Entrevista a Hugo Neira para «Punto de Encuentro»

Escrito Por: Hugo Neira 2.154 veces - Jul• 02•14

¿Qué peruanos ilustres destaca de la historia nacional?

¿Qué tal si nos olvidamos un poco de los héroes sangrientos? Mis peruanos ilustres (el nombre mismo ya me incomoda, suena a señorial) es muy distinto a lo corriente. Prefiero a los héroes civiles y culturales, Julio C. Tello, el arqueólogo que desenterró las cabezas clavas y el monolito de Chavín, el educador de indios que fue Encinas, la historiadora María Rostworowski tan universitaria y libre, y una punta de pintores, poetas, escritores. Sin duda Porras, un liberal rebelde. No te preocupes, todos están exilados de los textos al uso de los escolares peruanos. No han leído un poema entero de Vallejo. Ni un solo cuento, entero, de Valdelomar o de Vargas Llosa. Lo que se hace en las aulas lo llamo la no educación. No es que sea mala, no existe. No se parece a nada de lo que se hace en todos los países donde habita el homo sapiens. La educación ha sido un experimento de los constructivistas, y es un gigantesco error. La prueba los tests de PISA. Pero el gobierno prefiere meterse con las universidades, ¿raro no?

Brevemente, ¿qué es república para usted? El Perú, ¿qué tan republicano es?

Lo que no tenemos. No confundamos con tener gobiernos. Madison, el autor de The Federalist, consideraba que un pequeño número de ciudadanos que representaban intereses solía ser intolerante, injusto e inestable. Eso es el gobierno del Perú de 1821 a 1914. República sería si supiéramos debatir, estar en desacuerdo sin odiarnos. El republicanismo es modales políticos que aquí se ignoran. Se practica la muerte civil del otro. Un joven amigo, muy inteligente, ha escrito un libro sobre “ciudadanos sin República”. Siento decirlo pero pienso otra cosa. ¿Los peruanos tratan a los otros peruanos como sus iguales? Por favor. Ciudadanos hay, pero son pocos. La gran mayoría practica el diferencialismo: colegios privados, barrios con rejas. Y los que escriben, no citan jamás a sus rivales. Yo sí.

Desde su perspectiva: ¿cuál es el principal problema del país?

Eso mismo, creerse modernos. Hay muchos trabajos de antropología, sociología, política, valiosos. Pero no circulan. Es un país que lee poco, para entretenerse y no para reflexionar. No se termina de entender lo que somos. Temor a lo real. Desde la narrativa a la telenovela local, nos contamos cuentos. Nos creemos lo máximo. Eso es lo que se dice, ¿una suerte de recurso psicológico para no deprimirse? La mitología, el ensueño colectivo es nuestro fuerte. ‘Perú mágico’, aunque vayamos en estos años a un abismo. Y luego se reprocha a los políticos que mientan, ¡pero es lo que se les pide! Nietzsche decía que la capacidad para soportar la verdad es la prueba de la fortaleza de un pueblo. Pero acá, un realista no llena las urnas.

¿Cuánto daño le ha hecho el SUTEP a la Educación en el Perú?

Todo el que le han dejado hacer. La educación era el sendero más corto para el desarrollo pero se ha tomado el atajo contrario, el sendero que ellos recorrieron, sin fusil naturalmente. Mira, el SUTEP es un sindicato de maestros que ha controlado la educación pública mientras ocurría la masificación de la enseñanza, y el resultado es un desastre. Inconmensurable, la generalizada incultura. No hay sino que mirar las pruebas de PISA y sobre el SUTEP abrir el libro de Nicolás Lynch, Los últimos de la clase. Por mi parte estoy enteramente con su denuncia. ¿Maoístas? Los llama conservadores reaccionarios recubiertos de una retórica izquierdista. ¿Por qué los han respetado? Su sindicalismo se afianzó gracias al abandono del Estado de las aulas donde estudian los hijos del pueblo y el desprecio de las elites dominantes cuyos hijos sí disponen de las buenas escuelas privadas. Extraña alianza de intereses, ¿no? Pero así es el Perú barroco. ¿Qué daño han hecho? El peor. Decirse de izquierda y encarnar la mentira. Fingen ser el antisistema pero parasitan el crecimiento económico como una pulga a un perro enfermo. No sé cómo se puede ser docente y maoísta peruano: detestan la cultura occidental, la ciencia moderna, el progreso porque este ha llegado de la mano de las empresas, ¿y se les confía la educación popular?

