Perú en tiempos oscuros y la caja de Pandora

Escrito Por: Hugo Neira 135 veces - Ene• 27•20

Estas elecciones, ¿políticos o sustitutos? Esta nota periodística se escribe en horas anteriores al domingo 26 de enero del 2020. Y no voy a especular sobre los posibles resultados. Pase lo que pase, siempre es positivo que se acuda al electorado para que no desaparezca del todo esa institución llamada Parlamento, que no es precisamente la más apreciada por nuestra ciudadanía. Por los estudios de data sobre la confianza ante el Congreso, Perú luce, desde el 2006 a nuestros días, el más bajo promedio, un 32%. Y lo mismo, sobre la confianza en los partidos políticos, el más bajo en el continente (Barómetro de las Américas). La verdad, no creo que las presentes elecciones nos sacarán de la crisis política que tiene el Perú desde hace décadas. 

Podemos preguntarnos si sobrevivirán los partidos tradicionales. O bien, si habrá caras nuevas y nuevos parlamentarios (¿?) Pronto lo sabremos. Estas elecciones son un evento, ciertamente necesario, nunca está de más consultar a la ciudadanía. Pero quisiera que el lector observe nuestra crisis desde el largo plazo. La pregunta en cuestión proviene de alguien que nos conoce a fondo, Steven Levitsky, y Mauricio Zavaleta (Cristóbal Aljovín y Sinesio López, Historia de las elecciones en el Perú, IEP/JNE, 2° edición, pp. 569-602).

¿Por qué no se construyen partidos en el Perú? Esa es la cuestión. Levitsky: «El Perú podría ser el caso más extremo del colapso partidario en América Latina» (…) «El quiebre del sistema de partidos y de la democracia peruana», lo sitúa en «los comienzos de la década de 1990 » (…) «Lo que llama la atención es que el proceso de descomposición partidaria prosigue un cuarto de siglo después del colapso inicial».  A pesar de la expectativa inicial de una «redemocratización». Pero «la verdad es que no se ha producido ninguna construcción partidaria existosa». «Todos los partidos creados después de 1990 colapsaron». ¿Exagera el investigador?

Conviene recordar que hubo partidos que se llamaron Unión Por el Perú (UPP), Somos Perú (SP). Y el Frente Independiente Moralizador (FIM). Algunos lograron ser organizaciones a escala nacional, el Partido Socialista (PS), el Movimiento Nueva Izquierda (MNI) y Fuerza Social (FS). Sin embargo, lo que ha pasado es la «implantación en los últimos 20 años  de  partidos estrictamente personalistas». O sea, en el periodo post Fujimori, partidos como Solidaridad Nacional y el Partido Nacionalista. ¿Y se acuerdan de Perú Posible? Este último, es para reír o echarse a llorar, porque pasan de la Marcha de los Cuatro Suyos en contra de la corrupción, al Toledo  presidente, «Barata, ¡paga, carajo!».

Ahora bien, un grupo de sanmarquinos, Jorge Aragón, Marylía Cruz y Diego Sánchez, en el mismo libro Aljovín y de Sinesio López, un capítulo sincero  sobre lo que está pasando. Estos investigadores nos dan un estudio de las elecciones en el Perú de 1980 a 2016. «Siete elecciones presidenciales, cinco elecciones de segunda vuelta para elegir presidente y diez parlamentarias» en democracia. Parecería entonces, que la «descomposición partidaria» ha hecho nacer «una dinámica que se refuerza a sí misma». Así, los procesos electorales van «por cuenta propia». Se trata, pues, de «vehículos electorales personalistas». De ahí, por ejemplo, el «cambio de partido u organización política en cada elección». La práctica del transfuguismo, ¿políticos sin compromisos con su electorado?

El panorama actual es una descomposición de los partidos en el Perú, tras el post Fujimori. Y este hecho, «los cuatro partidos que dominaron la política peruana en los años ochenta, el aprismo, el Partido Popular Cristiano, Acción Popular, Izquierda Unida, cayeron del 97% en votos del 1985 a apenas 6% en 1995. Entonces, emergen los que llamamos ‘outsider’».  Presidentes que no sabían nada de política. Improvisados.

