La deconstrucción nacional

Escrito Por: Hugo Neira 130 veces - Mar• 27•19

Alguien se le ha ocurrido preguntarse cuándo se inventan las fábricas. Sí, ese lugar, por lo general un tanto lejos, que echaba humo por sus enormes chimeneas, que recibía trabajadores a horas muy tempranas, y en donde se hacía todo tipo de cosas, desde tejidos —fue lo primero— a automóviles, tanques y aviones de comercio o de combate. La Fábrica, con mayúscula. Es decir la revolución industrial que cambió el mundo. La revolución industrial que nos pasó por las narices. La primera ola, que fue con productos manufactureros, aprovechando la energía del carbón, la era del acero y los textiles. No teníamos en Perú una burguesía para ese salto. Tuvimos lo que los historiadores llaman, una «burguesía compradora».

El lugar donde aparecen las primeras fábricas queda en el condado de Lancashire, un poco al sur de Birmingham. Alguna vez recorrí ese itinerario, en un tour un poco raro para turista, a los lugares donde empieza la era industrial. Y yo como soy, un poco raro, tomé ese tour. Un gran profesor inglés, Peter Watson, señala que el espacio de esa primera revolución industrial era muy estrecho, como quien dice, de Chorrillos hasta San Bartolo. Ahora bien, ¿qué ocurría? El tema era la producción de tejidos. Por supuesto que había tejidos, y muy solicitados por la clientela. Pero en los talleres, se tejía hasta un cierto punto un ingreso que les permitía vivir. La innovación no fue máquinas con rodillos y husos. Lo que se necesitaba para cubrir la demanda del mercado era más trabajo y una organización distinta. Y entonces, en la fábrica, los telares están juntos, como están sus trabajadores. La novedad fue la disciplina brutal que se establece (Watson) y que aumenta los tejidos y la acumulación del capital.

Quien organiza esta forma de trabajo colectivo es Arkwright, que de paso inventa eso de los rodillos. Nos explican mal la historia: no es solo la maquinaria lo que cambia la forma de producir sino el trabajo agrupado. 

Ese sistema produjo la clase obrera. Su solidaridad. Su conciencia de clase. Y el derecho a la huelga. O sea, la modernidad.  Hoy vivimos en un capitalismo que no une trabajadores, sino todo lo contrario. Miren cómo nos ve una viajera peruana. «En los últimos veinte años nuestra sociedad ha tenido cambios brutales, que han disuelto identidades corporativas, sindicatos, asociaciones, cooperativas, partidos políticos. Ahora las personas no se consideran como parte de algo.» En «Nostalgias provincianas», Sonaly Tuesta, en Maruja Martínez, ¿Nacidos para ser salvajes?

Fernando Fuenzalida (hace 8 años de su muerte) prevé esta desestructuración en su libro La Agonía del Estado-nación. Bajo los efectos positivos y negativos de la mundialización, predijo un tipo de economía que no le interesa para nada el ser humano. Y en consecuencia, el caos social mientras sube el PBI. ¿No es esto nuestro mundo? ¿Y el de otras naciones que se fragmenta? ¿Qué une a un peruano a otro peruano? Casi nada.

Publicado en Café Viena, 26 de marzo de 2019

La deconstrucción nacional

You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. Both comments and pings are currently closed.