Internacional

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Chile:

Jueves, 14 de enero de 2010 – Diario La República

Chile. Novedades
 

Por: Hugo Neira  

Me he ido un tiempo a Europa por razones de salud, pero como para clínicas me esperan en febrero, viajamos un poco, nos detuvimos en Chile, un rato, lo suficiente para apreciar los primeros pasos de las elecciones generales. Este 17 de enero se volverá a votar, pero antes de abordar esas elecciones que me parecen enigmáticas, quisiera evocar una anécdota, acaso trivial pero que regresa obstinadamente a mi memoria. Con mi mujer, habíamos decidido hacer una vida corriente de santiaguinos, y para lo poco que hicimos, nos movimos en el sistema de transporte urbano llamado Transantiago, es decir, una combinación de metro y grandes buses. Extremadamente barato y veloz. Una tarde a uno en el que viajábamos, subió una joven madre con un niño en brazos y una niña, y además de lo bien cuidados y robustos que se veían, lucía en las manos un globo con propaganda del candidato Piñera. Fue la primera vez que vi la estrella que danza y el lema de “Súmate al Cambio”. Precisamente, en un bus del Transantiago, obra del cuarto gobierno de la Concertación.

Piñera, en efecto, resultó primero, con un 44,03%, sin evitar el balotaje pero lejos de Eduardo Frei, 29,62%, esto es, con más de un millón de votos de menos. Leyendo a los observadores internacionales, asombra que no faltara quien tomara ese resultado como un castigo electoral. Las cosas no son tan simples. Michelle Bachelet se va como la presidenta más popular que ha tenido la Concertación. El balance de su gestión ocupa los diarios, con una tendencia clara a aprobarla. En las encuestas, un récord histórico, 81% de aprobación. Una amiga nos dijo “la aprueban a ella, por ser sencilla, a la vez firme y cordial, y al hecho de que sea mujer”. Precisamente, un 15 de enero del 2006, Bachelet derrotó a Sebastián Piñera en segunda vuelta y hoy se va con todos los honores, pero como sostiene uno de los voceros de la Concertación, José Antonio Viera-Gallo “la popularidad de la Presidenta no es endosable a Frei”. Mi repregunta sería: ¿Y por qué razón?

El resultado de urnas ha sido dudoso, matizado. La verdadera sorpresa de estas elecciones, y que pesará en lo que ocurra el próximo domingo, es el voto recibido por el joven Marco Enríquez-Ominami, candidato independiente, hombre de la Concertación pero distante de la misma, con un 20%, un sabroso tercer bloque de l,379,219 de seguidores. Otra novedad son los comunistas. Con Jorge Arrete, están de vuelta. Colocaron cinco diputados. Es la primera vez después de 1973. No es mucho pero se fueron a celebrar a un mercado popular. Pero no hay que hacer aritméticas tontas, sumando Frei, Enríquez, Arrete. No dan. En los votos del joven Ominami están los remisos de la derecha como de los partidos de la Concertación. ¿Por quién votarán los reacios a Frei y a Piñera? Esa es la incógnita. No es Chile después de Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet, el país de los años de Pinochet, pero hay algo en el aire que no está en las propuestas.

En cuanto a Sebastián Piñera, senador y millonario que se empeña en ser presidente de Chile, es rico, sí, pero ni viene del pinochetismo, ni es hombre de rancia aristocracia familiar. Piñera es casi un “outsider”, ha hecho una campaña de grandes sonrisas, ha tratado a los chilenos como una gran familia, y asombrosamente va por delante. ¿Es el voto de la antipolítica como diría Martín Tanaka, o está vendiendo un sueño? Despierta sospechas, dice Pepe Auth, quien lo acusa de callar el disco duro de la derecha “achicar el Estado, desalentar los derechos sociales”. ¿Pesa tanto el deseo de ver otros rostros, otros estilos de gobierno? Al último minuto se habla de un repunte ideológico, el de Frei. Así concluye esta nota llena de interrogantes. Me gustaría saber qué dejaron de hacer los programas sociales de la presidenta Bachelet por la joven del bus del Transantiago para que llevase el rostro sonriente de Sebastián Piñera entre sus maternales manos.  

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Jueves, 28 de enero de 2010 – Diario La República

Chile: La felicidad de lo incierto
 

Por: Hugo Neira

En Chile, tras veinte años de sucesivos gobiernos democráticos, el per cápita pasa de 4,542 dólares a 14,299 de hoy. La pobreza baja de 38,8% a 13,7%. Los matriculados en la educación superior suben de 249 mil a 809 mil. Y la inversión en salud de 7 millones de dólares a 307 millones. Esto ocurre entre 1989 y el 2009. Cuando ya no gobierna Pinochet. Lo digo por los que creen que “mejor dictaduras”. Estos son los datos crudos, empíricos, como a mí me complacen, y probablemente al lector, y con ellos intentar reflexionar desde la realidad y no desde las medias verdades; datos por lo demás que recojo del diario El Mercurio, en la edición misma en que anuncia: “Piñera, presidente electo” (18 de enero). No surgen de ningún estudio sofisticado, esos datos los conoce todo el mundo.

Ahora bien, traté a esas elecciones presidenciales de enigmáticas en un artículo anterior, y me ratifico. ¿Qué explica, en efecto, que 3,563,050 votos le dieran la victoria a la oposición, pese a que la Concertación, tras suyo, deja un país en progreso? ¿Qué pasó?  Mi primer gesto de curioso, de observador sin “a priori” ni favorable ni desfavorable, fue escuchar a la gente. “Mucho tiempo los mismos”. E indagué. En efecto, ministros de Bachelet promedian 13 años de participación en gobiernos concertacionistas. Por ejemplo, Marigen Hornkohl, ministra con Aylwin, Frei y Lagos, luego embajadora, luego de nuevo ministra. No es la única. Conté 22 casos de esos que los franceses llaman “personal político”. Pero el dato no me pareció muy decisivo. Acaso revela la existencia de una clase administrativo-política. Por otro lado, ese tema, altos cargos sin rotación, no explica un fin de los tiempos. El fin de la Concertación.

Para intentar comprender lo que pasó, voy a proponer una paradoja. La siguiente: suele ocurrir que unas elecciones revelen cómo una sociedad ha sufrido cambios, pero se da el caso que las primeras víctimas de los mismos pueden ser, electoralmente, aquellos que los provocaron. Como la sociología es una ciencia de situaciones, pondré un par de ejemplos. En México, un partido, un gobierno con rostros sucesivos, el del PRI, gobierna no 20 años como en Chile, sino 71 años. Desde los años 30 con Lázaro Cárdenas hasta el 2000, que los derrota Vicente Fox. La crítica interna trata al “milagro mexicano” como una “mezcla eficaz de dominación política, clientelismo, paternalismo, y a la vez, un proyecto modernizador, industrial, urbano, capitalista” (Aguilar Camín).

Sin duda, ¿pero qué los derrota? ¡Al parecer, sus propios éxitos! Traigo a colación un testigo insospechable de simpatía priísta, el escritor Carlos Fuentes: «La Revolución urbanizó e industrializó a México; envió a millones de niños a la escuela; el resultado fue una nueva sociedad civil, letrada, enérgica, compuesta de profesionistas, burócratas, tecnócratas, empresarios, intelectuales, mujeres». O sea, las clases modernas creadas por el priísmo, lo enterraron. Otro escenario, España, a la muerte del caudillo. El Rey y Adolfo Suárez consultan al pueblo español, 15 de diciembre, 1976, el referéndum, y los hijos sociales del franquismo lo liquidan en las urnas. Nace la Transición. Y en Chile, en 1988, pasa algo parecido. El No, con un 55,99 %, derrota al pro Pinochet (un 44,01%). Y hoy, ¿no pasa acaso algo semejante? ¿No hay nuevas metas a las que aspira la sociedad chilena actual?

Pero debo concluir. La Concertación ha tenido lo que un sutil opinólogo mexicano ha llamado “el infortunio del éxito”. Y por eso, la frase más inteligente que he escuchado o leído en todo este proceso electoral, me parece la de Gutenberg Martínez, fundador de la Concertación: “No fuimos capaces de interpretar debidamente la magnitud de los cambios que desarrollamos”. La anoto con saña. Que la clase política que hoy gobierna en el Perú se mire en ese espejo. En política, unos calientan el té y otros se lo toman.  

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Jueves, 11 de febrero de 2010 – Diario La República

Piñera, entre la polera y la corbata
 

Por: Hugo Neira

Sebastián Piñera fue a Harvard y es millonario. Pero ni todos los que van a estudiar a Harvard resultan millonarios, ni todos los millonarios van a estudiar a Harvard. ¿Entonces? Estoy intentando dar respuesta a la ciudadana lectora que me pregunta: ¿y qué le parece Piñera? Pues se lo voy a decir extrayendo los rasgos más significativos. O sea, con una semblanza. Luis Alberto Sánchez las hacía magníficas. Este servidor hace lo que puede. (Y esta es una nota escrita antes del gabinete que ha presentado). Es retrato personal. En nuestro continente eso cuenta, las políticas son personalistas.

Un Piñera, don Bernandino, aparece en La Serena. Conservador, pero llevaba a los hijos al Hospicio “para que conocieran el dolor de los pobres”. Su padre era peruano y vino a Chile en 1824. El tercero recibe una educación laica y liberal, y en 1891 se levanta contra Balmaceda. El cuarto, padre del actual, fue ingeniero, economista, diplomático, y en política, en la DC. Todo esto para decir dos cosas. No eran herederos, no tenían, como se dice, “la propiedad de los bienes de producción” (algo le queda a uno de San Marcos). Casado, se llevó a los hijos en los viajes. De modo que Sebastián, actual Electo, vivió en Bélgica y en New York. Y como dicen en el Callao, “tira inglés”.

Ahora bien, una amiga chilena, y que no ha votado por Frei, me decía: “Pero estos Piñera –refiriéndose a los hermanos– son profesionales, el Sebastián les salió empresario”. La Esther, la Matilde, los giros chilenos. Sí pues, familia tradicional, pero no de la rancia aristocracia, esa con apellidos con muchas erres, Errázuriz, Irarrázaval, vascos porfiados que se fueron a las minas. Un poco, en Perú, fines del XIX, los Mujica. Pero allá en Chile hubo más. Por eso tuvieron burguesía temprana, vasca y alemana, la nuestra comienza por los ochenta, postVelasco. En fin, el actual, tiene entre sus hermanos a Miguel, que es cantante. Y en broma, del Piñera que se levanta temprano dicen que va a llegar a La Moneda cuando el otro se va a dormir. Por lo demás, la derecha de la que viene Piñera se opuso a Pinochet. Conviene decirlo.

Del Electo se dice “que es un animal de trabajo, en la campaña dejó a todo el mundo agotado” (El Mercurio). Pobres ministros, pobres equipos, ya los compadecen. A presión. “Revisar, cambiar, avanzar”. Es un ansioso, como no había en Chile una empresa que le hiciera bien los afiches, se trajo la maquinaria. Esa campaña tuvo dos años de anticipación (lo digo por los candidatos que en Perú ni calientan motores). Reuniones de tres horas, cuatro por semana, Piñera escuchaba atentamente con un bloc y un Bic en la mano. Cifras, precisión. Dice que cuando se van por las ramas, corta en seco. Prohibido cantinflear. Nada de “estee” o “lo que pasa es que”. Al grano. Al tiro, dicen los chilenos. Al toque, decíamos en otras épocas.

