Edgar Morin en el Perú

Written By: Hugo Neira - Oct• 25•21

Eso ocurrió en junio del 2007. Cuando llegó, era el Director emérito del CNRS (Centro Nacional de la Investigación Científica), en Francia. Morin es un inmenso pensador e investigador. Siendo sociólogo y filósofo, siguió estudios de biología en el Salk Institute for Biological Studies. Morin sostiene que para comprender tanto al ser humano como a las sociedades, es preciso la confluencia entre la antropología social y las ciencias biológicas. De esta interdisciplinariedad tratan sus libros. Cuando llegó al Peru, ya había publicado su gran obra, La Méthode, que son 6 volúmenes traducidos al castellano (El Método). Morin insiste en que las ciencias de la naturaleza y del hombre no solo deben ser paralelas a los otros conocimientos de nuestro tiempo como la cibernética y la genética, sino cruzarse. Y en esos estudios ha encontrado lo que llama la «complejidad». Tal como siglos atrás Isaac Newton, continuando a Galileo, pudo explicar la caída de los cuerpos descubriendo la ley de la atracción universal, más tarde Darwin (1809-1882) —el autor de la Teoría de la evolución de las especies—, descubrió que lo viviente evoluciona con pequeños cambios que resultan ser importantes. Es cierto que se había adelantado Lamarck pero Darwin había insistido sobre el mecanismo de la «selección natural», para decirlo sencillamente, la lucha de los individuos y las especies por adaptarse a la ecología.

Pues bien, volviendo a Morin, dado el encuentro con la complejidad, el pensamiento de nuestros días solo puede ser una ciencia completa si se produce una reforma del pensamiento. Lo que considera necesario es otro paradigma. Otro modelo. Busca otra forma de matriz que implicaría un conjunto de conocimientos con conocimientos, vinculando soluciones concretas. Con Thomas Kuhn —el pensador de las revoluciones científicas (1962)—,  los paradigmas cambian cuando la sociedad cambia, cuando las mutaciones, tanto técnicas como morales y creencias, los vuelven inviables. El nuevo paradigma, en el siglo XX y el actual, es una era de turbulencias políticas, de grandes crisis —incluso en las sociedades con innovaciones técnicas regulares­—, pero en lo geopolítico, se producen descomposición y hundimiento de las certidumbres de los regímenes capitalistas o comunistas.

En cuanto a la visita de Edgar Morin, en los cortos días que estuvo en nuestro país, recibió un homenaje de la Asamblea de Rectores, de la Universidad Ricardo Palma, de la Universidad San Marcos, de la Derrama Magisterial y de la Biblioteca Nacional. Luego viajó a Chiclayo. Todos estos actos no pudieran haberse llevado a cabo sin el esfuerzo de la Embajada de Francia y la participación de Nelson Vallejo-Gómez, entonces agregado de Cooperación Universitaria de la misma embajada. Hoy Nelson, gran amigo del Perú, ocupa un rango alto en el Ministerio de Educación francés.

Explicaremos a continuación dos puntos. Primero, qué es un paradigma. Y en segundo lugar, la importancia de otro paradigma en particular para comprender las sociedades  como las nuestras.

1. Un paradigma en general, en el campo de las ciencias sociales, puede definirse como «una imagen de toda la sociedad. Es una representación global que sirve de punto de referencia; ordena y jerarquiza las representaciones de los diferentes campos y sectores sociales»  (Léxico de la política, FCE de México). El riesgo es que se conviertan en una matriz disciplinada. Ahora bien, las sociedades que aspiran a tener justicia social y a la vez, libertad de expresión, existen. Pero para Morin, las ideas son tan variadas como las aves y por ello habla de unas «ecologías» de las ideas, presentándose enfrentadas entre sí cultura y conocimiento.

2. Por eso es que ha llegado al océano de la complejidad. Lo real es complejo. Se necesita trabajos interdisciplinarios pues el desorden mismo es creador de vida, el paradigma de la complejidad toma en cuenta el azar. Edgar Morin irrita a algunos y a otros les parece fascinante. Filósofo, sociólogo, estudioso del hombre en toda su esencia, es alguien imposible de clasificar. Pero hace más de 20 años que para comprender a los seres humanos estudia sus ideas, sus pasiones, con datos de la antropología, la biología, y es así como las disciplinas de lo humano se juntan en un paradigma nuevo, complejo, que va desde la economía, los hábitos sociales, creencias, religiones, hasta las ideologías, el modo de vida.

Para Morin no hay un solo «espíritu» sino varios. La idea de lo político le acompaña pero no es lo único. No es un ideólogo sino alguien que junta las diversas disciplinas del hombre y la naturaleza. Las maneras como se articulan las sociedades. Nuestro tiempo es muy complejo. Dicho de otra manera, no basta una sola disciplina científica sino varias. Nos explayaremos más en el próximo artículo sobre el paradigma de Morin. Lo complejo no puede reducirse a una sola causa. Por ejemplo, hay conflictos en países avanzados que no tienen que ver con la pobreza. Es por otras causas.

Morin ha cumplido hace poco 100 años, y dice de sí mismo que es «un universitario incompleto».

Publicado en El Montonero., 25 de octubre de 2021

https://elmontonero.pe/columnas/edgar-morin-en-el-peru

Placas tectónicas y el Perú

Written By: Hugo Neira - Oct• 18•21

Una amiga, que sigue mis textos, me dice que repito algunas de mis ideas. Es cierto, acaso para que tomen en cuenta cómo entiendo el Perú contemporáneo. La idea de las «placas tectónicas» es una metáfora  en uno de mis libros. Uno editado en el 2019, titulado El águila y el cóndor. México/Perú. Tiempos modernos y contemporáneos, publicado por la editorial universitaria Ricardo Palma. Es una comparación de la historia de dos sociedades. La mexicana y la peruana. Y ante el hecho que, en México, hubo una revolución en 1910, y en el Perú, revoluciones ocultas. La idea de las placas tectónicas proviene de la geología. Y en ese libro explico dos modificaciones en el mundo andino peruano en el siglo XX. La primera placa tectónica con la migracón interna, del campo a las zonas urbanas. De modo espontáneo, los provincianos y campesinos indígenas dejaron los Andes para entrar en la modernidad de las ciudades y luego dar el salto a la capital, que desde entonces está poblada por emigrantes provincianos y herederos de la cultura indígena. En el mundo urbano, cambiaron sus oficios y acaso sobrevivieron por las virtudes de su tenaz capacidad de trabajo y autorganización, para sorpresa de todos. Estamos hablando de la capa social llamada «informales». Un historiador habló de las «ojotas porfiadas» —ojotas son un tipo de zapato ligero y útil—, ojotas indígenas pero rebeldes, que se han trasformado, se volvieron mercaderes en el mercado libre.

Pero hubo una segunda modificación. La reforma del agro en 1969. El poder desde arriba (un gobierno militar) hizo cambios gigantescos. Desaparición de los feudos y de una capa social de terratenientes que, desde el siglo XIX, había arrancado la tierra a los indígenas andinos. Todo esto nos lleva a un caso original: unas  revoluciones ocultas del Perú contemporáneo. Luego vino la economía de mercado. Todo esto es una transición tanto política como social, interminable. Lo que sigue está en el libro citado, páginas 491-501, justo antes de un epílogo, sincero.

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Las placas tectónicas. O revoluciones ocultas del Perú contemporáneo

Cuestión previa

En este capítulo, se intenta imparcialmente abordar algunos hechos sociales contemporáneos que explican la transformación de la sociedad peruana. Pero tenemos una dificultad. Hace diez años Héctor Béjar dijo lo siguiente: «el silencio de hoy a los cuarenta años de la Reforma Agraria es la mejor demostración de su importancia». Hoy se cumplen cincuenta años y el silencio es más poderoso que nunca. En cambio, esa revolución sin sangre es comentada en el extranjero con una mirada objetiva que no se practica en Perú. Prisionero de lo que se llama un sistema de pensamiento «cerrado». En consecuencia, hemos tomado la decisión de recurrir a fuentes y enjuiciamientos no de peruanos sino del extranjero. Con una excepción. La información que proviene del INEI (Instituto Nacional de Estadística). Dejemos, pues, que hablen las cifras y los censos. 

