Ponencia «Cruzando el umbral del milenio»

Escrito Por: Hugo Neira 120 veces - Dic• 11•23

Hace 25 años, en el mes de abril de 1998, tuve el honor de ser invitado a la Conferencia Internacional «En el umbral del milenio» organizada por SIDEA y PromPerú, en el hotel Los Delfines de Lima. Vivía en la Polinesia Francesa donde era profesor, y como tantas veces en esa década, cruzaba el Pacífico para reunirme con amigos y comprar libros que no circulan fuera. Mi mayor participación se dio al final, para cerrar ese gran evento. Un simposio que tenía, con acierto, poco de prospectiva y mucho de exploración, pues la incertidumbre post derrumbe de la URSS ya estaba bien presente. Desde entonces se ha acrecentado, en todas partes y en muchos campos. Les dejo con el texto completo de mi ponencia y la necesidad del pensamiento complejo.

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Cuando Moisés Lemlij y Max Hernández me comentaron acerca de la organización de esta conferencia, no imaginé su magnitud. Esta ha sido una conferencia formidable y varias conferencias en una. Tampoco pude prever la enormidad de la tarea que me confiaron, la de hacer la síntesis final. Esa tarea es imposible e incluso, diría, inoportuna. Para realizarla, tendría que estar vigente en nuestros días, una teoría global del hombre, una filosofía total. Vivimos en un tiempo que el filósofo Lyotard ha llamado «del fin de los metarrelatos», de pérdida de las certezas. Es mejor que sea así. Que no haya una teoría ni ideología dominante y que la incertidumbre nos abra la libertad de pensar. Pero como quiera que me he acostumbrado a cumplir la tarea que me piden o al menos a intentarlo, he tomado algunas notas a lo largo de estos días y recopilado el conjunto de ponencias presentadas durante los cinco días previos de conferencia. ¡Son un magnífico conjunto de trabajos! Ahora bien, confieso que he leído apenas la mitad de ellos y que el otro 50% lo he recorrido — como decía el maestro Luis Alberto Sánchez—, «en diagonal». Ante la dificultad de la tarea encomendada, en el pasillo —porque para eso sirven los pasillos en los eventos—, alguien me dio un consejo: «chuponea». Y eso es lo que he hecho. El resultado son las presentes notas. Espero que la palabra «chuponeo» sea correctamente traducida.

            El psicoanálisis ha federado esta conferencia, pero no ha sido una conferencia de psicoanalistas o, mejor dicho, lo es, y a la vez, es un encuentro con otras disciplinas y con quienes las cultivan. El resultado son conocimientos fronterizos, interdisciplinariedad. Y algo más que prefiero explicar más adelante.  Mis notas de lectura las he organizado en tres partes: temáticas, configuraciones o afinidades, y en torno al estilo.

Las temáticas

Comenzaré por las que se refieren al psicoanálisis. De una manera general, creo haber notado la presencia de temas usuales como sadomasoquismo o género masculino y femenino (en hombres y mujeres, como escuché y aprendí a decir). Aparte de estas temáticas clásicas, he notado la predominancia del tema de la violencia. En efecto, violencia, sociedad y salud mental en algunas de las ponencias; en las otras, violencia en lo público y lo privado; los efectos de la misma en la familia y en la sociedad. Violencia de género y discriminación de minorías. Sobre la conducta violenta. Y hemos asistido a una sesión tremenda sobre el cautiverio, de víctimas de terrorismo, y del terrorismo del Estado. Se ha examinado las relaciones entre violencia y civilización, por un lado, y por el otro, hasta las expresiones locales. Por último, se ha examinado la dimensión simbólica del orden social violento, la violencia como un dolor que no desaparece, como tentación del olvido o en los juegos de los niños en tiempos de guerra. Todavía en el terreno del psicoanálisis, he notado que se repite la temática de la ética, eslabonada a otras preocupaciones. Por ejemplo, el vínculo entre ciencia, psicoanálisis y ética, y el de la violencia, ética y medios de comunicación. La ética regresa en los nexos entre psicoanálisis y responsabilidad social de la educación.