Pero los chilenos andan medio preocupados porque dicen que es distraído en las formas. “De repente no lleva corbata, pide una prestada y se la pone sobre la polera”. Sobre la camiseta. Mire amiga, Piñera, en el momento en que escribo esta nota, ¿sabe lo que él y sus equipos hacen? Examinan millares de CV. Para unos 2,500 puestos claves del Estado. Los quiere cubrir con jóvenes graduados. Eso es Piñera, quiere los mejores, acaso porque él mismo es un sobresaliente. Y nos olvidamos de subrayar que fue senador. Acaso porque ya nos olvidamos qué es un Senado. Cuando lo tuvimos hubo un Mario Polar, un Cornejo Chávez. Príncipes de la palabra. O sea, también del pensar. Un senador es un hombre de Estado. Obama fue senador. Piñera, dice un diario europeo, “ama el Estado”. Así que, amiga mía, ¿de derechas que ama al Estado? Puede que se vuelva una figura continental. Y por eso mismo, Hugo Chávez ya comenzó a atacarlo. El tema es a quién ponemos que sea sobresaliente y democrático.  

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Jueves, 11 de marzo de 2010 – Diario La República

Michelle Bachelet. Un adiós

Por: Hugo Neira

Hoy se va la presidente Bachelet. Se puede decir de esta manera, “ la”, porque se trata de una mujer. Y presidente porque el rango de jefe de Estado no tiene género. “¿Quién hubiera pensado, hace veinte años o cinco años atrás, que Chile elegiría como presidente a una mujer?” Estas fueron sus primeras palabras, en enero del 2006, al saberse vencedora ante Piñera.

¿Quién, en efecto, la tataranieta del inmigrante francés, el vinicultor Joseph Bachelet, fundador de una familia liberal, laica y progresista, y ella, cuando niña, escolar de modestos colegios de Santiago, siguiendo al padre por las bases aéreas de Quintero y Cerro Moreno? Padre militar y francomasón, y madre, Ángela Jeria, arqueóloga, la vida de la que será la primera mujer presidente de Chile está jalonada de episodios profesionales marcados por el exilio. Ese padre general, opuesto en 1973 al golpe de Estado de Pinochet, fue detenido y muere entre torturas y abandonos. La viuda y la joven Bachelet entran en la clandestinidad, detenidas a su turno en 1975, torturadas, exiladas. Michelle proseguirá sus estudios de medicina en Alemania oriental.

El exilio también es la raíz del matrimonio, y de los hijos. Y del regreso a Chile. Los inicios fueron modestos. Crece, más bien, dentro del Partido Socialista. En Chile hay vida partidaria. Cuando Lagos asume, llama a esta joven médico cirujano a Salud. Es la ministra de la píldora del día siguiente, y de su distribución gratuita. Va a brillar como Ministra de Defensa. De esos días es el “nunca más” del general Cheyre, comandante en jefe del Ejército de Chile. Así es como asoma la estrella presidencial Bachelet. Tampoco le fue fácil, había otras figuras de la Concertación, como Alvear. En Chile, hay primarias.

“Socialista y declarada agnóstica” dice su hoja de vida, lo cual parece confrontacional, pero resulta que el personaje no lo es. Así, de lo mucho dicho y escrito a propósito de su estilo y gestión, destaco las palabras de un artista, Dioscoro Rojas, “la sensación de un gobierno maternal”. Los carismas son un misterio. Con altos y bajos, Michelle Bachelet ha sido siempre muy querida por los chilenos. ¿Se identifican con ella por su sencillez? En Chile, un demócrata soberbio es inconcebible. Pero no escribo para hacer el balance total de su gobierno, no faltarán. Un cuerpo electoral es una gran ansiedad que va a las urnas. A mí me resta recordar que es la presidente que decidió restituir al Perú los libros del expolio cuando la Guerra del Pacífico, ahora en San Borja.

Se dice, sin embargo, que su despedida del poder es amarga. ¿Porque han coincidido los últimos 12 días de su jefatura de Estado con el terremoto y sus estragos? No me parece. Es cierto que se demoró 36 horas en poner a los militares en las calles de la devastada ciudad de Concepción, lo que hubiese evitado saqueos. Hoy los soldados, aparte de poner orden, reparten flores. Se la ha visto activa, trabajando, al lado de Piñera, el Electo, esas cosas que tienen los políticos chilenos, unirse en nombre de la nación, lo digo sin retener mi sana envidia. Un poco que ha salido a flote, en estos días de dolor, al lado de la mandataria, me parece, la médico, y la bata blanca de la doctora Bachelet se ha visto por pueblitos perdidos.

Se va de La Moneda y se lleva consigo un secreto. ¿Cómo hacer para reunir una mayoría electoral sin ceder ni a la ambición publicitaria ni a la totalitaria? Su prudencia no significó debilidad. Cuando muere Augusto Pinochet, a fines del 2006, decide que no se le rindan honores de Estado. Se le otorgan entonces honores como ex comandante, pero no asiste. La humillación ritualizada no ha sido lo suyo. Republicana a carta cabal, sobre el tema de cómo ser demócrata sin arrogancia, socialista con modernidad, y tolerante con los que discrepan, tiene como aula el ancho mundo.  

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Jueves, 11 de agosto de 2011 – Diario La República

Gases lacrimógenos, en Santiago

Por: Hugo Neira

No voy a comentar nuestra vida política, para eso se necesita cercanía, y no estoy en Perú, eso por una parte; por la otra, para mis crónicas preciso el Zeitgeist, vocablo alemán que designa una atmósfera, un clima casi impalpable, cuya captación permite aciertos, anticipaciones (como cuando en estas páginas dije “llegan dos outsiders”, y así fue). Para el Zeitgeist se necesita verlas venir, ver a amigos, esas cosas. Por el momento no estoy en Lima sino en Santiago, para avanzar un par de libros míos. Pero les cuento. El jueves pasado, este servidor se hallaba entre la calle Agustinas con Ahumada, en el centro peatonal de Santiago, dentro de una librería, hojeando un volumen, cuando se me mete por la nariz un cosquilleo, un lagrimeo de ojos, y me digo se me viene encima un resfriado; pero rápidamente, resulta que reconozco el clorobenzilideno de mi juventud. ¿Por qué estaba respirando gases lacrimógenos en un tranquilo establecimiento de libros antiguos en el centro de Santiago? Más rápido de lo que lo cuento, mis reflejos de sanmarquino salieron a flote, corrí a la puerta, justo cuando una masa impresionante de estudiantes y escolares, fuertemente abrigados por el duro invierno, doblaban la esquina, y tras ello una nube enorme de gas, y luego, una masa persecutoria de carabineros chilenos, a toda carrera. Muchas horas después, en la televisión, comprobé la vastedad de la protesta.

Hace una semana, la intervención de los carabineros produjo detenidos y contusos, incluido policías, cacelorazos en los barrios e incendios en tiendas. La Moneda, es decir, el gobierno, quiso dar una señal de autoridad, pero sin convencer. Chile quiere cambios pero en paz social, y el Presidente Piñera ha visto acrecentarse su desaprobación. Lo curioso es que el desagrado de la opinión tampoco favorece a la oposición. “Todos pierden”, ha dicho un ministro portavoz. Entonces, asombrosamente, Chile, país con partidos políticos, tradición legalista y continuidad institucional, ¿sufre de una crisis de representatividad? Un amigo me escribe, la recesión mundial lleva a descreer, por todas partes, de los políticos. Entonces, ¿asoma en el Sur la posibilidad de otro outsider?

Hoy, en el momento en que escribo esta crónica, una inmensa multitud desfila por la Alameda, tras un itinerario fijado esta vez en términos cordiales, entre la Intendente (representante del Presidente) Cecilia Pérez Jara y los dirigentes de la marcha, y hoy la policía se limita a cerrar el tránsito vehicular. La manifestación arrancó bulliciosa y pacífica, jóvenes de universidades estatales y colegios técnicos, pero también adultos, familias enteras. El clima fue cordial, luego se les infiltraron encapuchados, cara amarga de la marcha. La salida a la crisis es incierta. Ante el gobierno, los estudiantes tienen la calle y apoyo hasta en provincias. El gobierno muestra en alto un puñado de reformas y el propósito de enviarlas al Parlamento, pero los estudiantes exigen otra lógica. Quieren un plebiscito, “que la ciudadanía chilena opine”. Quieren una enmienda constitucional, “que con las aulas no se lucre”. En suma, la protesta ha logrado colocarse en el centro de la agenda gubernamental.

¿Pero, no se trata también de otra cosa? La protesta está proponiendo otra manera de hacer política. ¿Y si esto es así, qué harán partidos, parlamentarios y Sebastián Piñera? Dicen los estudiantes “queremos empoderar a los ciudadanos”. En buen cristiano, resolver la educación pero con consultas ciudadanas. Y le han dado un ultimátum al poder. En Chile, país sin economía informal, el cartón, los estudios, deciden trabajo, ingresos, todo. Por eso, osaría compararla con el mayo parisino del 68: los estudios superiores, se tienen o no, y eso decide el pasaje de una clase a otra, la movilidad social. De ahí que los chilenos del exterior, en Barcelona, New York, también marchan. En Santiago, los vecinos han visto la violencia y no la aprueban, mientras la voz popular es educación para todos. ¿Qué hará la clase política? En mi vecindad, suenan las cacerolas.  

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Jueves, 08 de septiembre de 2011 – Diario La República

La isla de Robinson Crusoe

Por: Hugo Neira

Frente a Valparaíso, en pleno océano, existe un archipiélago llamado Juan Fernández, conjunto de islas volcánicas de las que destaca la única poblada, la de Robinson Crusoe. Hasta hace poco, yo no había reparado en exceso en ese lugar del mundo, más allá del que pueda dedicarle quien de niño, como es mi caso y el de millones, ha leído el “Robinson Crusoe” de Daniel Defoe. Pero, el sábado pasado, un avión con 21 personas a bordo fue declarado en emergencia. La noticia conmueve Chile desde ese momento hasta este mismo instante. La isla se ha plantado en el corazón de la gente.

Robinson Crusoe está ni lejos ni cerca, a 667 kilómetros de la costa, pero hay vientos huracanados, caprichosos. El avión era un CASA 212, es decir, el tipo de aeronave, un producto español, que opera en 42 países, nave de transporte ligero, se dice que la usan en el África por su operabilidad. En el terremoto del 2010, la isla fue asolada por una ola inmensa; una niña había visto que el mar se retiraba y previno a la población con campana de palo. La mayoría de los habitantes, pudieron huir a los montes, pero no sus casas. Los tsunami no perdonan. La niña existe, y es parte de las leyendas de esa isla.

Los 21 pasajeros que han perecido fueron para quebrarle la mano al destino. Fueron para aportar ayuda. Pero no sabemos qué pasó con ese avión cargado de tanta buena voluntad. La operación la llamaban “levantemos Chile”. Una fundación de ejecutivos alquiló ese avión de la FACH (Fuerza Aérea Chilena). No era operación del gobierno. Se trata de un grupo encabezado por un hombre de empresas, Felipe Cubillos, desde el terremoto dedicado a levantar escuelas, jardines infantiles, y a pescadores que perdieron sus medios de trabajo. Pero no hay traza de los restos de Felipe Cubillos. Es dura esta geografía, decía Neruda.

El pasado fin de semana me preparaba a redactar. Tenía como opción las arduas negociaciones entre la dirigencia del movimiento estudiantil y el presidente Piñera. O tal vez comentar ese ranking de las 300 mejores universidades del planeta en la que clasifican apenas seis de la América Latina y ninguna del Perú. Pero todo eso lo dejé de lado. ¿Tentación de cronista? La verdad, vine a Santiago tras un proyecto de escritura de temas no periodísticos. En esas ando, pero a ratos presencio verdaderos cataclismos: unos políticos, otros geológicos.

¿Y no es acaso un cronista un involuntario testigo? Este es el país donde se hundió la Concertación, tras gobernar, y nada mal, un par de decenios. Y el país de los mineros rescatados del fondo de un pozo. De los aviones que se pierden sobre una isla misteriosa. Y donde aparece una mutación política, Camila Vallejo, dirigente del movimiento universitario, guapa, talentosa, 23 años y una madurez de juicio que sorprende a tirios y troyanos; y sus compañeros: anoten bien estos nombres: Patricio Contreras, Giorgio Jackson. Son jóvenes que emergieron, como en el mayo del 68. No creo que salgan de la escena pública. Camila por si sola, merece una crónica. Para la próxima.

