La historia de estos días

Written By: Hugo Neira - Ene• 23•23

Estos días estaba dispuesto a ocuparme de Víctor Vich y su brillante libro El caníbal es el otro cuando la quema de edificios en Lima me obligó a cambiar de texto. En verdad, si mi pluma es la de un estudioso de las ciencias sociales, habita en mí también el periodista que está obligado a ocuparse de lo que pasa en nuestra sociedad peruana. Y por los incendios del pasado 19 de enero en el Perú, se preocuparon unos periodistas españoles que me conocen del tiempo que era columnista en el diario Madrid, al final del periodo de Franco.

Conversé con los amigos y colegas de España. A sus preguntas, no respondí sin emociones y retomé lo que varios especialistas han llamado el “Perú fracturado”, que es título de un estudio de Francisco Durand. Según el investigador, la economía peruana es en realidad tres economías yuxtapuestas en distintos niveles, la formal, la informal y la delictiva. La formal es la de las empresas modernas que tributan. La informal, la de muchas pequeñas y microempresas, el esforzado peruano que vive de su negocio y sortea los obstáculos sustrayéndose a la legislación laboral y fiscal para sobrevivir. Y la delictiva que, como su nombre lo indica, se hace al margen de la ley y abarca el narcotráfico, el contrabando, las mafias de funcionarios, como en México. Lo delictivo es un fenómeno que afecta todo el territorio nacional, ciudades y provincias. La producción de coca se ha incrementado, en el Perú, desde los años 2000, por el Plan Colombia que trasladó la demanda a nuestro país, dice Durand. El mercado formal de la coca es muy pequeño y la producción recae en Enaco (Empresa Nacional de la Coca). Según el FONAFE (Fondo Nacional de Financiamiento de la Actividad Empresarial del Estado), que la controla, si se acabara con la producción ilícita, unas 100 mil familias de cuatro personas en promedio perderían su trabajo (cifras de hace quince años de Durand). Ahora el Observatorio Peruano de Drogas estima la producción global en 146 mil toneladas, y solo el 8% tiene un destino industrial o legal. Los carteles de la droga se expandieron, y prosperan a semejanza de las multinacionales.

Cuando los funcionarios públicos, al poco tiempo de ser nombrados o de asumir un cargo, se hacen ricos de la noche a la mañana, la anguria de plata fácil lleva la clase media, los trabajadores y el pueblo mismo a no tener confianza alguna en el Estado peruano. La crisis de confianza se ha agudizado desde el año 2016, al punto de tener en seis años seis presidentes, una enorme inestabilidad que impide atender las demandas sociales o gremiales y agudiza los conflictos. En El País del 20 de diciembre, el periodista Renzo Gómez dedicó su columna a “Los 10 presidentes del declive de la política peruana”. De ellos “solo tres y que fueron de transición no se han visto salpicados por corrupción” en los últimos tres decenios. Desde Alberto Fujimori, el político que derrotó a Mario Vargas Llosa y autor del autogolpe de 1992, que disuelve el Congreso de la República. Reelegido, termina yéndose del país y renuncia a distancia. Asume el poder Valentín Paniagua por ocho meses. Le sigue Alejandro Toledo por cinco años, y se le descubre mucho después los sobornos de Odebrecht, la constructora brasileña que regalaba millones a cambio de licitaciones. Seguirán por cinco años Alan García y Ollanta Humala, y luego Pedro Pablo Kuczynski, que renuncia. Siguen Martín Vizcarra, Manuel Merino y Francisco Sagasti, interinos todos, y asume Pedro Castillo por cinco años, sin preparación para estar al mando del Estado, hasta su autogolpe fallido del 7 de diciembre. Duró apenas 17 meses y tuvo 78 ministros. “Hoy en prisión preventiva, acusado de rebelión y conspiración”, precisa el articulista. Dina Boluarte asumió la sucesión constitucional.Asume en un país convulsionado, con protestas en su contra en las provincias y en la capital.

¿Perú republicano? Más bien Perú poscolonial. Todo lo que ha ocurrido en los últimos dos años —corrupción de personajes sin experiencia alguna ni potencial para dirigir el Estado, sociedad de culturas y pueblos variados desarticulada—, nunca en la larga historia de la política peruana tanta distancia se había hecho visible. Ya no hay partidos políticos, es un declive jamás visto. Es difícil encontrar ciudadanos y que no terminen en la cárcel. ¿Qué hacer? Varias reformas.

Deberíamos hacer lo que ha hecho Brasil, el país más grande de Sudamérica. Su ciudad más poblada es Sao Paulo, pero su capital es Brasilia, una región poblada por indígenas. Lima es todo lo contrario. Las regiones y ciudades medianas del país no admiten a Lima como su capital porque la ven más bien española o extranjera pese a la migración interna. Tengo a la mano el libro del geógrafo francés, Olivier Dollfus, sobre el Perú, de 1983 (Le Pérou, PUF, París). Gran viajero, retomo su primera frase: “Perú, tierra de contrastes”. Y luego “de contrastes muy grandes dentro de la misma ciudad de Lima, que reflejan situaciones sociales y económicas muy diferenciadas: lujosas casas rodeadas de jardines, manzanas de edificios para clases medias y barriadas que no cesan de crecer desde hace más de medio siglo.” Dedica los capítulos II y III a “la explotación, ocupación y uso del espacio” y la “historia de las grandes etapas de la ocupación del espacio”. No planificamos. Si tuviéramos una Brasilia peruana, o sea una ciudad administrativa que concentra las finanzas, las grandes empresas, las instituciones nacionales, no habría la pesadilla de los incendios provocados que arruinan vidas de residentes.