A los peruanos nos ha obsesionado la revolución que no hicimos, para unos, por inevitable temor. Las revoluciones no pueden impedirse ser sangrientas y suelen desembocar en nuevos y elaborados despotismos. A otros, porque nos parecía inevitable. Hubo gente que quería el poder total, pero hubo también gente generosa que estaba dispuesta a dar su vida para que acabase la iniquidad de la vida peruana. Pero la gran noche de la revolución, no ocurrió nunca. Hubo guerrillas, invasiones de tierras, y Sendero Luminoso, pero eso no es ni 1789, ni 1917, ni 1910, ni la entrada de Fidel Castro a La Habana. Y sin embargo, el país ha cambiado. Se removieron las bases de la sociedad misma. Por eso preferimos utilizar una metáfora de orden geológico y estructural: las placas tectónicas. Los geólogos las estudian porque forman las dorsales oceánicas y las cadenas submarinas. Lo que vamos a describir ocurre en el abajo de lo peruano.  

El uso de esa metáfora nos conviene. La revolución, como transformación política, en la definición corriente (Enciclopedia Oxford de Filosofía) hace pensar en cambios radicales de un Estado, de un régimen y del orden social. Algo que fermenta mucho tiempo pero estalla en corto plazo, Diez días que estremecieron al mundo, de John Reed.  Lo que vamos a señalar es como las placas tectónicas, un tiempo lento, hechos reales y decisivos, no significan en lo inmediato un cambio trascendente en la sociedad. Es el caso del cambio producido en la demografía y la organización social peruana. Estamos hablando de la gran migración del campo a la ciudad. De los Andes a la costa. Un tiempo largo. En «una dinámica demográfica de la población peruana en las últimas cinco décadas». De una transformación que se ha realizado delante de nuestros ojos. Tan importante que solo la comparan con el «descalabro demográfico de la sociedad prehispánica como consecuencia de nuevas enfermedades y la desarticulación del Estado inca». En cambio, «el siglo XX, está marcado por el signo opuesto: la explosión demográfica y una rápida urbanización». 1

1. Migración interna. De las ojotas rebeldes a la choledad empresarial

Nos atrevemos a usar el  concepto de cholo, no como insulto, sino como reconocimiento social. Las cifras nos permiten un punto de vista objetivo y racional. En 1940 el 70% de la población del Perú era rural. Hoy es todo lo contrario. En el 2017, la población urbana es mayoritaria en todos los departamentos del Perú. No solo en la costa sino en sierra y selva. Hoy, el 76% de los peruanos reside en localidades urbanas. La migración interna es un acontecimiento inmenso. Por la sencilla razón que ocurre cuando la población total alcanzó su mayor tasa de crecimiento. En cifras globales, en 1961 había 10’217’500. En el 2007, había aumentado a 28’220’700. Desde entonces, la tasa anual ha disminuido. El Perú ha hecho su transición demográfica. Es por eso erróneo creer que la migración del campo a la ciudad ha disminuido la población rural. «Entre 1961 y 2007 la población rural aumentó en poco más de 1,4 millones de personas.» 2 ¿Qué significa esta migración interna de los últimos cincuenta años? Lo que sigue se apoya en los censos de población realizados en 1940, 1961, 1972, 1981, 2005, 2007 y 2017.

Una transformación sin precedentes. Se urbaniza la sociedad. La capital, Lima, en 1940 —cuando se inicia el exodo rural hacia la capital— contaba con 645’172 habitantes. En 1961, viente años más tarde, la población es de l’845’910. En 1993 llega a los 6 millones. Hoy, en el 2018, alberga 9 millones. Respecto al resto del país, Lima metropolitana ha pasado de 9,4% en 1940 a 28,4%. Pero sería un error pensar que despuebla la capital a las ciudades costeñas o serranas. La distribución (voluntaria) de población del campo a la ciudad hace crecer también a otras urbes. Y el INEI (Instituto Nacional de Estadística e Información) señala que en los días que corren, las ciudades del interior crecen a una tasa superior a la de Lima. Estamos hablando de un proceso de modificaciones, tanto económico y social como cultural, en curso. Además, hay que decir que lo urbano se acompaña de otro cambio significativo. Los peruanos de hoy viven más bien en la costa que en la sierra o la selva. En la costa, reside el 55%, en la sierra el 29,6%. La selva sigue siendo poco poblada. Hay que decir que es la primera vez que en tres mil años, la sierra deja de ser el centro nuclear del Perú histórico. Estas mutaciones no nos impiden decir que todavía la peruana es una sociedad muy fragmentada. Por ejemplo, la pobreza monetaria afecta a un 21,7% de la población. Sin embargo, entre 2007 y 2017, cerca de 6 millones de personas dejaron de ser pobres.  

Otro cambio gigantesco. Analfalbetismo y alfabetismo. En 1940, un 57,6%. Que pasó en 1961 a 38,9 %, y en 1981 se reduce a 18,1%. En el 2017, habría solo un 6%. Por lo general, población de adultos mayores y que viven en lugares alejados. Hay debate sobre lo actual: según diversos estudios, consideran que queda un 13% de analfabetos. Departamentos como Huánuco, Ayacucho, Huancavelica, oscilan entre 14% a 11%. Y siempre hay más mujeres analfabetas que varones. Pero se puede decir grosso modo que la población peruana es ahora urbana, costeña y alfabeta. Es innecesario insistir en el impacto de esas modificaciones que llamamos la dinámica de las capas tectónicas. Es decir, la población misma.

Los peruanos conocen estos cambios o creen conocerlos. Los han percibido como la aparición en la capital de migrantes andinos o provincianos. Y con ellos, varios eventos inesperados, toma de tierras eriazas, aparición de las barriadas (transformadas, con la ayuda del tiempo, en distritos). Gente que construye sus propios hogares, al inicio choza en los arenales costeños, luego casa propia. Matos Mar llamó la atención de esa mutación. Y Hernando de Soto explicó, muy tempranamente, ese comportamiento social de los recién llegados (El otro Sendero: la revolución informal, 1987). No por azar la subtitula, «la revolución informal». Los «cholos» bajados de las alturas andinas  ocupaban terrenos, organizaban sus calles y plazas, se inventaban sus propios oficios. Nace con ellos el autoempleo, la autoconstrucción y el autogobierno. Son a la vez el éxito, por ejemplo, Villa el Salvador, y la informalidad, con todo lo de positivo y negativo que la habita. De Soto encuentra en ellos el inicio de un capitalismo venido desde abajo. Aníbal Quijano anuncia el nacimiento de una sociedad cholificada. En efecto, Norma Adams y Jürgen Golten, en Los caballos de Troya de los invasores, encuentran la clave de ese asombroso éxito popular. Los excampesinos llegan a la gran ciudad con el «poder simbólico» (Cf. Bourdieu). Es decir, sus costumbres. Provienen de un patrón de comportamiento andino, cauto en los gastos, prudente porque la tierra como las lluvias son precarias, y con una moral del trabajo y la austeridad (que era milenaria). Al punto que la antropóloga Adams les encuentra un parecido a los pioneros americanos, y lo dice: «no saben que lo son, pero son protestantes». La migración confirma una de las tesis de Max Weber. El capitalismo había aparecido con la Reforma y desde abajo. Los calvinistas alemanes eran sobrios y ahorrativos. Los invasores andinos también lo fueron, en las dos primeras generaciones. Lo suficiente para prosperar por cuenta propia. Hoy sus nietos o tataranietos son parte del país consumista que es el Perú actual. Su cultura ha cambiado, es chicha, es achorada, es otra cosa. Y es otro tema. Aquí explicamos el génesis y no el apocalipsis.

