Macera, su segunda muerte

Written By: Hugo Neira - Ene• 20•20

O el exilio en casa, su isla Santa Elena. Pablo Macera según su condiscípulo en la oficina de Porras Barrenechea          

                                                          

Estoy en Santiago, me llega la noticia. Justo cuando acabo uno de mis libros que le concierne y en donde lo menciono. Una excursión sobre nuestros mejores pensadores. Ocurre que para trabajar, prefiero leer en papel que verlos en pantalla. Y así, los libros de Macera, me están mirando.

Voy a glosar con tristeza lo ya escrito. Glosar quiere decir una variante de una explicación, no la explicación misma. Lo digo porque en «comprensión lectora» somos los primeros del mundo, ¿no es cierto? Y la gramática castellana no falta en ninguna escuela peruana. Me entristece su partida. Pero diré que Macera ya se había ido del Perú, a su manera. Lidiaba desde Chosica, su isla Santa Elena. Pero era un Bonaparte sin Waterloo. ¿Qué gran batalla había perdido? A mi parecer, ninguna. Pero había caído en desgracia. Siento contar lo que había pasado, pero evito la  costumbre de la hipocresía en la vida limeña. Cuando volvía a ratos de Europa, preguntaba qué había pasado con Macera. Corrían los años después de que Velasco removiera la estructura de dominación y ponen, aun sin querer, a la izquierda en su cenit post Velasco  —tiempos de Alfonso Barrantes— y se vuelve moda decir, si algo era valioso y crítico, «como dice Macera». Pero luego… ¿se habían peleado? Unos profesores de San Marcos me dijeron «quiso ser Rector». Macera había sido no solo un docente excepcional sino que dirigía un departamento de ciencias histórico-sociales. Les dije que lo raro sería que aspirase a Obispo o Arzobispo, pero ¿Rector de San Marcos?  Nada más normal. Pero como lo maletearon en su amado San Marcos, se fue al lado de Alberto Fujimori. Y eso fue suficiente. Adiós a la cantaleta «como decía Macera». Lo de «fuji», no se lo perdonaron. Y él sabía lo que hacía.

En Lima no mata la muerte sino el silencio. Sectarismo e intolerancia es corriente y normal, y poco les importó el otro Macera, el pensador. Y sin embargo historiza la crítica. Tres libros suyos. Tres bombazos de quien no entra en candideces, por no decir otra palabra fonéticamente parecida. Conversando con Basadre, 1979. Las furias y las penas, 1983. Y uno menos ácido, lujoso, magnífico, vuelto una suerte de Huamán Poma de Ayala, se titula Nueva Crónica del Perú, siglo XX, de textos cortos con ilustraciones del artista, Miguel Vidal (2000). Una delicia. Se ocupa de la mala educación, de los desalojos de los pobres, del maltrato a la mujer, al anciano, o de los símbolos patrios, «a la patria pocos la quieren». ¿Qué vamos a hacer sin la sinceridad de Macera? Cuando habla del transporte, «El Tahuantinsuyo fue un imperio de peatones. Las llamas eran para cargar». Qué osadía. No se le ocurriría a Lumbreras. Los peruanos casi no leen, pero recomendaré libros atrevidos hasta mi último aliento.

En su Santa Elena, lo visitaban. Los inconformes como él. Va a verlo Manuel Burga, le hace algunas preguntas. Y Macera responde con un par de sentencias. «El Perú se ha indianizado en los últimos años». «La República es una estafa. Lo ven así porque la mayoría no goza de los beneficios que se esperaban». En mi libro, cuando esté editado: «Macera no ha dejado de ser una voz de la conciencia libre del Perú». Sí, pues, porque hay la otra, la que mide y calcula, ¿es correcto que diga algo de quien no piensa como nosotros?  

Desde que he vuelto al Perú (2003), no he dejado de decir que era el más grande historiador en vida. No creo en la otra vida, Pablo, no éramos amigos. Enemigos no. No nos frecuentamos desde la casa de Porras. Poco importa, pienso que el Perú ha sido huraño y tacaño con tu persona. Y al que cae el guante, que se lo chante.

Publicado en la revista Caretas n°2624, 16 de enero de 2020

Chile: entre el abismo y la OCDE

Written By: Hugo Neira - Ene• 20•20

¿Qué es el poder? El americano Dahl, sociólogo, decía en 1915 que poder es aquello que ejerce un individuo sobre otro. Tal vez en un tiempo en que los gobiernos gobernaban, los administradores administraban, en cambio actualmente las formas del poder local, regional o nacional, no tienen capacidades ante las acciones colectivas. Creo que es hora que nos hagamos la pregunta si el Estado es la raíz de toda autoridad. Hace un rato que lo vemos no en teoría sino en las calles de Santiago. Foucault decía que hay micropoderes.

