¿Ganar, perder? La paradoja del cretense y las bipolaridades

Escrito Por: Hugo Neira 1.367 veces - Jun• 13•16

«El peruano piensa sus relaciones con el prójimo en términos de oposiciones bi y tripolares, tales como gente decente/ gente de medio pelo/ indios, o provincianos/ limeños, o serranos/ costeños, o militar/ civil, pero visto de cerca, no es tal, sino el miembro de una suerte de minicorporación.»

                                             —Juan Abugattás, 1986—

Hace siglos, un cretense puso de vuelta y media a los griegos. Se conocen dos versiones, en una de ellas era el filósofo Epiménides, en otra un simple cretense, un forastero que tenía que plantear un dilema a un jurado de atenienses, tan inteligente que lo hiciera merecedor de quedarse en Atenas. Filósofo o simplemente un hombre corriente, el caso es que dijo lo siguiente: «todos los cretenses son mentirosos». El jurado se retiró a deliberar. El cretense había dicho que los de su isla eran mentirosos. Su razonamiento se desmentía a sí mismo, él era cretense. Su proposición era paradójica. Ni verdadera ni falsa. Y el cretense se quedó en Atenas.

En Querétaro, México, en el coloquio, hubo grandes pensadores. Uno de ellos es Adam Przeworski, de la Universidad de Nueva York. Sostuvo una de sus tesis, «en democracia los ciudadanos nunca son iguales». Bajo el efecto dominante de la economía «pesan más unos que otros». No es que se suman 1,1,1,1, sino que el 1, ciudadano corriente, ante individuos con poder y estatus, pesan ellos por 4, 20 o 200. Przeworski sostiene que la desigualdad –el gran mal social en todas las sociedades del planeta– es imposible de corregir salvo si el Estado provee los servicios básicos. No es lo que se escucharía en un CADE limeño.

Ante de volver a Lima supimos que nadie iba a tener el sillón presidencial y a la vez la bancada parlamentaria. Las más de seis horas de vuelo me dieron tiempo para reflexionar. La primera voz interior que escuché fue la de las ciencias políticas: hubiera sido más sencillo que el voto ciudadano tuviese suficiente confianza en uno de ellos, o PPK o en Keiko. Y darle sillón y bancada hegemónica. Si se piensa en la gobernabilidad. No oculto que me parecía y me sigue pareciendo que tras Keiko están las capas sociales más populares y un país impaciente. Y entiendo que otros no compartan mi visión. Pero también recordé una frase en quechua que está en González Holguin, «no me mandes demasiado». De repente es eso.

Quién ganó o perdió ¿es el tema? Los resultados son ambiguos. Barnechea se ha dado a conocer. Por casi las mismas razones, Guzmán. Acuña tiene bancada. También Vitocho. Y Verónika Mendoza. El aprismo una pequeña bancada pero competente. Todos han ganado y perdido a la vez, aunque César Hildebrandt no lo crea. No hay viudas, nadie se ha muerto. Los antiguos griegos no son el único pueblo sutil de la historia. Están mis paisanos. Acaban de votar primero así y luego asá. En fin, las formas de estas elecciones fueron de lo peor. Vayamos a los resultados.

En una primera vuelta ganó el pueblo de los distritos. En la segunda, el otro pueblo de mejores ingresos y temores, y como dicen los relamidos, «los poderes fácticos». Ahora bien, si el presidencialismo que tenemos continúa atado de manos por los-que-no-quieren-que-se-toque-el modelo, vamos al abismo. Las elecciones han servido para que los de abajo legitimen a los de arriba. Es un sistema cruel, los ricos se hacen más ricos. Sinesio López mostró en Querétaro un mapa de la ausencia del Estado. Cubre el país donde ha ganado Verónika Mendoza y Keiko.  Desigual al extremo.

«La política es la gestión de los conflictos» (Comte-Sponville). Gobernar es optar. Aquí hay sentidos políticos hasta hoy opuestos. Hacer crecer lo macro, el PBI y el per cápita. Eso se ha hecho en Perú y resulta insuficiente. Keiko trae consigo otra mochila en la que pocos se han fijado. Tras recorrer el país cinco años, la demanda social. Sin embargo debe concertar. Sin que deje de haber mayorías y minorías. Nada de sancochados, sino los electores nos mandan a la misma. En fin, leo la entrevista a PPK en El Comercio, justo al cerrar esta nota. Vamos a tener de nuevo un estadista en Palacio. Ya era hora. Cinco años de vacancia presidencial. Solo una observación, no se dice «yo me disculpo» sino pido disculpas, es el otro que perdona no uno mismo. La semántica de los presidentes peruanos siempre me ha interesado.

Creo que hay una clase política diversa y dispuesta a consensos y disensos. Y que ese peruano que no puede concertar sino en grupos binarios que describe Abugattás, tal vez está a punto de desaparecer. En cuanto al cretense, lo cito por pedagogía. Nunca nada es por completo negro o blanco. Y esa incertidumbre, ese trasiego de opiniones y propuestas es la democracia. El que no lo entiende así, es un reaccionario que se ignora.

Publicado en El Montonero., 13 de junio de 2016

http://elmontonero.pe/columnas/ganar-perder-la-paradoja-del-cretense-y-las-bipolaridades

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