Con la migración interna, ha ocurrido algo mayor que una revolución, que suelen ser políticas y en consecuencia, visibles. Lo que hemos descrito, tomó tiempo, y para muchos, tomaron como natural un hecho voluntarista, pero anónimo, discreto, improvisado, y eficaz. De abajo vino el vendedor ambulante, luego los mercaditos callejeros, luego la tienda propia, la empresa, los emprendedores populares. Sin la emigración, nada de eso existiría. Si esto no es una revolución social, que baje Pedro y lo vea.

2. La segunda placa tectónica. La reforma del agro en 1969

La segunda placa téctonica ocurre en 1969. Desaparece el gran latifundio y lo que los peruanos llamaron desde los años veinte, el gamonalismo. Pero ese acontecimiento, la entrega de tierras que les pertenecía a los campesinos, es un tema inabordable en el Perú actual. Se sigue diciendo que la reforma agraria de Velasco fue un fracaso, mientras los peruanos van a los supermercados a comprar camote, olluco, yuca, habas verdes, cebada, choclo y carne de ave, de ovino, porcino, y leche fresca, producción que ya no proviene de los latifundios. Muchos de los actuales propietarios de tierras son hijos y nietos de los antiguos arrendires y peones. Pero la ideología dominante niega esos cambios en el mundo rural que sin embargo, los alimenta. Por eso —con la excepción de la estadística del INEI— hemos dicho que acudimos únicamente a la información externa. Ingleses, franceses, americanos que admiten esa reforma como un paso decisivo a la modernidad. Para otra ocasión, la historia de la contrarreforma agraria.

¿Cuál es la situación actual? Según el INEI, el número de unidades agropecuarias es de 2’128’087, y con ello, ocupando una superficie de 7’125’008 hectáreas (2016). Tomando en cuenta el régimen actual de tenencia, hay 2’213’506 unidades agropecuarios.3 Que se descomponen en 1’516’888 propietaros, unos 256’387 comuneros, 94’244 arrendatarios. Y posesionarios 94’063. Un análisis más preciso, con propiedades de cien o más hectáreas, hay 18’813 propietarios, entre las cuales aparecen también 1’336 comuneros. ¿Qué es lo que ha desaparecido en este censo de propiedades, que va desde pequeñas empresas a grandes propiedades? Ha desaparecido lo que se llamaba el latifundismo. Un sistema de propiedad precapitalista desaparece por obra de una ley, la n°17716. Y desde un gobierno militar que llegó al poder mediante un golpe de Estado. El lector puede comprender lo renuente que era la sociedad peruana a romper el sistema de dominación de los hacendados precapitalistas, que tuvo que ser una dictadura (de militares de izquierda) que cambiara, de abajo para arriba, el país sumiso y arcaico anterior a 1969.

Que fue una mutación decisiva no se admite en Perú, todavía. En cambio, sí en la  Encyclopædia Universalis. Antes de la acción espectacular de la reforma, describe de esta manera la vida rural: «En la sierra montañosa de los Andes, donde se concentraba una gran parte de la población rural, reinaba hasta 1968, una situación neofeudal; estaba la gran propiedad en manos de un 0,4% que concentraba el 75,9%. Todo el resto de propietarios —indios, mestizos, blancos— se repartian el 5,5% de la tierra disponible, por lo general, terrenos mediocres». «Los pagos no se hacían en dinero sino bajo la costumbre arcaica de cambiar tierras de alquiler por mano de obra y días de trabajo del siervo indio. Cuando la reforma agraria fue dada por terminada, en 1979, se habían distribuido 7 millones de hectáreas». Con todo, en la ideología limeña, la reforma agraria fue «un fracaso». 4

Sin embargo, las tierras recuperadas por los campesinos indios, los hacendados las habían pillado en el siglo XIX. El primer siglo republicano fue una catástrofe para los campesinos indígenas. Libres del control de la administración virreinal que protegía a los campesinos, los hacendados criollos tomaron tierras que no les pertenecía durante el primer siglo de vida republicana. Su independencia, fueron las invasiones de tierras de los años sesenta. Y su San Martín, los sindicatos campesinos que encabezaron líderes indígenas como Saturnino Huillca. Y unos pocos políticos, como Hugo Blanco. (Veáse mis libros Cuzco, tierra y muerte, premio nacional Fomento a la Cultura (1965), y Saturnino Huillca, habla un campesino peruano, premio Casa de las Américas (Cuba, 1975).ugo HH

Ahora bien, los fundos rurales no fueron distribuidos de manera individual. El gobierno de Velasco estableció un sistema de cooperativas, como Sociedades Agrícolas de Interés Social (SAIS). Pero ni los campesinos comuneros (hay 6’000 comunidades) ni los expeones llamados colonos, es decir, los antiguos peones de la hacienda, la admitieron. Aspiraban a ser propietarios directos. Y eso es lo que ocurrió. En los años ochenta, una reforma a la reforma ocurre en el Cusco. Es una segunda ola de invasiones. Las cooperativas desaparecen en los años ochenta. oy es Hoy

Hoy el agro guarda las antiguas comunidades campesinas, pero los exindígenas son propietarios directos. Tenían razón, es una tendencia planetaria en los agricultores, al manejo directo de su propiedad. Explicar esa tendencia natural nos llevaría a un paseo por la antropología y la psicología. Contentémonos con insistir que ha nacido una capa social nueva, rural y agropecuaria. Se aplaude esa mutación en Lima, callando su origen.

Sigamos con la explicación que proporcionan observadores no peruanos. Jacques Lambert —francés, americanista, profesor de derecho en la universidad de Lyon—, en un libro célebre por su objetividad, 1956. Es decir, antes de la Reforma. Cuando reinaba el latifundio serrano. (En la costa peruana había gran propiedad, pero pagaban salarios.) Lambert examina la situación rural antes que se mueva la placa tectónica de la reforma. Y en el capítulo IV de un libro dedicado «a las estructuras sociales e instituciones políticas de la América Latina», sostiene lo siguiente: «la responsabilidad de los latifundios en el retardo de la evolución social. ¿Qué quiere decir Lambert? Además de describir la ineficacia de ese sistema de propiedad, de cómo la gran propiedad monopolizaba la tenencia de tierras, observa algo mayor. «El latifundio no solo era cruel y opresivo sino que lo detestaban» porque al indio colono —así se llamaba a los peones de la hacienda—  «lo ponían fuera de la vida política y económica del país». 5 Para Lambert, el indio dentro de la hacienda, estaba encapsulado. La gran propiedad arcaica, el latifundio, no era sino un sistema económico muy débil (los hacendados no eran empresarios sino rentistas). «La gran propiedad arcaica, dice el profesor de Lyon,  imponía la fidelidad personal del campesino indio.» A ese tipo de poder se le llamó el gamonalismo. Desde los años veinte. Desde Hildebrando Castro Pozo, José Carlos Mariátegui. Por eso, Lambert considera el latifundio como una rémora enorme. ¿Cómo podía haber república peruana si sobrevivían esos espacios feudales en todo el territorio?

El «indio», tradicionalmente, obtenía alguna seguridad en su condición de siervo. «Se conformaba con su miseria», dice Lambert. Pero en los sesenta, ocurre un cambio de conciencia en las masas rurales. Descubren el camino a la libertad. Y la emprendieron por su propia cuenta. Fue esa la razón, el gran fenómeno de las invasiones de tierras, el mayor movimiento de rebeldía después de Túpac Amaru II, lo que provoca la decisión de los militares de intervenir y liquidar los semifeudos andinos.