Puede que sí. De ahí, el test de la PSU (Prueba de Selección Universitaria) del 2020, lo impidieron en 86 establecimientos o colegios, tuvieron que cerrar por las amenazas de los opositores. Unos 42 mil jóvenes castigados, el 14%. No fue un éxito. Más bien un escándalo, en Valparaíso los manifestantes quemaron las pruebas de los estudiantes. El grupo que se ha organizado para tumbarse esa prueba es el ACES, un puñado de adolescentes. Ahora bien, ocurrió un lunes y el jueves siguiente, fue peor. Docentes al parecer se sumaron a la insurrección —no hay otra manera de llamarla— y filtraron  pruebas, de modo que se suspendió la de Historia. En el momento que escribo estos hechos, nadie sabe qué se va a hacer con los escolares que no lograron ingresar a los locales. Para los días que vienen, si hay tests pendientes, se anuncia que Carabineros (policía chilena) resguardará el perímetro de los locales durante 48 horas. Entre tanto, se discute si los facsímiles de los tests, filtrados a los alumnos, es delito o es falta. Chile no pierde su gusto por lo jurídico, pero entre tanto, la calle es de los micropoderes. Es una revancha ante el fantasma de Pinochet, algunos nietos de sus víctimas. Pero el MIR chileno del pasado es sobrepasado por el estallido. Va más lejos.

Entonces, ¿ya no hay Estado? Sí lo hay. Resulta que el presidente Piñera lanza un mensaje en cadena nacional sobre un aumento de las pensiones para los actuales pensionarios. El aumento es «significativo», me jode ese vocablo (lo hicieron viral los del Banco Mundial, pero significativo también puede ser que Irán se baje un avión comercial). Pero vamos a lo de las pensiones en Chile. Piñera ha anunciado un «nuevo sistema que crea el Fondo de Ahorro Colectivo y Solidario». El Estado aportará algo «cercano a 1000 millones de dólares». «Ningún pensionado quedará por debajo de la línea de la pobreza». En números, la iniciativa del Gobierno propone una cotización adicional del 6%.  La mitad para reparto, la otra mitad para cuentas invididuales. ¿Quién paga? El empleador. Hay que recordar que Piñera se supone que es de derechas. Por lo visto, se atreve a exigir cambios en los estamentos de ricos en nombre de la paz social. No es ese tipo de mandatario que solo piensa en ser amado, y en consecuencia no hace nada. Lo digo por la lista de blandos que fueron a hacer la siesta en Palacio de Lima.

Ahora bien, ¿se acabó el estallido en Chile? Es cierto que el anuncio de Piñera —ya era hora— es una buena noticia para millones de chilenos ancianos y beneficiarios, unos 2 millones. No solo ellos, sociológicamente, la red familiar. En otros tiempos, se ocupaban los padres de dar educación a sus hijos, no solo por deber sino porque llegaría la hora de la vejez y con ellos contaban. Eso es el capitalismo sin grandes ahorros e impuestos del siglo XIX. Hoy, en una sociedad capitalista avanzada, los abuelos tienen su dinero y no necesitan de los hijos. Y estos, pueden disfrutar de sus recursos, sin la carga de los de la tercera edad. Hoy existe una cuarta edad, la vejez sigue siendo cruel, pero algo se gana cuando sesentones hasta nonagenarios viven modestamente pero libres. Pues bien, Chile no llega todavía a ser uno de esos países avanzados. Está en la OCDE, cierto, un club de países ya capitalistas, pero si las clases medias chilenas se resisten a los impuestos, conviene decir que sus asociados de la OCDE pagan impuestos hasta un 46%. Y en Chile, un 20%. ¿Cómo entonces gozar de servicios sociales como educación, salud, pensiones?

El estadillo, no en mi solitario punto de vista. Sino de parte de la intelligentsia chilena. Alguien opina: «¿Qué pudo ocurrir para que el país con el más alto desarrollo humano de la región, y hasta hace poco el más próspero, el lugar donde la banda presidencial pasaba de un torso a otro con cortesía y donde la derecha acababa de ser reelecta, se convirtiera de pronto en algo parecido a un campo de batalla, en un lugar de atmósfera encendida?» Carlos Peña, modestamente, el Rector de la universidad Diego Portales. «Por qué lo que hasta ayer eran símbolos de orden, desde el semáforo a la policía, parecen ahora remedos de sí mismos, fantasías que de pronto se disiparon?» (El Mercurio, 15.01.2020, p. C3)

Le doy la razón a Carlos Peña. «Hay que eludir el simplismo». Cierto, los buenos resultados microeconómicos. Danilo Martuccelli: «la pobreza se redujo a 8%, el PIB se multiplicó casi diez veces en tres décadas, año tras año, Chile mejoraba su ranking mundial a nivel de los indicadores del riesgo-país». Y «están en 15 mil dólares per cápita, cerca a Uruguay (16 mil), un tercio mejor que Brasil o México (entre 9 y 10 mil dólares), y más del doble de Colombia y Perú (entre 6 y 7 mil dólares)». Y entonces ya no es un país de mayoría en la miseria y la pobreza.  ¿Cuáles son las causas?

