Retratos Parte II

Escrito por: H. N. - 2 602 veces

 

Retratos

 

Parte II

El Castillo Rospigliosi"La Pasión". Versión calma del profesor TamayoEl profesor Huntington y la inmigración "latina"Juan Paredes. Escribir para decirFujimori. El alfil se mueve y bloqueaKrauze. El quinto elementoEl ciudadano Supo o la caótica producción de sentidosBobbio, liberal, socialista, toleranteEl filósofo Vattimo y el ciudadano Supo (o, así es la cosa)Ser y estar. Popy OliveraEl filósofo Trías y la conciencia del límiteEl Impasible Aznar y el madrileño AguilarBeatriz. Perséfone. María.Cuando los globales eran localesTrías. BienvenidoEl PapaSchwarzenegger

 

Parte III

Destinos intelectuales – El joven Porras – La desamorada morada. César Moro – Schmitt para parlamentarios – Góngora en Surquillo. Eloy Jáuregui – Estafeta y Coloquio. Fujimori – Alfonso Reyes, resurrección – Se ganó la galería – El Monumento a las Casas – Libre diálogo con Alan García – Bonaparte. Pro y Contra – Paul Wolfowitz, el cerebro de Bush – En España: Huaylupo – Mujeres


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Sabatina, 08 de mayo del 2004
 

El Castillo Rospigliosi

 

Hugo Neira
 

Cuenta un historiador latino que cuando el general romano Escipión bajaba de su nave que lo conducía al África se resbaló y cayó por tierra. Para no turbar a sus soldados que eran muy supersticiosos, se levantó de inmediato para proclamar astutamente: "Soldados, acabo de someter el África". Nuestros Escipiones congresistas, echando a Rospigliosi del cargo de ministro del interior, quieren convencernos de que han restablecido el orden y puesto remedio al desorden social. Me temo que la mayoría del país, incluido este cronista, piense lo contrario.

Se ha dicho que la lógica de esa censura obedece al juego parlamentario, sin duda, pero ¿será apreciada, cuando coincide con una huelga de terroristas en prisión, y Abimael Guzmán a la cabeza? ¿Cuando en el mismo Ilave, los lugareños sitian la cárcel donde se detiene al regidor Sandoval, presunto asesino? Los Escipiones del Parlamento piensan que lo más atinado es prescindir de un ministro que se durmió en el caso de Ilave, sin apreciar el conjunto de su gestión. Como el país es suizo por lo aburrido y calmo, piensan que debe predominar la lógica parlamentaria a la del sentido común. No lo creo.

Ilave no termina de salir de nuestras pesadillas. Hay doscientos enconados casos en el país, en distritos, municipios, regiones. Cualquiera de esas revueltas, una bala perdida, y el ministro caía, no me digan lo contrario. Si reprimía, caía. Si no, igual caía. Hablemos claro. El problema nacional al que puso cerco el hemiciclo no fue la violencia popular, la de Ilave y las otras, sino la figura del ex ministro Rospigliosi. Cabe preguntarse el porqué.

En medio de calles rectas y chatas como las del distrito de Lince se alza (es mucho decir) el Castillo Rospigliosi. No tiene muros elevados ni altas almenas a diferencia de otros, construidos sobre colinas, monumentales, en el extranjero, y aunque no tuvimos Edad Media, qué importa, nos encanta la mistificación, incluso en arquitectura. No he podido dejar de pensar en estos días en ese edificio a quien no se le encuentra ocupación debida, ha sido de ministerio a cuartel y hoy, consejo de guerra. Rospigliosi, como el dicho castillo, tiene algo de eso. Es un hombre público al que el país le busca destino. Los congresistas ya le han encontrado uno, el de víctima. Le va a la perfección. Esta crisis no hace sino robustecerlo. Rospigliosi no tenía pierde. Si lo censuraban, quedaba como una figura fuerte. Si no lo censuraban, quedaba como una figura fuerte. Pasara lo que pasara, ganaba. Había una salida, no se les ocurrió, bastaba con una amonestación. La oposición hubiera salido engrandecida.

En política, nadie sabe para quién trabaja. Hegel diría que la razón camina por la historia y hace emerger cosas inesperadas, pero no nos pongamos filosóficos. Lo cierto es que en el desolado páramo de desespero y fastidio en las encuestas, Rospigliosi se demarcaba de los políticos del interior, tomando el perfil de los de fuera. Un aire al español José María Aznar por el bigote y el aplomo y algo de ese presidente de Colombia, Álvaro Uribe, que también es, y a su manera, un durito. Por ahí va Rospigliosi, aunque sin tropas en Irak que colocar ni guerrillas a lo colombiana que combatir. La oposición ha creído deshacerse de un ministro y en realidad potencia un candidato para el 2006.

Lo digo desde ahora, Rospigliosi, y no porque me place decirlo, candidato del orden y a esa mano dura que el país, con razón o sin ella, reclama. El país, no el de los partidos políticos, sino el otro, el del 80 por ciento que no los quiere ni en pintura, la nación preocupada por asaltos en carreteras, alborotados secuestros, linchamientos rurales, bandas delicuenciales urbanas, la "peccata minuta" de la vida peruana. De eso no se habló. La noche de la censura, ese alto lugar republicano se convirtió en una sopa de sofismas. Las escuché todas, recursos para humillar y descalificar al adversario. Un diálogo de sordos. Fue muy penoso. Puro conflicto de intereses entre ministro y congresistas. ¡Y esa celebración ostentosa del resultado! Como si fuesen barras bravas de fútbol. No había nada que celebrar si era una sanción. Pero tampoco estuvo afortunado Rospigliosi, desafiante. No fue una noche feliz para nadie.

Posdata:  Pasando a temas más gratos, y acaso más decisivos, el gran Immanuel Wallerstein en Lima, "honoris causa" en San Marcos y palabras de Aníbal Quijano. Jueves 13 de mayo, a las 10 am. Mi comentario en la sabatina próxima.

 

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Domingo 18 de abril del 2004
 

"La Pasión". Versión calma del profesor Tamayo

 

Hugo Neira
 

He hallado, al fin, un artículo racional y coherente en la selva de la prensa mundial, tras la fiebre que ha desatado La Pasión. Su autor es Juan José Tamayo, director de la Cátedra de Teología y Ciencias de la Universidad Carlos III de Madrid (www.elpais.es). Aunque sería un milagro que permitan reproducirlo sin pagar. Así están las cosas.

Su disertación, que apenas gloso, asume desde las primeras líneas un tono personal. Tamayo recuerda su infancia y las costumbres del catolicismo español, con mayor razón, en años del franquismo. "Las dramáticas imágenes de la pasión de Cristo han estado grabadas en el imaginario social de varias generaciones de cristianas y cristianos que éramos arrastrados a las procesiones de Semana Santa, a los vía crucis." En los oficios del Viernes Santo, recuerda, "se pedía 'por los pérfidos judíos', a quienes se hacía responsables de la muerte de Cristo, definida como un deicidio." Todo esto configuraba —agrega— "un cristianismo sacrificial sadomasoquista." Cáspita, cómo han cambiado de tono en España.

Esa situación no continúa, gracias al cielo. Habla entonces de lo que él, sus colegas y alumnos, elaboran, "una aproximación histórico-crítica a los relatos evangélicos de la pasión". No sé si la cosa queda clara. Es decir, los que disertan sobre esos temas, por allá, lo hacen desde los textos, desde los documentos de época, conociendo el latín, griego, arameo, sirio y el hebreo de entonces. Como el lector de La República habrá apreciado tras leer a más de uno de nuestros sesudos comentaristas locales, abundan entre ellos los especialistas en arameo. La frescura de algunos no tiene límites.

Volviendo al profesor Tamayo, sostiene que esa serena actitud suya y de sus pares "peligra ante la moda que desata la película de Mel Gibson". Primero, se trata de un iluminado. "El realizador cinematográfico australiano confiesa que obedece a un mandato divino". Segundo, ¿conoce el lector las visiones de la monja alemana Anne C. Emmerich? Pues parece que es lo que inspira a Mel Gibson. Una iluminada.

Tamayo examina los sucesos de los últimos días de la vida de Jesús de Nazaret. Primera dificultad, señala: los relatos de la pasión de Jesús se prestan para hacer teología con pretexto de historia, y con pretexto de biografía, autobiografía. O sea que La Pasión más dice sobre Mel Gibson y nuestra época que sobre el propio Jesús (que fue lo que argumenté en mi nota del sábado pasado).

Tamayo ingresa entonces al meollo del proceso a Jesús. En efecto, ¿por qué lo condenaron? Le parece que el episodio del Templo juega un papel decisivo en "la detención, el proceso y la ulterior ejecución de Jesús de Nazaret". Como se recordará, Jesús en el Templo de Jerusalén arroja por los suelos las mesas de los comerciantes. Eso fue decisivo. "Lo que sigue es delicado, pero se apoya en un inmenso aparato histórico-analítico. ¿Por qué se cambiaba dinero en el Templo? Porque los fieles judíos pagaban esos días de Pascua sus impuestos. ¿Por qué se vendían animales en el Templo? Porque eran necesarios para los rituales de sacrificio. Si el Templo era una combinación de la calle Ocoña con Parada —digo yo— era por dar facilidades comerciales.

