La increíble Rusia de hoy y la invasión de Ucrania

Escrito Por: Hugo Neira 152 veces - Feb• 28•22

Se llamaba República de Ucrania, su capital, Kiev; superficie de 603’700 km2, población de 44 millones de habitantes. Idiomas: ucraniano (oficial), ruso, turco-tártaro, rumano, húngaro, búlgaro, polaco, alemán, eslovaco, bielorruso, griego. Moneda, la grivna. Es una república unitaria joven, su sistema de gobierno presidencialista parlamentario, con un Jefe del Estado, Volodímir Zelenski, outsider actor de cine elegido en el 2019. Durante los años del poscomunismo, el intervencionismo occidental (Irak, Yugoslavia) rompió los acuerdos internacionales, y la ampliación de la OTAN al Este fue «un error fatal de la política americana desde el fin de la guerra fría», según el americano George F. Kennan, gran arquitecto de la política de contención de la expansión soviética.

La intervención militar de la Rusia actual ha cambiado el juego. Antes de proseguir, conviene saber qué es esa Rusia donde ha desaparecido el Estado soviético en 1991. No ha habido restauración alguna del sistema de la antigua URSS, ni acaso la implantación de un sistema capitalista. El ataque a Ucrania repercute en toda la Europa Oriental. Miren bien el mapa de esa zona cercana a Rusia y Moscú. Ucrania está al lado de Bielorrusia, Polonia, Moldavia, Rumanía, y más abajo, hacia el Mar Negro, Turquía. Más al norte, hacia el Mar Báltico, Letonia, Estonia y Lituania, naciones hoy independientes de la ex URSS, y países limitrófes con la Unión Europa.

Para responder a la pregunta cómo funciona la Rusia de esta época, hay estudios muy claros. Acudo al del CERI (Centre d’Études et de Recherches Internationales) que conozco, le tengo confianza y tengo a la mano la descripción de la Rusia poscomunista. ¿Cómo funciona entonces? En realidad, reuniendo a tres sistemas: la política, la burocracia y la oligarquía, que gira en torno a Putin.

Lo que voy ahora a decir es algo increíble. La clase política rusa, tras modificaciones en el sistema estatal y en los cargos administrativos, pasó de ser funcionarios de la URSS a volverse empresarios durante 15 años. La burocracia por sí misma pasó a ocuparse de la economía. Rusia ha tenido y tiene una rara clase social de burócratas y hombres de negocios a la vez. Es inútil enterarse que la corrupción se ha disparado puesto que los que podían controlarla son los mismos que la adaptan al sistema. Es el triunfo de la «propiedad privada», la posibilidad de intercambios dentro de los lazos familiares y sociales. Se forman redes que son mafias rusas, dice uno de los investigadores, Arcadi Vaksberg  (La Mafia russe, Albin Michel, París, «administración sin fin ni ley»), en la página 21 de su texto. Pero hay algo más. La burocracia rusa ha pasado del 1,8% al 4,9%, más que en la sociedad francesa y la americana.

Una de las investigadoras así resume a la Rusia de hoy: «Le triomphe des bureaucraties», y lo firma María Mandras, profesora en la escuela de Sciences Politiques de París. En el equipo de investigación estuvo el sociólogo Igor Kliamkine, vicepresidente de la fundación Mission Libérale, en Moscú. Y Robert Orttung, investigador y docente en el Transnational Crime and Corruption Center, y que es profesor además en la American University George Washington. Y Louise Schelley profesora de Ciencias Políticas en la misma institución.

¿Cuál fue el gran cambio? La reforma estructural. Convencidos del muy alto nivel de corrupción que se había instalado en Moscú y en la inmensa Rusia, la estrategia que se empleó se inicia en 1985 dando paso a la perestroika de Mijail Gorbatchov, sin dejar duda alguna sobre la función estratégica de la administración a todos los niveles de gobernabilidad. Quienes se ocuparon de esa selección fueron los tchinovniki (funcionarios secundarios) que gozaban de simpatía. Pero no era fácil elegir sin hacer un gran daño al Estado tomando en cuenta que las estructuras administrativas habían consolidado los territorios, las poblaciones. Se puede decir, sin faltar a la verdad, que esa capa social de funcionarios formaba una casta, y con los reformadores, después de los comunistas, estaría reemplazada por liberales, empresarios, o sea, para decirlo con claridad, otra «sociedad civil». Como se puede entender, era algo muy complejo. Se podía producir una resistencia entre «reaccionarios» y «modernizadores».