Las expongo, pero no me convencen del todo. En primer lugar, Chile sigue siendo una economía primario-exportadora. No llegó a una de las olas de la revolución industrial, como algunos países asiáticos. En segundo lugar, en Chile, el famoso 1% de los más ricos representa el 35% del PBI. (En Francia, solo el 9%). Entonces hay sociedades como las europeas que tratan de ser igualitarias y otras que no pueden dejar de ser desigualitarias. Es el caso del Chile próspero de estos días. En tercer lugar, la crisis puede que se reduzca en estos meses. Incluso las reformas —faltan decisiones sobre educación, salud— se pueden hacer sin una nueva Constitución. No sabemos si ganará en abril el ‘no’ o el ‘sí’.

El estallido es algo más. Para Carlos Peña, lo provocan «las contradicciones culturales de la modernización”. Mientras Martuccelli piensa que  «se busca un nuevo tipo de lazo entre el ‘yo’ y la ‘sociedad’. Hay una sensibilidad eco-existencial». Lo que se pregunta hoy un joven  es menos el desarrollo sino qué tipo de vida va a tener. Hay deseos que no se manifiestan. Entre tanto veo macropoderes y micropoderes, «subjetividades» en conflicto. Los inicios del estallido fueron unos cuantos escolares que tomaron el metro sin pagar. Y Sendero en el Perú, estalla cuando en Ayacucho el rector Morote, padre espiritual de Abimael Guzmán, lanza su primera ola de repudio a raíz de una idea tonta del velasquismo, reducir los gastos en la educación popular. Así comienzas las cosas. Con los jóvenes.

Hay una crisis más honda. No quieren esta sociedad industrial. No digo que es lo que quiero. Ni que no quiero. Soy un Colón que de nuevo llega a un archipiélago sin saber que  era un continente. Puede que me equivoque. Pero esto necesita más que sociología. Metamorfosis de la política, ¿sin partidos, ni líderes? La insurrección que viene (idea que traje en página 420 de ¿Qué es Política en el siglo XXI?, 2017), era un manifiesto anónimo cuando de paso por París (2007). «Bajo cualquier ángulo, el presente no tiene salida. La esfera de la representación política se cierra. De izquierda a derecha, es la misma nada que adopta las poses perrunas o los aires de virgen. Incluso en su silencio, la propia población parece infinitivamente más adulta que todos los títeres que se pelean por gobernarla». Si es así, el «váyanse todos» reemplaza a «arriba los pobres del mundo». «De pie los esclavos sin pan». Pero nada de militancias, te haces un selfie para saber quién eres.

Viene una edad caótica en sus fases fundacionales, y acaso filosófico-ecológico. Ya no es el hambre, es preguntarse para qué estamos en esta tierra. La verdad es que como toda mi vida he sido austero, sobrio, sin interés por el poder o el dinero sino el saber, no me molesta lo que venga. Aunque no creo estar entre los bobalicones optimistas. Las nuevas formas del poder pueden compartirse, o bien iremos hacia un mundo deshumanizado y la Inteligencia Artificial al servicio de poderes aun mayores que los peores sueños futuristas, peor que 1984. Una Roma de romanos mundial con tecnología. 

Publicado en El Montonero.,  20 de enero de 2020

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Macera: un rebelde, un hombre íntegro y claro

Written By: Hugo Neira - Ene• 13•20

Ciertos libros me obligan a concentrarme y dejar Lima por un cierto tiempo. Pero llegan noticias del Perú, no necesariamente afortunadas. En el lugar en que me encierro, entra Claire, con una cara que daba miedo. «Macera se ha muerto», me dice. 

No me voy a hacer ahora el amiguito del fallecido, como hacen muchos. Lo cierto, no nos frecuentamos. Son cosas que pasan, después de todo, me he pasado gran parte de mi vida fuera del Perú. Sin embargo, lo cierto es más sencillo, con Pablo y también con Carlos Araníbar, nos veíamos cuando trabajábamos en la casa Colina para el maestro Porras. También Mario Vargas Llosa, un tiempo antes de ir a Europa.