¿Qué paso en el sur, de 1961 a 1965? Llamaremos a un profesor inglés. El más célebre de sus historiadores. Eric J. Hobsbawm publica, en 1959, Primitive Rebels.6 Traducido en el 2001 como Rebeldes primitivos. Es un estudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales en el siglo XIX y XX. ¿Qué tipo de gente y de rebeldía lo ocupa? Los anarquistas españoles, el bandolero social, la mafia siciliana, las sectas obreras. Y «un movimiento campesino en el Perú». Sus fuentes son dos. Un informe sobre la tenencia de tierra publicado en Washington, de 1966, y mi libro Cuzco, tierra y muerte, de 1964. Hobsbawm sitúa esa rebeldía de campesinos peruanos como «gente prepolítica  con aspiraciones a la justicia social». Fue un acierto del profesor de Oxford. Los líderes de ese enorme movimiento eran gentes como Sumire, Huillca. Hablaban quechua y en esa lengua se dirigían a las masas. Pero también había entre ellos los que habían hecho servicio militar y eran bilingües. La estrategia atinada de las marchas campesinas viene de ahí, evitaban el enfrentamiento con la policía o el ejército. No eran una guerrilla. Como me encargué de decirlo, no hubo milicias campesinas. Yo escribí ese libro en el lugar de los hechos. Con verdades de puño. «¿Por qué hay invasiones? Porque se han cansado de esperar». Ahora bien, sin extenderme en refutar a Hobsbawm, lo cierto es que los rebeldes no eran tan primitivos. Hubo unos cuantos trotskistas: Hugo Blanco, Vladimiro Valer, Fausto Cornejo. Pero el trotskismo no contaba en la vida política. Entonces, ¿qué fue aquello? Algo que vino de la más extrema marginalidad. Uno de los titulares de mis crónicas habla «de multitudes nuevas, sin partido». Y eso fue lo que ocurrió. Indigenistas, los había habido desde los años veinte. Decenas de antropólogos y estudiosos. Pero esta vez no eran indigenistas sino indios. No es lo mismo. Fue una inesperada toma de conciencia de los explotados. Pero, por eso mismo, no se les pudo entender ni aprobar.

Se entiende que para las derechas sea un tema maldito. ¿Pero por qué para los partidos de izquierda? José Carlos Mariátegui, en 1928, acaba con el mítico «problema del indio». No hay tal, la cuestión era «el problema de la tierra». Eso concluye con los movimientos campesinos de los años sesenta, antes del gobierno de Velasco. Pero la izquierda se ha sumado —con algunas excepciones— al llanto de viudas por la desaparición de los hacendados arcaicos. ¿Y por qué razón? Porque ese triunfo de lo popular no lo manejó ningún partido de izquierda. Héctor Béjar, que fue guerrillero, hace su mea culpa en 1965.7 El honesto y valiente Béjar. Pero el resto de la intelligentsia que se autocalifica de izquierda revela, en la incapacidad de entender ese movimiento autónomo, popular y libre de fundamentalismos, lo lejos que está del pueblo. Y de unas ciencias sociales objetivas y valiosas. La idea de que una fracción del pueblo se rebele sin una vanguardia, o que una elite revolucionaria aparezca desde abajo, es lo que más les molesta. Y entonces, lo que saben hacer, el silencio.   

Lo peor de todo es que el latifundio peruano es la continuación de una institución virreinal llamada la encomienda. Fue la recompensa de la Corona a los conquistadores para que explotaran a los indios. Bernard Lavallé la define como la «transferencia a particulares para que diesen protección e instrucción evangélica al encomendero». Y a eso seguía el «repartimiento», es decir, aldeas enteras que tributaban con trabajo de servidumbre. Esa figura jurídica evitaba dar títulos de nobleza a los españoles en Indias. Al encomendero lo que le importaba era la mano de obra indígena. Les hemos llamado equívocamente feudos. No es exacto, es lo que más se les parece. Pero los señores feudales en la Europa medieval, eran jueces y a ratos, la defensa militar de sus siervos, de ahí los castillos en España. En el Perú los señores no tenían ninguna obligación con sus indios peones o colonos. Entonces, quienes defienden todavía el latifundio no saben que están echando de menos una monstruosa entidad que viene del fondo colonial. Las haciendas permitían la existencia de amos y siervos, como las encomiendas. Y sin embargo, se sigue sin entender que eran incompatibles con un Perú que aspira a ser republicano.

3. El tercer terremoto. La economía de mercado, desde el gobierno de Fujimori

Entre 1991 y el 2000, se privatizan unas 228 empresas estatales.8 Lo cual significa el 90% del patrimonio de las mineras, el 85% de la manufactura, el 68% de los hidrocarburos, el 68% de la electricidad. Las transacciones tuvieron un valor para el Tesoro Público de US $ 6’445 millones. Nos limitamos a los hechos. Los siguientes gobiernos —Toledo, García, Humala— no salieron de ese esquema liberal, al contrario. Pero volvamos a las cifras. El ingreso per cápita en 1980, era de 890 dólares. En 1995  alcanza los l’530 dólares. En el 2009, es de 4’200 dólares. En cuanto al PBI, de 1991 al 2009, se pasa de 83’760 millones de nuevos soles constantes, a 192’994. Además, la pobreza disminuye de 53% a 21%. En pocas palabras, se pasa de un Estado que confiaba en la empresa pública a un Estado que prefiere la empresa privada y el libre mercado. Pensamos, sin embargo, que el Estado empresarial falla en el Perú, pero no en otras naciones. Es más bien un problema de recursos humanos. No contamos con el personal adecuadamente formado y con una ética capaz de evitar la corrupción. Si no hay esos dos requisitos, ninguna economía capitalista puede tener éxito. Hay una ética en el capitalismo. Eso lo explica Max Weber.

Sin embargo, tenemos que admitir que Alberto Fujimori es un personaje difícil de explicar. Vence en la pugna electoral a Mario Vargas Llosa, a quien el planeta daba por vencedor. Y a los dos años de gobierno da un autogolpe, cierra el Congreso, lo reabre bajo la presión de la OEA, con un esquema reducido, unicameral, y con distrito nacional único. Una barbaridad institucional. Y gobierna de manera autoritaria. No es una dictadura, pero sí un poder autocrático. Recuerda el exceso de poder de Leguía. Y lo que es peor, o se deja manejar, o forma parte del delito, socio de Vladimiro Montesinos. Luego, intenta un tercer gobierno, el descubrimiento de lo que «el Doc» hacía en su oficina, Jefe de la Inteligencia. Grababa sus actos de corrupción. Su despacho fue un nicho de negocios oscuros. Fue aquel un «Estado mafioso» (Manuel Dammert).9 Y cierra con broche de oro tal degradación. ¡Se fuga!

El otro gran gesto de Fujimori es dar un poder discrecional a los mandos militares para enfrentar a Sendero Luminoso. Eso fue una guerra civil. Sendero Luminoso le declaró la guerra al Perú. El concepto de «conflicto interno» es una de esas cobardías semánticas propias al hábito de no decir las cosas como son, retórica muy frecuente, por desgracia, en nuestro país. Pero claro, dada la trayectoria ilícita de Fujimori como presidente, hay resistencia para reconocerle al menos dos contribuciones. Derrota a Sendero Luminoso (con un costo enorme, en materia de derechos humanos). Y nos hace abandonar la ilusión de un Estado como motor de la economía. Ese modelo es posible pero con funcionarios de calidad y honradez. Estado y mercado son necesarios. Tampoco es  una solución integral, el desarrollo solo con mercado produce una paradoja, muy peruana. La evolución económica y social del Perú es inversamente proporcional al aumento de la confianza en los políticos. El Perú es una singularidad.

4. Conclusión, la penosa verdad. El poder, desde arriba, hizo cambios, aunque fuesen impopulares

Dos de los movimientos de las placas tectónicas —las migraciones y las ocupaciones de tierras— han ocurrido espontáneamente. Triunfo del pueblo. Las otras dos transformaciones corresponden a Velasco y a Fujimori. A dos gobiernos no democráticos. Es lamentable pero así son las cosas en Perú. Esperemos que en el futuro «las grandes reformas» se hagan con nuestras instituciones. Ojalá ocurra en este tercer siglo de vida republicana.

1 Aramburú, Carlos Eduardo en: Plaza, Orlando (coord.), Cambios sociales en el Perú 1968-2008. Homenaje a Denis Sulmont, FE PUCP, Lima, 2012 (2° ed.), p. 55.

2 Ibidem, p. 57.

3 INEI (Aníbal Sánchez Aguilar, dir.), Compendio Estadístico Perú 2016. Sistema estadístico Nacional, tomo 2,            INEI, Lima, 2016, p. 1039.