¿Qué sentido tuvo, entonces, el ataque de Jesús contra el comercio con los peregrinos? "Se trataba de una acción simbólica con la que quería mostrar el final de la religión centrada en los sacrificios". Jesús declara muerta la religión oficial del gesto y los simples rituales. Busca, digo yo, la caridad del corazón. De la Misericordia. Concreta. Real. Tamayo: "La acción provocativa de Jesús se dirige al nervio mismo de la aristocracia sacerdotal saducea, que consideraba el culto del Templo su núcleo fundamental. Esa acción fue la gota que colmó el vaso de la ira de los sumos sacerdotes." Tamayo dixit.

Si esto es verdad, entonces "el conflicto mortal lo tuvo Jesús no con el judaísmo, sino con las autoridades judías; no con los fariseos, sino con los saduceos, que se consideraban custodios del orden nacional, basado en el Templo y en la Ley. Un orden cuestionado por el profeta de Nazaret, que confirmaba así su actitud de permanente desafío tanto a la jerarquía religiosa como al imperio, y se convertía en el principal enemigo de ambos. Por eso había que deshacerse de él lo antes posible." "El pueblo judío nada tuvo que ver en su condena y posterior ejecución. Quien tenía la autoridad política era el gobernador romano, Pilato. Tamayo descarta la responsabilidad del Sanedrín en el proceso de Jesús. "El castigo judío era la lapidación". Y Jesús muere en una cruz romana.

Queda algo, el curioso trato dado a Pilato. "Algunos de esos relatos presentan al gobernador romano en Judea como una persona insegura, vacilante, que parece no atreverse a tomar decisiones. Pero ese perfil no responde al comportamiento real de Pilato, sino que es fruto de la tendencia antijudía ya presente en los relatos cristianos de la pasión y radicalizada en la historia del cristianismo." Los cristianos primitivos necesitaron limpiar a Pilato y acusar a los judíos en la necesidad de desmarcarse de los comunes orígenes. Pero eso es otra historia.

El excelente artículo de Juan José Tamayo se ha publicado en El País con el título de "El Imperio contra Jesús de Nazaret". Profesor en la Universidad Carlos III de Madrid, es autor de Por eso lo mataron. El horizonte ético de Jesús de Nazaret (Trotta, 2004). He querido que nuestros lectores conozcan esa contribución inteligente, informada, docta y tolerante. Su autor no nos propone posturas dogmáticas sino arrancarnos de ellas. Max Weber recomendaba, al inicio del siglo XX, el "politeísmo de creencias", para evitar las "guerras de religión" del siglo veinte (concepto que extendía a la intolerancia ideológica). No se le escuchó. Fue el más sangriento de los siglos. Sólo nos falta ahora volver a las cruzadas. Entre Mel Gibson y Bush, por ahí andamos.

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Sabatina, 17 de abril del 2004
 

El profesor Huntington y la inmigración "latina"

 

Hugo Neira
 

Andrés Oppenheimer, en su conocida columna, se ha ocupado del reciente libro del profesor Samuel Huntington pero en términos poco favorables. ¿Qué dice Huntington que lo irrita? "El desafío más inmediato y más serio a la tradicional identidad de Estados Unidos viene de la inmensa y continua inmigración de América Latina, especialmente de México’’. Oppenheimer ironiza: "Los racistas deben estar de fiesta. Un director en Harvard les ha dado argumentos pseudoacadémicos para su resentimiento contra la creciente comunidad hispana en el país".

¿Qué es seudoacadémico? De la humilde monografía a la ancha tesis, algo es académico cuando la exposición de ideas es formulada de manera que facilite el control de hipótesis y pruebas. Todo se juega en lo que encarna esa "manera". Lo científico quiere decir que fue expresada dentro de un protocolo determinado. Nada más. No es una patente de certeza. Por extraño que parezca, una tesis puede ser científica y estar equivocada. Científico no es sinónimo de verdad sino de algo que se puede corregir, probar o negar (resumo la teoría de la lógica científica en Karl Popper y en Kuhn).

La objeción a Huntington es de fondo. Es conocido que trabaja con una categoría, la de "civilizaciones". Otros ya la han utilizado, pero en él son bastante confusas, y unas cuantas: japonesa, china, hindú, musulmana, africana y occidental. Uno de sus objetores, el sociólogo R. Inglehart, señala que justamente esas civilizaciones no son todo lo homogéneas que parecen. Pero Huntington las dota de una vida coherente. Estamos hablando de conjuntos inmensos, que a menudo abrazan continentes enteros, lo cual es temerario en un hombre de ciencia. Para quienes no buscamos vender medias verdades, las civilizaciones no son sino "configuraciones inacabadas". Ni la hindú ni la islámica, para citar un par, poseen la cohesión que les presta Huntington.

Basta ver un país como Irak, dividido entre sunitas y chiítas, árabes y kurdos. ¿Qué coherencia interna? ¿Y alguien puede creer que se puede hablar de mil millones de musulmanes como si fuesen un todo tribal? Pierre Hassner, de la Sorbonne, le observa: los conflictos civilizatorios no siempre ocurren, y no siempre son religiosos. La segunda familia de objetores viene del lenguaje. Huntington ha presentado una idea monolítica. Eso le gana la adhesión de millares de lectores, pero no por científico sino por dogmático. Con su best-seller se asoma el reflejo racista de siempre. Una tercera línea de objetores le reprocha su tendencia al vaticinio. Viejo enemigo de lo racional, desde los griegos, el mito, la magia, el oráculo.

Su nuevo presagio es que los Estados Unidos peligran por el avance de la plaga latina. Oppenheimer le reprocha volverse un portavoz de los cavernarios, de los que dicen "nos vamos a desintegrar por la avalancha de inmigrantes hispanos". Cabe responder formulando una simple cuestión: ¿La inmigración "latina" ha dado tan malos resultados en la América del Norte? Tengo un hermano médico de profesión, Federico, naturalizado norteamericano. Casado con americana-griega, es ginecólogo-obstétrico y ha hecho nacer, como me dice, 10 mil niños al mundo. Estudió medicina en Arequipa, y luego allá, trabajó duramente y se instaló en California con clínica propia. Han tenido dos hijos, uno de los cuales ha ido a Harvard. Como él, millones de "latinos" han contribuido a mejorar la nación que los acogió. Sé que es un caso particular, lo cito porque contraría la versión negativista sobre la inmigración latina.

Una civilización es siempre una suma colosal de rasgos propios y ajenos. Ninguna fue pura, aunque Huntington diga lo contrario. La americana, que tiene la estatua de la Libertad a la entrada de la rada de New York, dando recibo a los pueblos de la tierra, menos que ninguna. Son un resumen de la humanidad entera, y esa es su fuerza, y de manera dialéctica, también su principal dolor de cabeza.

PD. Mañana domingo se publica en este diario una glosa mía al importante trabajo del catedrático español Juan José Tamayo sobre el proceso de Jesús, publicado en El País. Algo serio y fundamentado desde quien conoce los textos originales.

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Sabatina, 03 de abril del 2004
 

Juan Paredes. Escribir para decir

 

Hugo Neira
 

En el escombro de los días caen en mi mesa de trabajo cual desmayadas hojas de retórica, sesudas publicaciones, montañas de papel que servidor lee, entre una y otra lectura de Castoriadis para mis cursos, que remedio queda. Esa temática presentista —pobreza y gobernabilidad—  podría ser hasta apasionante, pero los autores, por lo general funcionarios internacionales, casi siempre expertos en la cosa (la cosa esa del desarrollo y la economía) imponen ese estilo seco.  Al final terminas por aburrirte. No critico la aridez inevitable de los informes pero si el modo elíptico. Frases como "en la región se ha notado progresos significativos".  Significativos quiere decir que no te van a decir en que consisten.

No siempre es así. A veces te das de narices con un libro serio y ponderado pero al que no le falta coraje y tripas, ganas de decir las cosas y hasta rabia. Y es el caso del libro que quiero comentar. Nadie que tenga el corazón en su sitio, y lo que hay que tener, va a aburrirse leyendo a Juan Paredes en La República incompleta (octubre del 2003).  Libro corto y preciso, unas 128 páginas donde no sobra nada. Más un largo apéndice, muy útil, de documentos. Publicado por  la Ebert.  Indispensable, entre el enojo y la reflexión. No quiero jugar pero la asociación es tentadora: entre Protesta y Propuesta.

