Migraciones peruanas

Escrito Por: Hugo Neira 96 veces - Jul• 12•22

Ya no tenemos solo fronteras territoriales. Existe otras modalidades propias a nuestro siglo. Un libro editado en el Perú por el IEP, El Quinto Suyo, nos explica cómo se formaron comunidades de emigrantes nacionales en el exterior, lejos del Perú, y en países diferentes. Fue publicado en el 2005 pero me parece que no hemos entendido todavía el significado de esa transnacionalidad gigantesca. La diáspora peruana es un fenómeno social y político que no concierne solo a los pueblos andinos sino también a las poblaciones de las regiones costeñas. Es cierto que la migración interna hacia la costa fue también una gran modificación de la sociedad civil —empleos y formas de vivir distintas en las ciudades— pues fueron millones que dejaron la vida rural por el Perú de hoy, un país urbano y siempre peruano. Pero estamos hablando de migraciones de categoría planetaria. La emigración voluntaria de peruanos, personas y grupos sociales, no es solo un gran éxodo hacia los Estados Unidos. Los antropólogos Ulla D. Berg y Karsten Pærregaard, autores del libro, se ocupan de la emigración a otros continentes del planeta. Peruanos en España, en Italia, Japón. Peruanos en Argentina y Chile. Para lograr el éxito, triunfo o alcanzar logros, o sea, una buena vida trabajando fuera de su país de origen, como veremos más adelante. Entonces eligen cambiar de país, de gente y de cultura, superando las dificultades que implica tal cambio de vida. Nunca en la larga historia del pueblo peruano ha ocurrido algo tan intenso.

Estas líneas responden al deseo de que se sepa sobre esta categoría de paisanos, sus capacidades para emprender tales aventuras, y ganarse, por ejemplo, el aprecio de los norteamericanos. Así Ulla D. Berg cuenta cómo llegaron a Paterson, Nueva Jersey, y trajeron la Peruvian Parade del 28 de julio. Como decía mi abuelita, “primero la miel y después la hiel”.

Peruvian Parade in Paterson, Nueva Jersey, ciudad del noreste de los EEUU

Allí en esta ciudad industrial, donde el 50% de los habitantes vienen de afuera, llegaron los obreros peruanos en un momento en que se necesitaba a los inmigrantes. La migración peruana la ha seguido Teófilo Altamirano, investigador pionero del estudio migratorio —dice la autora— desde los inicios de la llegada de los trabajadores peruanos, la década de 1920, cuando la industria textil florecía en el noreste de los EEUU (Nueva Jersey, Nueva York y Connecticut). Y, sin embargo, en el Perú, teníamos algodón y mano de obra, entonces, está claro que no tuvimos una clase burguesa industrial: las capas sociales más ricas por lo visto prefirieron ser rentistas, o sea, se quedaron con una mentalidad venida de los siglos de la Colonia.

Volviendo a lo que se llama la Peruvian Parade, diríamos que es una ‘performance pública étnica’ preparada por algo entre asociación cultural y club deportivo. Los peruanos ya establecidos en la América del Norte no han olvidado su país de origen. No solo envían dinero a sus familias, sino que se ocupan del desfile en conmemoración de las Fiestas Patrias, con escenario rodante, concurso de Misses, vestimenta folclórica y música criolla. Se dio por primera vez en Paterson en 1985. Con el objetivo de mantener viva su cultura y lengua tan lejos de la patria, al inicio, y luego hacer visible la minoría a la que pertenecen de cara a las políticas públicas norteamericanas. Según Altamirano, esa migración, al principio ocupada “en actividades manuales no calificadas y de baja remuneración”, continuó después de la segunda Guerra Mundial “y se incrementó en los años cincuenta y sesenta, y nuevamente a partir en los ochenta, ante la creciente inestabilidad económica y política en el Perú”. En números, nos dice la autora que “en el censo nacional de 1990, el US Census Bureau reportó un total de 175’035 peruanos en los EEUU, en tanto que en las cifras del censo del 2000 esta cantidad se incrementó a 233’926 personas indicando así un alza de 34% en un lapso de diez años”. En fin, “Altamirano estima que un total de 500’000 peruanos vivían en los EEUU en 1992”.

