Que Putin nos salve y Dios nos perdone

Escrito Por: Hugo Neira 247 veces - Dic• 28•20

El intitulado no nos concierne. Es en Buenos Aires y no en Lima donde aterriza la vacuna rusa que dicen que es “buena y barata”, la Sputnik V. Pero el tono y la ironía es la del diario bonarense, La Nación, y la nota periodística es de Carlos M. Reymundo Roberts que con el título, lo dice todo. Sin embargo, su crónica es muy buena pero para argentinos. Dice por ejemplo la “vice”, y si no sabes que se refiere a Cristina Fernández viuda de Kirchner, te pierdes. El presidente actual es Alberto Fernández, después del octubre pasado. Al parecer, el duo tiene ideas distintas. El Estado argentino corre con los gastos de electricidad que son enormes. El FMI le propone que elimine esas subvenciones de las tarifas eléctricas, pero si así lo hicieran, las calles se llenarían de protestas, opina la “vice”. Resultado, no hay solución alguna. Después de los esfuerzos del presidente saliente Mauricio Macri para insertar una economía liberal, la economía continúa hundiéndose. Los retos económicos ocuparon a Fernández y a Cristina, pero luego vino la pandemia. Oiga usted lector, estamos hablando de la Argentina. ¿Sabe cuántos aeropuertos tiene ese país? Pues 1’138 (Wikipedia), aunque algunos son para privados y aviones de corto vuelo. Y eso de recibir ayuda de Putin, tiene sus bemoles. ¿Cómo llamar al sistema post soviético? Los rusos actuales tienen ingresos per cápita de unos 28 mil dólares y la Argentina no lejos, unos 21 mil (Perú, en 13 mil). Y eso antes de la pandemia. La Argentina, admirable país de Borges, Maradona y el Che Guevara. Lo que es Rusia ya no es la potencia mundial de los años de la Guerra Fría pero sí una sociedad industrializada. Con laboratorios y técnicos que hace rato entraron al mundo de la ciencia y la tecnología. Un salto que no se ha dado en la América Latina y sí en el Asia, Corea del Sur, Taiwán, sin mencionar China e India.

En la prensa argentina no es que llegaron las vacunas sino quién lo logró,  o sea Cristina, “en las manos de los gringos estaban los Pfizer”. La “vice” —como dice el periodista—mandó a Moscú a la viceministra de Salud, Carla Vizzotti. Pero —siempre hay un pero— se dice que la vacuna de Putin “está en fase de prueba” y que no va a ser usada por mayores de 60 años, y que “en los centros de vacunación pondrían fotos de Putin y discursos de Cristina”. Como se puede ver, ni la pandemia ni las vacunas cuentan para nada. La prensa argentina no es diferente de la peruana. La bipolarización reina en los medios. Ellos también. Y eso no me consuela, como decía mi abuelita, “mal de muchos, consuelo de tontos”.

Si se dice que el marketing de las vacunas es difícil, se añora a los que daban esperanzas pero imposibles. Un amigo, que conoce bien el Estado peruano, me dice que está prohibido “pagos adelantados”. Es posible, hay leyes que son necias, pero ahí están.

Estoy lejos. Y al partir por unos días, me llevé un diario para leerlo en el viaje. El Comercio, el ejemplar del jueves pasado. En la portada esta frase: “Ejecutivo admite que no hay acuerdos listos para vacunas”. Ocurre que antes de partir, estuve un buen rato escuchando al presidente Francisco Sagasti ante la ciudadanía y muchos periodistas.  Ahora bien en los últimos días, al diario El Comercio lo encontré saludable. Por una sencilla razón, han aumentado los artículos y reflexiones de orden latinoamericano y mundial. Claro está, un diario debe ocuparse de lo que pasa en el país pero en el siglo en el que vivimos, es preciso saber cómo va el mundo. Porque estamos en otra era. En algo que llamamos mundialización, y que nos guste o no, tiene efectos tanto positivos como negativos en las centenas de naciones que tiene este planeta. Hasta aquí, andábamos bien. Pero la manera como reaccionaron los  periodistas que escucharon al presidente Sagasti, no me pareció algo sano. Tengo 60 años de periodista —comencé a los 20 años— y después de San Marcos y en  universidades francesas, me terminé de formar en tres disciplinas, luego de lo cual, vuelto doctor, pude participar en los concursos públicos en París para ser profesor de por vida. Académicos y a la vez periodistas, los hay, pero muy pocos. Los dos oficios, la investigación y la comunicación, me sirvieron para un periodismo que toca los fondos y una producción de libros cuya densidad se limita por la necesidad de explicarse con la mayor sencillez posible. Luis Alberto Sánchez lo hacía con toda facilidad. Hay pensadores y escritores que son gente de diarios, como se dice. Savater, por ejemplo, que nos dijo de la vida y la gente, primero en revistas y periódicos, luego en sus libros.

Pero en fin, me estoy saliendo del tema.

