Lenin entra y sale de Petrogrado

Escrito Por: Hugo Neira 852 veces - Oct• 22•17

La mítica lealtad del campesino ruso, el mujik, con la familia imperial de los Romanov, se ha desvanecido bajo el efecto de la metralla.

RUSIA ANTES DE LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE

Por: Hugh Samanoff *

 

Por fin estoy en Petrogrado, la hermosa ciudad que hace cinco años, hasta 1912, se llamaba San Petersburgo. ¿Por qué cambiaron de nombre? Porque la encontraban en exceso germánica. El alemán, para los rusos, el enemigo de siempre. Saliendo de Londres, he tenido que dar una inmensa vuelta para entrar en Rusia. Como todos sabemos, el frente este de los alemanes lo impide. Me ha pasado lo mismo que a los exilados rusos, ¿cómo entrar en Rusia en plena guerra? Muchos de los llamados bolcheviques vivían en el exilio en Ginebra, Londres o Nueva York. Con más razón regresan, cuando en febrero de este año, 1917, se produce la abdicación de Nicolás II. La mítica lealtad del campesino ruso, el mujik, con la familia imperial de los Romanov, se ha desvanecido bajo el efecto de la metralla en la que los campesinos y obreros vueltos soldados, siguen muriendo por millares.

El gobierno actual se llama a sí mismo, provisional. Gobierna desde febrero. Su figura más importante es Aleksandr Kérenski, abogado de profesión y que ha jugado un papel decisivo en el colapso del gobierno zarista. Es el actual primer ministro y guarda además la cartera de guerra. Varios colegas me lo sitúan como social-revolucionario y patriota, y que seguirá la guerra contra «los imperios centrales», la manera como los rusos llaman a Alemania. Pero esa causa es cada vez más impopular. Además, Kérenski, siendo republicano, tiene una actitud acaso en extremo respetuosa con la familia real. Los visita, y ha intentado exiliarlos a Gran Bretaña, pero no obtuvo el apoyo de su partido, que es de izquierda. Además, los sóviets, que son muy poderosos, pusieron el grito en el cielo. Tuvo que dejar ese proyecto. Después del Zar, se ha echado a andar una Asamblea Constituyente.

Petrogrado es una ciudad con una actividad política increíble. Existen corrientes diversas, mencheviques, bolcheviques, social-revolucionarios (SR), estos últimos de izquierda, pero rivales de los dos primeros. Hay liberales, que son constitucionalistas-demócratas. El lector se preguntará cuál es el que obtiene más votos. Los últimos resultados son concluyentes. Las urnas han hablado. Los social-revolucionarios —los que no siguen a Lenin— han obtenido 17 millones de electores, o sea un 40%. Les siguen los bolcheviques pero con 10 millones, o sea un 24%. Si a esto se suma a los SR los ucranianos, también SR, pasan del 50%. Corre el rumor que esto no le ha hecho ninguna gracia a un hombre que se llama Vladímir Uliánov, más conocido como Lenin.

Nacido en Simbirsk —curiosamente, la misma ciudad que Kérenski— Lenin tenía dos años cuando se traduce al ruso el primer volumen de El Capital de Marx, once cuando asesinan al Zar Alejandro II, y 17 cuando ejecutan a su hermano mayor por anarquista. En 1893, encuentra a la mujer de su vida, la Krúpskaia. Dos años después, lo acompaña a la Siberia. En 1897, deja de llamarse Uliánov, se llama Lenin, hace rato que milita en el partido socialdemócrata de Rusia, y parte a Suiza. A los rusos revolucionarios, los he conocido no en Rusia sino en Europa. Los bolcheviques han tenido la costumbre de reunirse en sus sucesivos Congresos, en ciudades como Londres, Bruselas, París, Praga. Y aquí, en Petrogrado, un hombre de la policía zarista —de triste fama, la Okhrana—, me explica que preferían dejar salir a los revolucionarios, porque se gastaba menos que llevarlos a la Siberia. Hoy de Petrogrado, Lenin ha huido a Finlandia, dado que un golpe de Estado fallado en junio pasado produjo que muchos bolcheviques fueron detenidos, Zinóviev, Kámenev. Lenin es un campeón en materia de apariciones y desapariciones.

En el estado actual de cosas, Kérenski enfrenta dos máquinas de guerra. La del general Hindenburg que ha destruido los ejércitos rusos a punta de cañonazos, la batalla del lago de Mazurie fue un desastre total para los rusos. Pero Kérenski ha lanzado una ofensiva, y él mismo va muchas veces al frente.

La otra máquina de guerra es la que maneja Lenin. El mayor poder que tiene no está en el parlamento sino en millares de comités de fábricas. Es algo que ha inventado, los soviets. Esa palabra rusa fusiona a la vez soldados armados y obreros. En el Palacio Táuride, donde por momentos funciona la Asamblea Constituyente, ante Tsereteli, uno de los ministros de Kérenski, que dijo “en la situación de Rusia, ningún partido podía reclamar el poder”. No le faltaba razón, el país está desorganizado. Pero Lenin, entonces presente, se puso de pie y dijo: “Ese partido existe. Estamos listos para tomar el poder.” Kérenski es un buen expositor, para tiempos acaso más calmos. Lenin habla a martillazos. En los aplausos, ganó Kérenski a Lenin. Pero en la calle no.

Los bolcheviques tienen una serie de imprentas, no solo publican Pravda sino centenares de gacetas con títulos tremendos. “¡Abajo el parlamento del Zar!”. “¡Abajo los 10 ministros capitalistas!”. “Paz, pan y libertad”. Y un eslogan, que machacan día y noche: “todo el poder al proletariado”. Kérenski ha repartido armas entre los obreros. Los bolcheviques tienen batallones. Aquí hay dos poderes. Los que están por la Asamblea y los que están en contra y tienen de su lado el Congreso del sóviet. Es decir, los comités militar-revolucionarios, que por lo que veo, cada día son más numerosos. No sé qué va a pasar en Rusia en este mes de octubre.

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* Nota del editor. El periodista llamado Hugh Samanoff no existió nunca. Es una ficción periodística de Hugo Neira, para enviar un corresponsal al pasado, en la máquina del tiempo, a Rusia antes de la toma del poder por los bolcheviques. En cambio, todo lo que aquí figura, desde resultados electorales y maniobras políticas, procede de los mejores libros de historia para esta crónica. Las cosas no fueron simples en 1917. Seguiremos.

Publicado en el diario Expreso, domingo 22 de octubre de 2017, pp. 20-21

http://www.expreso.com.pe/mundo/lenin-entra-sale-petrogrado/

 

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