Otro problema muy serio que tiene la sociedad peruana es su sistema de Educación. No me cansaré de repetirlo. Yo estudié de joven en un colegio estatal y era muy bueno. Tuve una secundaria excelente que las últimas generaciones de peruanos no han conocido. Gracias a la buena secundaria pude estudiar en San Marcos, nos habían enseñado la historia peruana y universal, la gramática, la lógica, a redactar, a razonar. Esto ha desaparecido haciendo un daño terrible al país, que pagamos muy caro. Por un lado, tenemos en la educación superior estudiantes que no tuvieron clases de lógica, lenguaje, literatura, historia, que son asignaturas fundamentales para los hombres de ley, y los estudios sobre la sociedad como sociología, psicología. Por el otro, la penosa secundaria peruana no forma al pueblo. Nuestra sociedad tiene millones de personas que se creen ciudadanos. Ahora bien, no hay democracia posible para los que no entienden lo que leen, no han sido educados para hacerla posible. Desde los griegos, no hay democracia sin reglas previas para vivir juntos y que se cumplen. Hasta en el periodo precolonial, las distintas culturas tenían sus propios sistemas de organización (idioma, comunicación, administración) para poder desarrollarse.

Pero sabemos que Perú son varias culturas y no una sola, la andina y la criolla han permanecido separadas aun en los tiempos de la república, prolongando el sistema de dominación, y es tremendo. Hasta de la errancia hemos excluido a los pueblos indios, es el inicio de un libro que estoy preparando. En la cultura hemos excluido a los pueblos indígenas. Un recalcitrante estereotipo persiste en verlos como pegados a la tierra, sedentarios, pese a que en los decenios finales del siglo XX peruano tomaron las ciudades andinas y costeñas (“las ojotas porfiadas” de las que hablara Jorge Basadre). La gran migración del campo a la ciudad, espectacular en el caso del Perú, no despertó de su somnolencia a los investigadores. Acaso las espléndidas páginas de Riva-Agüero ligan en exceso al hombre con el paisaje, como si este fuese solo naturaleza y no, en gran parte, historia, novedad, desde que llegara la oveja, las aves de corral, y las campanas de las iglesias de aldeas (que también vinieron de fuera). La errancia es geografía cambiante y excepcional aventura. Y en el fondo de los tiempos, hubo otros éxodos, otras migraciones.

En fin, me parecería un gran paso si hubiera una universidad para los hijos del mundo andino, del mundo quechuahablante que les enseñara el castellano, a ser bilingües. Con solo el quechua, pierden la posibilidad de formar parte de los 600 millones de hispanohablantes. De formar parte de algo más global, una lengua internacional.

Por lo demás, a la gente que me lee le digo que no se confunda. Yo no estoy de acuerdo con que después de cinco siglos de brutalidad y dominación, los indígenas sean hoy las “aristocracias” que tuvieron durante el virreinato. Nada ganamos pasando de un sistema abusivo al otro. No soy partidario de un Perú o de otros países andinos formados en torno a lo étnico como en otros tiempos lejanos. Todos los peruanos, sin importar su origen o condición de inmigrado (los que vinieron del África, China, Japón), deben respetarse y tratarse fraternamente en sociedades modernas donde somos iguales y libres por el imperio de la ley. Todo ser humano tiene una moral que va evolucionando con las etapas que al hombre le ha tocado vivir. No podemos desear infiernos que ya desaparecieron. ¿Por qué atacar y destruir una pieza de arte, un inmueble de estilo de los años veinte en el Cercado de Lima? Lo que se ha hecho nos deja como un país de salvajes. Hoy en día todo se sabe, ese incendio por gusto, a un paso de una conocida plaza pública, nos deja muy mal. ¿Quién va a invertir en un país donde la gente quema su propia ciudad? Un récord de salvajismo del que no será fácil olvidarse.

Casa Marcionelli antes y después - Infobae

Publicado en El Montonero., 23 de enero de 2023

https://www.elmontonero.pe/columnas/la-historia-de-estos-dias

Cómo era nuestra patria 20 años atrás

Written By: Hugo Neira - Ene• 16•23

Comenzaba a descomponerse. Desde entonces, estar de acuerdo es muy difícil.

Escribir sobre política es una apuesta imposible decía Pascal. El filósofo llegaría a esa metáfora extrema al notar que unos y otros se tomaban por emperadores o reyes. En su contexto, es decir en 1742, eso quería decir gentes que no dudaban. Sin embargo, frente a nuestras enormes desgracias individuales y colectivas, muertos en Puno, sucesos en Barranca, el riesgo de los unos y la responsabilidad de los otros, ocurre que sí, que dudamos. La opinión pública, a juzgar por las encuestas, es matizada, a menudo encontrada, pero si no resulta muy lógica, en cambio expresa la virtud de la incertidumbre. Por mi parte no he tenido empacho, a menudo, de ir a contracorriente, pero esta vez me inscribo en esos remolinos de dudas. Todavía no había visto otras sociedades.