Paredes no se va por las ramas. Se pregunta, desde las primeras páginas, porque la nuestra no es una sociedad democrática (p. 30). No se ocupa solamente del gobierno o de tal o cual tendencia. Sobre la sociedad vuelve repetidas veces, a menudo con definiciones feroces "sociedad como la peruana, políticamente desestructurada, de cultura amoral y no democrática, cualquier caudillo civil o militar puede apelar fácilmente a métodos no institucionales para buscar el poder o mantenerse en él". Se pregunta, luego, no si hay que fundar un sistema de partidos sino, al contrario, con dosis de desánimo, si eso es posible (p. 33). Hay frases felices, tropos que dicen y sugieren mucho "la geometría del caos" (p. 39). Recuerda en un pasaje al Libertador (¿Cuál va a ser? a Bolívar). En su texto hay claridad, urgencia, decepción, preocupación, información, opinión, apuro.

Es Juan Paredes persona de todos conocido, lo vemos cada domingo en "Rueda de prensa", acompañado como sabemos de Álvarez, Lauer y Pedraglio. Es Paredes editor central de Política en el diario El Comercio. Digo todo esto por si algún desatinado no vaya pensar, por ese tono de indignación  que comento, que  La República incompleta es la obra de eso que en Lima llaman "un resentido".  Cómodo sambenito, forma de eliminar ad hominem a alguien que incomoda. Si van por ahí, van muy desencaminados.

El autor de obra tan clara y franca es persona ponderada, lo conozco hace un buen tiempo, siempre en caja, cabal, perdóname Juan, sé que ofendo tu natural discreto. Lo que quiero decir es que tan grande el tamaño de nuestros problemas y la brevedad del tiempo para resolverlos que incluso los prudentes comienzan a perder la paciencia. ¿Qué falta a esta República incompleta en la lectura de Paredes? Le falta Estado. Clama por Jefes de Estado separados de Jefes de gobierno. Paredes se inscribe en una línea de urgencia, Cotler, Barnechea, Ordoñez/Sousa, el último número de "Razón de Estado"  la revista que dirige Rolando Ames, y que nos gustaría que fuese "el Estado de la razón”. Ese es el tema. O reformamos el andamiaje político (¿10, 15 años?) o el ventarrón de lo inacabado devorará este país, y a los hijos de nuestros hijos. Amén.

PD. Dionisio Romero, presidente del Banco de Crédito, al decir en todos los diarios: “El ITF, con todos sus defectos, es mejor que la inflación”, ha extendido el propósito del tributo.  No hay sino que celebrarlo.  Sin tributación no hay Estado, y sin Estado no hay mercado ni orden ni nada.

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Sabatina, 27 de marzo del 2004
 

Fujimori. El alfil se mueve y bloquea

 

Hugo Neira
 

La gran novedad de esta semana, en lo doméstico (aparte de la Asamblea de Gobernadores del BID) es que el huido a Tokio cambió de táctica. Ahora autoriza a su abogada para defenderlo como inculpado, cosa a la que hasta ahora se había negado. Se autotituló perseguido político y además japonés, dos cosas a lo cual la Cancillería japonesa no podía desatender. No se entrega a un perseguido. No se entrega a un compatriota. Ahora es diferente. Acepta los tribunales peruanos. ¿Qué maniobra es esta? Hace siglos, Ruy López, noble español, inventa un movimiento de piezas en el ajedrez y le da nombre a una célebre apertura que hasta los más legos en el juego ciencia hoy conocen como "la apertura española". A saber, 1.e4 e5 2.Cf3 Cc6 3.Ab5. En lenguaje no codificado, se abre con el peón del rey, las negras responden con el mismo peón, las blancas continúan el desarrollo de piezas y entonces, contrariando la estrategia italiana de la época, el alfil de Rey corre hasta la casilla 5 y bloquea al caballo defensivo. Es un gambito, una trampa. Pasaron siglos para que sesudas cabezas encontraran una parada.

Lucha política, fintas y ajedrez han ido de la mano. La jugada de Fujimori tiene tres salidas. O bien sirve para levantar sus bonos entre amigos, ahora que se activan. O bien no viene cuando lo convoquen los jueces, y entonces lo declaran "reo contumaz". O bien agita como si fuera a venir e incluso viene. En las dos primeras, el asunto no pasa de una simple finta, pero eso es piadosa hipótesis. La tercera posibilidad no es de escatimar. La simple idea de que pueda ocurrir ha provocado, entre otras razones, la fabulosa bronca de Mario Vargas Llosa de lo que me ocupo líneas abajo. Esa posibilidad es que venga a comparecer.

¿Se imaginan la vida peruana con "don Alberto que mete yuca" como dijo una caricatura de doña Susana en un gran momento del pasado imperfecto, y con Fujimori estrella y en los parajes, entrando y saliendo en los tribunales. Uno puede preguntarse varias cosas. ¿Qué estatus le darían los jueces? ¿Uno de verdad o uno bamba? ¿Serán capaces de someterlo a silencio? Y entonces, ¿no se verá ello como un abuso de autoridad? Y si es lo contrario, ¿cómo prueba de debilidad? Lejos o cerca, Fujimori es problema.

En horizonte de tales incertidumbres se inscribe lo que Vargas Llosa acaba de decir. Con todos mis respetos al escritor que admiro, y al amigo, debo por mi parte señalar que no comparto del todo su opinión sobre el tema del ex CNI. Y por no compartir, ni la de este mismo diario. Ocurre que no suelo esgrimir juicios en bloque. Tiendo a separar. El dice, "el cierre del CNI es una medida desesperada para corregir una metida de pata descomunal por el nombramiento de Arboccó" (La República, 24 de marzo). Vamos por partes. "Metida de pata descomunal". De acuerdo. Pero cerrar por el momento el CNI, en cambio, me parece algo necesario. No quisiera ni imaginar la fuga de videos si la cosa se hubiera hecho a medias. Por una vez que hay prontitud y energía…

También ha dicho, "caos y desgobierno". Cierto es, pero miremos, por entero, el tablero. Lo que pasa en el Perú no es asunto exclusivo de Palacio y de la clase política. En las encuestas una gran mayoría de peruanos priorizan, y de lejos, el "desarrollo" sobre la "democracia". Me permitiré pensar que es una manera sesgada de decir preferible un tirano a seguir como estamos. El gran lodazal peruano de fango autoritario no se ha secado bajo el sol de la democracia, para decirlo de una manera huachafa, pero temiblemente cierta. De ahí el gambito Fujimori. El caballo negro bloqueado es lo que usted quiera, el Poder Judicial, la oposición democrática, un nuevo candidato "outsider". Para el gambito de Ruy López existe una parada, pero en ajedrez se demoraron siglos en hallar. Las negras ganan cuando juegan… pero no, no voy a decirlo ahora. Que hablen los grandes maestros. Tengo curiosidad por ver qué pieza mueven. La política, como el ajedrez, es infinita.

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Jupiterina, 26 de febrero del 2004
 

Krauze. El quinto elemento

 

Hugo Neira
 

Hace un rato que ando atento a lo que hace y produce el mexicano Enrique Krauze. Hoy quisiera ocuparme de su opinión sobre los defectos de la vida política latinoamericana, un ensayo suyo en revista muy inteligente que circula en las dos orillas, es decir, en México y en España (Letras Libres). Señala cuatro trabas históricas, pero le falta una. Y esa es mi preocupación. Como se decía en el lenguaje de los teólogos, el pecado de omisión.

Déjenme decir previamente quién es Krauze. Es historiador y de México contempóraneo. Ha publicado, entre muchos otros trabajos, algo excelente: La presidencia imperial, ascenso y caída del sistema político mexicano, 1940-l996 (Tusquet Editores, 1997). El pasado inmediato es uno de nuestros enemigos, decía Alfonso Reyes. En el libro de Krauze está el secreto de la estabilidad mexicana, y de su pecado. No estuvo ni en el empeño por el progreso económico por vía autoritaria, eso lo hizo el dictador Díaz en el XIX, en el siglo XX la verdad es que el PRI gobernó y creó burocracia moderna. Es decir, mal que bien esa racionalidad que reclamaba Max Weber. Cierto que a los mexicanos se les fue la mano y por no caer en el vicio latinoamericano del péndulo entre democracias y militarismos montaron algo bien difícil de definir, entre paternalismo presidencial y complejas astucias del poder.

Lo de Krauze es biografía política de cada Señor Presidente. De lo convencional, de cada gobierno, acaso porque la historia es informe desde Herodoto, pero con un complemento sorprendente. Mérito de su obra es una reconstrucción que no es simplemente política sino social, cortesana, chismosa. Krauze acude en cada caso a la confidencia: amigos, familiares, la esposa y las queridas, y hasta los cocineros de palacio. Los subterráneos de la historia. No el más allá sino el más acá del poder, lejos de la mentira oficial, los hombres de Estado tal y como son, desde los austeros como Ruiz Cortines a los sensuales como López Mateos que abría la agenda diaria con una pregunta al secretario: ¿y hoy qué toca, viajes o viejas? Viejas, en el lenguaje coloquial mexicano, es el equivalente de la expresión peruana "un cuerito". ¿Se imaginan una obra semejante y con ese desenfado para el Perú contemporáneo? Lo que pasa es que en México hacia fines de los noventa se preparaba el fin de la hegemonía del PRI y del mito del Señor Presidente. La obra de Krauze tuvo la fortuna de cuestionar el "Estado-teatral" antes de que se derrumbara en las urnas.