He vivido en diversas sociedades –la francesa, la reo-maohi, la española– y me fijo en aparentes detalles, que resultan reveladores. De las víctimas, uno de los más llorados es Felipe Camiroaga, animador de “Buenos Días a todos”. Frente al local de la Televisión Nacional se ha levantado un espontáneo santuario, velitas, retratos, flores, cosas improvisadas, sinceras, la gente expresa así su dolor. ¿Qué es el carisma? Digamos, una suerte de gracia personal, intransferible. La simpatía por el desaparecido Felipe es absoluta. Entretanto, medio millar de hombres buscan los cuerpos. Una flota, buzos y aviones, por aire y mar. Sin embargo me conmueve que consulten, pese a la tecnología desplegada, a una bruja de Rancagua, como acaba de hacerlo público la Armada chilena. ¿En qué abismo se halla el pobre avión y sus pasajeros? A ver si la “claravidente”, como la trata la prensa local, la achunta (chilenismo, acertar por casualidad). Ojalá, y los 17 que faltan, sean hallados.    

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Uruguay:

 

Jueves, 17 de junio de 2010  – Diario La República

En un país entre grandes ríos (I)

Por: Hugo Neira

¿Qué es el poder político? Tomemos un caso. Ungido apenas en las urnas, un nuevo mandatario anima a los empresarios a invertir y ante 1,200 inversionistas anuncia “en las próximas legislaturas no se llevarán expropiaciones ni se subirán los impuestos a la actividad empresarial”. ¿Nada del otro jueves, no es cierto? Se diría un crédulo del Mercado y de la globalización, o sea un neoliberal. Tomemos un segundo caso. Alguien, tras una vida de guerrillero, tras las urnas, llega al poder legítimo. De inmediato pensamos en algún salvadoreño o nicaragüense, fruto de guerras civiles, y de seguro en la línea de Chávez, que donde ve capitales extranjeros ve al mismísimo diablo.

El primero y segundo caso son la misma persona. Se trata de José Mujica, elegido presidente de los uruguayos, que se pasó 15 años en prisión por tupamaro. ¿Qué pasa en Uruguay? ¿Quién es José Alberto Mujica Cordano? Es el ex guerrillero que suelta ese discurso pro inversiones que cito líneas arriba, fácilmente atribuible a un hombre de derechas, delante de una platea de mandatarios en donde estaban Chávez, Evo Morales, Lula, Correa y la señora Fernández de Kirchner que en este como en otros temas, no las ve claras. “Si vieras la cara que pusieron”, me dijeron con sorna amigos uruguayos. No, Uruguay no entró en el Alba, todo lo contrario.

Cuando Mujica asume, andaba yo de paso por Europa pero seguía las noticias y los diarios de uno y otro continente y me sorprendía el trato diferente ante el enigma del ex guerrillero que llega a presidente. En nuestro continente, con contadas excepciones, se fijaron en que “Pepe” vivía por entonces en una chacra, que usaba un lenguaje duro y hasta soez, “dejate de joder”, y en fin, que renunciaba a su salario de mandatario. Todo eso es cierto pero la prensa europea, siento decirlo, se fijó en otras cosas. Observaron que la segunda victoria del Frente Amplio (Mujica continúa a Tabaré Vázquez) es continuidad en la voluntad de reformas profundas que unen, paradójicamente, pueblo e inversiones privadas, o sea, quien había perdido las elecciones no era solamente el uruguayo Luis Alberto Lacalle del Partido Nacional sino Hugo Chávez y los nacionalismos que creen que salvar la nación es echar a patadas a los capitales extranjeros.

Lo de ex guerrillero es eufemismo. Mujica fue tupamaro, o sea, participó en asaltos, secuestros ; eso se sabe, pero hay que significar los hechos: la etiqueta de “izquierda” resulta en su caso “light”, blanda, imprecisa. No, el hombre que es ahora presidente cogió los fierros, y como se dice en el lado oriental del río de la Plata, puso toda la carne en el asador. Ahora bien, si Uruguay tuvo con los tupamaros el movimiento subversivo más violento del Cono Sur, a la vez engendró uno de los regímenes represivos más feroces. Tras sucesivas dictaduras castrenses, uno de cada tres uruguayos pasó por una comisaría. La tortura fue más frecuente que en otras dictaduras de la América Latina.

¿Cómo salieron de ambas violencias? Ha sido largo el camino a la política formal de José Mujica. Amnistía en 1985, electo diputado en 1994, y luego, con Tabaré, nada menos que Ministro de Pesca, Ganadería y Agricultura hasta el 2008. Ni outsider ni arrepentido, se lo ha pensado: “Se necesitan las derrotas para purificarse”. Hoy confía su esperanza en grandes reformas y en algo más: ciencia y tecnología a mares para los uruguayos, y habla ya de “un país agrointeligente”. ¿Qué quiere decir con eso? El Uruguay de Mujica justifica mi segundo artículo. Hoy, para concluir, responderé a la pregunta que hice al inicio. ¿Qué es el poder político? Propongo que la capacidad de innovar en el propio poder político. Lo que en el país que es “una esquina entre grandes ríos” (Mujica dixit) está ocurriendo. Bien merece nuestra atención. Y la presente y admirada crónica de un viajero que prefiere llamar al pan, pan, y al vino, vino.  

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Jueves, 29 de julio de 2010 – Diario La República

Uruguay, cultura e izquierda (II)

Por: Hugo Neira

En vez que comentar lo inmediato resulta preferible, con la venia del lector, seguir con mis impresiones de viajero sobre el Uruguay (La República, 17 de junio, En un país entre grandes ríos). Prosigo pues. Desde el 2005, tras la victoria electoral de Tabaré Vásquez, y ahora con Pepe Mujica, los uruguayos lucen en el poder una izquierda lúcida y constructiva. No siempre fue así. Pocos países han pasado por cambios tan extremos. Uruguay pobló el imaginario político desde 1951. Un Consejo rotativo desaparece el presidencialismo, ese exceso de la vida latinoamericana. De esto conversábamos, en las calles con librerías de París, con Haya de la Torre, que hubiese querido algo parecido para el Perú.

El Uruguay, para llegar a ese milagro de presidencia colegiada, fue una herencia de Batlle, de “los colorados”, es decir, desde el inicio del siglo XX, hubo asimilación de obreros emigrados de la Europa pobre, leyes sociales avanzadas y Estado protector. Pero el sueño de una Suecia con bases agropastorales se detiene en los años 70. Le sigue un tiempo terrible de dictaduras castrenses. Es entonces un país de represión y a la vez de tupamaros que tomaron las armas. En 1984 vuelve la democracia pero hay una sorpresa: entre “blancos” y “colorados” emerge una amalgama de fuerzas llamada “Frente Amplio”. Que hoy gobierna.

Cuando comento estas impresiones de viaje entre amigos, no ha faltado quien no deje de decirme,“¿en Uruguay? Qué fácil”. En efecto, no le falta razón, país minúsculo en los primeros lugares del desarrollo humano en el planeta, con PBI alto y distribución equitativa, con vastas clases medias de gente bien formada, y donde nadie es tan rico ni tan pobre como el caso nuestro. Cierto, pero suelo replicar, ¿no será al revés? ¿no serán las luchas sociales desde los días lejanos de Batlle, las que han vuelto a Uruguay lo que hoy es? En ese país laico se aprobó el divorcio en 1917, y sobre la base de ovejas, carne y leche se encaramó un andamiaje de servicios públicos tal como en la Europa nórdica. Uruguay no es pues, una fatalidad agropecuaria sino una construcción. Hoy, de vuelta del extremismo civil y del militar, apunta a un progreso que no rechaza la globalización. Al contrario, se inscribe en ella. Líder en software, quiere serlo en técnica agrícola, país “en la esquina de grandes ríos”, dice casi poéticamente su actual presidente, es lo mejor que está ocurriendo en la América Latina.

Pero con más razón, ¿qué transformó al Uruguay además de su historial de luchas sociales? Hay que decirlo: el talento político. Vueltos de la opción “a la revolución por las armas”, socialistas de Tabaré Vásquez, comunistas de Arismendi, tupamaros de Mujica, formaron un “Frente Amplio”, algo todavía más ancho y reciclado que el mejor momento de Alfonso Barrantes. Seamos francos, cuenta en Uruguay el sustento masivo electoral, sindical e intelectual de vastas clases cultas, que no por tales, dejan de ser radicales. Para el sociólogo, comparar es pensar. Me anima a creer que la diferencia en la estrategia de la izquierda uruguaya es la base misma de su sociedad, en ellos, culturalmente adelantada; y en la nuestra, para ser sinceros, desatendida no solo por el Estado sino por las conductas, nadie nos ataja de entrar a una librería, ir a un teatro, ¡o leer con más frecuencia diarios y revistas! Lo que quiero decir es que allá, esa izquierda tuvo que vencer sus impulsos totalitarios, lo que no es el caso aquí. Todavía Sendero recluta en universidades. Y los dogmáticos, no leen. Por lo demás, aquí hay masas descontentas ¿eso las hace de izquierda? Las masas son las masas, y las del descontento son de signo incierto. Para volver al pequeño país en el riñón de América, nación ovejera y sin pobres extremos, lo que tienen en el alma los uruguayos es un sueño de laboratorios y de ciencia aplicada. Aquí, no sé, no sé. Parece que no hemos aprendido de los descalabros de los años noventa.  

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Jueves, 26 de agosto de 2010  – Diario La República

Lisuriento y sabio, Mujica (III)

Por: Hugo Neira

Viajé al Sur por unos días para presentar mi último libro y debatir sobre los Bicentenarios. Y me dicen que el presidente Mujica del Uruguay nos visitaría. Cierto o rumor, es tiempo que complete la serie que le he dedicado al Uruguay, al pequeño país que asombra al mundo. Entre otras cosas, se da el caso de una buena gestión pública y una tasa muy baja de corrupción. ¿Por qué? Acaso por sus costumbres. Son corteses, pero igual llaman al pan, pan, y al vino, vino.  

Y Mujica es muy uruguayo. Así, hablando de vacas y de leche (en Uruguay tema trascendente) a Mujica no le parece. “La leche en polvo es el commodity más ordinario, la leche la volvés queso, yogur, pero la leche en polvo es un desastre, no trabaja nadie. Te caes de espaldas si vas a la fábrica de Florida, tres operarios y miles de kilos, hasta el empaque está robotizado. Nada, valor agregado, cero. No jodás”. (1) Las malas palabras son parte de su estilo y parte de su éxito. Mujica, lo claro por delante. “¿Dónde está el Uruguay? Está ubicado más o menos en el corazón de la última reserva agrícola que le queda a la humanidad”. Y Mujica se arranca con un elogio a los transgénicos, algo inusual en un hombre de izquierda. “De una flor que se llama narciso, hay dos genes que se le metieron (a los genes) del arroz, y es una maravilla (golden rice), no jodás, nosotros no podemos tener una mentalidad reaccionaria”. Vaya con Mujica, a los opuestos a la tecnología occidental los trata de “reaccionarios”. El tema de los transgénicos tiene su pro y contra, pero el ex tupamaro no le tiene miedo a la genética, no es Evo Morales. A Mujica le entusiasman las ciencias fundamentales. “Necesitamos muchos estudiantes brillantes en química, física, matemáticas, y biólogos vienen arriba”. Se ha fijado en otros desarrollos. Y sin complejo alguno, observa lo que hacen en Europa. ¿Qué es lo que venden Francia, Inglaterra?, pregunta. ¿Qué vendió Holanda? Vendió conocimiento. Tiene el mejor rendimiento por hectárea del trigo que planta. Y no consume un grano de ese trigo, lo vende en semillas. Vende filotecnia. Y la vaca lechera holandesa es la mejor del mundo, dejate de joder, ¿y qué vende? No leche sino prototipos. Una manera de vender conocimiento”. Y llama a ese enlace de lo agroindustrial y la ciencia, el país agrointeligente. Apunta a priorizar las ciencias en la educación pública de su país y eso que pasa por tener una de las mejores. “La mayoría de las cosas que se enseñan, buena parte no sirven. Loco, tenés que saber los números básicos, y matemáticas e idioma español, no jodás”.

