Las dos Américas de Octavio Paz

Written By: Hugo Neira - May• 24•22

Unas frases de Octavio Paz —el gran mexicano que se ocupó no solo de su país sino también de nosotros, es decir de la historia de Latinoamérica y lo que somos—, es lo que hoy regalo a mis paisanos. Un breve párrafo que nos dice sin embargo algo muy importante. Estamos en este lado del mundo que llamamos Sudamérica. O Iberoamérica. O América Latina, un enorme continente. Pero lo que dijo en unas líneas el gran pensador que es Octavio Paz me llamó la atención y me estremeció como supongo le ocurra al amable lector: América Latina —donde nacimos y vivimos— tiene aspectos radicalmente diferentes de Norteamérica y Europa. Sinceramente, no nos sorprenderá la lejanía geográfica del Viejo Continente, pero a lo que inmediatamente Paz nos enfrenta es lo mucho que nos diferencia. He aquí las inmensas diferencias.

Dice Paz que «el nacimiento de los Estados Unidos es un hecho histórico de significación opuesta al nacimiento de la América Latina. Los Estados Unidos nacieron con la modernidad: la Reforma, el individualismo, la Enciclopedia, la democracia, el capitalismo. Nosotros nacimos con la Contrarreforma, el Estado absolutista, la teología neotomista, el arte barroco Esta breve observación es cierta. En los países europeos, los que se hicieron protestantes se desarrollaron rápidamente, por ejemplo los Países Bajos y luego Alemania, por lo visto con una ética exigente. Solo Dios perdonaba (no perdonaba un cura), y acaso esa diferencia fue lo que produjo comportamientos de una austeridad feroz pero eficaz: el primer capitalismo en Inglaterra y poco después, el ingreso a la revolución industrial. Eso no ocurre en ninguna república latina de las nuestras. Nosotros compramos trenes, rieles, pero no los fabricamos. En otros continentes —por ejemplo, en el Asia—, ellos sí han entrado a ese sistema productivo.

Pero volviendo a Octavio Paz, nos dice que «las poblaciones autóctonas fueron siempre  muy importantes y, con la excepción de Argentina, Uruguay y Chile, lo siguen siendo. En cambio, en los Estados Unidos y en Canadá los nativos fueron exterminados o marginados. También la Independencia de las dos mitades del continente fue diferente.» Y prosigue con algo muy importante.En la América del Norte, «los Estados Unidos comenzaron como pequeños núcleos de colonos unidos por vínculos religiosos; vivían en el noreste y más tarde se extendieron por todo el norte y el oeste del continente hasta convertirse en un gran país. El nacimiento de los países de América Latina fue ante todo la consecuencia de la decadencia de España y de la disgregación de su imperio». Y sobre este punto, Paz precisa: «El movimiento histórico de los Estados Unidos no sólo unificó a muchas regiones y territorios sino a distintas comunidades y culturas. En cambio nuestra Independencia fue el comienzo de la dispersión. El caudillismo fue determinante en la atomización política de América Latina. Nació en las guerras de Independencia y prosperó en las guerras civiles del siglo XIX

Esta visión de las dos Américas se puede encontrar en sus Obras completas. Ideas y costumbres I. La letra y el cetro, FCE, México, 1995, pp. 109-110. No estoy en Lima pero siempre llevo conmigo los seis volúmenes del mexicano. A mí me parece el mayor pensador de este continente porque no estaba en eso que yo llamo las cárceles del pensamiento. Paz no creía en ninguna de las ideologías, era un hombre libre.

Pero algo más importante aún, es tiempo que recordemos a un filósofo. Uno entre muchos, Inmanuel Kant. Cuando le preguntaron qué era su ética filosófica su respuesta fueque tenía un principio moral,  sapere aude,  que significa «pensar por sí mismo». Si uno encuentra una verdad, que la diga.  Eso es el pensar  por sí mismo.