Hay un nuevo Perú, de propietarios y empresariado popular. ¿Cómo observa usted ese cambio; qué perspectivas le generan ese proceso?

No hay un nuevo Perú. Hay la emergencia de propietarios y empresarios populares, y eso es ya mucho pero no es suficiente. Invito a que se tenga en cuenta lo que dice Jürgen Golte, sobre la debilidad de la cultura criolla, y cómo los que la arrasaron en Lima, los migrantes aldeanos andinos,  se insertan en el contexto mundial con un sistema de cohesión grupal que no tienen otros grupos. Han prevalecido los informales gracias al mercado. Pero la usurpación del poder por las elites criollas no ha menguado. Los migrantes creen en la producción, los otros en la renta, el status, el apellido. Los hijos del privilegio, encima, se disfrazan de izquierda para conducir la choledad ascendente. Este cuento ha funcionado en las elecciones del 2011 y en la Alcaldía. Y ya sabes, vienen  los desengaños para los ingenuos votantes. Pero los de arriba, lo volverán a intentar. Las clases emergentes todavía no tienen ni intelectuales ni caudillos propios, pero ya tienen gente rica. ¿Está próxima la era de esa nueva burguesía? Es un capítulo que falta. Pero no por tener orígenes populares los nuevos ricos garantizan que no serán, a su turno, abusivos y despóticos. Hay un patrón de conducta, diría virreinal, que se reproduce. ¿No tuvo la colonia nobles indios? ¿No eran parte del abuso? Salvo José Gabriel Condorcanqui. Ya veremos como son. ¿Apoyarán posturas socialdemócratas o chavistas? No lo sé.

Alguna izquierda en el Perú defiende la correcta prédica acerca de los derechos humanos, pero a contrapartida avala apasionadamente al régimen de Nicolás Maduro. ¿Cómo ve usted ello?

Tienes razón, es incoherente. Es la escopeta de dos cañones que reprochan ellos a los apristas. En cuanto a los derechos humanos, es un temazo. Es el tema del desarrollo de un derecho internacional. Digamos, de una democracia cosmopolita. Es parte de la globalización. De un geogobierno. Acaso de un imperio mundial, no sé. Entre tanto, existen los Estados-nación. Que guardan su soberanía. Entonces, ¿dos tipos de tribunales? ¿Los nacionales y los internacionales? Para nada está claro cómo se resolverá…

Entre tanto…

Sí, pues, mientras tanto hay quienes, local, peruanamente, usan los derechos humanos por las malas razones. En un país de cuidadanía a medio hacer, enfrentan al Estado y no para mejorarlo, para sustituirlo. Por una  representación —dicen— de la ‘sociedad civil’. Discuto ese uso. No es lo que dice Hegel, para quien hay clase política y clase civil, y ellos aquí, con sus ONGs, son clase política. Salvo que evitan pasar por las urnas. Ahora bien, al debilitar la difícil construcción de la nación peruana, ¿a quién favorecen? ¡Al imperio! Son sus servidores, por supuesto, revestidos de izquierdistas.

¿Cuánto daño le hace al régimen las acusaciones de los aportes de la minería artesanal?

Mucho. Revela su ambigüedad. Y la falta de decisión. Y en política, la decisión lo es casi todo.

¿Cómo observa a los partidos políticos en el Perú?