Colina 398. Hacíamos fichas para el senador Porras, de libros, de documentos. Nos daba un salario el editor Juan Mejía Baca. Francamente, cuatrocientos soles, me parecía una fortuna, el último empleo que tuve antes de la casa en Colina, eran cien soles por dictar clases en un colegio privado de secundaria, en el centro de Lima, que aceptaba adolescentes flojos que no podían concluir el quinto año de media. Cuento esta historia porque de golpe, entré a donde nunca pensé entrar, al paraíso intelectual de Porras y de sus últimos discípulos. Los porristas —por llamarlos de alguna manera— fueron centenares, pero no formamos ninguna secta. Acaso Porras nos daba una silenciosa lección: ser liberal en el sentido de aceptar al otro, aun si no coincidías. En fin, en la casa Colina vuelta taller, yo era el más joven y el más pobre. Y además, comunista. Los de antes, no de izquierda, eso es una coquetería que vino cuando las clases altas comenzaron a tener hijos atrevidos que tomaban esa corriente para seguir mandando. No soy de esos. Y en el resto de mi vida, no me olvidé ni de Porras, ni de Macera o Araníbar. Cuando pude, en los años que fui Director de la Biblioteca Nacional, el azar hizo que Luis Valera, de izquierda, diagramador en la BNP y muy culto, fuera un vínculo entre Macera y Araníbar gracias a lo cual publicamos diversos ensayos suyos en las revistas de la biblioteca.

Estoy escribiendo esta nota para El Montonero. Es de noche, una espléndida noche de luna llena en Santiago de Chile que es ciudad andina, un poco como Arequipa, de cielos despejados. La muerte de Macera y este artículo, me quitan realmente el sueño. No tengo más remedio que ponerme a escribir. Y librarme de un poema del Siglo de Oro que me trota en la cabeza: «¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son». La culpa la tiene Puccinelli y su texto de literatura para el quinto de media en colegio fiscal. Qué bien ha hecho a la nación, el profesor Vexler, de evitar a varias generaciones de jóvenes peruanos conocer a Jorge Manrique, Góngora, Lope de Vega, Quevedo. ¿Para qué? ¿Acaso no somos los primeros en la prueba PISA?

Volviendo a Pablo Macera, ocurre que estando en Santiago para concluir un libro sobre los pensadores en el Perú, acababa de releer sus libros. O sea, esta no es una nota funeraria. Ahora bien, como entenderá el amable lector, lo que he escrito sobre Pablo Macera ya no es mío, sino de los editores. Tenía la ilusión de hacerle llegar ese libro. Pero el ángel de la muerte no ha querido que sea así.

La producción intelectual de Pablo Macera es un legado enorme. Es hecho conocido, está en Wikipedia, «hacía historia, pero historia económica, historia del arte, historia de la alimentación». Pero seré sincero, no me he ocupado de todos sus escritos. Glosaré lo que ya está en mi próximo libro, todavía no editado. Mi modesta hipótesis es que tanto Macera como Basadre, no solo fueron grandes historiadores sino también ensayistas. A Basadre no lo olvidamos no solo por los tomos de la República sino por Perú, problema y posibilidad. O sus Meditaciones sobre el destino histórico del Perú, que es de 1947. Donde hace esta pregunta: ¿por qué se fundó la República? Excelente cuestión, porque hasta ahora, la res publica, la ley para todos, no se aplica. Entonces, en el caso de  Pablo Macera me atrevo a sugerir que un libro claro y crítico es Las furias y las penas, editado por Mosca Azul, en 1983, uno de sus libros más personales. Y otro que a mí me parece muy interesante, La nueva crónica del Perú del siglo XX. Tiene notas cortas muy suyas, «una pluma incisiva» dice el Diccionario biográfico de Milla Batres, allá en los lejanos años 70. La gracia es que por imitar a Huamán Poma de Ayala, sus notas se acompañan de dibujos ilustrativos de Miguel Vidal. Edición del 2000. Miren lo que dice de algo tan corriente como es la televisión. «Mucha gente tiene televisión, la ventana preferida de la casa. Quiere escapar de la realidad que no ofrece mayores opciones. Un poblador de un pueblo joven decía en 1983 de su televisión, ‘es el único artefacto que se ve limpio y derecho. Fuera de él, todo es oscuro, sucio, feo’.»

¿Qué era Macera? Un intelectual sincero. Pese al deporte de la ambigüedad en el país del «quedamos en que veremos» tan practicado en Perú como los trineos para nieve de los esquimales. Se ha muerto Macera y el mejor homenaje que podemos hacer es intentar ser tan sincero como él lo ha sido. No soy muy optimista, hay una cultura del cálculo y la hipocresía que es dominante. Perú mercantilizado.