Me sorprendio el editorial de El Comercio. Había escuchado por mi parte al presidente y  las preguntas y respuestas. En el editorial se dice que “en las últimas semanas, una gran incertidumbre sobre la lucha contra la pandemia del COVID-19 se ha instalado en la ciudadanía”. Un poco glosando lo que dice el editorial, el fastidio del periódico, “los rumores sobre las medidas restrictivas y la información sobre la adquisición y llegada de vacunas”. Pero “lamentablemente no fue eso lo que ocurrió”. ¡Claro que no ocurrió! No hubo un Martín Vizcarra que le dijo “las vacunas llegan por diciembre” o algo por el estilo.

Han pasado los días pero tengo una versión distinta. Lo que por mi parte escuché fue la entrada del presidente antes de tocar el tema de las vacunas, fue Sagasti haciendo un retrato sin piedad del aparato del Estado, paralizado por las trabas administrativas sembradas en ministerios y entidades estatales, para detener la corrupción (¡!) El resultado es patético.  Los trámites detenidos por la inestabilidad administrativa, cambios de gabinetes, y cambios de presidentes por 5 días. La idea de que habíamos «perdido el tiempo» no entró en la cabeza de ninguno de los periodistas. Lo que tenían en la boca era una palabra, la culpabilidad del expresidente Vizcarra. Lo que querían era que el presidente Sagasti dijera algo sobre Vizcarra. Su respuesta hace historia: “ese fue un gobierno. Ahora estamos en otro”. Y cuando alguien le preguntó que cómo otros países como Colombia, Chile, México sí iban a comprar vacunas y nosotros no, la respuesta draconiana de Sagasti siguió siendo la misma: “hemos perdido el tiempo”.

Resulta, pues, que para comprar vacunas, era preciso una primera etapa que, mal o bien, se hizo en los días de Vizcarra. Pero la cosa era comprometerse con un pago o compromiso de gastos por adelantados. Y eso no se hizo. Por varias razones.

La primera, los países ricos, como los Estados Unidos y varios de Europa, compraron por adelantado. Además, el problema era la pandemia, y el hecho que el virus se modifica y también las estrategias de los médicos y biólogos. Una situación diríamos inestable, la lucha de la ciencia no ante una enfermedad conocida sino algo nuevo y permanentemente inestable. Algo variable, voluble, imprevisible. Fue por meses algo enorme y a la vez apasionante, pero eso no nos interesó. Nuestro plato preferido fueron las maniobras del actual Congreso y en especial, de algunas bancadas. Eso fue nuestro Carnaval. Bajarse a Vizcarra, luego poner a otro, que duró cinco días. Entonces, ¿con qué Estado peruano se iba a negociar las compras de tal o cual vacuna? Si la estábamos pasando bomba —periódicos, políticos, marchas callejeras— ¿quién levantó la mano para decir algo simple, “¿y las vacunas? ¿Qué programa de televisión? Es hora de decir que si los brasileños tienen su célebre carnaval, también tenemos el nuestro, los eternos líos entre Congreso y Ejecutivo, sean los que sean. Que suba el número de contagiados pasa a un nivel menor. Este no es un país serio. Se inventa sus juegos. A veces pienso que por edad nos hacemos adultos, pero no en los comportamientos.

Sagasti no se aventuró esa noche a fechas y nombre de vacunas. Eso disgustó no solo a un diario sino a los periodistas. Los entiendo, hay unas maneras de ser peruano. Un mandamiento que no viene de Moisés sino del diablo, “pegar al que se ha caído”. A Vizcarra ahora lo persiguen. Y cuando era presidente, se callaban o la mermelada. Ya lo harán más adelante con el que se haya atrevido a sentarse en el sillón de Palacio. Ya lo veremos.

Cuando el JEE de Lima nos produce más bien un jejeje de otro calibre.

Muy tranquilos, con sus personeros, hay ciudadanos que creían que se les inscribían. ¿Negligencia? ¿Falla técnica o profesional? O bien, lo que más temo, lo de siempre. Perú tiene mucho de que sentirse gran país, pero no hay nada perfecto en este valle de lágrimas, y después del fútbol y la gastronomía, somos el país de la pendejada. Lo que digo no es cualquier cosa. Hay una tesis universitaria en San Marcos sobre lo que ese comportamiento significa.

Si se anulan los partidos con tradición y los nuevos (el exalcalde de La Victoria, o de Soto, y otros), adiós al 11 de abril. Se supone que es el peruano de a pie quien debe votar a favor o en contra, y no los funcionarios del Jurado Electoral.

Por lo demás, usted señor Presidente Sagasti, si para desgracia suya ocurre una buena posición del partido moradito para la segunda vuelta, le van a echar la culpa a usted. Este país no es el de los que saben perder. La costumbre del país es buscar un turco y echarle la culpa. Y al que gane después de este apuro de librarse de partidos, será una hora de total sospecha que habitará en la cabeza de millones de peruanos. Si no se resuelve este conflicto, lo peor puede pasar. Pobre del que gane, no podrá gobernar. Lo digo en alta voz para que lo entiendan. El Perú es, según el Latinobarómetro, uno de los países con más desconfianza del Estado y los poderes institucionales. Y César Vallejo como profeta: “la cólera del pobre tiene un acero contra dos puñales”.

Publicado en El Montonero., 28 de diciembre de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/que-putin-nos-salve-y-dios-nos-perdone

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