El ‘litio providencial’ en América Latina y el Perú

Escrito Por: Hugo Neira 228 veces - May• 30•22

Entre los dolores y desastres de la pandemia de Covid-19 en toda la región, con naciones sin perspectiva de mejorar en el futuro, viene en estos días una noticia de inmensa fortuna, el «providencial litio», un metal que vale oro. No viene tras el rumor de alguna red sino del semanario Courrier International al cual estamos suscritos, en su número 1643 del 28 de abril al 4 de mayo de 2022. Y me alegra inmensamente que exista el «triángulo del litio» en Latinoamérica, que representaría el 63% de la reservas mundiales. Y que hay tres millones de toneladas más en Perú y México que, con los Estados Unidos, serían los principales países productores. La página 19 del artículo de ese diario internacional luce el triángulo del litio que aquí reproducimos, dentro de los siete países del continente con dichas reservas. Más adelante, nos ocuparemos de qué país tiene más del mineral.

Conviene explicar por qué el litio es oro. Ocurre que es un excelente conductor eléctrico. Imagine usted, amable lector, la necesidad mundial de baterías para carros eléctricos en los países que han empezado su transición energética. En los países de cultura anglosajona, el litio es considerado un recurso natural a transformar, es valor agregado no solo un mineral del porvenir. Por ahora, se proyecta que de las nuevas ventas de vehículos el 52% ya serán eléctricos en los países desarrollados de aquí al 2030 (proyección realizada por la firma KMPG). Según el diario El País México reeditado por Courrier International, más de 1100 dirigentes de la industria automotora, en 31 países, han comenzado ya la transformación con pilas de litio que permitirá abandonar los actuales combustibles muy contaminantes. Lo que está pasando de modo global es el desarrollo de una energía nueva para vehículos, una tecnología en pleno auge, no un proyecto. El precio del litio ya subió en un 80% en el año 2021. Hoy la tonelada cotiza en unos 40 mil dólares.

Un gran cambio está en curso y cada país busca evaluar sus reservas. En México, se dice que son 1,7 millón de toneladas. En Chile, los yacimientos dispuestos están operativos y en manos de privados, pero hay quienes no quieren que solo intervengan empresas privadas. Al terminar su mandato, el presidente Sebastián Piñera había anunciado que dos sociedades, una china y otra chilena, recibieron la concesión para producir  80 mil toneladas de litio. Pero la noticia cayó mal pues su sucesor Gabriel Boric (de izquierda) había hablado en su campaña de crear una sociedad nacional de litio, y la justicia ha suspendido los contratos. El argumento de Boric: «el litio es el mineral del futuro (…). Chile no puede cometer el error histórico de privatizar los recursos, por eso es que crearemos la Empresa nacional del litio». Esto es una decisión que todavía no se ha tomado pero el Congreso dio un primer paso en ese sentido.

En México, el presidente López Obrador (AMLO) considera que la cifra actual puede superarse, tendría reservas por encima de lo estimado por los organismos americanos. Se dice que prepara una reforma energética, una ley de nacionalización del litio con una institución nueva que se ocupe de la transformación del mineral. Lo que sí se sabe es que es hay un interés más allá de las fronteras, la empresa anglocanadiense Bacanora Minerals había descubierto tres años atrás un yacimiento en el norte de México que se consideraba el más importante del mundo. Pero dos años más tarde, el gigante chino Ganfeng, accionista principal, compró la firma Bacanora. Ganfeng es hoy el más grande fabricante de baterías eléctricas en el mundo. Según El Universal, con la nacionalización y control del 54% del mercado, AMLO buscaría que el Estado pueda controlar los precios al consumo.

«Bolivia tiene el salar más grande del mundo.»

Esa frase ya no tendría sentido. Porque voy a decirles algo realmente inesperado. Se habría descubierto litio en Perú de una gran pureza, y «el mayor yacimiento del mundo» según la fuente que consultamos. No es broma. Se encuentra en Puno. Por el momento, se calcula en 2,5 millones de toneladas de carbonato de litio. Pero según los técnicos encargados de la exploración, el yacimiento es especial, «está ubicado en un lago prehistórico cubierto de lava, en la zona norte del departamento de Puno (Falchani) y contendría también 124 millones de libras de uranio, que era originalmente el metal que buscaban». Fue casual encontrar litio, buscaban uranio y este está ubicado en Corani y Chaca.

