Cade 2015. OK. Pero…

Escrito Por: Hugo Neira 1.378 veces - Dic• 07•15

“Arranca la campaña” dice un ancho diario limeño. En efecto, arrancan más bien las campanas, varias con repiques exitosos. Y una, con un tañer lúgubre de entierro. Los candidatos expusieron. César Acuña fue el único que leyó. Y leyó muy mal. “Aquel que lo ha logrado todo”, como tuvo el cuajo de decirlo en la tribuna. ¿Ha logrado qué? Por lo visto no ha logrado lo elemental. Al menos leer correctamente una página entera.

Zacarías Ramírez, dicen que es el hombre más rico de México y no por eso se le ocurre ser el inquilino de los Pinos, la residencia presidencial. El hombre más rico del mundo parece que es un español, Amancio Ortega, pero no tiene la majadería de querer residir en la Moncloa. No es nada personal, pero el ciudadano Acuña no tiene ninguna calificación para intentar lo que intenta, carece de “capital simbólico”. (Anda Paco, no seas malo, explícale a tu amigo lo que le falta, porfa). Esa lectura a trompicones en Paracas puede que haya sido su catafalco. En otro Cade, por el 2001, algo parecido le ocurrió a Olivera. Habló y se hundió. Pero no cantemos victoria. El triunfo del sentido común, en nuestro país, es siempre conjetural.

Vayamos a los expositores de verdad. No estuvo nada mal PPK, habrá halagado a una platea de ejecutivos con la idea de reducir el IGV, y sorprendido con su propósito de crear un seguro de desempleo. Desempleo, una palabra condenada desde el optimismo de Hernando de Soto. Pero eso es en gran parte este Perú sin oferta de empleos y asalariados. Esta sociedad se ha ido salvando porque aquí los pobres —los emigrantes andinos— se inventaron empleos y no se cruzaron de brazos como en otras sociedades. Hace cuarenta años, eran una solución momentánea. Por los años 70, el Cade fue sobre “nueva sociedad industrial”. Pero en el 95, “Perú empresa”. Y al diablo el empleo de calidad masivo. Ahí nos salimos de la ruta. En fin, Keiko, con frases como “sabemos vencer al terror”, y lo de Ministro de Economía “ensuciándose los zapatos”, no estuvo nada mal.

Después de escuchar a Alan García puse estas líneas en mi Twitter. “Convincente, con las cifras en la mano. Con humor, defendiéndose bien de las preguntas. Con sonrisa y autoridad. Estupendo”. Ahora bien, ¿quién fue el mejor para los que estaban en Paracas? Según el diario El Comercio, fue PPK y Keiko Fujimori. Pero yo llamé por teléfono a un par de amigos que estaban en Paracas. Y me ratificaron que fue García.

El viernes por la tarde me entra una llamada del diario La República. Y entre muchas cosas, sostuve que algo estuvo ausente tanto en Alan García y en los otros expositores. Ese algo es nada menos que el país informal. «Para la enorme masa de pequeños empresarios, las propuestas de trabajo inmediato, los trenes y otros proyectos, los tienen sin cuidado. No quieren ser asalariados». El discurso estructurado de García, la tecnicidad de PPK y la puntería de Keiko, son para un país formal. Válido para algo como Uruguay. Es decir, ciudadanos con empleos estables, altos salarios y masivamente cultos. Ciertamente, estaban hablando a una audiencia del Cade. Pero hay otras fuerzas vivas. Un mundo de no pobres. De no lectores, y de no militantes. Fruto del negocio propio y la pésima escuela. Los idus de marzo no han pasado.

César Acuña me irrita y a la vez me intriga. Y no soy el único, ha escrito Marcel Velázquez, “el fruto ilegítimo del fujimorismo y del avance incontenible del mundo chicha peruano”. Cuatro reales habidos tras universidades bambas que nacieron desreguladas, y listo, ¡Presidente! Pero si el 90% de los trabajadores desea ser empresario, y la informalidad es el 70%, el candidato de “la fantasía como mercancía” tiene siempre posibilidades.

Al elenco estable, ¿se le puede pedir algo de imaginación? Muchas naciones y civilizaciones se han venido abajo por no ver lo que les resultaba invisible. Los socialdemócratas alemanes sin entender a los nazis. La Venezuela próspera de clases medias y ciega ante la miseria de los cerritos. Así ocurren las cosas. El otro Cade existe. De los que apenas sobreviven y se toman por empresarios. Son millones. Y ellos pueden llevar su César, un bárbaro, a Roma. En fin, peruanamente, al caserón ese de la Plaza de Armas.

Publicado en El Montonero., 07 de diciembre de 2015

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