Algo más sobre América. Para la Independencia en el lado Norte, hubo un Thomas Jefferson, el autor de la Declaración de la Independencia, un George Washington, Thomas Paine que llegó de Inglaterra con un folleto de 50 páginas. El Common Sense. Respecto a las Independencias del Sur, una pregunta de imposible respuesta: ¿por qué Bolívar y también San Martín tuvieron que irse pese a las batallas victoriosas? Y ¿por qué se marginó, después de la Independencia, a todo lo que era indio? Entre tanto, los norteamericanos —con Andrew Carnegie, un magnate del mundo de la empresa y filántropo venido de Escocia y de familia muy pobre— levantaban unas fábricas de hierro y acero, las más grandes. Y luego Carnegie recorre todos los Estados Unidos y financia bibliotecas por toda la nación. ¿Se hizo alguna vez algo para la masa de los indios peruanos? Solo sirvieron por tres siglos. Siervos de los gamonales. Hasta 1969.   

Todo esto para decirles que veo mucha gente que quiere partir, en especial a los Estados Unidos e imitarlos. Los comprendo, es seductor estudiar o vivir en esa sociedad del norcontinente. Lo conozco, era mi ruta cuando dejaba las islas de la Polinesia camino a Europa, un viaje directo era imposible. Pero no es fácil ser norteamericano. Por una cosa que los historiadores llaman la historicidad. Eso que se forma con la edad, desde pequeño y durante toda la juventud. Hay estudios que muestran que lo que toca la identidad no siempre despierta otra formar de vivir. (Diccionario de teoría crítica y estudios culturales, Paidós, 2002)

Sobre los latinoamericanos estudios hay. Como los hay sobre la India y la filosofía africana. Pues bien, así como existen estudios bíblicos, es hora de tener una filosofía política para los pueblos de la América del Sur y América Central. Nuestros países provienen de colonias y por lo tanto, no nos desprendemos de la mentalidad que no es para esta época. Nuestros antropólogos saben, por sus estudios culturales, del peso del poder patriarcal indígena o del poder colonial como si estos fueran tiempos de virreyes. Otro mexicano, Leopoldo Zea, tiene un estudio de 1986 al respecto: América Latina en sus ideas. Lo mejor es no copiar ni a Europa ni a otra civilización. Por ejemplo, Europa ha producido el filósofo Derrida, que se ocupa de la deconstrucción, lo cual no tiene valor alguno.

Esto de una filosofía en la que ingresaría una ética, conociendo nuestras sociedades, sería mejor que imponer leyes y reglas sin conocer a quienes se les pide cumplirlas. En París, estudiaba diversas disciplinas pero se me impuso un curso de filosofía. Mi profesor, Lucien Goldmann, era rumano-francés. Era marxista pero se volvió profundamente hostil al estalinismo. Para Goldmann, la filosofía y los sistemas políticos deben de considerarse, como la vida misma, algo específico. Y dejó el marxismo porque no era el sistema adecuado. No lo olvidé nunca. La apariencia asemeja los problemas humanos pero en la práctica, los que surgen son diferentes. Entonces solo con militares se sostenían las naciones controladas por la Unión Soviética. Goldmann no volvió a Rumanía. Murió en París en 1970. En su último libro, se ocupaba de sociología y literatura. Por ser más humanista.

Publicado en El Montonero., 23 de mayo de 2021

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El Perú inacabado

Written By: Hugo Neira - May• 16•22

Nos preguntamos por qué nuestras democracias son inestables y pasan fácilmente de regímenes autoritarios a otros, a lo que llamamos ‘regímenes híbridos’. Los regímenes autoritarios lamentablemente llamaron la atención de Raymond Aron en 1965, y en 1975, el politólogo Juan Linz estableció una tercera categoría, los ‘regímenes híbridos’. Se repiten en todo el enorme territorio de América Latina, al punto que un escritor la ha llamado ‘América ladina’, y es que no podemos evitar de pensar en los poderosos carteles de la droga en México, el tráfico de cocaína en Bolivia, Perú y Colombia, rumbo a Estados Unidos o hacia Europa y, además, en la corrupción de aquellos que llegan a la cima del poder gracias al voto y se hacen ricos en países de miseria colectiva. Con lo cual millones de ciudadanos pierden la confianza en la clase política y en el sistema democrático, que hace más pobres a los pobres. Y con gran cinismo fabrica ricos de un día para el otro.