4 Pásara, Luis, en:  C. McClintock, Lowenthal, Abraham F. (compil.), El gobierno militar. Una experiencia peruana 1968-1980, IEP Ediciones, Lima, 1985, p. 366.

5 Lambert, Jacques, Amérique latine. Structures sociales et institutions politiques, PUF, París, 1963, p. 95.

6  Hobsbawm, Eric J., Rebeldes primitivos. Estudio sobre las formas arcaicas de los movimientos sociales siglo XIX y XX, Editorial Crítica, Barcelona, 2001, pp. 241-261.

7  Béjar, Héctor, Las guerillas de 1965: balance y perspectiva, PEISA, Lima, 1973.

8 Balance crítico para el país. Privatizaciones 1990-2001 (internet).

9  Dammert Ego Aguirre, Manuel, El Estado mafioso, Lima, Ediciones El Virrey, 2001.

Publicado en El Montonero., 18 de octubre de 2021

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¿Segunda reforma agraria?

Written By: Hugo Neira - Oct• 12•21

Cuando se ha hablado de una «segunda reforma agraria» ha servido para remover a Guido Bellido de la Presidencia del Consejo de Ministros, pero también, para asustar a buena parte de la clase política y los diarios que no perdonan a Juan Velasco por la primera reforma agraria. Está claro que no hay conciencia de lo que significa esa decisión. 1968 y 1969, no es solo un reparto de tierras sino un giro político cuyo sentido y consecuencias abarca al Perú completo, no fue solo un asunto agrario. Un diario confunde la de 1969 con lo actual. Su portada dice: CASTILLO RESUCITA A VELASCO, y yo no veo ninguna semejanza. Me ocuparé en las líneas que siguen de explicarles por qué ese golpe de Estado no fue uno que afirmaba el poder de la clase dominante. Antes de Velasco, hubo varios golpes de Estado como el del general Odría, que no modificó nada salvo impedir que el partido politico más extenso y popular, cuyo eterno candidato fue siempre Haya de la Torre, llegara al poder. Pero los diversos golpes del siglo XIX y XX son olvidados, y en muchos casos, agradecidos. La intromisión del militarismo en el año 1968, no fue solo el triunfo de un caudillo como en el siglo XIX (desde Piérola a Leguía) sino un hecho gigantesco. Fue el fin del pacto sagrado entre Fuerzas Armadas y los dueños del Perú.

Desde el final trágico de Leguía, desde las elecciones de 1931, había emergido del pueblo mismo una serie de movimientos populares. Hay que ser objetivo, no ocultar lo real. Lo popular dejó de lado los partidos tradicionales que aparecen en los años treinta, el aprismo y los herederos de Mariátegui —diversos socialismos—, por la atracción de un militar sublevado, Sánchez Cerro. Lo aplaudieron y votaron por él desplazando la clientela popular de Haya y el equipo que consigo traía el aprismo. Desde entonces, los candidatos a la presidencia no provenían del establishment. Personajes como López de Romaña, presidente en 1898, Manuel Candamo en 1903, Serapio Calderón, en 1904,  o don José Pardo en 1904. Y en 1908, Leguía por vez primera. Los militares aparecen en juntas transitorias en 1931 y de ahí en adelante, además de Sánchez Cerro, el general Oscar Benavides, mariscal, en 1933. Luego, en 1945, un civil llega a la presidencia, José Luis Bustamante y Rivero, con votos del aprismo, gobierno que fue interrumpido por el golpe de Estado de octubre de 1948. Fue muy difícil su gobierno. «El presidente Bustamante fue extraído de la residencia de Palacio en unión de su familia y conducido al aeropuerto de Limatambo para el embarque al exilio. Nuevamente los caudillos militares tomaban, al asalto, el poder», dice Jorge Basadre en la página 183 de su libro El Perú Republicano.

Lo que apresura el acto de la reforma agraria para Velasco son dos fenómenos sociales.

En primer lugar, desde los años 60 había aparecido en el Cusco unos movimientos campesinos organizados por ellos mismos y dirigidos por Saturnino Huillca. En cualquier momento miles de campesinos, hombres y mujeres, peones, arrendires, campesinos sin tierras propias, invadían las haciendas, sin matar a nadie, pero las invadían. La pérdida de sus tierras se había iniciado en el siglo XIX. Ese siglo, después de la emancipación, fue el peor para los campesinos indígenas. Mientras se producía un enriquecimiento ilícito y la formación de un «sólido grupo plutocrático nacional» —señala el gran historiador Jorge Basadre— «un pequeño número de antiguos y nuevos propietarios de tierras, que antes pertenecieran a las comunidades indígenas, al Estado, a la Iglesia, las municipalidades y a las beneficiencias, se apropió la región serrana del país». Basadre no lo dice desde el marxismo o para favorecer a la izquierda  sino que cuenta un hecho real, la apropiación de tierras tuvo continuidad «a lo largo de toda la época republicana y se acentuó al finalizar el siglo XIX y al empezar el siglo XX. «Las masas rurales empobrecidas quedaron como mano de obra servil en los grandes dominios agrícolas u optaron por la emigración» (Sultanismo, corupción, y dependencia en el Perú republicano, páginas 12-13, su última obra de 1981, que trata de la evolución de las clases sociales durante la República.)   

Entonces, las Fuerzas Armadas, el general Juan Velasco y una serie de militares que lo  rodeaban, tomaron en serio esa división de la población del Perú —un grupo que despoja a los andinos—, y deciden romper los lazos que había entre la clase dominante y las Fuerzas Armadas. Las razones para apurar una reforma no solo eran de índole agraria sino de orden laboral: la mano de obra campesina no recibía salario sino un lote de tierra prestado para trabajarlo y alimentar a sus familias, además de tener que trabajar en la hacienda. Eso era un tipo de feudalismo servil, precapitalista y un maligno acuerdo entre los descendientes de los que se apropiaron de las tierras indígenas y la desesperada necesidad de los indios de hallar tierras para trabajar en algo que sabían. Un sistema perverso, sin salario y sin propiedad, millones de peruanos estaban condenados a no salir de la pobreza.

En segundo lugar, la mayoría de los militares había cambiado de mentalidad. Sobre la reforma agraria, se olvidan periodistas y políticos el papel que tuvo el Centro de Altos Estudios Militares (CAEM, hoy CAEN). Una institución académica, encargada de capacitar a los oficiales de las Fuerzas Armadas, incluyendo las Fuerzas Armadas y la Policía. Esta universidad para los ejércitos fue creada durante el ochenio de Manuel A. Odría, en 1950. O sea, en ya había varias generaciones de egresados de esa escuela de posgrado. Su primer director fue el general José del Carmen Marín. Se formaron tanto en temas militares en el campo de la Defensa Nacional como en materia de Desarrollo y Seguridad. Sería muy largo citar los doctorados y maestrías de esos altos estudios. Diremos sencillamente que escogieron los mejores profesores: para filosofía, Miró Quesada; para antropología, Matos Mar, y en otras asignaturas, trajeron los mejores. Lo que intentamos explicar es que el nivel de quien pasaba por el CAEM sobrepasaba el de los civiles de las universidades locales. Los militares no niegan que esa idea proviene de un modelo creado en Francia por el mariscal Joseph Joffre, en 1911, y que funcionó hasta 1939, y fue reabierto en 1951. Al haber trabajado esas áreas del conocimiento científico, tecnológico y humanista, al obtener sus grados académicos, podían ser personas adecuadas para el Estado y la resolución de los problemas del sector público. Esto lo he escrito en el prólogo a un libro de Héctor Béjar, por salir estos días.

Durante los años de Velasco, sabemos que hubo muchos militares en los diversos niveles jerárquicos de la administracion estatal. El que escribe esto hoy, ha sido testigo de esa incorporación. Hay que decirlo, los oficiales de las Fuerzas Armadas peruanas, vivían de sus remuneraciones como militares. Y eran formales, con una disciplina que evidentemente provenía de su formación. Si hay quienes sirven la patria y el Estado, son los militares, que no trabajan para una clase sino para la comunidad de peruanos.