¿Quién está en el secreto de los dioses para saber a ciencia cierta lo que está pasando? Nadie, ni en la inteligencia militar ni en salas de redacción, y aunque los congresistas han escuchado el informe del ministro Loret de Mola con razón secreto, no creo que las tengan claras, ni siquiera los probables comandos de la sombra —no nos chupemos el dedo— que están tras las legítimas protestas de maestros pésimamente pagados, y agricultores y empleados de salud y personal de justicia. Esos sectores de Estado que sin ellos no hay Estado. Y no hablemos de una policía nacional que tiene que comprarse sus propios uniformes. El cuadro es patético, como si a todos se les escapase la situación, a Palacio y a los “lobbies” del terror, al gobierno que quiere gobernar y a la oposición política que calcula sus ganancias mientras el país se hace trizas. Decir que el clima es de suicidio tampoco nos avanza mucho, pero igual lo digo. Como si no bastara la amarga experiencia, los decenios de intis devaluados y el fujimorismo de tirano sonriente, con resignada dulzura mi país intenta volverse otra vez una suerte de sudamericana República de Weimar. El antecedente de una frívola Alemania que por los años veinte desperdició su democracia, tiene la ejemplaridad de los grandes malos ejemplos que se repiten. Paradigma de cómo los pueblos se sabotean a sí mismos. Ya ha pasado en otros lugares, ya nos ha pasado, y es así como nos veremos dentro de unos años, mirando hacia atrás con ira, percibiendo la tenacidad de nuestros prejuicios. De cómo volvemos tirano a todo gobierno.

Pero menos mal la incertidumbre no es parálisis. Una inmensa mayoría aprueba la protesta y, a la vez, por contradictorio que sea, las medidas de urgencia. Están por los reclamos y a la vez por el libre tránsito. Sin duda las respuestas de los encuestados no son muy coherentes, pero acaso expresan la complejidad de la situación pues mientras se escribe esta crónica, Loret de Mola dice que a los soldados los sitiaron en Puno y Javier Diez Canseco recoge otra versión, el Sutep multiplica las manifestaciones. No falta quien sostiene que no era urgente declarar el país en emergencia. ¿Así? ¿Y los 61 puntos de ruptura de vías de tránsito? Sin soldados y con policías en huelga ¿cómo habría evolucionado la cosa? Escucho la argumentación contraria, nada prueba que las tropas de urgencia calmen el juego. Nada en efecto. Pero ante situaciones de extremo, y la presente lo es, no hay sino dos lógicas. La de “la convicción” es una. En efecto ¿quién puede estar a favor de servirse de la violencia de Estado, por legítima que fuera? Pero desde Hans Jonas (1903-1993), a lo largo del siglo XX, cabe invocar otra, la del “principio de responsabilidad”. O sea, aplicado a nuestros dolores presentes ¿qué pasaría sin el Estado de Emergencia? Las cosas se asemejan a algo nuevo, no a una revolución, sino a una situación de desplome interno, de implosión social. Entretanto, a Bedoya lo llevan al ex San Jorge, declaran contumaz al ex fiscal Aljovín, como si la aceleración de la lucha anticorrupción tuviera algo que ver con la actividad del enigmático “polo” que siembra las públicas desgracias que comentamos. Como si hubiera varias películas en una, un teatro de múltiples escenas. Por lo demás, Fujimori se llevó consigo el capital de confianza que une, en principio, gobernantes y gobernados y, así, el Estado de emergencia tarda en acatarse. Por cierto, el problema de fondo no se arregla con abrir carreteras o despejar escuelas vacías, no se necesita ser muy zahorí para afirmarlo. Pero ante al Estado enfermo, colapsado, lo urgente fue llevarlo a urgencias y no comenzar a recriminarlo si estaba obeso o fumaba en exceso. Después del marcapasos, vienen las dietas. Si hay después. Tendrá que haberlo, una aplastante mayoría de peruanos piensa, pese a todo, como un texto de Rousseau que nadie les enseñó «la democracia es una aventura, pero yo prefiero —decía— una libertad peligrosa a una esclavitud tranquila. En El contrato social, libro I, III; capítulo IV.

(Columna mía publicada en La República del 31 de mayo del 2003 y titulada “República de Weimar”)

                                                                       ***

Mal que bien, andamos en democracia, aunque a trompicones, con mínimos de aceptación para Congreso y congresistas, ministros y clase política y devaluado Presidente, pero en fin, ahí vamos. Reforma de la Justicia, Comisión de la Verdad, a trancas y barrancas. Incluso hasta recibimos Jefes de Estado como Lula. Hay prensa libre, mass media, universidades. Todo muy bonito, precioso, rodando hacia el 2006. Solamente este cronista hace esta pregunta: ¿con qué ciudadanos? No hablo de militancia ni de partidos políticos, sino de otra cosa. […]

En Tumbes hallé una abandonada biblioteca municipal, no llega un solo libro de Lima desde hace treinta años. Además me contaron que no sé qué embajada —si Italia o España—, les había regalado una computadora, pero una “autoridad” se la llevó a su oficina para otros menesteres, y luego a su casa. Tal como. “No vienen alumnos” me explican. ¿Para qué van a leer? Multiple choice. Contestan con una aspita, y aprueban. […]