Pero soy peruano y me digo que hay un malestar que proviene de hace dos siglos. Por cierto, lo que fue la Independencia no lo pongo en cuestión pero tenemos que comprender que no éramos la Europa de las Luces. Detrás de los independentistas, no había un Voltaire, un Montesquieu, un Rousseau, su cosmopolitismo y unidad europea. Francia, Inglaterra, Alemania y su genio filosófico. Ellos no se tomaron sino como una comarca. Hacían arte en plena revolución, los cuadros todavía se pueden ver. Por un momento, al rival de siempre —los ingleses—, los franceses los encontraron ilustrados. Su tierra era un isla dichosa, un país de la abundancia. Cuando pasaba por Londres, Voltaire encontraba a Locke, el filósofo, elegante, y no se cansaba de decirlo. En realidad, la Inglaterra del siglo XVIII tenía una buena reputación pero los ingleses habían cambiado su sistema monárquico por uno con una cámara política, el parlamento, eso que los reyes franceses y su aristocracia obstinadamente se negaron a hacer y ya sabemos los resultados: 1789, la Revolución Francesa.

Volviendo al Perú, como es sabido, en primer lugar  tuvimos precursores y republicanos, Baquíjano y Carrillo y sin duda José Faustino Sánchez Carrión. Los liberales peruanos, los primeros políticos y pensadores. Y luego los diversos enfrentamientos de hombres de a caballo: Gamarra, Castilla, Echeñique. Y luego Nicolás de Piérola, Manuel Prado, la aparición de un Partido, el primer civilismo. Y fue en 1870. Pero en los albores de la joven república del Perú, la mayor parte de la población estaba excluida. Los caudillos los había para los hacendados, los comerciantes, los banqueros. Dicho de otra manera y con claridad, la política era solo para la gente de las clases altas. Después de la Independencia,  se ensanchó el Perú republicano y formó dos países: el de los blancos y el de los indios o hijos y nietos de la herencia (sangre y cultura) del imperio Inca. Hay que reconocer que en el tiempo de la dominación hispana, hubo una élite india, una nobleza. Con los indios, en la época virreinal hubo un trato de noble pese a que la colonia extremaba en el trabajo excesivo de los indios. La Independencia borra a los nobles indios bajo el pretexto de igualdad. Perdieron todos sus derechos. En realidad, la Independencia fue solo una ruptura. No hubo ninguna modificación para incorporar tanto a los descendientes de los indios como a los blancos que no lo son del todo.

El Perú es visiblemente una república no construida que sigue dividida por el color de piel. Han pasado dos siglos y

– no somos una república unitaria sino de dos pueblos.

– el Perú no es todavía una nación sino un territorio de pueblos diversos. De esa manera, no se tiene lo que se llama conciencia de nación, ni metas para su futuro inmediato.

– en dos siglos no se ha podido construir tampoco un Estado con un ordenamiento legal que sea respetado. Ni hemos conseguido que la autoridad legal logre la defensa de los derechos que en democracia se otorgan.

Ni nación, ni república, ni Estado moderno que se ocupe de la sociedad peruana como debe ser y no para poner los intereses personales o los del parentesco primero. Lo que debe contar es el bien común. Todo está por hacer. No perdamos otro siglo. Hay que elevar el saber de los cholos y los indios. Educación de calidad sin costo. Y dejar de lado las diferencias culturales o étnicas. Hay países que son multiculturales y son potencias como Canadá o la India, la China misma, los Estados Unidos donde la inmigración los hizo más fuertes. Debemos respetarnos de peruano a peruano. Ser una comunidad, una fraternidad. Nos iría mejor.