A Macera, ser crítico no le impedía una serie de socializaciones. Uno de sus mejores libros, a mi parecer, Conversaciones con Basadre. Y por otra parte, todo lo que hizo por San Marcos. Había dirigido un departamento de ciencias histórico-sociales y un seminario de historia rural andina. Ahora bien, desde la mitad de los 70, y luego en los 80, se hizo famoso. Normal, a tal señor, tal honor. Pero cuando yo volvía a Lima, muchas veces escuchaba esta frase, «como dice Macera». Era sobre todo en la gente de izquierda. Los 90 fueron diferentes. Fujimori. Cuando pregunté qué había pasado entre la izquierda y Macera, me dijeron que había aspirado a ser Rector. La verdad es que no me pareció algo absurdo, al contrario. Pero, según parece (yo no vivía en esa época en el Perú), lo maletearon. Y Pablo tenía carácter. Ya saben, congresista.

A Macera el sincero, lo vamos a echar de menos. Cuando lo visita Manuel Burga y le hace algunas preguntas, le dice dos cosas enormes. La primera, «el Perú se indianizó en los últimos años». Y la segunda, «la República es una estafa para las mayorías». Macera y el arte de decir todo en pocas palabras. Ya estaba en exilio en su propio país. El premio paradójico al talento y la honestidad intelectual.

Como Nietzsche, tenía su «amor fati», o sea, la libertad de ser uno mismo. Si quieren saber cómo era, cuando conversaba, busquen en internet «el adiós de Pablo Macera» escrito por Rodrigo Núñez de Carvallo. No lo conozco, para mí eso no cuenta. Narra con calidad un encuentro con Porras, Macera, cómo se criticaba él mismo: «en 1995 me equivoqué, y en el 2000 mis yerros fueron mayores». Cuenta que apreciaba que Fujimori lo llamase a su despacho para conversar, «me sentía importante. Fui muy ingenuo». ¿Conoce el amable lector algún peruano que diga que se ha equivocado? No creo en los milagros pero ese sería uno. Son las 5 de la madrugada.

Publicado en El Montonero., 13 de enero de 2020

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Chile. Crónica de un estallido enorme

Written By: Hugo Neira - Ene• 06•20

Está en los diarios, en la angustia y conciencia de todos. «Caos total en Santiago: incendios, desmanes y saqueos alargan la jornada de evasión masiva en el Metro». Me explico, como todo periodismo se habla en código y para mis lectores limeños, debo explicar. Cuando se dice «evasión», en chileno, quiere decir que no pagas el precio de un transporte. En cuanto al «estallido social» tiene fecha de nacimiento, viernes 18 de octubre del 2019. Y es heterogéneo, o sea, diversos sujetos sociales. Los encapuchados, pequeños grupos, son los que rompen e incendian. Luego, gente de marchas pacíficas, llegaron a un millón el 26/10. Hay gente que sale a dar un cacerolazo en alguna plaza. Pero quienes inician el estallido fueron menores de edad, escolares que evadieron masivamente el metro,  días antes del 18 de octubre. Y continuaron para no pagar en las carreteras, quemando peajes. ¿Y eso fue todo? No señor.

El descontento de los ciudadanos, ese día, se traslada a las calles, al eje Alameda, como quien dice, la vía expresa de Lima. Un eje central. Entre tanto, los encapuchados meten fuego a las estaciones del metropolitano. Se  incendian unas 10 estaciones, desde metro Trinidad, a Los Quillayes y Santa Julia, las líneas 4 y 4A, y línea 5. Todavía no se han reconstruido, porque puede que vuelvan a incendiarlos. ¿Y eso es todo? Los ataques al metro, desembocan en el saqueo de locales comerciales, de tiendas, muchas de ellas muy modestas, o sea, por la tarde, entraron a robar masivamente en las calles. Por lo demás, por las redes sociales, se supo que al presidente de la República de Chile lo ampayaron en un restaurant llamado Pizzería Romería de Vitacura (una comuna residencial parecida a un ‘Asia’ para muy ricos bastante lejos del centro). El caos reinaba en Santiago pero Piñera festejaba su cumpleaños con su familia. Lo cuento porque todo el mundo ha sido tomado por sorpresa. Cierto, después se ha puesto a ‘monitorear’ la situación. De paso, por qué usamos eso de ‘monitorear’, lo usaba Alejandro Toledo, que sabe más el inglés que el castellano. Podemos decirlo sin esa huachafería, dirigir, mandar, organizar, lo de ‘monitorear’ es un anglicismo innecesario.