Desculturización, pues, a toda máquina, y no me vengan con que “la cuestión económica”. Se gasta más en chelas. El hábito de informarse ha desaparecido de las costumbres. ¿Democracia sin ciudadanos? Pobre Rousseau, en un país voluntariamente ágrafo. “Hay mucho periódico”, me argumenta alguno, en plan de queja. Claro, en la educación que un peruano recibe (salvo en las universidades de copete) no se le entrena en el cotejo de fuentes contradictorias, a sopesar argumentos, a formarse una opinión propia. No, millones de futuros votantes han sido deformados por el multiple choice. La aspita y ya está. Bacán, light, moderno. Pobre Sartori, con su idea de “la democracia régimen difícil que necesita de la inteligencia y la mentalidad lógica de los ciudadanos”. El caso es que todos en el Perú “saben”. En efecto en provincias me decían, enteradísimos, “que si Toledo, que si García, que si Lourdes o Paniagua, que si la CVR”… Socráticamente, y armado de paciencia, me dediqué a preguntar: ¿cómo lo sabe? Ni una sola vez alguien me mencionó diario, revista, informe o fuente alguna.  Simplemente “saben”. Así, del aire. Cuando volví a Lima, el taxista que me recogió era también de lo que ya «sabían». Y votará. Por Fujimori. 

(Otra columna mía publicada en La República del 28 de agosto del 2003. Su título: “¿Con qué ciudadanos?”)

La mentalidad de los peruanos es compleja. Porque en gran parte provienen de distintas regiones e ideologías. No hay una conciencia sino diversas. Explicar los diferentes grupos, las colectividades, es explicar un fenómeno a la vez político y psicológico cuyas raíces son múltiples. Pero entender las masas, cómo se tratan los peruanos entre sí, lo dejamos para otro ensayo, para el próximo artículo. No será solamente mi opinión sino los estudios de otros investigadores. Es conocido el dicho “el peor enemigo de un peruano es otro peruano”.

Publicado en El Montonero., 16 de enero de 2023

https://www.elmontonero.pe/columnas/como-era-nuestra-patria-20-anos-atras

Textos peruanos para conocer

Written By: Hugo Neira - Ene• 10•23

Una novedad. Regularmente, acaso cada semana, en este mismo portal, quisiera ocuparme del conocimiento, de la cultura, en dos partes. Primero, cómo Perú llegó a emanciparse, a la autonomía proclamada en 1821 y lo que le sigue. Para enriquecer la formación intelectual en Historia, se necesita saber cuáles son los textos decisivos. Aquí les daremos las referencias y unos fragmentos que servirán para los escolares y los maestros. Segundo, recordar a nuestros poetas, lo mejor que hemos tenido, la creatividad hispanoamericana.

Hoy hemos elegido un texto de 1822 de José Faustino Sánchez Carrión editado por La Abeja Republicana. La casa editorial era partidaria de salir de la dominación española. No todo fue guerra y sangre sino argumentos, como se podrá apreciar. El texto completo está en mi libro Dos siglos de pensamientos de peruanos, publicado por la editorial Ricardo Palma en el 2021, pp. 83-92.

1.- Carta sobre la Inadaptabilidad del Gobierno Monárquico al Estado Libre del Perú

Sayán, agosto 6 de 1822

Señor Editor de La Abeja Republicana:

Muy señor mío: con fecha 1º de marzo último dirigí al Editor del Correo Mercantil de esa ciudad una carta sobre la inadaptabilidad del gobierno monárquico al Estado libre del Perú; y la suerte de este desgraciado papel fue la de un niño, a quien le cortan la cabeza al tiempo de nacer. Su padre y madre que soy yo, y el Editor, que le sirvió de comadre tuvimos que encomendarnos al ángel de la guarda, y a San Juan de Nepomuceno. Pero, serenado el mar, y al abrigo de buen puerto, según las últimas noticias que me escriben, y papeles públicos, que he visto, molesto a Ud. con la cartita, suplicándole que la imprima en su periódico toda entera menos porque lo merezca que por guardar el hilo del discurso, cortado en marzo, advirtiéndole, que seguiría callado, si varias personas, a quienes respeto mucho, no me hubieran estimulado mucho a esta remisión.

Digo a Ud. con la modernísima:

Que le aseguren los sentimientos de toda consideración y aprecio.

El Solitario de Sayán

                                                           ——-

Sayán, marzo 1º de 1822

Muy señor mío: acaba de llegar a mis manos la gaceta de 23 del próximo pasado mes de febrero, en que se han indicado al público tres importantísimas cuestiones, que por la primera vez, van a ocupar la atención de la Sociedad Patriótica. Ninguna de ellas puede estimarse como menos interesante; pues que todas tienden directamente a la consolidación del sistema y a la gloria nacional.  Sin embargo, la primera, como que en ella se trata de indagar, cual deba ser el régimen que constituya la sociedad peruana, creo que haya llamado toda la contemplación de los socios, y que tenga en movimiento a los pensadores de esa capital, y aún a los que sólo oyen de pie parado a los oráculos de la sabiduría. Por lo que a mi toca que soy de este indefinido número, he entrado en una agitación extraordinaria desde el momento, en que leí la gaceta: porque, amigo mío, también soy de la familia, y es muy regular, que al discutirse puntos relativos a su conservación y felicidad, levante mi cabeza, y siquiera pregunte lo que sucede en casa.

