Brevísima historia de las democracias

Escrito Por: Hugo Neira 169 veces - Oct• 26•20

El jueves pasado 22 de octubre, fui invitado al Congreso para una conferencia —a distancia— sobre el proceso democrático en nuestro país, y tuve como comentaristas al  ingeniero Edmundo del Águila y a Lourdes Flores, y Wilmer Bajonero, presidente de la Comisión Bicentenario. Agradecí, por cierto, tal honor y mis primeras palabras fueron no es fácil exponer qué es la democracia. La hubo en la Antigüedad y luego en los tiempos modernos y contemporáneos. A veces desaparece. Me voy a ocupar de sus metamorfosis y tratarla en plural. Desde los griegos hasta nuestros días. Intenté resumir las democracias en 30 minutos. Es tan difícil como hacer entrar un elefante en una caja de fósforos.

Propuse, entonces una exposición que gira sobre unos cuantos conceptos. El filósofo alemán, Ernest Bloch, nos enseña que «el concepto es el estado mayor del conocimiento». Y nuestra Independencia nos ha arrojado hace dos siglos a un mundo que se maneja con conceptos universales. Por ejemplo ¿qué es Democracia? (En adelante con D.) Todo esto se puede escuchar en el Facebook del Congreso.

1. Una D tiene un «demos», concepto griego. No es multitud sino pueblo autorganizado. Los griegos inventaron las matemáticas, la filosofía y otras ciencias y la teoría y la «polis», ciudad-Estado. Y de ahí, la política. Habían dejado de tener reyes o basileos, reemplazados por ciudadanos elegidos para gobernar —solo por un año— a mano alzada o por sorteo. Hace dos mil cuatrocientos años que Aristóteles inicia la clasificación de las formas políticas del poder, en tres sistemas. Gobierno uno solo, el monarca, o varios, los «aristoï», los mejores, o sea la aristocracia. Y el pueblo, la democracia. Pero dije que cada régimen tenía su contrario. Un sistema perverso. El monarca podía abusar y entonces era un tirano. Los aristócratas eran pocos, pero podían reducirse más y entonces, una oligarquía. O como se dice en criollo, una argolla. (Abundan en nuestras costumbres, los amigotes, etc). Y si el pueblo era manejado por demagogos, ya no era D sino oclocracia. Es decir, cuando la turba manda. En fin Aristóteles trata los diversos regímenes políticos, las politeïas, como plurales y variadas. Y nunca nos dijo cuál era la mejor de las politeïas. En la academia, se sostiene que prefería las combinaciones.

2. En los tiempos modernos, la D fue la alternativa ante las Monarquías absolutistas. Después de la Ilustración, Rousseau y la revolución francesa. Pero antes de 1789 hubo dos grandes pasos a la democracia. La Independencia de los colonos norteamericanos, en 1773. E incluso anteriormente, cuando Inglaterra acepta ser gobernada con Corona y Parlamento. En la modernidad la D va de la mano con el reconocimiento de los derechos civiles. Una línea por la libertad, Locke, Spinoza, Kant, Tocqueville. Pero en el fatídico siglo XX, aparecieron los Estados ideológicos totalitarios (Hitler, Stalin). Después de la II guerra mundial, Russell, Popper, la línea de la sociedad abierta. Y la importancia para la salud de la D, el respeto por «las reglas del juego». Y si se usan trampas electorales, la D deja de ser.

3. Y de ahí, ingresé a las dificultades de nuestro tiempo. Y propuse que se conociera a Tocqueville. En 1835 viaja para conocer la democracia en América. No había república sin reyes en la Europa de los inicios del XIX. Y Tocqueville descubre que la D en América no solo tenía una superestructura institucional sino un pueblo venido de los migraciones y la voluntad de ser iguales. Eso que no hubo en la América hispánica. Y si hemos perdido un siglo con la lucha de clases, bueno sería que se sepa que la D norteamericana no solo se construye con instituciones sino con un modus vivendi. Tocqueville debería estar en nuestras escuelas. Pero Dios del cielo, esas cosas no les gustan a los del CONARE-SUTEP. 