Pero me he entusiasmado con el esquema del libro de Krauze. A lo que iba. Cuando opina sobre la América Latina (el pasaje de la singularidad mexicana al juicio sobre un continente) en parte acierta y en parte yerra. Acierta cuando señala grandes e inveterados males. A saber, el militarismo, el nacionalismo, la izquierda dogmática y el populismo. Tales conductas dan para prolongada discusión. Pero, a "grosso modo" le concedo razón. Algo falta, sin embargo, en el ensayo de Krauze. Un actor o actores cuya exclusión parece ser una excusa. El quinto elemento, a mi modesto parecer, son las derechas, las mexicanas y las sudamericanas, con toda la vastedad que ese concepto genérico envuelve. El inventario de nuestros retardos no se reduce a militares, guerrilleros y agitadores populistas. Falta el otro rostro del subdesarrollo, las protoburguesías. Admitirá Enrique Krauze que ellas, las de allá y las de aquí, acaso merezcan que se las trate a la manera de Eric Hobsbawm, como "Los primitivos de la revuelta". Si viene un día a Lima, o nos volvemos a encontrar en la casa de Mario Vargas Llosa, común amigo en Madrid, será un personal placer contarle cómo aquí buena parte del empresariado espera que retorne un "hombre de realidades" como don Alberto, el fugado de Tokio. Casi como los desplazados porfiristas esperaron que el tirano volviera de París. Pero entonces aparecen del barro popular y del dolor otros actores, acaso truculentos, terribles. Y eso también puede ocurrir aquí. Lo inesperado, Krauze, lo inesperado. Es decir, el otro nombre de la historia.

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Sabatina, 21 de febrero del 2004
 

El ciudadano Supo o la caótica producción de sentidos

 

Hugo Neira
 

Volvió a aparecer el ciudadano Fidel Supo, esta vez tras pasar horas en la comisaría de Monserrate a donde lo llevaron por encabezar una marcha salvaje hacia la Plaza Mayor. Apenas semanas atrás, salía del anonimato. Y como en el siglo XXI, dicen, todo el mundo tiene sus quince minutos de fama, Supo los tuvo con Guido Lombardi, aunque sin alcanzar a responder si fue o no teniente-gobernador cuando Fujimori. Me impresionó su modestia: en Palacio habría pedido, según Sheput, un puesto de director o "gerente de algo". Bajo las luces de escena no dejó de decir "soy de clase popular, ¿ok?". Por eso, no salió de mi cabeza.

Los caóticos sentidos, dicho sin joda. Perúposibilista de base, dice protestar porque en dos años no se cambió la realidad. Sincero o no, engancha con el desengaño de masas, con la calle caliente, la marea cocalera, los barracones inquietos, y con lo que se viene. Supo o el igualitarismo. Su silogismo protestatario es imparable, algo así, Toledo es cholo, yo también. Toledo es PP, yo también. Entonces ¿por qué no tengo chamba? Podríamos argumentarle que se llega a puestos de Estado, a los que aspira, cuando se ostenta títulos, méritos, etc. Pero, eso no es tan cierto Este gobierno se los ha dado a, digamos, empresarios populares. Recuerden simplemente el caso del eminente señor Taco en PetroPerú. Alguien le diría que al Estado se entra por estrictos concursos, pero no es nuestro caso. Por lo demás, ¿cómo el aspirante Supo va a llegar a esa sutil separación entre gobierno y Estado si las propias elites socioeconómicas aborrecen ese concepto, el Estado: los intereses generales que vienen cuando se trasciende la lucha particular. ¿Intereses generales, bien común, en el Perú?

¿Qué es Supo? Inmediatismo y protesta, "y si no hay obras y no tengo chamba, te hago mitin en la puerta de tu casa de Camacho" (la del presidente Toledo). Hoy lo vemos pimpante en declaraciones en La Razón. Hay el rumor de un audio Montesinos-Fujimori donde se hablaría de un Toledo adicto a la coca. Rumor de rumor, mientras se pide el peritaje de la cinta –el mismo José Barba dice que, probablemente, es lo último del "creativo" Montesinos en el local donde está recluido–, Fidel Supo lo da por hecho. Se comprende, encontró lo que buscaba. Eso pasa por no atenderlo en el partido de la Chakana.

Eso no es todo. Supo, como metáfora aluvional no es, para seguir esta reflexión, ni el carretillero de la mítica invasión de comerciantes informales de cuando los observaba Hernando de Soto, qué va. Ni el desborde de los setenta a lo Matos Mar, no hay en vista ninguna pretendida revolución socialista. Se acerca más bien a lo que vaticinó Carlos Franco, "la plebe urbana". Es decir, el momento en que la muchedumbre desorganizada de talleristas y comerciantes urbanos, en asociaciones y agrupaciones instintivas, pasan de "la economía natural "a la gran ciudad. Y es entonces que se dan cuenta de su doble fuerza. Como capitalistas de estamento bajo y como factor de legitimidad en tanto que votantes. Carlos lo explicó, yo lo suscribo, la ventaja de venir del San Marcos de los 60, de cuando estudiábamos los textos sobre Feuerbach. "La libre concurrencia teje nuevas relaciones sociales por lo general explosivas". Sí, pues, Marx (no los marxistas). Mala noticia para los que se dispensaban de su lectura. Hagan como en Harvard, estúdienlo. Como Negri en Imperio.

El problema es que la plebe no es el proletario, ella oscila entre el orden y el desorden, la lealtad y la traición, el me das o te jodo. Tropel de gente venida cada uno por su cuenta, imprevisible como su comercio ambulatorio y los negocitos. Entre tanto, el ciudadano Supo busca su camino y se pone miméticamente a organizar marchas a la Plaza Mayor, lavados de banderas. Aplica el método de copiar un estilo de movilización, como los comerciantes emergentes plagian vídeos, DVD, audios.

Pero si hay que entrar en el juego de las denuncias, qué remedio, le entra al cuento. Llega así otra política a la política, desde los descompuestos segmentos que no son clase pero igual presionan. La hibridización a lo García Canclini mezclada a la contradicción a lo Mariátegui. Monsivais, en una ciudad parecida a la nuestra, se ocupa de todo eso en Los rituales del caos (1995). Es decir, de la incertidumbre de lo popular, de su ambigüedad. Incipiencia de algo que no es todavía dominante, pero ha dejado ya de ser dominado. Y menos, representado.

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Jupiterina, 15 de enero del 2004
 

Bobbio, liberal, socialista, tolerante

 

Hugo Neira
 

"Nunca me he sentido más mortal que en este momento", dijo Bobbio en una de sus últimas entrevistas. Se llamó a sí mismo "militante de la razón". Más claramente, lo contrario de un hombre de creencias. ¿No es eso un filósofo tolerante?

Hace poco me encontraba preparando una clase sobre el tema de los "intelectuales" para alumnos de maestría. Entre muchos textos, Mannheim, Gramsci, pero decidí entregarles uno de Norberto Bobbio. Por su irresistible sinceridad. Su aporte no era ni sociológico ni en la línea de la historia de los intelectuales sino "de tipo ético" y no había que tenerle miedo a las palabras. "Un discurso no sobre aquello que los intelectuales son o hacen, sino sobre aquello que deberían ser o hacer". El tema es delicado viniendo precisamente de un intelectual como el propio Norberto Bobbio, pero sorprende su modestia. "Me siento como aquel niño que derramando una vasija de agua al mar creía aumentar su nivel". Pero luego el análisis se torna excelente. Entregué el texto de Bobbio a mis alumnos, que lo trabajaron con provecho.

Bobbio acaba de morir. Fallece en Turín a los 94 años. Dicen que le afectó la muerte reciente de su esposa Valeria con la que compartió 60 años de existencia, y de su amigo Alessandro Galante Garrone. Pero en todo el ancho mundo se recuerda al pensador italiano cuyas obras son referente ineludible en Derecho, Política y Teoría de la social-democracia: la libertad pensada al tiempo que la justicia.

Gran y original liberal, muy conocido entre nosotros. En los 90, en un pasaje por Lima, Carlos Franco me llevó a enseñar a San Marcos, al postgrado de Ciencias Sociales. Propuse a varios autores, entre ellos a Bobbio, pero Carlos y otros ya lo habían hecho. Expliqué otros, menos conocidos. Entre sus obras figuran Diccionario de política, Derecha e izquierda, Italia civil, Autobiografía, Ni con Marx ni contra Marx, Liberalismo y democracia, y De senectute (sobre la vejez).

