El futuro de la democracia. ¿Realmente?

Escrito Por: Hugo Neira 115 veces - Nov• 04•19

¿Conocemos a Norberto Bobbio? Italiano, aunque su familia era filofascista, estuvo en la resistencia italiana a Mussolini, con el tiempo un socialista liberal, siguiendo a Piero Gobetti (a quien admiraba José Carlos Mariátegui) y a Pareto, y luego de 1946, en economía seguía a Hans Kelsen. Era un tanto socialdemócrata pero se alejó de la política, sin dejar de aportar con sus enseñanzas. No estuvo a favor de las Brigadas Rojas (la versión italiana de Pol Pot y de Sendero Luminoso) cuando secuestran y matan a Aldo Moro. Tampoco lo pudo comprar la mafia. «Fue un firme partidario del principio de legalidad, la limitación y separación de los poderes, y al mismo tiempo, como socialista, se opuso a la tendencia autoritaria y antidemocrática de la mayoría de comunistas italianos.» Estaba a favor de un «compromiso histórico», «un reencuentro entre el socialismo y la democracia por una política de paz» (Wikipedia).

Y bien, ¿qué tiene que ver con  nuestros problemas actuales? Seré sincero, en Bobbio me estremecen su conceptos, su boga, su vigencia. «Si la democracia no ha logrado derrotar totalmente el poder oligárquico, mucho menos ha conseguido ocupar todos los espacios en los que ejerce un poder que toma decisiones obligatorias para un completo grupo social». Caray, ¿qué pasó? ¿Don Norberto se está paseando por la Alameda de Santiago? Bobbio para los días que corren, no se ocuparía de ‘democracia representativa’ o ‘democracia directa’. Tampoco si es cuestión del poder de pocos o de muchos. Sino eso que él llamaba «poder ascendente y poder descendente». Eso se le puede preguntar al presidente del Ecuador, al que el pueblo le dijo nones luego de un nuevo emprestito del FMI. O a un Evo Morales que no quiere irse, o a los peronistas que volvieron, pero qué tontería estoy diciendo, ¡nunca se fueron! Años atrás, conocí a Juan Domingo Perón, entonces exilado, viviendo en Puerta de Hierro, Madrid, en gigantesca mansión, invitado por Francisco Franco. Así son las cosas, ellos se entienden. Y le dijo al peruano: «Por mí votaron los padres, luego los hijos, y por mi votarán los nietos». Y así fue. (Me ocuparé del peronismo uno de estos lunes.)

Volviendo a Bobbio, ¿por qué usa conceptos como subgobierno, criptogobierno, y poder omnividente? Con el tiempo y con lo que nos ha pasado, comienzo a entenderlo. Lo de subgobierno fue Alberto Fujimori con Vladimiro Montesinos. Por cierto, maestro epónimo de estos días en todo lo que se ha vuelto red de posverdades y psicosociales permanentes, para manejar las muchedumbres, tiempo de mentiras el nuestro. La realidad sin embargo es otra. Pero no hay tiempo para lecturas, ni de diarios, ni revistas y menos libros. La plaga de la no lectura es más fuerte en el Perú que en otras sociedades. En fin, subgobierno puede ser también según Bobbio, gobiernos de tecnócratas. Es el caso del Perú de presidentes improvisados, Toledo, Ollanta, etc.

Ahora bien, la tarea de delegar la economía a expertos no es un daño. Pero malo cuando no se gestiona adónde van los beneficios. Si solo van a los bancos, o de preferencia a  las clases altas, entonces se siembran desalientos. El de Chile es uno de ellos. En el Perú, puede ser distinto, puesto que la informalidad ya es una forma de abandono de la sociedad formal y el Estado. Lo de cripto, es posible que haya estallado en Santiago. «Un conjunto de acciones realizadas por fuerzas políticas». No creo que de chilenos. Apuesto a que son pocos. Ya sabremos, la mano de Cuba es larga, muy larga, no solo llega a Caracas, que es una colonia de los cubanos.

