Las Repúblicas también se mueren

Escrito Por: Hugo Neira 843 veces - Abr• 19•21

 «Primera vuelta se vota, segunda vuelta se veta».

Carlos Meléndez, 13-4-21

Mi formación espiritual se hizo en San Marcos y mis estudios, en Europa (me llamaron) luego fui profesor. En Francia, para ser catedrático se gana un concurso público. Digo esto sin vanidad. Porque mi punto de vista proviene de la observación de las sociedades sin las deformaciones que llamamos ideologías. Uno de los filósofos que hojeo de tiempo en tiempo es el alemán Voegelin, autor de Die politischen Religinen. Las ideologías son como las religiones, tienen creencias y pasiones que desbordan la realidad. Lo escribe en 1938, contra el nazismo. Perdone el amable lector este preámbulo.

Lo que está pasando en mi patria no me sorprende. Desde que volví de Europa, en el 2003, me encuentro con un increíble retroceso. Pese al crecimiento del PBI, la sociedad se hacía frágil y entre varios retrocesos, asombra el crecimiento de la ignorancia. Y en dos décadas, un rumbo incierto para llegar a la modernidad. Y es así como uno de mis libros, El águila y el cóndor (historia doble de México y Perú, 2019), lo termino con un epílogo amargo. «Anibal Quijano tenía razón, nos habita una suerte de mentalidad colonialista que nos impide, tras dos siglos de república, construir la nación. Nuestro siglo XIX fue caótico. El siglo XX, feroz (dictaduras, persecuciones, revoluciones sangrientas, etc).»

Para este siglo, temo lo que nos ocurra en el presente inmediato. Nuestro proceso industrial es incompleto, no hemos estado ni en la primera revolución industrial ni en la segunda ni en la tercera. Seguimos siendo un país de exportaciones mineras y agrícolas. Y lo peor, la actual educación primaria y secundaria va a la cola del planeta en las pruebas PISA. Los últimos de la clase (Nicolás Lynch). Por supuesto que hay excepciones, pero en mi edad de escolar, nos daban una educación con asignaturas tanto humanistas como científicas, y han desaparecido. Durante los últimos 30 años. De ahí que el Banco Mundial nos ha dicho que no tenemos recursos humanos. ¿Los efectos? La calidad de la vida política: en vez de mejorar se ha empobrecido. Hay una alianza perversa entre gobiernos corruptos y los medios de comunicación para manipular a las multitudes con la posverdad. No somos los únicos, en los Estados Unidos, hay un libro, La muerte de la verdad: notas sobre la falsedad en la era Trump.

– Castillo,  sí

Ahora bien, eso de que no se vio venir la aparición de Pedro Castillo antes del 11 de abril, será cierto para muchos, que viven dentro de sus burbujas. Pero este periodista y profesor de ciencias sociales entendió que la pandemia iba a tener un efecto enorme. Y esta idea me vino a la cabeza: ¿Por qué campesinos y pobres de verdad van a defender un sistema que no se ha ocupado de ellos? (En El Montonero, redactado el sábado y colgado el domingo antes de conocerse los primeros resultados.) El artículo se titula «Que el dios de los sufragios nos perdone». Y dije también que «las urnas van a ser el castigo al sistema». Dicho y hecho. Acaso porque conozco la sierra y su gente.*

El Perú tiene población urbana y rural. Y estas elecciones, con cuarentenas y el temor a los contagios, es exactamente lo que impide a la gente verse y reunirse en las ciudades. Seamos claros, no hay política cuando no se tiene una vida social, encontrarse con personas, tomando un café o almorzando, o en casa de alguien o en clubs y locales políticos. Nada de esto ha tenido el 90% de los peruanos urbanos. En cambio, la ruta de Castillo fue en el mundo rural, donde obviamente se encuentran entre sí por razones de trabajo. De no haber pandemia, los resultados habrían sido muy diferentes.