¿Por qué el interés por el filósofo y politólogo italiano? Profesor en Turín desde los años 80, fue considerado el "teórico de las instituciones democráticas''. La democracia "son los procedimientos", dice, buscando "una definición mínima". Y luego estudia en "la cruda realidad" la reivindicación de los intereses, la persistencia de las oligarquías, el poder invisible, el ciudadano no educado, el gobierno de los técnicos (que repudia) y el nuevo contrato social (1984). Influyeron en Bobbio el jurista austriaco Hans Kelsen en el área del derecho y en teoría política el inglés Thomas Hobbes, autor del Leviatán. Del siglo veinte, el italiano Benedetto Croce y claro está, Max Weber.

Quisiera recomendar la memoria de Bobbio como pensador a contracorriente. No se creyó lo del fin de las ideologías. Se reclamó del pluralismo de las ideas. Era un liberal, lo cual en Italia significa tomar distancias del clericalismo. Senador vitalicio de Italia, arremetió contra el Vaticano acusando a Karol Wojtyla de ser un "perfecto Papa de la Contrarreforma". También sostuvo que era "un deber moral" enfrentarse a Silvio Berlusconi.

Bobbio irritaba declarándose liberal-socialista. ¿Qué vendría a ser el social-liberalismo? Nada más sencillo según Bobbio: "derechos sociales fundamentales como educación, trabajo y salud, condición previa para un mejor ejercicio de la libertad". El estudio de Hobbes lleva a Bobbio a entrar en contacto con el jurista alemán Carl Schmitt, cercano al nazismo. Mantuvo una prolongada relación epistolar. Entre Schmitt, que no fue un hitleriano —demasiado culto, dice Raymond Aron— pero sí un totalitario (ningún Estado se hace sin Macht o la fuerza), y el liberal-socialista Bobbio anda el dilema político-teórico del siglo XX. El equivalente en física a la discusión entre Albert Einstein y el danés Niels Bohr. Ninguna de las dos controversias, ni sobre la materia inerte ni sobre el hombre en sociedad han concluido.

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Sabatina, 10 de enero del 2004
 

El filósofo Vattimo y el ciudadano Supo (o, así es la cosa)

 

Hugo Neira
 

Está Gianni Vattimo en Lima, de la universidad de Turín, pensador muy traducido, conocido y comentado. Y está acá para un coloquio internacional de filosofía en la Universidad Católica, realmente importante, la semana que viene, del 12 al 18, con invitados de Brasil, España, Estados Unidos, Argentina, Chile, Colombia. El tema es la tolerancia. Comienzo por Vattimo, no porque no hayan otros participantes eméritos. El mexicano Luis Villoro, al que iré a escuchar: condiciones para una ética de las culturas. O el padre Gustavo Gutiérrez, sobre tolerancia entre religiones. Pero claro, Vattimo, gran comentarista de la filosofía alemana del siglo XIX y XX, es el pensador del fin de la modernidad, la hermenéutica y la posmodernidad (y sus peligros). Su paso por Lima es celebración de esos temas. En la médula, sin ilusiones, del tiempo que vivimos.

Ocurre, sin embargo, que en la noche del jueves, cuando me disponía a gozar de las ventajas comparativas de ese coloquio, asoma en las pantallas de televisión el señor Supo (el de los mítines en Camacho, es decir, frente a la casa del propio presidente Toledo; el de "todos corruptos", pero luego nada de decir cuáles) y lo somete a unas preguntas Guido Lombardi, a las cuales Supo no supo contestar. Y no es juego de palabras, y aquí me tienen, descuartizado tal como nuevo Túpac Amaru entre la sociología catastrófica del electorado desengañado y el comentario de la filosofía posmoderna, entre el desmadre de afuera y el de adentro.

Vattimo alcanzó a ser leído no por su obra sobre Nietzsche, Heidegger, o el "penserio debole" (o sea, débil, o sea, no dogmático) sino por su análisis, en realidad, un brillante ensayo sobre la sociedad del espectáculo "un mundo de apariencias manipulada o por el poder o por la multitud de relatos válidos, y de ausencia de verdades de validez universal" (Lóizaga). Todo esto está en La sociedad transparente (1990).

¿Qué sostiene Vattimo? Cuatro cosas. 1) Vivimos en un mundo de comunicación generalizada, en la sociedad de los mass media. 2) La idea propia a la Ilustración, de que la historia es un camino de emancipación de los seres humanos, es discutible. 3) Los mass media caracterizan una sociedad no más "transparente", es decir, consciente de sí misma, más culta, sino por el contrario, más caótica, menos culta y si se quiere, chabacana. 4) La cuarta tesis es algo optimista: en ese caos, afirma Vattimo, acaso con piedad, es finalmente donde reside la esperanza.

Sin duda, ¡pero qué tarea titánica, profesor Vattimo! Repare usted en el caso del ciudadano Supo. Usted dice que en los Estados Unidos de los últimos decenios salieron a la palestra minorías de todo tipo "culturas y subculturas de toda clase". Ahora bien, el ciudadano Supo es algo de eso, un estado de ánimo, pero no de punks de allá, de homosexuales y negros, sino de la subcultura política de los que se movieron en la Marcha de los Suyos (pero se movieron otros muchos, acotó con acierto Guido) y como hoy día igual no tienen chamba —van a Palacio a pedir que los nombren directores de lo que sea— son parte de esa sociedad del ruido, deliberadamente caótica, respondona, alzada sin ser revolucionaria, donde todo vale, menos quedarse callado y, en consecuencia, doblemente jodido.

¿Quien se atreverá, en el futuro, a ser candidato? Y enfrentar, como dicen los filósofos, la cruel aporía: si no prometes, no sales elegido. Y como prometas, y en dos años no pongas al Perú al nivel de Canadá o Suiza como mínimo, mitin de protesta en la puerta de tu casa. Y ya sabes, traidor, mentiroso. ¿Cómo le llaman a eso los analistas? Ah, sí, claro, ingobernabilidad. Lo de Supo da para rato. Ilustración de la sociedad transparente y caótica del profesor Vattimo. Y con rostro y acento bien de por casa. Y un síndrome de reclamo bien bravo: "¿Por qué yo no?".

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Jupiterina, 18 de diciembre del 2003
 

Ser y estar. Popy Olivera

 

Hugo Neira
 

Al filósofo Eugenio Trías que hace poco nos visitara le escuché decir que el poseer verbos como ser y estar, que no existen en otras lenguas modernas, es disponibilidad que nos envidian. Darían una provincia semántica del inglés o el francés por ellos. No es poca cosa, en efecto, decir que algo es, independiente de toda circunstancia, ser varón, ser mujer, calidad esencial (del latín esse, existir) distinto a conjugar con estar, que es del orden de la circunstancia, de lo transitorio. Ser enfermo es algo definitivo, es ser epiléptico o diabético de por vida. Estar enfermo, en cambio, es apenas un gripazo, algo pasajero aunque ronde en el traicionero clima limeño de estos días.

Como lo que nos interesa, aparte de la gramática, son los peruanos en sus comportamientos, y en especial sus costumbres políticas, veamos los provechos que sus ínclitos profesionales les sacan a ese lujo verbal y a sus diversas aplicaciones. Por ejemplo, nuestro querido y bien apreciado Popy Olivera. Como es de público conocimiento (y padecimiento), Olivera es embajador en Madrid pero está gran parte de su tiempo en Lima. Lo inverso es también posible, gracias a la paciencia que tiene el presidente Toledo, y a la gramática, Olivera es socio en la democracia en Lima, o sea, corta y pega gabinetes, y a la vez está en Madrid.

No es el don de la ubicación sino los recursos semánticos del castellano. Es allá y está aquí. O está allá pero es aquí. No es el único que le saca provecho a ser y estar. Por ejemplo, Nidia Puelles, la nueva ministra de la Mujer, es de Perú Posible pero los de su partido no están con ella. O al revés, ¿cómo se puede ser de PP y estar contra su ministra? Es el caso de la congresista Enith Chuquival, PP, que dijo que "hay una corrupta en el gabinete" (La Razón, p. 4, miércoles 17 de diciembre). O sea, en PP los que están (en el Congreso) no son partidarios de los que son (por el momento ministros). No es el único caso.

Acaba de estar en Lima Fernando Olivera, que por lo general es embajador, concertando con el presidente Toledo lo del actual gabinete, pero ya Heriberto Benítez, del mismo FIM, o sea otro socio, sale con que Carlos Ferrero que está de Premier (por lo que dure) no es de su gusto. O sea, sí y no, y no y sí.

Si los políticos padecen de esa enfermedad del ser y estar contradictorio, y se limpian con aquello que los griegos llamaban el principio de no-contradicción (una cosa es una cosa y no puede ser otra, qué aburridos) también lo de "yo soy pero estoy en contra" aparece en otras formaciones si no políticas, sí sociales. Mientras Martha Moyano, congresista, intenta un proyecto de ley para legalizar la unión civil de homosexuales, estos, que son, y que se declaran que son, salen con que no están de acuerdo con dicho proyecto. Parece que no los han consultado debidamente.