Han pasado 70 días. Tengo dos maneras de describir algo al amable lector. La más fácil, decir cuánto ha perdido Chile por ese estallido. Decir, por ejemplo, que los destrozos ocasionados por los incendios y saqueos de tiendas se eleva a 900 millones de dólares. También puedo decirles que las empresas afectadas son por lo menos 10 mil, el equivalente a nuestras pymes, y muchas han quebrado. Y han dejado sin empleo a 400 mil chilenos y chilenas. Es obvio que el PBI ha retrocedido. Pero, no sé, es la manera como los economistas explicarían el tema caótico. Pero yo quiero contarles cómo es vivir en una capital caótica, en lo que era una de las más racionales y estables de la América Latina, el país mas suizo, y hoy el caos. Como su nombre lo indica, es esto y lo otro. Lo que funciona y lo que no funciona. El azar. Lo aleatorio. ¿Buscan su Lenin? No, ya tienen su Bakunin. Su Kropotkin. Me he puesto a escarbar —yo soy calle y archivos— y resulta que anarquistas ha habido en Chile de 1850 a 1950. Y hoy, una Internacional de los que se llaman libertarios. Algo tuvimos de eso en los días de SINAMOS. Pero eso es otra historia. Delgado, Llosa, Carlos Franco. Yo mismo. Amábamos las cooperativas, «la propiedad social»,  una utopía libertaria. No todo libertario es un asesino ácrata. Son los que no creen ni en los Estados capitalistas ni comunistas. Parece que eso es lo que está volviendo, el Estado social.  En fin, volvamos a Santiago.

Les cuento cómo es hoy cruzar sencillamente una calle llena de automóviles. Santiago no es una ciudad de Irak o de Siria, pero reina la anarquía. ¿Qué ha pasado? Se han cargado los semáforas en cada esquina, quedan los cadáveres metálicos de los focos que nos decían a los peatones, verde o rojo, y eso, ya no lo hay. ¡Los han roto! Seguro que Max Hernández me diría que es un símbolo de castigar al padre, al orden, a la ley. ¿El anarquismo es el infantilismo de las izquierdas? Después terminan dándole poder a nuevos padres, esta vez autoritarios. En fin, estoy trabajando en mi casa, y se me acaba el papel. Salgo a la calle pero dudo que la tienda de artículos de oficina esté abierta, por temor a los saqueos. O bien, abre de tal hora a tal hora. Estoy diciendo, amigo lector, que imagine una avenida de Miraflores, como la Diagonal frente al parque Kennedy, que tenga 7 tiendas cerradas sobre 10. Así están las calles comerciales de Santiago. Además, han aparecido unas cortinas que casi todos los comercios han adoptado, son unas enormes puertas de acero que se pueden cerrar en segundos. El problema es que no hay sitio para las vitrinas. Y se imaginan ustedes, ¿sin vitrinas? Los comercios medianos, se han hundido. Y además, medio Santiago esta lleno de grafitis, con letreros como «paco culeado». Lo de ‘culeado’ es un insulto chileno. Paco es carabinero, policía. Les tienen odio. En un país tan formal como el chileno, el carabinero era temido y a la vez admirado. Pero hace unos años, se descubre corrupción entre ellos, y de entonces, perdieron crédito y de todos modos, les recuerdan los años de Pinochet. 

Yo podría decirles a mis lectores que todo arranca de temas precisos, el fastidio por las pensiones para jubilados que no alcanzan para nada, los impuestos que al presidente Piñera se le ocurrió imponer sobre el agua, la luz, y otros menesteres. Y las grandes desigualdades en Chile, en especial, en materia de salud y educación. Se sabe que los precios para una clínica o una buena universidad son equivalentes a los de los norteamericanos. Y por mucho que las clases medias hayan mejorado en los últimos años, la media del producto personal es 15 mil dólares (nosotros estamos por los 6 mil) y un americano, por los 59 mil. O sea, inalcanzable para el chileno de clase media. El malestar social ya lleva sus 30 años. Y es la calle la que le ha dicho ‘no’ al sistema.

Pero ahora viene lo bueno. Les ruego a los diagramadores de El Montonero pongan las portadas de los libros que he encontrado en las librerías de Santiago en los inicios de este artículo. Los intitulados son los siguientes: Malestar social y desigualdades en Chile, de Antonieta Vera Gajardo. Amigo lector, eche un ojo al año de edición, ¡2017! Y no es el único: de Carlos Rivadeneira Martínez, Aquí se Fabrican Pobres. El sistema privado de pensiones chileno. Otra catastrofe social «que no garantiza ningún bienestar en el tercio de sus vidas». Ese libro es una tesis, también de 2017. Un tercero, de Kathya Arauco, psicoanalista, Habitar lo social. Usos y abusos en la vida cotidiana en el Chile actual. Y saben de qué año, nada menos que en el 2009, en una serie de LOM Ediciones dirigida por ella y Danilo Martuccelli. Tres libros y un cuarto, que es aplastante, Chile concentrado (2016). Es una investigación de varios autores sobre el modelo económico. Iniciada por Pinochet, con la reprivatización de casi todas las empresas, se ha formado «una economía oligopolizada». Chile no tiene sino un 9% de pobreza. Lo que ocurre es una rebelión de las clases medias¡!  Por otra parte, había señales de lo que hoy es caos. No me sorprende que la clase política en el Perú no lea, ¿pero en Chile?!

