Brasil no es solo Odebrecht. Es Lula

Escrito Por: Hugo Neira 112 veces - Nov• 12•19

Introducción necesaria                                               

Me alegro por Lula. Pero no lo mezclo ni con Evo ni menos con Maduro.

El caso del Brasil se diferencia de otros del continente. La creación de otra clase media fue el efecto directo de políticas públicas, bastante complejo, y que Nora Lustig y López-Calva, del Banco Mundial, han llamado una «política del no pobre». En este mismo ensayo nos detendremos a analizar. El caso arranca desde un hecho político, el fenómeno Lula. Obrero metalúrgico, elegido al tercer intento presidente, bajo su gobierno y en muy poco tiempo, 9.7 millones de brasileños salen de la pobreza. Entre 2003 y 2006. ¿Qué pasó en Brasil? Celebro su libertad. Por eso publico este texto que es parte de un ensayo que todavía no va a las tintas. No sin dejar en claro que no creo que tenga que ver con una suerte de «izquierda del socialismo del siglo XXI» que no existe sino en la cabeza confusa de algunos pocos. Es un acto de cinismo que Maduro que ha empobrecido a Venezuela se atreva a sentirse contento tras la libertad de Lula como si fuese parte de esa manera de combinar la economía y la justicia social. Nada que ver. Maduro no tiene, para decirlo de alguna manera en términos de Marx, un modo de producción. No es sino un aprovechado de un solo ingreso, el petróleo. Ni siquiera se le puede comparar a un Emirato oriental. Los árabes invierten en ciencia y nuevos modos de producción, lo cual ni se le puede ocurrir a esa ridícula y caprichosa dictadura venezolana, con militares cubanos post Fidel que se hacen pasar como izquierda. Nada que ver. Brasil de Lula es una cosa. Otra la Argentina peronista. Otra la aventura del antiguo líder de cocaleros que es Evo. Hay que verlos por separado. Quizá lo que los une es algo que Basadre, vaticinó. Los llamó «sultanismo», «sistema estatal que carece de contenido racional y desarrolla en extremo la esfera de lo arbitrario y de la gracia del Jefe». Lo pongo aquí porque los peruanos que leen son pocos, y acaso toman a Basadre solo como un historiador. Basadre pensaba. Qué lástima que los peruanos no conozcan a sus «profetas».

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Los parecidos entre la situacion brasileña y la peruana se reducen a dos hechos: en ambos casos, la extendida informalidad y la aparición de una nueva capa de estrato medio, un «sector C», como lo llaman los brasileños, realmente emergente, vale decir distinto a la clase media ya existente. En el caso del Brasil, bajo Lula da Silva, sorprende la cortedad del efecto. Fue casi de inmediato. En Perú, la reducción de la pobreza extrema no la hubo entre 1997 y 2002, al contrario aumentó del 18,2% al 24,4% (C. Parodi). Comenzó a bajar en el 2005, y solo en el 2010, se reduce a 7,6%. Hablamos de la «extrema». La pobreza peruana es heterogénea. Y las situaciones oscilan entre departamentos muy pobres, como Huancavelica y Apurímac, con Madre de Dios o Moquegua. La otra diferencia Perú/Brasil es el modelo económico. En Perú, como en Colombia o Chile, la lucha contra la pobreza se hace en un marco de economía liberal. La del Brasil es una combinación de políticas. Algunas de las cuales no habría aprobado el Fondo Monetario Internacional. Las perspectivas se redujeron para Brasil en cuanto la coyuntura exterior le fue desfavorable.

Brasil es algo muy serio. Como población, 203 millones. Y como PBI, US$ 2,245 mil millones. Cómodamente, tres veces la Argentina, cinco veces Venezuela, en cambio dos veces México, que es el único que se le aproxima. Entre los BRICS, el Brasil es el más moderno, con una población seis veces menor que China produce casi un tercio de la totalidad de la economía china, que se halla en los US$ 9,240 billones, bastante lejos por el momento de los Estados Unidos (US$ 16,800 billones en el 2015). Más moderno, la mayoría de su producción está en el sector de industrias y terciario. Aunque su sector primario le permite exportar alimentos. No nos debe sorprender, pues, que se crearan puestos de trabajo con empleos estables, unos 9.4 millones. ¿Cómo hizo para conjugar los empleos en el sector privado con un elevado gasto público que, sin embargo, no produjo una inflación y el aumento del costo de vida? El caso es que cuando le aplican el índice Gini —aquel que mide la desigualdad—, Brasil se coloca entre las naciones con elevado Desarrollo Humano.

