticas quedan de pie y otras van a desaparecer como cuando un meteorito puso fin a los dinosaurios.

                                                                                             Por: Plinio Esquinarila

                                                          ________

  

Mucho se habla en el Perú, y hasta hay ciudadanos que creen ciegamente que marchamos a un golpe de Estado a PPK, sea a través del fujimorismo congresal, o que incluso podría ser de tipo militar, según cree un número en este caso reducido de compatriotas. ¿Usted qué piensa ahora con el caso Odebrecht?

Vaya, Lima no pierde sus costumbres. Me cogen con un libro de historia colonial en las manos y ¿qué pasa hoy?  Rumores de comadres de barrio. Pero pisemos tierra. Miremos más bien lo que ocurre en Puente Piedra por la subida del peaje. Cinco soles de ida y otros cinco de vuelta es 10 por 30 días, 300 soles al mes. Es demasiado para muchos hogares. La tecnocracia en el poder impone una nueva fiscalidad en muy mala coyuntura, cuando el efecto de Odebrecht es un cataclismo económico, político, moral.

¿Sobre un golpe de Estado? No es la primera vez que me lo preguntan. Al comienzo pensé que hablaban de un golpe clásico. Me sorprendió la cuestión. He permanecido ocho meses seguidos en Perú, de mayo a diciembre, y no he escuchado nada por el estilo. Ahora bien, no soy un experto en golpes de Estado. En 1968, yo me encontraba trabajando en la Fondation Nationale des Sciences Politiques en París y ese golpe militar lo organizaron los militares de entonces. Y nadie lo vio venir. Hoy ya no se dan golpes con tanque en las calles

-Digamos no un golpe clásico sino la vacancia presidencial…

Bueno, en efecto, la vacancia ha ocurrido en Brasil, con la expresidenta Dilma Rousseff (que, por cierto, todavía no le han probado nada), se valieron de una parte de la cámara que manejaba Temer, para el “golpe constitucional”. Entonces, leo los diarios limeños y veo que varios sostienen que “las condiciones para derrocar presidentes por vías legales ya están presentes”. Uno de los comentaristas, Augusto Álvarez Rodrich, sostiene “que si el expediente Odebrecht evoluciona de manera desfavorable para PPK, casi no hay que ser muy zahorí para suponer que entonces, el fujimorismo lo utilizaría para organizar su vacancia presidencial” (La República, 05.01.17). Y continuando en su suposición, descarta el hecho de que sea inocente, con un “eso qué tiene que ver”. Lo del Congreso sería un “juicio político”, ¿y eso es suficiente? Bueno, Augusto, tampoco se necesita ser muy zahorí –esa palabra no la escuchaba desde los textos de Mariátegui, el abuelo— para que nos demos cuenta de que no está de por medio ni la verdad ni la ley sino un lío entre poderes de Estado. ¡Qué alegría para muchos! ¡Cómo se van a vender los diarios en los kioscos con grandes titulares! ¡La carnecita, el morbo! Miren, esto se llama un double bind, es decir, una trampa lógica. La madre que le dice al niño “¿Te vas sin saludarme?” Y el niño le da un beso, y ha perdido, no ha sido su iniciativa. Y si no se lo da, peor, confirma el pronóstico negativo.

 

“Nunca he estado por vacancias presidenciales, menos ahora con PPK (…) solo digo que lo de la constructora brasileña es algo serio”.

 

-Saltemos un poco en el tiempo…

Dentro de unos días, unas semanas o acaso meses, algo habrá pasado en el contorno de PPK, no del actual, sino cuando era premier [de Alejandro Toledo]. Suficiente como para sacar la maquinita callejera y pedir la sanción al Presidente. Con lo cual, ponen contra la pared a los congresistas. En ese caso, o sancionan o no sancionan. Si lo hacen, entonces confirman que Keiko y su gente son unos vengativos, mala gente, miserables. Usan el poder legislativo para vengarse. Si, en cambio, no lo sancionan, van a decir: “Claro, descendientes de la horrenda mafia fujimontesinista de los noventa, ¡cuándo no! Ladrón protege a ladrón.” O sea dos pájaros de un tiro. No sé si Dios es peruano pero el Diablo sí.