La Moyano, que no es, es negada por lo que son pero no están. Lo de la confusión de ser y de estar alcanza las regiones más alejadas del país peruano. Toledo es tildado de neoliberal pero según una encuesta, los empresarios, que son lo que son, no están de acuerdo en un 67 por ciento con un tipo de política económica que, a todas luces, es para ellos. ¿Quién entiende este país? Entre tanto, los apristas, que se supone son el partido democrático más extendido, llamados a urnas y a elecciones internas, se agarran a patadas. O sea, son pero no están de acuerdo con los resultados. Por lo demás, Toledo se toma su tiempo y los consejeros no saben si son (despedidos) o todavía están (en Palacio).

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Jupiterina, 04 de diciembre del 2003
 

El filósofo Trías y la conciencia del límite

 

Hugo Neira
 

El paso del filósofo español Eugenio Trías, qué regocijo. Fue una semana de lo más ocupada para este cronista, fin de curso en diversas maestrías, salidas a provincias, la mar en coche, pero bueno, saqué fuerzas de flaquezas para ir a escuchar al detentor, y con justicia, de una suerte de Nobel en filosofía, el Nietzsche.

La verdad es que la pasé muy bien. No sólo por el fondo, el discurrir de un hombre afable y a la vez de firme conocimiento, sino por la forma. Sí, la manera de disertar. Tranquilo y sin powerpoint, ni falta que le hace. Un poco que me había olvidado (casi) de ese tono discurrente propio a los españoles de hoy, ese aire de serenidad aun en el debate más intenso, propio del talante democrático en habitantes de un país de transición concluida y sociedad del bienestar. No faltará el zumbón que me diga que arriba de los 10 mil dólares de renta, las ecuanimidades son posibles. Sin duda, pero la verdad, yo nostalgias no tengo, pero por un momento Trías me hizo recordar gratamente los veranos estudiosos en España, y cómo se puede discutir de todo lo humano, e incluso de lo divino, sin saltarse a la yugular.

Bueno, tampoco es que hubo grandes problemas. San Marcos, nuestro querido y siempre incandescente, estuvo de tomas y de huelgas, pero, oh sorpresa, los dioses griegos seguramente pujaron, y el español que tiene el Nietzsche en su galería de caza (qué bien luciría la cabeza del teutón con sus grandes mostachos) pudo disertar. Bravo a los organizadores, no digo por el resto. Me sospecho que hubiera habido el triple de público si disertaba Marta Harnecker, aunque ya no de "Los conceptos elementales del materialismo histórico" sino, estoy seguro, de "los riesgos de la globalización". No pude dejar de observar que Trías estaba listo a explicar Platón, como Hegel, Leibnitz, Spinoza, Marx, Heidegger, Habermas y Freud. En vez de eso en sus charlas, una platea a medio llenar, ruido en los pasadizos, micros malísimos. Pero en fin, no nos quejemos, años atrás, cuando San Marcos era apenas un campamento de Sendero, ese tipo de libertades con las ideas y el lenguaje, cuando se diserta a lo Trías, era algo imposible. Me digo, sin embargo, que no se le vio la punta de "política" a su ciclo, y lo tiene. El visitante nos propone en varios de sus libros un concepto interesante. El concepto del límite. Reconocimiento entre sujetos, referencia radical para convivir. Daré varios ejemplos de su contrario, a modo de trabajo práctico post-Trías.

Conciencia del límite que le falta al oficial (r) Antauro Humala para que deje de prometernos el fusilamiento, que ya comienza a fatigar, su giro furioso y bárbaro. Conciencia del límite para Popy Olivera, Embajador en Madrid, nuestra puerta turca para entrar y negociar con la sagrada comunidad de europeos satisfechos, y que sin embargo descuida por intentar jugar en dos tableros. Conciencia del límite para la PNP puesto que el Ministerio del Interior acaba de abrir examen a 12 oficiales involucrados en vales por compra de gasolina que perjudicaban a la propia jefatura policial. Conciencia del límite para David Waisman que reclama más puestos para PP, en nombre de un "programa de gobierno", que por lo visto él se lo sabe de memoria, como si fuera el Deuteronomio, pero ese texto sagrado el país lo ignora. ¿Así que tenían "Programa de gobierno"? Y uno con estas crenchas sin enterarse. Habrán apreciado lo útil que resulta escuchar a Trías.

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Sabatina, 06 de diciembre del 2003
 

El Impasible Aznar y el madrileño Aguilar

 

Hugo Neira
 

Don José María Aznar, Presidente de los españoles (tienen Presidente y tienen Rey, qué listos), es hombre desconcertante. Bigotito recortado, un ligero aire a Chaplín, pero no nos engañemos, el hombre es impasible. Te recita muy tranquilo su doctrina de aquí estoy yo y tengo razón más grande que un templo. En eso de la flema, se lleva de encuentro hasta a los ingleses. Ha ido con ellos a la guerra de Irak. Y hoy, caen españoles en Bagdad.

 Tanta sangre fría termina por irritar. Justo la otra noche, a esas horas en que uno debería irse a dormir, y pese a las protestas de la media naranja, me obstinaba en seguir lo internacional en el cable, me doy con narices con un discurso del Impasible, diciendo que los atentados en Bagdad, donde han muerto españoles, era algo para bajarle a él los puntos en los sondajes. Me quedé de una pieza. Me juré escribir sobre la materia y en esto que abro, al día siguiente, el diario El País. Miguel Ángel Aguilar firma un artículo de los suyos. Trata de los riesgos de las tropas españolas, y lo subtitula "De nuestro corazón a los asuntos" (El País, 2 de diciembre). A Miguel lo conozco de hace una punta de años. De cuando escribíamos, bajo Franco, contra Franco, y ahí está la gracia. Antes, mucho antes de los prados celestiales de la Monarquía liberal, cuando preparábamos, sin saberlo, lo que hoy se llama la Transición. Así es la vida, Miguel, unos calientan el té y otros se lo toman. Vienen luego los que se sientan a la mesa de la gloriosa Transición bien servida. Bueno, a lo que iba, te cito pero en "fragmentos", no vaya a ser que nos pasen la cuenta. Que en lo de la globalización tus paisanos han entrado pisando fuerte, te cobran hasta por estornudar ante la página web de El País. Pasajes de tu artículo, nada más que eso. Pero qué buenos, Miguel. Periodismo de cabreo y verdades de a puño.

Comienzas por decir que están en España muy conmovidos por la muerte de los siete militares del Centro Nacional de Inteligencia abatidos en una carretera a 30 kilómetros de Bagdad. Y de ver las escenas que ofrecieron las televisiones "con la chavalería bailando sobre sus cadáveres". Pero te choca el provecho que le saca el Presidente Aznar a la cosa. Así: "Desmentido el refrán que apuesta siempre sobre lo peor de la condición humana, acabamos de verificar que hay consenso absoluto de todas las fuerzas políticas de oposición para desmentir la agraviante afirmación, nunca rectificada, del presidente Aznar el pasado agosto, cuando al concluir el despacho con Su Majestad el Rey, dijo a los periodistas a las puertas del palacio de Marivent que los socialistas y demás pérfidos acompañantes, empecinados en oponerse a la guerra de Irak, andaban deseando que llegaran cadáveres de nuestros compatriotas allí destacados para horadar la imagen del Gobierno. ¿Por qué atribuir a los demás tales vilezas?"

"Añádase enseguida, que el Gobierno aznarista queda desautorizado para instrumentalizar a su favor la desgracia o para excluir a los demás con el intento falaz de patrimonializar en su favor el sentimiento que a todos nos embarga. A partir de ahí cuando hayamos honrado a nuestros muertos se impondrá el debate porque tampoco Aznar puede hacernos comulgar con afirmaciones sobre las que se puede discrepar sin merma de patriotismo. Por ejemplo, es legítimo discrepar del principio aznarista. Nadie está obligado a suscribir que la presencia de nuestras tropas en Irak forma parte de la lucha antiterrorista entre otras cosas porque en aquel país bajo el genocida Sadam Hussein se producían desastres sin cuento pero terrorismo no había, ni nacional ni internacional. El terrorismo, lo que los diarios como The New York Times o The Washington Post prefieren llamar resistencia, ha venido después de la invasión angloamericana que ha brindado de paso una magnífica plataforma para otros grupos adictos a la práctica del terror bajo las más diversas invocaciones". Más claro, ni el agua. Desde Lima, Miguel, un abrazo.

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Jupiterina, 27 de noviembre del 2003

Beatriz. Perséfone. María.

 

Hugo Neira
 

Beatriz, nombre de mujer. Célebre alegoría. Un regalo del Dante. "En medio del camino de la vida, errante me encontré por senda oscura por donde la recta vía era perdida" (¿Voy bien, Chiappo?). No hace mucho que nuestra peruana Beatriz está en el ágora pública, para llamar de manera no insultativa el actual charco de facciones legislativas y palaciegas. ¿Y ya la quieren expectorar? Pese a que lo propio de las Beatrices es eso, conectar al afligido errante con las deidades celestes. En este caso, cuotas altas de aceptación. Una Premier con agenda. Reforma Tributaria. Reforma del Estado.