Por consiguiente, ya no extrañará Ud. que me proponga hacer algunas ligeras observaciones sobre la forma de gobierno más adaptable al estado peruano, según su extensión, población, costumbres y grado que ocupa en la escala de la civilización, a pesar de que no poseo, ni los talentos, ni las luces necesarias, ni que las circunstancias de mi quebrantada salud me permiten traspasar los límites de una carta. Mas, sí tendré mucho cuidado en omitir todo lo que huela a erudición insípida e impertinente, respecto de que no se trata de ostentar lo que se ha leído, ni cubrir con apóstrofes y exclamaciones lo que se ha dejado de leer. Ventilamos una cuestión práctica y trascendental a generaciones enteras, y que, si se resuelve con otros datos, que no sean tomados de las mismas cosas, según naturalmente vengan, somos perdidos, sin que ningún poder humano pueda remediarlo. Así, pues, desde este instante: fuera pasiones viles de adulación o de interés: lejos de mis afecciones particulares, esperanza y temores: y cuanto pueda empañar el esplendor de la verdad. No es esta una negociación de gente privada, ni se ha propuesto esclarecer la sucesión de un mayorazgo. Como seamos establemente libres: como nuestra tierra llegue al último punto de engrandecimiento: como acumule toda su riqueza, y se desenvuelva a influjo de gobierno el genio de la industria, y del comercio, y de la agricultura sobre su fértil suelo: como se afiance el procomunal perennemente: como la fatal discordia aparte de nosotros su formidable tea, bajo una administración adecuada al mínimum de nuestros males, y al máximun de nuestros bienes; y como por fin gustemos en dulce contentamiento los frutos de tan costosos sacrificios, a la sombra del árbol de la independencia; he allí el objeto de todas nuestras inquisiciones. Y todo lo que le sea incongruente, que se separe, y vaya a entretener la afición de viles egoístas, de infames mercenarios […].

2.- Y segundo tema, un poema de Vallejo, nuestro gran creador, que José Miguel Oviedo había situado “entre la agonía y la esperanza”. Oviedo, como sabemos, ha dirigido la colección Historia de la literatura hispanoamericana. Aquí nos detendremos en el volumen 3, “Posmodernismo, vanguardia y regionalismo”. Limeño, literario, profesor universitario en la PCUP y luego en Inglaterra y Estados Unidos, era un gran crítico literario que les recomiendo que lean. Desconocer la historia y no darla a conocer es la prueba que vivimos en otro siglo. Pero dejemos de lado nuestros vicios y recordemos Los heraldos negros de 1918, poemas que escribió en su etapa limeña y son 69. De ellos, Oviedo dice que “son de desigual extensión e intensidad poética, con una tensión interna”: por un lado, una “tendencia decorativa y sentimental” influida por el modernismo, y por otro, “su acento personal, mucho más despojado, auténtico y dramático, capaz de sugerir ambiguos estados existenciales sin tener que describirlos”.

Al callar la orquesta, pasean veladas

sombras femeninas bajo los ramajes,

por cuya hojarasca se filtran heladas

quimeras de luna, pálidos celajes

(“Nochebuena”)

Prenderé para Tilia, en la tragedia,

la gota de fragor que hay en mis labios,

y el labio, al encresparse para el beso,

se partirá en cien pétalos sagrados.

Tilia tendrá el puñal,

el puñal floricida y auroral!          

(“Ascuas”)

Pero el poema que refleja “la esencial anomalía de la voz vallejiana” según Oviedo, es “Los heraldos negros”, cuya estrofa inicial es “del todo irregular”:

Hay golpes en la vida tan fuertes…¡Yo no sé!

Golpes como del odio de Dios, como si ante ellos

la resaca de todo lo sufrido

se empozara en el alma… ¡Yo no sé!

“Obsérvese —dice Oviedo— que Vallejo no menciona el dolor o su causa, sino su efecto. Este procedimiento metonímico configura el poema como una estructura montada para conmovernos y convencernos de la inevitabilidad del dolor: esos golpes son los ‘heraldos negros que nos manda la muerte’; presagios del mayor dolor de todos y el más inevitable. Venimos aquí a sufrir y a morir”.

El gran Vallejo…

Publicado en El Montonero., 9 de enero de 2023

https://www.elmontonero.pe/columnas/textos-peruanos-para-conocer

Individuos e individualismo

Written By: Hugo Neira - Ene• 02•23

En todas partes, en El Cairo, en la España de Los Indignados a Ciudadanos y Podemos, en el Chile de las marchas juveniles para obtener una educación de calidad y lo más gratuita posible, y en el Perú, en algunas tendencias que se expresaron tanto en las redes como en la calle, han aparecido grupos grandes de jóvenes. No los llamaré de otra manera, hasta que cuajen en una u otra organización estable. Una cosa es un individuo formado, con una conciencia personal y capacidad de duda. Otra es formarse en una masa, religiosa o ideológica. En nuestro continente, es más poderosa la tendencia a la masa que la tendencia al individuo, que es más libre.

Hasta ahora, da la impresión de que son como varias corrientes, unos han perdido la confianza en los partidos institucionales y se acercan más bien a formas de representación política directa, ocupando ellos mismos espacios políticos. Quieren cambiar las cosas. Y quieren ser parte de eso que emerge. Sin duda alguna, esos comportamientos coinciden con lo que diversos pensadores han expresado, y que hemos recogido en escritos anteriores. Por ejemplo, el filósofo francés Marcel Gauchet ha sido uno de los primeros en observar una mutación social en los individuos, y lo viene diciendo y escribiendo desde los años ochenta. Entre tanto, tres fases de renovación han acontecido, sociológica, jurídica y psicológica. Desde hace más de treinta años. Convendría conocer mejor ese despertar en los hechos y los estudios en torno a ellos. Eso ocurre en Europa. Convendría también considerar como “viejo mundo” a ese continente por su evidente ebullición intelectual. No es viejo lo que no para de renovarse y alerta de los cambios de nuestra época, observando la realidad con una actitud crítica, es decir, diciendo en qué es positivo o dañino para el ser humano. Cuidado con el ‘viejo mundo’, todos los cambios mentales vienen de Europa y vienen modificándose constantemente.

