El concepto de errancia (II) * 

Escrito Por: Hugo Neira 133 veces - Ago• 28•23

El tercero, y no quiero seguir mucho con los políticos, es alguien que también conocen ustedes, Manuel González Prada. Prada es el padre de los jóvenes de la Reforma Universitaria, el que inspira a Mariátegui, y Mariátegui le tiene un gran respeto. Ya ha muerto Prada. Prada es el intelectual que, en 1888, en El Ateneo, es capaz, en ese famoso discurso, de decir claramente: «Hemos perdido la guerra con Chile porque el verdadero Perú no está en la costa, está en los indios». Y echa la culpa de la derrota a la clase dominante, y es verdad. Basadre dijo en uno de sus libros que había algo pendiente, el tema chileno. Y que Ramón Castilla había aconsejado que, para cada barco de guerra que compraba Chile, el Perú comprara dos. Se olvidaron de comprarlos… Se quedaron las fragatas en Inglaterra y el presidente Pardo prefirió a los ferrocarriles. No teníamos Ejército de línea, ¿lo saben? Me temo que no porque quitaron los cursos de Historia. El Ejército peruano formal se crea en 1885 con la misión francesa. Entonces, el general, el coronel…, el único de carrera era Grau, especializado profesionalmente. Ese es el país que es derrotado. Por sus defectos y vicios. Y ahí viene el discurso tremendo de González Prada: «los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra». ¿El Perú? Donde se le toca sale el pus [exactamente, «donde se aplica el dedo brota pus»]. ¡Qué actualidad! Qué pena decir que esos problemas nunca desaparecieron. Entonces, ¿qué pasa con Prada? Después de esto, decide no solamente ser un poeta y actuar en el campo literario, decide ir a Europa. De 1891 —si la memoria no me falla— a 1898, ocho años se queda en Europa, y de nuevo la errancia. No va a seguir un posgrado, no, es un hombre mayor, hacendado, rico, aristocrático y anarquista.  Sí, anarquista. Los anarquistas existían en Lima, eran subvencionados por Manuel González Prada que abandonaba la Biblioteca Nacional y, a pie, se iba a ver a sus amigos anarquistas. Son los comienzos de la política peruana. Los anarcosindicalistas iban a jugar un papel en el nacimiento del APRA. Manuel González Prada, que se da el lujo de ser tan distinto, tan rebelde, tan extraordinario, va a aprender cosas en España. En España, en Francia y en varios lugares. Eso también es la errancia.

Entonces, estos son los tres libros más importantes del pensamiento político en el siglo XX. Los Siete ensayos… de Mariátegui; Manuel González Prada, libro editado por el Fondo Editorial del Congreso. Esta edición felizmente está bien completa. Pues Prada no era un hombre metódico. Sus ideas van de la poesía a los textos de ensayo, y prácticamente, panfletarios. Y de Haya de la Torre yo no traería El imperialismo y el APRA. No. El libro más importante —y si los apristas no me hacen caso, qué le vamos a hacer—, es este: Mensaje de la Europa nórdica. ¿Por qué? Porque es el viaje —de nuevo la errancia—, de Haya de la Torre en los años 60, a Escandinavia. A Suecia, Noruega, a mostrar al mundo, a partir de Noruega, que es posible el capitalismo —sí, el capitalismo—, con un Estado social. Y que no es una utopía. Que se puede hacer eso, ocupándose cómo se ocupan esas sociedades nórdicas, las más avanzadas del planeta. Les pongo un ejemplo de avance. La educación es gratuita y para todos. No hay educación privada. En cuanto a la salud, todos están cubiertos. ¿Cuál es el precio de eso? Pagar altos impuestos. Y otro elemento, porque nos hemos vuelto un mundo pragmático, es que vayamos a las cifras. ¿Quién es el ciudadano que tiene el más alto ingreso del planeta entre las sociedades industriales avanzadas? Es el noruego, 95 mil dólares por año per cápita. ¿Dónde está el norteamericano? En 35 mil dólares, con las brechas que hay en Estados Unidos. Así que no se dejen engañar, Estados Unidos no es en materia de sociedad la primera sociedad capitalista del mundo. Es Europa. Por eso el conflicto que hay entre el dólar y el euro. Entonces este libro me parece el más importante porque viaja a un país que ya no es una utopía sino una realidad.

¿Por qué no se pudo conseguir una sociedad, un sistema socialdemócrata en el Perú hasta el día de hoy? Porque las socialdemocracias y los Partidos Socialistas en Europa, en Francia, sobre todo —y lo digo porque está mi mujer en la primera fila— y en España, se apoyan en las clases medias que son progresistas. Y en nuestro país, las clases medias son reaccionarias. No quieren juntarse con el pueblo. Por eso la educación pública se ha derrumbado, porque hay colegios privados. Si las clases medias en América Latina y en el Perú se inclinan más bien por las derechas, nunca tendremos una sociedad de distribución y entonces el sueño del país socialdemócrata continuará.