4. Hoy existen democracias diversas. Hay D parlamentaristas (Europa). Y D presidencialistas, en América Latina y Norteamérica. Hoy hablar de la D nos lleva a varias interrogaciones. Ir al pueblo, ¿pero qué es el pueblo? ¿Lo es esa clase media que en las economías de mercado prospera? Y si la D se funda con el concepto de libertad, nos encontramos con una paradoja, la necesidad de libertad para evitar los abusos del Estado, y también la necesidad de libertad para evitar el abuso de la libertad. O sea, los que queman iglesias en Chile, los que desobedecen en el Perú de la pandemia. Y en Francia, los chalecos amarillos que marchan por las calles pero en silencio, no tienen propuestas. Hablé entonces de las seudodemocracias. Los golpes de Estado hoy se dan desde las urnas. El ejemplo ha sido Hugo Chávez. ¿Las elecciones son el dolor de cabeza de las democracias? Hay que decirlo, la D no es para un grupo o un solo partido. Si no hay pluralidad, no es D. Pero las instituciones se adaptan o se reforman porque las sociedades se modifican. Y la D es inestable y variable. Pero eso es su virtud. Lo que no se mueve son las tiranías.

5. Cabe hacerse algunas preguntas. Las D tienen, desde la Antigüedad, algunos principos éticos y políticos. Un concepto griego, la isonomía. Es decir, la igualdad. Pero si bien nos independizamos en 1821-1824, la sociedad peruana que conocen San Martín y Bolívar era una serie de estamentos: funcionarios peninsulares, criollos, indios, negros esclavos. Y de castas. Tenían en común el vivir en el mismo territorio. Pero hoy, dos siglos más tarde, ¿aceptamos ser iguales? Me temo que no. Nos encantan las distancias sociales, choleamos e insultamos con criterios etnoinsultantes. El segundo concepto para ser parte de la D viene a ser la pluralidad. No la soportamos. Y entonces —lo dice Martuccelli en Lima y sus arenas— aparece el «achorado». La estrategia del aplastar al «otro» (sea de izquierda, fujimorista, aprista). ¡Ni igualdad ni pluralidad! Además nos falta la tolerancia. Venimos de un poder español y de la Contrarreforma. Pesada herencia.

6. Tras la independencia tuvimos liberales y pensadores republicanos, pero no en la prática. Para lo que pasó en nuestro siglo XIX, acudo al estudio de Cristóbal Aljovín y Sinesio López, el capítulo de César Gamboa. ¿Democracia? En el primer siglo independiente, hubo como sistema filtros decimonónicos, o sea, elecciones en mesas de parroquias, donde solo intervenían los «notables» (Historia de las elecciones, pp. 179-263). ¿Cuántos electores para ser Presidente como Manuel Pardo? En 1871, 3 mil votos ante 4 mil votantes¡! ¿El siglo XIX? Criollos ricos y dominantes. Luego un periodo de modernidad, 1896-1930. En realidad, solo desde 1931 tenemos elecciones universales. O sea, ni siquiera un siglo. Luego el electorado crece e incorpora  mujeres, e incluso en los 60, a analfabetos. (En el comentario, Edmundo del Águila, interviene y recuerda las 12 constituciones, lo hizo con claridad y le agradezco.) Terminé diciendo en la conversación final que Basadre llama a los que mandan, «plutocracia». Además no eran empresarios sino rentistas. Perdimos el siglo en que aparecía, en otros horizontes, la revolución industrial. (Y seguimos fuera, a diferencia de los países asiáticos como Corea del Sur.)

7. El crecimiento hacia la Modernidad en el siglo XX fue incompleto. Los debates fueron en torno a problemas socioeconómicos, producción, distribución, propiedad, clase. Un siglo marxista. Y también de liberales con su propio error, confiaban ciegamente en la libertad del mercado, sin ocuparse de los derechos civiles y electorales. Tiempos de Milton Friedman y F. Hayek. Se olvida que en la España de Franco crece la economía sin libertad. O sea, ¿el despotismo para progresar?

8. Hoy día debemos y podemos preguntarnos si la democracia es compatible con la sociedad de masas. No siempre las masas son de izquierda. En la Europa de los años treinta, Hitler llega al poder con el volk alemán, es decir, plebe y lumpen. Su maestro fue Mussolini. ¿Y hoy para la civilización del consumo es necesaria la D? Otro tema. Los peruanos miran con admiración a los Estados Unidos. Pero el sistema de EEUU tiene filtros, cuenta mucho el Colegio Electoral. No se elige presidente con voto directo. Trump, con dos millones menos que la señora Clinton, fue el vencedor. ¿Y qué D es esa que tiene 50 millones de estadounidenses que no tienen ningún seguro social de salud? Todo es, para ellos, lo privado. Nos hemos distanciado con exceso de los capitalismos que se ocupan de lo público (todos son capitalistas, incluyendo China, un capitalismo de Estado). Las D difieren según la sociedad, si es «propietarista», «socialdemócrata», «social-nativista», o si son «sociedades ternarias o coloniales». Clasificación de Piketty (Capital e ideología). Si no lo tiene, corra a comprar el libro. Modestamente, 1246 páginas. Lo digo porque buena parte de los jóvenes creen que todo está en Internet.