Publicado en El Montonero, 16 de mayo de 2022

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El estadista es fundamental para la época que viene

Written By: Hugo Neira - May• 09•22

Cuando se me ocurre una columna sobre la actualidad peruana, suelo acudir a lo que ya escribí para no repetirme. Y de paso, suelo lamentar la vigencia de nuestros problemas. Así que le entrego al amable lector unos párrafos de mi libro de comparatismo, El águila y el cóndor, publicado hace tres años y que circula en las librerías limeñas y mexicanas.

 ¿Cómo podemos hablar de servidumbre voluntaria en el Perú cuando las adhesiones a los tiranos son de corto plazo? Los grandes pueblos, ha dicho Churchill, son ingratos. […] En el caso del Perú contemporáneo, la volatilidad de las clientelas y los beneficiados. En el Perú del siglo XX nada dura. Ni democracias ni regímenes autoritarios. Al oncenio de Leguía le sigue el ochenio de Odría. El velascato fueron siete años. El fujimorismo, 1992, tras el autogolpe, al 2000, ocho años. Al tirano de turno cada vez se le acorta el tiempo. También el mandatario demócrata. Cinco años como mucho. Y llegan plebiscitados y se van cabizbajos. No me hagan explicar por qué. Todos lo sabemos. Queremos gobiernos y no queremos gobiernos. Somos alguno de los pueblos más pedigüeños de la tierra, ‘peticionarios’ dicen los mexicanos. Y a la vez, uno de los más ingratos. Al tipo de régimen que tenemos y que no hemos inventado, se le llama presidencialista. Pero eso será en Washington, en nosotros es una etiqueta. La realidad es otra. Un Jefe de Estado en Perú es un hombre muy ocupado, pero no en los grandes proyectos de desarrollo sino en su propia supervivencia.

«Voy al Golgotha», decía uno de nuestros mandatarios al ir cada mañana a su despacho, precisamente uno de talante democrático. Su primera ocupación fue llegar al fin del mandato, lo cual no es sencillo. Terminada la contienda electoral, y concluido el «discurso del salvador de la patria» que todos lucen antes de subir al trono, pasado el tiempo de «ponerse al corriente», y tomando en cuenta la agresividad latente del contexto incluyendo los cercanos colaboradores, el presidente, a la vez víctima y verdugo, comienza a prever quién será su posible sucesor, es decir, el enemigo que lo perseguirá inevitablemente. No hay presidente peruano que en el curso de su mandato no haya sufrido de la paranoia del poder. Paranoia, «sentirse como perseguido». Lo que provoca como enfermedad «la hipertrofia del yo». No es necesario mencionar nombres propios. Los últimos casos son de todos conocidos.

¿Cómo no emplear buen tiempo de su gestión en descubrir maniobras y emboscadas incluso entre sus ministros? Todo esto antes de sumirse en la indiferencia absoluta del que dejó el sillón para siempre. No hay Concejos de expresidentes, los tiene México, los Estados Unidos. Nosotros no. En el Perú estigmatiza tanto subir al poder como dejarlo. A diferencia de México, no hemos tenido ni por milagro, ese culto al Señor Presidente de los mexicanos.  (El águila y el cóndor. México/Perú, Universidad Ricardo Palma, Lima, 2019, pp. 400-401)

¿Y qué pasa en otros lugares? He recibido un mail de Europa, de Nelson Vallejo-Gómez, ciudadano francocolombiano como yo soy francoperuano, un pie en sendas culturas. Cuando estuvo en Lima, hicimos diversas maniobras para hacer llegar al Perú a Edgar Morin, un hombre de enorme sabiduría. Yo estaba de director de la Biblioteca Nacional y Nelson funcionario de la Embajada francesa. Morin habló en varias universidades peruanas. Hoy Nelson tiene un cargo administrativo muy alto en París. Me estoy olvidando, pudimos invitar también a Serge Gruzinski que escribe grandes libros que dan la vuelta al planeta. Ahora en su mail se ocupa nada menos que de Michel Wieviorka, presidente de la Asociación Internacional de Sociología. Y es director de la EHESS (Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales) en donde se forman los especialistas del mundo entero.

