Realmente, ¿estamos en el XXI?

Escrito Por: Hugo Neira 23 veces - Oct• 11•19

Repetidas veces, en esta columna de autonomía y de expresión personal, he sostenido la tesis, de sabor bastante amarga, que no tenemos historia, si por tal se entiende un proceso que va del ayer al futuro. No es así. Hay patterns de comportamiento que son de retroceso en la vida pública. Una cierta tradición, que no sería materia de escándalo por que lo peruano si se trata de las culturas, merecen continuar en la vida presente. Fiestas, danzas, cocinas, lugares sagrados, etc. Pero en lo que concierne a la lucha por el poder, solemos prolongar los vicios del periodo colonial y la vida republicana. Y encima, ¡nos creemos novedosos! Un poeta, Martín Adán solía decir, por las costumbres limeñas, al saludar, no «¿qué hay de nuevo?», sino «¿qué hay de viejo?». Los poetas están para eso, para jugando, jugando, decir lo cierto.

Traigo a colación, tema, o conversación un texto sorprendente. Resulta que buscaba una definición de un concepto político entre mis amigos (así llamo a mis libros) y me doy con unas líneas que sorprenderán al lector por su actualidad. Son los párrafos que siguen, encomillados, con el fin de separar lo que dice ese escritor, y lo que pueden ser nuestros comentarios.

El primer párrafo, no es de estos días sino del pasado que no se va: «Durante casi toda nuestra vida republicana hemos carecido de ese elemento que los tratadistas de derecho constitucional consideran indispensables para el funcionamiento de una organización partidaria. No hemos tenido ni el sistema bipartidista de Inglaterra, ni el sistema multipartidista de Francia, ni el sistema unipartidista de la dictadura fascista; generalmente hemos tenidos dos partidos, como dijo un general ilustre: el partido de los perseguidos y el partido de los perseguidores, y también se hizo en el Parlamento el partido del pro y el partido del contra».

Sorprendente, ¿no? «El partido del pro y el partido del contra». PPK versus Keiko. El presidente Vizcarra versus el Congreso. La persona que escribió esas líneas no es algún reportero o estudioso que haya visitado el Perú desconcertado de estos últimos tres años, desde el 2016.

El personaje que hemos despertado del sueño de los muertos conoce como la palma de su mano nuestra historia. Primero se refiere a los del primer siglo republicano, el XIX. «En realidad no hubo presencia de factores ideológicos en la vida política del Perú —después de la independencia— y apenas hay sí atisbos de partido en el Partido Liberal de Vigil, de Mariátegui, de Gálvez, y en el Partido Demócrata de Piérola, pero que estuvo sugestionado por la personalidad carismática del jefe del partido. Y en realidad, no hubo un Partido Conservador, a pesar de la figura prestante de Bartolomé Herrera, porque ningún partido tuvo la organización debida, ni tenía comités directivos, ni tenía programas ni fines inmediatos.» 

Entonces, los hubo en el siglo XX. Su respuesta es lo que sigue. «Lo que ha ocurrido en la política del Perú es que no tuvimos partidos liberales efectivos, ni conservadores, con orientaciones auténticas y con masas organizadas, sino que tuvimos simplemente partidarios de los caudillos, de las personalidades». «En el Perú no hemos tenido esos grandes partidos de ideas, esos grandes partidos renovadores que transforman la realidad económica y la política de un pueblo, sino que simplemente hemos tenido sustentadores del libertador tal o del califa cual. Y así hemos tenido el pradismo, el pierolismo y el cacerismo, luego el pradismo, el leguiísmo y el sanchecerrismo, y no sigamos adelante para no llegar a la historia actual».

Y entonces, se puede pensar que los movimientos obedecen a reglas más antiguas. Y eso es lo que dice el autor, con una gota de zumba, entre cierto y broma. «Creo yo sinceramente que en el Perú, durante toda nuestra primera etapa republicana, no ha habido partidos, sino ‘panacas’, a la manera incaica». ¿Y qué es la panaca? El autor, siguiendo una regla que muchos periodistas y hasta catedráticos olvidan, explica qué eran. Siempre es bueno aclarar un término. «Las ‘panacas’ incaicas eran guardadas por el clan o la tribu del inca, que le sobrevivía después de la muerte. La panaca incaica se quedaba viviendo en el mismo palacio del inca. Lo que produce querellas interminables entre los herederos.»

El autor de estas líneas, recuerda el pasado, que siempre está presente: «Toda la vida incaica es una lucha tremenda de odios, de celos, de emulaciones entre las diversas panacas. La historia incaica es la rivalidad entre las diversas panacas que se atribuyen y se arrebatan los hechos de unos incas para beneficiar los respectivos partidos o descendencias de éstos.»

El investigador admite que aparecieron los partidos de masas. Los llama modernos. A saber, «el Partido Demócrata, fundado por Piérola, el Partido Socialista, el Partido Comunista, proscritos por la Constitución; y el Partido del Pueblo o el Apra, habiendo surgido su Jefe en 1931, Partido del Pueblo que consagra algunas ideas nuevas. El Partido del Pueblo fue el de los primeros en agitar la conciencia popular y en llevar a la conciencia popular una serie de términos renovadores.»

El autor de estas frases no llegó a ver el siglo XXI peruano. Ni este lapso presente de nuestra historia en que se extinguen los partidos con principios, doctrinas y militantes. Sabemos que se ha vuelto una suerte de clientelas tras líderes personalistas. Se parece al caudillaje de los primeros decenios del siglo XIX, pero los caudillos, Gamarra, Santa Cruz, Ramón Castilla, no se tomaban por correctos seguidores de las reglas constitucionales. Como se sabe y lo ha explicado Jorge Basadre, las modificaciones de las constituciones, fueron el juego en que se perdió el siglo entero (1823, 1826, 1828, 1834, 1839, 1856, 1860, 1867). ¿A qué se debe el caudillaje? Responde el sabio al que he invitado en esta columna: «El caudillaje fue principalmente hijo de la indolencia y de la pereza criollas y con ellas se mezclaron, como se ha afirmado por algunos sociólogos americanos, algunos restos de la crueldad española y de la crueldad indígena. Pero, sobre todo, creo que hubo en el caudillismo peruano, en los partidos peruanos de carácter personalista, la tendencia retardataria y tradicionalista que hace que tuviéramos predilección con lo que podría llamarse los partidos prehistóricos o sea los partidos personalistas que se reúnen en forma de clan o en forma de clientela alrededor de un jefe, de un hombre, y que mueren con este hombre, con este caudillo de prestigio carismático.»

¿El autor? Estaba yo hojeando unos textos de Raúl Porras Barrenechea en busca de una definición suya sobre el liberalismo. Estoy terminando un libro sobre conceptos. Y de casualidad doy con un discurso suyo en el Congreso de los años 50. El texto se halla en Raúl Porras, parlamentario (Fondo editorial del congreso del Perú, 1999).

Publicado en El Montonero., 10 de octubre de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/realmente-estamos-en-el-siglo-xxi

You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. Both comments and pings are currently closed.