Le preguntan sobre un tema ideológico, ¿revolución o reforma? “Lo que pasa es que las revoluciones se fueron al carajo, no quedó ni cenizas. Con reforma, en general, se come mejor, se duerme mejor, no es muy placentero decir todo eso. Por eso discuto con Lula, y me dice: – Hay unos cincuenta millones de tipos que hoy viven mejor, y ¿eso es una revolución? –Sí, para el que no comía, seguro es revolución”. Y luego “estuvimos prisioneros de una visión de izquierda, el Estado es de la burguesía, decíamos. Y como tal, no teníamos que preocuparnos, dejá que el día que agarremos la manija nosotros. Nos comimos la película. Es cierto que el Estado tiene una orientación de clase, pero cumple otras funciones, nada que ver con la explotación. ¿Qué tiene que ver con que una pobre vieja va al municipio a pagar un impuesto y esté en la cola? No seas malo, el tipo de la burguesía entra como Pedro por su casa, la vieja no. Sí, hay que arreglar el Estado”. Le objeta el entrevistador que no será fácil, “la natura humana”. Y Mujica, “que la parió, si será bravo”. Ah, me olvidaba. Por una parte, el Estado cuenta: el 40% del PBI está en sus manos. Por la otra, las costumbres: cuanto más culto sea alguien, más sencillo. Va a ser muy interesante verlo en Lima la ambigua. Aquí, si dices algo claro, pasas por maleducado o bruto.

(1) Los entrecomillados responden al libro de Alfredo García, Pepe, coloquios, Fin de siglo, Uruguay, 2009.

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Argentina:

 

Jueves, 04 de noviembre de 2010 – Diario La República

Kirchner o el voluntarismo

Por Hugo Neira

No se habían enfriado sus restos mortales cuando las acciones y los bonos argentinos ya se disparaban. Así, hacia el alza, reaccionaba el mercado mundial tras el inesperado accidente coronario del político que prometía volver para el 2011 a la Casa Rosada. Qué miedo le tenían a Néstor Kirchner los medios financieros. Y sin embargo, los mismos saben, porque está en las reseñas económicas que dan la vuelta al mundo, que había pagado la mítica deuda externa argentina, un “affaire” de unos 50 años de bronca con el FMI; igual lo hizo, aprovechando el alza de las exportaciones agrícolas y del petróleo. Del 2003 al 2007, la Argentina se echó a andar. Y ahora, la muerte súbita. ¿Qué hizo para que el pueblo lo despidiera entre lágrimas y ovaciones y el FMI se sintiera aliviado? ¿Por qué la pena de unos y el frotarse las manos de los otros?

Néstor Kirchner trajo de vuelta al Estado. Esta entidad que el profesor prusiano Hegel, hacia 1818, dijera que encarnaba el “interés superior”, por encima de los intereses particulares. Estado que por supuesto las grandes potencias poseen, no serían grandes sin la ley que domestica sus capitalismos, pero por lo visto, no lo quieren para naciones como las nuestras; para la Argentina, que por no tenerlo, en el 2003, el país estaba en la misma lleca. Después de las medidas ultraliberales de los 90, desde la crisis del 2001, después de “los corralitos”. Y de repente un hombre que no saldrá corriendo como Fernando de la Rúa. Y pensar que lo creían débil cuando llega a la Casa Rosada, “un títere de Duhalde”, decían. Pero resultó ser lo que se llama un carácter, reformando la corrupta Corte Suprema, impulsando los juicios contra criminales y dictaduras militares. Y en vez de volver a postular, tiene el golpe de genio de lanzar a la esposa, a Cristina Fernández. La muerte siempre es enigmática, más cuando llega de improviso.

Cuando se le ha velado en el Salón de los Patriotas, cuenta Horacio Gonzales en Página12, se escucharon voces desgarradoras, rezos laicos de una encendida religiosidad popular. La muerte de Kirchner, sorpresa doble dice los cronistas, “intensidad del dolor y agradecimientos”. Las muchedumbres se volcaron estos días a las calles. Los de a pie, los que se llaman a sí mismos “justicialistas”, y mejor ni pregunten qué es lo que eso quiere decir, el abanico social es tan amplio que cuenta jóvenes, hasta ahora indiferentes a la política. Y eso en el país que en el 2001, gritaba, “qué se vayan todos”. Al final no se fue nadie, ni los con Estado ni los que no lo quieren. “Es difícil pensar este país”, dice Cristina Mucci. Pero “si pensar la Argentina” incluso para argentinos resulta como imposible, igual retengo una frase, “de la hiperinflación del 89 todos salimos buscando un Estado”. Otra argentina escribe “yo ya no puedo tener la escuela escandinava, pero algo mejor sí, ahora”. Como que han dejado los ensueños. Y de esas capas sociales surge un deseo de sociedad “que garantizara educación, igualdad de oportunidades y una salud pública razonable” (Beatriz Sarlo).

Y estaría naciendo un kirchenerismo, entre manejo económico y pasión peronista, dicen. Lo que hizo Néstor Kirchner, ante el ciclo cruel de crisis a repetición, fue gobernar con decretos-leyes. Y la cosa como que se compuso. Entonces, ¿la política vuelve a ser aquello que decía Hannah Arendt? ¿algo que se introduce desde fuera, algo que la sociedad misma no produce? ¿la voz plebeya de Perón, el fastidio de Eva, o el voluntarismo de los dos Kirchner, el fallecido y la viuda? ¿y qué es el voluntarismo sino ganas de estadista por hacer cosas y al diablo las encuestas de popularidad? Los argentinos y su drama. En la librería El Ateneo, o sea, El Virrey de Dasso al interior de un iluminado teatro Municipal, me llevo un paquete de libros sobre piqueteros, emergencias urbanas y votos bronca. Son análisis entre ciencias sociales y melancolía. Argentina de presidencias voluntaristas, te saludo.

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Brasil:

 

Jueves, 19 de mayo de 2011 – Diario La República

¿Ha dicho Usted Brasil?

Por Hugo Neira  

Venga o no venga Lula, nada perdemos de saber algo –sin cuentos electorales– sobre Brasil. En el Perú un grupo de envanecidos tecnócratas, desde hace treinta años, eliminando de las aulas los cursos de historia del Perú, de América Latina y del mundo, dejaron a millones de peruanos sin referencias. Y así, cualquiera hace el viaje, se saca la foto, y ya, Perú y Brasil igualitos. No pues.

¿Sabe Usted que Brasil arranca su vida soberana como Monarquía constitucional? ¿Que se declara independiente en 1822, pero sin enfrentamiento armado? Resulta que cuando Napoleón toma España y amenaza invadir Portugal, en 1807, el príncipe Juan, Regente, deja Lisboa y con la Corte entera se va al Brasil. ¿Sabe Usted que en 1822, Brasil nace ya como Estado moderno? Porque al irse la Corte a Río, desembarcaron unos 400 sabios, gente de la Ilustración. Acaso por eso, la América posportuguesa guardó su unidad, mientras la que habla castellano se hizo trizas en Estados medianos y liliputienses. ¿Sabe Usted que don Pedro I, el Emperador brasileño, cuando le dijeron de volver a Europa contestó con un célebre “no quero”? ¿Y que solo en 1889 (saque la cuenta), los brasileños adoptan la Velha Republica? ¿Sabe que de 1965 a 1985, al Brasil lo gobiernan generales y mariscales, cinco y sucesivos, Castelo Branco, Costa Silva, Garrastazú Medici, Geisel y Sarney, el último, una excepción, era un civil. ¿Que Brasil bajo el “desarrollismo” se vuelve el primer productor de alimentos del Tercer Mundo? Además, sepa Usted que esos “gorilas” (¿no los llamábamos así?) se dieron el lujo de tener Congreso. O sea, Odría y Velasco con Parlamento, ¿qué les parece? Bajo la autocracia militar que ocupaba el Ejecutivo, hubo bipartidarismo, la ARENA, gobiernista, que obtenía la mayoría, y una bancada de oposición, el MDB, de demócratas. Aquí en cambio han dicho “para qué queremos viejitos”. Los sensatos brasileños los tienen. Dos por cada Estado.

1985. ¿Qué pasó ese año? Los militares se retiran –dejando un país moderno y desarrollado– no sin llamar a un plebiscito que aprueba la elección presidencial directa. El primer elegido fue Collor de Mello, con 53%, a quien suspenden en 1989 por corrupción. A lo que vamos. Hace 30 años, tras la mutación del Brasil, un puñado de trotskistas y comunistas deciden reciclarse, cosa que no han hecho las izquierdas peruanas. Así surge Luiz Inácio Lula da Silva, elegido diputado. No es que quiso de golpe ser presidente. En fin, cómo olvidar la presidencia de Fernando Cardoso (1995-2003) cuyos programas sociales, según Jeffrey Sachs, son enormes, más que Toledo y García juntos. Lo menciono y no por azar. Precede a Lula la transformación hecha por dictaduras y el socialdemócrata Cardoso. Lo dice el mismo Lula, “no soy el producto de unas elecciones sino de una historia”. Lula corona la exitosa transición brasileña. Aquí la Transición agoniza cada cinco años. Lula viene del mundo obrero, no es caudillo ni militar. Llegó con un partido de trabajadores, “Trabalhista” que aquí no hay. Lula, político, tamizó su programa, al tercer intento.  

Acabo de estar en Río, invitado por el sabio Edgar Morin a un coloquio. Escribo estas líneas porque los peruanos merecen que no se les engañe. Aquí manosean el tema de Lula para vestirse con lo ajeno. Brasil es grande pero distinto. ¿Saben que su población procede de la inmigración europea al 51%? De amerindios queda un 2%. No nos confundamos. Su historia política se ha roto varias veces, “segunda república”, “tercera república”, y han padecido, pero tienen algo que no tenemos: flexibilidad, cordura, paciencia. Portugal usó la Inquisición para expulsar sus reos al Brasil colonial. ¿Se pobló con disidentes? Acaso y por eso, los brasileños no son dogmáticos. Aquí, al contrario, fabricamos ortodoxia, “economía nacional de mercado”. No, pues.   Nota bene. El dueño de la balanza parlamentaria es Toledo. Y la democracia consiste en que nadie se vuelva Chávez por vía de bancadas.  

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Venezuela:

 

Martes, 02 de junio de 2009 – Diario La República

Caracas. La cosa es grave

Por: Hugo Neira

La América Latina, a ratos, ha apechugado jefes, dictadores. En Venezuela misma, a comienzos del siglo XX, la dictadura de Cipriano Castro, la feroz de Juan Vicente Gómez, que igual que hoy, vivían del petróleo. A Caracas acaba de ir Mario Vargas Llosa para intentar entrar al mundo cerrado de un personaje del paraguayo Roa Abastos, autor de “ Yo, el Supremo”, uno de los grandes relatos del ciclo sobre los tiranos latinoamericanos. Y resultan muy reveladoras las razones que ha dado el “Supremo” de esa hermana república para no debatir. Le ha dicho “Usted no es Presidente”. En Venezuela, un deporte popular es el béisbol. Por eso la figura retórica que ha empleado Hugo Chávez es la de “las ligas mayores”. O sea, el bate, el voto, la palabra, en un amasijo. Vaya manifiesto.

