Política, memoria y compasión

Escrito Por: Hugo Neira 168 veces - Jul• 09•19

Mientras la moral tenga una razón de ser, habitará en ella la compasión.

—Horkheimer

Muchos de mis coetáneos ven el 2021 no como un pasaje de un gobierno interino a uno que vendrá directamente de las urnas.  Lo ven como un abismo. Un enigma. Y en algo tienen razón. Pero cuando hubo crisis en 1931, en 1990, el Perú cambió y no para mal. Por el momento, lo que hay es un abismo entre el país real y el país político. ¿Que de dónde saco esa hipótesis? preguntará el lector. Pues sencillamente del resultado del Barómetro de las Américas.

Quién se fía de las encuestadoras locales, ¡por favor! Acudo a una fuente que examina el estado de «la cultura política de la democracia en el Perú» con un criterio más serio y neutral, desde una institución internacional. Así, preguntan sobre la preferencia del régimen de gobierno, por una democracia o un autoritarismo. La mayoría de los encuestados, como en otros países, prefería la democracia, pero, por una parte, la entienden como libertad (sin reclamos de derechos civiles o culturales). Y cuando se les preguntaba por una definición de esa democracia, se presenta un problema. No la pueden definir, sea porque son «residentes de la sierra Sur», sea porque en general, «el menor nivel educativo disminuye la probabilidad de definirla». (http://www.americasbarometer.org/, pp. 58-59)

Por lo demás, me llamó la atención que el Perú tuviese el más alto índice de lo que respondieron, «da lo mismo». Vaya respuesta. Revela un grado enorme de desengaño. Y eso en el 2006. ¿Se imaginan en cuánto habrá aumentado ese nihilismo colectivo después de los escándalos de Odebrecht, Lava Jato, el gatillazo de Alejandro Toledo —«Barata, paga, carajo»—? ¿Y los cuatro ‘palos verdes’ en los labios de la señora alcaldesa Susana Villarán y Lavalle, acaso con algo de Al Capone? Entonces, el 2021, ¿el apocalipsis?

Lo que está ocurriendo es muy complejo. Y no me fío solamente de mi instinto. Trato de seguir y escuchar a otros. Así, de repente, Jorge Nieto en una entrevista de Perú.21. Y por otra parte, la entrevista de Mijael Garrido Lecca en Canal N, a Fernando Tuesta, que como todo el mundo sabe, es quien ha presidido la Comisión para la Reforma Política.

Lo que dijo Nieto, entre muchas otras cosas, es que ve un centro político vacío, y advierte que hay dos avenidas extremistas, por el lado de la izquierda y de la derecha (o derechas). También dijo que entiende a Vizcarra, «su bancada es la opinión pública» (en ‘La Voz del 21’ de Joaquín Rey, sobre el 20 de junio pasado, yo lo encontré más tarde en Youtube). En cuanto a la entrevista ante Garrido, este le hizo una observación a Tuesta. A saber, sobre las primarias abiertas obligatorias. En este mismo diario, El Montonero, su director Víctor Andrés Ponce ya había desarrollado la idea de que eso no se usa en otras democracias. Pero a esa cuestión de Garrido, el profesor Tuesta no tuvo una respuesta clara. Ese punto es el talón de Aquiles de las reformas. Se abre la puerta a que una buena cantidad de personas que no sean del partido X sino del YZ, participen en la primaria de X, votando por el peor candidato. Garrido le dijo a Tuesta que «pecaba de inocente». Parece que Tuesta se olvida de que no estamos en Suiza sino en el país en donde la pendejada es tan corriente que hay una tesis en San Marcos sobre ese tipo de conducta e ideología.

