Galeano. Ni esto ni aquello

Escrito Por: Hugo Neira 1.555 veces - Abr• 20•15

No, Eduardo Galeano no es “el último de los escritores comprometidos”. Tampoco es su obra el resumen de “todos los males de América Latina causado por los Estados Unidos”. En la masa de seudocríticos y productores de baratas blasfemias, menos mal brilla el crítico Alonso Rabí «su castrismo puede condenarlo ante muchos ojos, pero en mi persiste el autor de ‘Memorias del fuego’» (Enrique Planas, El Comercio,  p. C3, 14 de abril). Galeano fue varias cosas, diversos roles, y eso confunde a sus apresurados enterradores.

Pensar es a veces negar, y voy a seguir un rato con los ‘no’. ¿Escritor comprometido? Se están confundiendo con Sartre. No pues. Sartre era filósofo y los “comprometidos” en América Latina por lo general eran novelistas, que corrían unos riesgos que el pensador Sartre no tuvo. Cortázar no pudo vivir en la Argentina, lo hubieran tasajeado en alguna prisión militar. Riesgo que sus tranquilos críticos de hoy nunca han corrido. Además Sartre era un poco mayorcito para nosotros, y lo de Galeano toca un tema generacional. El ‘engagement’ es una vaina bien complicada, mejor la dejamos. Sartre era francés, o sea, no lo  iban nunca a meter preso; se lo propusieron a De Gaulle, y este dijo: “No se mete en la Bastilla a Voltaire”. ¿Qué diferencia, no?

Volvamos a Memorias del fuego. Es su invención. Me explico. Galeano era tan creativo que rompe los géneros, de tanto escribir novelas y ensayos, termina por cruzarlos,  o sea coge un texto, una crónica, la vuelve a contar, y uno no sabe dónde está el dato objetivo y la emoción de Galeano. Son, pues, “memorias”, de la dominación  y “el fuego” lo pone el alma atormentada del escritor, su alma crítica. ¿Se puede tener un alma crítica? Sí, cuando se es un escritor como Galeano, desde la periferia de Occidente, no solo la razón para el “pensamiento crítico”. En su caso, la poesía acompaña a la diatriba de la miserable realidad. Nos deslumbró Galeano. ¿No es cierto Max, no es cierto Mati? Insisto, no solo lo que dijo, sino cómo lo dijo. ¡Y lo presentan como un aburrido marxista! Y otra iluminación, Ernesto Cardenal, cura y poeta. Si el lector no está muy convencido, vaya a ver José Miguel Oviedo, 4° tomo, pp. 383-384. Eso del “bricolage” de Galeano, lo he dicho hace años en mis cursos. También conocí a Galeano, pero no me da la gana de contarlo.

Qué vamos a hacer Eduardo, los asnos que no te entienden están siempre presos de un credo. En nuestros días, teníamos que berrear con los estalinistas. Ahora se han pasado con armas y bagajes al liberalismo, y no son liberales. Qué diablos, una generación se equivocó con el castrismo, pero ya quisiéramos hoy un Galeano que nos cuente la enorme miseria de la realidad latinoamericana, porque en nuestra ciudad no solo hay “gente que hurga en la basura para poder comer, sino en la madrugada con abuelos pobres que cuidan carros a cambio de un sol”, en crónica de Milagros Leiva. ¿Quién es el Galeano de hoy que se indigne ante los horrores de la desigualdad y sobre todo de la arrogante incultura? ¿De la nueva barbarie, y ese candidato presidencial que se jacta de no haber leído nunca un libro?

Sí, estoy mezclando la reseña de vida y la diatriba del momento. Y eso es estilísticamente, homenaje a Galeano. Una oda al guerrero de ideas, al fuego inextinguible del pensar libre. “A las aladas almas de las rosas te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero”. ¿Pero qué hago yo citando el poema de Miguel Hernández si en mi país han arrancado los cursos de literatura a todo el mundo?

Publicado en El Montonero., 16 de abril de 2015

http://elmontonero.pe/columnas/2015/04/galeano-ni-esto-ni-aquello/

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