Lo dicho por Chávez está cargado de significaciones recónditas. Procedo, pues, como los psicoanalistas, ante un “acto fallido”, examinando una cierta idea de la vida política, según Chávez. Sin duda, el incidente de Caracas puede ser abordado desde otros puntos de vista. Me parecen ripios, tópicos, pero igual los enumero: el Dictador, el Escritor, el Poder, todos con mayúsculas. Sí, todo eso resulta involucrado en el asunto de Caracas, pero algo más. Algo como una disputa esencial, que toca el basamento mismo del drama de América Latina. Touraine llamó a este continente, el de La palabra y la sangre. Fíjense que Vargas Llosa no fue a presentar un libro, no. Lo que estaba en entredicho era el uso de la palabra. El brasileño Da Matta decía que solamente nosotros, latinoamericanos, seguimos usando en el furor de una discusión, como un último recurso, ¿Usted sabe con quién está hablando? No cuenta la verdad, o la argumentación. Sino el rango, el sitial. Y eso borra de un plumazo las formas contemporáneas de la vida democrática.

No ha querido debatir, Chávez. Vaya Usted, recupere su nacionalidad, y pase por las urnas. Qué hábil, qué retorcida esa petición de principio. Sabe que pasar por las urnas, en el estado de cosas de nuestras sociedades, puede ser recibir un mandato incoherente, perverso: parte del electorado sueña con encaramar en el poder a políticos que aborrezcan el pluralismo de la libertad. Sabe que él encarna ese nuevo tipo de despotismo. Subes con la democracia, y luego la desmoronas. Un dolor de cabeza para comentaristas y una jaula para pueblos enteros. Nuevo tipo de tiranos que desde los votos se ponen botas. Y eso no es Cuba, es peor.

Mario Vargas Llosa o cualquier otro en su lugar, el mexicano Castañeda por ejemplo, ¿a quienes vendrían entonces a representar? Al individuo, al hombre común, al ciudadano. A todos y a nadie. A mis alumnos, en estos días, les observaba, por azar, que Rousseau, en libro fundador de la idea republicana misma, se abre con esta interrogación, “se me preguntará si soy príncipe o legislador para escribir sobre política. Respondo que no, y que es a causa de ello que precisamente escribo” (El Contrato social). La modernidad política, es decir, el mundo en que vivimos, la ciudadanía mundial, comienza con la libre expresión, que a su vez funda otras legitimidades.

Así, dos lógicas se enfrentaron en Caracas. La de Vargas Llosa, que es la de la libre palabra, no por ello infalible, que al exponer, se expone. Pero es la forma de verdad humana que inventaron los griegos, el logos, la razón, hoy incorporada a las naciones modernas, incluyendo las prósperas del Asia. La otra es Chávez, el poder tribal que guarda la palabra para el ungido. El Jefe, el Brujo. Y esto es cosa de guerreros. Vaya y mate su león y después hablamos. Hay una patología medio africana en esto que la soberanía postmoderna la encarna quien dice detentar lo colectivo. Eso es regresión, paradójica en un tiempo de circulación de ideas en las mass-media, en blogs y en Internet.

¿Cómo hará para aislar a Venezuela del mundo? Los psicoanalistas llaman a ese mecanismo evasivo que niega el poder simbólico del otro, forclusión, el otro no existe, hay que ponerlo fuera del patio, del país. Revelador Chávez, y con él, cierta alma todavía retrógrada en algunas corrientes latinoamericanas en las que aletea el desprecio para quien los contradice, ese desdén o Verleugnnung, que habría dicho Freud. En Chávez, lo que más me subleva es que se llame socialista. Pobre Marx. Pobre Bolívar. Y pobres de nosotros, si en el 2011, votos populares creyendo salvar la nación convierten al Perú, después de Bolivia y Ecuador, en otra provincia del chavismo. Yo no tengo ninguna ambición personal. Lo único que quiero es no quedarme sin patria.

P.D.: Ernesto Laclau, de visita esta semana en Lima, tiene un libro muy interesante, La razón populista, 2005. Comentaré lo que entiende por “populismo” que no es lo que muchos piensan, más adelante y en el programa Presencia Cultural de TVPerú, esta semana.

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>>Mundo árabe

Jueves, 30 de diciembre de 2010 – Diario La República

Un santo cristiano de estos días

Por: Hugo Neira

¿Qué es este ritual que evoca la más bella de las leyendas, la de un niño nacido en un pesebre? De pequeño ayudaba a las abuelas que me criaban a levantar el nacimiento familiar. Podíamos ser muy pobres pero ese lujo casero no faltaba, ni la cena pascual. Como en el verso de Abraham Valdelomar. Acaso por eso, ya hombre, cuando acaba el año, todos los diciembres de mi vida, viva donde viva, en las islas semidesnudas de palmeras tahitianas o en los fríos parisinos, es decir, en medio de la más alta densidad de librerías o, como ahora, en esta enorme ciudad comercial que es Lima, con dinero o sin él, residente o viajero, haga calor o hielo, si es diciembre, confieso que no la paso del todo bien.

Poco importa que le llamen San Nicolás o Papá Noel, ande vestido de rojo invernal o con guayabera tropical, igual estas fiestas me devuelven al período horrendo de la existencia en que no eres, y dependes de otros, los gigantones, los adultos, que te regalen algo o nada. No fui de niño ni más ni menos infeliz o feliz que otros, conocí como todos la angustia consumista infantil de la noche pascual.La Navidad era entonces algunos libros acaso mal impresos pero con los viajes extraordinarios de Verne y los cuatro espadachines que se juran lealtad en el relato de Dumas. Gracias doy por los mundos que me abrían aquellas primeras lecturas.

¿Y qué es la santidad? ¿La del santo legendario, al parecer ruso, San Nicolás, y la de los santos contemporáneos que sí existen? Porque de haber, los hay, en medio del ruido del mundo, y conocí a alguno, que es lo que ahora quiero contar. Ocurre, pues, que en un lugar del continente africano, en un país musulmán, un cristiano que conozco reside ahí pese a la intransigencia del Islam. Ese amigo es cura católico. Por precaución no daré su nombre, pongamos que se llame Lucien, pero afirmo que es jesuita, lo cual es verdad y explica lo que viene. Supongamos que el país donde da testimonio de su fe cristiana con riesgo de su propia vida, sea Marruecos o tal vez Argelia o Egipto, o algún otro bajo el dominio absolutista del Corán. Vive en tierras donde no se tolera, por lo general, otra presencia religiosa que no sea la islámica. Hace unos años, varios hermanos religiosos de Lucien fueron pasados a cuchillo por nada, degollados como ovejas por ser cristianos. Roma preguntó si deseaban dejar esa tierra terrible, y los padres jesuitas dijeron que no. Se quedaron. Lucien, aunque cura, vive de dar clases, excelente científico. Prácticamente no hace mucho de lo que suele hacer un sacerdote. “Me he quedado para dar testimonio”, nos dice. Y no puedo menos que admirarle. Cada día de su vida es un don. Nos cuenta que hace poco murió de muerte natural el hermano Pierre, y que vinieron los jóvenes islámicos a recitar en sus funerales la Fatiha, el primer verso del Corán.

Hay un Islam duro, doctrinario, el salafista, pero hay otro “el Islam del corazón”, afirma, que lentamente se abre a los cristianos que viven al lado de ellos. Vivir en tierra de misión, qué coraje. Sin embargo, resulta necesario agregar que el Islam tiene “políticas”, país por país. Algunas incontrolables. Así, en Irak, donde al lado de musulmanes, habitan católicos romanos y cristianos asirios y unos cuantos coptos (cristianos orientales) estando estos reunidos en su iglesia, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, un comando de Al Qaeda, los mató a todos, una cincuentena de personas. Pero, en otro país, este año, en Annaba (Argelia) los hermanos agustinos han celebrado la misa con un nuevo hermano venido del Perú, nos cuenta el padre Lucien. Así van las cosas con cristianos en tierras del Islam. Por eso, en estos días, pienso mucho en ese amigo jesuita, en su pasmosa, por sencilla, santidad. Y entonces, yo, el agnóstico, elevo unas preces al Dios en el cual él cree, para que lo libre de todo mal. Envidiando su fe modesta, cordial, encendida como una lumbre en medio de la noche.  

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Jueves, 10 de febrero de 2011 – Diario La República

Túnez. Revuelta de la zapatilla ociosa

Por: Hugo Neira  

Este 5 de enero, un joven pobre y desesperado, Mohamed Bouazizi, se inmola con el fuego en Túnez. Vendía en la calle legumbres y frutas y la policía se las confisca. Lo que siguió fueron tres semanas de manifestaciones, la huida de Zidi al Abidin Ben-Ali que gobernaba desde hacía 23 años, un proceso de transición y el contagio a Egipto y al resto del mundo árabe. Dado el estupor, los jefes de Estado se quedaron. Un cuscús en Torre Tagle tendrá que esperar mejores días. ¿Qué pasa en el mundo árabe? ¿Revueltas espontáneas y entusiastas? Las sociedades islámicas parecían resignadas bajo el manto del Islam oficial y estables, pese a regímenes autocráticos con récords mundiales de duración. La primavera árabe sorprende al mundo.

Volvamos al joven mártir de Túnez, vendedor reprimido. Hay que ir comprendiendo que el Islam regenta sociedades agrarias tradicionales donde el zoco, el mercado, está sometido a reglas ancestrales, algo como si todo nuestro comercio fuese asunto de señoras indígenas de comunidades. Bouazizi, joven urbano, a sus 26 años, era informático y pobre de solemnidad. De ahí que millones de tunecinos se identifican con su gesto: les pasa lo mismo. Estaban entrampados, por lo menos hasta hace poco. “La guerra de Troya nunca fue”, escribió un dramaturgo. Y ese incidente, del ambulante y su sacrificio, hubiese pasado desapercibido si no fuese porque las redes de Facebook y el Twitter propagaron los hechos, desencadenando protestas en las calles. “ Ben Ali, barra, barra” –que se vaya– se enteraron los tunecinos y no por los diarios, bajo censura. Sobre 12 millones de habitantes, 4 millones tienen Internet y vieron en sus pantallas lo que pasaba. Túnez, país pequeño, 154 mil km2, renta per cápita de 4000 dólares, no es lo peor del Mediterráneo árabe. Y justamente, Ben Ali, había abierto a medias la puerta de la modernidad, permitiendo el acceso masivo al Internet. Le ha costado el poder.  

Como comentarista, seguiré observando nuestro proceso electoral. Pero ocurren hechos decisivos en ese cercano Oriente a Europa y a los EEUU, como para ignorarlos: la ruta principal del petróleo pasa por el Canal de Suez. Además, algo debo puntualizar antes de proseguir, estamos en Perú, país de las sospechas. No, no he sido experto internacional en país musulmán, ni falta que hace. Me llevaron a ese mundo razones académicas. Luego de San Marcos, cambié por completo de orientación en Francia, y en el camino hacia una alta tesis sorboniana, tuve que preparar un DEA francés, un diploma previo, y elegir a mis riesgos y costos, un país como trabajo de campo. Viví cuatro meses en El Cairo. Fui a estudiar el Egipto de Nasser pero también descubrí el Egipto del Faraón y el actual Islam. Desde entonces, sigo ardientemente lo que ocurre en ese lado del mundo.  

De esa experiencia intelectual y vital provienen las hipótesis que siguen. La primera, estamos ante una rebelión singular contra el marasmo y el aburrimiento. A un corresponsal, de los millares que han llegado a Túnez, un joven le responde que su revuelta proviene de su zapatilla. Tiene un pie apoyado contra el muro. Antes el Estado le daba trabajo, hoy nadie lo ocupa. La zapatilla ociosa tampoco puede irse, con estudios de baja calidad no pueden competir en el mercado internacional de empleos con otros jóvenes provenientes del Asia, Canadá o España. La situación es la misma o peor para los desesperados de Egipto, Algeria, Yemen. La segunda hipótesis es que la protesta masiva remueve el inmovilismo de esos regímenes. La tercera es que las salidas son imprevisibles. En Egipto, Mubarak se defiende con matones en las calles. La cuarta es que la democracia no se decreta. De ella no conocen la menor experiencia esos países de califas y coroneles mesiánicos como Khadafi. Pero parece que en Egipto emerge un Islam capaz de aceptar el pluralismo, sería la gran novedad. Un Islam no absolutista. Para explicarla tendría que escribir cada semana. Hipótesis la menos probable. Hasta la próxima.    