En el terreno de la cultura propiamente dicho —que es un tanto mi propia temática— creo percibir un repertorio doble. Uno, clásico, sobre el proceso de convertirse en escritor, o varias propuestas sobre educación. O el tema de la ciudad como destino. Pero se aborden las culturas y, para la etnicidad sumergida, los asháninkas de Puerto Ocopa. Y también lo que se viene llamando «cultura de empresa», sobre la cual hubo varias ponencias en torno a la responsabilidad social de las mismas. Otro concepto de cultura, la cultura democrática. Esta última ligada al futuro de la democracia. Lo que lleva a estudios sobre los puentes frágiles que existen entre ciudadanía y representación; y al tema de las amenazas al estado de derecho, secuencia en la que tuve el honor de participar. ¿Debemos colocar aquí, en la temática de ‘cultura democrática’, los muchos trabajos sobre globalización? Acaso porque corresponden al anhelo generalizado de una cultura de la paz, tanto nacional, continental como internacional. Lo que está claro —me permito decirlo— es que la cultura de la paz aparece como una condición del desarrollo mismo.

            Ahora bien, en la temática general de la cultura, sobresale el tema de las comunicaciones, así como en psicología y en el campo de análisis lo hace el de violencia y género. En efecto, se ha discutido sobre comunicación visual y verbal en la aldea global, sobre cultura, comunicación y subjetividad. En torno a los espacios mentales del hombre nuevo. Sobre los mercados mentales, sobre películas, novelas y cultura mundial. Y una secuencia giró alrededor de un signo: el funeral de la princesa Diana (la historia instantánea). También se abordaron los cómics como emergentes culturales: de la Mafalda de 1969 a los Simpson de 1997.

            Estamos en el Perú. La historia nos ha ocupado. La memoria. La herencia española y su destino en América ha merecido una lección magistral de Sir John Eliott. Ha habido un simposio en homenaje a María Rostworowski. Y la presentación del último libro de Luis Millones, El rostro de la fe. Doce ensayos de religiosidad andina. Luego, nos han ocupado los mitos, la cultura y la sociedad de los pueblos americanos, de su origen a los años 2000. Y el interculturalismo. Ha habido una mesa redonda sobre milenarismo.

            A propósito de esa incertidumbre ante el milenio, cabe señalar que hubo pocos temas futuristas. Una agenda feminista hasta el 2000, preocupación por el futuro de los países y de los niños; proyecciones sobre el acting out en el siglo XXI. No ha faltado una proyección de la sociedad peruana hasta el 2492. Se ha hablado acerca de los nuevos malestares, de los escenarios del siglo XXI en cuanto a la literatura y futuridad (mi amigo, el profesor Julio Ortega continúa inventando vocablos). En fin, sobre masculinidad en el siglo XXI. Pero casi todos los trabajos de la conferencia son trabajos del «aquí y ahora» más que del «allá y entonces». Quiero decir que hay pocas predicciones y, en cambio, muchas exploraciones. Habrá que poner en ese campo las contribuciones sobre conflictos internacionales y la posibilidad de prevenirlos.

            Soy consciente de que este es, en gran parte, un evento de analistas. Dejaré pues hablar a mi propia subjetividad. Y no solo a la razón, como hasta ahora, sino a la emoción. Me parece que ha habido mucho dolor, que se ha expresado el sufrimiento al tiempo que desfilaban los conceptos que denuncian la alienación. Se ha pasado revista, en efecto, a las tendencias homicidas latentes, a las vivencias de esterilidad. A la resiliencia en niños expuestos, y temas como el sida, los VIH positivos, la violencia doméstica, la desvitalización de la cotidianeidad, la irracionalidad. Ha habido algo así como un psicoanálisis de la opresión.

Las constelaciones

Abordo ahora el segundo punto, las constelaciones de temáticas. Me serviré, para explicarme, de una metáfora. Cuando vemos el cielo por la noche, creemos ver estrellas solitarias. Pero si seguimos observando nos parece percibir aproximaciones, como figuras: son las constelaciones. (Dicho sea de paso, es curioso que cada civilización tenga las suyas.) Una constelación aquí es el encuentro de una o varias temáticas. He creído encontrar, en mi lectura de la masa de ponencias, más de catorce. Para no fatigarnos, expondré solamente dos de ellas.

            La primera es la que establece vinculaciones entre ética y psicoanálisis, y entre ética y ciencia. Como si hubiese un deseo de ocuparse del substrato que liga saber científico y saber filosófico. La segunda idea-fuerza que une y no disgrega, es la de creatividad. Su reclamo ha sido evidente a lo largo de la conferencia, en las diferentes secuencias y ponencias: en materia de arte, literatura, cine, mass media. Pero igual se la ha reclamado en el juego, en la cultura de empresas, en lo que ya comienzan a llamarse «los mercados mentales».

