El país (catastrófico) que tenemos

Escrito Por: Hugo Neira 175 veces - Jun• 10•19

Lobbies, coimas, ilícitos, mafias. Como si fuera poco, ¿males peruanos en un mundo incierto? ¿Sabe el amable lector cuál es el gran temor en los inicios de este siglo XXI en los países avanzados y de estable democracia? Mientras crecen los temidos populismos, ocurre que hay una realidad sencilla y a la vez incómoda. En dos palabras, a nivel mundial, el inesperado éxito económico de los regímenes autoritarios. «Hay Estados que se benefician de una renta petrolera, de gas o minera. Controlada por élites políticas, esa renta es utilizada para conseguir que la población acceda a bienes de consumo disponibles en el mercado mundial». La entidad que edita esa idea llama ‘petromonarquías’ a la Rusia de Putin y los Emiratos islámicos. A lo cual hay que sumar la China continental, exitosa, «mucho más que las democracias liberales». No daré la fuente. No viene en inglés, es europea, ni neoliberal ni marxista. Para nuestras universidades resultaría ininteligible.

Y entonces, surge una cuestión, de orden universal. El capitalismo contemporáneo, ¿es el sepulturero de las democracias? Es en los Estados Unidos y en Europa, en las viejas democracias, donde se tiene la impresión que «la democracia ha sido capturada por los potentes intereses económicos, y en particular, por la finanza mundializada». Así va el mundo.

En el Perú hacemos lo posible para ponernos en esa línea de desconstrucción. Aunque modestamente, intentamos nuestra propia entropía. Perdone el lector por el uso de ese concepto. Ocurre cuando se juntan dos materias calientes a una fría, se calienta la tercera, pero la pérdida de energía es inevitable. La entropía viene a ser el irreparable desorden. Es métafora adecuada puesto que hace veinte años que tenemos democracia. Y por otro lado, algo de éxito économico. El ministro de Economía y Finanzas, Miguel Castilla (tiempos de Humala), hizo saber que el PBI del Perú pasaría de US$ 53.000 millones en los 2000 a US$ 400 mil millones en el 2020, o sea, ocho veces más. Claro está, antes de PPK presidente y sus bailecitos, y el semigobierno que ocupa Palacio en estos días. El lector me dirá que eso será el crecimiento global, pero no llega al pueblo. Error, el per cápita en los años 70 del siglo pasado era de US$ 557, luego en 1976 pasa a US$ 943, en el 2000 a US$ 2.023, y en el 2017 a US$ 6.571. No solo ha crecido sino que han surgido nuevas clases medias.

El Perú actual es paradójico. El malestar crece a medida que el país real progresa¡! La aceleración económica la desacredita la corrupción. PPK judicializado, Toledo refugiado en USA, Ollanta y Nadine y sus célebres agendas, investigados, la exalcaldesa que es delatada por Odebrecht. Pasará a la historia como la gran dama que le pide al empleado su pasaporte para abrirle (solapa) una cuenta bancaria en Andorra. Vamos señora, me saco el sombrero. En pujos de poder ha sobrepasado a la Perricholi y a la misma mariscala, la mujer de Gamarra.

En vez de avanzar, retrocedemos. Hace 50 años, el planeta entero se preguntaba qué era el subdesarrollo. Un país subdesarrollado (del Tercer Mundo) era clasificado a partir de tres grandes atrasos. Primero, una masa mayoritaria de analfabetos. En segundo lugar, que sufre de hambrunas. En tercer lugar, básicamente rural. El joven que yo era se dijo quizá algún día el Perú habrá superado esos obstáculos. Pues bien, como sabemos, ya no tenemos estadísticamente analfabetos. Lo que tenemos son iletrados, es decir, millones de peruanos y de estudiantes que no abren jamás un libro ni leen diarios. Luego, si bien hay niños mal alimentados, es franca minoría. Nuestro mayor triunfo es la gastronomía. Lo que ocurre es al revés, somos un país de gorditos. La más extensa de las enfermedades es la diabetes. Y en cuanto a lo rural, resulta que según el INEI, más del 80% de los peruanos vivimos en ciudades. Pero seguimos siendo subdesarrollados. Con un poco más de plata en el bolsillo pero cada vez menos comportamientos de gente civilizada y que respete al «otro». Ya se sabe, el peor enemigo de un peruano es otro peruano.

¿En qué fallamos? No hemos entrado a la economía moderna. Sí fue el caso de países asiáticos como Corea del Sur, Singapur. La mayoría de los empleos son informales, con poca formación del artesano, poca productividad, bajo ingresos, precariedad (sin seguros de salud). Y por supuesto, la ruptura del tejido social, el fin de los sindicatos, nada de solidaridades, cada uno baila con su pañuelo. ¿Eso es  progreso?  Y lo que nos  ha dicho nada menos que el Banco Mundial: «Los datos revelan que el graduado promedio que sale de la escuela pública secundaria carece de la capacidad en pensamiento crítico y de aprendizaje y en consecuencia es inempleable.» En las pruebas internacionales (llamadas PISA), los jóvenes peruanos están peor que Indonesia y Bolivia.  Y 100% de los niños «no leen nada». En secundaria, la velocidad de lectura para jóvenes chilenos es de 60 palabras y la de los peruanos, 30. Y la conclusión, catastrófica: «Un 70% de jóvenes peruanos no están preparados para la vida moderna, o sea, no se les puede emplear». En otro capítulo, se ocupan de las pandillas. «Un 24% de jóvenes ni estudia ni trabaja» Sin embargo, «un 80% de padres están contentos que sus hijos vayan a las escuelas.» (Cap. 26, p. 633)

Y este es el país nuestro: la política como sospecha, la fragmentación de la sociedad, el costo de no tener Estado moderno. Y en esta situación, la prisa por una reforma política. Sin debate, ¿proyecto de un puñado de personas? La propuesta de las «primarias abiertas». Inaceptable. O sea, que cualquier peruano vote por el candidato de un partido, que no es el suyo. Genial, doctor Tuesta, romper los partidos por dentro.

Lo peor nos espera en el 2021. Está en marcha la construcción de una megapresidencia. Y una masa de peruanos que no tuvieron cursos de formación cívica en los colegios estatales, vueltos hoy en una lumpenciudadanía manejada por posverdades, no puede entender para qué sirve el parlamento, los partidos, las libertades. En el Perú acataron siempre a dictaduras militares o civiles. Leguía, Odría, Manuel Prado. Nuestro futuro es nuestro pasado. Progresamos como el cangrejo, marchando hacia atrás.  

Publicado en El Montonero., 10 de junio de 2019

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