Ahora el anuncio del descubrimiento en Perú obliga a una serie de expectativas y al mismo tiempo, plantea desafíos ambientales, sociales y políticos pues sería un megaproyecto. Hasta hace poco se hablaba del «triángulo», el espacio de yacimientos en Bolivia, Chile y Argentina. Con Perú, la zona va a tener que cambiar de nombre. La mayor mina de litio del mundo estaría en Puno, con una particularidad: es litio en roca, o sea muy dura, a diferencia del litio del triángulo mencionado que proviene de salares. Nos enteramos que la empresa que se ocupa de la exploración es canadiense, y se llama Plateau Energy Metals. Curiosamente, años atrás, un presidente del Perú tenía en consideración ese país desarrollado y envió un embajador político a Canadá. Que yo sepa, ¿por qué no se dijo nunca nada sobre este tema? Nuestros hábitos del secretismo. Pero es inútil, ahora me entero por los periódicos internacionales y no nacionales de esa gran noticia —el yacimiento más grande del planeta—, la dio a conocer la cadena internacional Deutsche Welle, que emite en 30 idiomas, en agosto del 2018. ¿Por qué este interés desde Alemania? Ocurre que en Europa pasar a automóviles eléctricos forma parte de la transición energética con la que se ha comprometido. Las baterías funcionan con litio entonces es decisivo tener donde abastecerse. Pero los alemanes no esconden los problemas sociales y ambientales que plantea la explotación de un megaproyecto como este. «Puno es uno de los departamentos más poblados del Perú, y la zona norte, la más pobre del departamento, con alta desnutrición infantil». El litio es una riqueza pero «su producción es algo muy sucio», resalta la politóloga Bettina Schoor, también  directora del Programa sobre Desarrollo Sostenible y Desigualdades Sociales en los Países Andinos. Concuerda con la socióloga Narda Henríquez, de la Universidad Libre de Berlín, en cuanto al impacto sobre las poblaciones locales. «Las autoridades y comunidades locales van a estar muy pendientes de cómo va a afectar el proyecto a la salud, el agua y la producción agrícola local». Ambas lamentan que en materia de inversiones mineras se ponen por delante los beneficios a corto plazo para la comunidad y no unas estrategias de sostenibilidad y superación de la desigualdad. Sí pues, un regalo celestial, litio como oro, pero se necesita enfrentar lo duro, lo que es resistente, compacto y trabajoso. Eso es lo peruano. Testarudo, obstinado por lo de indio que tenemos. ¿Se puede esperar mucho del litio?

Comparación con ‘la era del guano’

Se ha hablado de este milagro en nuestra historia y si ha tenido usted, amable lector, un buen curso de Historia, sabe que se le ha llamado «la era del guano». Es el periodo de auge posterior a la Independencia que va de 1840 a 1870. La economía se había hundido tras diversas guerras de caudillos. Asaltaban las haciendas para alimentar soldados y oficiales improvisados. Ese excremento, el guano, que se depositaba naturalmente en nuestras islas —las Islas Chincha— muy cercano a las playas, resultaba ser un fertilizante. Iba a ser un giro. El descubrimiento se lo debemos a Alexander von Humboldt que había enviado muestras a laboratorios alemanes en 1882. También llegaron a Estado Unidos y Francia.

Resulta que el guano contenía nitratos y fósfatos. Y vino la hora de exportarlo. En 1841, en el buque Bonanza se envió el primer cargamento hacia Gran Bretaña y poco después, se despacharon 22 barcos hacia Francia, Alemania, Bélgica. La revolución industrial en Europa había disminuido la población agrícola. Había que producir más y mejor y el guano venía a tiempo para salvar la producción de esos países (Cf. mi libro,  El águila y el cóndor, 2019, p. 164). El precio oscilaba ente 25 y 28 libras esterlinas la tonelada. Por supuesto, en la venta del guano, hubo consignatarios y comerciantes que se volvieron acauladados. Los primeros en Lima y Perú —Candamo, Francisco Quirós, etc—, la primera clase que no era de la nobleza sino del negocio y dinero. (Para conocer más, puede leer «La república oligárquica (1850-1950)» de Juan Luis Orrego en Historia del Perú editada por Lexus, pp. 832-970).

Como se nota, nuestra historia peruana conoce momentos excepcionales como fue la era del guano. Conviene compararlos, la prosperidad de la exportación a una Europa necesitada de fertilizantes pese a su lejanía, en las islas peruanas de la costa Pacífica. Ese fue el país de Ramón Castilla que pudo, por primera vez, en 1846, hacer el primer presupuesto del Estado,  dos décadas después de la Independencia. Más tarde, en 1864, el venturoso guano contribuía en el 80% de los ingresos. Es el resultado de la explotación vuelta exportación. Fueron los días en que Ramón Castilla abolió la esclavitud de la mano de obra venida del África. Mediante remuneraciones, pagos, los volvía libres. A la vez, los negocios de los consignatarios continuaban, hasta 1868. Tiempos de Castilla, Echeñique, Balta, Piérola y Meiggs, los historiadores los llamaron «la oligarquía del guano». ¿Y en qué se gastó esa enorme riqueza? Fue un periodo de crecimiento de los distritos de Lima capital: grandes avenidas, balnearios, locales para el teatro, el Palacio de la Exposición en 1860. Corría una fiebre de ferrocarriles, hicieron uno para unir el Sur, Puno, Arequipa y Mollendo. Y los hubo también en Chiclayo y Trujillo. Entre los partidarios de la vía férrea estaba Henry Meiggs: famoso por inescrupuloso.