Cuando se haga la historia de estos días funestos, ya sabremos quiénes estuvieron en el complot de este tiempo, bajo la máscara, por supuesto, de “los valores”. Pero este batacazo de billar a tres bandas –PPK, Keiko y el resto de la clase política embarrada– puede tener su feedback, de ilimitados alcances. ¡Bravo, continúen! ¡Adiós al actual Presidente y su plana de ministros! ¡Adiós al Congreso con color naranja!  Del cual no soy asesor ni nada. ¡Viva el caos y el alza del tiraje!  ¡Al diablo la estabilidad! ¿Querrán a un Vizcarra? ¿O nuevas elecciones? Se frotan ya las manos.  Me estoy poniendo en lo peor. Nunca he estado por vacancias, ni cuando Humala, menos ahora. Solo digo que lo de Odebrecht es algo serio. No es una lista de personas, ni tal o cual, es toda una clase administrativa y política. No es un terremoto. Es un cataclismo. Definición: “desastre de proporciones desusadas”; “Suceso que causa mucho trastorno material o no material” (Diccionario de María Moliner).

La otra posibilidad es que más de medio Perú, si acaso el escándalo incluye al fujimorismo, busque un Donald Trump peruano, para acabar con tanta impunidad, desde una perspectiva de derechas.

Sí, pero las conjeturas que teníamos cambian enormemente ante el cataclismo Odebrecht. Va a haber un antes y un después. Todo razonamiento futurista es apresurado o imposible en el estado de cosas presente. Hay que esperar. Cuando surjan nombres, entidades, corrientes políticas, que sé yo, entonces, veremos qué fuerzas políticas quedan de pie y otras van a desaparecer como cuando un meteorito puso fin a los dinosaurios.

-¿Qué debería hacer PPK en una situación tan difícil?

Buscarse un vocero. Él, que conoce los Estados Unidos, es la forma ritual y práctica de comunicarse. Y hacer caso a los politólogos. Hubo uno que, para desanimar a los que querían el “cetro”, dijo lo siguiente: “What win I if I gain the thing I seek? A dream, a breath, a froth of fleeting joy”. En castellano: “Si logro lo que busco, ¿qué obtendré? Un sueño, un soplo, un borbotón de dicha”. Un politólogo más conocido como Shakespeare.  O sea, no creo que un generalote se compre el pleito. Si a un gobierno legítimo le cuesta gobernar, ¿cómo sería con uno ilegítimo? Miren Venezuela.

-Hay intelectuales que se sorprenden de la comprensión suya de los parlamentos modernos malcriados, turbulentos, como es el Congreso actual, en la idea de seguir el sueño republicano de hombres como Hipólito Unanue, que se nutría del humanismo y la ilustración. ¿Qué opina usted?