9. El debate sobre las diversas D no ha concluido. Hay una corriente elitista. Pareto, Mosca y Michels. También los comunistas lo fueron, las Vanguardias. Por lo general, terminaban en una nueva clase dominante, los aparatchiks rusos, el fin de la URSS. Entonces, lo que dice Dahl, americano, las poliarquías, elites que el pueblo americano elige, ora republicanos, ora demócratas. Pero entonces, ¿la D no es sino un disfraz para que circulen las elites gobernantes? Y explico que hay dos tipos de demócratas: los liberales y los igualitaristas.

10. En el momento de los comentarios, Lourdes Flores me pregunta sobre los igualitaristas. Y le agradezco su pregunta —estuvo estupenda, dijo muchas cosas sensatas y claras—, los liberales creen en el todo mercado, lo cual es un error. Se necesita el Estado fiscal, el que se ocupe de los servicios públicos. Los igualitaristas dicen que todo es posible con tal de que el poder no solo lo tenga el dinero y la acumulada riqueza. El problema de la desigualdad. Entre tanto, la D no es un ideal sino un esfuerzo permanente.

11. Riesgos posibles, la situación actual: por arriba, las empresas multinacionales. Por abajo, las etnopolíticas estilo Cataluña, o esos partidos que quieren el retorno al Tahuantinsuyo. No hay que asombrarse, la mundialización produce su respuesta, arcaica, fuera del tiempo, pero como pasión política. Sobre el futuro, nada está dicho. En cuanto a las empresas apátridas, capital financiero sin jurisdicciones, de baja o nula supervisión, usan los paraísos fiscales. De ahí que sociedades y Estados avanzados tienen hoy problemas para afrontar la demanda de la población en salud, educación, saneamiento. Lo que lleva a la desigualdad social. El neoliberalismo anglosajón considera a todo Estado, un estorbo. También las culturas, las patrias, las diversas formas de vivir. ¿Qué se busca? «La disolución definitiva de los lazos de solidaridad y de conciencia histórica, que constituye el gran baluarte de los pobres.»  Hoy el cuerpo político mundial es el inicio de un régimen oligárquico-elitista profundamente antidemocrático. Y el futuro, ¿la civilización del mercado con el mínimo de ciudadanos con conciencia y conocimiento? ¿El despotismo desde las tecnologías recientes? ¿Ya no la verdad sino los fake news?

12. La visión de Carlos Franco. En su libro, Acerca del modo de pensar la democracia en la América Latina, editado por Friedrich Ebert Stiftung (1998). Cinco características, que son nuestras y planetarias: La pérdida de creencia de los grupos sociales en los valores y el sistema. La negativa social a las normas (la desobediencia ante la pandemia). La disyunción entre dirigencias y lealtades (pregunten a los partidos y bancadas). Los comportamientos desviantes de ciertos actores sociales (indiferencia, la no política). El repliegue en el mundo familiar, en el sí mismo de los individuos. ¡Qué lúcido! Se anticipa a nuestro problema, la Democracia, por cierto pero como construcción y amplitud de sujetos sociales. Importancia de la educación: sin pueblo educado no hay democracia. Al despedirme, dejé tres problemáticas, cada una, con su pensador:

            ¿Democracia fuerte? (Benjamin Barber)

            ¿Democracia y cultura cívica? (Gabriel A. Almond)

            Y ¿Democracia y neoliberalismo? Giovanni Sartori, quien dijo que eran incompatibles. En suma, mercado libre, sí, pero Estado social y fiscal, también. Así de simple.

En el conversatorio intervino al final Omar Chehade, que se animó a hablar de sus orígenes árabes y ayacuchanos. Sí, pues amigo, el Perú es un pedazo de la humanidad, tenemos indios, blancos, negros, asiáticos. ¿Lo mejor que nos pasa? La variedad de etnias y culturas. Para mí, los dos grandes cambios que ha tenido el Perú contemporáneo no vienen de gobierno ni partido alguno. Las tomas de tierras de los campesinos sureños fueron el primer paso hacia la desaparición del ‘feudalismo’. El otro es la migración del campo a la ciudad, de la sierra a la costa. Los llamo las capas tectónicas. Se movieron por su cuenta. La inteligencia colectiva y las clases pobres inventan, desde abajo, un Perú múltiple que no tiene las instituciones que merece.

13. Un número que trae mala suerte. Pienso que a diferencia de otras sociedades que tenían ya nación para los grandes cambios —Japón, Inglaterra, Francia, México—nosotros comenzamos al revés: 1821, ¡el Estado antes que la nación!  Las consecuencias para otra ocasión.

Publicado en El Montonero., 26 de octubre de 2020

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