La política voluntarista de Inácio Lula da Silva ha hecho correr ríos de tinta. Lula fue elegido dos veces presidente. Cuando fue elegido por primera vez en enero del 2003, lo fue con una alta votación, el 63%. En su segundo periodo le fue más difícil, pero se impuso con un 48,61% contra un candidato socialdemócrata, Geraldo Alckmin. Grosso modo, su política económica era un éxito. La presencia de Lula en la escena mundial era enorme, Brasil se sitúa como la sétima economía del mundo. Era, a esas alturas, confiesa un observador europeo, «negarse a reconocer los logros de su Presidencia». Por una razón que se añade a la consistencia de las medidas sociales que se introducen durante su gobierno. La luna de miel del Brasil con la economía mundial llega a su fin desde el segundo semestre del 2009. Llega la crisis, se desacelera la economía brasileña. Pero el equipo de Lula, el mismo que había acompañado políticas internas asistencialistas, se manejó adecuadamente. «Bastante mejor que otros países industrializados como China y Rusia» (Annuaire L’État du Monde, 2010). «El Banco Central puso término a la depreciación del real». La continuación de las políticas públicas se mantuvo pese al impacto de la crisis financiera de la economía mundial. Según L’État du Monde, las autoridades prefirieron sacrificar obras de infraestructura que habían previsto antes de la crisis; las reformas iniciadas en el 2003, dirigidas a sectores modestos y en la base de la pirámide social de Brasil —uno de los países más desigualitarios del planeta— no se detuvieron. Continuaron las políticas propobre. Eso no era ni el capitalismo de Estado ni el crecimiento liberal.

Para comprender el Brasil de Lula acudiré, entre la vastedad de estudios que se le ha consagrado, a algunos que me parecen objetivos, competentes y hechos por brasileños, o brasileñistas. Nadie mejor que los propios ciudadanos para entender desde dentro sus sociedades, y todavía nos apoyamos para la Grecia Antigua en el seudo Jenofonte para saber cómo funcionaba por dentro, realmente, la ciudad de Atenas. Los análisis a los que me remito son, como su nombre lo indica, minuciosos. De los muchos aspectos de la gobernabilidad bajo Lula, por las razones de este libro, nos atenderemos preferentemente a la «clase media emergente». Un movimiento de ascenso social de los estratos D y E en dirección al estrato C era algo que diversos observadores constataban a medida que se intensificaba. Una encuesta del 2005, del Instituto Pesquisa Target, empresa privada de mercado, «señalaba que más de dos millones de familias habían ascendido en la escala social y habían dejado de ser considerados como clase baja» (Murillo de Aragao, CEPAL). Otros datos señalan que en entre el 2002 y el 2008, «tres millones de brasileños que residen en las seis principales regiones metropolitanas del país (Sao Paulo, Río de Janeiro, Belo Horizonte, Porto Alegre, Salvador y Recife) habían salido de la pobreza y accedido a la clase media» (ibídem). Seamos sintéticos. En torno a la causalidad de la «clase emergente», podemos reunir varias posturas. Para Murillo de Aragao, son tres afirmaciones.

            a) El movimiento (ascencional de la clase D y E hacia la C) se deriva de políticas públicas adoptadas en los últimos gobiernos a partir de 1994.

            b) Se demuestra que la creación de una clase media, en países como Brasil, depende sobre todo del efecto de las políticas públicas.

            c) A pesar de las evidentes ganancias en términos de movilidad social y de reducción de la pobreza, existen pérdidas en los estratos superiores de la clase media.

Este investigador sostiene la tesis que los cambios de la renta se venían observando desde 1994, y se refiere a la implantación del Plan Real. Luego, se refiere a otros tres causales: d) baja inflación e) programas asistenciales y f) generación de empleo privado.

Como se puede apreciar no hay una causa única.