Yo obtuve en dicha institución mi grado de doctor en Ciencias Sociales, en el sistema francés la sociología no es una sola disciplina sino muchas otras, incluyendo filosofía. ¿Por qué esta respuesta por mi parte? El profesor Wieviorka aprecia al presidente Macron, pero le reprocha un «populismo singular». Apenas una idea mía, junto con mis saludos: creo que todo irá bien con Macron. En los países avanzados, no se le da el poder legítimo como sí lo dieron los 32 millones de peruanos a cualquiera que se presenta.

En líneas por venir, me extenderé más. Es cierto que de los grandes estudiosos muchos han perdido la confianza en los políticos. Cualquier país europeo, y en especial los que creemos más potentes, tiene dificultades ante las mutaciones de la economía nacional, europea y la economia mundializada, es algo que atrae a los posibles regímenes tiránicos. Yo le diría a Wieviorka, que me parece no solo un docente de alto vuelo sino valiente, que para el puesto de Presidente, creo que Macron tiene el carácter y el genio de quien deberá enfrentar los grandes desafíos que se vienen, y como estadista, los cambios probablemente difíciles pero necesarios e impostergables. Yo creo que varios de los grandes presidentes anteriores de Francia —Hollande, Sarkozy, Chirac, Mitterrand, etc—, sin duda fueron exitosos, pero la política era más serena, repetitiva. Y lo que se viene, es otra cosa.  ¿No sería mejor alguien que es parte del modelo con los mismos comportamientos? Por Macron votaron porque no tiene partido. ¿Es es algo riesgoso? ¿O al revés, los ciudadanos ya no creen mucho en los políticos? Los grands enjeux (lo más grande que está en juego) no estarán solo en la racionalidad sino también en lo que toca a los sentimientos, el amor a Francia, por ejemplo. Será la cultura francesa que con Macron salvará a Europa, y entonces, algo que va más allá del Estado.

Entramos en otra era. Es otra modernidad. Por eso, un personaje como Macron sabe lo que se puede hacer, pero no es solo la razón lo que salvará ese lugar del mundo.

Publicado en El Montonero., 9 de mayo de 2022

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«Perú Integral Bicentenario»

Written By: Hugo Neira - May• 02•22

Un gran libro, que recién leo, de Dammert Ego Aguirre, en Santiago. El Perú visto por sus cuatro ángulos, alguno de ellos cuando el autor lo ve como un «Perú integral», como «una comunidad nacional entre dos repúblicas» (página 584). Este libro lo llevé a Santiago en una maleta para saber qué pensaba de nuestra querida sociedad con un «Estado mafioso», lo que Sinesio López denomina «Estado cleptocrático patrimonial». Y recuerda que Francisco Durand, desde lejos, señala la captura del Estado por los privados de tres economías cruzadas: el Perú «formal, informal, y delincuencial».  

Como se nota claramente en estos últimos meses, envío a mis amigos y a los que me siguen mis cortos resúmenes de pensadores críticos, por los grandes defectos de los actuales «dueños del Perú» de esta época de nuestra historia. Ocurre que el libro de Dammert estuvo entre los últimos que había metido entre otros. Lo he hojeado al principio y leído la presentación del autor. Desde mi casa chilena quise llamarle por teléfono para felicitarlo, y Claire me dice: «- Pero si está muerto». No lo sabía. Luego me entero que se lo llevó el Covid-19. Qué lástima. Qué gran pérdida para el país.

Perú integral Bicentenario. El título es ancho. Civilización, territorio, nación, y república. Y el autor habla, con evidente razón, de un horizonte programático. Y por mucho que fuese un hombre de izquierda, varias veces diputado, fue un docente de la Facultad de Ciencias Sociales de  San Marcos que participó en 19 foros para intentar un amplio descentralismo de 1990 al 2001.  Otra estructura en el territorio de nuestro país. Para ello, lo que me parece decisivo es que uno encuentra, en unas 600 páginas, un repaso de nuestra historia, el mundo andino, los territorios cuando Perú era parte del Imperio, soberanías, ciudadanías —como sabemos nada fácil por nuestra diversidad pluriétnica— o periodos históricos como «1870-1926- De Túpac Amaru II a Bolívar» (p. 123), y después de Mariátegui. Dedica una sección a la «Colonialidad del capitalismo mundial y los inicios de la Patria Grande latinoamericana» (p. 91).