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Jueves, 24 de febrero de 2011 – Diario La República

La sorpresa. La democracia árabe
 

Por: Hugo Neira  

La rebelión de los pueblos árabes contra sus despotismos sigue extendiéndose. Un viento de libertad sacude a Irán, al alejado Yemen, y pasando por Egipto, hasta la intocable Libia de Gadafi donde se tira a muerte contra la multitud. No es solamente que el descontento viaje de la pequeña Túnez a los países del Golfo Pérsico. La TV mundial sigue en directo esos acontecimientos. Todos hemos visto un millón de personas en la plaza Tahrir, en El Cairo, presionando para la salida de Mubarak. Sin embargo, el célebre politólogo Sartori había dicho en Homo Videns, “La televisión da noticias pero no da nociones”. Y nunca como en este caso, la pantalla muestra sus límites. Ver no es comprender.  

Reflexionar es, pues, el papel de la prensa escrita. La pequeña pantalla aborrece la abstracción, pero hay excepciones. Con qué inmenso agrado he podido escuchar en Antena 5 de París, a Edgar Morin, resumiendo lo que centenares de periodistas de la TV, no atinan. ”En una región dominada por regímenes despóticos, unos civiles y otros religiosos, ha irrumpido lo inesperado”. Y esa es la historia, dice Morin, la antigua y la presente: lo inconcebible llega en un instante. Primera noción. La segunda, la sorpresa del objetivo de esa rebelión: la democracia. Esas muchedumbres árabes quieren elecciones libres. Como si fuesen noruegos u holandeses, para decirlo rápidamente, quieren la extensión de la democracia a sus sociedades. ¡Vaya sorpresa! El viento de libertad no solo derrumba gobiernos sino que acaba con la perversa versión de unas ciencias llamadas “orientalistas”. Hasta un día antes que el joven tunecino Bouazizi se inmolara, la idea dominante fue la siguiente: el mundo árabe es insensible a la democracia. Qué tontería. Los que estudiaron ese mundo, casi sin excepción (salvo intelectuales disidentes en Londres) sostenían el dogma de la incompatibilidad absoluta entre sociedades islámicas y democracia. Y eso se ha revelado erróneo.  

Otra novedad es que los árabes contradicen su propia historia. En el pasado, los movimientos populares reivindicaban su hostilidad ante un Occidente colonialista. La ocupación del Canal de Suez por Nasser en 1956, se hizo contra las potencias extranjeras. Durante la guerra fría, surgieron Estados fuertes, donde un jefe único, o un partido, controlaba todo. Ni a los EEUU ni a Europa les importó demasiado la situación interna. Como, dicho sea de paso, no les importa en China, esa gran nación sin democracia. En cuanto al Islam, hoy ni lidera esa rebelión ni la enfrenta. Terminada la plegaria, los fieles retoman sus batallas callejeras. Ese mundo vive una hora política y no teológica.

Un velo de ignorancia se descorre en el Medio Oriente. Hoy son masas extraoccidentales las que aspiran a derechos humanos occidentales. Pero hasta hace poco, juristas y ONG se planteaban que tal vez era pretencioso intervenir contra la ablación del clítoris en musulmanas, ¿con qué derecho, si era conforme a la tradición? Pero, una cosa es reconocer “la dignidad cultural de los mundos diferentes” (Lévi-Strauss) y otra servirse de las diferencias culturales para justificar Estados autoritarios. Para esos manejos, Estado aimara, etc, son malas noticias lo que acontece en Yemen o Qatar: para escapar a la humillación del inmovilismo, la gente busca transiciones democráticas. Tardarán, no seamos ingenuos, pero lo de Túnez y Egipto también es claro mentís de una ideología reaccionaria disfrazada de antropología. Mal llevada la identidad, se puede volver otro opio del pueblo.  

La verdad monda y lironda es que los valores universales existen: los seres humanos quieren ser libres. Lo demás –qué se come, con quién se casa uno– es de los mundos de la vida, el Lebenswelt de los filósofos. Pero gobernarse, desde los griegos, es autorganización; “polis” de todos decía Aristóteles; o tiranía de unos cuantos. Y en eso, en optar, los árabes se incorporan a la historia contemporánea. Con una rebelión que no es réplica de nada que la preceda.    

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>>Resto del mundo

Martes, 13 de enero de 2009 – Diario La República

China, dos veces
 

Por: Hugo Neira  

China me intriga. La de Mao, la de Deng Xiaoping, la antigua, la actual, la de mañana. No hay en ello arrebato ideológico: ni fui maoísta, aunque visité China prolongadamente, ni me entusiasma que sea una nueva forma de capitalismo, acreedor de la América de Obama. No, no va por ahí la cosa. Me intriga el viejo dragón chino, su perdurabilidad y, en las torres altísimas de sus nuevas ciudades, su novedad. Cuando era docente investigador en Francia, andaba atento, aparte de mis obligaciones de americanista, a cuanto coloquio universitario había sobre la civilización china. Hoy, algo de eso me sigue habitando. Por eso me dispongo en esta corta crónica a contarles mis últimos asombros. Dos Chinas: filosófica y política. Para estudiar civilizaciones me apego humildemente a sus grandes. A los investigadores. Como se sabe, en las grandes universidades del mundo hay gente que consagra su vida a otras culturas. A pensar al otro. Así, hace rato que frecuento la obra de François Jullien, profesor en Paris V que no sé si sigue ahí; en todo caso, por su doble pasión, filósofo y sinólogo. Por lo primero, todo lo filósofo que se pueda ser, Platón, Leibniz. Por lo segundo, su campo son los pensadores chinos. Pero me estoy quedando corto. No se trata de un sinólogo corriente. Le interesa cómo regenerar la filosofía occidental, y para ello sostiene una tesis atrevida. Fuera de ella misma. El tema no es nuevo, lo decía el americano Rorty, renovarse tras abrir la ventana a otros saberes, la antropología, el psicoanálisis. Jullien prefiere mirarse en otra filosofía. ¿Juego de espejos? Precisamente no. Hay que apartarse lo más lejos posible.

Ahora bien, no queda ninguna filosofía realmente no contaminada que la de China, y por ello Jullien descarta de un manazo a judíos y musulmanes, demasiado cercanos. Impregnaron a Occidente y se impregnaron a sí mismos. Ni pensar en Japón. En esa búsqueda de un territorio de lo distinto hay que evitar dos escollos: “el de lo mismo” y del otro como “exótico”. Para Jullien, China desde su Antigüedad conoce una gran diversidad de escuelas, no se quedó en una prefilosofía, inventó, dice, “sus marcadores de abstracción”. “Preparó otra inteligibilidad”. Diablos, me dije. ¿Y en qué puede consistir? Ante los grandes filosofemas occidentales, prosigue Jullien, el concepto de Ser, de Dios, el ideal de la Libertad, pasaron de largo. En cambio: lógica de los procesos, y el ideal de la regulación. Con lo cual, deduzco, nuestra idea de lo político como conflicto sale sobrando, desde los griegos hasta las actuales democracias de masas.

¿Es tanto así? Acabo de leer una noticia, muy fresca. Es política, es inmediatista, pero qué duda cabe, conviene traerla a colación. Acaba de publicarse, el 9 de diciembre, un manifiesto de 303 personalidades chinas que exigen la instauración de una verdadera democracia liberal en su país. Textual. El manifiesto es extenso, pueden verlo en Internet y lo ha traducido Perry Link para The New York Review of Books. La prensa mundial lo está llamando, breve y significativamente, “La Carta”. Es decir, la Carta china 08 recuerda a la Carta de los 77 disidentes checoslovacos. Los que hoy firman son militantes de los derechos humanos, intelectuales, juristas. Piden el fin del partido único y elecciones. O sea, un régimen occidental, así de neto.

Los textos anteriores son contradictorios. Jullien, el sinólogo, muestra una filosofía china que razona desde los hábitos mentales de la más antigua de las civilizaciones, cierto, dominada a ratos, nunca del todo conquistada. No se instalaron las religiones universales. Pero lo segundo es que la ideología de los DDHH que tiene como base el individuo va ganando terreno. Ambos textos se entrelazan y nos ponen ante tres posibles interacciones. La primera, una filosofía puede no necesariamente traducirse en instituciones políticas. La segunda es que Jullien no haya medido bien la occidentalización china, en marcha tras el mercado y acaso en las ideas. La tercera es que los que no hayan medido bien sean los signatarios. ¿Un gran fondo de prudencias seculares apoya, por sorprendente que esto parezca, a las despóticas autoridades actuales? La primera de las hipótesis me parece la más débil.

No hay filosofía que no sea a la vez una política, desde Platón. Pero si China, según Jullien, tiene el arte de ser una transición continua, me gustaría saber cómo esa no-Europa, de pensamiento sólido (no sólo es el gran taller del planeta), ese otro racionalismo, da espacios de libertad al individuo, o no los da, ni hoy ni mañana. Y en ese caso, no hay catolicidad posible, universalidad, en materia de política. Tal es la cuestión: ¿son únicamente occidentales los valores democráticos? He revisado la obra de Jullien sin hallar una respuesta. Acaso un pasaje en Por una historia de la eficacia en China (Anthropos, Barcelona, 2001). El siguiente: “Lo eficiente, dicen los chinos, es lo discreto”. Lo cual a nuestra cultura criolla extrovertida debe sonar a chino. ¿Discreción? ¿Cómo se come eso?  

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Martes, 10 de marzo de 2009 – Diario La República


Las canas del presidente Obama

Por: Hugo Neira

La foto ha dado la vuelta al mundo. Al presidente Obama le han salido unas canas que hace unas semanas no tenía. No es para menos. Vaya “job” el suyo. Ha inyectado sumas astronómicas en los constructores de automóviles y no ha funcionado. La General Motors y Ford han “quemado”–dicen los entendidos– la suma de 14 mil millones de dólares en un solo trimestre, y el mercado no reacciona. Ya se sabe, la presente crisis no se parece a las anteriores. Para no decir tonteras, comencemos por el principio, cuando Obama no tenía canas.

Hace solamente unos meses, con un Moscú sin comunismo, el capitalismo estaba triunfante. Pero en versión americana: modo de vida hedonista, supercompras, crédito fácil, mientras se abrían brechas sociales enormes. Los años Bush. Esa economía portaba consigo su propia enfermedad: el exceso de crédito. Así, hace unos pocos meses se deprecian los activos; luego crisis de confianza, de liquidez, bancos que no se prestan entre ellos mismos; y con la Banca en dificultad, entran en quiebra establecimientos financieros gigantes y la crisis se traslada a las Bolsas del mundo. Y ocurre entonces lo extraordinario: entra el Estado a tallar. Primero en Europa y luego en los propios EEUU ultraliberales. Salidas socialdemócratas. O sea Obama. Sí, pero el mercado no reacciona. Hoy las cifras son de espanto: los parados en los EEUU llegan a 12,5 millones. A esto se añade unos 6 millones con empleo precario. Se pierden empleos, solamente en enero se han ido 655 000. Esto no había pasado en América desde 1949. Y nadie sabe cómo acabará. Ni cuándo.