El para Castillo es porque representa una capa social, los campesinos. En efecto, después de la reforma agraria de Velasco, salvo algunos apoyos, ha sido el mundo peruano que habíamos olvidado. En las redes sociales, alguien ha dicho que esa primera vuelta es «una bofetada de Cajamarca al resto del país». Pase lo que pase en la segunda vuelta, en adelante el tema de la agricultura se ha hecho visible. Me alegro porque si hay algo que me da rabia, es la vanidad de la sociedad peruana del consumismo que, antes de la pandemia, se consideraba tan moderna que esperaban entrar a la OCDE. Dios santo, ¡qué estupidez! ¡Qué fuera de la realidad! Pero el Covid-19 nos ha desnudado más. Somos el país de los informales, tres cuartos de los empleos que son chamba sin derechos sociales. País montañoso sin infraestructura, sin carreteras modernas y ferrocarriles que podrían cambiar la vida peruana. Con problemas educativos, confirmados por el Banco Mundial que no ha parado de decir que nos falta «recursos humanos». Sin hospitales, ni millares de jóvenes preparándose para el salto hacia una sociedad industrial. Podríamos haber hecho como en el Asia contemporánea, Taiwán, Corea del Sur, Singapur. Además, comemos productos peruanos, la gastronomía es nuestro orgullo, pero se olvida que no vienen de Australia o Canadá, sino de los andinos. Hay dos millones de propietarios de lotes, de Puno a Cajamara (cifra del INEI, Instituto Nacional de Estadística.) Ha habido una marginalización, y el castigo ha sido las urnas.

– Castillo, no

Más allá del mundo agrícola, está el Perú, país fragmentado en regiones y con culturas  diversas. Pese a todo, un país de transición hacia la modernidad. Ahora bien, el partido Perú Libre se presenta como izquierda socialista. Me gustaría que, en los días que vienen, su candidato a la presidencia nos diga qué entiende por socialismo. Los hay diversos. Se dividen en demócratas y no demócratas. Los primeros, por ejemplo, están cerca, en el vecino Chile. Michelle Bachelet, que fue ministra en tiempo de Ricardo Lagos, también socialista, al punto que llegó a ser ministra de Defensa Nacional, en Chile (¡!) Y es en el 2005 que obtiene el 53,5% venciendo a Piñera. Al terminar le dieron un puesto en la ONU, y se ocupó de los derechos de las mujeres. Luego regresa, y hay un segundo gobierno. Lo mismo ocurre en España, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) viene gobernando desde noviembre de 2019 y ahora es su segundo periodo, el de Pedro Sánchez Pérez-Castejón. En cuanto a Europa, hay partidos de izquierda y demócratas. Por ejemplo, presidentes socialistas en Francia, Mitterrand, dos veces. Y Hollande. Pero nadie se queda como el socialista Fidel Castro, 70 años en el poder. O un Putin en Rusia, que gobernará hasta el 2036.

¿A cuál de los «socialismos» pertenece usted, señor Castillo? ¿A los vigentes en las sociedades avanzadas, porque son democráticas, y que tienen como regla, por si no se sabe, la gobernanza pro tempore? O sea, nunca partido o líder para siempre. Hay una lógica en esa ley. La alternancia de izquierdas y derechas es saludable porque si los mismos gobiernan sin límites, la corrupción y los abusos se instalan tarde o temprano. Por otra parte, si una derecha no logra éxitos para la sociedad, la alternativa, la izquierda, puede lograrlo. Y viceversa. Las sociedades hoy son muy diferenciadas, y de ahí, la pluralidad.

Y en lo que concierne al sistema económico, no existe ningún país del mundo que se salga del capitalismo. El mercado es el motor de la economía. Lo que no quita injusticias y desigualdades. Pero eso no se resuelve con el estanilismo. Incluso China ha inventado su sistema, progresa por tener un mercado libre y un partido de 85 millones funcionarios. El gran Eric Hobsbawm, profesor en Oxford y a su manera de izquierda, en su último libro Como cambiar el mundo, sostiene que el capitalismo no es una economía ni una ideología sino algo  como el Cámbrico, Cretácico, o Jurásico, en las etapas de la especie humana. Nace con la revolución industrial, y con ella, dos clases, proletarios y burguesía. Marx no quería su desaparición sino que lo dirigiera otra clase que no fuese la burguesía. Entonces, el gran problema no es el capitalismo sino qué tipo de Estado tiene cada nación.