Voy a ser más sincero. Rara vez se ha hecho tal resumen que, diría, no es un libro solo sino varios, veinte capítulos en los que no se le escapa lo particular, lo mal que le fue a Túpac Amaru ante los ejércitos borbónicos —esos que todavía no conocían a Bolívar o San Martín— y no por eso explicarnos el rol de los grupos lobbystas, las elecciones y el régimen fujimorista, el petróleo y el gas, el agua y la minería, la Megarregión del Amazonas y otras, las vulnerabilidades, el riesgo de que la nación se quede sin seguridad energética.

Es muy posible, sabiendo el espacio político en el que se movía Dammert, que más de un ciudadano crea que ese libro es uno más al lado del marxismo u otra ideología propia a un sociólogo como ese autor, con talento de ingeniero. Pudo ser una retórica que ya se conoce. La verdad, me impresionó que comenzara el libro con la «Base andina civilizatoria autónoma». Y luego pasa del virreinato del Perú a la Independencia Continental y se ocupa de los criollos y la «nación mestiza».  Y algo que para mí es decisivo: la nación peruana y una república con un demos, o sea pueblo que tenga educación que  permita la emergencia de los hijos de la patria, para escalar a los estamentos más altos en el saber, y la voluntad de dejar una nación dividida por prejuicios étnicos. Una república democrática no se puede hacer con dos mundos que no se conocen, criollos y cholos, que no son todavía hermanos e iguales. Sin embargo tenemos por nuestras diferencias de piel, de estatus social, una gran riqueza, desde la música, la poesía, el arte, y grandes creadores. La heterogeneidad es estupenda, qué importa, pero para tener un Estado-Nación, todos debemos cumplir por igual las leyes de nuestro país sin que eso nos vuelva tontos. Las grandes naciones son las que tienen culturas diversas, por lo general, muy distintas unas de otras. Pero lo que tienen de bueno es la formalidad, y la honestidad. En los intercambios y la manera como el mundo se modifica, todas esas potencias tienen una ética. El progreso tiene ese precio, algo moral sin lo cual, por muchas minas y otras riquezas, no saldremos de este desorden ni en un milenio.

El libro es tan pleno de ideas y cosas ciertas que pienso que no estuvo solo. De hecho, en los créditos, aparecen los miembros de su equipo de apoyo: José Gabriel Lecaros, Rubén Castillo Ventura, Humberto Cortés, José Manuel Delgado, Alejandra Dinegro, Luis Enrique Pérez, Yorka Gamarra Boluarte. No los conozco personalmente. Nos encontraremos en Lima. A todos un sincero aplauso por una obra de gran calibre. Bravo.

Si los peruanos tuvieran en sus manos esa obra, tendrían la posibilidad de un horizonte programático. Comiencen por leerlo y se conectarán entonces con lo real, lo posible, que es lo que estaba en el alma del autor. Desconocer este libro es un pecado contra la patria. (Perú Integral Bicentenario: Civilización, territorio, nación, república. Horizonte programático de la República de Ciudadanos, autor y editor Manuel Dammert Ego Aguirre, Lima, 2014. ISBN: 978-612-46670-1-5). Libros como este hay uno por siglo. No es la muerte la que gana. Si usted no lo lee, gana el silencio, la flojera peruana, la vanidad de creer que yo ya lo sé todo.