Para el antropólogo Louis Dumont, la emergencia del individuo se sitúa al final del Medioevo (Essais sur l’individualisme, de 1983). Tres años más tarde, en su obra Sur l’individualisme (En torno al individualismo), los sociólogos Pierre Birnbaum y Jean Leca introdujeron una aclaración que permite enfocar el individualismo en sus tres aspectos: ‘descriptivo’, ‘justificativo’ y ‘explicativo’. Así tanto lo que lo caracteriza y lo que lo legitima como el individualismo metodológico se encuentran lógicamente separados.

Hubo, pues, una explosión de trabajos. Debemos deplorar que la gran mayoría están en francés y como no vienen en inglés —aun si las universidades americanas los conocen—, no son recuperados por el mundo académico latinoamericano, con la excepción de Brasil, México y Argentina. Voy a citar solo algunos de esos trabajos de investigación. Son de ciencias sociales la mayoría de ellos y no faltan los de filósofos, educadores, etc. Por ejemplo, de Nicole Aubert, L’individu en quête de soi, Seuil, 1991 (El individuo en búsqueda de sí mismo). De Bernard Lahire, L’homme pluriel, 1998 (El hombre múltiple o plural). De Alain Renaut, La era del individuo, de 1993. De Jacques Van Rillaer, La gestion de soi (La gestión de sí mismo). De Alain Ehrenberg, L’individu incertain, 1995 (El individuo incierto); Le culte de la performance, 1991 (El culto del éxito); La fatiga de ser uno mismo, depresión y sociedad (2000). Un canadiense, Charles Taylor, ha publicado Les sources du moi. La formation de l’identité moderne, en 1989. (Las fuentes del yo. La formación de la identidad moderna). En el seguimiento de los estudiosos en Ciencias Sociales de ese fenómeno que ha aparecido en Europa desde 1968 (el movimiento de Mayo de 1968), se nota que como actitud se ha hecho menos ideológica, más variada y extensa, y lo que importa es que se está atribuyendo valores al individuo y a su particularismo, con finalidades morales, sociales y políticas que, por lo general, se atribuían a los movimientos de clases y de partidos. El fenómeno no ha concluido de expresarse. Pensadores como Danilo Martuccelli sostienen que se está produciendo otro tipo de modernidad. (De Martuccelli, que ha publicado mucho en francés, podemos citar ¿Existen individuos en el Sur?, editado en Santiago por LOM en el 2010).

Sin embargo, hay un reparo y una confusión. Poco tiene que ver este movimiento con lo que se llama la ideología del individualismo. Muy anterior y de corte económico y comercial. Es pues también cierto que otra figura del individualismo ha emergido, la del sujeto replegado sobre sí mismo, egoísta, lo más autónomo posible, pero incierto como lo ha llamado Alain Ehrenberg. Este repliegue se paga gravemente por una suerte de inquietud existencial, hasta llegar a “la fatiga de sí mismo”. En los Estados Unidos, estos síntomas aparecieron desde los años setenta, y Richard Sennett explica, en un libro traducido al castellano y editado por Anagrama, “la fragmentación social, la fractura entre el éxito personal y el progreso social”, en pocas palabras, “la deriva no progresista de la cultura neocapitalista” (La cultura del nuevo capitalismo, 2006). Por si acaso, Sennett no es algún admirador del chavismo, es un sociólogo norteamericano que enseña en la London School of Economics, y me parece que también en Nueva York, lo que no le impide observar lo que llama “la corrosión del carácter”. En suma, la nueva modalidad del capitalismo y el consumo a niveles narcisistas que sobrepasan todo lo conocido en la historia de la vanidad humana, resulta algo muy inquietante. Y no por nuevo, bueno.

Esta nota bibliográfica ya no es una descripción neutral sino un juicio de valor. Uno tiene la obligación de ser objetivo, pero también tiene derecho a decir que un tipo de fenómeno social puede ser perfectamente parte de un efecto perverso. Compramos acaso en exceso ropas distintas y cosas banales para ser algo, para identificarnos. Y lo que ocurre es lo contrario: somos parte de un fenómeno de alienación. De algo muy conformista, cuando parece inconformista. Algo que la conciencia ecológica naciente está tratando de cambiar.

O sea, individuos libres y autónomos, sí. Individualismo desarticulado de la sociedad y con una cultura superficial, no. La teoría del individuo libre es una cosa, la ideología del individualismo es otra. Hay que decirlo, para no prestarse a confusiones.

Un Feliz 2023 a mis hermanos peruanos. De ellos no me olvido, aunque esté en otro lugar del planeta. Veo y estudio otros países siempre pensando en el mío, en el Perú.

¡Cuatro operaciones, os sustraigo

para salvar al roble e hundirlo en buena ley!

¡Cuestas en infranganti!

¡Auquénidos llorosos, almas mías!

¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo,

y Perú al pie del orbe; yo me adhiero!