Y está claro, hay diversos capitalismos. El norteamericano y el neoliberalismo, que reduce al Estado central. Pero también hay economías libres con Estados fuertes, que se ocupan de lo social. Eso es Europa y China. Por lo demás, lo que cuenta es lo que hace cada Estado con lo que se llama lo social. El capitalismo puede ser de tipo progresista. No soy yo quien lo dice sino Joseph Stiglitz. Premio Nobel de economía. Se busca otro modelo, que no sea ni el sistema neoliberal ni tampoco el de Stalin. Otro mundo es posible. Y los socialismos a la manera del chavismo, ya no son útiles para el siglo XXI. Siempre queda el tema de lo social, la necesidad del Estado protector, para los niñõs y jóvenes, y para los ancianos, una jubilación correcta. Y si es así, el modelo no es ni Cuba ni tampoco el neoliberalismo, debido a que, en efecto, produce más riqueza pero produce enormes brechas, y entonces hay la protesta de las clases pobres y medias ante las desigualdades. La combinación de un Estado moderno más una sociedad democrática, no es el Sendero Luminoso sino el Sendero del Conocimiento, sin autocracias.

Todo esto me lleva a decir que el asunto no es de izquierdas o derechas. Lo que se juega es tener o no tener democracia. En fin, sin ofender al candidato Pedro Castillo, no lo veo como un político de izquierda. Lo veo como un neoconservador rural. Le sostiene el amor al campo y la naturaleza. Pero esa señora es muy mala amiga. De la naturaleza vienen las enfermedades y las pestes. Y pienso que lo mejor del hombre ha sido y es contradecir la naturaleza. Por eso se vive más tiempo que en otros siglos. India y China progresaron, y hoy son potencias porque aprendieron la ciencia y tecnología que habían nacido en el mundo occidental, sin por eso perder su identidad.

Entonces, en esa segunda vuelta, no se juega solo el sillón en Palacio. Se juega el fin de la República. Adiós a la democracia, a la libertad de expresión, al derecho a la propiedad. Lo revolucionario es que tengamos democracia pese a la poca conciencia popular y los errores de las clases altas. Las revoluciones no son eso de coger un arma e irse al campo. Las hemos tenido, una, la Reforma Agraria. Dirigentes como Saturnino Huillca, que dirigió las recuperaciones de tierras entre 1961-62. Hay otro terremoto, la gran migración del campo a la sociedad. En otros países, ha habido casos en que se creyeron revolucionarios y eran todo lo contrario. En Italia, en los años veinte, el pueblo se levantó y tomaron las calles. No sabían que habían hecho nacer el fascismo.    

No me sorprende, pues, el abismo en que podemos caer. Keiko será 5 años. Lo contrario, el neoconservadorismo rural y el poder en manos de autócratas, serán 50. No bromeo. Cuando los socialismos suben al poder en América Latina, se quedan para siempre. Además, hay una geopolítica, Cuba tiene a Venezuela como colonia. Pero el Perú es más rico que Venezuela. El 6 de junio ¿morirá la patria? ¿Seremos Venezuela II? Votar en blanco, podría ser una salida. Pero es muy difícil reunir esos votos. A la gente le gusta vencer. Esta vez, tienen que controlar sus emociones, no se trata de votar por Keiko sino contra los que nos llevan al abismo. A un gigantesco retroceso. El sistema marxista-leninista es un mueble de otra época. Fue para una Rusia de  mayoría campesina, los mujiks, por lo general, analfabetos. No es el caso del Perú. La segunda vuelta, es también un test colectivo de inteligencia. Un filósofo, José Antonio Marina, habla de las «culturas fracasadas». El talento y la estupidez de las sociedades. No seamos una de ellas. No se vota por alguien. Se vota contra algo. Y siempre hay un mal superior ante otro mal.  

* Yo nací en Abancay, estudié en Lima, escribí Cuzco: tierra y muerte. Me volví un cronista, retuve lo real que me explicaban los dirigentes campesinos sin guerrilla, en Lima no los entendían. Evitando la policía, recuperaron las tierras que les habían arrebatado a lo largo del siglo XIX. Y más tarde, otro libro sobre el dirigente de la Federación Campesina, Saturnino Huillca, su vida. Fue premio de la Casa de las Américas, en La Habana. Con él fuimos a Cuba. Conozco el mundo andino. Cuando los arrendires lograron su libertad. Con ellos se hunde una clase de hacendados y con ello, la oligarquía. No necesitaron «vanguardias» o izquierdas. Vieron en ellos nuevos mistis explotadores. Acaso algo parecido está ocurriendo de nuevo en los Andes.

Publicado en El Montonero., 19 de abril de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/las-republicas-tambien-se-mueren

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