Vamos ahora entonces a los escritores. Comenzaré con Garcilaso de la Vega, siglo XVI. Los comentarios reales, que todos conocemos. Y luego iremos a Vallejo, ¿de acuerdo? La gran literatura peruana se ha hecho fuera del Perú. (No les veo ninguna vibración…) Eso no se ha hecho nunca. ¿Dónde se escribió Los comentarios reales? ¿En el Cusco? ¿Por qué se fue Garcilaso? ¿Porque quiso? ¿Qué pasó? ¿Y qué pasó con Vallejo? ¿Dónde se murió Vallejo? ¿En Santiago de Chuco? Veámoslo despacio. ¿Quién es Garcilaso de la Vega? Todos sabemos que nace en el Cusco en 1539, ya se había acabado prácticamente la Conquista, y es el hijo de Garcilaso de la Vega Vargas, que era un conquistador noble, y de Isabel Chimpu Ocllo, la madre, que era una princesa descendiente del Inca Huayna Cápac. El joven Garcilaso tiene el privilegio de tener la madre no noble y un padre que lo reconoce. No se casa, y tienen después una ley de la Corona que lo obliga a casarse con española. Terrible… Pero nunca dejó de atenderlo, aunque vivía más bien con la madre. Y él vio algo extraordinario, se mencionó hace un momento por la persona que hablaba antes que yo. Él observó la importancia de un libro que les recomiendo, La visión de los vencidos, de Nathan Wachtel. Porque Wachtel se ocupa de esos años de transición. ¿Qué ve el joven Garcilaso? Él ve…, y lo que aquí funciona, es un concepto de Luis E. Valcárcel, un cuadro de cine inca, el teatro de incas; están olvidando a los españoles. Pero no desaparecen las formas y rituales de la vida indígena. Sigue habiendo rituales, las fiestas, la cultura continúa y él observa ese mundo vivo, el mundo incaico. No desapareció de golpe pues. Se iba implantando lo español encima, los españoles soportaban eso, lo veían, era asombroso, y jugaban sus deportes en la Plaza de Armas del Cusco. Él observa las dos sociedades. Observa también cómo van llegando los animales españoles —el asno, el cerdo, la gallina—, esto está en Los comentarios reales. Está, por ejemplo, la angustia que tenía porque habían traído las gallinas, pero no ponían huevos, por la altura. Y cuando los ponen, al cabo de una semana, hay un jubilo. Bueno, él observa todo esto.

Y luego el padre lo envía a España a estudiar. Terrible, es el destino. Parte con la mejor intención y en medio del viaje, de todo esto, estando en España, ocurre el levantamiento de Túpac Amaru I, que es en realidad el único, porque Túpac Amaru II se lo puso quien era un cacique, Condorcanqui, así no… (Es como hacerse llamar Bolívar II, no pues.) Hay un Túpac Amaru, el Primero. El susto de los españoles fue tan grande que además de descuartizarlo, como todos sabemos, tomaron una decisión: prohibido por una ley de la Corona que ningún mestizo real, así se les llamaba, volviera al Perú. Diecisiete jóvenes… Si alguien quiere hacer historia o un libro excepcional, encuentren los otros dieciséis. Uno de ellos era Garcilaso. Garcilaso se llamaba Gómez Suárez de Figueroa. Lo digo rápidamente, acudió a la ayuda de su tío, el señor de Vargas, un señor muy importante, le preguntó qué sabía hacer y le dijo yo quiero a los caballos, entonces sabía de caballos. Fue soldado que es como sacar la Green en los Estados Unidos —si es que llegas a ser soldado—, el DNI es ser guerrero. Tuvo que ir a luchar contra los moros de Córdoba que eran otros dominados como él, pero en fin, se ganó los derechos de ser un súbdito y luego él atiende el comercio.

Mi maestro Porras ha encontrado algo excepcional. Había un periodo en que se había perdido Garcilaso, no se sabía dónde estaba. Encontró que no se llamaba Garcilaso sino Gómez Suárez de Figueroa. Ahora bien, vio que de pronto el señor Vargas tenía la tutela, un sistema de encomienda —que no inventaron para el Perú, la tenían allí, en España—, que estaba en una ciudad donde podía ir a estudiar. Y en esa ciudad encontraron que Garcilaso de la Vega existía porque comenzó a firmar en los registros, y luego pasaba a ser una persona importante, y eso permitió saber dónde había estado, no en Italia, que era un lugar cultural. Muere el señor Vargas y entonces hereda, hay una herencia para Garcilaso, se puede volver él hombre libre que es recibido por los humanistas en Sevilla y en Córdoba. Y a los 60 años decide escribir, después de unos trabajos menores, Los comentarios reales para discutir al cronista oficial de la corona de los Austria, Gómara, porque maltrata a los conquistadores y maltrata a los Incas. ¿Cuál es la respuesta de Garcilaso? Los Incas eran un pueblo civilizado, por lo tanto, no merecen ser colonizados, deberían ser un reino. Y los conquistadores fueron dobles, hicieron una guerra y le regalaron, como en México, un imperio a la Corona que nunca mandó soldados profesionales. Dos imperios. La Conquista fue el hecho de los conquistadores, se tomaron la libertad independientemente de hacer las guerras. Entonces, ¿esto qué significa? Nunca dejó de pensar en el Perú. ¿Cómo se enteraba de qué cosa estaba pasando en el Cusco? Porque le escribían y la escritura le permitía saber cosas personales. Y a eso vamos a llamarle el apego. El afecto. La imposibilidad de romper lazos con el Perú en plena errancia. Garcilaso se muere sin poder volver al Perú. Entonces la respuesta que ustedes van a tener sobre por qué se quedó es porque no podía volver. […] (Continúa y termina la semana próxima)

   * Ponencia de octubre 2018 

Publicado en El Montonero., 28 de agosto de 2023

https://www.elmontonero.pe/columnas/el-concepto-de-errancia-ii

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