Al profesor Tuesta le recuerdo que un gran sociólogo francoperuano, Danilo Martuccelli, en un libro que todo peruano debería conocer —Lima y sus arenas— dice: «el achorado, en su núcleo duro, testimonia de una actitud de desafío específica que es de los de abajo». En ese sentido, en eso de «buscar salidas por sí mismo», Martuccelli «encuentra similitudes en la gestión de Fujimori» (p. 227). Pero el achorado, es un «vencedor inescrupuloso». Concepto que está en mi libro de 1996, página 485, y que Martuccelli cita. Desde entonces, esa cultura popular ha crecido. Y pensándolo bien, eso está en la polarización que domina la vida política peruana.  Y si esto es cierto, entonces, se me ocurre calamo currente dos constataciones, ambas lamentables. Polarización no es política. La política se hace cuando derechas e izquierdas se enfrentan pero no se destruyen. Cuando el otro existe. No es el caso. Y la segunda, que fujimoristas y antifujimoristas se semejan, son partidarios del aplaste. Nieto lo llama «el encono». Pero creo que es algo más vasto y tremendo. Son estrategias. Como habría dicho un sabio, «hay una razón en su locura». Al fin de cuentas, muerto Alan García, enjaulada Keiko, ¿quién es opositor? Entre tanto, las redes sociales, la posverdad, matan sin balas a los que osan querer llegar al poder formal y legítimo. Los quioscos lucen las primeras planas en los múltiples diarios que dicen lo mismo —eso, ni cuando Velasco— y que son leídos pero no comprados, aunque cuesten 50 centavos. El peruano de a pie mira, no lee y se va a sus asuntos. Ya sabe. Hoy, pues, con razón, casi no hay intelectuales. Se nos han ido Julio Cotler, Gonzalo Portocarrero, Iván Degregori, Enrique Bernales, Hugo Garavito, Javier Tantaleán, Javier Barreda.

Por mi parte, soy de los que observan, escuchan, y leen. De Tuesta prefiero su libro, Perú, elecciones 2016, en el cual hay aportes diversos. Por ejemplo, el de Rafael Arias Valverde, sobre «el elector limeño». Dice que en Lima metropolitana, en el 2016, los votos por PPK provinieron de zonas como San Isidro y Miraflores y otros distritos «de alto nivel de Desarrollo Humano», los de Keiko —nos guste o no— vinieron de Villa el Salvador, Los Olivos, San Juan de Lurigancho. ‘Contexto y bienestar’, es un buen capítulo, cómo se involucra en las preferencias electorales. Pero con un aspecto particular. El alto nivel no significa que el votante sea conservador, es al revés. Cuanto más alto es el nivel de vida, «la población es más proclive para apoyar los candidatos y propuestas que impacten en el bienestar social» (p. 299). ¿Increíble? Son los partidos llamados tradicionales los que son capaces de reformas, un escenario favorable a derechos civiles y laborables. Otro aspecto: el electorado limeño «centra su voto en los candidatos y no en los partidos».  

Entonces, ¿vamos a repetir ‘la democracia delegativa’? ¿La de los noventa? Los rivales actuales del ‘Chino’, ¿lo repiten? El concepto es de O’Donnell, y lo usaron Cotler, Carmen Rosa Balbi. Eso ocurre cuando una sociedad está apurada para salir de la pobreza y a la vez, el nivel de ciudadanía «es de baja intensidad», como dicen sibilinamente los expertos internacionales. Nuestro pueblo disocia el progreso socioeconómico de lo político-institucional. No cree que lo segundo impulse y permita lo primero. Ocurre que simple y catastróficamente, no se acepta que la democracia no es sino un gobierno de poliarquías, es decir, minorías diferentes en sus propósitos y métodos. ¿Qué se produce entonces? Algo imposible de utilizar en cualquier otra sociedad que no fuese la peruana. Lo que Carlos Franco llamó, «lo representativo- particularista». Porque en el Perú se  confía en los individuos y no en las reglas (Acerca del modo de pensar la democracia en América Latina).

¿Un abismo el 2021? ¡Pero si eso ya ha ocurrido! «El colapso del sistema fue en 1995 cuando ninguno de los partidos tradicionales alcanzó más del 5%» (Tanaka). Lo más divertido y ambivalente es que muchos han olvidado que votaron por Fujimori. Esos cambios revelan un cinismo colectivo. Por eso invoco la memoria, en el intitulado.

En fin, ¿qué política se puede hacer en una sociedad descuajeringada como la peruana, de vida mayoritariamente urbana y que repite el modelo limeño en las grandes ciudades del interior? Eso ya nos lo dirán los que iran a repetir, con toda probabilidad, el patrón de dominación de siempre.  

Publicado en El Montonero., 8 de julio de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/politica-memoria-y-compasion

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