Desde julio, cinco meses de gestión (y de indigestión de muchos) y unos resultados aprobatorios que no te lo crees. Llega esa dama con un 39 por ciento y anda ahora en el 65. ¿Y la quieren sacar? No pretendo ser original sino sensato, y por eso no me duelen prendas repetir lo que ya dijeron algunos de mis colegas (Santiago Pedraglio, Juan Carlos Tafur, César Hildebrandt). Eso es suicidio. Por lo demás, las malas lenguas dicen que hay quien en Palacio carbonea al Presidente. Si fuera así, la cosa tiene respuesta. El tirón encuestador de Beatriz Merino, cómo negarlo, significa unos puntitos más para la silla presidencial, si es que no median trapisondas de sobrinos o disparates jurídicos a lo Raúl. Y bueno ¿donde está el mal? Más de un jefe de Estado ha vivido con ministros populares. Presidente y Premier, no lo olvidemos, son legitimidades diferentes. Pero creo conocer al Presidente Toledo, y no me creo eso de los celos. No.

Dicen otros que Beatriz —alegoría del amor divino, ¿voy bien, Chiappo?— quiere "sus" técnicos. La verdad, yo tampoco me creo mucho lo de los jóvenes técnicos, es un mito que la política puedan hacerla los no-políticos. Los expertos son buenos para ocuparse de los medios o procedimientos. Pero en fin ¿por qué no? El gran Mitterrand admitió los técnicos del primer ministro Bérégovoy. Un ratito. Luego volvió al gabinete partidario. Y luego, mixto. Hombre, gobernó gracias a esas flexibilidades, unos 14 años. Si la crisis no se explica ni por exigencia de posibles ministros "suyos", ni una lectura retorcida de las encuestas donde alguno habría soplado sobre las brasas de la susceptibilidad presidencial, ¿entonces, qué? No quiero creer en lo que muchos señalan: la bancada de PP, o el FIM, o ambos, quieren carteras. Dios santo. Y eso no es Beatriz, claro. Eso es Perséfone. Alegoría del desastre. Perséfone o Core, dice el mataburro o diccionario, deidad griega, hija de Deméter y de Zeus, y reina de los infiernos, la Proserpina de los romanos.

O sea, el gobierno se pone a gobernar en nombre de la correlación de fuerzas Palacio-Congreso. La idea no estaría mal salvo un detalle: las tiros no van por ahí. En este mismo instante Junín está en huelga, Moquegua le hace la guerra a Arequipa por el agua (esa es otra, ya no hay patria, intereses generales, hay regiones). Y en el Poder Judicial, no se oye padre. En tales revueltas, los señores congresistas ni pinchan ni cortan. Los que si pueden dar la cara son ministros del actual gabinete que se irían con Beatriz. De modo que la pregunta es evidente. Digna de comisaría de barrio. A quien beneficia el crimen. Sencillito: a los que quieren acortarle la vida a esta Transición. Ahora bien, si se bajan a la beatífica Premier, me temo que la figura alegórica no será Perséfone sino María, madre de Dios, y a rezar, otra democracia reventada. Por nuestro mayor pecado: la politiquería.

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Jupiterina, 20 de noviembre del 2003
 

Cuando los globales eran locales

 

Hugo Neira
 

La globalización es el gran tema. Alimenta coloquios y debates, agenda de políticos y empresarios, profesores y estudiantes. La globalización se percibe frecuentemente como una occidentalización global. Si esto es cierto ¿cómo Occidente llegó a ser Occidente? Amartya Sen tiene una lectura particular que conviene ser tomada en cuenta. Lo que lo hace doblemente interesante es que habla desde un lugar donde no ocurrió centralmente ni el Renacimiento, ni la Ilustración ni la Revolución Industrial. Amartya Sen es de la India y premio Nóbel de economía.

Su razonamiento, que no deja de ser irónico, nos translada al año mil después de Cristo, cuando ni la tecnología ni el progreso eran occidentales. Ahora bien, razona el hindú Amartya Sen, si para salir del subdesarrollo histórico alguien hubiera buscado un modelo, entonces habría reparado en uno. Un lugar del mundo conocido donde se contaba con un producto llamado papel, imprenta, pólvora, buenas aduanas y guerreros para poner impuestos al comercio y una excelente administración. Esto último, compuesta de letrados reclutados por concurso público. Ese reino ideal no era ninguna utopía, en una isla, a la manera de Platón o de Tomás More, sino la inmensa China (la China siempre fue y será inmensa).

La globalización del año mil, añade Amartya Sen, transladó todo eso a una Europa que ni inventa la pólvora ni la imprenta pero que las incorpora. Con las consecuencias que sabemos: sin la imprenta, la difusión de eso que desde entonces llamamos libros era imposible, y con la lectura directa, incluyendo los textos sagrados, la Biblia se populariza, y escapa al control de los "funcionarios del cielo" (Max Weber) y estalla la Reforma protestante, y emerge el individuo libre, y luego el capitalismo. La paradoja europea es que se construye tomando lo ajeno. No tenemos leyes, parecen decirse esos europeos en su edad de tinieblas mediovales, pues asimilemos el único antecedente normativo, leyes como Roma. ¿No sabemos razonar con lógica? Los árabes han traducido a los griegos. El árabe, sin el cual no se entendía ni las matemáticas ni la ciencia médica de entonces, fue la lengua obligatoria de las primeras universidades, junto al latín. Entre los siglos II y IV, los matemáticos árabes habían desarrollado el sistema decimal, redescubierto el cero, y un tal Al-Jabr wa al Muqabilah inventó lo que de alguna manera lleva su nombre. El áljebra.

Esta lectura del "periférico" profesor Amartya Sen la corrobora la historiadora europea Agnes Heller. La identidad europea no es una identidad "natural" (étnica, racial, o alguna otra tontería). La figura mitológica de la ninfa Europa raptada por Zeus es griega. Los habitantes se identificaron como cristianos, y su "urbs" o centro fue Jerusalén, al que no pudieron rescatar. Cuando surgieron los Estados-Nación se hicieron durante siglos guerras nacionales y religiosas. Fue precisamente ese desorden, esa diversidad, lo que hizo surgir la modernidad", como un efecto, dice Agnes Heller, "de la unidad en lo múltiple". No pararon de copiar, imitar, pillar y adaptar. Por lo menos hasta el XVIII. En que ya fueron.

¿A qué viene esto? Al extraño parecido con nuestra diversidad latinoamericana, a la virtud de lo híbrido que sostiene Néstor García Canclini. Las identidades, que algunos creen amenazadas, por lo demás no son definitivas. Son flexibles, contingentes, múltiples. La historia cultural y social es una progresión ilimitada de otras cosas, de otros saberes y tecnologías. La tradición siempre es autocreada. La cosa es que, siendo creativos en lo cultural, debatíamos con el profesor venezolano Lanz, invitado en la Católica por Gonzalo Portocarrero, en lo político se complica. No salimos en dos siglos de conquistar la democracia y luego, perderla. Pero ese es otro tema. Otra jupiterina.

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Sabatina, 29 de noviembre del 2003
 

Trías. Bienvenido

 

Hugo Neira
 

Un filósofo está entre nosotros, el español Eugenio Trías. La filosofía de los límites, la razón crítica, el lugar del pensar, Trías. No alcanzo, por mi parte, en este preciso momento a determinar en qué circunstancia lo he leído o escuchado, escribo de memoria (la mayoría de mis libros están todavía en un almacén), pero igual recuerdo lo que dijo ante una pregunta venida del público, "el postmodernismo es una fatiga occidental, no la suya". Lo propio del filósofo es el asombro. Su tarea la pasión. "La pasión en su caso es un hábito", "La pasión en el filósofo lleva a la interrogación. No importa si se hace preguntas que no se puedan responder". Trías.

Ama a Nietzsche, a quien suele explicar. "Así hablaba Zaratustra", el libro en donde está con más intensidad. No la idea de la voluntad de potencia (que se prestó a fraudes), sino la formidable de creación de valores que los ignaros que lo ignoran llaman nihilismo. Ama el español Trías a Pico de la Mirándola, el renacentista, fascinado por el hecho de que fuera un racionalista abierto a otras corrientes como la cábala o adivinación: "Cuando Dios hizo el mundo, todo tenía su sitio, todo, las plantas, los animales, y entonces, no sabía a dónde poner al hombre, y decidió que el hombre fuera libre, y esa libertad hace que pueda llegar a los niveles de los ángeles, pero en la maldad, más allá del animal, de la bestia, a regiones demoniácas". O acaso el hombre estuvo creado por Dios y puesto en el mundo —es una tesis rabínica— para ayudar a terminar la obra de la creación. El séptimo día es todo el tiempo presente. Interminable.