(César Vallejo, “Telúrica y magnética”)

Publicado en El Montonero., 2 de enero de 2023

https://www.elmontonero.pe/columnas/individuos-e-individualismo

Weber, Iberoamérica y el patrimonialismo

Written By: Hugo Neira - Dic• 19•22

Hace poco he recibido un libro de amigos europeos. Uno sobre Max Weber. Max Weber en Iberoamérica, de Álvaro Morcillo Laiz y Eduardo Weisz, editores (FCE de México, 2016). A Weber lo conocemos desde su estudio de la economía, la política relacionada con las éticas religiosas. Pero esta vez, sus herederos intelectuales se interesan por Iberoamérica. Weber, nacido en Erfurt, Alemania, en 1864, en una familia de industriales protestantes, establece en 1905 el principio de La ética protestante y el espíritu del capitalismo y desde entonces, deja de lado a Hegel y a Marx. A Weber le interesa la dominación de la actividad social y la dominación de las religiones sin por eso dejar del todo de lado a Marx. Es solo que se interesa por la ética y no tanto por los actos racionales, o sea todo aquello que es emocional, acercándose a la psicología, también llamada ‘ciencia de las emociones’. Pero Weber no había llegado a Iberoamérica. De ahí nuevas interpretaciones. Al final de este texto, nos ocuparemos del concepto de weberiano para nuestro continente, una formación especial de repúblicas y el patrimonialismo como forma de gobierno. Abunda en nuestros mundos. Pero, a diferencia de Marx, no hay partidos políticos weberianos.

Entre tanto, un par de temas, unos libros sobre el poder económico.

Primero, el ensayo de Carlos Malpica, Los dueños del Perú (Peisa, 1964). Hombre de izquierda, ingeniero, autor y político nacido en Chota (1929) y fallecido en Lima en 1993, su obra describe una estructura del poder económico que permaneció por decenios. Fue todo un éxito, cuenta 13 ediciones entre 1964 y 1984, 100 mil ejemplares vendidos. Pero después de Velasco, el poder económico pasó a otras capas sociales del Perú, tuvo que  actualizar su texto por los cambios consiguientes a las reformas del gobierno militar. Por ejemplo, “las Grandes Empresas Agrarias han desaparecido como grupo de poder”. Y los grupos de poder vinculados a nuevas actividades, entre los cuales los que no son dueños de los medios de producción pero ejercen gran influencia, los directores y tecnócratas de empresas estatales (prólogo a la edición de 1984). Nos dice: “Si el proyecto resulta rentable y beneficioso se atribuyen el éxito; si es un fracaso (como lo son muchos) nadie asume la responsabilidad y el país es el que paga las consecuencias. Por ejemplo, el presupuesto de Petro-Perú llega a más de la mitad del presupuesto nacional, incluidos gastos militares; si a eso se agrega la influencia de sus ejecutivos en el otorgamiento de contratos de exploración y explotación de nuestro petróleo, se comprenderá que constituyen un real grupo de poder con dominio superior al de muchos antiguos ‘Dueños del Perú’ y casi sin ninguna responsabilidad.”

El segundo libro es de Francisco Durand, Los doce apóstoles de la economía peruana, una investigación valiosa (Fondo Editorial PUCP, 2017). Tiene un PhD en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Berkeley en California, y es sociólogo por la PUCP, la Universidad Católica del Perú. Asesor y consultor para el Banco Interamericano de Desarrollo, el Centro Interamericano de Administración de Impuestos y la Universidad de Oxford. Hoy es profesor principal de Ciencia Política y Gobierno en la Católica y ha sido profesor de Ciencias de Política en la Universidad de Texas de San Antonio. Es autor de libros en el Perú y el exterior sobre la proyección de los empresarios a la política. Por haber vivido y estudiado en los Estados Unidos, nos atrevemos a decir que tiene esa visión global  que tanto los académicos como los políticos locales no tienen, por lo cual entendió que después de 1968, después del periodo oligárquico, el país se había organizado desde sus nuevas fuerzas y emergieron grandes empresas (sobre todo en la sierra). Desde entonces, tanto Durand como la prensa misma les han señalado como los “apóstoles» de la economía del siglo XXI.

Algo muy importante ocurrió y ha cambiado el rostro del Perú.  El poder económico  no está solo en Lima sino en las alturas de los Andes. Las inversiones no solo son los son los grupos limeños y de la costa sino grupos de cholos con empresas, como los Añaños de Ayacucho, o los Huancaruna de Cajamarca. Esa emergencia andina reciente me parece un gran cambio. Ya no se puede decir que los dueños del Perú son los grupos limeños. Esos grupos de poder económico (GPE) son a menudo llamados “poderes fácticos”. La revolución que Carlos Malpica esperaba entre 1956-1962 no ocurrió, sin embargo los grupos estudiados siguen pero ya no están solos. Hoy, el capitalismo y el libre mercado es asunto compartido entre capitalinos y provincianos.

“La presencia actual de los grupos provincianos emergentes como parte de la cúpula del poder económico constituye un hecho histórico de la mayor importancia: solo a partir del XXI tantos empresarios de este tipo social llegan tan alto. Esta situación expresa una democratización económica” (p. 210). Pero “como no se sabe de dónde sacaron tanto dinero”, Durand especifica lo siguiente: “el mercado y la política se ha democratizado al punto de que empresarios provenientes de clases sociales medias provincianas o de clase popular, algunos de ellos migrantes, se inician en los negocios, se enriquecen, tienen fama de grandes y poderosos empresarios, pueden formar o apoyar partidos políticos, pero no se integran a los niveles más altos del poder limeño ni a la alta política, a pesar de que tienen grandes fortunas.” (p. 211) Así, en el Perú, tenemos “dos grandes élites económicas poco integradas lo que les resta fuerza en la defensa de sus intereses” (p. 212).