Bobbio habla de las «dictaduras invisibles». ¿Son esas que se insertan en supuestas democracias? ¿Y de dónde viene la debilidad de la democracia actual? Ocurre cuando la ideología dominante hace creer que ese liberalismo —hay otros— es la economía de mercado y como teoría, el Estado mínimo. Pero como vemos, provoca estallidos sociales por todas partes. De Europa a Chile —nave insignia del neoliberalismo impuesto por el departamento de Estado de los Estados Unidos— y Pinochet. No lo modificaron, ni conservadores ni socialistas. Y ahí tienen el resultado. No todo es negocio.

Este es un asunto del siglo XXI. Podemos fatigar los clásicos, diversos autores y pensadores —Locke, Montesquieu, Kant, Adam Smith, Constant, Tocqueville— pero los clásicos no conocieron los fenómenos actuales. Y si pisamos tierra, podemos considerar que justamente, esa forma de producción de bienes que llamamos capitalismo, se sostiene sobre una doctrina económica liberal que tiene como meta la disminución brutal, o paulatina, de eso que se llama Estado. En suma, la democracia que reparte consumismo, tiende a la despolitización. A que las relaciones de los individuos solo sean de individuos entre sí. Me apoyo en Bobbio, el liberalismo económico hace inútil el liberalismo político. Lo desgasta. Y vienen las sustituciones.  Chávez y compañía.

¿Adiós al Estado benefactor en Europa? ¿Adiós al ogro filantrópico? Así lo llamaba Octavio Paz. Nunca fue rival del PRI, pero tampoco estuvo en la clase política mexicana. Sensato Premio Nobel, Octavio Paz. ¿Qué queda entonces?

Escuchemos a un especialista en estudios sobre la América Latina. O sea, uno de esos académicos neutrales, en la medida que al ser humano le sea posible, y lo que nos dice: «Después de decenios de gobiernos autoritarios, los países de la América Latina progresaron hasta llegar al campo de las democracias, hacia 1980. Pero esas democracias restauradas, no son como los regímenes representativos del ayer, son herederos de dictaduras». (A la sombra de las dictaduras, Alain Rouquié, que ha estudiado minuciosamente Brasil, Argentina y México, desde un cargo de Embajador. Formado en Sciences Politiques, ilustre amigo que ha tenido la sensibilidad necesaria para que, siendo francés —es decir, cartesiano— logre entender nuestros laberintos nacionales. No es fácil.)

Conviene, pues, recordar que en Perú, en los 80 y hasta el fin del siglo, las izquierdas redescubrieron el camino de los urnas. Eso es Alfonso Barrantes, eso es Julio Cotler (Democracia e integración nacional, 1980. El intitulado lo dice todo). Pero en 1989, Clases populares, crisis y democracia en América latina. ¿Qué y quiénes interrumpen el entusiasta decenio del 80? Quién va a ser, una secta que mata perros e interrumpe un acto electoral en Chuschi. Sendero Luminoso produce su contraparte, la autocracia de los 90. Es curioso, cuando se quiere echar la culpa de nuestras desgracias y se busca un chivo expiatorio, atacan a Velasco. Pero rara vez recuerdan los apagones y los toques de queda de esos años.

No se qué pasará en Chile. Pero su problemática desborda límites nacionales. Tres posibilidades. Uno, se calman, se establecen reformas profundas. Pero no creo que la calle —el gran poder— ceda. Intentan una constituyente, es la segunda posibilidad. Pero no quieren ser parte de las instituciones democráticas actuales. Quieren experimentar. Establecer nuevas formas y maneras. Sin embargo eso no solo ocurre en Chile. En Uruguay, gente por lo general joven, sale a la calle con esta consigna: «estamos hartos de la normalidad». Si esto es así, el tema es más cultural, más profundo. Y como lo escribe Rouquié, «el enigma de la democracia en la América Latina».

Publicado en El Montonero., 4 de noviembre de 2019

https://elmontonero.pe/columnas/el-futuro-de-la-democracia-realmente

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