Leo los diarios santiaguinos. No dicen nada de lo que dicen los sociólogos, politólogos y economistas de los libros señalados. ¿En que confían los sordos diarios? En la aplicación de nuevas tecnologías. Pero no faltan cabezas sensatas que provocan diálogos entre algunos partidos. Pero entre tanto, la oposición produce acusaciones constitucionales contra carabineros y los intendentes (el equivalente del prefecto, de otras épocas). Incluso la ONU ha intervenido diciendo que Chile debe atenerse a las reglas internacionales,  y frenar el uso de balines y perdigones. Es cierto que hay 170 personas con traumas oculares. Pero también acaban de dar una prisión preventiva para un sospechoso por quemar la iglesia de Carabineros San Francisco de Borja, hace pocos días.  

Haré ahora la pregunta esencial, ¿por qué tanta desigualdad en los países de América Latina? ¿Qué continente es este que tiene modernizaciones sin modernidad? Me parece mentira, la situación de Chile me recuerda a Basadre calificando las clases sociales durante la República peruana. «Desaparece la aristocracia colonial peruana; y después del empobrecimiento con la guerra de caudillos, la formación de un sólido grupo plutocrático.» Nunca tuvimos una burguesía moderna.

Entonces, ¿no hay clases dirigentes en nuestros países? ¿Solo enriquecimientos ilegales en el Perú, vendido y dominado por Odebrecht? Y en Chile, ¿no han podido establecer el muy conocido sistema alemán Mittelstand? «Consiste en firmas medianas en oposición a las grandes corporaciones multinacionales». ¿Por qué ese sistema alemán es más eficaz? «Porque toman decisiones a largo plazo» (Chile concentrado, p. 44). El tema es largo. En  la próxima semana les contaré lo que hacen las instituciones en los preparativos para abril sobre la nueva constitución. Y cómo sigue el caos.

Chile no es sino un caso. El gran problema mundial es el de la desigualdad. Ya no es la pobreza. Lo que ocurre está más allá de la derecha y la izquierda tradicionales. La gente no quiere esperar tres generaciones para salir de la pobreza. Y ocurre entonces, lo que Iván Degregori llamó, ante Sendero, «los hondos y mortales desencuentros».  

Publicado en El Montonero., 6 de enero de 2020

https://elmontonero.pe/columnas/chile-cronica-de-un-estallido-enorme

La serena aventura de José Miguel Oviedo

Written By: Hugo Neira - Dic• 23•19

Que he relatao a mi modo,

males que conocen todos

pero que naides contó . —Martín Fierro

Se forma en la universidad Católica del Perú. Se doctora en 1961. Y comienza su vida docente, en la misma Universidad, lo cual es raro. Oviedo tuvo éxito desde sus primeros pasos. Lo recuerdo en el momento en que ejercía la crítica literaria en diversos medios de prensa limeños. Lo atrajo la narrativa al punto que escribe un libro de cuentos y también en el teatro, Pruvonena, un drama en tres actos, sobre las disputas en el momento de la Emancipación. Pero pronto se dedica al estudio de la literatura peruana y hay que anotar que también sobre la literatura latinoamericana. Según se sabe, que también en plena juventud, viaja a los Estados Unidos, trabaja en diversas universidades, y es en la universidad de Pensilvania donde se establece tanto como docente que investigador.

En el momento que nos conocimos, teníamos en Lima un personaje excepcional, mayor que nosotros. Hablo de Sebastián Salazar Bondy. Intentamos una que otra revista, pero en vano, no pasábamos del primer número. Sin embargo, no podemos decir que no se le reconoció talento antes del gran salto a la América del norte. Oviedo ha dirigido la Casa de la Cultura en el Perú de 1970 a 1973, o sea, el cargo más alto en el Estado en esos tiempos, el equivalente de un  Ministerio de Cultura de estos días. Sebastián era nuestro Sartre. Escritor y político. Con el tiempo, y lejos del Perú, en lo físico, no en su oficio de erudito literario. Hoy se conoce que Oviedo escribe sobre César Vallejo, Ricardo Palma y Mario Vargas Llosa.