Publicado en El Montonero, 2 de mayo de 2022

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Fin de semana y el liberador Macron: el resultado de las urnas

Written By: Hugo Neira - Abr• 27•22

Para la lectura del fin de semana del 23-24 de abril hasta fin de mes, había elegido varios libros. Debía concluir con uno sobre la historia de la India. Hay un país asiático que se enfrentó a las sociedades modernas de Occidente. Se trata del Japón, aunque fueron sus víctimas los habitantes de Hiroshima y Nagasaki. Rápidamente asimilaron las ciencias y técnicas de sus rivales, y adaptaron las instituciones de Occidente según el carácter y genio de los japoneses. Un japonés no ha perdido su cohesión, su identidad psíquica. Estudia a Confucio y no renuncia a su cultura, su arte, su manera de vivir. En otro lugar del Asia hay un país que llamamos la India. No es una sola nación sino varias, un conjunto de pueblos. Su sistema de castas y el hinduismo es muy suyo. Y a lo que apunto: la India no es una nación sino una civilización. El Asia occidental, es otra versión de Occidente que viene del mundo indoeuropeo, que a su vez vino de los iraníes de Mesopotamia. De los griegos que inventaron las divisiones del poder legítimo. El valor del individuo, el pensamiento libre pese a los dioses y religiones, que se respetan. Y la libertad de palabra de alguno o de grupos plurales. Lo que cuenta, su esencia, no es que alguien tenga la razón sino que haya debate, porque la verdad se encuentra en el diálogo, tarde o temprano. Y otras civilizaciones incluyen en su saber las ciencias occidentales. Mariátegui, por ejemplo.

Pues bien, dejé los libros sobre los países asiáticos por un asunto enorme que concierne Europa, la incierta disputa del poder en Francia entre Marine Le Pen y Emmanuel Macron. Ha sido reelegido. Desde mi pantalla de TV, pude seguir los debates entre los políticos invitados en el canal público France 2,  y la llegada de Macron al Champ-de- Mars donde lo esperaban sus militantes. La victoria de Macron no solo se celebra en Francia sino en Europa, dentro de este espacio de naciones con democracia que es la Unión Europea. Qué curioso, me vino a la memoria el recuerdo de un cuadro, surrealista, que había visto de Antonio Peláez, mexicano. En sus obras, siempre ardía el fuego, y las llamaba «el diablo suelto». Y pensar que hay repúblicas que ya no lo son, como la Venezuela de Maduro y esa Nicaragua de Ortega. «Diablo suelto» porque su presidente tiránico lleva un apellido que yo respeto mucho —Ortega—, que es uno de los grandes filósofos españoles.

Así, el cargo de presidente para la misma Francia que hace más de un par de siglos logró, con la Revolución Francesa, acabar con la monarquía, recae nuevamente en Emmanuel Macron. La democracia se salva. No deja de tener defectos, pero todo otro sistema del ejercicio del poder es peor. Cuando un pueblo no elige a sus representantes, llega la era de las tiranías, o de los gobiernos híbridos. Los Jefes de Estado son necesarios pero bajo reglas y leyes. Ser político es saber llegar y también saber irse. Ya no es tiempo de príncipes y aristocracias que solo valen por nacer en una clase privilegiada. Tampoco es saludable tener gente que viene de abajo y no sabe lo que se puede hacer por el bien común si es que no tiene idea de cómo se maneja el Estado, sobre todo en nuestra época de economía tan compleja y mundializada. Se necesita un capital humano preparado antes que dinero o grandes apellidos.

Pero veamos lo que pasó el domingo 24 de abril de 2022. Había mucha incertidumbre, por la abstención. Supongo que el amable lector sabe que aun en un país moderno como Francia, con escuelas y grandes universidades de calidad, la política tiene, como los trenes, dos rieles. Uno es la razón, la economía, si hay puestos de trabajo que permiten niveles de vida al menos aceptables. Y el otro riel es algo subjetivo, viene de las emociones: las cóleras, el deseo de castigar a los que están arriba, etc. ¿A qué viene esto? Es probable que muchos de los votos fueron a Macron (58,2%) solo para evitar que llegara la ultraderechista Marine Le Pen (41,8%), que sucedió a su padre. Más adelante explico por qué una parte no soporta al actual presidente. Como soy peruano, este domingo, Marine Le Pen me recordó una política peruana que todos conocemos. Keiko y ella también se acercan, por lo de los padres. Keiko decía que ella llevaba un peso muy grande («mochila pesada»), por el 5 de abril y todo lo que representaba su apellido.