Con un desdén impresionante, periodistas, políticos y gente de la televisión creen que hubo una reforma «comunista». Por mi parte, digo dos cosas: no conocen ningún país comunista. Ni saben qué es. Pero en fin, no todo el mundo tiene curiosidad para viajar, sobre todo entre nosotros, peruanos, el conocimiento del mundo es raro, somos por lo general sedentarios. Viajar es caro y nuestras actividades no necesitan de conocer otras sociedades. Pero decir que Velasco era comunista, es una demencia. Velasco era un soldado. Un nacionalista. Un patriota. Alguien trata de definir el velasquismo como un régimen nasserista. Me dicen que es Tudela, espero que no sea él. Porque me parecía más culto y prudente. Porque el que diga eso se confunde. En esa ideología, está la fe en Mahoma. ¿O sea, habría que ser Velasco un musulmán? Por favor, no digan tonterías.

Lo siento, pero yo conozco bien qué es un país nasserista. En mi vida académica me ocurrió un accidente. Preparaba mi tesis en Francia y de pronto una ley es impuesta. Se tenía que hacer, antes de la gran tesis (realmente grande por el tiempo de preparación), una previa, una tesina. Nunca supe por qué se establecía esa regla. Posiblemente para detener la ola de doctores que no eran franceses. Por mi parte no me preocupé mucho. Había ido varias veces a México, invitado por sus universidades. Y tenía amigos. La pequeña tesis tenía un jurado antes de que el investigador eligiera un tema. Presenté mi proyecto sobre México, y el jurado me dijo No. Uno de los tres miembros me recuerda:

– Usted es quien nos da lecciones sobre la América Latina, demasiado fácil. Entendí que debía ir a un lugar que no me fuera conocido. Y me dijeron claramente algo que no he olvidado nunca:  – ¿Qué quiere ser usted, sociólogo peruano o sociólogo que puede comprender otra sociedad, otro país? Me quedé frío. No quería ocuparme de un país del África. Ni tampoco de alguno de los países satélites entonces de la Rusia soviética. Quien me salvó fue un colega, profesor y ciudadano de Egipto, Anouar Abdel-Malek.  Me dijo, soy copto, mi familia es poderosa, habla con tu rector, si invitan a uno de los profesores egipcios, puedes vivir un tiempo en El Cairo. Y así fue, la Universidad de Saint-Etienne tuvo al oriental.

Y yo viví en El Cairo. Conocí la era nasserista. En efecto, en 1952 el ejército egipcio pierde una guerra ante un Estado israelita, y entonces un coronel Nasser pone fin a la monarquía egipcia y con muchos oficiales jóvenes, tras el problema de la construcció nde la represa de Asuán, se dirige a las potencias occidentales para financiar esa obra gigantesca. Por otra parte, Nasser nacionaliza el pasaje del Mar Rojo al Mediterráneo. Un gesto nacionalista, y desiste de los soviéticos que proponían pagar la obra de Asuán. Ese gesto en el momento de la Guerra Fría, lo sitúa en la posición de no estar a favor de los rusos ni de las otras potencias. Eso fue lo que luego se llamó el Tercer Mundo. Vi también los primeros Hermanos Musulmanes, aquellos que se convirtieron en radicales del movimiento islámico. Ya no estaba cuando una figura del movimiento laico en Egipto, Farag Foda, fue asesinado, en junio de 1992.

Mi estudio sobre el rol de Egipto fue escrito y aceptado. Por ahí circula en las universidades de los Emiratos. Pero lo que entendí es que la construcción de una nación necesita un centro que produzca una entidad central. Es el caso de los otros grandes del Tercer Mundo, China e India. En otras sociedades, si no se llega a un país unido y al Estado social, no solo ese país se quedará siempre pobre sino que será dependiente.

En fin, si hay una ‘reforma agraria’ parece que tiene otras metas. Probablemente será un esfuerzo técnico para tener más terrenos agrarios. Es hora de decirlo, el Perú no tiene mucho territorio fertil. La costa son oasis y el resto, desiertos y arena. No tenemos, como en la Argentina, la pampa, que a la salida de Buenos Aires es un espacio enorme, verde y goza de agua no por los ríos sino las lluvias. No somos los Estados Unidos, con la pradera del oeste donde se establecieron los emigrantes europeos. Cuando nuestros radicales dicen «incendiar la pradera», se equivocan al cien por ciento: no tenemos praderas para quemarlas.

Ha sido un error del Estado y del Congreso intentar parecerse a la reforma de Velasco. En aquella vez, hace más de 50 años atrás, era un hecho político. Devolver tierras a la clase social de los campesinos andinos. Y borrar otra, los hacendados, con un sistema de feudalismo con servidumbre, volviendo entonces a millones de peruanos una suerte de esclavos sin tierra ni salario. Y por lo demás, una capa social de dominadores que no eran sino rentistas, y el lado más duro de la oligarquía. La idea de un cambio en el agro no lo quisieron nunca, incluso cuando Pedro Beltrán, político moderno, propuso una reforma agraria no lo siguieron. Los hacendados no eran solo propietarios: tener un feudo con indios y cholos era una forma de vida, la hacienda también era un lugar para festejar familiares y conocidos. Ese estamento social era un pedazo del mundo colonial que flotaba sobre el Perú y retardaba su ingreso a la modernidad. Cómo un peruano de estos días puede negar aquella situación, algo que nos impedía ser una nación moderna, algo imposible porque éramos una nación rota en dos estamentos: los criollos y el mundo andino. Las derechas nunca perdonaron que desapareciera ese sistema de culturas, formas de vida, en el que algunos serían pobres para siempre. No hemos sido iguales los peruanos sino después de 1969. Ahí se acabó la colonia.

Parte de la izquierda tampoco apreció el cambio en el agro de la forma laboral. Ellos querían que hubiera un estallido de dolor y venganza, eso hubiese sido una guerra interna y que hubiera durado decenas de años. Lo hecho por Velasco fue algo que evitó ese choque terrible. Cierto es que luego Sendero Luminoso lo intentó, pero ya los campesinos o tenían tierra o no los seguían. Guste o no, Velasco no fue un tirano sino un giro. El Perú es un antes y un después de la Reforma del detestado Velasco.

Si el proyecto del que se habla camina, sería un salto técnico y científico, habilitar tierras, ampliar el espacio productivo. El Perú tiene cuatro grandes cuencas: la de Cusco y Puno, otra en el centro del país y el norte, en la sierra y en la costa. Además nuestro sistema vertical produce diversos tipos de plantas y de cría de ganado. Si el presidente Castillo comienza esa transformación del contorno natural, sería un progreso sin duda. Sin embargo no estamos por lo visto preparados para ver cambiar la vida peruana. Todavía no se ha explicado cómo se inicia ese proyecto y lo llenamos de dudas y en contra. Nuestro país no entró a la revolución industrial. Pero a partir del espacio agrario puede tener laboratorios para producir alimentos y medicina, que es lo que ocurre en los países que producen alimentos y no destruyen la naturaleza sino que la potencian. No estamos acostumbrados al progreso científico y técnico. Algo me inquieta. No he escuchado una palabra sobre lo que serían los campesinos. Pareciera que se les daría sueldos. Eso es para los trabajadores obreros de fábricas. Los campesinos trabajan bien cuando son propietarios. La palabra no la he oído. Como si la palabra propiedad fuera una palabra mala eso solo puede venir de un marxismo que repele todo lo que sea individual. Marxismo primitivo. No han leído a Marx. Los campesinos en general tienen un lazo de afecto con lo que siembran o con los animales que cuidan. El gran error de Mao fue el Gran Salto Adelante. Reunió a los campesinos colectivamente, y ese error le costó muy caro. Lo retiraron del poder. El nivel de producción fue menor, murieron 40 millones de personas. China es ese país de 1400 millones de habitantes. Den Xiaoping y otros que tomaron el mando volvieron al sistema tradicional que llamaban «economía familiar». Y así siguen. Si usted, amable lector, no me entiende o cree que invento, pregunte a los chinos que están en la embajada de China en Lima. En fin, que las tierras nuevas sean de la manera como los campesinos son, no anónimos trabajadores. Gente que ama lo que está sembrando o criando. China enmendó el error y Mao está siempre en el corazón del pueblo, es el creador de la China moderna.