Nora Lustig, de la Tulane University, y Luis F. López-Calva, del Banco mundial,  señalan los siguientes factores:

a) Para la reducción de la desigualdad y la pobreza extrema, los programas focalizados, como Programa Bolsa Familia. «En el caso de la reducción de la pobreza, el estudio realizado por Sergei Soares y colaboradores (2010) muestra que ‘hubo una disminución de doce puntos porcentuales del número de pobres, que pasó del 26% al 14% de la población brasilera. El dinero proveniente del PBF responde por, aproximadamente, el 16% de esa disminución’. Por su parte, la tasa de extrema pobreza bajó de un 10% a un 5%, estimándose que un tercio de esta reducción se deriva de la renta transferida a través del PBF.» Fueron unos 11 millones de personas los que recibieron la Bolsa Familia. Pero Nora Lustig sostiene que ella no significaba más que un 0,5% del ingreso total de una familia.  Siendo una gran ayuda «las transferencias condicionadas», no es suficiente para explicar la disminución de la pobreza.  

Creo que es conveniente destacar un hecho central. La decisión de Lula de elevar el salario mínimo.

b) Este pasa, en cinco años, de 200 reales a 450. En dólares, de 112,35 a 252,80. Y la pobreza se redujo del 37,13% (2003) al 25,16% (2008). Esta decisión de Lula —a la que en nuestro país se oponen muchos economistas— se suma al hecho de una evolución de los precios del consumo que evita la inflación. El que nos proporciona estos elementos de juicio es Murillo de Aragao, es como si esa política no fuera lo suficientemente decisiva. Recojo un dato sucesivo: de diez puertas abiertas al empleo, seis fueron asalariadas. Es decir, 20 millones de empleo asalariados (Marcio Pochmann, «Informalidade reconfigurada», 2012).

c) Cabe señalar otro hecho, igualmente tratado como un hecho corriente, la creación de empleos formales en el sector privado. Y el acceso de la población a líneas de crédito (Murrillo, ibídem).

Volviendo a la explicación de Lustig y de López-Calva, hay otro elemento. Sostienen «una reducción de la segmentación espacial». El punto merece un poco de atención. No hay que olvidar que estamos tratando de comprender lo ocurrido en una sociedad de desigualdades no solo económicas sino culturales, étnicas, por algo Brasil fue llamado hasta los años setenta ‘Belindia’, una suerte de Bélgica con una inmensa y pobretona India. Menos mal que líneas adelante se explica qué quieren decir con fragmentación espacial. Parece que había diferencias abismales entre territorios sociales dentro del mismo Brasil, «áreas metropolitanas y municipios pequeños», y esto cesa en los años de Lula. ¿Por qué? Los investigadores no lo saben, «sigue siendo una incógnita». Podemos suponer muchas cosas, desde actividades de los partidos que apoyaban a Lula, alguna entidad estatal, pero lo cierto es que «aumentó la demanda de mano de obra y los salarios en ciudades pequeñas y medianas».

En fin, el último analista —y testigo de vista— pone el acento en la estabilidad  fiscal y económica que se mantuvo en los dos gobiernos de Lula. Al punto que en años en que disminuirá el crecimiento del PBI —salvo en el 2007 que fue de 7,5%— el incremento de la renta del estrato C no disminuye. En esos años «millares de brasileños cruzaron la línea que separa las clases D, E de la C».

¿Cómo describe Fabiana Luci de Oliveira la nova classe média brasileira? Los principales indicadores son trabajo en empresa formal y estable. Acceso a la educación superior. Mora em casa própia. Tiene casa propia. Y capacidad de ocuparse en planear el futuro, y no lo olvida, «acceso a bienes de la tecnología de las comunicaciones y la información, celular, computadora, internet, para consumir bens culturais, es decir, para afianzar el ascenso social». Más adelante, es formal, «se explica el crecimiento de la clase C por el incremento de la renta personal y la reducción de las desigualdades en la distribución de la renta». Nota el aumento de la escolaridad, el aumento de las operaciones de crédito.

Y no elude la gran cuestión, la fragilidad. Y se pregunta: ¿la nova classe média puede retroceder en términos de patrones de vida y hábitos de consumo? En caso que el crecimiento sea artificial, dice, la nova classe no sobrevivirá en los próximos años. Han subido, sin embargo, desde los cimientos de la pirámide social. De todo lo vivido, «quedan —dice— valores y actitudes ya internalizados». Y por lo tanto, posibilidades de estimarnos.

Publicado en Café Viena, 12 de noviembre de 2019

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