Ahora bien, Marine Le Pen había suavizado su discurso. Durante el debate decisivo que tuvo con el presidente saliente el 20 de abril, había sido muy prudente, se preparó largo tiempo para debatir con Macron. Pero no dejaba de mirarlo como si fuese un muchachito atrevido, y se reía de buena gana. Ella es hoy la otra gran fuerza política, logró casi un 42% de los votos, un récord. Intentará disminuir la momentánea victoria de Macron porque hay una «tercera vuelta», la elección de la Asamblea de diputados (577 escaños), en junio. No es poca cosa, una mayoría adversa al presidente electo lleva a una cohabitación, todo un cambio programático.

Por un momento, me ha parecido que el sentimiento político de los franceses se acercaba mucho a los prejuicios y dudas que tienen los peruanos. Es curioso, tanto en la vieja Europa tan moderna como en el inmenso espacio de la Américas independientes, hay rupturas con las elites. A muchos franceses, algo les molesta: la formación intelectual y profesional de Macron. Es conveniente que el amable lector sepa que esas sociedades del viejo mundo no se parecen a nuestras sociedades poscoloniales. Entraron a la revolución industrial y preservaron su diversidad. Las enormes desigualdades, la trampa identitaria se resiste a una sola cosa: los que no estudiaron. Macron ingresó al prestigioso liceo Henri IV, en París, y tuvo su primer grado. Luego se formó en el Institut des Sciences Politiques de París y la Ecole Nationale d’Administration (ENA). Trabajó en el 2007 como Inspector de Finanzas en el Ministerio de Economía francés antes de unirse al banco de inversión  Rothschild en el 2008. El presidente Hollande lo nombra ministro de Economía, Industria y Asuntos Digitales en el 2014, dos años después de haberlo integrado en su gabinete. Macron dio sus primeros pasos en el Partido Socialista. Una brillante formación y brillante carrera. Macron producto de la meritocracia. Pocos han tenido su educación, por eso algunos lo detestan.

Los lazos que se ha querido mostrar entre el presidente y las grandes familias, si es eso, es algo muy equivocado. Los padres, Jean-Michel Macron y su esposa, son médicos ambos. Lo que los sitúa como una familia de clase media, lejos de París. Dos hermanos suyos al servicio de la Salud del Estado francés. Por mi parte, me encuentro con el libro de Thomas Piketty. Los conflictos de los jóvenes procedentes de familias de menor formación ante gente bien formada producen entonces una enorme cólera y envidia, se hace imposible el contacto con elites salidas de las clases populares. Se le llama populismo. Es algo más temible. Eso fue el nazismo alemán. Eso no lleva sino a aventureros e ignorantes que se creen revolucionarios. Esa actitud rompe el modelo revolucionario de Lenin. Y también tocó nuestro país. Jorge Basadre se ocupó en un momento del rol de las elites. La derecha tradicional peruana no las tiene porque ellos no tienen  intelectuales. Cuando hubo alguien excepcional en el Perú, por ejemplo José de La Riva Agüero, ¿qué partido le siguió? Nada.

Los odios entre clases sociales, es algo que se estudia en nuestra época. El libro sigue siendo un arma intelectual. En su obra Capital e Ideología, Thomas Piketty explica, con palabras y números, cómo, en Francia, el Partido Comunista dejó de ser atractivo antes del desastre del comunismo. Cómo los trabajadores, los obreros, dejaron los partidos de izquierda. Pero volvieron porque su base social era casi toda de doctores jóvenes que era lo que había crecido en las sociedades de nuestros días, pues la tecnología cambia el trabajo, lo cambia todo. Lo digo porque mi país, mi tierra, se ha quedado fuera del mundo actual y sus problemas. (Hay traducción al castellano de Daniel Fuentes. Lo considero lo mejor, con estadísticas: cómo las clases sociales prefieren sus partidos).

Publicado en El Montonero., 27 de abril de 2022

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