Peor que un plagio, un Ersatz

Escrito Por: Hugo Neira 392 veces - Dic• 24•18

En estos días previos a la Navidad, me piden unos amigos una opinión académica a propósito de la tesis del fiscal Domingo Pérez, cuyo texto repite, línea por línea, párrafo por párrafo, el texto de un juez. En efecto, los documentos que me pusieron en la mano, es cierto que literalmente replican un trabajo ajeno. Sin embargo, el fiscal hace la cita de su fuente, del escrito del juez Linares Rebaza. ¿Es suficiente? ¿Poner el nombre del verdadero autor permite no glosarlo sino repetirlo, sin cambiar ni una coma?

Sobre este asunto ya ha dado su parecer Marcel Velázquez, alguien que conoce perfectamente el uso gramatical del castellano. Y le reprocha no haber puesto las comillas. Y le doy la razón. Inexorablemente las comillas tienen un función. Cuando las pones, es un gesto de honradez. Quiere decir, ante los ojos y el cerebro del lector «el texto que sigue, no es mío». Las comillas marcan qué es lo que es de uno y qué lo de otro. Así de simple y de enorme.

Por mi parte, no voy a especular —nunca lo hago— si el fiscal de esta historia eludió las comillas para hacer pasar ese texto como suyo. O acaso no sabe para qué sirven las las comillas. Ese es un tema de las redes. A mí, otra cosa me importa. Algo que no es ni jurídico ni político. Todos sabemos que muchos estudiantes bajan textos de Internet y los hacen pasar por suyos. Eso ocurre porque la secundaria en el Perú, no es mala. Es algo peor. Es un Ersatz.

El concepto está en el intitulado de esta crónica. Por mi parte, no uso un concepto sin explicarlo, tanto para mis libros o para crónicas como esta. Lo que se llama, universalmente, un Ersatz, merece una explicación. (No se dice ‘amerita’, lo usaba Alejandro Toledo, y no solo nos fastidió la gobernabilidad sino también la gramática.) ¿Qué es un Ersatz? Es un sucedáneo, un producto de sustitución. Se usa en castellano como en la lengua inglesa. Por ejemplo: «Wool or cotton, that was Ersatz, artificial» quiere decir «lana o algodón, era sintético, artificial». Otro ejemplo, margarina en vez de mantequilla. Quiere decir, un sustituto, acaso de poca o ninguna calidad. Su uso es despectivo. La margarina es un Ersatz de la mantequilla.

Pues bien la educación peruana, hace tres décadas que es un Ersatz. Lo del juez plagiado, me importa su lado social. El caso de un fiscal con textos sin comillas no es un caso aislado. Todos sabemos que para graduarse en una maestría o un doctorado, hay que presentar una tesis. Y millares de estudiantes hacen lo mismo. Y —pregunto—, ¿en qué nivel de estudios, en secundaria o en universidades, se enseña lo que se enseña en otros países, a organizar las ideas mediante cursos de redacción? Mejor dicho, ¿cómo les piden algo que en ningún momento ha sido tema de trabajo en la secundaria común? Con el mismo criterio, sin pensar en el fiscal sino en los estudiantes, ¿por qué no les piden que lo hagan en latín o en alemán? En otras palabras, qué cinismo y trampa es exigir lo que el sistema de formación intelectual y profesional ignora, y en un país en que no se aprende ni a comprender un texto ajeno o disertar racionalmente en un paper (¡!¿?) Tanto admiran a los Estados Unidos, sepan entonces que sus jóvenes estudiantes pasan primero por los colleges, donde no aprenden materias sino métodos de estudio y de hablar y redactar con una lógica particular que es la del saber y la ciencia. ¿Con qué cara les pedimos hagan lo que no les enseñaron en ninguno de los niveles de educación, ni en la primaria, ni en la secundaria, y menos en las universidades, que han eliminado los estudios generales?

En Perú, ¿dónde se aprende a escribir? Muchos creen que es un don natural. Otro extravío muy peruano. No es innato. No es natural. Lo es hablar. Pero leer o escribir es algo que se aprende. No viene de los genes. Sino de los mayores. De la cultura. Pero hoy, los peruanos hablan castellano pero no han estudiado ni un gramo de gramática… Entonces, no es el problema de un fiscal sino de millones de peruanos, hoy entre los veinte y cuarenta años. Salvo los que peinamos canas hemos tenido una educación correcta. Lo he dicho y lo repito: si tuviese un hijo adolescente, lo enviaría a estudiar a Bolivia o al Ecuador, en donde la enseñanza sigue el modelo universal y no el mamarracho de la secundaria estatal del Perú.

El ser humano no viene completo al mundo, lo complementa la cultura, el contexto. Para eso se inventó la escuela, para dar el saber a los hijos, aquel que los padres pueden ignorar. Así es la cosa, hábitos y aprendizajes desde hace milenios en la edad adecuada, la juventud. Pero los constructivistas dicen que enseñar va contra los derechos del educando. Según ellos, los adolescentes deben descubrir, por sí solos, lo que Mendeleiev, su clasificación de los elementos químicos, una tabla de doce líneas y ocho columnas, en la que están todos los elementos, incluyendo los que anticipó con casillas en blanco, como el germanio y el galio. Esa vanidad interrumpe lo que es la educación humana, tenemos la herencia de los sabios que nos preceden. Y si un niño tiene 12 años, con la buena escuela que cuenta con la acumulación del saber, ese niño tendra 12 + 2500 años de saber en su cabeza. Siempre y cuando no sea una escuela peruana en manos de constructivistas que han logrado que millones de jóvenes peruanos no abran un libro, e incluso, que un fiscal no sepa para qué sirven las comillas. Bravo doctor Vexler. La deseducación está lograda. Hoy toca las cumbres del poder. Felicitaciones. Lo de desburrizar las aulas no es para mañana. Y después nos quejamos del nivel de los parlamentarios.

Pese a todo, ¡Feliz Navidad!

Publicado en El Montonero., 24 de diciembre de 2018

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