Parece increíble, por supuesto que hubo una trama de interrelaciones y interdependencias personales —como dicen los investigadores—, pero lo cierto es que entregaron la autoridad a los funcionarios mismos. O sea, el viejo Estado soviético se salva «mediante sus propios administradores». Estas modificaciones comenzaron en agosto de 1991 cuando el régimen de Gorbatchov se desploma, y el partido es dirigido por Boris Eltsine.

Hay que tener en cuenta que el federalismo del Estado soviético es también una modalidad de «regionalización» compleja. No deja de ser importante que Rusia comprende 21 repúblicas, 49 regiones (oblast), 6 territorios (krai), 11 distritos (okrug) y 2 ciudades con la calidad de estatus federal. Se comprende entonces que la reforma burocrática tomó unos 15 años.

La Rusia de hoy distribuye a los oligarcas las grandes empresas, los medios de comunicación y la administración local en cada lugar del inmenso país. ¿Pero cómo se puede progresar si la esfera económica está criminalizada? Con la krycha, palabra rusa que significa ‘techo’: quien tiene un gran negocio es protegido si el ilícito es de grandes volúmenes (protection racket). Si el lector de esta nota quiere saber más sobre esta Rusia que no es ni soviética ni la de los zares, puede conseguir La mafia en Union soviétique, de Virginie Coulloudon (J.C. Lattes, París, 1990).

No vivo en Rusia y los pocos sucesos salen rara vez en la prensa mundial —ya lo saben— pero hay algo que me confunde. El presidente Putin mismo los llama los «oligarcas», esos que él mismo ha reunido en esas nuevas condiciones de capitalismo criminal, y los trata de «incapaces», «ineficientes», «reaccionarios», «corrompidos», y probablemente busca otra desburocratización. Rusia no es un Estado de derecho. Putin pertenece a esos países donde manda una sola persona, es un Daniel Ortega ruso. Los diarios de Santiago están llenos de los efectos económicos posibles de los ataques de Rusia cuyo ejército es solo menor ante el de los Estados Unidos. En tanto que poder económico, Rusia es la 11a mayor economía del mundo por su PBI que viene creciendo un 4,7%. Tiene petróleo, «es el segundo mayor productor de crudo del mundo» según El Mercurio del 26-2-22. Es el mayorproductor de gas natural del mundo y principal exportador, con reservas inmensas. No nos confundamos, no estoy diciendo que el comunismo produce más que las democracias, hay que saber el ranking de producción de los principales minerales y metales. Desde el cobalto al cobre o el zinc.

Una opinión personal. La riqueza de Rusia no viene de la ideología de Hegel o de Marx, sino del impulso dado por Lenin. No solo hizo una revolución sino que la gran metamorfosis fue sumar a los poderes de los sóviets el de los bolcheviques que transformaron la sociedad para ingresar a la revolución industrial, como lo explica desde hace años, la profesora y especialista de Rusia, Hélène Carrère d’Encausse.  No es solo el partido, es el Estado, un sistema de poder, y millones de habitantes.

¿Qué pasó en este continente nuestro de revoluciones que no lograron acabar con la miseria? Es que no entendemos que un régimen feroz no es lo que produce la emergencia de una potencia. No es solo el genio de la política que tuvieron los bolcheviques en 1917 sino el conocimiento de la modernidad industrial que nosotros no tenemos. Seamos francos, ninguna de las repúblicas de nuestro continente ha salido de lo que somos, vendedores de materias de extracción. Sino seríamos otros pueblos. Otra historia. La Rusia de Lenine creció mirando hacia las sociedades industrializadas, pero muchos de nosotros han creído que solo se necesitaba el poder. En cambio, nosotros hemos perdido a los reformadores, a los intelectuales y sabios, por eso estamos así. Nada bien. No nos hace falta un nuevo orden político-social. Lo que nos falta es una civilización industrial. Seremos libres cuando floten barcos construidos en nuestros puertos, atraviesen los océanos con fletes destinados a otros continentes porque habremos modernizado la agricultura tradicional de los Andes que hoy no puede competir. No estoy hablando de Estados Unidos o de Europa sino cómo, del otro lado del Pacífico, los países asiáticos han modificado su producción, que es la manera de ser moderno. Japón, Corea del Sur y la China son el ejemplo que tenemos del otro lado del Pacífico. Solo entonces habremos dejado el orden colonial que todavía nos domina. Necesitamos una reforma de cómo trabajar, cómo vivir. Todavía hoy hay peruanos que sueñan con ser terrateniente. Y no pongo nombres por no insultar.

Publicado en El Montonero., 28 de febrero de 2022

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