Publicado en El Montonero., 11 de octubre de 2021

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Pasado presente

Written By: Hugo Neira - Oct• 04•21

Hace tres años, el 30 de setiembre de 2019, el presidente Vizcarra que asumió el poder luego de la renuncia de PPK disolvía el Congreso de la República fuera del cauce constitucional, pero con un abrumador respaldo popular y mediático. Tres años después, tenemos un presidente electo en Palacio con menos de 100 días en el poder y una crisis de gobernabilidad jamás vista. Nos gobierna la incertidumbre, entonces la moneda nacional sufrió una devaluación de facto del 12% contra el dólar, la fuga de capitales ha sido gigantesca y el capital humano calificado, la va siguiendo. A la escasez mundial de energía que encarece enormemente la canasta familiar de cualquier país, se suma la crisis propia,  con sus consecuencias imprevisibles.

Es difícil escribir cuando uno parece repetirse. Tal vez la buena noticia de esos días sea la continuación de Julio Velarde al frente del BCR. Su nombramiento debería acabar con la volatilidad monetaria que sangra los hogares en una economía dolarizada como la nuestra. Por eso, prefiero recordar lo que en este portal escribía hace tres años y en un libro institucional, de diez años más atrás. Pasado presente es también el título de una obra mía del 2001, que recoge mis crónicas en el diario Expreso de los años 60. 

                                                                      ***

[…] El país está paralizado pero en Palacio se divierten. Hasta hace poco, en la vida política peruana, era constante la sorpresa. «Con la política en el Perú nadie se aburre.» Pero en estos dos últimos años, ha perdido su encanto.

Esto ya cansa. Hace veinte años que vivimos de brazo con lo inesperado. ¿A quién se le iba a ocurrir que el ilustre candidato rey de la novela y la literatura y halagado por todos los diarios del mundo, iba a ser derrotado por un casi desconocido rector, y además, descendiente de emigrados japoneses? Y sin embargo, el «chinito», subido a un tractor, regalando lápices, derrota a Mario Vargas Llosa. Y el vencedor instala un sistema personalista y autoritario. Pero aquel presidente que había estabilizado la economía y ganado la guerra al terrorismo, se fuga al Japón, y el intento de entrar al país por Chile fracasa, y acaba  extraditado y con 25 años de sentencia. ¿A quién se le iba a ocurrir que el siguiente presidente, Alejandro Toledo, que según Juan Paredes, «mantuvo a velocidad crucero la economía y la democracia», ese mandatario que supo rodearse de ministros cabales —Luis Solari, Carlos Ferrero, Beatriz Merino—, el «cholo sagrado» como decía Eliane, acabase con esta frase que pasará a la historia: «Barata, paga, carajo»?  ¿Debo seguir?  […]

Resulta que Del Espíritu de las Leyes  (el amable lector puede adquirirlo en las mejores librerías del ramo) se vuelve la herramienta inevitable de todas las democracias contemporáneas. «La democracia debe evitar el gobierno de uno solo». Y entonces, «para que no se pueda abusar del poder, es preciso que, por las disposiciones de las cosas, ‘el poder frene al poder’».  Debería enseñarse en las aulas de escolares. Pero esos cursos dejaron de dictarse por los noventa. Los resultados son evidentes. Acaso tengamos que modificar el ritual republicano. Jurar diciendo, «acepto la existencia de los tres poderes autónomos, y sometidos a normas y leyes».  Lo que ocurre hoy, comienza a aburrirme. No veo sorpresas sino repeticiones. Hoy volvemos a viejas tradiciones, caudillistas. […]

El mal mayor, querido amigo Carlos Meléndez. Siglo XXI, crece la riqueza peruana, y con ello, ¿la necesidad de capturar el Estado? […] Lo peor está por venir. «Cómo ser déspota sin que se note». Habrá numerosos candidatos presidenciales. Desde ahora lo digo, votaré en blanco. Si es que voto. Hace 30 años que la educación, para los hijos del pueblo en escuelas estatales, la hicieron pedazos. Eso y las tecnologías, no producen conocimiento sino ignorancia. Y un alegre caos. Que será corto. Se viene una sanción popular en las urnas para todos los que hoy creen ser amados. De repente, una revolución. Las revoluciones no las hacen los revolucionarios. Ocurren. El que vive, verá.   (El mal mayor, 30/09/2019, El Montonero)

                                                                      ***

¿Y qué pasaría si la sociedad es tiránica? El título lo inspira una obra de esos escritores de periódicos en España, Javier Marías. Alguien que nada a contracorriente. Y por eso lo habita la soledad. Es un riesgo, y hace rato que he ido contra esa corriente de opinión de mis paisanos, ese optimismo, que nunca ven hasta que el toro de la desgracia los atropella. […] (¿Y qué pasaría si la sociedad es tiránica? 07/10.2019,El Montonero)

                                                                      ***

[…] ¿Qué pasó? […] Busco una causalidad. No es asunto político o económico. Explico, pues, el porqué del título de este artículo y la palabra ‘demos‘. Cierto, soy profesor, explico el mundo de los griegos para abordar a Aristóteles, luego Maquiavelo y los filósofos que pensaron la política. No quiero ser pedante, ese concepto demosya lo usó alguien que respeto para siempre, José Carlos Mariátegui. En los Siete Ensayos, en el capítulo sobre «política agraria», hablando de los caudillos, sus intereses, «se apoyaba en el liberalismo inconsistente y retórico del demos urbano». En la Lima de entonces, inmensamente más culta que la actual, todos entendieron. Para los griegos, demos era una suerte de distrito con asambleas, no una multitud sino un pueblo estructurado y consciente. La extraordinaria alma y cabeza de Mariátegui en los años veinte, llama demos a los gremios y sindicatos que habían surgido contra el civilismo y que logran las 8 horas, gente que luego se formaría en las Universidades Populares que dictaban intelectuales jovencísimos. Entonces, hubo un ‘demos’. Y el inicio de los movimientos políticos para renovar el Perú, por decenios. El pobre de entonces pensaba. Hoy no. Hoy consume y odia.

La actual crisis peruana: no se ha educado en este siglo al Soberano. A sabiendas. El problema no son las universidades. Es la brutal eliminación de cursos y disciplinas en la secundaria. Han asesinado al ‘demos’. Millones de jóvenes no abren un diario. El peruano medio lee la mitad de un libro por año. En el nivel medio y abajo, tenemos un nuevo siervo. Habían desaparecido al no haber gamonales, pero han vuelto. Y cuando no hay demos que lee y piensa, ¿qué puede haber? Masas movidas por emociones. Formidable. Eso fue el fascismo italiano y el nazismo de los años treinta. Pero lo peor es que cuando eso que se llama pueblo no existe, sino fragmentos desubicados, tampoco podemos decir que tenemos una burguesía. Y eso es más largo y complicado de explicar. (¿Democracia sin demos? 14/10/2019, El Montonero)

                                                          ***

[…] Si se sigue creyendo que nada importa las brechas sociales, puede pasar lo peor. Cuando el populismo, a partir de que la soberanía verdadera es la del pueblo, busque ciegamente su líder, lo encontrarán. El misterio del carisma personal. Y eso fue Mussolini, Hitler, Stalin, sin duda, césares totalitarios. Y en la línea de populistas con carisma —ese don para fascinar multitudes y pueblos enteros— Castro, Sukarno, Khomeni—. Dirigentes excepcionales, nos guste o no. El poder carismático, según Weber, puede ser tan legítimo como el poder tradicional o el poder legal-moderno, este último, con el sufragio. Siempre y cuando las mañas de la tecnología no intervengan, como en Bolivia.