Los peruanos que llegaron en los años 50 y 60, eran procedentes de barrios urbanos como Surquillo, La Victoria y Callao. Luego la emigración hacia los EEUU se ha hecho menor y según las necesidades de los empleadores.

Una imagen fotográfica nos dice lo que es ese es lugar conformado a la vez de latinos y norteamericanos. Acaso lo que deseaban encontrar era un empleo, ingresos en dólares, orden, y lo que filósofos y políticos llaman la “sociedad del bienestar” que se consigue con una sociedad productiva, con la producción industrial.

Cabaneños en Washington

Esta es la historia de una comunidad campesina serrana ubicada en el sur del Perú y que, dejando su tierra a 3200 metros sobre el nivel del mar, cerca del Valle del Colca, se vuelve una colonia de cabaneños asentada en Washington. Es un estudio escrito por Paul H. Gelles, antropólogo americano.

“Es la culminación de un proceso mayor y más antiguo de migración al exterior de la gente de Cabanaconde. Ha existido un gran número de migraciones estacionales y permanentes desde por lo menos la primera parte de este siglo. Hacia 1930 había ya colonias de cabaneños en Arequipa y Lima, y durante los años 40 una asociación de migrantes llamada Centro Progreso de Cabanaconde ha experimentado mayores emigraciones desde 1965, cuando el camino llegó a la comunidad. Hoy en día hay aproximadamente 3’000 emigrantes en Lima y alrededor de 1’000 en Arequipa. La gente de Cabanaconde estableció una primera cabeza de playa en EEUU a principios de los años setenta. Un puñado de cabaneños creció hasta conformar una colonia de más de 250 habitantes en el área de Washington hacia 1992. Hoy hay más de 600 cabaneños en el área de Washington.

Muchos de los transmigrantes cabañenos, una vez establecidos en su nueva nación (generalmente EEUU) y habiendo conseguido sus documentos legales, regresan frecuentemente a su comunidad nativa para invertir sus ganancias y renovar sus identidades personales y culturales. (…) La fuerza de la colonia de los cabaneños asentados en EEUU es visible cuando consideramos que la Asociación de la Ciudad de Cabanaconde, fundada en 1983, es una de las más poderosas asociaciones de migrantes peruanos en el área de Washington. (p. 76)

Hay dos maneras de entender el caso de los migrantes fuera del Perú:

Primero, enviar remesas y mantener el lazo con su lugar de origen celebrando la patria con desfiles, concursos, música y marchas ceremoniales. Todo organizado por ellos mismos, por instituciones competitivas entre sí, que los visibilizan.

Segundo, escapar a la inseguridad y violencia en el Perú. Según estudio publicado por el IEP con auspicio de USAID en el 2015, Cultura política de la democracia en Perú y en las Américas, el 57,5% de los peruanos había experimentado u oído de robos en el vecindario. Asunto grave, muy grave, nos referimos al impacto de la delincuencia y la percepción de la inseguridad ciudadana, así como la poca confianza en el sistema de justicia. La falta de seguridad, según estadísticas publicadas en el estudio mencionado, figura como el problema más importante del país (46,7%), por encima de la corrupción (10,1%), la economía (28,4%) o la política (1,6%).

Es una hipótesis. La emigración de campesinos y obreros, la transnacionalidad, es una respuesta a la desconfianza en los servicios públicos, el bajo desempeño del gobierno de turno o el Estado, la informalidad y la delincuencia en el Perú, la sociedad misma, acostumbrada a las extorsiones o chantaje en el vecindario. Perú está en el paquete de países como Brasil, Panamá, Nicaragua, Venezuela de altas cifras de robo, una probable causa de la emigración, y como resultado visible, la transacionalidad.

Eso lo veremos en un segundo artículo. Siempre midiendo la prevalencia del crimen o la violencia, mirando no tan solo la econonía sino cómo se percibe la gente misma, en sociedades victimadas, cuando la inseguridad gobierna.

Publicado en El Montonero., 11 de julio de 2022

https://www.elmontonero.pe/columnas/migraciones-peruanas

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