            El sociólogo que soy cree haber percibido en diversos trabajos —muchos de los cuales provienen del análisis clínico y psicoanalítico— los límites de la racionalidad individualista. Me refiero a los estudios sobre los tatuajes en adolescentes, las formas de ver las comunicaciones (televisión, cine), de sublimarlas, integrarlas y finalmente, devorarlas. He reparado en una serie de estudios sobre patología social (en emigrantes, en población desplazada que experimenta inmigraciones traumáticas) que no solo son vicisitudes psíquicas sino verdaderos materiales para una sociología de la experiencia, como la llevada a cabo por Erving Goffman o François Dubet. Algunas otras cosas que he escuchado me hacen pensar en el yo múltiple de Jon Elster. Muchas ponencias se han salido de la temática de individuo y sociedad para ocuparse de las interdependencias, de lo que recomendó uno de los padres fundadores de la sociología, Norbert Elías, a fin de superar el dilema binario entre individuo y sociedad, entre macro y micro.

            ¿Qué hay poco? Sí, en efecto, ¿qué faltó? Permítaseme hacer ese fastidioso ejercicio que solemos hacer los docentes durante la defensa de tesis, y es la de señalar qué falta en una tesis, por magnífica que esta sea, por eso de que no hay obra humana en el dominio del conocimiento completamente acabada. Me parece que faltaron dos temáticas. Una, la del poder, aunque algo hay sobre autoridad legítima e ilegítima; sobre liderazgo, poder y autoridad. La otra temática que a mi modo de ver no se exploró fue la de la crisis de la razón ­­—crisis presente, cabe recordar— y tema de la filosofía de la ciencia. A mi gusto, faltó algo más sobre el debate en las ciencias contemporáneas, sobre los pensadores que relativizan el saber de la ciencia, como Paul K. Feyerabend, Lakatos, etc.

El tema del estilo

El escritor que soy no puede dejar de reparar en algunos títulos felices: «Tolerancia, la ribera del logos», «Incertidumbre al atardecer» y, para hablar de etnicidad, «La representación sumergida». Para tratar las demandas sociales, «Por la puerta y la ventana», «Mujeres peligrosas». «La idea del terror innombrable», para hablar de castración. Otros aciertos: «El jardín desencantado», para tratar de religión y conciencia (por favor, por separado). El de «La reconquista del paraíso», más allá de la utopía. Para abordar consumismo, sexo y violencia, «Por red y por hora». Y uno en género, «Fin de siglo, las mujeres piensan, los hombres lloran».

            El material que he examinado suele ser ensayos, en el sentido más noble del término. No solo como un ejercicio anterior a toda orquestación o representación definitiva, sino como un diagnóstico fulgurante de la cultura y de una época, en el sentido en que lo entiende Ortega: como la forma predilecta de la modernidad. El ensayo es literatura de ideas. Permite un riesgo personal. El ensayo es la ciencia, menos la prueba explícita, dice el mismo Ortega y Gasset. La prueba explícita, supongo, es la que guardan los archivos de analistas, en el secreto profesional. Y está bien que así sea.

Para concluir, si tuviera que elegir una idea dominante, esta sería la de la integración de la incertidumbre en la racionalidad. Cuando la inteligencia parcelaria de los tecnócratas no cesa de fragmentar el mundo mientras las ciencias del dogma determinista universal se han hundido, aquí, me atrevería a decir, ha emergido un pensamiento complejo. Con él podremos enfrentar el desafío de la incertidumbre. El accidente. La sorpresa en la historia. Pensar el caos. Ordenar el desorden. Debo confesar, por último, que durante los días de la Conferencia Internacional «En el umbral del milenio», he deambulado de ponencia en ponencia, de secuencia en secuencia, de sala en sala, tomando notas y, como supongo que muchos de vosotros, he aprendido. Y entre desvelo y desvelo, a veces me habitó la impresión de hallarme en la perdida biblioteca de Alejandría. Octavio Paz ha dicho que la inteligencia es un festín de la vida. Otro mexicano —y lo digo como una suerte de homenaje— Alfonso Reyes, dijo lo siguiente: «en algún momento una aldea es Atenas». Pues bien, durante seis días, Lima ha sido Atenas.

Publicado en El Montonero., 11 de diciembre de 2023

https://www.elmontonero.pe/columnas/ponencia-cruzando-el-umbral-del-milenio

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