La serena aventura intelectual y existencial de Oviedo no se ocupa solo de la literatura peruana. Su obra en cuatro volúmenes, titulada Historia de la literatura hispanoamericana, es publicada entre 1995 y 2001. Si escribo esta nota, aunque no pueda eludir el hecho que se ha muerto, es para recordar una obra monumental. No es un trabajo corriente, y a diferencia de otros eruditos, un contexto histórico y social acompaña cada autor, corriente literaria o moda o capricho. Para hacerme entender, abro el primer tomo, titulado, de los orígenes a la Emancipación. No solo del Perú sino de eso enorme que llamamos Latinoamérica. Parte Oviedo de Colón y el legado de las literaturas indígenas, los códices de la lengua náhuatl,  y Nezahualcóyoc y su poesía de la mortalidad. Y la literatura maya, el Popol Vuh, los libros del Chilam Balam, y de ahí pasa a la literatura quechua, desde las cosmogonías a la poesía amorosa. Además, se ocupa de Colón y de sus diarios, y sobre el XVI, entre «libertad y censura», desfilan los textos y el entendimiento de Bartolomé de las Casas, de López de Gómara, y los cronistas indios y mestizos de México, y los cronistas del Perú. De olvidarse de alguna lírica o épica, se ocupa de la Araucana, de Chile. Y hacia las páginas 200, del Inca Garcilaso y «el arte de la memoria», y  luego el barroco, Sor Juana en México y en Perú, la virulencia de Caviedes. Y eso no es todo, cuando ya se establece el neoclasicismo y el romanticismo, hay páginas sobre el sueño de Bolívar, y las aventuras de Miranda, la poesía cívica de Melgar, y sin duda, al gran Bello, un sabio lingüista, que por cierto, hemos olvidado.

Los estudiosos sobre la literatura del conglomerado llamado América Latina, rara vez se dan el trabajo de mirar por encima de la jaula patriotera. Oviedo no necesitaba ser argentino o porteño para ocuparse de Echeverría, Sarmiento, las polémicas de Alberdi, y otros hasta llegar al Martín Fierro, «aquí me pongo a cantar, al compás de la viguela, que el hombre que lo devela, una pena estraordinaria, como el ave solitaria, con el cantar se consuela».

¿Y cual sería el mal o los males de nuestro tiempo? No dudo ni un segundo en responder esa cuestión. Se llama provincianismo. La generación del primer Centenario de la Independencia, ese grupo excepcional del Conversatorio —Basadre, Vallejo, Porras, y sin duda alguna, José Carlos Mariátegui—, era gente que no pasaba de los veintitantos años, pero ya sabían que había que salir al mundo exterior. Al joven y provinciano Vallejo, se rieron de sus poemas, Los Heraldos Negros, y Vallejo se queda para siempre en el viejo continente. Porras se sirve de su estadía en España para ir a los archivos de Indias que están en Sevilla. En París recibe un consejo, de nada menos que de Max Uhle, fundador del Musée de l’Homme, «que estudie también los cronistas indios», y Porras se ocupa de Guamán Poma de Ayala. En otros campos del conocimiento ¿podemos imaginar un Haya de la Torre sin la experiencia adquirida en su exilio mexicano, luego en Oxford, luego en la Alemania de la República del Weimar y luego, en la Rusia bolchevique, antes que se establezca Stalin? Y que, ¿un Mariátegui sin su «alma matinal», en Francia, en Italia, «donde desposé una mujer y algunas ideas»? (Más o menos, escribo a calamo currente). Los García Calderón no regresaron. Manuel González Prada se va de Lima en 1981 a 1989. Valdelomar se hace cosmopolita puesto que su metamorfosis le ocurre en Italia, aunque lo conocemos por El caballero Carmelo. ¿Un cuento de costumbrista o el elogio universal al luchador?

En nuestro tiempo, el casi inevitable viaje al mundo europeo de ayer, no resulta tan dramático, se va y se viene. Pero ¿dónde colocar a César Moro? Estudia en el colegio de los jesuitas, viaja a París, descubre el surrealismo, vuelve al Perú, en 1938 tiene que irse, son diez años en México y La Tortuga Ecuestre. Otro diez años después, docente en un colegio militarizado, el Leoncio Prado, donde lo conoce Mario Vargas Llosa. Acaso entre los creadores, hay algo en común, la errancia.  

Me explico: la errancia es un proceso de uniformalización engendrada por el pensamiento técnico y científico, y es Heidegger quien sugiere que es el evento mayor de los tiempos modernos. Pero no lo aplaude. Vio la norteamericanización de nuestros días. Eso lo vio en los años 30. Y hoy no hacemos sino constatar visiones insólitas, la errancia como  fenómeno, ¿una anunciación de metamorfosis de diversas sociedades?

En fin, algún día volverá la sensatez en las escuelas secundarias del Estado y se estudiará no solo literatura peruana sino latinoamericana. Y entonces, los 4 volumenes de José Miguel Oviedo brillaran por sus propias luces. Por ahora, ojalá lo reediten para escuelas públicas. Una manera de aplaudir al amigo que se fue y de paso, mostrar como se lee, se crítica y se admira. Así de sencillo y así de eterno. Trucos del oficio de escribir.

Publicado en El Montonero., 23 de diciembre de 2019

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