¿Cómo es que ha llegado a Lima? En la tarjeta de invitación a su conferencia, lucen por igual el sello del Instituto Nacional de Cultura y el de la Embajada de España en Perú. Lo cierto es que ambos invitan "al encuentro del filósofo español con la comunidad filosófica peruana" en la Casa Museo José Carlos Mariátegui (jirón Washington 1946, Lima) este próximo martes 2 de diciembre, a las 19 horas. Me atreveré a decir que la comunidad filosófica lo somos todos. El lector queda invitado.

En cuanto a sus libros, me temo que no anden todos por nuestras librerías y bibliotecas. Con un poco de suerte pueden encontrarse La filosofía y su sombra, 1969. Filosofía y carnaval, 1970. Meditaciones sobre el poder, 1977. Y, en especial, su Tratado de la pasión, 1979. No sé si nos habrá llegado El cansancio de Occidente. Una conversación", 1992 (con Rafael Argullol). Entre ellos andan sus argumentos sobre la experiencia del límite, el concepto acaso clave de su razonar, la experiencia mayor de la existencia misma que da sentido a todo el resto. Algo de lo que otro filósofo, el italiano Vattimo, llamó el "pensiaro debole", es decir, el pensamiento débil. Pero no nos engañemos, bajo tan modesto rótulo se halla el deseo de "recontextualizarlo todo". Ante la ontología del declinar, una "filosofía de la mañana". Acaso por eso llega Eugenio Trías a este finisterre. Ama los finisterre.

Dice que España es uno de ellos, la tierra extrema de Europa. Como Hispanoamérica, "Como ha surgido una gran narrativa", vendrá otra cosa "Estamos en la etapa constitutiva de nuestro pensamiento". Puede que para ello haya que hacer estallar los géneros. Narrativa de pensamiento. Una y otra cosa. Como esta nota. Crónica volandera y a la vez seria, pero no demasiado. No vaya a ser que el lector sospeche el aburrimiento. No lo crea. La verdadera filosofía es una fiesta. Como escuchar al sencillo y profundo Eugenio Trías.

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Jupiterina, 16 de octubre del 2003
 

El Papa

 

Hugo Neira

 

Hace veinticinco años el mundo fue sorprendido por un hecho inusitado. En Roma un Cónclave de cardenales elegía Papa a un cardenal polaco. El nombre y la figura sólida y enérgica de Karol Wojtyla entraba en la historia. Hoy, el pensador polaco Adam Michnik, uno de los intelectuales de "Solidarnosca" (en realidad, un sartriano de la libertad), uno de los que condujeron la marea social polaca que acabó con la legitimidad obrera del comunismo, recuerda esa circunstancia en las páginas del gran diario italiano L'Espresso. Se esperaba, dice, hace veinticinco años, muchas cosas del nuevo Papa. Acaso la lucha por la paz, una mayor consideración por esa Iglesia polaca martirizada bajo el nazismo y por los regímenes prosoviéticos, la continuación de la heroica resistencia del cardenal Wyszynski. Sucedió todo eso y mucho más. Juan Pablo II no respetó los sacrosantos acuerdos de Yalta. La Iglesia alentó la insurrección pacífica de las masas polacas y centro-europeas que desbordaron a la ortodoxia moscovita. El báculo del Papa obrero hizo girar el mundo. Las cosas como son.

Karol Wojtyla, polaco y de origen popular, conocía el mundo del trabajo, a los trabajadores, a los que trata como "personas" y, en consecuencia, no sólo aceleró la descomposición del sistema usurpador que se decía socialista y que no fue sino una vasta usurpación de burócratas. Ante el mundo ahíto del capitalismo avanzado de hoy, no ha cesado de recordarle el hambre y el dolor del otro lado de la humanidad.
En un mundo en perpetua transformación, Juan Pablo II se ha dado como misión intraiglesia ser el guardián de lo inamovible. Pero hay que agregar que el agitador social que es, hacia dentro, es un ortodoxo. Hoy, todos nos conmovemos ante sus palabras, sus gestos. Lo vemos visiblemente sufrir. El espectáculo de este anciano, de este continuador de Pedro, es desgarrador. Cómo no admirarlo por su coraje moral, por su entrega. El Papa está enfermo, cada vez más disminuido.

"Creador de puentes" lo ha llamado uno de sus biógrafos. Uno de sus primeros gestos en el pontificado, en efecto, fue la visita a Marruecos, tierra del Islam, y un discurso ante 50 mil jóvenes musulmanes. Luego, en 1986, la visita a la Sinagoga de Roma. Es el Papa quien recibe a Gorvachev. El que le escribe a Bush padre para que no haga la primera guerra en Irak. El que viaja a Cuba. A Egipto. Al Sinaí. 102 viajes. Nadie lo ha hecho tanto en la historia de Roma. A la caída del Muro de Berlín exclamó "Dios ha hablado". Un gran diario europeo, Courrier International, se pregunta en estos días por la Iglesia que deja Juan Pablo II. En las páginas de una gran encuesta, como es corriente en esa excelente publicación, afirman que si bien ha reconciliado el catolicismo con otras religiones no ha soldado las fisuras internas. ¿Quién lo sucederá? El nombre de los papabilis —el cardenal de Milan Dionigi Testamanzi, acaso uno latinoamericano— ya están en todos los labios. "El porvenir del catolicismo está en el sur", dice el teólogo americano Philip Jenkins.

PD: Tiene razón Pease: todos los políticos hablan a la vez, "nos desestabilizamos". Mientras tanto, lo que intenta el presidente Toledo en Francia y Alemania se volatiza en una nube de cháchara cortesana de si RDC para arriba o para abajo. ¡Qué frivolidad!

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Sabatina, 11 de octubre del 2003
 

Schwarzenegger

Hugo Neira
 

Ha arrasado en las urnas. En una California que por el tema de subsidios y heterogeneidad étnica venía votando en los últimos años por los demócratas. Schwarzenegger es un terremoto, como los que afectan cada cierto tiempo las bases sísmicas de Los Ángeles. No todo es de lamentar. Los demócratas se aferran, dice el corresponsal de "Jornada", al voto de consuelo. Perdieron la Gobernación pero no pasó la propuesta 54. ¿En qué consistía dicha propuesta? De aprobarse, la gente californiana hubiera sido clasificada según su etnia o país de origen, lo que era volver a fojas cero el esfuerzo de integración de generaciones de inmigrantes de origen latino o hispano o asiático. La enmienda fue rechazada por un 58,9 por ciento. El propósito de volver a América una sociedad de castas, algo como la India, tendrá que esperar, pero no están lejos.

Esto nos lleva al elector de Schwarzenegger. ¿Un producto de las canteras republicanas? Ni se lo piensen, la cosa es más complicada. Lo han favorecido con sus votos los más jóvenes, y la gente del cómodo suburbio, los barrios de estilo de vida "light", pero más allá del voto mundano están los datos que si preocupan a la clase política por entero. Han votado por Schwarzenegger el 40 por ciento de los obreros sindicalizados, un 30 por ciento de latinos que se suponía era el electorado demócrata por el tema de las ayudas en educación y en salud. Por Schwarzenegger han votado, qué duda cabe, ocho de cada diez blancos e incontables mujeres, los T-shirts con la efigie del actor inundaron Los Ángeles. Votaron por Terminator no sólo las hembras jóvenes sino las viejas y las obesas después que el actor dijera, con acento austriaco, "que no tenía problemas en follarse una gorda de 150 kilos". Ha habido torrentes de testosterona en esta campaña.
Y aquí deben asaltarnos las dudas. ¿Es así, realmente, el actor de origen austriaco? Se le sabía más fino, más culto, con una licencia en matemáticas. Al parecer, ha alternado las pesas y los estudios, y un doctorado en economía. Es además austriaco, o sea, en nada el típico cowboy que tenga una relación con los libros como el Conde Drácula con los crucifijos, vale decir de espanto. La cuestión es otra. ¿Hay que ser vulgar para imponerse en los sufragios?

Con Schwarzenegger, dicen los grandes diarios americanos, llega la ola conservadora al extremo oeste. Pero llega hablando de maricones y de brownies. En Washington, se dice, temen no al actor sino a sus clones. Es decir, que aparezcan otros como él, gente fuera del partido demócrata y del republicano. En el gran vecino del norte hay fatiga ante la clase política tradicional y sus partidos, como en otras partes. En California no han podido resolver el tema de la electricidad después de una millonaria privatización, ni los de educación, empleo, salud. No vaya a creerse que los profesionales de la política entre los demócratas no han hecho lo imposible por cerrarle el paso a Terminator. En 6 mil puntos de la extensa California, hubo unos 10 mil promotores voluntarios. Y se pasaron 6 millones de llamadas por teléfono. Pero Terminator arrasó igual. Tiene lemas que estremecen: "Para que el pueblo gane, tienen que perder los políticos". No ha vencido sólo el hombre musculoso que no tiene reparos en acariciar gordas y viejas y decirlo, sino algo distinto, inquietante. El actor, que en la vida corriente es un tranquilo padre de familia con muchas hijas, resulta que tiene que presentarse como un energúmeno de la América blanca, brutal y homofóbica para arrasar en las urnas.

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