La crisis general de las izquierdas

Escrito Por: Hugo Neira 138 veces - Ago• 08•22

El 9 de noviembre de 1989, la población alemana, unos 70 mil ciudadanos, de manera pacífica, sin derramar sangre ni disparar un arma de fuego, derribaba el Muro de Berlín. Durante treinta  años, después de la derrota de los nazis, en las conferencias de Yalta y Postdam, las potencias vencedoras, es decir Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, habían acordado dividir a Alemania en cuatro zonas de ocupación. En el fondo, era una supuesta división entre dos modelos, socialista y capitalista. Así se formó la República Federal de Alemania (RFA), partiéndose en dos la capital, Berlín. La región de Alemania Oriental quedó bajo control ruso y pasará a llamarse República Democrática Alemana (RDA).

Era el principio de una interminable Guerra Fría. Berlín quedaba en parte en territorio soviético, es decir bajo el sistema socialista que contralaba todos los servicios y medios  de producción. En cambio, la Alemania Occidental quedaba bajo el modelo norteamericano y capitalista y recibía la ayuda del Plan Marshall de los EEUU. Así alcanzó un nivel de desarrollo alto rápidamente, con empresas privadas y un sistema político liberal que garantiza el acceso general a la educación, el trabajo, la salud, y una posición más igualitaria de las mujeres. El caso es que la frontera abierta no duró, los berlineses preferían el oeste para prosperar, y se tuvo que levantar un muro para preservar el recurso humano de ambos lados y modelos. Según la página oficial de la ciudad, entre 1961 y 1988, cerca de cien mil ciudadanos de la RDA intentaron saltar el muro para escapar al oeste, y unas 140 personas fallecieron ante los disparos de la policía.

Yo vivía entonces en Francia. Era docente en la Universidad de Saint-Étienne y subía a París regularmente, en el tren de alta velocidad (TGV), para escuchar a mis profesores y preparar mi tesis. Me demoraba tres horas nomás para una distancia Lima-Piura. En un viaje a Berlín desde París en esos tiempos y en ferrocarril (Europa es pequeña y se usa mucho el tren), me acompañaron dos peruanos, pero no les dejaron pasar a la zona del oeste. Nunca me olvidé de la protesta de uno de ellos ante los policías alemanes. “Venimos porque estamos con Alfonso Barrantes. Barrantes, pues, y yo, San Marcos, somos de la izquierda”. Y como el policía no lo entendía, mi amigo me dijo: “¡estos no saben nada!”. Y esa mañana entendí uno de los mitos de mi país: Perú es tan importante que todos los otros mundos de Europa y del Asia saben todo lo nuestro…

El tema de la frontera interna se volvió global. Quien llegó a Berlín Oeste fue un presidente de los EEUU: “Hoy en el mundo de la libertad, el mayor orgullo es ‘Ich bin ein Berliner’ (‘Soy berlinés’), todos los hombres libres, dondequiera que vivan, son ciudadanos de Berlín. Y, por lo tanto, como hombre libre, me enorgullecen las palabras ‘Ich bin ein Berliner’”. Era J. F. Kennedy, el 26 de junio de 1963.

El Muro de Berlín había sido al inicio una frontera abierta dentro de lo que se llamaba la Cortina de Hierro. Eric Hobsbawm, historiador y profesor emérito del Birkbeck College en Londres, sostiene que los siglos pueden ser cortos o largos. Así, según él, el siglo XX  es un siglo corto, se inició con la Primera Guerra Mundial y se terminó con el hundimiento de la URSS. Como sabemos, es lo que pasa con Gorbachov: “inició su campaña de  transformación del socialismo soviético con dos lemas”, dice Hobsbawm, dos  proyectos, “perestroika, que quiere decir reestructuración (tanto económica como política), y glasnost o libertad de información”. Pero Hobsbawm observa que Gorbachov “fue un personaje trágico, destruyó lo que reformaba, sincero, inteligente, guiado por los ideales de ser comunista, sistema que creía corrompido desde que Stalin llegó al poder” (en Historia del siglo XX).

VAYAMOS A LOS EFECTOS MUNDIALES

La caída del Muro de Berlín tuvo efectos en todos los continentes, afectó las esperanzas políticas de las sociedades del sistema totalitario comunista y se perdió la confianza en el marxismo. Los acontecimientos y transformaciones sociales que siguieron terminaron con el marxismo del siglo XX. Pero las “izquierdas” de nuestros días, que no tienen masas y multitudes, no lo quieren entender. Unos ejemplos, el primero no muy lejos, en España,

el partido Podemos de Pablo Iglesias. Y el segundo, en un lugar del Este europeo, en Bulgaria, hay un monumento gigantesco, abandonado, que nadie entiende qué es y lo creen un OVNI (ver foto en la ilustración). Lo llaman Bouzloudja y con ironía, la “Capilla Sixtina del socialismo”. O sea, los monumentos a la gloria de un Partido Comunista ya no tienen sentido, y no saben qué hacer con ellos. No son símbolo de nada. El líder de Podemos fue a asesorar a Chávez de Venezuela, pero los españoles no votaron por Podemos. Dejó la dirigencia de su partido, para siempre. Es un error de Iglesias, con su partido, meterse, 50 años después, con España, que había salido de Franco para volver a la monarquía y al sistema de partidos políticos, lo que le permitió volver a Europa.

Pero el tiempo avanza, estamos ahora en la era del posmarxismo que cuenta con Theodor Adorno, Hannah Arendt, Jürgen Habermas, Ernesto Laclau y Alain Touraine (que fue mi profesor en París). El continente sudamericano merece una teoría propia y otra crítica al capitalismo. Lo que es el marxismo europeo, lo que Karl Marx planteó y que los rusos modificaron, era para naciones y sociedades que habían entrado a la revolución industrial que se inició en el siglo XVIII en Inglaterra. No era para una Rusia retrasada, su mentalidad no estaba preparada para una revolución industrial. También conviene saber que Marx no se ocupó mucho de la América hispana por las mismas razones, y que todo latinoamericano debería conocer el libro de José M. Aricó  “Marx y América Latina”, autor que les presenté en una columna en este portal en junio pasado. https://elmontonero.pe/columnas/el-bolivar-de-marx-segun-arico

Los países, las naciones e incluso los imperios son muy distintos entre sí. Tanto como las religiones y las sociedades son variadas, el hombre mismo suele ser distinto.

En la América del Sur, no hay ningún país que haya entrado al progreso de la revolución industrial. Ni siquiera Brasil y México. La revolución industrial no solo se dio en EEUU y Europa sino en otros mundos. Por ejemplo, en el muy moderno Japón, en China con o sin Mao. Hasta que no demos este salto seremos siempre el “tercer mundo” y siempre pobres, marginados en la globalización de estos años. La política de educación de estos decenios, es pésima, no apunta a la ciencia y el conocimiento sino al comercio desigual. Entre tanto, los países poderosos que tuvieron desarrollo exportan máquinas que no tenemos. Por ejemplo, miles de tractores.

Publicado en El Montonero., 8 de agosto de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/la-crisis-general-de-las-izquierdas

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