Esta mañana viene con la noticia de que el tesoro británico toma el control del banco Lloyds. Pero en vez de perderme en cómo van a absorber los “activos tóxicos” (290 millones de euros), me fijo en otra noticia. Acaba de concluir el Salón del Automóvil en Ginebra, Suiza. Y cuando la venta de autos se cae por todas partes, la vedette es un auto eléctrico, presentado por el grupo Bolloré. Una multinacional que se ocupa de telecomunicaciones y que ha venido invirtiendo sus ganancias, 350 millones de euros anuales, en la investigación de baterías eléctricas. Van a fabricarlas en Quimper, Canadá, de aquí al 2012. Ahora bien, en los EEUU, ocurre que están en venta 450 mil automóviles nuevos que nadie compra. No por la crisis, que no toca a todos los sectores, no es 1929. ¿Entonces? Ocurre que los americanos, ahora, no quieren “esos” autos. Quieren unos menos caros, acaso híbridos. Y esperan las innovaciones. Lo mismo parece estar pasando en el sector inmobiliario. Hasta hace poco, compraban una casa y después de dos o tres años, la revendían: ganancias, plusvalía. Parece que ahora no quieren esas casas sino “casas para toda la vida”. Y eso es novedad. Y casas con calefacción, pero solar, o por metano, casas ecológicas, o sea, de ahorro en energía. Tampoco quieren esos autos enormes, los 4×4, que por supuesto, gracias a los TLC, se los van a vender a los tontos del tercer mundo. Y nosotros, ¿compraremos la basura industrial? Por lo demás, los americanos van a gastar en eso que aquí no se entiende: transporte masivo, trenes, tranvías, metros, trolebuses. ¿Antiguallas no?

Volviendo a la crisis americana, no es que no haya demanda sino que no quieren comprar a lo loco. Un diario europeo pone este titular “Crisis, gracias”. “Los países industrializados salen del hiperconsumo”. “Un nuevo tipo de capitalismo”, dice The Nation.

“Consumir, consumir, yo no quiero consumir”, dice una carta de lector. Y el Newsweek de New York dice casi lo mismo, “la recesión trastorna el modo de vida occidental fundado en el crédito fácil y el consumo delirante”. Y concluye: “Se anuncia una era de frugalidad”. ¿El ocaso del american way of life? En todo caso en los EEUU, y no por razones morales o valores sino mirando el gasto casero, se han puesto de moda millares de cursos para aprender a reparar la cañería, como sus abuelos. “Quieren hacerse ellos mismos las cosas”, dicen en Los Angeles. Economizar, guardar dinero. A un cambio tan radical en las costumbres se le llama crisis de civilización. Algo saludable, pero enorme, imprevisible. “Un raro momento de la historia para cambiar de mentalidad”, dice un tercero.

Por eso las canas de Obama. No quieren vivir, los que lo han elegido, como hasta hace poco, cuando comprar era ser. Entretanto, se ha abierto un debate feroz. La BBC World News convoca regularmente una libre discusión. Desde enero, ya se han reunido varias veces. Sus temas son heréticos, impertinentes: ¿Para qué sirve la ONU? ¿No ha sido Bush el peor gobierno? En lo poco que he escuchado, presagian el retorno al carbón. Es un grupo que emite desde Londres y New York. (http://www.intelligencesquared.com). Pero ¿cambiar el parque automovilístico del mundo? Puede no hacerse, pero puede que desaparezcamos como especie. Se entienden las canas de Obama. Y las de este siglo XXI, súbitamente, viejo y joven a la vez.  

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Jueves, 24 de septiembre de 2009 – Diario La República

Economía y economistas

Por: Hugo Neira

Mientras el mundo se repone –a medias– de la crisis financiera, ya se conoce la identidad de las primeras víctimas colaterales de la crisis misma: ¡los propios economistas! Es un mal chiste, una distancia, una actitud irónica, pero bueno es saber que eso se chismea. No proviene de algún vociferante orador de los que por aquí abundan, que no terminan de meterse en la cabeza que la URSS ya no existe, sino que lo sostiene The Economist. De todas las burbujas que han estallado en los últimos meses, la más espectacular es cómo se ha desinflado la reputación misma de la economía. Los ataques más virulentos contra la sapiencia económica provienen de ¡los economistas mismos! Un ejemplo entre muchos, Paul Krugman, premio Nobel 2008. La gran mayoría de los trabajos de macroeconomía de los últimos 30 años son espectacularmente inútiles o, peor, nocivos. Pobre teoría clásica standard. ¿Unos actores racionales, o sea que saben calcular, buscando maximalizar sus intereses y tomar las buenas decisiones? En los mercados de Wall Street y de la City londinense, los que hundieron el sistema con riesgos ocultos (la burbuja inmobiliaria, entre otras) fueron los mismos hombres de negocios. Leyendo los grandes diarios y revistas del mundo, lo que se tiene es un horizonte de ásperas preguntas.

¿Cómo es posible que una burbuja inmobiliaria, localizada en California, Miami, Michigan, haya terminado por ser una catástrofe financiera en Islandia? (Krugman) ¿Por qué los contribuyentes deben pagar el rescate financiero? (Rogoff). Un Nobel de economía, Myron Scholes, ironiza, una cosa son los modelos, otros los que los utilizan. De pronto, una disciplina que parecía planear por encima de las sociedades, el poder, las ideologías, el hombre mismo, pide socorro a otras disciplinas. Hoy viste mucho recordar que toda economía es un saber construido, social. Y que sería preciso entonces acompañar el saber económico con otros saberes: socioeconomía, sociocultura. E incluso, neuroeconomía.

En los dos lados del Atlántico se desempolvan viejos maestros, Karl Marx, Max Weber, Durkheim. Ya nadie puede sostener que los mercados se autoorganizan espontáneamente. El Estado americano intervino para que surgiera Silicon Valley y también Internet, al inicio un sistema de comunicación en caso de guerra nuclear. Todo esto para decir que esa inmensa polémica internacional nos está pasando inadvertida. Se está revisando –afuera– hasta los cimientos de un saber que aquí, entre pereza y provincia, daban muchos por establecida. El capitalismo es un poderoso animal que se ha ido renovando por “autodestrucciones creativas” (Schumpeter). Pero eso, el mundo, no nos interesa mucho. No tenemos prensa ni atención sino para el ministro que metió la pata al callar parte de sus vínculos profesionales, o para el candidato que llama “cabrón” al jefe legítimo del Estado.

¿Es mucho decir que la cultura no acompaña nuestro diario vivir? Sostengo que la Lima de hoy es menos culta que la que vivió la crisis del 29. Hoy un alcalde de Miraflores se permite negar Hyde Park a la Feria del libro. De paso, aprovecho el sumarme a la protesta de la doctora Cecilia Bákula. Algo tienen que decir el INC, el Archivo Nacional y la BNP sobre la defensa del patrimonio, su ley, y su revisión. Quiero decir que nos está faltando cultura en un momento grave de nuestra situación y del mundo. Llamo cultura a una disposición por dejar espacios libres, urbanos por un lado (¡toma, Masías!) y por el otro, la cultura como conexión activa con lo real. Eso nos falta, inmensamente. Modestia, tolerancia. Flujo de ideas. Me pasma el número de revistas culturales en España (www.revistasculturales.com) y a Presencia Cultural, de Ernesto Hermoza, la única crónica de actividad cultural, siguen castigándola. Cada nuevo gerente, como un lobo, deja su marca removiendo horarios.  

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Jueves, 22 de septiembre de 2011 – Diario La República

El taxista amigo y el euro

Por: Hugo Neira

Le pido al chofer (una compañía de taxis me moviliza por la enorme y caótica ciudad) que por favor cierre la ventanilla de mi lado. Hace frío en Lima y el invierno tarda en irse. Lo hace de buena voluntad y me dice: doctor, hacía tiempo que no me tocaba llevarlo a usted. ¿Ha estado de viaje, no? Que cómo encontré Europa, mis viajes, y de pronto:
– Pero doctor, la economía de Europa se está derrumbando!! Pego un respingo.
– No hombre, no. Lo que pasa es que usted ha escuchado que hay caos en las bolsas, todo eso que comenzó con la crisis de la burbuja hipotecaria en los EEUU el 2007.
-Entonces, ¿no es cierto lo que dicen los diarios?
– Claro que es cierto. Hay un endeudamiento, que alcanza a los Estados, a las familias, las empresas. El sistema económico ha funcionado sobre el crédito ilimitado, pero todo eso es la economía financiera, bursátil, no la otra economía.
-¿Y cuál es esa otra, doctor?
– La economía real. Lo que cada nación produce. Mire, le voy a explicar. Dejemos las especulaciones en torno al dólar, al euro, y veamos cuánto realmente produce un país, tanto en lo privado como en lo público. La producción.
-¿Por ejemplo China?
– Perfecto, la inmensa China produce al año 4401 mil millones de dólares. Es enorme. Pero en el ánimo de mucha gente, creen que China, que sin duda es próspera y ha hecho grandes progresos, ya superó a la vieja Europa. No es exacto. Sigamos con las cifras, ¿le parece? Pues bien, Alemania llega en un año a 3667.
– Muy por debajo, dice el amigo chofer.
-Sí pero si le sumamos otro país europeo, por ejemplo Francia, la cifra es 2865. Sume usted pues, estos dos PIB y verá el resultado.
– Sume Usted, doctor, que yo estoy manejando.
– De acuerdo. (Saco la laptop, y hago números). Mire, ambos países hacen 6532. O sea, con solo dos países industriales, los europeos superan a China. Pero no he acabado. ¿Qué le parece si a esa cifra agregamos un par más de países industrializados de la zona europea? Por ejemplo Italia, con 2313, y España, sí, pese al paro, a sus problemas, produce por año, 1611. Entonces la suma de estas cuatro naciones hacen 10,456. Casi el triple que China. Y no se olvide, amigo, la UE son 27 naciones. Ahora bien, una crisis financiera puede tocar su producción, hacer que crezca casi nada. Ya ocurrió con Japón, pero marasmo o recesión no es “derrumbe”, como se rumorea.
Prosigo ante el atento ciudadano chofer.
-Mire, hay que tomar en cuenta cuántos chinos producen la riqueza de China. Y cuántos alemanes y franceses, lo suyo. La población activa de China es de 796 millones de seres humanos. Sí, pues, gigantesca. Ahora bien, la de Alemania es de 42 millones y en Francia de 37. O sea, unos 79 millones de europeos hacen más y mejor que los 796 millones de trabajadores chinos.
-¿Y por qué Brasil quiere prestarle dinero a los ricos en crisis?
-Porque la población de los países emergentes sabe ahorrar y colocar capitales en economías que saben productivamente sólidas. Así de simple.
– ¿Y aquí por América Latina cómo andamos? ¿Brasil es el mejor, no? -Sin duda, Brasil hace en PIB unos 1572. Mire la Argentina, 326. Chile, 169. Perú, 127. Bolivia, 19. O sea, en la economía brasileña caben 4,8 Argentinas, 9 a 10 Chiles, 12 veces el Perú, y 82,7 Bolivias de Evo Morales.
– ¿Y dónde se gana más en el mundo?
– En la pequeña Noruega, el ingreso por cabeza está en los 95 mil dólares. -¿Tanto doctor, no se ha equivocado?
– Sí pues, es enorme, un noruego gana en un año lo que un boliviano no logra en toda su vida. ¿Por qué? Porque tiene conocimiento y empleo calificado. Todo se juega en la educación, en lo que ya se llama el capitalismo del saber. Los chinos han hecho esfuerzos y con Deng Xiaoping, no con Mao, están enviando desde hace 30 años a millares de jóvenes a los EEUU y a Europa para aprender ciencia y tecnología. Y ya están trabajando en las nanotecnologías. Y nosotros, a la cola del mundo en materia de educación.
-Y doctorcito, ¿ por qué no explica usted eso en la TV? -Esa pregunta no me la haga a mí.  

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Jueves, 14 de julio de 2011 – Diario La República


Los indignados, Madrid


Por: Hugo Neira

Viajar es también observar, indagar, seguir estudiando. Esta nota, en efecto, trata de la sorprendente composición social de la protesta en Europa. No la encarnan solamente trabajadores, parados, y otros sectores debilitados por las medidas de ajuste, sino, y en gran medida, por eso que hace un siglo llamara el filósofo Ortega y Gasset, “los mejores”. En el caso concreto de los españoles, sus estudiantes. Singular revuelta, y en las calles. Pero no estoy diciendo un par de cosas, que conviene aclarar desde el primer párrafo. No estoy diciendo que el capitalismo está en “estado terminal”. Lo digo porque conozco el poder de las ilusiones, las quimeras y las ideologías en el medio peruano. El capitalismo siempre está en crisis, es más, avanza, se transforma gracias a ellas, tras ciclos de prosperidad y otros de destrucción (lo explicó muy bien Shumpeter). Una segunda creencia puede parasitar la lectura de esta nota, pero las masas en las calles, de Madrid a Atenas, no rechazan la democracia, al contrario.