¿Eso le dará mayor poder al actual presidente? No lo creo. La debilidad del Estado peruano proviene de otras causas. El desinterés de la gran mayoría peruana es decir, la sociedad de la informalidad (un 75% de las empresas peruanas), que como se sabe, no cotizan. Y el resultado es un Estado pobre, sin recursos para gastos fiscales. ¿Con qué fondos cuentan los ministros y presidentes para construir carreteras, clínicas y colegios y universidades, si no se puede pagar salarios dignos a la policía, funcionarios, educadores? El gran problema del Perú es que su situación es anómala.  

También me he detenido en unos artículos publicados en El Comercio (23/01/20). «La década que podría cambiar al Perú», de Abusada Salah, como siempre lo encuentro sensato y claro. Pero hablando de los 10 años, «veremos si el país converge al desarrollo o permanecerá estancado». Su propuesta es angelical, una reforma política para ciudadanos. Se olvida que somos una anomalía. Ningún país del mundo escapa de la miseria cuando el trabajo es informal. El salto a la modernidad es exigente. Entrar a la sociedad industrial, en sus olas de ciencia y otros modos de producción. No todo es negocio y en el mundo de la informalidad, nuestros servicios son de baja calidad. Lo que acaba de suceder en Villa El Salvador ha ocurrido por descuidos y ausencia de controles: un camión-cisterna cargado deGLP, en la avenida Mariano Pastor Sevilla, una desvatación, 50 víctimas y 20 o más casas incendiadas. La informalidad también mata. Somos un país desordenado. Esa es nuestra peor plaga.   

En cuanto a Paredes, del que soy amigo, habla de «los delfines». Pero no veo herederos, ni de Fujimori, acaso Belaunde. E «hijos espirituales» como es el caso de Haya. Y amigo Tuesta, muy bonito eso de «todos contra todos». Regio, pero eso es de Hobbes. Sería bueno reconocer el origen del Leviatán en este país. Y Patricia del Río, se sorprende: «es la primera vez  que llegaremos —a las elecciones— sin saber quiénes serán los ganadores». Pero eso pasa a cada rato. Nada más complejo que el ser humano. Y peor, cuando se trata de pasiones colectivas. Hoy hay un cambio de generaciones. A parte de los bienes que demandan, no incluyen el pacto entre sociedad y Estado, y que se llama impuestos. Entonces, los zorros de abajo, han creído que el dinero y el comercio da libertad y reconocimiento. No es así de tan fácil. Han dejado el arma de combate que son los libros y el saber. Y los zorros de arriba, han robado más que en el siglo XIX. Ese voto es una caja de Pandora, nadie sabe qué saldrá de ella. Acaso una sanción a la clase política. 

Las causas de la crisis peruana son profundas, sin embargo nunca ha habido tanto elector. En 1962, 2’222’741. Y unos 22’901’915 en el 2016. Nunca hemos tenido tanta ciudadanía que quiera conectarse. ¿Pero cómo si no hay partidos? Nos olvidamos que los partidos, en todo lugar del planeta, son formas de relacionarse. Y cuando faltan son reemplazados por argollas, pequeños grupos cerrados, esferas, burbujas tanto capitalinas como provinciales. Y eso ya tiene 25 años de uso. Cuando dejé Francia, François Bourricaud me dijo, «no se olvide Neira que si en el Perú ya no hay oligarquía, el hombre oligárquico no ha desaparecido». Dicho y hecho, eso tenemos. La medicina ha sido peor que la enfermedad. Ciudadanos hay, pero muy pocos. Lo que tenemos es entropía. Domina lo aleatorio. Los noséqué, los nosécuántos.

Publicado en El Montonero., 27 de enero de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/peru-en-tiempos-oscuros-y-la-caja-de-pandora

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