Reproducimos la lista de los ‘doce apóstoles’ que la mirada social de Durand nos presenta para mostrar los pasos dados luego de dos siglos con dos repúblicas (los dominantes y el inmenso Perú cholo), hasta que se logre una república de ciudadanos para todos.

«Una mirada social a los grupos de poder limeños y provincianos

Grupos limeños establecidos:

  1. Benavides (Buenaventura, Yanacocha)
  2. Graña y Montero (GyM)
  3. Brescia (Inversiones Breca, BBVA)
  4. Ferreyros (Ferreycorp)
  5. Rodríguez-Pastor (Intercop)
  6. Romero (Credicorp, Alicorp)

Grupos provincianos emergentes:

  • Rodríguez (Gloria, Arequipa)
  • Añaños (Ajegroup e ISM, Ayacucho)
  • Dyer (Dyer & Coriat, Pucallpa)
  • Acuña (Universidad César Vallejo, Cajamarca)
  • Huancaruna (Altomayo, Cajamarca)
  • Flores (Tiptop, Huancavelica)»

Las nuevas burguesías son un gran paso. Al tener dinero, podrán educar a sus hijos, llevarlos a las mejores universidades. El dinero cambiará la mentalidad de las familias del mundo campesino y obrero. Con él empieza la metamorfosis de la cultura andina. Es lo mejor que ha ocurrido, no se sabe mucho y es bueno repetirlo. De esa burguesía emergente luego saldrán sociólogos, historiadores, científicos, filósofos pues sin dinero no se alcanza a llegar a las cumbres de la vida intelectual. Hay que leer y viajar, es necesario para entender cómo emergen las potencias (India, China, Japón). Entender que necesitamos una ética y una filosofía propia, nuestra, a la vez local y universal.

Volviendo a Weber, se ocupa de la historia antigua y con ella, de la lengua alemana, las ciudades urbanas y rurales. Y de ahí, un acercamiento a la sociedad colonial, por cierto de los rasgos de la dominación española en América, por investigadores latinoamericanos. En la página 432 de Max Weber en Iberoamérica, los autores describen por completo la relación entre el gobierno urbano y la burocracia patrimonial. “Aunque derivado del feudalismo ibérico, el régimen colonial tuvo que acomodarse a las condiciones de las nuevas sociedades de ultramar. Estas se sedimentaron muy pronto en un sistema de castas que difería de la sociedad matriz en aspectos importantes. Españoles y naturales estaban obligados por ley a morar en sus respectivas repúblicas, pero la dependencia de la mano de obra nativa obligó a que las ciudades de españoles se rodeaban de barrios o pueblos de indios. La reducción de los nativos a formas de vida urbana semejantes en apariencia a las castellanas generó procesos sociales con características propias.” El autor se fijó en que “los Cabildos indígenas gozaron de cierta autonomía, pero la oposición entre las instituciones del cacicazgo, el municipio y el corregimiento corría necesariamente en detrimento de los indios del común (…) La estructura de la dos repúblicas institucionalizó en la América colonial formas diferenciadas de subordinación a la Corona, ya que los indígenas, aunque reconocidos como súbditos, estaban afectados por un estatuto de minoridad y sometidos a un régimen tributario específico. De hecho, dado el acelerado proceso de miscegenación y migración interna, la categoría de indio terminó por definir ante todo un estatuto fiscal y personal más que directamente étnico.” (…) “Para el estamento criollo, alimentado por las sucesivas oleadas migratorias, la posesión señorial de la tierra  y el tránsito generacional del comercio al latifundio constituían la principal fuente de prestigio y la certificación de su ascenso en la escala social” (Francisco Colom).

Weber nos entregó el concepto de Patrimonialismo. No es americano, viene de las ciencias sociales europeas, su raíz está en el siglo XVIII. “El Código Civil prusiano de 1794 contempla la jurisdicción patrimonial, que se halla vinculada a la posesión de un bien; esta disposición relativa al derecho de propiedad sobre lo que en principio son derechos públicos se basa también en la teoría del Estado patrimonial, considerado, en algunas obras teóricas sobre el Estado de finales de del siglo XVIII, como una peculiaridad de las circunstancias constitucionales alemanas” (Stefan Breuer). “Es una forma de gobernabilidad en la que todo el poder fluye directamente del líder. Estos regímenes son autocráticos u oligárquicos y excluyen del poder a las clases media y alta” (Wikipedia). En la sombra de otras fuerzas, está en Weber, a diferencia de Karl Marx, todo eso que es emociones, sentimientos, algo que en castellano se le llama las ciencias de las emociones, o behaviorism en inglés.  

En la palabra patrimonial está siempre el concepto de padre. Una forma de relación como la  tuvieron las juventudes alemanas con Hitler. Algo más que el Jefe. El patrimonialismo es un sistema de poder concentrado en una o pocas personas que manejan todos los bienes de la sociedad como si fuesen su propiedad personal. Para el patrimonialismo en el Perú, dejo un ejemplo. Hemos visto el convencimiento, hasta la fe, del líder que cree que los peruanos quieren tener un poder centralizado en manos de unos pocos. Por lo general, no les gustan los gobiernos parlamentarios, pues no entienden la separación de los poderes.

Una versión corta de esta columna fue publicada en El Montonero., 19 de diciembre 2022

https://elmontonero.pe/columnas/weber-iberoamerica-y-el-patrimonialismo