En fin, todos sabemos que los manifestantes en Madrid, tras reunirse en la plaza del Sol, se llaman a sí mismos “los indignados”. Han sido millares, en la primavera española, y la noticia ha dado la vuelta al mundo porque entre otras cosas, el movimiento coincidía con las elecciones municipales y cantonales que resultaron ser una suerte de sanción colectiva a la administración de Rodríguez Zapatero (que todo el mundo abrevia por Zapatero) ¿Oportunidad o coincidencia? Acaso lo primero. Lo dicen claramente voceros y estudiosos, entre otros, Helena Béjar, profesora titular de sociología de la Complutense. “Las movilizaciones tuvieron un impacto político dada la convocatoria electoral”, pero el tema de las urnas no las agota. Tienen un lado espectacular esos mítines, sus campamentos. ¿Qué son? ¿Qué quieren?

Los “indignados” de Madrid son, en primer lugar, diversa gente. Parados e inmigrantes, ya lo dije, pero sobre todo jóvenes, y no los peores sino los graduados que luego de prolongados estudios y carreras de punta, con años de entrega para adquirir el capital simbólico del saber y la técnica, resulta que no hay quien los emplee. Los parados en España son cinco millones y la mitad de los jóvenes en edad de emplearse. ¿Qué es lo que dicen? Que la recesión económica resulta intolerable. Se lo dicen al mundo entero. El resultado es un debate múltiple. Han puesto al descubierto la laxitud de la clase política. Y expresan un vasto desencanto que no es solo político. Ahora bien, lo que la calle exhibe lo recuperan los partidos de izquierda, pero también nuevas formaciones, “Unión, progreso, democracia”, tras el tema de una democracia deliberativa. Los “indignados” –jóvenes españoles con contratos precarios– no conforman un movimiento antipolítico dice la profesora Béjar. No los confundan, pues, con los jóvenes de Túnez. “España es una democracia bien instalada desde hace 40 años”, afirma. Ya la tienen, el asunto es hacerla funcionar.

¿Cómo se organizan? Ocupan las plazas públicas, a veces por horas, otras veces días enteros, van y vienen durante un tiempo. La cosa tiene mucho de mitin con feria de pueblo y debate municipal. Usan a fondo esas libertades que otorga, paradójicamente, el sistema económico que los excluye. “Identidades líquidas ”, las llamaría Zygmunt Bauman. ¿Desencanto en el pasaje a sociedades posindustriales? Las definiciones se nos quedan cortas. Cuando declaran a la prensa o la TV, lo hacen con una sonrisa sardónica, se burlan de todo y de sí mismos. Y no es para menos, a esos muchachos sobredotados, ¡no hay quién los emplee! Feroz paradoja. ¿El sistema no logra emplear a los mejores? Por lo visto la mundialización crea problemas a las democracias, aquí como allá. Y esto es lo que les quería contar. En cuanto al ingreso de un nuevo gobierno este 28 de julio, en Lima, mi línea es por ahora abstenerme de juicios de valor hasta que los recién llegados asuman. La política son decisiones y ya veremos, ellos, qué camino toman. Hasta dentro de 15 días.  

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Jueves, 20 de octubre de 2011 – Diario La República

Los indignados. De la moral a la política

Por: Hugo Neira

Para comenzar, asombrémonos: al movimiento de “los indignados” lo inspira un adolescente llamado Estéphane Hessel, de 94 añitos (nacido en 1917, en Berlín). Además mediante un libro, originalmente Indignez-vous, traducido y de gran popularidad desde la pasada Navidad. Confieso que me alegra arrancar contrariando dos mitos limeños: “solo los jóvenes tienen ideas nuevas” y “el libro ya fue”. Pero no va a ser fácil asumir que en las calles de 951 ciudades de 82 países se reunieron multitudes, espontáneamente (curiosa “Internacional” planetaria sin comité central ni previa doctrina; por ahí, esquemas y tópicos habituales, patatrás).  

Para continuar, creo que estamos ante uno de los fenómenos económicos y políticos más extraordinarios de estos tiempos. El tema es, sin embargo, complejísimo, adelanto su dificultad, algo presencié durante mis viajes, y no crean que las tengo todas conmigo al escribir esta nota. Por eso propongo un método. De lo inmediato trataré ahora. El tema teórico de fondo, en cambio, prefiero enunciarlo en seguida, aunque lo aborde en próximas notas. Me parece (digo bien, me parece) que o bien estamos ante una crisis de regulación del capitalismo fordista (el adiós al trabajo salarial tradicional). O bien ante una crisis del modo de producción, y entonces  ¿ante un pasaje del capitalismo, de comercial, industrial y financiero a otro distinto que se instale? Demás decirlo, de imprevisibles trastornos. En todo caso, en cualesquiera de esas hipótesis, se viene otra “larga duración” secular, de las que estudió Braudel, pero no el fin del mundo para el año 2012 que los inteligentes mayas nunca predijeron. Lo digo porque circula una perspectiva del futuro muy dada a la facilidad de la quimera. Bueno, volviendo a lo real, ya saben que la plaza del Sol madrileña se reprodujo en Sidney, Sao Paulo y por toda Europa.  

Así, en primer lugar, ¿quiénes son? Lo dije “no solo hay jóvenes sino jubilados, parados, inmigrantes” (La República,14/6/11). En segundo lugar ¿a qué se oponen? A cierta Banca y Bolsa, y gracias a la TV hemos visto al Occupy Wall Street tomando el templo del capitalismo financiero en New York. En tercer lugar, desaprueban los “recortes sociales”. Quieren salir del endeudamiento pero “sin sacrificar a los ciudadanos”. Cuarto, quieren que “les devuelvan el Estado de Bienestar del que  gozaron”, en especial los europeos. Aquel Estado distribuidor que toma enormes capitales de los ciudadanos (mediante el impuesto) y lo invierte en educación y salud de calidad, entre otros servicios. Ahora bien, esto último no forma parte, ni por asomo, de la realidad peruana. Aquí no podemos reclamar que siga funcionado el Estado de Bienestar porque nunca ha existido. ¡La cuestión nuestra es que lo instalen! Pero claro, para eso hay que pagar impuestos, cosa que no hace más del 80% de nuestra sociedad, que sin embargo es, como dicen los mexicanos, “peticionaria”. ¿Incongruente, no?  

¿Qué no son? No son masas ideológicas. Son variada gente, empoderadas por la cultura general, libros e Internet. No necesitan Guías Supremos. Ni en Sydney ni en Barcelona buscan un Lenin, un Stalin, menos un Hugo Chávez. El lema tomado del adolescente Hessel, es “democracia real”. Son protesta pero no quimera. Entre muchos causantes de la crisis apuntan a los traders, agentes de la ávida finanza que arruina al capitalismo. Como se sabe, donde un accionista recibe entre 23 mil a 87 mil dólares, el trader se lleva 2 millones. Piden el fin de esos especuladores de bonus pero no el fin de los mercados. No podemos colocar, a esas multitudes, del todo ni en la derecha ni en la vieja izquierda. Cuando arrancó la crisis, un viejo amigo en Francia me dijo,  ça va péter. En uso plebeyo “péter” quiere decir va a estallar y estalló. Hasta el año que viene, tienen un calendario de manifestaciones e innumerables coloquios. No son Moscú sino Atenas (la antigua, no se confundan) o sea ciudadanía directa, lo que trae ventajas y limitaciones. Tanto como el espacio de esta crónica.  

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Jueves, 17 de noviembre de 2011 – Diario La República

Los límites del Imperio: la multitud

Por: Hugo Neira  

Desde que apareció, hace diez años,  Imperio de Antonio Negri, fue un best seller. Escrito en colaboración con Michael Hardt, profesor en Duke, EEUU, la obra fue aprobada por vastos públicos. Negri y Hardt han sido celebrados por sus pares intelectuales. “Al fin algo sustancial que la clásica teleología marxista” (Etienne Balibar). “ Primera gran síntesis del nuevo milenio” (Fredric Jameson). Y sin embargo, la obra no es una narración histórica de orden apocalíptico, al contrario. Dice cómo el capitalismo global de nuestros días “a la vez que fragmenta el mundo en mil pedazos”, provoca nuevos antagonismos, y transforma, a pesar suyo, el planeta entero. Las tesis de Negri descolocan a liberales que creyeron en el “fin de la historia”, y a izquierdas clásicas y convencionales. Trata, no sin ironía, de luchas de clases que son otra clase de lucha. Los “indignados” por ejemplo.  

Cierto, en octubre ocuparon las calles de 993 ciudades en 81 países distintos, ¿pero qué son? Los “indignados” interesan a los medios de prensa y TV por su espectacularidad. A los medios políticos, por una cuestión obvia, qué tipo de votación van a provocar. Pero son también, y eso en especial me interesa, un fenómeno inesperado para las ciencias humanas.  Ahora bien, si en las ciencias de la naturaleza, los físicos celebran hallar una unidad básica de la materia más pequeña que el átomo, electrones, protones o quarz, las ciencias del hombre no pueden ahorrarse el trabajo de  conceptualizar. ¿Los “indignados” son un nuevo sujeto social?  En efecto, ¿qué vínculos existen entre finanzas, crisis, euro, endeudamiento de  naciones enteras, y el concepto de “Imperio” de Negri y su correlato, el de multitudes? ¿Esa pareja conceptual permite abrazar a la vez “la dictadura de los mercados” como se está diciendo en diarios europeos, y de paso, la protesta ciudadana, el hervor que viene de calles y conciencias? A un examen de la empiria de “los indignados”, sorprendentemente heterogénea, confrontada a los conceptos de Antonio Negri, he dedicado una conferencia, suerte de taller de sociología inmediata, en una sala de posgrado de la Universidad Ricardo Palma. La presente nota no es sino un apretado resumen y agradecimiento a colegas y alumnos. Fue un buen debate, no cerramos el tema sino lo abrimos ante el incierto curso de las cosas y el porvenir.  

¿Qué entiende Negri por Imperio? Formado en París y en Padua, acusado de vínculos con las “Brigadas Rojas” (estuvo preso cuatro años) ha proseguido un itinerario insólito, entre Marx y Spinoza, del primero apreciando la dialéctica entre poder y  multitud, y del segundo, revalorizando la noción de libertad. El Imperio le parece una evidencia, aunque leerlo es llevarse sorpresas. “No hay centro territorial del poder”. “El mando imperial es descentrado, desterritorializado”. Su reino es lo global, sin límites, abarca la totalidad planetaria, tampoco tiene límites en el tiempo. Es el tiempo.  Pero el Imperio crea su par contrario, oh Heráclito, la Multitud. De modo similar como fábrica e industria, en el XIX, están en el origen del proletariado. Ahora bien, Negri se apresura a explicar que la multitud no son los parias de la tierra, al contrario. La Multitud, vale decir “los indignados”, no aportan sus brazos “sino su capacidad de producción inmaterial”. La multitud es inteligente. El nuevo sujeto social es diverso. A diferencia del marxismo tradicional que masificaba, cuentan los individuos. Negri no aborrece ni capitalismo ni libertades, pero señala la transformación de los modos de producción y de soberanía delante nuestro. Que lo digan los griegos. Y la emergencia de un enigmático contrapoder. Concluí señalando que era preciso revisar también las ideas de libertarios, Miguel Benasayag, Daniel Bensaid, y de un conjunto rico, heteroclitico de pensadores, diverso como los indignados mismos. ¿Adviene  un poscapitalismo y una neosociología? Ni clase, ni mercado ni Estado quieren hoy decir lo de antaño. Y menos, qué es hacer hoy, política.    

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