Hablemos de Haya, del Aprismo y del Perú

Escrito Por: Hugo Neira 257 veces - Mar• 27•23

Aunque esté lejos del Perú, me alegra la noticia que recibo de Lima: la inscripción definitiva del partido aprista ante el Jurado Nacional Electoral. El partido político histórico, el APRA, no forma parte de esos partidos que no quieren competir con otros, como pasa con los herederos de Lenin y ahora, en la Venezuela de Maduro, que no quiere irse.

Los países, al igual que sus paisajes, tienen sociedades variadas y que van cambiando, es la idea fuerza que motiva esta columna. El Perú de Haya no se puede comparar con el Perú de hoy, la sociedad ha cambiado mucho. En un estudio sobre el Perú de los años 1930-1970, el geógrafo francés Olivier Dollfus nos decía que para entenderlo, hay que conocer su geografía, las grandes etapas históricas de sus sociedades y la organización social (Le Pérou, PUF, París, 1983). La presión demográfica llevó a una nueva organización espacial, a mayores interacciones entre la gente de la costa, de la sierra y de la selva, que la masa de los Andes divide. Pero los Andes ya no son los mismos que en los 70 en cuanto al tipo de trabajo y modo de vivir.

Antes de continuar, debo decir que no sigo la costumbre limeña de hablar mal de todo lo que se origina en la provincia. Disculpen. Obviamente, toda mi vida, nunca fui aprista pero tampoco un antiaprista. Pero debo contar que me encontré con Haya De la Torre en esa casa enorme que tenía hacia la carretera la sierra, en Ate, Villa Mercedes, y alguna vez en París, cuando yo estudiaba y trabajaba allí, en los años 60. El líder del aprismo estaba de paso, iba a Suecia, a aprender del régimen político que los suecos y otros pueblos de la Europa del Norte —“los pueblos enérgicos” los llamaba— tenían, la socialdemocracia. Haya viajaba siempre para “observar, estudiar, aprender”. Un modelo económico y social distinto al anglosajón y al comunismo. En el modelo sueco, Haya encontraba el anticipo de sus propias propuestas, o sea conciliar el realismo de la economía de mercado con una política social que se llama el “Estado providencia”. Sistemas de salud y educación masivos, cunas infantiles en el lugar de trabajo para las madres que laboran, ancianos y desvalidos protegidos por el Estado. Un modelo de corresponsabilidad social que en Lima no se entendía. “Yo sostengo que los escandinavos (aunque todavía puedan ellos quejarse y hacer críticas a sus organizaciones sociales, que por cierto no pueden ser absolutamente perfectas) son los pueblos que han llegado a las más altas realizaciones democráticas después de la II Guerra Mundial. Y que es de ellos, y no de otros, de los cuales los países latinoamericanos deben tomar ejemplo” (Haya, 1955). No olvidemos tampoco que Haya había pasado por Oxford, aprendía de todos.

El Perú sigue siendo una “tierra de contrastes”, como lo dijo Dollfus. La misma topografía de los Andes peruanos es variada, con mesetas de alturas variables de hasta 4000 metros, las punas, que presentan cuencas alimentadas por un río, como es el caso del Mantaro, en Huancayo. Otras más pequeñas, caso de la cuenca de Cajamarca. Y profundos y estrechos valles que forman el lecho de los ríos que corren hacia el Pacífico. Un relieve que nos da una gran variedad de climas y cultivos.

El Perú del interior se ha despoblado para hacer crecer las ciudades intermedias y su cinturón urbano. De tal forma que hoy es un país urbano, hay más población en las ciudades que en el mundo rural. Y es un mundo de comerciantes. Los migrantes hacia la capital o la ciudades medianas no encuentran trabajo sino en el sector terciario, y empleos precarios, pues no tuvimos un proceso de industrialización. “El crecimiento demográfico ha sido un gran desafío. De 6,2 millones de habitantes en 1940, pasó a 18 millones en 1980, o sea triplicó. En 1983 o 1984, la población había alcanzado los 20 millones”, dice Dollfus. En el 2022, los peruanos alcanzaron los 33 millones 396 mil según el INEI. Y los mayores de 60 años representan el 13.3% del total. En 1940, el 64,6% de los peruanos vivían en el medio rural, y 35,6% en el medio urbano. Esto se ha revertido por completo. Según el INEI siempre, ahora (2017), el 82,4% de la población vive en zonas urbanas. Y el tamaño de un hogar, en el 2021, es de 3,4 personas.

Después de una transición militar, el ingeniero Belaunde llega a la presidencia del Perú, con Acción Popular, en 1963. Los apristas se mantienen en la oposición en una coalición con Odría, APRA-UNO. Es el adiós del revolucionario Haya. Una mayoría de parlamentarios provenía de las clases medias y algunos minifundistas del Cusco. Frustraron la primera reforma agraria que resultó muy limitada. Luego, el golpe de Velasco, en 1968, proscribe los partidos políticos. Tras las presiones populares para el regreso de la democracia, se anuncia en 1976 una Asamblea Constituyente que se elige dos años más tarde. El APRA tuvo la primera mayoría y Haya la más alta votación y fue designado su presidente. Luego vendrá la enfermedad y la muerte, en 1979, poco después de firmar la nueva constitución.

Conviene, me parece, dar un par de ideas personales respecto del partido. Y en apuro.

 -Yo que ellos, no buscaría un político filósofo. Haya tuvo no solo una visión del Perú sino del continente latinoamericano. Funda el APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana) en México. Es un pensador de esos que aparecen cada 500 o mil años. Haya había conocido la revolución de México, viajado a toda la Europa de esa época. Hemos tenido en Haya uno de los grandes pensadores de la historia política: 1- Conoció el marxismo para refutarlo, recordaba siempre el fracaso en la URSS. 2- No deseaba países socialistas con autoritarismo. Todo lo contrario, era demócrata. 3- Siempre estudió otros desarrollos en otros continentes.  4- Es un Moisés que enseñó a ser libres y a la vez desarrollados en sociedades del conocimiento y de la libertad.

– El tejido social está muy disuelto: empleos precarios, elites depredadoras, desinterés en las clases trabajadoras por los asuntos públicos. Hay una subcultura popular. No se espera gran cosa del Estado, por lo que se entiende por Estado, “una fuerza jurídica y legal por encima de la sociedad civil y de sus conflictos”. Es más, las capas sociales más bajas y gran parte de la clase dominante son abiertamente hostiles a todo proyecto de un Estado. Una ley secreta, esa que no se dice, es que “el compromiso con la legalidad es muy bajo”. 

Hoy la legitimidad política no se consigue con el juego tradicional de clientelas populares y servicios sociales. Para entender lo que pasa, hay que mirar a la sociedad. Y como sociólogo, no veo una sino varias. Un universo humano fragmentado por regiones, intereses particulares e identidades dispersas.

Publicado en El Montonero., 27 de marzo de 2023

https://www.elmontonero.pe/columnas/hablemos-de-haya-del-aprismo-y-del-peru

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