Los hay. El PPC, partido de liberales, entre de centro y de derechas, pero sensato, democrático. Acaso acantonado en Lima. Luego, Patria Roja, ahí Rolando Breña, y una buena cantidad de maestros. Existe el Apra. Existe el fujimorismo. Y el nacionalismo, ahora a punto de obtener una base juvenil gracias a la habilidad del congresista Mora. Sendero no ha desaparecido. Ni los pequeños partidos. Mira, los electores peruanos no están en los partidos pero terminan por votar por los candidatos de estos.

El odio político es uno de los elemento claves de la antipolítica. ¿Relaciona esto con algunas campañas de marketing político en las que no se le admiten argumentos al adversario por ser “corrupto”?

Es el tema que más me preocupa. Pero para abreviar, diré dos cosas. Hay un clima de guerra civil, dada la manera como unos y otros se tratan. Yo no uso nunca el término de ‘caviar’ o de ‘terruco’, y menos soy parte del inmenso partido del antiaprismo y el antifujimorismo, no. Pero satanizar el adversario da rentas. El gusto del agravio al otro es moneda corriente, y esa es la tarea cotidiana de innumerables comentaristas. No se dan cuenta, deslegitiman la política. Le hacen la cama a la tiranía. Pero es lo que quiere el público. Que se insulten, para despreciarlos a todos juntos. Ese reparto de quién es decente y quién corrupto me da hasta risa. Cuatro tipos que vienen del privilegio se toman por la conciencia del país.

¿Cuál es su posición respecto al intento de inhabilitación al expresidente Alan García?

En contra, obviamente. Oiga usted, viajo a menudo por el extranjero, y se me cae la cara de vergüenza. Nos ven como un pleito de tribus. Mira, dejémonos de cuentos, o tenemos democracia o no. Estoy en contra de toda inhabilitación de posibles candidatos, lo que va de Alan a Toledo, Keiko, de quien fuera, incluso del insoportable Santos.

La detención preventiva de Gregorio Santos y toda esta ola de detenciones a presidentes regionales, ¿qué opinión le merece respecto al proceso de descentralización en sí?

Mira, nos ponen, como ciudadanos, en una mala postura. ¿Cómo no aprobar si han cometido barbaridades? ¿Cómo no dejar de pensar que es un truco del gobierno para desembarazarse de rivales? No nos olvidemos, el primer deporte en el Perú no es el fútbol sino la pendejada.

¿Usted cree que la elección metropolitana se polarizará entre Susana Villarán y Luis Castañeda?

¿Entre un gerente que no le gusta hablar y una arrogante improvisada? Pobre Lima.

¿Qué espera de las elecciones del 2016? ¿Hay la posibilidad de una arremetida de un outsider con prédica radical o de lo mismo, pero de un candidato del gobierno de Humala?

Eso del outsider ya no va. Lo anuncié, al outsider, para el 2011. Acerté donde se equivocaban las encuestas de Tuesta y de Torres. Porque yo iba a pueblitos de los Andes, discretamente y por mi cuenta, a palpar el parecer de la gente. Desde mis libretas de notas, anuncié “gana Ollanta”. Mi premio fue que el diario donde escribía me pidió que dejara de colaborar. Si hubiese sido el New York Times me habrían felicitado. Pero ahora los que hacen encuestas (en realidad no sondean la opinión, la fabrican) quieren un outsider. Están asustados. No lo habrá, el outsider es el poder actual, y es legítimo. ¿Intentarán destruir el sistema, desde arriba? Eso es Caracas, la Paz, es Quito. Uno de mis amigos me dice que “hay una mayoría democrática peruana que no se expresa” (Victor-Andrés Ponce). Ojalá. Pero también creo que hay un compromiso peruano muy fuerte con la ilegalidad. Puede que en el 2016 la subcultura política se afirme en Palacio. No soy pesimista pero me preparo para lo peor.

Entrevista realizada por Enrique Valderrama y editada en Facebook – Punto de Encuentro el 02 de julio de 2014

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