Referéndum. Sí pero, ¿rapidito nomás?

Escrito por: Hugo Neira - Août• 27•18

No me asombra en exceso que el presidente Vizcarra haya tomado la iniciativa y la bandera, tan esperada, de cambios institucionales. Ni la respuesta de Keiko Fujimori. Mi hipótesis, sin duda personal, es que ambos se han afirmado en el rol político que les toca y conviene. Uno oficial y otro de oposición. Cada uno con su propia estrategia. No la aplaudo, digo nomás.

No estuve en Perú ni en julio ni en el mes de agosto. Pero tengo entendido que el discurso dirigido a la Nación de las pasadas fiestas patrias, tuvo un efecto enorme en la vida política del país. En las encuestas —aunque por mi parte dudo de ellas en cuanto a que representen a toda la sociedad peruana—, igual no es poco pasar de 35% en julio a 46% en agosto, según Ipsos Perú. Qué duda cabe, la ciudadanía está de acuerdo en una reforma judicial, obviamente indignada por el destape de la maquinaria de corrupción legal que habían montado los Jueces Supremos, lo que ha conducido a admitir un referéndum con varias consultas.

La encuesta fue corta. Los que la organizaron confiesan que fueron consultados 1’266. Pero no es el lugar para discutir su tecnicidad, ha sido hecha, y atengámonos a su resultado. No busquemos cinco pies al gato. Con esos resultados pude enviar una crónica pero preferí postergarla hasta dejar Europa, volver a Lima, y hacer lo que conviene hacer, consultar amigos y ver los diarios. Todo esto para decir que ante tal desafío político y cognitivo de la reforma que se viene, he hallado un par de textos sensatos. Y además, escuché, apenas llegado, una intervención de Enrique Bernales en una mesa redonda de corte académico, que francamente, viene al caso.

Comenzaré por Abusada Salah, el 21 de agosto. Tras el escándalo de los audios se ha producido “una indignante e insoportable situación lo que ha empujado a la clase política a emprender el cambio”. Lo que más me atrajo del artículo de Abusada, es “la oportunidad de un shock reformador”. Pero tiene sus dudas. “Existe el peligro de que los líderes del cambio arriesguen a hipotecar la oportunidad de impulsar un shock reformador en aras de obtener popularidad de corto plazo”. Por lo demás, está por el retorno a un Senado, “elegido en distrito único, puede defender el carácter unitario de la nación”. ¡Qué fortuna sería aquello! Senadores que vieran al Perú como mixtura de culturas y a la vez de vínculos y acoplamientos. No es el caso presente. No se quisieron fusionar cusqueños y arequipeños. La macrorregión solo existe en la cabeza del jurista que se le ocurrió la cosa.

He dicho dos artículos sensatos. El otro es el de Jaime de Althaus (24 de agosto, igual en El Comercio). Comienza con “Keiko Fujimori pudo haber dicho lo mismo que le permitiera no seguir perdiendo el piso”. Se refiere al reproche que la hija de Alberto le hace al presidente actual, “la reconstrucción, la anemia, el acoso de las delincuencias, etc”. A lo que va Althaus es que esos “problemas urgentes” deben ser atendidos, pero eso no significa que la reforma judicial y política no sea menos urgente que obras de infraestructura. Y sobre las dichas reformas, Althaus acoge el proyecto de la bicameralidad pero no el de « la no reelección de congresistas sería negativo”. Por lo demás, Althaus, serenamente, señala que si nos cambiamos de diputados como quien se cambia de ropa interior —no lo dice así— “nos llevaría a una imposibilidad de consolidar nunca una clase política experimentada”.

Ahora bien, en esta problemática de las reformas, hay dos maneras de aproximarse. La que acabamos de describir, racional. Y la otra, deliberadamente política. ¡Hombre! Volvamos a Maquiavelo. Hay dos propósitos fundamentales. Cómo se llega al poder. El segundo, cómo se le mantiene (Cap.V, El Príncipe). Comencemos por el referéndum que convocará el presidente Vizcarra. Lo quiere de inmediato. Políticamente tiene razón. El solo gesto de convocar a los ciudadanos lo saca de la situación de reemplazante o interino. Seamos realistas, con el referéndum adquiere eso que se llama legitimidad. ¿Me hago entender? Se acaba la vaina de que “elecciones ya”. Aparece en el horizonte el 2021. No es poco.

Pero se entiende también, políticamente, lo de Keiko. Cierto, podría tener una actitud más diplomática, lo sugiere Althaus, y un “sí pero”, hubiera sido oportuno. Pero al estar en apenas un 15% de aprobación —aunque los otros están peor— puedo suponer que por dentro, en el enigmático partido Fuerza Popular, deben correr vientos huracanados. No tiene más remedio que cargar con su propia mochila, el rol nefasto de la oposición.

El problema de esta hora es el corto o el plazo medio. Yo le sugiero al amigo lector que escucha al constitucionalista Bernales.

Esa reforma no se puede hacer en los plazos cortos que el Primer Ministro, Villanueva, cree posible. Se dice —Lima es muy chismosa— que un sociólogo ha colaborado con el proyecto de reformas. Qué bien. Creo conocerlo y es de lo mejor. Pero sería conveniente que el Presidente llame también a los constitucionalistas, los hay. Además, esas reformas merecen un debate nacional. ¿Cuándo en la tele del gobierno?

En suma, el presidente Vizcarra se afirma con sus reformas. La señora Keiko lo hace complaciendo a sus bases. Nada del otro jueves. Así van las cosas. La guerra civil sin balas. Puede ser entretenido, pero nos espera el 2021. El agujero negro. Sin una cultura masiva ni educación para esta interminable transición peruana a la democracia, se vislumbra un final catastrófico y la probable victoria de un outsider. Una emanación del lumpen. Así fue como llegó Chavez, tras el desengaño de las grandes mayorías, por el camino de las urnas al poder total. Sigamos jugando al que gana pierde, nos espera un infierno peor que el actual.

Publicado en El Montonero., 27 de agosto de 2018

Referéndum. Sí pero, ¿rapidito nomás?

 

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