Perú, país de genios y que igual anda jodido

Escrito Por: Hugo Neira 877 veces - Abr• 03•17

¿Se acuerdan de Teihotaatamaraetefau, uno de mis estudiantes de la Polinesia francesa de nombre tan longilíneo como su persona? Yo le llamaba Vaiteia, un juego de palabras intraducible, significa horizonte y comida copiosa. En Papeete me visitaba. Entonces escribía para La República. Ahora se me aparece en Santiago y no tengo más remedio que atenderlo. Se ha metido a estudiar la “genialidad” que dice es corriente.

– ¡Profesor! —me dice, siempre zalamero—, ¡qué bueno lo suyo!

– Mire Vaiteia, le digo, sea bienvenido pero tengo poco tiempo, le ruego que sea preciso, ¿a qué se refiere?

– Cómo maestro, lo que ha respondido en El Comercio, que el Perú nunca ha estado jodido porque ha podido tener un Garcilaso, Vallejo y al propio Vargas Llosa.

– Hum, Vaiteia, la fracesita de marras es lo que me jode. Yo no soy literato como usted sabe, junto varias disciplinas de ciencias sociales en mis investigaciones y libros.

Pero Vaiteia, que tiene casi dos metros de estatura, me interrumpe.

– Eso es lo genial, pues, profe. El Perú es un país de genios y anda jodido.

– Bueno yo no he dicho eso…

– Pero lo ha insinuado, añade Vaiteia, triunfante.

– Vamos a ver, veamos si su hipótesis funciona, ¿ok? Por ejemplo, Mario Vargas Llosa.

– Fácil, pues. Un muchacho blanco, alto, de buenas familias, líos con el padre, pintón, pudo seguir una carrera de abogado que fue lo que estudió a la vez que literatura, pero no, hace todo lo contrario. Se va del país, con la tía Julia se encierra en un ático de Barcelona, viven pobremente pero alcanza la fama desde la primera novela. ¡Genial!

– Bueno, ¿y qué en común con César Vallejo? Le pregunto.

– A ver, dice Vaiteia, César, provinciano, estudia literatura, se gradúa en Trujillo, primer libro lleno de ternura, pero la crítica limeña de entonces, ni lo entiende. El hijo de Palma se ríe de ese intruso. Se va, se junta con surrealistas en París, inventa un lenguaje, en Trilce, y encuentra su cenit en “voluntario de España, cuando marcha a morir tu corazón”. Lo cual no tenía nada que ver con Santiago de Chuco, profesor.

– Sí pues, nada. A ver Vaiteia, otro caso, no me convence. Su teoría del genio y Haya de la Torre.

– Fácil, profe. Familia aristocrática trujillana, sin grandes riquezas, pero lo envían a los mejores colegios, los de la Torre descienden de un conquistador, pudo tener una vida distinta, pero se pone a la cabeza de un partido de mestizos, zambos, negros, cholos y blancos pobres, y se va a estudiar la revolución mexicana, Oxford, los bolcheviques, y regresa al Perú con una cultura cosmopolita que toda la oligarquía junta no podía enfrentar. Haya no estaba jodido, los que lo estaban eran todos los otros peruanos.

– A ver si le entiendo, ¿me está diciendo que lo que tienen en común, aparte de la personalidad, es la capacidad de ruptura? ¿Es eso, Vaiteia?

– Exacto, profe. Mire un caso más cercano, Hernando de Soto. El padre lo lleva por todas partes y estudia secundaria en Suiza. Es un chico burgués bien educado y sin embargo entiende a los que migran a las ciudades y organizan con racionalidad andina, nuevas ciudades y nuevos oficios. A De Soto lo contratan más en el extranjero que en su propio país.

– ¿Fernando de Szyszlo, entonces? Hijo de polaco, estudia ingeniería, pero se pasa a Bellas Artes y ni surrealista ni picasiano, inventa una pintura como suspendida en varios tiempos y culturas, ¿no?

– Claro, profe, me ha entendido. Los genios rompen, los que están jodidos son todos los otros. Los acomodaticios y conformistas los detestan. Muchos se han ido, hay un montón en USA. Otros aguantan y se frustran.

– Pero Vaiteia, si usted tiene razón, los genios abundan en el Perú. Chabuca Granda que se niega a ser solo una señora limeña de su casa. Mariátegui que no tenía universidad y escribía y pensaba mejor que nadie. Valdelomar, en vez de avergonzarse de ser provinciano escribe “mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola, se deslizó en la paz de una aldea lejana”.

– Así es, profe. No hay que ser un Da Vinci o un Einstein.

– Valdelomar, de Pisco, se hizo el dueño simbólico de Lima¡! Y entonces, también Hugo Blanco que se hizo campesino para sublevar campesinos. O sea, Vaiteia, en el campo de la literatura, hoy, Renato Cisneros, Santiago Roncagliolo, en cuanto son distintos, ¿se van?

– Es probable, profe. Pero volviendo al ahora, creo que también los que fundan diarios virtuales. La prensa en papel se está yendo a la . . .

– Por favor, Vaiteia, nada de lisuras, no estamos tuiteando. Bueno, para concluir, el Perú está lleno de dificultades y problemas, acaso más que otro país, pero el hecho que tengamos varias culturas, y mezcladas, puede generar gente excepcional que usted llama genios, pero los “intereses creados” los aplastan, no quieren grandes esfuerzos ni cambio alguno, y muchos se van, ¿es eso, Vaiteia? Desde Garcilaso a Manuel Scorza.

– Sabía que me iba a comprender. Los genios abundan —escritores, políticos, estudiosos— pero en Perú, la envidia los exilia.

– Y es así como nada cambia, me atrevo a añadir.

 

Publicado en El Montonero., 03 de abril de 2017

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