Pero no se alarmen más allá de lo necesario. Lo digo para los que creen que esto es nuevo, profesor de historia que soy: hubo césares democráticos, como de Gaulle, Haya de la Torre en los años treinta. Y un Perón que siempre llega al poder desde las urnas. ¿De modo que todos somos populistas? El tema es cómo la democracia debe continuar en las sociedades del siglo XXI sin caer en jefes de Estado omnipotentes, que tarde o temprano degeneran en despotismos. ¿Qué hay que hacer? Una democracia con élites que vengan del pueblo. Empresarios, no, zapateros a sus zapatos. Hijos del pueblo, no señoritos. Pero no repitamos el caso Toledo. ¿Cholo? ¡Un criollazo! (Populismos. ¿Neofascismos o neodemocracias? 11/11.2019, El Montonero)

                                                          ***

[…]  Al Perú le falta todo, desde pistas, aeropuertos, puertos marítimos, represas gigantes, hasta ciencia aplicada y científicos, industrias para la cuarta o quinta revolución industrial. Ciudadanos bien nutridos desde niños. Se necesita sabios peruanos a puñados. Y un Estado más fuerte, con puestos por concurso público. No porque se es amigo de tal Presidente o Ministro. ¿Bicentenario? Seguimos coloniales. Y a más tecnología, menos sociedad. La nuestra está atomizada. ¿Cómo va a haber partidos si todos son el rival de todos?

(Populismos. ¿Y si ensanchamos la democracia? 25.11.2019, El Montonero)

                                                          ***

[…] Somos una sociedad compleja. Habría que hilar más fino para indagar cómo se altera la relación social, entre quiénes se da, marido y mujer, padres e hijos, si las expectativas cambian de generación a generación. Qué dicen hoy los hijos y los nietos de la gran migración de los sesenta; en otro texto dije que era una «inmigración», es decir, pasaje a un mundo urbano que era como otro país, en particular limeño. Pero creo que decenios han pasado, y acaso los sujetos sociales de hoy no vienen en línea única de sus cercanos ancestros.  En una gran ciudad que ya no les es extraña sino suya. Y por eso más violenta. Lima es la gran madre de la batalla entre culturas adversas y colindantes, enfrentadas y combinadas. Y lo que ocurra en el enome país no se decidirá en los Andes sino en sus barrios y mixtura. La política dependerá de la metapolítica. Del imaginario a veces rencoroso que no se deja ver en las encuestas, pero que puede ser voto, vendaval sin aviso, arreglo de cuentas multitudinario de reales o supuestos agravios colectivos. El que vive, verá.  (Coloquio lo cholo en el Perú. Migraciones y mixtura, Susana Bedoya, compiladora, BNP, 2009)

Publicado en El Montonero., 4 de octubre de 2021

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Dos siglos de pensamiento de peruanos

Written By: Hugo Neira - Sep• 27•21

Un libro sobre dos siglos de pensamiento de peruanos sobre el Perú, mi libro, ha sido presentado en la tarde del jueves 23/9 en el auditorio del Centro Cultural Ccori Wasi de la Universidad Ricardo Palma que queda en la avenida Arequipa, a dos cuadras del Óvalo de Miraflores y el ingreso al Parque Kennedy. Dicha universidad tiene en ese lugar una amplia sala de exposiciones, una librería y un auditorio de 240 plazas para sus actos culturales. Ese día, precediendo la presentación del libro, hubo también un acto solemne en el que se me confería  una distinción de Doctor Honoris Causa, con lo cual dicha universidad me «incorporaba a su comunidad académica», como dice María del Pilar Tello, en columna que aparece en el diario Correo del sábado 25/9. Por el trabajo sobre ese libro, «bien ganado y con mucho lustre,… no deja de asombrarnos con su fecundidad intelectual y su lucidez de sabio tranquilo». En su artículo, María del Pilar Tello también toma en cuenta lo que dijeron dos de los comentaristas, Max Hernández y Carlos Meléndez. El psicoanalista «Max Hernández consideró que esa obra era de afectos y amores por el Perú». Porque yo había dicho «que el mosaico que es nuestra vida y cultura, mostraba la riqueza de la gran civilización que somos». Y Carlos Meléndez, «la ve como una obra de curadería del talento».

Cuando me tocó hablar, mis primeras palabras fueron de agradecimientos. No porque era el ritual convencional sino por la paciencia que terminara mi trabajo. Es un libro enorme, va hasta las 666 páginas. La idea de un texto con los más grandes pensadores peruanos era buena para este Bicentenario del Perú, una idea en la que concidimos con el Rector Iván Rodríguez. El libro trae textos de 82 pensadores, es una obra de compilación. Y también di públicamente mi agradecimiento al doctor Ramón León, Jefe de la Editorial, y a sus colaboradores, en especial al diagramador, Alberto  Caso. Por una razón: muchas veces hay libros grandes pero mal editados, esos pobres libros que pierden sus páginas. No será el caso de Dos siglos de pensamiento de peruanos, tiene un buen lomo, las tintas son fuertes y la diagramación distingue bien cuando habla un autor y cuando el que ha articulado el trabajo. El ojo del lector tendrá el beneficio de leer, por ejemplo, a Manuel González Prada, y seguido al compilador y comentarista sin confundirlos.

Debo decir pues que en algunos tramos aparece mi pluma y por qué. En dos siglos, las corrientes intelectuales y políticas cambian enormemente. Como sabemos, en los colegios privados o escuelas públicas, no se ha educado en el conocimiento, entonces, para ayudar al joven lector, hay momentos que intervengo para explicar la filosofía de un jesuita, o las reformas borbónicas que fue otra de las causas para que los peruanos tomaran distancia de España, o que eran los liberales, los escritores en el inicio del siglo XX, que hemos llamado «los novecentistas», y los cambios de una generación a otra, como lo fue con los pensadores de los años 70 del siglo XX. Y que el lector entienda cómo viene con Don Manuel Prada, el fundador del pensamiento libre y crítico.

La selección de los textos no ha seguido dogmatismo alguno, izquierda o derecha. No nos ha interesado si lo uno o lo otro. Aquí está el texto de Riva-Agüero, conservador, pero gran historiador. Sobre el fin del siglo XX, hay una fertilidad de pensadores que tienen una mirada muy distinta: psicoanalistas, antropólogos, políticos y politólogos, sociólogos, filósofos, lo que cuenta es que se les conozca, que se lean sus ideas. Hay muchos problemas que tienen soluciones en estos textos admirables y con una gran voluntad de decir qué es lo que nos detiene y nos separa. Pensadores que son gente que nos advierten el difícil e imprevisible siglo XXI.

La selección de tantas cabezas lúcidas para este libro ha sido, para mí, un trabajo enorme. He contado, en la presentación, que hacía muchos años que me trotaba en la cabeza tratar la historia intelectual de los peruanos. Fue en la ocasión de un viaje al Asia. Fuimos a China en vida de Mao, yo y Raúl Vargas. En los días de Velasco. Teníamos cargos muy altos, y el caso es que los chinos nos trataron muy amablemente. Pedí poder llegar al Tíbet, quería conocer ese país religioso. Me lo permitieron. Pocas personas llegan a Lhasa. Luego pedí otro país asiático para regresar a las Américas: detenernos en Japón. Raúl regresó con prisa a Lima. Y en Tokio, compré un libro con los principales pensadores que transformaron Japón. El libro lo he tenido durante decenios. Y les enseñé, esa noche lo que me había inspirado. Los que piensan y luchan por sus ideas son los que hacen los pueblos. Que los jóvenes entiendan que las ideas vienen porque se necesita proyectos, y un pueblo sin conocimientos no se puede gobernar él mismo. La ignorancia es nuestra peor calamidad. El poder no es el dinero ni las armas sino la cultura. Los libros nos hacen pensar y manejar el caos que nos rodea. Con conceptos. Como ocurre para examinar a un enfermo. Se tiene que descubrir la enfermedad que nos retarda como nación.

Publicado en El Montonero., 27 de setiembre de 2021

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