La ‘fiebre modernizadora’ —así la llama Juan Luis Orrego— se extiende en el tiempo hasta Leguía, presidente. No solo carreteras para Lima sino en la sierra, como en Huarca. Esta es acaso la Lima que no vio Ricardo Palma: la llegada de los chinos para los trabajos rurales, luego una masificación de gentes que se llama criolla y emerge en el campo de la cocina, el lenguaje y el vals (Felipe Pinglo Alva), y sectores populares diversos.

Fin de la era del guano. El Perú contemporáneo. Los gobiernos de Odría, con cierta bonanza. Belaunde, Velasco y la reforma agraria, luego elecciones y crisis políticas, el país se  divide, diversas mentalidades y formas de vivir se instalan, diversas elites económicas, intelectuales y políticas. El nacimiento de las clases medias, la informalidad y los negocios familiares. La transformación del rostro de Lima tras la migración de la población andina. La distancia de los partidos ante los peruanos del pueblo que moviliza a nuevos grupos y actores como Sendero Luminoso. En resumen, no anticipamos el futuro.

Entonces, una sola pregunta. ¿No será el litio, como lo fue el guano, un ingreso excepcional para el Estado y la empresa privada para modernizar el Perú? Se trata de no perder esa extraordinaria oportunidad. Sinceramente veo unas cuantas posibilidades:

1. Lo primero que cuenta es la salud de la población. Desde la infancia se la debe proteger.

2. Luego, educación de calidad y gratis. El gran defecto de nuestra educación se encuentra en la secundaria, muy lejos de la que tienen los países vecinos. Si no se tiene  una buena preparación en la secundaria, los alumnos no pueden profundizar asignaturas o disciplinas, y es eso lo que ahora produce resultados temibles. Millones de nuestros jóvenes con secundaria completa no pueden entender un texto ni escribir uno racionalmente construido, lo que los norteamericanos llaman un paper.

3. Si nuestra patria está en condición de crecer enormemente debemos entender que lo primero que hacen los países en construcción es unir a la nación. Nosotros no hemos articulado nuestro enorme territorio con la infraestructura necesaria y tenemos gigantescos problemas. No tenemos un ferrocarril a lo largo de la costa y en los Andes. Los peruanos no conocen su país. Ni tampoco el Cusco y las obras de los antiguos incas, ni Machu Picchu. Tampoco los pueblos de Piura ni los que rodean el lago Titicaca. No somos todavía gente de una nación.

4. Estamos en un gran continente. Lo llaman Indoamérica, América Latina, pero está al borde del Oceáno Pacífico, lo cual significa que nuestra costa debería estar llena de grandes puertos porque, al frente, del otro lado del inmenso oceáno, se encuentra el Asia, el Japón y Corea, pero sobre todo China, una potencia industrial y comercial. Nosotros podemos ser el punto de pasaje entre el Asia y Brasil, los países que nos son más cercanos. El mundo se mueve y está modificando las fronteras. Deberíamos tener más carreteras, las que necesitan nuestros campesinos para sacar su producción de las grandes cuencas y valles de los Andes. No necesitamos de alimentos ajenos en teoría. Podemos ser una de esas naciones que, además de alimentar su población, puede exportar y contribuir a vencer el hambre. Como es el caso cerca de Argentina, Estados Unidos, y mucho más allá, Francia, pero hay muchos más países exportadores de alimentos.

Tenemos un pueblo con una herencia técnica para lo agrario y una gran variedad de climas, solo nos falta una cosa: sacar nuestros productos de las cuencas y valles del país sin infraestructura. El dinero que el Estado pueda recibir con el «litio providencial» es un regalo que viene de los cielos. Y estos no perdonan: no hay que perder una gran ocasión que nos saque de pobres. El litio es oro, lo dice gente sabia. Dos vicios nos amenazan: primero el robo del burócrata. Segundo, dejar la acción para después. Pero podemos evitar el cinismo y la flojera.

Publicado en El Montonero., 30 de mayo de 2022

https://elmontonero.pe/columnas/el-litio-providencial-en-america-latina-y-el-peru

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