No comprenden eso de comprender, ¿no? Soy sociólogo, y de la línea de Max Weber. Se recomienda como un principio profesional la “neutralidad axiológica”. En alemán, Verstehen quiere decir entender. Pero en Lima parece raro y lo es. Yo por lo menos, no me confundo. No mezclo cátedra y política. Verstehen, comprender, no quiere decir aprobar. Tampoco sermonear. La sociología no es una ciencia formativa como el derecho. Yo puedo describir y estudiar lo que no me gusta, el Ku Klux Klan. No  escribo en diarios para decir qué es el bien y qué es el mal. No juego a Catones, como denuncia Mariella Balbi. En cuanto a los parlamentos –insisto–, no han sido nunca una reunión de una membresía distinguida que se trata bien entre ellos. ¿Por qué nos asombramos? La democracia tiene el mismo sentido que el fútbol. Dos equipos que compiten. Las malacrianzas de unos y de otros. No las aplaudo. Pero lo que está en el fondo de la cuestión es que no admiten que esa gente –que no saben cómo clasificar– esté en el Congreso. Lo que cuesta admitirse en nuestro país es la pluralidad de los regímenes democráticos. Desde la primera vuelta que favoreció al fujimorismo, ya tuvo una porción de la ciudad letrada en contra. Esa es una pasión, y contra eso no hay remedio. Pero no es señal de modernidad sino de prácticas coloniales. ¿Se conoce en nuestras universidades los trabajos de antropología política de René Girard? En cada sociedad se inventa un chivo expiatorio. Es muy cómodo, el otro tiene la culpa. Hoy es Keiko, mañana el propio Presidente, luego Verónika, Goyo, el que sea. Somos todos perfectos ciudadanos, salvo el otro. Así se persiguió al aprismo en los años treinta y perdimos un siglo de solapada guerra civil. En eso, el Perú no ha cambiado. Por mi parte, todo lo que pregunto en el campo de lo público, es si el otro tiene legitimidad. O sea, en los Estados Unidos, ¿los demócratas ya están tramando la vacancia de Trump? ¡Por favor!

-¿Qué debería hacer el Congreso en estas circunstancias?

Trabajar en lo suyo y como en toda democracia sensata, aprobar las propuestas de ley del Ejecutivo sin pensar en otra cosa que eso que se llama “el interés general” de la nación. Es tonto. Pero así progresan las naciones que no usan la picardía criolla sino para chistes, no para echar a andar un Estado.

 

“Los compadrazgos, la cundería criolla, los males de la nación. No hay progreso alguno si reina la pendejada”, opina el intelectual.

 

-¿Cuáles  deben ser nuestras líneas matrices de acción programática, como país, con vistas al Bicentenario?

Qué Bicentenario, ni niño muerto. Odebrecht es algo gigantesco. Esto es peor que cuando el destape de los primeros vladivideos. Dos grandes heridas quedarán de esa hecatombe. La primera, ¿cómo desarrollarse cuando sabemos que no hay gobierno en el mundo que pueda invertir en infraestructura sin el capital internacional? La segunda, ¿cómo cambiar de costumbres, cuando en nuestro país la anomia, que observé desde los años ochenta, ha seguido creciendo y con la pareja presidencial llegó a Palacio? Lo que está en cuestión es el crecimiento achorado a la peruana. Está claro, no funciona. La prueba, el escándalo. Más eficaz resulta ser honesto. Aunque parezca mentira, el capitalismo se funda en un mínimo de ética. De los dos lados, de los que pueden construir y de los que pueden aprobar las licitaciones. ¿Cuándo vamos a renunciar a lo que los costumbristas del XIX y luego los primeros sociólogos –como el olvidado Valega– denunciaron hace decenios? Los compadrazgos, la cundería criolla, los males a la nación. No hay progreso alguno si reina la pendejada.

“Con la paz democrática no se juega”

 

“Pase lo que pase, sea quien sea el que se hizo millonario de la noche a la mañana, no dudemos ni por instante de las ventajas de la libertad. Dejemos de pensar que todo hombre público es un canalla. Muchos quieren cargarse las instituciones actuales y ya repican campanas. Pero cuidado. Con la paz democrática no se juega. No han pasado sino siete meses, y hay una grita terrible. Curioso, con Humala no era así. O sea, ¿quiénes son los que chillan? ¡Los que no están ni en el Congreso ni en el Poder!  ¿Nos toman por idiotas o qué?”, se pregunta Hugo Neira desde Chile.∞

Publicado en Expreso, domingo 08 de enero de 2017

http://www.expreso.com.pe/portada/odebrecht-cataclismo-economico-politico-moral/

 

You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. Both comments and pings are currently closed.